HONKY TONK (I)

Disclaimer: Los personajes aparecidos en esta historia son propiedad de Chris Carter, de la 1013 Production y la Fox. Su utilización es sin ánimo de lucro y no intenta infringir el copyright

Tipo:  XF (Investigación de un expediente), H: Humor


HONKY TONK (I)

5 de marzo de 1963
Aeródromo de Dyersburg, Tennessee
18.00 horas

La tormenta se acercaba y el viento era cada vez más fuerte, pero eso no suponía ningún obstáculo para Randy Hughes. Así que se limitó a llenar el depósito de su avioneta Piper Comanche, e hizo caso omiso de los prudentes consejos del responsable del aeródromo.

-¿Por qué no se quedan aquí esta noche? Es muy peligroso volar con este tiempo.

-Ya hemos llegado muy lejos. Estaremos en Nashville antes de que se dé cuenta, créame. Pero le agradecería que me diera un termo con café. Allí arriba hará frío.

Hughes entró en la avioneta y cerró la puerta.

-Os he traído algo caliente.

-¿Qué te estaba contando ese tipo?-preguntó una voz femenina.

-Nada, cariño.

Diez minutos después, la Piper Comanche se elevaba para perderse en la tarde tormentosa.

 

5 de marzo de 1963
Torre de control del aeropuerto de Nashville
18.50 horas

Nunca había visto un cielo como el de esa tarde. Había contemplado centenares de tormentas, pero ese cielo tenía algo especial, algo sobrenatural. Jimmy sintió escalofríos, pero pensó que pronto finalizaría su turno, así que no le prestó más importancia. Echó una mirada al radar, y comprobó que todo estaba en orden: nada en la pantalla. Todos los aviones habían sido desviados a causa del mal tiempo. Al menos, ese era el plan previsto. Pero Jimmy no contaba con la imprudencia de Randy Hughes, y de pronto un punto rojo intermitente apareció en la pantalla del radar. "Maldita sea - pensó.- ¿Qué hace ese avión ahi? Se supone que todos debían permanecer en tierra o tomar una ruta alternativa". No le quedó más remedio que comunicarse por radio con la nave.

 

-Aquí torre de control de Nashville, ¿me recibe?

-Nashville, aquí Piper Comanche. ¿Cómo está el tiempo por ahi? -preguntó Hughes.

-¿Qué diablos hacen volando con esta tormenta?

-Volvemos a casa desde Kansas. ¿Cómo está el tráfico aéreo?

-Ya se lo he dicho, son los únicos imprudentes que vuelan con estas condiciones atmosféricas.

Jimmy lamentaría haber pronunciado estas palabras. De pronto, otro punto rojo intermitente apareció en la pantalla del radar.

-Atención, Piper Comanche, tiene otro avión pegado a su cola. Cambie de rumbo o no podrá evitar la colisión.

-Nashville, tenemos problemas con el motor. Se ha parado y no...

La radio enmudeció. En la pantalla del radar, los dos puntos rojos habían desaparecido.

 

5 de marzo de 1963
Candem, Tennessee
Granja de Vince Albright
19.30 horas

Vince Albright había acabado su dura jornada laboral. Así que sólo le quedaba relajarse con la música. Encendió su viejo aparato de radio y movió el dial en busca de su cantante preferida, Patsy Cline. No le costó nada encontrar una emisora con una de sus canciones, "Walking After Midnight".

En plena interpretación de Patsy, la radio empezó a renquear y a producir extraños sonidos. Albright lo achacó a la decrepitud del aparato, y le dio unos golpes para que el sonido mejorara. Pero cuando las luces de su granja parpadearon hasta apagarse, se dio cuenta de que algo iba mal.

En el exterior, una gran luz iluminó el cielo, y su reflejo cegador se coló por las ventanas de la casa. A continuación, un gran estruendo, un sonido metálico como el producido por dos locomotoras al chocar. Eso fue lo último que Albright recordó antes de perder el conocimiento.

