Motel Days Inn
Vanderbilt
17 de agosto de
1999
Habitación de
Mulder
23.15 horas
Lo sabía, su
sexto sentido le decía que tras ese caso de apariencia rutinaria
se escondía algo inesperado. Y estaba a punto de conocer los
detalles gracias a sus fieles amigos, los Pistoleros Solitarios.
Mulder estaba impaciente.
-Vamos, Byers,
cuéntame qué habéis descubierto de una vez.
-Cálmate, chico.
Empezaré por los fáciles, esos Bodreaux y Valery. Bodreaux es
un culo de mal asiento, uno de esos tipos que como mucho duran
cuatro años en un trabajo, por su resistencia a pasar por el aro
y su carácter conflictivo. Antes de trabajar en la WKRCB estuvo
en un periódico, en una cadena local de televisión e incluso
ocupó un puesto en una oficina de prensa de la administración.
Y Valery es un vendedor nato, uno de esos tíos sin escrúpulos
que sería capaz de vender a su madre con tal de sumar puntos
ante sus jefes.
-Vaya, el
espíritu americano. Pero ahórrate los detalles y sigue.
-Bueno, he dejado
al más interesante para el final. Vince Albright, antiguo
directivo de una conocida multinacional informática, el típico
hombre hecho a sí mismo que empezó de la nada y llegó a lo
más alto. Empezó como granjero en Camden, cerca de Nashville, y
de la noche a la mañana se convirtió en un genio de la
informática. Entre otras cosas, desarrolló la tecnología de
los chips de silicio. Para que entiendas su importancia,
podríamos decir que Bill Gates, a su lado, es un simple
electricista.
-¿Y qué hace
ahora metido a productor discográfico?
-Ese es uno de los
grandes misterios que envuelven al personaje: primero, cómo
consiguió alcanzar tales hallazgos tecnológicos, si tenemos en
cuenta sus modestos orígenes; y segundo, por qué lo dejó todo
y desapareció a finales de la década de los 70. Pero lo de su
faceta musical tal vez es lo más fácil de explicar. De hecho,
yo llegué a conocerle en una convención, y en
una de esas noches de confesiones mutuas en la barra de un bar,
reconoció que su gran pasión era el country y que no
descansaría hasta encontrar una cantante como su preferida,
Patsy Cline. Supongo que se retiró para buscar a esa cantante, y
por eso volvió a su tierra.
-¿Y ya está?
¿Quieres decir que lo tiró todo por la borda para invertir
varios años de su vida en encontrar a esa cantante?
-No sé, te dejo
la parte artística a ti. Lo cierto es que, como te he dicho, es
un personaje muy misterioso. Bueno, Mulder, ya lo sabes, si
quieres algo más, aquí estamos. Por cierto, si llegas a hablar
con Albright, dále recuerdos de mi parte.
-¿Crees que se
acordará de ti después de tantos años?
-No lo dudes.
Hicimos una apuesta sobre los sistemas de seguridad de su
empresa. Aún debe estar preguntándose cómo conseguí meterme
en su ordenador central y dejarle un regalito, un virus
inofensivo llamado "Patsy".
El cerebro de
Mulder bullía de actividad. ¿Un genio de la informática?
¿Qué hacía alguien así metido en un posible caso de plagio
musical?
18 de agosto de
1999
Estudios de la
WKRCB
10.00 horas
Menuda faena:
después de contarle lo que había averiguado sobre el pasado de
Vince Albright, Mulder le había encargado que investigara al
locutor de radio, Michael Bodreaux. Scully odiaba el country, y
se había hecho una idea de cómo podría pensar ese tipo; pero
había algo en él que le fascinaba. Aunque apenas le había
visto fugazmente durante la rueda de prensa en el hotel Opryland,
se quedó con su imagen: perilla, vestido totalmente de negro,
con un aire entre distante y tímido. Pensó que, tras esa
fachada, tal vez escondía una personalidad interesante.
Bodreaux estaba a
punto de acabar la grabación de su programa.
-Como siempre, con
vosotros ha estado Michael Bodreaux. esto ha sido "Rústicos
y renegados". Hasta la próxima semana.
Scully le abordó
a la salida del estudio.
-Señor Bodreaux,
soy la agente Scully del FBI. Me gustaría hacerle algunas
preguntas.
-¿Quién le
manda, una de esas asociaciones puritanas? Seguro que algún
vejestorio se ha quejado de mi programa.
-No, no se trata
de eso- contestó Scully esbozando una sonrisa. -Verá...
-Oye, oye... Si
quieres que esta conversación siga, tutéame.
-Bien... Estoy
investigando un posible caso de plagio, y me llamó la atención
tu pregunta en la rueda de prensa de MaryJane Matthews.
