Con tristeza en la alegría

Disclaimer: Los personajes de Fox Mulder y Dana Scully (vale, vale, también relativos) no me pertenecen. Son de la Twenty Century Fox y concretamente de Chris Carter. Pero ¡que conste que él me robó la idea!

Nota: Esta novela fue escrita hace más o menos un año, concretamente fue terminada el 28 de marzo de 1998, así que es posible que notéis quizás un estilo menos desarrollado en comparación con "Las alas desgarradas del ángel", que es posterior (si la habéis leído, claro). Está inspirada en la reacción que tuve al ver Redux y al enterarme de la "hija" de Scully, Emily (esa pequeña de ojos azules que tanto adoramos) pero SOLAMENTE INSPIRADA.

Spoilers: Redux I. , Redux II. y Emily,Never Again.

Tipo: XF (Investigación de un Expediente-X), MSR (Romance entre Mulder y Scully)


CON TRISTEZA EN LA ALEGRÍA

Entre toda esa gente Mulder deseaba escapar, mirar al pasado y olvidar pero resultaba imposible. Era incapaz de mirar el ataúd aunque sabía que llegaría el momento en el que tendría que observarlo. Tenía una persona muy importante a su lado, tenía que estar feliz pero se sentía demasiado ofuscado y furioso para poder mostrar una pequeña sonrisa. Ahora se preguntaba si lo que había hecho estaba bien, si había merecido la pena. Era incapaz de responder a esa pregunta. Miró a la persona que estaba a su lado y esta le respondió con una amarga sonrisa. Veía en sus grandes ojos azules una gran tristeza que compartía con ella. Pero a pesar de estar a su lado se sentía terriblemente solo y ahora sabía por qué: una parte de él se había ido. Ahora afrontaba con tristeza la alegría y miraba hacia un futuro totalmente incierto mientras se preguntaba por qué se tuvo que ir cuando empezaba realmente a estar a su lado. Podía haber empezado una nueva vida... pero ahora era imposible.

Mientras el cura hablaba Mulder empezó a recordar todo lo ocurrido para intentar encontrar una razón a todo esto. Y una lágrima se deslizó lentamente por su mejilla.

 

APARTAMENTO DE DANA SCULLY

MARYLAND, WASHINGTON D.C. 09:30 a.m.

Dana dormía plácidamente en su cama sin preocuparse por la hora. Era sábado y no tenía que ir a trabajar, algo que esperaba desde hace cinco días. Había sido una semana agotadora. Ella y Mulder habían ido a Nueva York para investigar un supuesto "Expediente X": el caso de un hombre caníbal que resultó ser un caimán de las alcantarillas. A Dana le dio ganas de llorar: era desesperante. Desde que se había recuperado del cáncer pensaba mucho en cómo estaba llevando su vida y si era el mejor camino, pero siempre llegaba a la misma conclusión: no tenía vida. Lo que más deseaba era perderse en una pequeña isla y vivir un poco: pasear, conocer lugares, conocer a algún hombre... pero sabía que al lado de Mulder eso nunca ocurriría. Él la absorbía por completo. Ahora se planteaba seriamente en tomar esas ansiadas vacaciones y desaparecer. Sola.

Su tranquilidad se vio interrumpida por el ruido del teléfono. Después de maldecir al ruidoso aparato un par de veces lo cogió. No se sorprendió de quién estaba al otro lado.

- No me digas nada... ¿Ha vuelto a atacar el hombre caníbal?- dijo sarcástica.

- ¿Te he despertado?- preguntó Mulder un poco desanimado.

- Es sábado y son las diez menos veinte de la mañana; apenas he dormido durante la semana... Sí, definitivamente me has despertado.

- Lo siento, pero es que tengo que decirte algo importante.

Scully notó un tono en la voz de Mulder que la hizo preocuparse.

- Mulder ¿qué pasa?

- Scully, Skinner... ha muerto en su casa de Washington.

- ¿¿Qué??- dijo desconcertada.

- Al parecer se resbaló en el baño y se rompió la nuca. Murió en el acto.

- Mulder, yo... no sé qué decir. No me esperaba que esto pudiera...

- Scully, creo que Skinner fue asesinado.

Dana abrió los ojos con asombro y se reincorporó.

- ¿Pero qué estás diciendo?

- Skinner había quedado conmigo ayer por la noche. Me dijo que tenía que hablar de un tema serio que nos incumbía... a los dos. No ha podido contármelo.

- ¿Tienes alguna prueba?

- No, como siempre. Pero... necesito que me ayudes.

- ¿Qué quieres?

- Quiero que vengas conmigo al apartamento de Skinner. Necesito saber que quería decirme. Debía ser importante si le mataron por ello.

Dana soltó un suspiro. A todo esto era a lo que se refería. Siempre tenía que estar dispuesta a ayudarle en lo que fuera. Y aunque esta vez era con un motivo distinto volvía a sentirse arrastrada por él...

- ¿Cuándo nos vemos?

Mulder dudó un momento en silencio.

- Eeeehhh... Iré ahora a tu casa. Tardaré unos cuarenta minutos.

- Está bien. Adiós.

Dana colgó su teléfono y se volvió a recostar en su cómoda cama. Lo único que no deseaba hacer ahora era levantarse y menos después de enterarse de lo sucedido. Ahora estaban ellos dos solos y no tenían a nadie en quien apoyarse ¿Qué quería contarle Skinner a Mulder? ¿Alguna suspuesta farsa? Al fin y al cabo no la sorprendía. Desde que había descubierto parte de la verdad sobre su cáncer desconfiaba de todo y de todos... excepto de Mulder. Él podía apoyarse en ella y viceversa pero no tenían a nadie más. Es difícil desconfiar de tu país y de tu gobierno cuando trabajas en él. Pero ellos habían conseguido seguir adelante. Y de eso sí que estaba orgullosa. Pero tener que pagar un precio tan alto por ello...

Como pudo logró levantarse y dirigirse al cuarto de baño. Cerró la puerta lentamente y se miró al espejo: estaba horrible. Definitivamente, este trabajo la estaba matando. En parte su hermano Bill tenía razón. Recordó la última conversación que tuvo con él cuando ella iba a salir del hospital.

- ¿Vas a seguir con este trabajo?- preguntó Bill intencionadamente.

- Bill, no quiero pelearme contigo así que no hablemos del tema.

- Dana, tú no te mereces esto. No entiendo por qué sigues al lado de ese loco.

- Es mi vida.

- Puede que sea así pero tu vida se ha convertido en la vida de él. Siempre estás arriesgando tu vida por la búsqueda de una verdad que nunca encontrarás ¿Por qué no haces como todo el mundo y te casas con alguien? ¿Por qué no puedes llevar una vida normal? ¿Acaso es que hay algo entre tú y ese...

- No pienso seguir con esta conversación Bill. Se acabó - dijo Scully a la vez que cerraba la maleta y salía por la puerta.

No había vuelto a hablar con él. Y sabía por qué: por mucho que lo intentaran nunca estarían de acuerdo. Según él ella era el "perrito faldero" de Mulder pero eso lo negaba totalmente. Si estaba con él era porque le daba la gana. Puede que ya no pudiera seguir sin él...

Se quitó el pijama y se metió en la ducha. Necesitaba despejarse un poco.

Cuando salió de la ducha era una mujer totalmente nueva. Se sentía muchísimo más relajada. Se colocó su grueso albornoz blanco y salió del baño. Llegó a la cocina y empezó a prepararse unas tostadas y un café bien cargado mientras se secaba el pelo con la toalla. Llamaron a la puerta. Dejó hirviendo la leche y se dirigió a la entrada: era Mulder. Iba vestido con unos vaqueros oscuros y una camisa blanca. Su cara mostraba cansancio y se notaba que no había dormido en toda la noche.

- Buenos días Scully - dijo Mulder desanimado.

- Buenos días. Veo que has dormido muy poco.

- Puede que nada ¿Estás calentando algo?- dijo Mulder mientras arrugaba su nariz.

- Pues...¡la leche¡- dijo Scully a la vez que se dirigió corriendo a la cocina.

Casi toda la leche se había salido del cazo y estaba manchando todo lo que encontraba a su paso.

-¡Mierda¡- dijo Scully enfadada.

- ¿Te ayudo?- dijo Mulder.

- No, no te preocupes ya lo arre...¡ay¡

- ¿Qué ha pasado?

- Se me ha caído algo de leche en la mano y me he quemado.

- Déjame ver - dijo Mulder agarrándola dulcemente de la mano.

- No... no es nada - dijo Scully avergonzada. Miró a Mulder atentamente mientras él examinaba su mano. Era un hombre muy atractivo, sin lugar a dudas... pero era su compañero. Lo recordaba siempre.

- Debes echarte alguna crema. Nada...- dijo Mulder mirando a Scully -...más.

- Bien, de acuerdo. Gracias.

Mulder soltó la mano de Scully y ella se dirigió al baño ¿Por qué la había mirado de esa forma?

Scully cerró la puerta del baño y abrió el botiquín para buscar una crema. Mientras se preguntaba una y otra vez por qué estaba tan nerviosa.