 

6 de marzo de 1963
Candem, Tennessee
Granja de Vince Albright
01.30 horas

Ignoraba cuánto tiempo llevaba en el suelo. Albright se levantó aturdido. ¿Qué había pasado? Las interferencias, las luces, y ese gran estruendo. En ese momento, la radio emitía un comunicado urgente, y Vince subió el volumen del aparato. El locutor iba a leer un boletín de la agencia Asociated Press:

"Una avioneta, supuestamente pilotada por Randy Hughes, el mánager de una estrella del Grand Ole Opry, desapareció anoche durante su vuelo entre Kansas City y Nashville. El avión repostó en Dyersburg, al oeste de Tennessee. El responsable del aeropuerto, Bill Braese, identificó al piloto durante su aterrizaje para cargar combustible como Randy Hughes, un ejecutivo de Nashville, mánager personal de la estrella del Opry Patsy Cline. Se ha iniciado la búsqueda del aparato. Tres hombres y una mujer iban a bordo de la avioneta, supuestamente propiedad de Hughes. Un portavoz del Opry en Nashville ha confirmado que Hughes voló con algunas estrellas del Opry a Kansas City para participar en un concierto de homenaje el domingo. Algunos de los artistas se trasladaron en coche y otros en avión. Se cree que entre los que volaron se encontraban miss Cline, Hawkshaw Hawkins, Cowboy Copas y Billy Walker. La búsqueda terrestre se inició poco antes de medianoche, después de perderse todo contacto con el avión. La policía local y estatal y la patrulla civil del aire han sido alertadas..."

Albright apagó la radio bruscamente y tomó conciencia de la situación. Patsy Cline, desaparecida. Su avión tal vez se había estrellado. Un sudor frío recorrió su cuerpo: ¿y si ese ruido y esas luces fueron causadas por el accidente de la avioneta de Patsy? Se armó de valor, cogió una linterna y salió de la granja: a unos cien metros de la casa, en los bosques pantanosos, observó una espesa columna de humo.

Cuando se acercó a la zona, el espectáculo que contempló era dantesco.

 

15 de agosto de 1999
Washington DC. Oficina Central del FBI
Despacho de Fox Mulder
13.00 horas

¿Quién dijo que la terapia no funcionaba? Mulder recordaba el escepticismo de su padre cuando hablaba de los psiquiatras: "dadme un buen fajo de billetes y veréis como acaba mi depresión", solía decir. Pero los problemas no siempre se reducían a lo económico: esos eran los más fáciles de resolver; los más complejos, los que se convertían en verdaderos retos paa los discípulos de Freud o Jung, tenían relación con sentimientos más profundos, con experiencias traumáticas que dejaban una huella imborrable en la psique del individuo.

Después de su encuentro con la Hermandad Jurídica (ver "Legal Sisterhood" y "Angel Baby"), el agente del FBI quedó convertido, literalmente, en un guiñapo. En su personalidad había desaparecido todo signo de autoestima, y su desconfianza hacia los demás, especialmente si se trataba de mujeres, había ido en aumento: en resumen, su grado de paranoia se había multiplicado por diez. Afortunadamente, un tratamiento de choque (varias inyecciones diarias durante un par de semanas para restaurar la pérdida de neuronas) y una terapia de más de un año consiguieron devolverle a un estado lo más parecido a la normalidad, su "normalidad", aquella que le había granjeado el sobrenombre de "spooky" (siniestro).

Sólo hacía quince días desde que recibió el alta y volvió a la oficina. Skinner estaba convencido de su recuperación, pero le preocupaba cómo reaccionaría al volver a ver a Scully, sobre todo después de haber vivido aquella terrible experiencia con la Hermandad Jurídica, en un caso que implicó demasiado íntimamente a ambos agentes. La pregunta que inquietaba al director adjunto del FBI era ¿podría Mulder volver a confiar en su compañera, o por el contrario, y como consecuencia de su trauma, la vería como un posible enemigo, lo que haría peligrar el cumplimiento de sus misiones? Skinner decidió que tal vez había llegado el momento de responder a esa incógnita.

Mulder estaba quitando el polvo al poster de "I want to believe", cuando sonó el teléfono. Era su jefe.

 

-¿Fox? Venga inmediatamente, por favor.

 

Despacho del director adjunto Skinner
13.10 horas

Mulder entró en el despacho de Skinner y vio a Scully sentada. En seguida dedujo que habría llegado un rato antes que él, y que el jefe le habría dado alguna instrucción: "Trátelo con pies de plomo. No esté a la defensiva como siempre. Recuerde que ha sobrevivido a una experiencia muy dura, pero es uno de nuestros mejores agentes y le necesitamos". Pero sus elucubraciones quedaron interrumpidas por la dulce voz de Scully.

-Fox, ¿cómo estás? - le preguntó con la más encantadora de sus sonrisas.

