ANSON STOKES: Yeah, okay,
that's not bad. That's not bad, that's not bad, but don't you think
maybe we should think of something that would, generate money instead of
the, actually the money itself?
JEN: Brains? Talent? Hard
work?
"Je Souhaite".
i realmente el cerebro, el talento y el trabajo duro
fueran los indicadores de los ceros en la cuenta bancaria, la de Vince
Gilligan debería estar a la par que la de Bill Gates. Guionista desde
la segunda temporada de Expediente X (en la que colaboró con lo que en
principio se pensaba sería su única aportación, el capítulo "Soft
light"), no sería hasta finales de la tercera, con "Pusher",
cuando Chris Carter y sobre todos los fans fueron percibieron el
verdadero potencial que residía en ese muchacho delgadito, con gafas y
aspecto tímido, calificado por todos los que lo conocen personalmente
como un "nice guy". Posteriores éxitos no han hecho sino
reafirmar su posición privilegiada en el equipo de escritores,
aumentando sus obligaciones también a la producción, y finalmente, con
"Je Souhaite", el episodio número veintiuno de la séptima
temporada, a la dirección. Las manos de Vince Gilligan transforman en
oro todo lo que tocan, y esto los equisófilos lo hemos aprendido muy
bien. Sus guiones, a diferencia de los de cualquiera de sus compañeros
escritores (incluyendo a Chris Carter), entusiasman a todo el mundo por
igual. ¿Cómo se consigue esto en una serie con una público de
motivaciones tan variado? Pues de la forma más simple y más complicada
del mundo: mezclando una pizca justa de todos los elementos. El humor,
el horror, la ternura, la reflexión, los efectos especiales... todo
tiene cabida en los cuarenta minutos escasos que dura un episodios
común. Cuando el guionista es Vince, no sólo los utiliza todos y cada
uno de ellos, sino que lo hace con el buen gusto y la mesura suficiente
para que todo encaje y resulte coherente. "Perfecto" es el
adjetivo que viene a la mente de la mayoría de los equisófilos tras
ver un episodio de Mr. Gilligan. Perfecto, porque no se nos ocurriría
cambiar una sola línea. Porque sabemos que es inmejorable. Y nunca
podremos agradecerle lo bastante que nos haga sentir de esa forma tan a
menudo. Pero quizá una buena forma de empezar, es realizar este
monográfico sobre su inestimable contribución a "Expediente
X" y las bazas que han convertido su trabajo en el favorito de
millones de exigentes equisófilos a lo ancho y largo del planeta.
ORIGINALIDAD
Cinco niños nacidos con cola, fruto de las
suplantaciones de personalidad realizadas por un ser con la capacidad de
transformarse físicamente a su antojo, pero alma de irremediable
perdedor. Un asesino capaz de inducir al suicidio a sus víctimas
mediante manipulación mental, quedando él impune. Un mutante devorador
de cerebros... ¿o simplemente un muchacho aquejado de un serio y
macabro desorden alimentario? Una genio que vive en una alfombra cuya
sutil venganza frente a la estupidez de la humanidad a la que ha servido
durante siglos es aprovecharse de la poca especificidad de los deseos
que le piden...
Los estereotipos no tienen cabida en el universo
de Vince Gilligan. En un mundo en el que las ideas frescas y nuevas
brillan por su ausencia, él es capaz de ofrecernos decenas en cada uno
de sus guiones. Dejándolas caer una a una, casi con modestia, de una
forma tan natural que corren el peligro de pasar desapercibidas.
Esto, sin embargo, no está reñido con sus
alusiones u homenajes personales a sus películas o series favoritas. El
episodio "X-Cops", el número doce de la séptima temporada,
es un cruce con la serie de la que Gilligan es un fan desde hace años,
"Cops". La idea de "Monday" la vimos desarrollada,
entre otros sitios, en la película "Perdido en el tiempo", de
Bill Murray. "Drive" nos recuerda sin ningún disimulo a
"Speed". En un momento del episodio, incluso, Mulder dice
"I think I saw this movie" ("Creo que he visto esta
película").
Pero en uno u otro caso, ya sean ideas cien por
cien nuevas o tengan su punto de partida en un producto ya creado, las
señas de identidad de Vince son inequívocas, y el resultado es siempre
igualmente sorprendente y original. A estas alturas seríamos capaces de
reconocer un guión suyo entre cien distintos. Porque lo que escribe
Vince Gilligan, sólo podía haberlo escrito Vince Gilligan.