Dana salió de su cuarto y se dirigió a la cocina para reunirse con Mulder. Estaba sentado en una silla tomando una taza de café. Cuando ella entró Mulder miró por encima de su taza y observó a su compañera. Llevaba un traje azul marino y una blusa blanca que contrastaba con el azul claro de sus ojos. Estaba radiante.

-¿Es que nunca voy a poder verte con unos vaqueros ajustados?- preguntó Mulder sarcástico.

Ella le miró sorprendida.

- Están en la lavadora - respondió irónica.

- Qué casualidad - Mulder señaló la taza de café - Me he tomado la libertad de prepararme una taza de café. No te importará ¿verdad?

- No claro - Scully se sentó al lado de Mulder y su expresión se tornó seria - ¿Qué vamos a hacer ahora?

- Tenemos que saber qué quería contarme Skinner - Mulder tomó un sorbo de café - Me dijo que era algo relacionado con un plan futuro - miró profundamente a los ojos de Scully - algo grande.

- Pero le han cerrado la boca para siempre y ya no tenemos a nadie que nos proteja.

- Tenía información. Si él sabía algo tiene que haber alguien más que esté harto de las mentiras y que quiera contar la verdad.

- Mulder, no tenemos nada con que empezar y nos llamarán en unos días para presentarnos ante nuestro nuevo superior. Y estoy segura de que no estará a nuestro lado.

- Lo sé. Por eso tenemos muy poco tiempo para encontrar pistas suficientes antes de que las eliminen totalmente. Necesito tu ayuda, como siempre.

- Mulder, ahora no podemos hacer nada. Nos deben estar observando atenta y continuamente. Estamos con las manos atadas.

- Pero después no habrá nada que buscar porque lo habrán hecho desaparecer.

- Mulder, sólo digo que debemos ser pacientes y esperar.

Su compañero la miró fijamente.

- Sabes que eso no es común en mí.

- Por eso estoy aquí. Para pararte los pies antes de que saltes al vacío.

- Y sé que seguirás ahí cuando te necesite. Este es uno de esos momentos en los que quiero que sigas a mi lado.

Scully suspiró. No había nada que hacer. Sabía que Mulder no cambiaría de opinión.

-¿Qué quieres que haga?

- Quiero que me acompañes a la casa de Skinner. Me apetece hacer una visita antes de que ellos hagan la limpieza.

- Mulder, es el escenario de una muerte. No creo que sea fácil entrar.

- Tú misma lo has dicho. Muerte. No asesinato. Si ha sido simplemente un accidente no debería haber una vigilancia ¿verdad?

- Sabes que estarán donde nosotros estemos.

- Me gustan los riesgos. Es una de mis pasiones a parte de...

- ¡Vale¡ ¡Vale¡ Está bien. Has ganado. Cogeré el abrigo y nos iremos.

Scully se dirigió hacia su cuarto mientras Mulder sonreía irónicamente. Volvió a aparecer con su abrigo negro y una expresión de conformidad. Mulder tomó otro sorbo de café y se levantó dirigiéndose a la puerta. La abrió y sonrió a Scully.

- Iba a decir que a parte de las películas de terror ¿o qué pensabas?

- No responderé a esa pregunta - dijo Scully irónica.

- ¿Por qué?

- Porque tú ya sabes la respuesta - respondió mientras Mulder cerraba la puerta.

Scully se metió en el coche de Mulder mientras que su compañero metía las llaves y arrancaba. Mulder siempre había conducido muy bien aunque esta vez iba a demasiada velocidad, lo que hizo que su compañera se agarrara bien a su asiento.

-¿Acaso no has oído el refrán de "mejor tarde que nunca"?

5- Si, pero tú también habrás oído el de " a quien madruga la suerte le ayuda" ¿verdad?

- Mulder, no es "la suerte le ayuda" sino "Dios le ayuda".

- Puede, pero yo no soy católico.

Finalmente llegaron al apartamento del director adjunto Skinner. Ambos subieron sigilosamente por las escaleras y al llegar a su piso, merodearon por todas partes para no llevarse ningunas sorpresa. Al no ver nada extraño se dirigieron a la puerta del apartamento: Mulder intentó abrir la puerta con una ganzúa mientras su compañera vigilaba. Por fin abrió la puerta y entraron.

- Parece que ya han hecho una visita ¿Por qué nunca dejarán una tarjeta? Me encantaría decirles unas...

Oyeron un ruido. Ambos se quedaron en el más absoluto silencio. Sacaron sus pistolas y se prepararon para el ataque. Scully se dirigió a la habitación mientras que Mulder anduvo por la cocina. Con los nervios a flor de piel y con su Sig Sauer p228 preparada abrió la puerta con una patada y echó un rápido vistazo a la habitación. No había nadie. O al menos lo parecía. Entró lentamente y de pronto un hombre se abalanzó sobre ella y tiró su pistola. Como la habían enseñado en el FBI se defendió y atacó a la vez. Él la tiró al suelo y la asestó un puñetazo en la cara. Ella soltó un gruñido y le asestó dos. Pero el individuo la cogió del pelo y la lanzó contra la pared. Scully perdió el conocimiento. El hombre salió corriendo por la puerta y Mulder se disponía a cazarle cuando le vino a la mente una cosa en concreto: Dana.

Se dirigió rápidamente al cuarto de Skinner. Rezaba porque su compañera estuviera bien. Cuando entró encontró a Scully tendida en el suelo inconsciente. Se acercó a ella y la acarició la cara: tenía un golpe en la cabeza que aparentaba no ser muy grave. De pronto ella hizo un movimiento con la cabeza y abrió los ojos. Se encontró con la mirada de su compañero que estaba a su lado.

- ¿Estás bien?- preguntó preocupado.

- Sí, claro. Es sólo un pequeño golpe...- respondió mientras intentaba levantarse. No pudo: la cabeza le daba vueltas sin parar.

- Ven, túmbate en la cama. Te sentirás mejor.

Mulder la agarró y Dana se apoyó sobre su hombro hasta llegar a la cama. Muy despacio su compañero la ayudó hasta que se recostó.

- Te ha dado un buen golpe.

- Sí, pero estoy bien.

- ¿Cómo ocurrió?

- Entré en la habitación y se me echó encima. Me lanzó contra la pared - respondió aturdida.

- Estás sangrando - dijo Mulder acariciando su frente - Traeré algo de hielo.

- Gracias - respondió Scully.

Mulder salió por la puerta y Scully intentó incorporarse de nuevo: no pudo. Le daba la sensación de que le iba a estallar la cabeza. Tuvo suerte. Podía haber sido mucho peor. Si la hubiera golpeado más fuerte o en la nuca...

Mulder apareció con unos cuantos hielos envueltos en un paño de cocina.

- Colócatelo en la frente. Te sentirás mejor.

- Mulder, ¿sabes qué se ha llevado?

- Supongo que algún informe o algún disquete que contenía la información que Skinner intentó darme.

- ¿Encontraste algo en la cocina?

- Nada, aunque tampoco he tenido mucho tiempo. Voy a mirar en este cuarto. Puede que se le haya escapado algo y no haya podido esconder todo.

- Te ayudaré - dijo Scully mientras intentaba levantarse por tercera vez: ahora sí lo consiguió.

- ¿Seguro que ya no estás mareada?

- Sí, sólo un poco aturdida.

Ambos se pusieron a buscar algo que les diera la fuerza para continuar con esto. Mulder revisó los cajones de una mesita mientras Scully buscaba en el armario. Sabían que tenían el tiempo contado y que corrían un riesgo muy grande por algo que desconocían. Mulder abrió otro pequeño cajón y encontró un papel amarillo y arrugado que contenía un nombre y un número: Lago Tahoe, cabaña 102.

- Scully, mira esto - dijo Mulder con los ojos iluminados.

Scully se acercó con paso acelerado. Por el tono de las palabras de Mulder sabía que él había encontrado algo.

- ¿Qué es?

-"Lago Tahoe, cabaña 102"- leyó Mulder.

- ¿Eso no está cerca de Nevada?- preguntó Scully.

- Sí, tienes razón. Es una zona llena de bosques y de montañas. Un lugar de contrastes.

- ¿Y qué es eso de "cabaña 102"?

- Es el número de una cabaña. Si hay un número de una cabaña tiene que haber...

-...Una llave - terminó Scully.

Ambos se miraron durante un instante: sabían lo que tenían que hacer. Rápidamente volvieron a buscar, ahora más desesperadamente. Abrieron cajones, armarios, miraron debajo de la mesa, debajo de la cama... Nada. Mulder empezó a sospechar que habían llegado demasiado tarde, que se habían llevado la llave. Entonces recapacitó y empezó a pensar...

- Fue encontrado en la ducha con un golpe en la cabeza ¿Y si tenía pensado marcharse esa misma noche después de verme? Tendría todo preparado: la ropa doblada que se iba a poner, su billete de avión, su llave...

-¡El baño¡- exclamó Scully.

Ambos corrieron hacia el baño y empezaron a buscar. Mulder tuvo un presentimiento y se dirigió hacia un mueble. Lo movió y Scully se acercó a él: ahí estaba su billete y su llave con un número inscrito en letras azules.