-Bien, Scully, gracias.

Sin saber cómo, Mulder se quedó atontado mirando las piernas de su compañera. Siempre la recordaba con su traje chaqueta, pero nunca la había visto así, tan... seductora. No esperaba un cruce de piernas como el de Sharon Stone, pero se sentía extraño. Sobre todo, después de su última metedura de pata. Hacía apenas quince días, el 1 de agosto, cuando se había reincorporado, recordó que era el cumpleaños de Scully. Como prueba de su aprecio por ella, le dejó una rosa en la mesa de su despacho. Las consecuencias de un acto tan inocente fueron imprevistas: su compañera, temerosa de los comentarios maliciosos de sus colegas, montó en cólera, le retiró la palabra y no le dio ninguna oportunidad de explicarse. Así que ese día era la primera vez que volvía a ver a Scully. La llamada del director adjunto le hacía suponer que les ofrecería un caso y que volverían a trabajar juntos. Tendría que dejar a un lado sus sentimientos y centrarse en la investigación.

-Agentes, tengo un asunto para ustedes. No se trata de ningún expediente X, es algo más simple, pero teniendo en cuenta la situación, es mejor empezar con cosas así.

-¿Lo dice por mí? Sabe que estoy totalmente recuperado...

-Tranquilo, Mulder. Lo sé, pero lleva un año apartado del servicio y no me gustaría que le metieran un balazo en su primer caso.

Mulder sabía que no tenía alternativa.

 

-¿Les gusta la música country?

-¿Se refiere a esas canciones de talante machista, ideales para rudos camioneros que se pasan el día bebiendo cervezas en los bares?-inquirió Scully.

-Bueno, no era necesario un análisis tan preciso. En Nashville, un productor llamado Vince Albright está a punto de lanzar a su nuevo descubrimiento, una jovencita conocida como MaryJane Matthews.

-¿Desde cuándo el FBI se encarga de seguir la carrera musical de una cantante? - preguntó Mulder con tono escéptico.

-Desde que tenemos sospechas más que fundadas de un posible plagio. Un contacto nos ha hecho llegar la maqueta del primer álbum de MaryJane, y todas las canciones son "sospechosamente" parecidas al repertorio de Patsy Cline. Nuestros técnicos incluso aseguran que se ha utilizado la voz de la Cline, se ha manipulado y se ha insertado en las grabaciones.

-¿Bromea? ¿Patsy Cline?

-Vaya, Mulder, sorpréndame y dígame que sabe quién era Patsy Cline.

-Bueno, fue la cantante de country más grande de la historia. Desde su muerte en un accidente de avión, la industria ha intentado buscarle una substituta sin conseguirlo.

-Sí, y parece que por fin la ha encontrado, aunque de una forma más bien fraudulenta. Por eso deben irse a Nashville y descubrir el montaje. Por cierto, Mulder, desconocía su afición a la música country.

El agente sonrió y guardó silencio. Lo cierto era que antes de su encuentro con la Hermandad Jurídica, nunca le había prestado interés a la música... hasta que descubrió el country. Esas canciones de perdedores, de amores no correspondidos, de lágrimas derramadas en las copas, esa mitología de los honky tonks -lo que él llamaba "la filosofía de las cervezas frías y las mujeres calientes"-, habían cobrado de repente sentido para él, le habían ayudado a salir del abismo y, sin comerlo ni beberlo, se había convertido en todo un experto. Y Patsy Cline era una de sus preferidas. Por eso el caso que les ofrecía Skinner, a pesar de no tener nada que ver con los expedientes X, le ilusionaba de una manera muy especial.

Cuando salieron del despacho de su jefe, Scully observó a su compañero, en un intento de buscar una mueca de insatisfacción.

-¿De verdad no te molesta investigar un caso de plagio?

 

-No... Por cierto, ¿tienes preparadas tus botas vaqueras y tu Stetson?

 

Apartamento de Scully
18.00 horas

Dana estaba indignada. La sola idea de tener que ir a Nashville, a uno de los reductos del racismo y del machismo típicamente americanos, le ponía enferma. Y encima, estaba el asunto de su compañero: su relación después del caso de la Hermandad había entrado en un punto muerto, y el incidente de la rosa había acabado por estropearlo. Pero no le había pasado desapercibida la mirada que Mulder le echó a sus piernas. ¿Por fin, después de tantos años, se había dado cuenta de su presencia?