RELACIÓN MULDER-SCULLY
MULDER:
Scully, you *have* to believe me. Nobody else on this whole damn
planet does or ever will. You’re my one in … five billion.
"Folie à Deux".
*************************************************
MULDER: I don't know if you
noticed but, um, I never made the world a happier place.
SCULLY: Well, I'm fairly
happy. That's something.
"Je Souhaite".
*************************************************
Antes de Vince Gilligan, sólo estaba Chris Carter.
Nadie como su propio creador, el gran gurú, había sabido captar en su
totalidad la compleja esencia de las personalidad de Mulder y Scully y de
su relación en común. Vince la entendió. Desde esa tarde en que vio el
estreno del capítulo Piloto en su televisor, en su casa, como un
espectador más, y quedó irremediablemente enganchado a la serie. Vince
es, ante todo, un fan. Y eso se nota. Su conocimiento de los personajes,
su cariño hacia ellos, es tan profundo como el que sentimos cualquiera de
nosotros. Quizá sea eso lo que echamos en falta en otros guiones
impecables, puede, desde el punto de vista de la trama argumental, pero
insulsos desde el punto de vista del desarrollo de los protagonistas.
Impersonales. Sólo unos Mulder y Scully estándar, cuadriculados. Vince
ha sabido romper esa cuadratura, estirando sus límites, mostrándonos
facetas de nuestros agentes que no conocíamos, llevándolos a sus
extremos, exigiéndoles lo mejor que nos podían dar.
Y sin pasar nunca la sagrada línea del platonicismo,
Vince nos ha ofrecido varias de las escenas más shipper de toda la serie:
la despedida de Mulder y Scully antes de que él se enfrentara a Pusher;
su apretón de manos cuando ha sido vencido; la escena del sofá de Small
Potatoes; el abrazo al final de Paper Hearts; los últimos cinco minutos
de Je Souhaité.
Vince sabe lo que queremos ver; y siempre nos da un
poco más de lo que le pedimos.
Chris Carter también lo sabe. Pero, como los deseos
cumplidos por Jen, sus concesiones siempre tienen truco, y el as escondido
en su manga adquiere cada vez un aspecto más increíble: un beso entre
Mulder y una especie-de-doble-de-Scully de los años treinta sin apenas
luz para apreciarlo bien, una maldita abeja bajo la solapa de un abrigo,
un incordio insufrible llamado Diana Fowley, etc, etc, etc.
Quizá es por eso que cuando vemos en los títulos
de crédito el nombre de Vince Gilligan los shippers nos relajamos,
suspiramos con alivio, nos ponemos cómodos, y nos disponemos a disfrutar
de todas y cada una de las escenas; y cuando el nombre que vemos es el de
Chris Carter, nos echamos a temblar... por si las moscas. O las abejas.
Hay aún una razón más por la que los episodios de
Vince Gilligan muestran lo mejor de la relación Mulder-Scully. Los
actores parecen disfrutar de sus guiones tanto como el público, y eso se
transmite sin duda en sus interpretaciones
J
.
PERSONAJES
GRANDES PROTAGONISTAS
El Dr. Chester Banton. Pusher. John Lee Roche. El
Sheriff Hartwell. Jen. Mr. Crump. Rob Roberts.
¿Qué hace diferentes a todos y cada uno de estos
personajes de cualquiera de los que hayamos visto en otros episodios o en
cualquier otra serie?
Que nos llegan al corazón. Nos conmueven. Nos hacen
reír. O nos hacen odiar. Despiertan nuestra máxima simpatía o nuestra
máxima repulsión, a veces incluso ambas cosas a lo largo de un mismo
episodio. En cualquier caso, no nos dejan indiferentes. Y por eso mismo,
ni uno solo de esos personajes cae del todo en el olvido.
¿Quién no sintió una punzada de compasión en la
última escena de Soft Light, cuando vemos caer esa lágrima de impotencia
por la mejilla del Dr. Banton? ¿Quién no recuerda con una sonrisa alguna
de las muecas o voces del Sheriff Hartwell, en cualquiera de las versiones
(la de Mulder, la de Scully, o la verdadera..)? ¿Quién no se sintió
solidario con la rabia de Jen ante la estupidad de los humanos, pero a la
vez se sintió también solidario con la reacción de Mulder cuando la
genio tergiversó su altruista deseo? ¿Quién no tiene un lugar especial
para Pusher en su corazón donde lo admira y teme al mismo tiempo?