- ¿Te apetece ir a un romántico refugio en el Lago Tahoe?

OFICINA CENTRAL DEL FBI

WASHINGTON D.C. 11:30 a.m.

Mulder y Scully entraron en el gran edificio muy apresurados. Ambos sabían que contaban con muy poco tiempo. Tenían que coger algunos informes de su despacho y marcharse al Lago Tahoe lo antes posible. Sabían que les cerrarían las puertas muy pronto pero tenían que aprovechar ese margen. Cogieron el ascensor. Estaban los dos solos y el silencio invadió el ambiente.

- Siempre he odiado los edificios con muchas plantas. Los ascensores se convierten en algo obligatorio - dijo Scully para romper el silencio.

- Bueno, a mí me gustan los ascensores. Son muy íntimos si hay poca gente - respondió Mulder sin pensar.

Scully le miró atónita. No se esperaba esa respuesta.

- Mulder, yo...

- No, perdona. No quería decir nada...- dijo Mulder intentando arreglarlo.

- Déjalo Mulder. No...no importa.

Volvió a aparecer el silencio y llegaron a su planta: el subsótano. Ambos salieron del ascensor y se dirigieron al despacho.

-¿Con quién no querías quedarte encerrado en el ascensor?- preguntó Scully para reducir la tensión.

- Con Bruce Willis.

-¿Y con quién sí?

- Con...- Mulder la miró fijamente -... Pamela Anderson - respondió intencionadamente.

- Mulder, me decepcionas.

- Bueno, tampoco me molestaría quedarme encerrado contigo - dijo Mulder sonriente.

- Me alaga que me pongas a la altura de una rubia oxigenada de pechos descomunales - replicó Scully sarcástica.

- Soy muy atento. No lo puedo remediar.

Ambos sonrieron. El comentario del ascensor ya se había olvidado. O al menos para él. Llegaron a la puerta del despacho y Mulder buscó las llaves. Por fin encontró la correcta, la metió en la cerradura, giró el pomo y abrió la puerta. Sonó un extraño "click" que nunca había oído antes.

- Pues a mí me encantaría quedarme encerrada con...- Mulder escuchó un pitido intermitente que procedía de alguna parte de la habitación.

- Scully ¿oyes ese pitido?- preguntó Mulder extrañado.

Scully se calló y agudizó el oído.

- Mulder suena como una...- No terminó la frase: Mulder la cogió por la cintura y la empujó con él fuera de la habitación. Justo cuando cayeron al suelo se produjo la explosión. Mulder abrazó a Scully y la apretó contra su pecho. Por un momento pensó que la explosión les mataría pero tuvieron suerte y no les alcanzó. Después Mulder abrió los ojos: el despacho había quedado destrozado. Les habían alcanzado algunos cristales y estaban medio sepultados por los escombros. Todavía Mulder no sabía cómo estaban vivos. Mulder se ayudó con el brazo para apartar los restos y pudo ver perfectamente. Varios agentes se acercaron y ayudaron a Mulder. De pronto miró a su compañera. No se había movido nada.

- ¿Scully?- preguntó asustado.

- Es...estoy bien. Sólo es la cabeza - dijo Scully aturdida.

Ambos se levantaron con la ayuda de los agentes. Mulder miró su brazo: tenía una herida provocada por un cristal.

- No te preocupes. Es sólo un corte - dijo Mulder a Scully.

- Creo que no les ha hecho gracia nuestra visita - dijo Scully irónica.

 

APARTAMENTO DE FOX MULDER.

ALEXANDRIA (VIRGINIA), WASHINGTON D.C. 02:05 a.m.

Mulder corría de un lado otro cogiendo cosas sin parar. A fin de cuentas estarían en un refugio y no dispondrían de muchos medios. Habían decidido ir al Lago Tahoe después del incidente de la explosión. Afortunadamente no resultaron heridos de gravedad y después de haber hablado con su nuevo superior se dirigieron a sus casas por separado para no levantar sospechas. Les había preguntado que si iban a salir del la ciudad. Ellos lo negaron rotundamente. Con el paso del tiempo habían aprendido a mentir muy bien. Su superior les había dicho que investigarían a partir de mañana el hecho de la bomba profundamente pero ellos sabían que nunca encontrarían a los culpables. La bomba había sido colocada debajo de la mesa y lo habían preparado todo para que estallara justo cuando ellos estuvieran al su lado. Todo lo habían calculado: la bomba no dañaría a los despachos circundantes pero destrozaría totalmente el despacho de Mulder. Tenían que investigar aunque fuera un camino peligroso. Pensaba en lo que se podían encontrar en ese lago y sabía perfectamente que no sería nada bueno. Si Skinner se dirigía a un lugar tan lejano sin avisar a nadie es porque algo se estaba ocultando. "Algo grande", como le había dicho Skinner por teléfono. Lamentaba su muerte aunque había tenido sus más y sus menos con él. Muchas veces se había jugado el cuello por ellos, sobre todo por Scully. Agradeció que él hubiera hecho un "pacto con el diablo" a cambio de la vida de Scully pero le había molestado el que no hubiera contado con él para ello. Ambos querían que Dana se curara y lo consiguieron. Fue la mejor noticia que le pudieron dar. Empezó a recordar los malos momentos que había pasado: cuando Scully le confesó que tenía cáncer, cuando sufrió una grave recaída, cuando observaba, impotente, cómo su compañera se iba muriendo poco a poco... y sobre todo cuando descubrió que todo había sido un plan para atacarle a él. Para hacerle daño. Cuando se enteró de eso pensó en suicidarse, en acabar con el dolor... Pero no lo hizo. Y mereció la pena. Aún se preguntaba si se hubiera pegado un tiro en la cabeza de no haber sido por la llamada. Siempre llegaba a la misma conclusión: sin Scully él no seguiría, no viviría. Se planteó seriamente si lo mejor era esto, que Scully continuara a su lado a pesar del riego que corría. Estuvo a punto de perderla una vez y no iba a permitir que eso volviera a suceder. Nunca.

Llamaron a la puerta: era Scully. Llevaba una mochila y una bolsa de viaje azul oscuro. Vestía con unos vaqueros claros y una camisa de manga larga. Era la primera vez que la veía tan juvenil.

-¡Vaya¡ ¡Es la primera vez que te veo en vaqueros¡ ¿Quieres que avise a todo el vecindario?- dijo Mulder sarcástico.

- No, gracias. Lo que quiero es que me ayudes con esta pesada maleta, si no te importa.

Mulder hizo un gesto pidiendo disculpas y agarró con fuerza la bolsa azul. Dana soltó un suspiro, entró en su casa y se sentó en el primer sofá que encontró.

-¡Uff¡ ¡Estoy agotada¡

-¿Qué puñetas llevas en esta bolsa?- preguntó Mulder asfixiado.

- Oye, no me has dicho cuánto tiempo vamos a estar allí, ni a dónde vamos exactamente, así que he sido un poco previsora.

-¿Un poco? Yo creo que demasiado.

Los dos sonrieron. Scully le miró más seria.

- Esta mañana estuvimos a punto de morir.

- Lo sé.

- Mulder ¿estás seguro de lo que vamos a hacer?

- Si te soy sincero, la verdad es que no. Lo que sí sé es que tengo que hacerlo.

-¿Tengo?- dijo Scully sorprendida.

- Dana...- Scully le miró fijamente. Cuando la llamaba por su nombre propio sabía que era por algo serio -... Puede que no sea una buena idea el que vengas conmigo.

-¿Por qué dices eso? ¿No crees que eso lo debería decidir yo?

- Mira Dana, has estado a punto de perder la vida por mi culpa y no quiero que...

-¿Por tu culpa? Mulder si he seguido con esto es porque yo quiero. Nada más. Además, tú me salvaste la vida con ese chip ¿recuerdas?

- Sí, te he salvado la vida pero y si no lo consigo la próxima vez, y si te fallo...- Mulder bajó la mirada.

- Tú nunca me has fallado. Sé que estarás ahí cuando te necesite. No estoy diciendo que tengas que cuidar de mí, sólo estoy diciendo que si tenemos algún problema sé que no me abandonarás y que seguirás a mi lado. Sé que me apoyarás - Scully miró a su compañero y le acarició el pelo - Y yo te apoyaré. Siempre.

Mulder levantó la mirada y se mojó el labio inferior.

- Gracias.

Scully se levantó del sillón y se estiró.

- Bueeeeno, creo que es hora de irnos... o perderemos el avión.

- Tienes razón. Voy a meter unas cosas más en mi bolsa y nos vamos.

-¿A qué hora exactamente salía nuestro avión?- preguntó Scully impaciente.

- Pues a las cuatro. Dentro de... dos horas y cuarto aproximadamente - respondió mirando su reloj.

- Entonces lo mejor será que nos demos prisa.

- ¿Quieres que te ayude en algo?

- No, no te preocupes. No tardaré mucho - dijo Mulder mientras entraba en su habitación.