 

Apartamento de Mulder
19.00 horas

Lo primero que hizo Fox al llegar a su casa fue poner un compact de Patsy Cline. Necesitaba desesperadamente volver a oír su voz, esa voz que le susurraba canciones como "Crazy" o "I Fall To Pieces", como si las interpretara sólo para él. Y pensar en intervenir en un caso que tenía relación con Patsy le llenaba de orgullo. No había oído hablar de esa tal MaryJane Matthews, ni siquiera había leído nada en la biblia del country moderno, el "New Country Magazine", pero se encargaría de ella si estaba metida en algo fraudulento.

 

16 de agosto de 1999
Aeropuerto de Nashville
12.00 horas

El coche alquilado les estaba esperando. Mulder y Scully abandonaron el aparcamiento del aeropuerto.

-Supongo que tenemos habitación reservada, ¿no?

-Sí, en un motel, el Days Inn Vanderbilt.

 

-¿Un motel? Vaya, como siempre el FBI no repara en gastos. Al menos tendremos habitaciones separadas. ¿O tal vez el presupuesto no da para tanto?

-Scully, no estamos casados, así que no podemos dormir en la misma habitación. ¿Lo habías olvidado?

Por un momento, Scully se sintió aliviada al comprobar que su compañero había recuperado su sentido del humor socarrón y cínico.

-¿Sabes una cosa, Scully? ¿Adivinas cuál es la principal fuente de riqueza de Nashville?

-El negocio musical, supongo.

-Te equivocas. La religión: Nashville es la ciudad norteamericana que tiene más iglesias, y la industria relacionada con los distintos cultos -biblias, velas, etc. - constituye una de sus mayores fuentes de ingresos.

-Vaya, una sociedad conservadora.

 

Motel Days Inn Vanderbilt
1800 West End Avenue
12.20 horas

El motel estaba situado en una de las avenidas principales de Nashville, cerca de la zona conocida como Music Row.

-Bueno, ya hemos llegado. Voy a buscar las llaves.

Scully se quedó en el coche y suspiró. En pleno mes de agosto, el calor era inaguantable, y la perspectiva de recorrer bares country en busca de alguna pista no le hacía precisamente feliz.

-Ya está. Toma tu llave. Tu habitación es la 211, y la mía la 212.

Los peores temores de Scully se habían confirmado: las habitaciones del motel en cuestión eran como escaparates que daban a la calle, y unas escasas cortinas eran toda la barrera que separaba su intimidad de la curiosidad de los transeúntes. "Voy a sentirme como una prostituta de Amsterdam", pensó. Camino de su habitación, se fijó en la contigua: un televisor encendido, unas botas de piel de serpiente en el suelo, y ni rastro del dueño.

 

Media hora después, Mulder llamó a su puerta. En la mano llevaba varios folletos turísticos.

-¿Qué llevas ahí, Mulder?

-¿Qué prefieres, el "Johnny Cash/Twitty City Tour", visitando las casas de Johnny Cash, Conway Twitty, Roy Orbison y Hank Snow, además del complejo Opryland, o tal vez el "Country Music Express Tour", con las mansiones de Dolly Parton, Tammy Wynette y Hank Williams, además del Ryman Auditorium y el Parthenon?

-No me digas que quieres ir a ver todas esas horteradas. Mulder, creo que no te conozco. Estoy descubriendo facetas de tu personalidad que no sé si me gustan o no.

-Tenemos que aprovechar esta oportunidad. Estamos en la capital del country, en Music City.

-Si, pero te recuerdo que no hemos venido a hacer turismo.

-Bueno, estamos cerca de Music Row, la zona donde se ubica la mayoría de compañías discográficas. Por algún lugar debemos empezar la investigación, ¿no?

 

Music Row
13.00 horas

Mulder parecía disfrutar como un niño con un juguete nuevo.

-Fíjate bien, Scully. Entre las calles Division y Demonbreun, desde la avenida 16 a la 19, se concentra toda la industria discográfica de la ciudad. Estos vetustos edificios albergan las oficinas de todas las compañías establecidas en Nashville en los años 40, estudios de grabación (como el histórico Studio B de RCA donde Dolly Parton y Chet Atkins grabaron sus primeros éxitos), locales de conciertos y museos. En esta zona se alojan centenares de intérpretes, productores, compositores y agentes.