-No me digas que
se trata de eso, estáis investigando a MaryJane. Ya me imaginaba
que había algo turbio en todo este asunto.
-¿Por qué dices
eso?
-Bueno, supongo
que ya conoces mi reputación: no me vendo a nadie y suelo ir
bastante contracorriente. Cuando huelo a montaje, soy el primero
en denunciarlo.
-¿Y te pasó eso
con MaryJane?
-El caso de
MaryJane es especial. Nunca había oido a una cantante que sonara
exactamente igual que Patsy Cline, eso es algo inaudito.
-¿Crees que es un
truco?
-No sé lo que es,
pero no es algo normal. Y no soy el único que lo piensa.
-¿Qué quieres
decir?
-Mira, Nashville
está lleno de chalados y oportunistas, pero hay gente en quien
puedes confiar. Por desgracia, la mayoría de personas que
conocieron a Patsy han muerto... todos excepto los LeGeordie
Twins, un dúo que solía telonearla. Fueron ellos quienes me
hicieron sospechar: un día me llamaron, y juraron encima de la
biblia que la voz de MaryJane era la de Patsy, sin ningún tipo
de dudas.
-¿Y qué
explicación le das?
-No sé, o es una
imitadora perfecta o manipulan su voz utilizando la
tecnología... en cualquier caso, me gustaría averiguarlo.
Scully empezaba a
verlo todo claro: si Albright era un genio de la informática,
tal vez había encontrado un medio de utilizar la voz de la Patsy
original. Pero antes de seguir con sus deducciones, prefería
asegurarse.
-Michael, me
gustaría conocer a esos gemelos, y oir su versión.
-¿Dónde te
alojas?
-En el Days Inn Vanderbilt.
-Pasaré a
recogerte esta tarde. Iremos a ver a los LeGeordie, y después
podemos ir al concierto de MaryJane en el Bluebird Cafe. Supongo
que el plan te interesa.
No sólo le
interesaba, empezaba a entusiasmarle. Scully intuyó que su
opinión sobre el country y Nashville pronto iba a cambiar.
Hendersonville
17.00 horas
Scully se sintió
como una turista. De hecho, el show de The LeGeordie Twins
formaba parte de uno de esos circuitos por Nashville y sus
alrededores que tanto parecían interesar a Mulder. Ellos
representaban el aspecto más folkórico (en el peor sentido de
la palabra) de la música country, algo parecido a esos tablaos
de ínfima categoría donde llevan a los turistas cuando visitan
España en busca del verdadero flamenco.
Los gemelos
actuaban siempre en un local situado a las afueras de Nashville,
en Hendersonville, en una especie de teatro parroquial. Con toda
la intención del mundo, Bodreaux pasó a recoger a Scully justo
a tiempo para llegar a ver el final del show de los LeGeordie.
La agente intentó
encontrar la palabra adecuada para describir el espectáculo, y
pronto la encontró: patético. En su repertorio sonaban
composiciones propias de títulos tan tópicos como "Let's
Think About Livin'", "Bird Dog" o "True
Love", y cuando abordaban algún clásico, lo destrozaban
literalmente con sus pretendidas armonías vocales. Y estaba su
vestuario: esas camisas rojas brillantes, el pañuelo al cuello y
los sombreros de cowboy.
Cuando acabaron
con su actuación, Bodreaux les saludó y se dirigió hacia
ellos, acompañado de Scully. Los LeGeordie no sólo no eran
gemelos, sino que posiblemente ni siquiera eran hermanos: uno de
ellos, Robert, llevaba gafas y en su dentadura asomaban unos
colmillos; se movía rápidamente, como las personas que hacen
perder los nervios a quienes les rodean. El otro LeGeordie,
Peter, era de tez blanquecina y de movimentos más pausados; tal
vez el hecho de que fumara en pipa le daba un aspecto más
solemne.
-Chicos, os
presento a la agente Scully del FBI. Está aquí para investigar
a MaryJane Matthews. Me gustaría que le contárais lo que me
dijisteis sobre su voz.
-¿Cuándo se va a
preocupar el FBI de esclarecer los ataques a reses? No pueden
estar siempre culpando a los osos.-espetó Peter.
Anonada por la
repentina pregunta, Scully sólo pudo articular una frase:
-Estamos en ello.
-Después pasa lo
que pasa. La prensa inventa cosas, reproduce declaraciones que
ponen en boca de quien no las ha dicho, y ya está liada.
Esta vez fue
Robert quien volvió a sorprender a Scully. ¿Cómo podía
confiar Bodreaux en la palabra de esa pareja tan... pintoresca?
-Bueno, bueno -
intervino el locutor.- No molestéis a la agente con vuestras
preocupaciones ecologistas, y al grano. ¿Qué me contásteis
sobre la voz de MaryJane?
-¿La voz de
MaryJane? Esa es la voz de Patsy Cline.