Scully se volvió a sentar en el mismo sofá y se dedicó a observar cada objeto de la habitación. Había varios libros sobre ufología, un ordenador, una pequeña televisión con un vídeo, una mesa llena de papeles. Alguien lo podría considerar acogedor pero a ella le resultaba angustioso. Le parecía demasiado pequeño. De repente sonó el teléfono.

-¡Scully, cógelo tú¡ ¡Yo no puedo¡

-¡Vale¡

Scully se acercó al teléfono y lo descolgó.

-¿Diga?

Al otro lado se escuchaba a alguien respirar pero no respondió.

-¿Quién es?- volvió a preguntar Scully.

- Mulder ¿eres tú?- preguntó finalmente.

- No, yo soy Scully. Mulder está en su cuarto ¿Quién le llama?

- Soy Sarah, su novia - recalcó molesta - Dile a Fox que se ponga ahora mismo.

Scully, incómoda ante la actitud de esa mujer, dejó el teléfono y se dirigió a la habitación de Mulder.

- Te llaman urgentemente - dijo en tono sarcástico.

-¿A sí? ¿Quién es?

- Tú...- Scully cogió aire para decirlo -... novia Sarah. Dice que te pongas ahora mismo.

- Ah, ya voy - dijo un poco avergonzado - Por favor, guarda mi neceser en el bolsillo del extremo - pidió a Scully antes de desaparecer de la habitación.

Scully le miró de forma despectiva y cogió el neceser. Lo miró atentamente y sonrió malévolamente. Cogió el neceser, lo dejó caer al suelo y lo empujó con el pie debajo de la cama.

-¡Ups¡- dijo inocentemente.

No aguantaba a Sarah. Era una creída y una estúpida. Al menos así lo veía ella. Parecía que Mulder no compartía su opinión. Desde que la había conocido en la fiesta sorpresa de cumpleaños de Mulder no la podía ni ver. Estaban los dos hablando tranquilamente y cuando él la estaba comentando lo bonito que era su regalo(le había regalado una pluma y un bolígrafo de plata con la punta bañada en oro y una dedicatoria que decía "para el amigo más lunático y tierno que he conocido"), cuando una mujer rubia y exuberante entró en el bar. Entonces se acercó rápidamente a Mulder y le besó delante suya. Ella observó atónita la escena y cuando se "despegó" de él le dijo con una sonrisa de oreja a oreja:

- Felicidades cariño - sacó un pequeño paquete de su bolso -. Espero que te guste.

Mulder abrió el regalo y se encontró con un reloj de correa de acero y esfera de oro.

- Es resistente al agua hasta 100 metros, tiene taquímetro, la esfera está bañada en oro de 24 kilates y un montón de cosas más. Es el mejor que hay en el mercado.

- No tenías que haberte molestado tanto - dijo Mulder sonrojado.

- Bueno, tú te mereces lo mejor - dijo Sarah triunfante mientras se acercó a él para besarle otra vez.

A Scully le entraron ganas de vomitar. Nunca había conocido a una mujer tan insoportable. A pesar de todo, a pesar de saber que no tenía nada que envidiarla, se avergonzó por su modesto regalo y pensó en que tenía que haberle comprado algo de más valor. Entonces Sarah miró a Scully con desprecio y se dirigió a Mulder.

- Oye, ¿y quién es esta...- miró a Dana de arriba a abajo -...mujer?- terminó sonriendo hipócritamente.

- Me llamo Dana Scully y soy compañera de Mulder desde hace cuatro años - respondió decidida.

- Ah. Bueno, encantada de conocerte - dijo estrechando la mano de Scully.

Después le dio la espalda y empezó a decirle a Mulder cosas en el oído como una niña malcriada. Le dio ganas de darle una bofetada pero se contuvo.

-¿Cómo sabías lo de la fiesta? Pensaba celebrar mi cumpleaños contigo en privado.

Scully en ese momento se sintió despreciada.

- Bueno, Brian me lo comentó y aunque sabía que lo íbamos a celebrar más adelante no quise perderme la fiesta.

Scully buscó a Brian con la mirada y cuando lo encontró le miró con tal odio que su sonrisa desapareció de pronto. Después Brian le preguntó en privado por qué le había mirado así pero ella no encontró una respuesta adecuada.

Desde entonces cada vez que aparecía o hablaba Mulder de Sarah Scully sacaba las uñas y empezaba a discutir sin motivo. Por eso Mulder intentaba que Sarah no se metiera en su trabajo pero a veces le llamaba al despacho y eso no lo soportaba Scully. Ella no podía entender cómo una persona tan independiente y reacia a una relación como Mulder se había juntado con una hipócrita como Sarah. Él se merecía algo mejor.

Mulder se dirigió al teléfono no muy convencido. No tenía ganas de hablar con Sarah. Últimamente lo único que hacían era discutir sin parar. Sarah era muy celosa y no entendía que Mulder tenía que trabajar con Scully. Por supuesto, él no tenía la intención de cambiar su forma de trabajo y menos por una relación. O le quería así o nada. Todavía se preguntaba por qué estaba con ella.

-¿Si?- preguntó Mulder suspirando.

- Hola Mulder ¿Cómo estás?- preguntó Sarah inocente.

- Bien ¿Qué querías?

- Bueno, quería saber si podías quedar esta noche conmigo. Tenía pensado cenar en un restaurante íntimo y luego...bueno, ya sabes.

- Lo siento, pero esta noche no puedo.

-¿Tienes que cenar con Dana?- preguntó despectivamente.

- Mira, estoy harto de tener que decirte a dónde voy y qué voy a hacer. Me voy de viaje y no tengo que contarte nada más.

-¿Con ella?- insistió Sarah.

- Sí. Y si no confías en mí lo siento mucho, pero no voy a cambiar.

- He visto cómo la miras y sé que...

- Déjame en paz Sarah.

- Lo estoy diciendo en serio -. Sarah cambió su tono de voz - Cada vez que hablas de ella o cuando la ves... No sé, se te iluminan los ojos y yo...

Por fin Mulder observó que desaparecía el tono hipócrita de la voz de Sarah. Por una vez le estaba hablando muy en serio.

- Si tú crees eso será porque es verdad.

- Me alegra que lo reconozcas de una vez Mulder - dijo Sarah ante la sorpresa de Fox.

Se hizo el silencio y se escuchó a ella suspirar.

- Que disfrutes de tu viaje Fox - dijo antes de colgar.

Mulder se quedó quieto por un momento, inmóvil. Colgó el teléfono y se dio cuenta de que su relación había terminado...¿por su culpa?

Scully se levantó de la cama cuando Mulder entró en la habitación. No tenía buena cara.

- Una bronca, seguro - pensó Scully para sí.

Mulder la miró fijamente.

-¿Está todo?- preguntó.

- Sí, ya he metido todo - mintió Scully.

- Bueno, pues entonces vámonos al aeropuerto.

Mulder y Scully aterrizaron en Denver después de varias horas de vuelo. Por el cambio de horario llegaron a las 6:00 de la tarde y desde allí alquilarían un coche para llegar al Lago Tahoe. Él no se había mareado pero las turbulencias afectaron bastante a Scully y había vomitado. De todas maneras no mostró su malestar porque no quería ser una carga. Alquilaron un cuatro por cuatro y después de tres horas de viaje interminables consiguieron llegar al lago.

- Debemos preguntar en la caseta de información. Seguro que nos dicen dónde está nuestra cabaña - dijo Mulder señalando una casa de madera situada al lado del letrero que rezaba:

"Bienvenidos al Lago Tahoe. El paraíso de la Madre Naturaleza"

Información aquí.

- Es una buena idea. Mulder, si no te importa baja tú sólo. Prefiero quedarme aquí - dijo cansada.

-¿Te encuentras mejor?

- Si te soy sincera, no mucho.

- Has vomitado durante todo el trayecto hasta aquí. Puede que la comida del avión no te haya sentado bien - sugirió Mulder.

- Tienes razón. Yo tomé pescado pero tú comiste carne. A lo mejor estaba en mal estado o no le ha sentado bien a mi estómago.

- Preguntaré en la caseta si tienen alguna sal de frutas o algo que haga desaparecer las nauseas. No tardaré mucho - dijo Mulder saliendo del coche.

Mulder entró en la caseta de información. Había una acogedora recepción con dos sillones de color arena y una mesita en el centro. Detrás de un mostrador había un hombre de constitución atlética que estaba colocando unos panfletos de color azul cielo que explicaban el maravilloso paisaje del Lago Tahoe. Vestía con una camisa de montañero y unos vaqueros oscuros que le daban la apariencia de un leñador. Cuando vio a Mulder dejó de colocar panfletos y se acercó a él.

-¿Desea algo?- preguntó cortésmente.

- Sí. Un amigo alquiló una cabaña para mí y para mi mujer pero no sé dónde se encuentra ¿Podría ayudarme?- dijo Mulder señalando el coche.

El dependiente sacó la cabeza para poder verlo y observó a una mujer pelirroja que esperaba impaciente.

-¿Recién casados?- preguntó.

-¿Cómo dice?