Justamente por no ser estereotipos, por ser
personajes redondos y no cuadrados, podemos introducirnos en sus mentes,
tratar de comprender sus actos, disfrutar con sus exhibiciones. ¿No es,
al fin y al cabo, ese tipo de reto intelectual el que buscamos los fans de
una serie como Expediente X?
PERSONAJES SECUNDARIOS
Hay varias formas de abordar un personaje
secundario.
Se le puede dar un papel mínimo, una función
específica en un momento concreto que justifique su inclusión en el
guión.
Se le puede usar como comparsa, como miembro del
anónimo coro griego de las hazañas de nuestros heroicos agentes.
Se puede, incluso, prescindir de ellos, reduciendo
la acción a un mínimo de personajes principales.
O se le puede dar unas motivaciones claras, unos
rasgos de personalidad interesantes, confiriéndoles de esta forma una
vida ajena a Mulder y Scully, ajena al propio episodio del que forman
parte. El beneficio directo de este trabajo extra es un enriquecimiento
inmediato en la calidad del guión al que pertenecen, al que insuflan
parte de esa vida que poseen.
Los personajes secundarios de Vince Gilligan a
menudo sólo se diferencian de los principales en el tiempo que aparecen
en pantalla. El detective Frank Burns, de "Pusher"; Amanda
Nellighan, en "Small Potatoes"; Kelly Ryan, la joven detective
de "Soft light"; los hermanos Anson y Leslie Stokes en "Je
Souhaite"; Gary Lambert, el empleado de telefónica de "Folie à
deux", etc, etc.
Ningún personaje está de relleno en un guión de
Vince Gilligan. Si tiene un nombre, tiene una historia que contar. Y a
veces tan interesante que nos quedamos con ganas de saber qué fue del
personaje tras ese episodio, o qué había sido antes.
Y lo más curioso de todo es que, a diferencia de
los sujetos que suelen constituir el Expediente X en sí, el elenco de
personajes parecen salidos de la más patética mediocridad, pero es esa
misma mediocridad la que les confiere la grandeza y brillantez. Su
pequeño momento de gloria. Personas normales enfrentadas a situaciones
extraordinarias. Personas como nosotros, como nuestros vecinos, con las
que podemos empatizar o sentirnos identificados.
Volvemos a llegar de esta forma al mismo sitio: el
corazón.
J
HUMOR
El camino que abrió el genial Darin Morgan era
fascinante y peligroso. El humor, en una serie como Expediente X, era un
elemento dudosamente viable. Y en caso de serlo, desde luego, nunca
podría abusarse de él hasta llegar a la parodia.
Probablemente cualquiera de nosotros habríamos
estado de acuerdo con esta idea en un principio. Y entonces llegó Humbug.
Y Jose Chung’s from other space. Y vimos convertido en un circo lo más
sagrado de nuestras vidas: nuestra serie favorita y nuestros idolatrados
personajes.
Y entonces, ocurrió algo extraordinario: muchos de
nosotros aprendimos a reirnos de nosotros mismos. Y aprendimos a ver la
genialidad que reside en el humor. Porque el humor no es sino una forma de
reflejar la realidad, pero llevándola hasta un extremo donde es posible
diseccionarla y llegar hasta su esencia más profunda, alejarnos hasta
obtener la mayor perspectiva y reflejarla en el detalle más concreto y en
apariencia insignificante. La genialidad del absurdo metódico. Y fue
entonces cuando nos dimos cuenta de que el humor no sólo no iba a
perjudicar nuestra serie, sino que la iba a elevar a un escalón aún más
alto, a otro nivel.
Quizá fue entonces, también, cuando los
equisófilos nos fuimos dando cuenta de lo patético de nuestra
situación, y comenzamos a hacer esas terapeúticas listas que luego
distribuímos por Internet del tipo "Sabes que eres equisófilo
cuando..." o "La equisofilia es una enfermedad porque...".
Y tras hacerlo y ver que nuestros síntomas eran compartidos, nos
sentíamos mucho mejor y éramos capaces de reírnos todos juntos.
Small potatoes. Sí, David Duchovny tenía aptitudes
para la comedia. Y muy buenas, por cierto. Vince Gilligan supo verlas y
sacar el máximo partido de ellas en este hilarante episodio, así como
recuperar a su precursos en el género, Darin Morgan, para representar
esta vez el papel protagonista de un patético, aunque entrañable,
perdedor.