-¿Están ustedes
convencidos?
-Mire, señorita.
Aunque hayamos acabado como una atracción de feria, eso no
significa que no tengamos nuestro momento de gloria, aunque fuera
en el pasado. Teloneamos a Patsy en varias ocasiones, y conocemos
su voz perfectamente.
-¿Piensan que
MaryJane es una buena imitadora?
-Creo que no ha
entendido a Peter. No es una imitación, es su voz. Es algo...
escalofriante.
-Gracias, me han
sido de gran ayuda.
Scully estaba aún
más confundida. Los LeGeordie parecían muy convencidos de sus
palabras. Pero si tenían razón... Un grito le apartó de sus
pensamientos, cuando estaba a punto de abandonar el local.
-¡Señorita
Scully! Tenga, esto es para usted. Es una cinta con nuestros
grandes éxitos.
-Se la vamos a
dedicar. ¿Cuál es su nombre?
-Dana. Gracias, no
tienen por qué...
-Es un placer,
señorita. Y acuérdese de los osos.
-Está bien, lo
haré.
Scully leyó la
dedicatoria: "A Dana, con todo nuestro amor. LeGeordie
Twins".
-Mejor que no
oigas esa cinta si no quieres odiar el country toda tu vida- le
previno Bodreaux.- Son buenos tipos, pero artísticamente
murieron hace años. Así que prefiero que escuches esta otra, es
la grabación de mi programa de hoy. No sé por qué, pero me da
la impresión de que esta ciudad y su música no te gustan
demasiado. ¿Me equivoco?
-No, seré sincera
y te diré que el country me parece una colección de los peores
tópicos.
-Bueno, después
de escuchar mi programa cambiarás de idea. Por cierto, ¿te
apetece ir a cenar antes del concierto de MaryJane?
Restaurante Le
Bijou
20.00 horas
-Estoy
sorprendida. No me imaginaba encontrar un sitio así en Nashville.
-¿Qué te
esperabas? ¿Pensabas que todos eran unos palurdos sin ningún
sentido del gusto, que sólo sabían comer hamburguesas y beber
cerveza?
El restaurante era
realmente encantador: una pequeña mansión con un jardín y
mesas en la terraza, decorada de forma sencilla pero exquisita.
Scully dedujo que los responsables habían estado en París, y el
contenido del menú acabó por confirmarle su teoría.
Después de cenar
y cuando ya habían vaciado una botella de vino, Scully pensó
que había llegado el momento de saber más cosas sobre Bodreaux.
-¿Llevas toda la
vida en Nashville?
-No, soy una
persona inquieta y proclive a los cambios. Antes de entrar en la
WKRCB, trabajé en un periódico en Nueva Orleans, en un canal de
televisión en Nueva Orleans y en una oficina de prensa de la
administración en Dallas.
-¿Y cómo has
acabado aquí?
-Mala suerte.
¿Conoces la ley de Murphy? Creo que se inventó para mí. Cuando
no tengo problemas con los jefes, la empresa se hunde o no hay
presupuesto y me quedo en la calle.
-Suena un poco
pesimista.
-No lo llamaría
pesimismo, sino realismo.
-¿Y esa afición
a vestir de negro?
-Bueno, te podría
dar muchas explicaciones, pero ya que estamos en Nashville, te
diré que es un homenaje a otro ilustre "hombre de
negro", Johnny Cash. Además, me gusta porque en los
westerns los personajes moralmente más ambiguos (los pistoleros)
siempre vestían de negro.
-Ya... "Los
valientes visten de negro"...
-Bueno, esa es la
idea, Scully. ¿Y qué me dices de ti? ¿Sales con alguien?
-¿Te refieres a
mi vida privada? No hay ningún hombre. Me gusta divertirme sola,
me he acostumbrado a vivir sin depender de nadie, para poder
hacer lo que quiera cuando quiera. Buscar los pequeños placeres
de la vida, como sentarse en un banco del parque a leer el
periódico el domingo, sin tener que dar explicaciones a nadie.
Ya sabes, esas cosas.
-Sí, esas
cosas...
-Oye Michael, no
sé si es porque he bebido demasiado, pero soy tan feliz en este
momento...
Bodreaux estuvo a
punto de besar a Scully. Pero no quería arriesgarse, no quería
convertirse en el protagonista de otra dramática canción
country de corazones destrozados y penas ahogadas en alcohol. Ya
había sufrido demasiadas veces.
Bluebird Cafe
4104 Hillsboro
Road
21.00 horas
"¿Dónde
demonios se habrá metido Scully?", pensó Mulder. El
concierto estaba a punto de empezar y no había ni rastro de su
compañera. Así que marcó su teléfono móvil para dar con
ella.
-¿Scully?