- Le preguntó que si son recién casados. Ahora a muchas parejas les gusta viajar a lugares rodeados de Naturaleza y hacer excursiones a bosques en vez de ir a una isla perdida.

- Sí, claro. Nos casamos hace dos días y decidimos hacer algo distinto. A mi mujer le apasiona la Naturaleza.

- Es un sitio muy relajante y romántico. Seguro que le va a gustar ¿Qué número de cabaña tiene?

Mulder sacó la llave y le mostró el número: 102.

-¡Vaya¡ Su amigo no ha tenido mucho ojo a la hora de escoger la cabaña.

-¿Por qué lo dice?- preguntó interesado.

- Bueno, esa cabaña está cerca de un campamento militar y no les deja desplazarse muy lejos. Tienen sólo una pequeña laguna y algo de bosque para andar pero nada más.

- Se lo diré para la próxima vez.

El hombre tecleó en el ordenador y le pidió el nombre a Mulder.

- Walter S. Skinner.

Volvió a teclear y le miró extrañado.

- Su amigo es bastante despistado.

-¿Por qué?- preguntó.

- Porque esa cabaña tiene una cama individual, no de matrimonio. No es que sea muy pequeña pero van a estar un poco incómodos.

- Por eso no creo que haya problemas - respondió Mulder intencionadamente.

El hombre se empezó a reír y Fox le siguió la corriente.

- Entonces creo que se van a divertir mucho - dijo devolviéndole la llave.

- Estoy seguro de ello - Mulder se quedó pensativo -¡Ah¡ ¿No tendrá en el botiquín algo para las náuseas? Mi mujer se marea con facilidad y ya hemos tenido que parar varias veces. Si la cabaña está muy lejos lo pasará mal y no quiero que eso ocurra.

- Sí, por supuesto. Déjeme mirar.

El hombre entró en una pequeña habitación y abrió un pequeño botiquín.

- Aquí tiene. Supongo que esto le ayudará - dijo el hombre entregando a Mulder un pequeño frasco de cristal.

- Muchas gracias. Si tenemos algún problema ya le avisaremos.

- Aquí estaré ¡Ah¡ Su caseta está al final de la carretera. Después sólo tienen que seguir las indicaciones del bosque. No tiene pérdida.

- Gracias de nuevo. Adiós.

Mulder salió de la caseta y se metió en el coche.

- Un poco más y me quedo dormida - dijo Scully cansada.

- Lo siento pero tenía que parecer una persona normal. Sino podría levantar sospechas - Mulder entregó un frasco a Scully -. Toma. Te sentará bien.

- Gracias - Scully abrió el frasco y se metió una pastilla en la boca -¿Sabes dónde está nuestra cabaña?

- Sí. El hombre que me ha dado las pastillas me ha indicado dónde está. Tenemos que llegar al final de la carretera y después andar un poco por el bosque ¿Y sabes qué me ha dicho?

Scully le miró fijamente.

- Me voy a arrepentir -. Suspiró profundamente - ¿El qué?

- Que cerca de nuestra cabaña hay un fantástico campamento militar. Es genial. Así no tendremos que desplazarnos mucho para visitarles. Tengo muchísimas ganas por hablar con ellos - comentó sarcástico.

- Mulder, nos podemos meter en un lío si entramos allí sin saber qué están haciendo.

- Entonces ¿qué sugieres?

- Creo que lo mejor es que observemos de cerca durante un tiempo y después pensar en lo que tenemos que hacer.

- Scully, pienso que no es una coincidencia el que Skinner alquilara la cabaña más cercana al campamento. Allí tienen que estar haciendo algo.

- No lo niego pero prefiero que investiguemos antes de actuar.

- Como quieras pero sugiero que esta noche descansemos. Estoy seguro de que prefieres tomarte una ducha y dormir en una cama antes de ir a ese campamento.

- Ahí has acertado.

Mulder se acordó del problema de la cama: sólo había una.

- Scully, tenía que comentarte que la cabaña sólo tiene una cama y es individual.

- Ah. Bueno, podemos echarlo a suertes.

- No. Debes dormir tú en la cama. Al menos esta noche. No te encuentras muy bien y lo menos que puedo hacer es dejarte la cama.

Scully se lo agradeció con la mirada.

 

CABAÑA NUMERO 102.

LAGO TAHOE, CERCA DE NEVADA 10:00 p.m.(aprox.)

Tardaron unos tres cuartos de hora en llegar a la cabaña. Estaban destrozados y lo único que deseaban era dormir. Eran las diez de la noche y la luna iluminaba desde el cielo con un halo especial. Mulder sacó la llave de su bolsillo derecho, abrió la puerta y buscó la luz. Una vez que la encontró ambos observaron la cabaña. Era bastante acogedora. Tenía un gran sofá y una chimenea y entre ellos una alfombra de piel blanca. Scully se dirigió a la habitación. Tenía una cama individual y pequeña, como le había comentado Mulder, y junto a ella una mesita de noche de madera de roble. A la derecha había una puerta de color marrón: el baño. Era pequeño pero tenía todo lo necesario para poder asearse: una bañera, un lavabo y encima suyo un espejo. Y, por supuesto, el WC.

- ¿Qué te parece?- preguntó Mulder detrás suya.

- Es...acogedor. Me gusta.

-¿Quieres que prepare algo para la cena?

- Sí. Tengo un hambre terrible.

Mulder se dirigió a la cocina y sacó de su mochila la comida que había comprado en el aeropuerto. Sacó una sartén de un armario y con un poco de aceite empezó a freír unas verduras. Mientras, Scully guardaba su ropa en el armario con tranquilidad. Todavía no se encontraba muy bien y sentía unas terribles agujetas en el estómago. Después de colocar su ropa se dirigió al salón. Observó con atención la alfombra. Era gruesa y aparentemente muy suave. Scully no pudo resistirse a la tentación de tumbarse en ella. Le daba la sensación de que estaba sobre una nube. Se tumbó boca arriba y cerró los ojos. Estaba completamente relajada e incluso olvidó por qué estaba allí. Lentamente abrió los ojos y se encontró con la cara de Mulder que la miraba dulcemente.

- Pensé que te habías quedado dormida - la dijo cariñosamente.

- No, sólo estaba...

- Debe ser muy cómoda ¿verdad?- preguntó Mulder.

- Sí, lo es.

- Creo que es el lugar perfecto para cenar.

Scully le miró sorprendida.

-¿No la mancharemos?- preguntó Dana.

-¡No, qué va¡ Además, podemos encender la chimenea y así no pasaremos frío ¿Qué te parece?

Scully no sabía que contestar. Era una situación demasiado íntima para ellos pero Mulder no mostraba indicio alguno de darse cuenta de ello. No podían trabajar, solamente disfrutar de la cabaña así que ¿por qué no?

- Está bien. Como quieras.

Mulder la respondió con una sonrisa y se dirigió a la cocina a por la cena. Scully se acomodó y se acicaló el pelo instintivamente. Le pareció estúpido el hecho de mirarse en el espejo del salón para comprobar su aspecto. No iba a ninguna fiesta ni ninguna...cita. Se volvió a mirar en el espejo y levantó una ceja en señal de extrañeza. Se asustó al oír la voz de Mulder detrás suya.

- No pretendía asustarte. Lo siento - dijo Mulder mientras mantenía el equilibrio para que no se cayeran los platos.

- No te preocupes. Déjame que te ayude - se ofreció Scully.

Cogió uno de los platos mientras Mulder agarraba con fuerza el otro. Ella se sentó lentamente para no tirar nada a la vez que Mulder. Una vez en el suelo, Mulder se acercó a la chimenea y tras varios intentos consiguió encenderla. Su calor era agradable, íntimo. Mulder suspiró en señal de alivio y se sentó de nuevo. Se dispuso a probar la cena cuando una pregunta se lo impidió:

-¿Y la bebida?- preguntó interesada.

Mulder se quedó quieto por un momento y respondió.

- En la cocina esperando a que algún día vaya a por ella.

Scully sonrió divertida por su respuesta.

- Lo siento, se me ha olvidado - se disculpó Mulder.

- No pasa nada.

Mulder se volvió a levantar con conformismo y se entró en la cocina. A Scully se le volvió a pasar por la cabeza el volverse a mirar en el espejo pero se negó rotundamente.

Mulder apareció con dos cervezas en la mano y una botella de vino barato.

- No les quedaba Champagne.

- No importa - respondió Scully irónica.

Mulder se sentó a su lado, abrió una de las cervezas y se la entregó a su compañera. Después abrió la suya y le dio un pequeño sorbo. Miró a Scully, que esperaba a que él estuviera preparado para empezar a cenar y la guiñó un ojo.

- Que aproveche - dijo cogiendo los cubiertos.

- Gracias. Igualmente - respondió con educación.

Ambos empezaron a cenar. No era una comida de cinco tenedores pero el lugar era muy acogedor y eso compensaba. Mientras Scully se llevaba un trozo de carne a la boca miró a Mulder, que estaba tomando un sorbo de cerveza, y estuvo a punto de darle un ataque de risa: se había manchado de salsa en la mejilla derecha y no se había dado cuenta. Tragó lo más rápido que pudo y, manteniendo la compostura, se dirigió a Mulder.

