BLUEBIRD (II)

 Disclaimer: Los personajes aparecidos en esta historia son propiedad de Chris Carter, de la 1013 Production y la Fox. Su utilización es sin ánimo de lucro y no intenta infringir el copyright


BLUE BIRD (II)

 

Motel Days Inn Vanderbilt
17 de agosto de 1999
Habitación de Mulder
23.15 horas

Lo sabía, su sexto sentido le decía que tras ese caso de apariencia rutinaria se escondía algo inesperado. Y estaba a punto de conocer los detalles gracias a sus fieles amigos, los Pistoleros Solitarios. Mulder estaba impaciente.

-Vamos, Byers, cuéntame qué habéis descubierto de una vez.

-Cálmate, chico. Empezaré por los fáciles, esos Bodreaux y Valery. Bodreaux es un culo de mal asiento, uno de esos tipos que como mucho duran cuatro años en un trabajo, por su resistencia a pasar por el aro y su carácter conflictivo. Antes de trabajar en la WKRCB estuvo en un periódico, en una cadena local de televisión e incluso ocupó un puesto en una oficina de prensa de la administración. Y Valery es un vendedor nato, uno de esos tíos sin escrúpulos que sería capaz de vender a su madre con tal de sumar puntos ante sus jefes.

-Vaya, el espíritu americano. Pero ahórrate los detalles y sigue.

-Bueno, he dejado al más interesante para el final. Vince Albright, antiguo directivo de una conocida multinacional informática, el típico hombre hecho a sí mismo que empezó de la nada y llegó a lo más alto. Empezó como granjero en Camden, cerca de Nashville, y de la noche a la mañana se convirtió en un genio de la informática. Entre otras cosas, desarrolló la tecnología de los chips de silicio. Para que entiendas su importancia, podríamos decir que Bill Gates, a su lado, es un simple electricista.

-¿Y qué hace ahora metido a productor discográfico?

-Ese es uno de los grandes misterios que envuelven al personaje: primero, cómo consiguió alcanzar tales hallazgos tecnológicos, si tenemos en cuenta sus modestos orígenes; y segundo, por qué lo dejó todo y desapareció a finales de la década de los 70. Pero lo de su faceta musical tal vez es lo más fácil de explicar. De hecho, yo llegué a conocerle en una convención, y en una de esas noches de confesiones mutuas en la barra de un bar, reconoció que su gran pasión era el country y que no descansaría hasta encontrar una cantante como su preferida, Patsy Cline. Supongo que se retiró para buscar a esa cantante, y por eso volvió a su tierra.

-¿Y ya está? ¿Quieres decir que lo tiró todo por la borda para invertir varios años de su vida en encontrar a esa cantante?

-No sé, te dejo la parte artística a ti. Lo cierto es que, como te he dicho, es un personaje muy misterioso. Bueno, Mulder, ya lo sabes, si quieres algo más, aquí estamos. Por cierto, si llegas a hablar con Albright, dále recuerdos de mi parte.

-¿Crees que se acordará de ti después de tantos años?

-No lo dudes. Hicimos una apuesta sobre los sistemas de seguridad de su empresa. Aún debe estar preguntándose cómo conseguí meterme en su ordenador central y dejarle un regalito, un virus inofensivo llamado "Patsy".

El cerebro de Mulder bullía de actividad. ¿Un genio de la informática? ¿Qué hacía alguien así metido en un posible caso de plagio musical?

 

18 de agosto de 1999
Estudios de la WKRCB
10.00 horas

Menuda faena: después de contarle lo que había averiguado sobre el pasado de Vince Albright, Mulder le había encargado que investigara al locutor de radio, Michael Bodreaux. Scully odiaba el country, y se había hecho una idea de cómo podría pensar ese tipo; pero había algo en él que le fascinaba. Aunque apenas le había visto fugazmente durante la rueda de prensa en el hotel Opryland, se quedó con su imagen: perilla, vestido totalmente de negro, con un aire entre distante y tímido. Pensó que, tras esa fachada, tal vez escondía una personalidad interesante.

Bodreaux estaba a punto de acabar la grabación de su programa.

-Como siempre, con vosotros ha estado Michael Bodreaux. esto ha sido "Rústicos y renegados". Hasta la próxima semana.

Scully le abordó a la salida del estudio.

 

-Señor Bodreaux, soy la agente Scully del FBI. Me gustaría hacerle algunas preguntas.

-¿Quién le manda, una de esas asociaciones puritanas? Seguro que algún vejestorio se ha quejado de mi programa.

-No, no se trata de eso- contestó Scully esbozando una sonrisa. -Verá...

-Oye, oye... Si quieres que esta conversación siga, tutéame.