-Oh, eres tú otra
vez. Qué pesadilla...
-Scully, ¿has
bebido? ¿Te pasa algo?
-Nooo.
-El concierto de
MaryJane, el Bluebird Cafe. ¿Te acuerdas?
-Sí, ahora
llegaremos. Adiós.
"¿Llegaremos?"
¿Qué significaba ese plural? ¿Con quién estaba Scully? Mulder
se preocupó: ¿estaba celoso? Antes de pararse a analizar este
sentimiento, decidió que lo mejor era pagarle con la misma
moneda: se acercaría a MaryJane. De hecho, era su deber, porque
era objeto de una investigación del FBI. Así que se coló en el
camerino, haciéndose pasar por periodista.
En el camerino,
MaryJane, su banda y los invitados de la prensa estaban cenando.
La cantante lanzó un grito:
-¡Guisantes! ¿A
quién se le ocurre poner guisantes en la jambalaya? Venid a
Louisiana y mi madre os preparará una verdadera jambalaya, y no
este arroz hervido con pollo.
Mulder se
sorprendió por el carácter temperamental de MaryJane, algo que
contrastaba con su belleza sureña. Aunque no jugara con la baza
del parecido de su voz con la de Patsy Cline, sin duda Albright
había encontrado una mina: sólo con una buena labor de
promoción y con unas cuantas fotos sensuales, MaryJane se
convertiría en el sex symbol del country actual.
Junto a ella se
encontraba otra atractiva muchacha pelirroja, con un acento cajun
mucho más marcado. Era Maggie Saveraux, una pintora amiga de
MaryJane que se había encargado de diseñar la portada de su
disco. A Mulder le encantaba la dulzura de su acento, lo
encontraba gracioso y meloso, y si a ello unía su figura alta y
espigada, no le costaba imáginarsela como la "reina de la
belleza del bayou". Otro motivo para dejar de pensar en
Scully, en qué estaría haciendo y con quién.
En ese momento, y
antes de que el agente del FBI pudiera acercarse más a MaryJane,
Donnie Valery anunció: "Quedan cinco minutos".
Bluebird Cafe
21.30 horas
La llamada de
Mulder le había incomodado. ¿Estaba controlándola? Scully
sentía que había desaparecido la espontaneidad que
caracterizaba su relación con su compañero, todo desde el
incidente de la rosa. Por una parte, sabía que nadie la trataba
como él lo hacía, pero por otra parte, no sabía si eso era
bueno o malo y, lo más importante, no sabía qué significaba,
si detrás de esa actitud había un interés que sobrepasaba la
simple relación entre colegas. Y para acabar de confundirlo
todo, estaba Michael. Pero ahora no tenía tiempo para pensar, el
concierto de MaryJane estaba a punto de empezar, y no veía a
Mulder por ningún lado.
El Bluebird Cafe
se encontraba a unas seis millas al oeste del centro de la
ciudad, y tenía fama de ser el local donde se podía contemplar
a las futuras estrellas del honky tonk y el nuevo country. Eso
sí, era un lugar acogedor y hasta íntimo, en el que el contacto
entre público y artista era muy estrecho. Esa noche, no cabía
ni un alfiler.
El pequeño
escenario del Bluebird se iluminó. Con su traje de vendedor de
coches usados, Donnie Valery empezó a berrear:
-Buenas noches,
amigos. Todos sabéis que por este local han pasado todas las
actuales estrellas del nuevo country. Pero ese firmamento está
incompleto sin la mayor de las estrellas: dad la bienvenida como
se merece a nuestra querida MaryJane Matthews.
Después de
escudriñar a un lado y a otro, Scully localizó finalmente a
Mulder: estaba justo delante del escenario, mirando fijamente a
la cantante. De hecho, era lo mismo que hacían todos los hombres
del local: seguir los sensuales movimientos de MaryJane. Sus
rostros embobados no dejaban ninguna duda: la Matthews era todo
un sex symbol. Y aunque su voz sonaba clásica, su actitud
distaba de la candidez y recato de Patsy Cline, y se acercaba
más a la iconografia de una cantante de rock: pantalones
ceñidísimos y un ajustado top que dejaba sus hombros al
descubierto. "Así cualquiera", pensó Scully,
envidiosa del poder que MaryJane ejercía sobre los machos y de
su capacidad para enardecer su líbido.
Hasta Michael
parecía haber sucumbido a los encantos sureños. Pero él estaba
más atento a su voz, esa voz exactamente igual a la de Patsy
Cline. Tenía que ser un fraude, ¿pero en qué consistía?
Cuando MaryJane empezó a interpretar una versión de la balada
"You Belong To Me", a Bodreaux se le puso la piel de
gallina, y pasó lo inesperado: abrazó a Scully y la besó
apasionadamente. Justo en ese momento, apareció Mulder.