- Te has manchado de...

Mulder levantó la cabeza y la miró desconcertado.

- Aquí - dijo Scully limpiándole con una servilleta -. Te has manchado en la cara.

-¿Ummm? - dijo Mulder con la boca llena.

Scully no pudo contener la risa.

- Sí, es una mancha de salsa. No te preocupes.

Mulder tragó por fin y la acarició la mano que tenía sobre su mejilla.

- Gracias - dijo sonriente.

Scully se quedó helada ante su gesto. Mulder ya la había cogido la mano varias veces pero esta vez fue algo distinto, extraño. Los dos se miraron fijamente por un segundo. Sólo se escuchaba el crujir de la madera al arder. Como si despertara de un sueño, Scully apartó su mano rápidamente y agachó la cabeza un poco, avergonzada. Mulder carraspeó un poco, pensando en qué decir ahora.

- La próxima vez cenaré con un babero puesto - dijo irónicamente.

Scully le sonrió. Era extraño: en una noche ya habían sonreído más de una vez, algo bastante difícil dado su seriedad en su relación. Eso le demostraba a Scully que las cosas habían cambiado mucho desde que le había conocido, sobre todo, después de que ella se recuperara de su cáncer. Mulder se comportaba de una forma más cariñosa, menos distante... Lo agradecía. Siempre él se comportaba de una forma profesional... a veces demasiado, y el que ahora fuera más... abierto le gustaba. Era una faceta nueva que desconocía. Le recordaba al Mulder que entró una vez en su casa y se insinuó... sólo que no era Mulder. Al acordarse de ello estuvo a punto de atragantarse.

- A Sarah le hubiera gustado esto - dijo Mulder sin pensar.

- Y estropeó el encanto - dijo Scully para sí.

Ella tuvo que ponerle mala cara porque él se dio cuenta de que había metido la pata e intentó rectificar.

- Perdona, no quiero aburrirte con mis problemas.

- No import...- Scully pensó en las últimas palabras de su compañero y sonrió para sí - ¿Problemas?

- Bueno... he tenido algún roce con ella.

-¿Has roto con Sarah?- le preguntó antes de dar un sorbo a su cerveza.

Mulder se quedó atónito ante su directa pregunta.

- Bueno...- titubeó Mulder a pesar de saber la respuesta.

Scully le miraba fijamente esperando ansiosa. De pronto se dio cuenta de la poca delicadeza que había tenido.

- Mulder, lo siento mucho. Yo no suelo tener tan poco tacto ni pregunto sobre esas cosas. Perdona.

- No, no importa. Supongo que tenías curiosidad ¿no?

Scully se sentía avergonzada. Nunca hablaban de esos temas: era "secreto de sumario". Siempre que alguno de los dos había tenido algún "lío" amoroso intentaban evitarlo al máximo; y si hablaban de ello acababan tirándose los trastos: "Que si tú no eres un profesional" " Que yo no me esperaba esto de ti "... y así hasta que se cansaban. La última pelea que habían tenido fue cuando ella tuvo un desliz con Ed Jerse, un hombre que conoció cuando Mulder estaba de vacaciones. Al principio no quería nada con él pero cuando Mulder la llamó y la habló como si fuera su esclava se sintió como un perrito faldero, sobre todo cuando Mulder se burló de ella descaradamente:

-¿Es que tienes una cita?- preguntó sarcástico.

Scully se quedó en silencio conteniendo su furia.

-¿Estás bromeando?- insistió.

Scully ni respondió: simplemente le colgó el teléfono. Eso fue el colmo. Así que decidió llamarle y quedar con él. Nunca pensaba que llegaría tan lejos con él pero había una sensación en su cuerpo que no pudo controlar: algunos la llaman euforia, otros descontrol pero en cualquier caso estalló y se sintió bien. Incluso se atrevió a hacerse un tatuaje en la cadera: una serpiente de color rojo intenso y azul oscuro le había seducido en la tienda de tatuajes y no pudo resistirse a la tentación.

Aún se acordaba de la expresión de la cara de Mulder cuando ella entró en su despacho. Primero él se burló de su aventura y de su mala pata al liarse con un psicópata y después su voz se tornó seria:

-¿Por qué Dana? ¿Porque no te di un escritorio más grande? ¿Porque crees que te trato como si fuera tu superior en vez de tu colega?

- Es mi vida.

- Sí pero es...- intentó decir.

Scully esperó hasta el último momento para que Mulder terminara la frase, para que dijera que su vida era asunto suyo pero no lo hizo: se limitó a suspirar y a bajar la mirada. Le odió por ello. Podía haberlo dicho, podía haber expresado su preocupación por ella de una forma más... profunda, si se puede decir así pero su orgullo y profesionalidad se lo impidió. Ahora los papeles se habían intercambiado y era ella la que tenía que mostrar sus pensamientos. Rozó con su mano su cadera, recordando de nuevo el tatuaje que todavía conservaba y entendió por qué Mulder no terminó nunca esa frase: era demasiado complicado.

- No tienes por qué responderme. Nunca hemos hablado de este tema y no tenemos por qué...

- Sí, he cortado con ella -. Contestó contundente.

El silencio se abrió paso y se asentó en la habitación: los dos se miraban fijamente esperando ver quién cedía antes. Finalmente Dana miró a otro lado.

- Lo siento. A pesar de que no me cayera bien nunca es fácil romper con alguien.

- Lo sé - dijo Mulder suspirando.

Scully se replanteó la situación: estaban en una cabaña en pleno bosque los dos solos, sentados frente a una chimenea y hablando de relaciones sentimentales en vez de trabajo. Era tremendamente extraño. Por un momento Dana no se acordaba de por qué estaban allí.

-¿La...la querías mucho?- preguntó titubeando.

- Realmente no lo creo. Puede sonar a tópico pero no creo que fuera mi tipo. Necesito a una mujer que sea comprensiva, sincera, más madura y menos pasional pero que a la vez comparta mi pasión por mi trabajo...- Sin darse cuenta Mulder estaba describiendo a su compañera.

Dana se sintió halagada pero sabía perfectamente que él no se refería a ella... ¿o si?

- Aaaahhhh...- dijo Scully medio aturdida.

Mulder miró a los ojos de Scully y tuvo una sensación de vértigo: sin darse cuenta se habían tomado las cervezas y la botella de vino. Después, él sonrió.

- Creo que hemos bebido demasiado ¿no te parece?

- Puede, pero no me preocupa... Bueno, quiero decir, que si he bebido demasiado no pasa nada porque no voy a conducir ni nada por el estilo - dijo Scully avergonzada.

Mulder volvió a sonreír.

- Sí. Definitivamente hemos bebido demasiado.

Ambos se miraron y empezaron a reírse. Nunca se lo habían pasado tan bien y lo más sorprendente es que no habían hablado de trabajo para nada.

- Deberíamos no beber más o podemos perder el control.

- Tampoco es tan malo - dijo Scully mientras notaba cómo la cerveza hacía su efecto -. No es tan grave perder el control de vez en cuando. No es que sea muy experta en el tema pero las pocas veces que lo he experimentado ha sido muy agradable -. Sin querer, Scully le estaba abriendo su corazón.

Mulder observaba atónito la sinceridad de Dana y pensó en los efectos de la bebida.

-¿Tu crees? - dijo Mulder acercándose a ella mientras sostenía su copa de vino.

- Mmmm, Mmmm - dijo Scully afirmando con la cabeza.

Ambos estaban tan cerca que podían oír su respiración... De pronto, Mulder derramó la copa de vino y empapó la camisa de su compañera.

-¡Ah¡- gritó Scully.

-¡Lo siento¡ ¡No tenía intención¡- respondió Mulder cómo si hubiera salido de un trance.

Scully se levantó un poco aturdida por la bebida y se dirigió al cuarto.

- Voy a cambiarme. No tardaré mucho.

Cerró la puerta de la habitación y encendió la luz. Mientras, Mulder esperaba afuera intentando recuperar la cordura. De repente miró a la puerta de la habitación: tenía un cristal traslúcido que no dejaba ver nada... pero sí insinuar. Scully estaba en frente de la puerta cambiándose de ropa sin darse cuenta de que su silueta se observaba a través de ella. Mulder intentó no mirar pero el alcohol hacía su efecto y a pesar de querer ser un profesional como siempre lo había sido no podía evitar el mirar hacia la puerta. Observó cómo se quitó la camisa, cómo buscaba otra en el armario y cómo se abrochó botón a botón una blusa que había encontrado. Nunca había negado que su compañera fuera atractiva pero esta vez se habían juntado demasiadas cosas y su cabeza estaba actuando de una forma no muy "profesional".

-¡Dana, me voy a tomar una ducha¡... "fría" - dijo esto último para sí mismo.

-¡De acuerdo¡ ¡Cuando salga podrás entrar¡- respondió Scully.

Mulder esperó estoicamente intentando no mirar a la puerta pero no podía evitarlo. Cuando Dana salió de su habitación soltó un suspiro.

- Ya puedes entrar - dijo Scully menos eufórica.