-Bien... Estoy investigando un posible caso de plagio, y me llamó la atención tu pregunta en la rueda de prensa de MaryJane Matthews.

-No me digas que se trata de eso, estáis investigando a MaryJane. Ya me imaginaba que había algo turbio en todo este asunto.

-¿Por qué dices eso?

-Bueno, supongo que ya conoces mi reputación: no me vendo a nadie y suelo ir bastante contracorriente. Cuando huelo a montaje, soy el primero en denunciarlo.

-¿Y te pasó eso con MaryJane?

-El caso de MaryJane es especial. Nunca había oido a una cantante que sonara exactamente igual que Patsy Cline, eso es algo inaudito.

-¿Crees que es un truco?

-No sé lo que es, pero no es algo normal. Y no soy el único que lo piensa.

-¿Qué quieres decir?

-Mira, Nashville está lleno de chalados y oportunistas, pero hay gente en quien puedes confiar. Por desgracia, la mayoría de personas que conocieron a Patsy han muerto... todos excepto los LeGeordie Twins, un dúo que solía telonearla. Fueron ellos quienes me hicieron sospechar: un día me llamaron, y juraron encima de la biblia que la voz de MaryJane era la de Patsy, sin ningún tipo de dudas.

-¿Y qué explicación le das?

-No sé, o es una imitadora perfecta o manipulan su voz utilizando la tecnología... en cualquier caso, me gustaría averiguarlo.

Scully empezaba a verlo todo claro: si Albright era un genio de la informática, tal vez había encontrado un medio de utilizar la voz de la Patsy original. Pero antes de seguir con sus deducciones, prefería asegurarse.

-Michael, me gustaría conocer a esos gemelos, y oir su versión.

-¿Dónde te alojas?

 

-En el Days Inn Vanderbilt.

-Pasaré a recogerte esta tarde. Iremos a ver a los LeGeordie, y después podemos ir al concierto de MaryJane en el Bluebird Cafe. Supongo que el plan te interesa.

No sólo le interesaba, empezaba a entusiasmarle. Scully intuyó que su opinión sobre el country y Nashville pronto iba a cambiar.

 

Hendersonville
17.00 horas

Scully se sintió como una turista. De hecho, el show de The LeGeordie Twins formaba parte de uno de esos circuitos por Nashville y sus alrededores que tanto parecían interesar a Mulder. Ellos representaban el aspecto más folkórico (en el peor sentido de la palabra) de la música country, algo parecido a esos tablaos de ínfima categoría donde llevan a los turistas cuando visitan España en busca del verdadero flamenco.

Los gemelos actuaban siempre en un local situado a las afueras de Nashville, en Hendersonville, en una especie de teatro parroquial. Con toda la intención del mundo, Bodreaux pasó a recoger a Scully justo a tiempo para llegar a ver el final del show de los LeGeordie.

La agente intentó encontrar la palabra adecuada para describir el espectáculo, y pronto la encontró: patético. En su repertorio sonaban composiciones propias de títulos tan tópicos como "Let's Think About Livin'", "Bird Dog" o "True Love", y cuando abordaban algún clásico, lo destrozaban literalmente con sus pretendidas armonías vocales. Y estaba su vestuario: esas camisas rojas brillantes, el pañuelo al cuello y los sombreros de cowboy.

Cuando acabaron con su actuación, Bodreaux les saludó y se dirigió hacia ellos, acompañado de Scully. Los LeGeordie no sólo no eran gemelos, sino que posiblemente ni siquiera eran hermanos: uno de ellos, Robert, llevaba gafas y en su dentadura asomaban unos colmillos; se movía rápidamente, como las personas que hacen perder los nervios a quienes les rodean. El otro LeGeordie, Peter, era de tez blanquecina y de movimentos más pausados; tal vez el hecho de que fumara en pipa le daba un aspecto más solemne.

 

-Chicos, os presento a la agente Scully del FBI. Está aquí para investigar a MaryJane Matthews. Me gustaría que le contárais lo que me dijisteis sobre su voz.

-¿Cuándo se va a preocupar el FBI de esclarecer los ataques a reses? No pueden estar siempre culpando a los osos.-espetó Peter.

Anonada por la repentina pregunta, Scully sólo pudo articular una frase:

-Estamos en ello.

-Después pasa lo que pasa. La prensa inventa cosas, reproduce declaraciones que ponen en boca de quien no las ha dicho, y ya está liada.

Esta vez fue Robert quien volvió a sorprender a Scully. ¿Cómo podía confiar Bodreaux en la palabra de esa pareja tan... pintoresca?

-Bueno, bueno - intervino el locutor.- No molestéis a la agente con vuestras preocupaciones ecologistas, y al grano. ¿Qué me contásteis sobre la voz de MaryJane?