Sorprendida por el entusiasmo de su compañero, Scully se limitaba a observar con detenimiento el vecindario viejo y residencial de Music Row que, pese a todo, conservaba su encanto victoriano. De pronto, Mulder frenó bruscamente el coche.

-¿Qué pasa ahora?

 

-Dios mío, no puedo creerlo. Es la calle Demonbreun, el paraíso de los fetichistas, con tiendas de souvenirs y merchandising dedicadas a artistas como Randy Travis o Alabama, y museos como el Car Collectors Hall Of Fame. Lo siento Scully, pero tengo que entrar ahí: ¡tienen expuesto el Cadillac ElDorado que Elvis compró a las 2 de la madrugada después de su concierto de Denver el 14 de enero de 1976!

Scully empezaba a estar preocupada por el comportamiento obsesivo de Mulder, y tenía serias dudas sobre su recuperación mental. De momento, no parecía mostrar el más mínimo interés por el caso y, peor aún, por ella. Aunque eso siempre podía solucionarlo.

Con la satisfacción brillando en su rostro, Mulder volvió al coche con una camiseta del Car Collectors Hall Of Fame.

-Toma, es para ti.

-Es... fantástica - murmuró Scully, mientras observaba el diseño kitsch de la camiseta. - Por cierto, ¿cuándo compraremos las botas y el sombrero?

 

17 de agosto de 1999
Hotel Opryland
10.00 horas

Sólo un loco habría podido construir esa aberración. ¿Porque a quién en su sano juicio se le habría ocurrido edificar un hotel que albergaba en su interior un enorme parque, con todo tipo de vegetación y un lago artificial incluido, como si de un gigantesco invernadero se tratara? Las dimensiones del parque eran tales que, para evitar que los huéspedes se perdieran, abundaban los carteles indicadores y los guías estratégicamente situados.

Ese era el escenario elegido para la presentación en sociedad de la nueva estrella del country MaryJane Matthews. En uno de los salones más lujosos del hotel, todo estaba preparado para la rueda de prensa. Mulder y Scully acababan de llegar. Su excursión a Music Row había resultado fructífera: el dependiente de una tienda de discos les había avisado de este acto.

-Pensaba que lo había visto todo, pero este hotel... ni en la peor de mis pesadillas hubiera imaginado algo así.

 

-Relájate, Scully, es el estilo de vida americano. ¡Yeee-ha! Mira, creo que esto va a empezar.

Los protagonistas de la rueda de prensa habían hecho su irrupción. En primer lugar, apareció el productor Vince Albright, un tipo de unos 50 años, con gafas, mostacho y pelo canoso, que fumaba cigarrillos con boquilla, un detalle que a Mulder le pareció como una muestra de esnobismo recalcitrante. Albright estaba acompañado del responsable de promoción Donnie Valery, un cuarentón calvo con el aspecto de vendedor de grandes almacenes. Y, naturalmente, no faltaba la estrella, MaryJane Matthews, una jovencita vivaracha de cabello corto y rojizo y aspecto tremendamente sexy. Los tres se sentaron, mientras Valery tomaba la palabra:

-Bueno, chicos. Os hemos convocado para algo realmente grande, la presentación de la mejor voz femenina del country actual. Olvidad a Wynonna y dad la bienvenida como se merece a MaryJane Matthews.

Scully pensó que a Valery sólo le faltaba decir la frase "confiad en mí" y dar su número de teléfono para acentuar su parecido con un vendedor de coches usados como los que se anuncian en televisión.

Con su inaguantable sentido del humor, plagado de chistes malísimos, el responsable de promoción añadió:

-¿Alguna pregunta? No, ¿verdad? Es que MaryJane es tan buena que ya está todo dicho.

Al fondo del salón se levantó una mano.

-¿Sí?

-Soy Michael Bodreaux, de la WKRCB. ¿Es MaryJane otro ejemplo de la actual tendencia "lolitista" de la industria de Nashville?

Valery se incomodó: en primer lugar, porque no había entendido la pregunta, y en segundo lugar, porque Bodreaux era una de los periodistas más independientes y radicales, crítico acérrimo de todo lo que olía a montaje:

-¿Puede repetir la pregunta?