- Está bien.

Mulder entró en la habitación mientras que Scully se volvía a tumbar en la alfombra. Sin darse cuenta el sueño la venció y se quedó dormida. Mulder salió de la ducha, se secó y se colocó un albornoz blanco. Cuando salió de la habitación se encontró con Scully tumbada en la alfombra y sumida en un profundo sueño. Mulder la miró con ternura y la acarició la cara. Dana se revolvió un poco y siguió durmiendo: había pasado de la euforia a la más absoluta tranquilidad. Mulder pensó en los efectos del alcohol y sonrió. Pensó en que no podía dejarla tirada en el suelo así que decidió llevarla hasta la cama. Se puso de rodillas, pasó uno de sus brazos por debajo de su cuello, el otro lo pasó por debajo de las rodillas y la levantó lentamente. A pesar del movimiento Scully siguió profundamente dormida. De repente ella rodeó con sus brazos el cuello de Mulder y permaneció dormida. Mulder se imaginó lo patética que podía ser la escena: ella, casi en coma y él en albornoz y llevándola en brazos.

- Pensará que soy la almohada - dijo para sí.

La llevó hasta la habitación y la dejó suavemente en la cama. Se volvió a remover pero siguió sumida en el más profundo sueño. Mulder la miró fijamente: parecía una princesa que esperaba la llegada de su príncipe azul. Ella soltó un suspiro y Mulder sonrió. Respiró tranquilo al ver que ya se había quitado los zapatos. La tapó con una manta y la dejó dormir tranquila. Mulder sacó unos vaqueros y una camisa de manga corta de su bolsa, se vistió, se dirigió al sofá, cogió otra manta y como pudo se tumbó en el rígido sillón. Sabía que se quedaría dormido rápidamente debido al alcohol. Y así fue: nada más cerrar los ojos cayó rendido. Mientras, afuera y entre la oscuridad alguien les había estado observando. Alguien que conocía muy bien a Dana Scully, alguien muy cercano...

 

CABAÑA NUMERO 102.

LAGO TAHOE, CERCA DE NEVADA 10:15 a.m.

Scully se despertó con un terrible dolor de cabeza que llegó incluso a marearla. Lentamente se reincorporó y se estiró hasta que le crujieron los huesos. Empezó a recordar la noche anterior mientras se levantaba y se dirigía al baño. Cuando se miró al espejo pensó en la locura que estuvo a punto de cometer.

- Dana, ¿y si hubiera ocurrido?- se dijo a sí misma llevándose las manos a la cara.

Mulder abrió perezosamente los ojos y se llevó las manos a la cabeza: le dolía terriblemente. Llegó a levantarse y se prometió a sí mismo que no volvería a beber. Entonces, se acordó de Scully: quiso que la tierra le tragase. De pronto ella abrió la puerta de su habitación y Mulder se dio la vuelta sobresaltado. Le miró atentamente: a pesar de estar despeinado y sin afeitar estaba terriblemente atractivo.

-¿Cómo llegué hasta allí?- preguntó Dana señalando el dormitorio.

- Buenos días Scully ¿Cómo te has levantado?- dijo Mulder evadiéndola.

- Buenos días Mulder pero... no has respondido a mí pregunta - insistió.

- Bien, eehhh... te quedaste dormida sobre la alfombra y no podía dejarte ahí así que te cogí en brazos y te llevé hasta la cama.

- Ah. Bueno... gracias.

- Creo que bebimos demasiado ayer por la noche - dijo Mulder arrepentido.

- Lo estoy sintiendo ahora - respondió Scully señalando su cabeza.

- Oye Scully yo...

Dana escuchó un ruido que distrajo su atención.

-¿No has oído algo?- preguntó preocupada.

-¿Yo? No, no he escuchado nada. Habrá sido algún animal.

- Puede...¿Podrías preparar el desayuno? Yo tengo que recoger un poco el cuarto ¿No te importa?

-¡No¡ Claro ¿Cómo quieres el café?- preguntó Mulder olvidándose de lo que la iba a decir.

- Con crema y sin azúcar, por favor.

- En un momento estará listo ¡No tardes¡- dijo su compañero entrando en la cocina.

Scully sonrió y cuando Mulder desapareció su gesto cambió: había escuchado algo y estaba segura de que no había sido ningún animal. De hecho, había sonado dentro de la cabaña; en el sótano.

Scully se dirigió a su cuarto, sacó su pistola de su funda y se dirigió a las escaleras. Pisó un peldaño y un crujido rompió el silencio. Dana tragó saliva y pisó el siguiente con más suavidad. Lentamente fue bajando un peldaño tras otro. Un ruido procedente del sótano la alertó de que ahí abajo había algo... o alguien. Pensó en llamar a Mulder pero eso alertaría al polizón y podría atacarla. No, tenía que hacerlo sola. Extendió sus brazos en forma de v invertida sujetando la pistola con una mano y apoyándola sobre la otra como había aprendido en el FBI. Tenía buena puntería. Si el intruso se lanzaba sobre ella saliendo de entre las sombras no fallaría. Con los nervios a flor de piel bajó el último peldaño. Nada se escuchó. Scully anduvo lateralmente apoyándose en la pared y buscando su objetivo. Escuchó otro ruido. Venía del fondo de la habitación.

-¡Agente del FBI¡ ¡Salga con las manos en alto lentamente¡

Mulder seguía preparando el café y las tostadas pero paró su tarea cuando un ruido le distrajo. No, no era un ruido; era una voz. Una voz femenina. Su tono le pareció alarmante.

-¿Scully?

-¡No se lo repetiré ni una vez más¡ ¡Salga con las manos en alto ahora mismo¡- dijo Scully segura de sí misma.

Pero su serenidad era sólo un disfraz. Estaba allí, en la oscuridad, apuntando a una sombra sin saber ni quién era ni cuales eran sus intenciones. Rezaba porque Mulder la hubiera escuchado. El silencio desapareció con el ruido de unos pasos secos y lentos que se acercaban más y más hacia ella. El corazón de Dana latía cada vez más rápido. Sabía que no podía permitir que se acercara demasiado o podría herirla. Ni siquiera sabía si estaba armado o no.

-¡No dé ni un paso más¡- grito Scully.

Se paró inmediatamente. Un rayo de luz que entraba por la ventana le permitía ver los ojos del polizón. Eran de un azul intenso, brillante, que la miraban fijamente. De pronto la luz invadió el sótano y pudo ver cara a cara al invasor: era una chica joven, de unos 19 años, pelo castaño claro, no muy alta y atractiva. Llevaba unos vaqueros negros y una camisa azul. Su cara estaba llena de arañazos y su mirada fría se tornó cálida y dulce cuando vio a Scully y a Mulder.

- Scully, ¿quién es?

Scully no respondió. Seguía mirando fijamente a esa mujer.

- Desde hace mucho tiempo quería conocerte Dana - dijo la chica.

-¿Quién eres?- preguntó confusa.

- Mi nombre técnico es DKS-002 pero me gusta más que me llamen Melissa. Como tu hermana.

-¿DKS-002? No entiendo nada.

La mujer miró cariñosamente a Scully.

- DKS son las iniciales de tu nombre: Dana Katherine Scully.

Dana miró confusa a Mulder y a esa joven. Todo parecía ser producto de su imaginación. Mulder, en cambio, empezaba a ver todo muy claro. Ahora le aterraba la idea de saber la verdad. Se parecía tanto esa chica a su compañera...

-¿Mis iniciales? ¿Por qué mis iniciales? ¿Acaso te conozco?

- Yo y otros más somos producto de un experimento. Cuando te secuestraron no sólo te produjeron ese cáncer debido a la radiación sino que...

-¿Radiación? ¿Qué radiación?

- Supuse que ya te lo había contado tu compañero.

Scully miró a su compañero extrañada.

-¿Tú sabías esto?

-¡Claro que no¡ Bueno... algo sí sabía desde hace tiempo.

- Uno de mis hermanos se lo contó ¿verdad?- preguntó Melissa.

-¡Un momento¡ ¡Quiero que alguien me explique lo que está pasando¡

Melissa miró a Dana temerosa.

- Scully, cuando te secuestraron te provocaron una ovulación múltiple mediante radiación. Tus óvulos fueron utilizados para crear clones, seres medio humanos, medio mutantes, para construir un ejército poderoso e invencible. Yo... soy uno de esos clones. Soy... una de tus hijas.

Scully miró a Melissa con pánico y espanto. No podía creer lo que había dicho. Era una historia sacada de un libro de ciencia-ficción. Algo imposible.

-¿Q...qué estás diciendo? ¡Eso es imposible¡ ¡La ciencia no ha avanzado tanto como para que sea cierto lo que estás contando¡

- Necesitaban óvulos humanos porque los gametos femeninos no pueden ser manipulados; se producirían mutaciones físicas y psíquicas en el feto que impedirían su desarrollo. Pero el gameto masculino, debido a su menor complejidad sí podía ser manipulado, así que consiguieron los óvulos de varias mujeres y los fecundaron con gametos masculinos manipulados.

-¿Me estás diciendo que tú no eres humana?