-¿La voz de MaryJane? Esa es la voz de Patsy Cline.

-¿Están ustedes convencidos?

-Mire, señorita. Aunque hayamos acabado como una atracción de feria, eso no significa que no tengamos nuestro momento de gloria, aunque fuera en el pasado. Teloneamos a Patsy en varias ocasiones, y conocemos su voz perfectamente.

-¿Piensan que MaryJane es una buena imitadora?

-Creo que no ha entendido a Peter. No es una imitación, es su voz. Es algo... escalofriante.

-Gracias, me han sido de gran ayuda.

Scully estaba aún más confundida. Los LeGeordie parecían muy convencidos de sus palabras. Pero si tenían razón... Un grito le apartó de sus pensamientos, cuando estaba a punto de abandonar el local.

-¡Señorita Scully! Tenga, esto es para usted. Es una cinta con nuestros grandes éxitos.

-Se la vamos a dedicar. ¿Cuál es su nombre?

-Dana. Gracias, no tienen por qué...

-Es un placer, señorita. Y acuérdese de los osos.

-Está bien, lo haré.

Scully leyó la dedicatoria: "A Dana, con todo nuestro amor. LeGeordie Twins".

 

-Mejor que no oigas esa cinta si no quieres odiar el country toda tu vida- le previno Bodreaux.- Son buenos tipos, pero artísticamente murieron hace años. Así que prefiero que escuches esta otra, es la grabación de mi programa de hoy. No sé por qué, pero me da la impresión de que esta ciudad y su música no te gustan demasiado. ¿Me equivoco?

-No, seré sincera y te diré que el country me parece una colección de los peores tópicos.

-Bueno, después de escuchar mi programa cambiarás de idea. Por cierto, ¿te apetece ir a cenar antes del concierto de MaryJane?

 

Restaurante Le Bijou
20.00 horas

-Estoy sorprendida. No me imaginaba encontrar un sitio así en Nashville.

-¿Qué te esperabas? ¿Pensabas que todos eran unos palurdos sin ningún sentido del gusto, que sólo sabían comer hamburguesas y beber cerveza?

El restaurante era realmente encantador: una pequeña mansión con un jardín y mesas en la terraza, decorada de forma sencilla pero exquisita. Scully dedujo que los responsables habían estado en París, y el contenido del menú acabó por confirmarle su teoría.

Después de cenar y cuando ya habían vaciado una botella de vino, Scully pensó que había llegado el momento de saber más cosas sobre Bodreaux.

-¿Llevas toda la vida en Nashville?

-No, soy una persona inquieta y proclive a los cambios. Antes de entrar en la WKRCB, trabajé en un periódico en Nueva Orleans, en un canal de televisión en Nueva Orleans y en una oficina de prensa de la administración en Dallas.

-¿Y cómo has acabado aquí?

-Mala suerte. ¿Conoces la ley de Murphy? Creo que se inventó para mí. Cuando no tengo problemas con los jefes, la empresa se hunde o no hay presupuesto y me quedo en la calle.

-Suena un poco pesimista.

-No lo llamaría pesimismo, sino realismo.

-¿Y esa afición a vestir de negro?

 

-Bueno, te podría dar muchas explicaciones, pero ya que estamos en Nashville, te diré que es un homenaje a otro ilustre "hombre de negro", Johnny Cash. Además, me gusta porque en los westerns los personajes moralmente más ambiguos (los pistoleros) siempre vestían de negro.

-Ya... "Los valientes visten de negro"...

-Bueno, esa es la idea, Scully. ¿Y qué me dices de ti? ¿Sales con alguien?

-¿Te refieres a mi vida privada? No hay ningún hombre. Me gusta divertirme sola, me he acostumbrado a vivir sin depender de nadie, para poder hacer lo que quiera cuando quiera. Buscar los pequeños placeres de la vida, como sentarse en un banco del parque a leer el periódico el domingo, sin tener que dar explicaciones a nadie. Ya sabes, esas cosas.

-Sí, esas cosas...

-Oye Michael, no sé si es porque he bebido demasiado, pero soy tan feliz en este momento...

Bodreaux estuvo a punto de besar a Scully. Pero no quería arriesgarse, no quería convertirse en el protagonista de otra dramática canción country de corazones destrozados y penas ahogadas en alcohol. Ya había sufrido demasiadas veces.

 

Bluebird Cafe
4104 Hillsboro Road
21.00 horas

"¿Dónde demonios se habrá metido Scully?", pensó Mulder. El concierto estaba a punto de empezar y no había ni rastro de su compañera. Así que marcó su teléfono móvil para dar con ella.