-No hace falta - cortó MaryJane-. Creo que se refiere a la proliferación de chicas jóvenes en la industria, como LeAnn Rimes y Mandy Barnett. Si nos ceñimos a los parámetros de la edad, sí pertenezco al mismo grupo, porque tengo poco más de 20 años. Pero yo no lo vería como algo negativo, al contrario. Ya quisiera llegar tan lejos como ellas: LeAnn ganó varios Grammy y Mandy triunfó interpretando a Patsy Cline en el teatro. Además, este fenómeno no es nuevo, como ocurrió en su momento con Tanya Tucker.

Mulder estaba sorprendido. MaryJane no era una muñequita tonta, y había salido airosa de la incómoda pregunta, haciendo gala de su fuerte carácter. Y de paso, había dejado en evidencia a un tipo como Valery.

-¿Más preguntas? - lanzó la cantante, imitando con sorna el tonillo repelente de la voz de Valery, un hábito que solía practicar cuando alguien le caía especialmente mal.

-Sí - prosiguió Bodreaux.- Circulan ciertos rumores sobre el parecido de las canciones de tu disco con los clásicos de Patsy Cline. ¿Es eso cierto?

El responsable de promoción se subía por las paredes. Pensaba que debía tomar medidas y poner a ese periodista en su lista negra. Por suerte, Vince Albright le sacó del apuro:

-Bueno, déjame decirte algo, chico. MaryJane no es un producto de laboratorio. Empezó cuando era niña tocando el violín y cantando en el grupo de cajun Lil' Committee, en su Louisiana natal, y prácticamente desde la cuna ha escuchado los discos de los clásicos, desde Patsy a Tammy Wynette. Así que no sería motivo de desprestigio que cantara como Patsy. Pero ella llegará mucho más lejos, os lo aseguro. Bueno, si no hay más preguntas damos la rueda de prensa por acabada. Gracias por venir. Por cierto, os espero a todos en el concierto de presentación del primer álbum de MaryJane, mañana a las nueve en el Bluebird Cafe.

Mulder y Scully se miraron, mientras los periodistas abandonaban el salón.

-¿Qué te ha parecido todo esto?

-No sé, de momento no veo nada sospechoso.

-¿Quieres que vayamos a hablar con ellos, Mulder?

-No, antes prefiero hacer algunas averiguaciones. Eso sí, mañana deberíamos ir a ese concierto, y comprobar si hay gato encerrado.

-De todas formas, no te olvides de ese periodista, Bodreaux. Creo que puede sernos útil en nuestra investigación.

-Sí, es un escéptico como tú, Scully.

 

Motel Days Inn Vanderbilt
Habitación de Mulder
20.00 horas

Mulder marcó el número de teléfono de los Pistoleros Solitarios. Como de costumbre, no utilizó el móvil, porque conocía las manías de sus amigos respecto a la seguridad. Le contestó Frohike.

-Frohike, soy Mulder. Necesito cierta información.

-¿Donde estás, Mulder?

-En Nashville. Es un caso rutinario, nada que ver con los expedientes X.

-¿Está Scully contigo? ¿Compartís habitación? ¿Os habéis duchado juntos?

-Eh, tranquilo, chico. El que necesita una ducha eres tú. Quiero que investiguéis los antecedentes de los siguientes nombres: Vince Albright, Donnie Valery y Michael Bodreaux.

-¿Están metidos en algo sucio?

-Por eso os llamo, para que me ayudéis a descubrirlo.

-Muy bien. Por cierto, espero que antes de irte de Nashville consigas verlas.

-¿Verlas? ¿A qué te refieres?

-A las tetas de Dolly Parton.

-Bueno, espero vuestra llamada. Me alojo en el Days Inn Vanderbilt.

 

Habitación de Mulder
23.00

"¡Qué mierda de televisor!", pensó Mulder. Llevaba un cuarto de hora dándole al mando a distancia en busca de algún canal pornográfico o simplemente erótico, pero nada de nada. ¿La ciudad más religiosa? Las piezas empezaban a encajar, y por el rabillo del ojo observó la biblia que yacía en la mesilla de noche. Recordó con una sonrisa el gesto compulsivo de Scully cuando se encontraba semejante objeto en una habitación de hotel, apresurándose en meterlo en un cajón para perderlo de vista.

Por fin, el teléfono. Esta vez era Byers.

-Mulder, esos nombres que nos has dado...

 

-Sí, ¿qué ocurre?

-Bodreaux y Valery están más o menos limpios, pero ese Albright...

-¿Qué le pasa?

-Creo que habéis topado con algo realmente gordo.

 

SEGUNDA PARTE

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