Pero la medalla de oro sólo lleva un nombre
inscrito en ella: Bad blood. Dudo que haya un solo equisófilo que no lo
tenga en el podium de sus cinco episodios favoritos de toda la serie. Las
claves que hacen de Bad Blood la obra maestra que es son muchas, y
dediqué ya en su día un artículo exclusivo a resaltarlas (lo tenéis
como anexo a la traducción del guión del capítulo en su sección
correspondiente de la Silver). En gran parte pueden describirse siguiendo
los puntos que estamos comentando aquí: originalidad, humor, grandes
personajes, Mulder-Scully, conversaciones memorables, escenas
inolvidables, humanidad. Nunca antes, y probablemente nunca después, se
nos había ofrecido un retrato psicológico tan completo y ameno de
nuestros queridos agentes. La fórmula utilizada, ya en sí, es
insuperable: permitirnos ver un caso a través de los ojos de cada uno de
ellos por separado, para luego poder contrastarlo con la realidad en la
versión definitiva y el desenlace. Nunca vi un episodio con cuarenta
minutos tan bien aprovechados. Y desde luego, nunca me he reído tanto con
un capítulo. Y por increíble que resulte, tras más de treinta
visionados, cada vez me hace más gracia
J
Permitidme sólo un consejo: si aún no lo habéis
hecho, y tenéis la oportunidad, conseguir el episodio en versión
original. Si pensais que la versión doblada que vimos en Tele 5 es el
mejor episodio que habéis visto jamás... esperad a escuchar las
verdaderas voces de nuestros agentes y del Sheriff Hartwell. Os aseguro
que no tiene precio
J
ESCENAS INOLVIDABLES
Vince no sólo sabe enternecernos o hacernos reír.
También sabe ponernos la piel de gallina. Entre sus episodios se
encuentran algunas de las mejores escenas de toda la serie. Escenas que,
sin necesidad de efectos especiales espectaculares, se clavaron en nuestra
retina y actualmente residen, con suerte para siempre, en ese lugar de la
memoria reservado para todo lo que ha salido de sus manos y ha llenado de
algunas forma nuestras vidas equisófilas. No he conseguido encontrar,
aún, una escena que igualase en tensión a esa ruleta rusa de Pusher
contra Modell. Y a cierta distancia, aunque en el mismo lugar de mi
cerebro, conservo la cuenta atrás de la pequeña Caitlyn mientras Mulder
apunta a la cabeza de John Lee Roche, que trata de convencerlo hasta su
último aliento de que sabe dónde está su hermana. En otro ámbito,
decidme un momento más comprometido que ése en que entra Mulder al
apartamento de Scully y se la encuentra a punto de besarse... con él
mismo. ¿Y qué hay de Scully enfrentándose al cuerpo de un hombre
invisible, disfrutando como una niña con su descubrimiento? Son sólo
unos ejemplos de la cantera Gilligan. Seguro que cada uno de vosotros
tiene una favorita que podría incluír en la lista.
J
LOS PISTOLEROS SOLITARIOS
Mulder y Scully no son los únicos personajes que
deben buena parte de su estado actual a Vince Gilligan. También en el
desarrollo de Los Pistoleros Solitarios la genialidad de Vince ha tenido
mucho que ver.
Con "Unusual Suspects" se nos proporcionó
un background de ese trío de fanáticos paranoicos que conocimos allá
por la primera temporada, en "E.B.E": supimos de su primera
aventura juntos, la conversación que les dio nombre, la forma en que
conocieron a Mulder.
En "Three of a kind" asistimos a la
continuación de esos acontecimientos diez años después. Susanne Modeski,
el amor platónico de Byers, vuelve a escena, dándonos las claves que nos
faltaban del episodio anterior. Acompañados en esta ocasión por un poco
convencional Scully (y una brillante Gillian Anderson, dicho sea de paso),
confirmaron de esta forma su independencia. El trío estaba listo para el
spin off. Eran capaces de llevar el peso de un episodios ellos solos sin
que decayera el interés. Y es que estos episodios también están entre
los favoritos del gran público, que siente debilidad desde siempre por
estos extravagantes personajes.
Personajes adoptados por Vince, que ya le pertenecen
por méritos propios. Si bien no es su padre, nadie puede dudar que es su
padre adoptivo. Su nombre fue el primero en la lista de los guionistas
responsables de la nueva serie de los pistoleros en solitario, cuyo
estreno está programado para Enero del año próximo y cuyo fantástico
trailer promocional, por cierto, podéis conseguir en la misma Silverbug.
HUMANIDAD
MULDER: The trick is to be
specific. To make the wish perfect. That way, everyone is going to benefit.
