QUID PRO QUO (III)

Disclaimer: Los personajes aparecidos en esta historia son propiedad de Chris Carter, de la 1013 Production y la Fox. Su utilización es sin ánimo de lucro y no intenta infringir el copyright


QUID PRO QUO (III)

 

Bluebird Cafe
18 de agosto
22.30 horas

No daba crédito a lo que veían sus ojos: ¡Scully besando apasionadamente a ese periodista, el tal Bodreaux! Mulder no supo cómo reaccionar, y durante unos minutos se quedó plantado contemplando a la pareja. Cuando el riego sanguíneo volvió a su cerebro, empezó a correr, chocando con los cuerpos que atiborraban el local. Se estaba ahogando, y necesitaba encontrar pronto la salida, respirar aire fresco. Cuando por fin llegó a la calle, tuvo un par de arcadas, pero no llegó a vomitar. ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué le afectaba tanto ver a su compañera en brazos de otro hombre?

Desesperado, anduvo dando tumbos. Se sentía como si toda la energía, toda la fuerza vital hubiera desaparecido de su cuerpo. Nada tenía sentido, y su cabeza estaba demasiado embotada como para intentar articular cualquier pensamiento. Casi a rastras, decidió meterse en el primer bar que encontró. Y aunque le costó pronunciar las palabras, tuvo suficiente entereza para pedir una botella de tequila Conmemorativo.

Uno tras otro, los lingotazos de alcohol quemaron su garganta y, aunque pareciera lo contrario, había recobrado una cierta serenidad, la suficiente para poder levantar su vista de la barra del bar y fijar sus ojos en el resto de clientes. Hasta que vio a Vince Albright. ¿Qué estaba haciendo allí, mientras su protegida MaryJane cosechaba triunfos?

Mulder no pudo resistirse y se acercó a la mesa donde estaba Albright.

-¿Le importa?

-Por favor, siéntese- le contestó amablemente Albright.

-Perdone, pero usted es Vince Albright, ¿no?

-Sí. ¿Le conozco? Su cara me resulta familiar. Creo que le vi en el hotel Opryland. Y esta tarde ha estado en el Bluebird Cafe... ¿es periodista?

-No, soy agente del FBI.

-Dios, tarde o temprano tenía que pasar.

 

De pronto, Mulder se dio cuenta de que había metido la pata al delatar su personalidad tan pronto, y que debía haber fingido ser un periodista. Pero la reacción de Albright le sugirió que había dado en el blanco.

-¿Cómo lo han descubierto?

-¿Descubrir el qué?

-La verdad, la increíble verdad sobre MaryJane Matthews, mi verdad.

-¿Por qué está escondido en este bar, mientras ella actúa en el Bluebird? ¿No quiere ser testigo de su éxito?

-La cosa se me ha ido de las manos. Toda mi vida he estado esperando esto, y ahora que lo he conseguido... Me da la impresión de que he creado un monstruo.

-Entonces es un fraude.

-No es un fraude... es mi hija...

 

Music Row
Mansión de Vince Albright
23.30 horas

-¿Le apetece beber alguna cosa?

-No, gracias, creo que con el tequila ya he cubierto mi cupo esta noche. ¿Por qué me ha traído a su casa, Albright?

-Agente Mulder... ¿puedo llamarte Fox? Mira, creo que ha llegado el momento de contar todo lo que pasó en 1963.

Por un momento, Mulder se temió lo peor:

-¿No irás a confesarte autor del asesinato de Kennedy?

-No, por supuesto que no. El suceso del que te hablo fue mucho más importante que todo eso.

Albright cogió de un estante un álbum con recortes de periódicos, y le mostró a Mulder la portada del Nashville Banner del 6 de marzo de 1963. El títular a ocho columnas rezaba "4 estrellas del Opry mueren en accidente". Debajo, una foto en blanco y negro con varios individuos examinando los restos del siniestro. A Mulder no le costó reconocer a un joven Albright en un extremo de la instantánea.

-¿El accidente de Patsy Cline?

 

-Así es. Su avión cayó a unos cien metros de mi granja en Candem. Pero no fue lo único que cayó.

-¿Qué quieres decir? Si no me equivoco, la causa de la tragedia fue el mal tiempo, las tormentas y la poca visibilidad.

-Esa fue la explicación oficial. Hubo algo más. Pero los periódicos no hablaron de ello. De hecho, ni la policía llegó a descubrirlo. Ni siquiera los investigadores de la Oficina Civil de Aeronáutica

Mulder estaba excitado. Tenía un presentimiento, uno de esos que le hacían sentir como en los viejos tiempos. Pero prefirió a que Albright siguiera con su historia.