-¿Scully?

-Oh, eres tú otra vez. Qué pesadilla...

-Scully, ¿has bebido? ¿Te pasa algo?

-Nooo.

-El concierto de MaryJane, el Bluebird Cafe. ¿Te acuerdas?

-Sí, ahora llegaremos. Adiós.

 

"¿Llegaremos?" ¿Qué significaba ese plural? ¿Con quién estaba Scully? Mulder se preocupó: ¿estaba celoso? Antes de pararse a analizar este sentimiento, decidió que lo mejor era pagarle con la misma moneda: se acercaría a MaryJane. De hecho, era su deber, porque era objeto de una investigación del FBI. Así que se coló en el camerino, haciéndose pasar por periodista.

En el camerino, MaryJane, su banda y los invitados de la prensa estaban cenando. La cantante lanzó un grito:

-¡Guisantes! ¿A quién se le ocurre poner guisantes en la jambalaya? Venid a Louisiana y mi madre os preparará una verdadera jambalaya, y no este arroz hervido con pollo.

Mulder se sorprendió por el carácter temperamental de MaryJane, algo que contrastaba con su belleza sureña. Aunque no jugara con la baza del parecido de su voz con la de Patsy Cline, sin duda Albright había encontrado una mina: sólo con una buena labor de promoción y con unas cuantas fotos sensuales, MaryJane se convertiría en el sex symbol del country actual.

Junto a ella se encontraba otra atractiva muchacha pelirroja, con un acento cajun mucho más marcado. Era Maggie Saveraux, una pintora amiga de MaryJane que se había encargado de diseñar la portada de su disco. A Mulder le encantaba la dulzura de su acento, lo encontraba gracioso y meloso, y si a ello unía su figura alta y espigada, no le costaba imáginarsela como la "reina de la belleza del bayou". Otro motivo para dejar de pensar en Scully, en qué estaría haciendo y con quién.

En ese momento, y antes de que el agente del FBI pudiera acercarse más a MaryJane, Donnie Valery anunció: "Quedan cinco minutos".

 

Bluebird Cafe
21.30 horas

La llamada de Mulder le había incomodado. ¿Estaba controlándola? Scully sentía que había desaparecido la espontaneidad que caracterizaba su relación con su compañero, todo desde el incidente de la rosa. Por una parte, sabía que nadie la trataba como él lo hacía, pero por otra parte, no sabía si eso era bueno o malo y, lo más importante, no sabía qué significaba, si detrás de esa actitud había un interés que sobrepasaba la simple relación entre colegas. Y para acabar de confundirlo todo, estaba Michael. Pero ahora no tenía tiempo para pensar, el concierto de MaryJane estaba a punto de empezar, y no veía a Mulder por ningún lado.

El Bluebird Cafe se encontraba a unas seis millas al oeste del centro de la ciudad, y tenía fama de ser el local donde se podía contemplar a las futuras estrellas del honky tonk y el nuevo country. Eso sí, era un lugar acogedor y hasta íntimo, en el que el contacto entre público y artista era muy estrecho. Esa noche, no cabía ni un alfiler.

El pequeño escenario del Bluebird se iluminó. Con su traje de vendedor de coches usados, Donnie Valery empezó a berrear:

-Buenas noches, amigos. Todos sabéis que por este local han pasado todas las actuales estrellas del nuevo country. Pero ese firmamento está incompleto sin la mayor de las estrellas: dad la bienvenida como se merece a nuestra querida MaryJane Matthews.

Después de escudriñar a un lado y a otro, Scully localizó finalmente a Mulder: estaba justo delante del escenario, mirando fijamente a la cantante. De hecho, era lo mismo que hacían todos los hombres del local: seguir los sensuales movimientos de MaryJane. Sus rostros embobados no dejaban ninguna duda: la Matthews era todo un sex symbol. Y aunque su voz sonaba clásica, su actitud distaba de la candidez y recato de Patsy Cline, y se acercaba más a la iconografia de una cantante de rock: pantalones ceñidísimos y un ajustado top que dejaba sus hombros al descubierto. "Así cualquiera", pensó Scully, envidiosa del poder que MaryJane ejercía sobre los machos y de su capacidad para enardecer su líbido.

Hasta Michael parecía haber sucumbido a los encantos sureños. Pero él estaba más atento a su voz, esa voz exactamente igual a la de Patsy Cline. Tenía que ser un fraude, ¿pero en qué consistía? Cuando MaryJane empezó a interpretar una versión de la balada "You Belong To Me", a Bodreaux se le puso la piel de gallina, y pasó lo inesperado: abrazó a Scully y la besó apasionadamente. Justo en ese momento, apareció Mulder.

 

TERCERA PARTE

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