It's going to be a safer world, a happier world. There's going to be food
for everyone, freedom for everyone, the end of the tyranny of the powerful
over the weak. Am I leaving anything out?
SCULLY: It sounds wonderful.
MULDER: Then what's the
problem?
SCULLY: Maybe it's the
whole point of our lives here, Mulder-- to achieve that. Maybe it's a
process that one man shouldn't try and circumvent with a single wish.
"Je Souhaite".
Por todo lo anterior, los personajes de Vince, sus
historias, tienen corazón. Soft Light fue toda una revelación. Por
primera vez el mutante, el ser perseguido por nuestros agentes, era capaz
de hacernos ver su lado más humano, de hacernos partícipes de su
tragedia. De hacernos desear que pudiera escapar.
Rob Roberts es quizá el personaje más explícito
en este sentido. En "Hungry", los protagonistas ni siquiera son
Mulder y Scully. La historia, contada desde el punto de vista del
"monstruo", nos sitúa en ese lugar donde quizá no nos sentimos
demasiado cómodos: la cruda realidad.
Sí, también en Expediente, dentro de su ciencia
ficción, hay una cruda realidad. Y es que Mulder y Scully no son
"los buenos" sólo por llevar las placas, ni sus acciones quedan
sin consecuencias. Y es que los "monstruos" de Expediente X, en
realidad no lo son. No se han creado a sí mismos. No son responsables de
sus necesidades o compulsiones. ¿Acaso se podía culpar a Tooms, p.ej.,
de matar a cinco personas cada treinta años sólo para alimentarse? ¿No
era Leonard Betts mejor persona que cualquiera de los "normales"
que podamos conocer? La motivación de los "grandes mutantes" es
la más básica y menos reprochable del mundo: la supervivencia.
Si buscáis frivolidad o ligereza en un episodio de
Vince Gilligan, no la encontraréis. Ni siquiera en los humorísticos.
Ronald Strickland era un vampiro. Pero también un
adolescente ordinario que se ganaba la vida repartiendo pizzas, y estaba
obsesionado con las películas de Bela Lugosi. Y si bien era torpe...
"era uno de los suyos", como el Sheriff hizo notar a Scully;
formaba parte de una estirpe que venía de largo. Una estirpe que había
sobrevivido "pasando desapercibidos, pagando sus impuestos,
etc".
Eddie Van Bluth era un perdedor, cuyo único empeño
en la vida era conseguir que no pronunciaran pero sí escribieran la
"h" muda de su nombre. Pero también era alguien que aprovechaba
todos los recursos que tenía para sacarle a su vida el máximo partido. Y
logró con Scully en una hora más que Mulder en cuatro años. Eddie es un
superviviente; un pícaro, un tramposo. Su filosofía de vida es tan
sencilla como retorcida: Si ya eres un perdedor... ¿qué tienes que
perder?
Con sus historias, con sus dramas, Vince siempre nos
enseña algo. Y es que ni siquiera en la ficción la vida es fácil o se
puede eludir la responsabilidad por los propios actos. Porque donde uno
gana, alguien pierde. Aunque los que ganen sean Mulder y Scully.
Sus moralejas, sin embargo, lejos de deprimirnos,
nos suelen dejar con una sonrisa en los labios. Porque lo que sus guiones
muestran, por encima de todo, es la belleza de la vida más simple, la que
hay en la mediocridad.
¿Recordáis "American beauty"? ¿La
belleza que hay en una simple bolsa de plástico danzando con el viento?
Pues esa misma sensación es la que me transmiten a mí cada uno de los
guiones de nuestro querido Vince
J
.
Pero creo que la conversación de Je Souhaite con la
que comencé este apartado expresa mejor que yo con mil palabras la
calidad humana del protagonista de este monográfico. Así que me voy a
limitar a traducirla humildemente.
Espero que disfrutéis con esta nueva sección, al
menos la mitad de lo que nosotros estamos disfrutando al prepararla.
J
MULDER: El truco es ser
específico. Pedir el deseo perfecto. De esa forma, todos se van a
beneficiar. Va ser un mundo más seguro, un mundo más feliz. Va a haber
comida para todos, libertad para todos, el final de la tiranía del fuerte
sobre el débil. ¿Me he dejado algo?
SCULLY: Suena de maravilla.
MULDER: Entonces, ¿cuál
es el problema?
SCULLY: Puede que ése sea
el sentido de nuestras vidas aquí, Mulder. Conseguir eso. Puede que sea
un proceso que un hombre sólo no debería intentar soslayar con un único
deseo.