-En su informe, el sheriff de Candem contó que varios granjeros habían visto a un avión caer en picado y dando vueltas, para oir un gran estallido a continuación. Cuando ocurrió, estaba dentro de mi casa. Después, perdí el conocimiento. Al despertar, salí al exterior, y fue cuando lo vi - Albright palideció y tomó aire antes de seguir con su relato.- Por mucho que viva, nunca podré olvidar una escena como ésa: restos humanos esparcidos por un área de sesenta yardas, colgando de los árboles, metales retorcidos... Pero eso no fue lo peor.

Mulder no se podía imaginar una visión peor que esa, pero al parecer Albright fue testigo de algo mucho más espeluznante.

-Me acerqué con la vana posibilidad de encontrar a algún superviviente de la catástrofe. Y fue entonces cuando vi sus pequeños cuerpos grises.

-¿Insinuas que...?

-Sí, el avión de Patsy Cline chocó con un ovni. Gracias a su estructura metálica, la nave quedó prácticamente intacta, pero la fuerza del impacto hizo que sus ocupantes salieran despedidos y murieran. El avión no tuvo tanta suerte: quedó hecho añicos, al igual que sus ocupantes.

No podía creerlo: ¿un ovni provocó la muerte de Patsy Cline? Mulder quería conocer más detalles:

-¿Y por qué nadie habló de los cuerpos de los extraterrestres, ni de los restos de su nave?

-Simplemente porque no los encontraron. Me encargué de hacerlos desaparecer antes de que llegara la patrulla de búsqueda. No me preguntes por qué lo hice, ni yo mismo lo sé. Lo único que recuerdo es que con el tractor arrastré los restos de la nave y los cuerpos, y los escondí en el granero. Cuando llegó la polícía y rastreó la zona, sólo encontraron metales retorcidos y piezas del avión, y restos humanos esparcidos. La identificación de los cadáveres fue extremadamente difícil: sólo un fragmento de la espalda de Patsy, la parte posterior de su cabeza y su brazo derecho estaban reconocibles.

Tras un momento de silencio, Albright continuó:

-Supongo que te preguntas qué hice con los restos de los alienígenas, ¿no es así? Dos días después, cuando las tareas de investigación habían terminado y todas las fuerzas policiales habían abandonado el bosque, volví al granero con la intención de enterrar todo aquello y olvidarme del asunto, por difícil que fuera. Pero fue imposible. Ellos volvieron esa noche.

-¿Otro ovni? -preguntó Mulder, cada vez más asombrado.

-Sí, venían a recoger a sus compañeros fallecidos. Fue entonces cuando sellamos un pacto. No les interesaba otro escándalo como Roswell, aunque en esa ocasión fue el mismo gobiermo el que se encargó de silenciarlo. Y menos aún, un incidente en que estuviera implicado una celebridad como Patsy Cline. Sería como si Elvis fuera abducido en medio de una actuación en Las Vegas, no les interesa ese tipo de publicidad. A cambio de mi silencio y de mi colaboración, ellos me ayudaron a cambiar mi vida. Quid pro quo. Se sentían profundamente agradecidos, así que todo transcurrió con normalidad.

-¿La tecnología de los chips de silicio?

-Sí, ese fue sólo el comienzo. Después de 1963, ellos se volvieron a poner en contacto conmigo en varias ocasiones y en lugares distintos. Dejé mi granja en Candem y me metí en el mundo de la informática; gracias a su tecnología desarrollé los chips de silicio. Pero me reservaban una sorpresa aún mayor. Cuando en 1963 les conté quién era Patsy Cline, supongo que de mis palabras apasionadas dedujeron que para mí había sido una gran pérdida, una pérdida irreparable. Sin decirme nada, rastrearon los bosques y encontraron restos que las patrullas de búsqueda no habían logrado hallar. Así consiguieron parte del material genético de Patsy.

-¿Estás hablando de crear un clon?

