Su peinado lo
dice todo. Nebuloso, confuso, embrollado de cenizas y hollín:
La cercanía de de las raíces capilares con las neuronas
se muestra en el caso de de Chris Carter como un paradigma de lo
mucho que puede revelar la compostura de la azotea. Obsérvese
con esmero y descubrirán, seguro, rasgos de su obra maestra:
paranoico y lúgubre, escepticismo en la punta de cada pelo, y
sin raya entre el miedo y el sarcasmo. Un autentico expediente-X
por si mismo.
Expone esa cabellera también
mucha convulsión. Pelos que suben, los más, y que bajan, los
menos, y que no son más que la constatación de la carrera de
Carter. Los que apuntan hacía arriba reflejan críticas señales
de euforia. Corresponden al periodo de Expediente-X: Audiencia,
prestigio, influencia, reconocimiento...
Los que caen informan de
Millennium, Harsh Realm: batacazos , cancelaciones, kaput.
Puede afirmarse que Carter
está ahora todo él a la baja. Con dos cancelaciones precoces y
su puntal al borde del carpetazo final, el guionista-ideador-productor
de las aventuras de Mulder y Scully parece haber perdido los
efectos de la bendición. No obstante , pase lo que pase en el
futuro, tiene ya garantizada su propia lápida en la
historia de la televisión gracias a sus teorías de la
conspiración.
Criado bajo los efectos del desanimo colectivo provocado por el
caso Waregate, Carter es hijo de escepticismo por las
estructuras gubernamentales. "Expediente-X sugiere a la
audiencia que cuestione la autoridad y que no crea en todas las
instituciones" explica. Él no cree tampoco en los
extraterrestres, pero si en las olas. Subir en una tabla de surf
y montar sobre las olas californianas es el mejor medio que
conoce para huir de la naturaleza obsesiva por el trabajo. En
cualquier caso, que quede claro: "yo soy como cualquier
vecino, ni un paranoico ni un majareta".