-Exactamente. Durante estos años, varias mujeres, más de un centenar, fueron abducidas e inseminadas con mi esperma. Yo me encargaba de la parte "carnal" del asunto: las seducía y dejaba que la naturaleza siguiera su curso, ya me entiendes; luego, ellos se ocupaban de todo. Con el material genético de Patsy, intentaban crear un duplicado, aunque más que un clon el principal objetivo del proyecto era conseguir una cantante con la voz de Patsy. Se hicieron varios intentos, así que tengo unas cuantas hijas repartidas por todo el país. Pero todo fueron fracasos, hasta que nació MaryJane: la niña empezó muy pronto a demostrar aptitudes musicales. La primera vez que la oí cantar en una maqueta sentí un escalofrío: tenía la voz de Patsy. Finalmente, lo habíamos conseguido. Después, todo vino rodado: monté una productora discográfica, le ofrecí un contrato y la grabación de un disco.

-Entonces, la hipótesis del fraude y del plagio...

-Sí, ése era el principal riesgo. Pero prefiero que la gente piense mal a que conozca la verdad. MaryJane es "hija" de Patsy Cline, pero también es hija mía, y la quiero demasiado como para que se convierta en una atracción de circo, en un bicho raro analizado y diseccionado por los científicos. Ella es tan humana como tú y como yo, pero lo desconoce todo acerca de su origen: sólo es consciente de que tiene una voz preciosa que, curiosamente, es extraordinariamente parecida a la de Patsy Cline. Ahora ya lo sabes: su futuro está en tus manos. La elección depende de ti.

"Menudo compromiso", pensó Mulder. Por una parte se encontraba ante la historia de alienígenas más alucinante de su carrera. Por otra... Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el inoportuno zumbido de su teléfono móvil. Era una sofocada Scully.

-¿Mulder? ¿Dónde estás?

-¿Te preocupa mucho?

-Oye, si te refieres a lo de antes, no tengo por qué darte ninguna explicación. Además, no ha pasado nada.

-No necesito que te justifiques. Nos veremos en el motel. Hasta luego.

"Quid pro quo": Mulder recordó las palabras de Albright, y decidió llegar a un acuerdo con él.

Motel Days Inn Vanderbilt

01.30 horas

El pacto había sido el siguiente: Mulder olvidaría la historia que Albright le había contado, a cambio de que éste le ayudara con su experiencia con las mujeres. Esa noche, en Nashville se había revelado más de un secreto: no sólo estaba lo del ovni, eso era una pequeñez al lado del sentimiento que el agente había descubierto cuando vio a su compañera entregada a otro.

Alguien que había sido capaz de seducir a más de cien mujeres (con o sin la ayuda de los alienígenas) podía darle buenos consejos para salir de su estado de confusión. Así que Mulder le contó a Albright la historia de su relación con Scully, y cómo todo había cambiado desde el caso de la Hermandad Jurídica y, sobre todo, del incidente con la rosa. El productor le recomendó que le enviara un ramo de rosas con una nota donde reconociera que se había equivocado y confesara que estaba hecho polvo y perdidamente enamorado. Pero Mulder no creyó en esta solución: "Seguro que le sienta aún peor". "No lo creo", le replicó Albright. "No, ella es un mujer inteligente, se lo va a tomar mal", consideró el agente. "Mucho mejor, pero aún así su comportamiento es imprevisible", concluyó Albright.

Finalmente, asesorado por el granjero-informático, Mulder llegó a la conclusión de que lo mejor era ser sincero con Scully, y contarle la verdad de sus sentimientos. Mientras se dirigía a la habitación de su compañera, recordaba la letra de una de las canciones más bonitas de Patsy Cline, "I Fall To Pieces" que, justo en ese momento, parecía haber sido compuesta expresamente para él:

I fall to pieces

Each time I see you again

I fall to pieces

How can I be just your friend?

You want me to act like we've never kissed

Want me to forget, pretend we're never met

And I've tried, and I've tried

But I haven't yet

You walk by and I fall to pieces

 

I fall to pieces

Each time someone speaks your name

I fall to pieces

Time only adds to the flame

 

Habitación de Scully
01.40 horas

-¿Puedo pasar?- preguntó Mulder tímidamente desde el otro lado de la puerta.

-Adelante, Mulder.

Cuando se vieron cara a cara se sintieron avergonzados: uno por lo que iba a decir, la otra por lo que había pasado.

-¿Mulder, cómo... estás?

-Bien, bien. He resuelto el caso de MaryJane.

-¿Ah, sí?

-Sí, he estado hablando con Vince Albright. No hay trampa ni cartón, simplemente es una broma de la naturaleza, que le ha concedido el don de cantar como Patsy Cline. Caso cerrado. Ni fraude ni expediente X, nada de nada.

-Vaya, es... sorprendente.

Antes de que la situación se le escapara de las manos, Mulder decidió ir al grano.

-Scully, esta noche he comprendido algo.

-Mulder, yo...

-Déjame terminar. Ya conoces mi reputación, todos me llaman "spooky", el siniestro, siempre acostumbrado a trabajar en solitario. Incluso mis aficiones son solitarias: no tengo amigos, no salgo por las noches, estoy totalmente entregado a mi trabajo. Cuando te asignaron a los expedientes X, se produjo un cambio en mi vida. De repente me encontré con una mujer que me estimulaba intelectualmente, que me hacía superarme día a día, que me obligaba a reafirmarme en mis creencias, que me combatía con su escepticismo. Poco a poco, te convertiste en mi mejor amiga, la amiga que nunca había tenido. Existía una química muy especial entre nosotros, y nunca había sentido nada así, ni siquiera con mi ex-mujer.

 

Mulder se detuvo un instante para ordenar sus ideas, y prosiguió:

-Después del caso de la Hermandad Jurídica, me transtorné. Tú misma te viste demasiado implicada en el asunto, aunque el precio que yo pagué fue mucho peor. Supongo que no es preciso que te recuerde los meses de terapia... Cuando volví a la oficina, fue una alegría verte de nuevo, y como recordé que era la fecha de tu cumpleaños, decidí regalarte esa rosa. Lo que no imaginé es que te lo tomarías tan mal, fue un simple gesto de amistad, para demostrar el aprecio que siento por ti. Supongo que me equivoqué, al exponerte a las habladurías del resto de compañeros del FBI. Pero me dolió profundamente ser juzgado, condenado y ejecutado por un crimen que no había cometido.

-¿Qué crimen?-preguntó Scully.

-Es una manera de hablar. En ese momento, mis intenciones contigo eran muy claras: de acuerdo, acepto que me gustas, que me siento atraído por ti. Pero cuando te regalé la rosa sólo pretendía salir contigo sin compromiso por parte de ninguno. ¿Qué hay de malo en que dos personas adultas, que mantienen una buena relación, vayan al cine o a cenar de vez en cuando? Me sentía culpable sólo por el hecho de pedirte una cita, sin motivo alguno. ¿Es eso normal? No sé qué es lo que piensas de mí, pero créeme, no voy por ahi buscando ligues fáciles, polvos de una noche. Para eso, ya tengo mis películas pornográficas. Y tampoco quería una relación sentimental: Scully, aunque parezca que viva por el trabajo, he tenido varias experiencias con mujeres, y todas me han herido. Por eso no quería que fueras tú quien me hiciera daño, ni yo tampoco quería hacértelo, sólo quería profundizar nuestra amistad compartiendo algunos momentos fuera de nuestra siniestra oficina. Desde entonces vivo atormentado, porque no me has permitido explicarte todo esto: te veo e intento hacerme el duro, ignorarte. Pero en lugar de eso, ha pasado todo lo contrario. Hace unos meses, sabía con certeza que no estaba enamorado de ti: ahora, ya no puedo asegurarlo. Lo que sí sé es que eres la mujer más interesante que he conocido en los últimos años (supongo que si te dijera que en toda mi vida lo encontrarías exagerado).

Scully estaba desconcertada. Se esperaba una apasionada declaración de amor, y no esa ambigua declaración de principios. Iba a argumentarle que el beso de Bodreaux sólo había sido eso, un simple beso, producto del vino y de la música country. Iba a hacer todo lo posible para que no se sintiera mal. Pero la incógnita seguía ahí: "¿En qué quedamos: me quiere o no?" Con la expresión más dulce de su voz, la agente pelirroja espetó a Mulder:

-¿Por qué has tardado tanto tiempo en decirme esto? ¿Por qué te empeñas en buscar la verdad ahí fuera y no miras en tu interior? ¿Piensas que enamorarse es una forma de debilidad?

-No, únicamente no quiero sufrir más. El peor sufrimiento que puede padecer una persona es la pérdida de un ser amado. Creo que ya he rebasado mi cupo, no quiero arriesgarme.

-Pero si no te arriesgas nunca sabrás si ahi fuera hay algo o alguien que te está esperando. ¿Qué quieres, convertirte en un degenerado amargado como tu amigo Frohike?

-No... -titubeó Mulder.

-Entonces, acércate. La verdad está aquí dentro - Scully señaló su cuerpo como una invitación. Mulder intuyó que por fin iba a saber lo que era un verdadero expediente X.

FIN

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