Melissa agachó la cabeza derrotada. No la creía ni su propia madre. De repente ella se echó hacia atrás, alejándose de Mulder y Scully.

- No os acerquéis. Puede ser peligroso.

Mulder y su compañero permanecieron quietos pero atentos a los movimientos de Melissa. Tenían que estar preparados para afrontar cualquier situación. No sabían de lo que era capaz. Melissa se detuvo y se clavó las uñas en un brazo. Scully se intentó acercar para impedírselo pero Mulder la detuvo cogiéndola del brazo. De pronto empezó a manar un líquido de la herida. Pero no era rojo, no era sangre: su color, verde claro y su textura demostraban que sus palabras eran ciertas. No era humana.

- Manteneros a esa distancia. Supongo que ya sabéis que esta sustancia es tóxica para vosotros.

Scully recordó inmediatamente que ese líquido estuvo a punto de matar a Mulder y que se salvó gracias a sus conocimientos científicos. Recordó lo cerca que estuvo su compañero de la muerte. No iba a permitir que eso volviera a suceder.

La herida de Melissa se cerró y se volvió a acercarse a ellos.

-¿Me crees ahora?- dijo Melissa mirando a Scully.

-¿Quién es el padre?- preguntó Mulder.

-¿Tú qué crees?

- No pensarás que nos vamos a tragar que tu padre es un extraterrestre ¿verdad?- dijo Scully escépticamente.

-¡Has visto mi sangre¡ ¿Crees acaso que es una simple mutación? ¿Es que no ves que no soy humana? ¡¡Porqué no puedes creerme¡¡ ¡¡Soy tu hija¡¡- dijo con lágrimas en los ojos.

Scully miró a Mulder pidiéndole ayuda. Estaba tan confundida que no era capaz de pensar. Mulder le devolvió la mirada respondiéndola: fuera quien fuese tenían que ayudarla. Scully se acercó lentamente a Melissa y la acarició la cabeza. Ella la miró con sus grandes ojos azules y la abrazó. Se parecía tanto a ella...

 

CABAÑA NUMERO 102.

LAGO TAHOE, CERCA DE NEVADA 04:30 p.m.

Habían pasado seis horas desde que se habían encontrado con Melissa y seguían tan confundidos como entonces. Ahora Melissa (o DKS-002) dormía plácidamente en la habitación mientras que Mulder y Scully estaban tomando un café en la cocina. Ella no había dormido en toda la noche: había estado esperando el momento adecuado para entrar en la cabaña.

Mulder estaba tomando un bocadillo mientras que Scully removía su café con una cuchara de plástico. Tenía la mirada perdida y no dejaba de pensar en lo que le había contado Melissa. Tenía el pelo castaño claro, casi cobrizo y sus grandes ojos azules se parecían muchísimo a los suyos. No, era imposible que fuera su hija. Pero al fin y al cabo, durante su secuestro la realizaron pruebas que ella desconocía todavía. Le daba miedo indagar en esa experiencia y descubrir cosas que la aterraban como su cáncer ¿Y si le hubieran provocado algo más? ¿Y si estuviera ahora mismo incubando un virus en su cuerpo?

- Scully ¿qué piensas de todo esto?- preguntó Mulder.

Scully miró a su compañero sobresaltada, como si hubiera salido de un trance.

- Mulder, creo que esa historia es tremendamente fantástica - respondió Dana científicamente -. No pongo en duda que a esa chica la han hecho algo pero de ahí a que yo sea su madre...

Mulder miró a su compañera y la acarició la mano.

- Empiezas a dudar de todo ¿verdad?

Scully agachó la cabeza: era imposible mentir a Mulder.

- Ella no puede ser... humana. No puede ser...mi hija - Scully cogió aire y continuó hablando -. Experimentaron con ella, de eso estoy totalmente segura pero de lo demás...

Mulder respiró profundamente: había llegado la hora de contarle la verdad.

- Dana, creo que te debo una explicación - dijo preocupado.

- Adelante Mulder.

- Cuando descubriste que tenías cáncer e ingresaste en ese hospital yo continué investigando. El hombre que capturamos ¿te acuerdas de él?

Scully asintió con la cabeza.

- Bien, él me contó la misma historia que ha contado hoy Melissa. Me dijo que a ti y a otras mujeres os provocaron una ovulación múltiple y que utilizaron vuestros óvulos para crear superhombres y supermujeres. Me dijo que estaban buscando una cura para sus madres. Él me dio a entender que era... uno de tus hijos.

- Mulder, ¿me estás intentando decir que tuve todos esos hijos?

- No, Scully. Congelaron tus óvulos y los fecundaron mediante fecundación in-vitro.

- Si... si eso es cierto, significa que he sido madre sin ni siquiera saberlo ¡Me han utilizado como si fuera un animal, Mulder¡ Si eso es cierto ¿Quién va a reparar el daño?

¡¿Quién?¡

- Scully, pagarán por lo que te han hecho. Te lo prometo. No voy a permitir que te hagan más daño. Han destrozado nuestras vidas pero ahora serán castigados - Mulder sujetó la cara de Scully por la barbilla y la miró dulcemente -. Te lo prometo.

-¿Por... por qué no me lo dijiste antes?

- Porque quería protegerte - dijo Melissa desde la puerta de la cocina -, y porque no quería que te hicieran más daño ¿verdad?

Mulder miró a Melissa y la sonrió.

- Sí - Mulder volvió a mirar a Scully -. Tenía que seguir investigando. No estaba seguro de lo que había descubierto y sin pruebas suficientes no era justo que te lo contara y te alarmara ¿lo entiendes?

Scully asintió con la cabeza.

- Siéntate y cuéntanos que es lo que sabes - dijo Dana a Melissa.

Melissa cogió una silla y se sentó al lado de Scully. Ella se dio cuenta de que la miraba de un modo especial. Mulder le ofreció una taza de café a Melissa. Ella la aceptó, la rodeó con sus manos, suspiró y empezó a hablar:

- Bueno, como ya os he contado, todo empezó cuando secuestraron a las mujeres. Necesitaban los óvulos para crear clones y para ocultar el proyecto inventaron la historia de los extraterrestres. Todo iba bien hasta que vosotros aparecisteis: constituíais una amenaza para el proyecto y buscaron una forma para obstaculizar vuestras investigaciones. Averiguaron el punto débil de Mulder - Melissa señaló a Scully -: tú. Como eras una mujer decidieron que lo mejor era secuestrarte, utilizar tus óvulos y guardar en tu memoria la historia de la abducción. De esa forma Mulder creería que tu fuiste secuestrada por extraterrestres y todo permanecería oculto. Pero ahora los hechos amenazan con salir a la luz. Las cosas les han salido mal. Ha habido fallos en la creación de los clones, ciertas personas relacionadas con el proyecto han destapado varios hechos y tú - dijo mirando a Scully - sigues viva. Eso no estaba preparado. Pensaban que morirías antes de llegar tan lejos y que así destruirían a Mulder también pero se han equivocado - Melissa agachó la cabeza y suspiró -. Ahora quieren eliminar todas las pruebas: los experimentos, los clones defectuosos... y las mujeres. Eso te incluye a ti.

-¿Piensan matar a todas las mujeres?- preguntó Scully preocupada.

- No, claro que no. El cáncer está haciendo su trabajo y apenas quedan algunas mujeres vivas; pero el proyecto terminó hace poco y hay mujeres que todavía no han descubierto el chip que se les implantó debajo de la piel. Ellos quieren secuestrarlas de nuevo para quitarles el chip y provocarlas el cáncer lo antes posible. Morirán pensando en que fueron secuestradas por hombrecillos verdes en vez de conocer la verdad. Es... terrible.

- Van a ir a por ella por mi culpa ¿verdad?- preguntó Mulder señalando a Scully.

- Mulder...

- Eso no importa. Lo importante es que hay que impedir que se salgan con la suya y destruyan todas las pruebas. Tenemos que proteger a Scully.

La tranquilidad del bosque era interrumpida por el ruido de los motores de los jeep del ejército. El teniente Dawson se encontraba a la cabeza, sentado en el asiento del copiloto y mirando atentamente cada movimiento del bosque. En los asientos traseros se encontraban el coronel Downey y el agente de la CIA Tom Rowland. Downey se entretenía dando golpes pequeños al asiento mientras Rowland buscaba unos informes en su maletín de cuero negro.

- No tardaremos mucho en llegar señor. Debe estar muy cerca - dijo el piloto.

- Estupendo. Tengo muchas ganas de coger a esos asquerosos terroristas ¿Los buscan desde hace mucho tiempo?- dijo Dawson a Rowland.

- Sí señor. Han cometido numerosos delitos desde hace dos años: atentados, asesinatos, tráfico de armas, traición a su país... Unos auténticos criminales.

-¿Cómo les han descubierto?- preguntó Downey.

- Tenemos fuentes - respondió secamente. Downey entendió rápidamente la indirecta.

- Tienen un cómplice ¿verdad?

- Sí, una mujer americana bastante joven. Una traidora. Hay que tener cuidado con ella. Es portadora de un virus mortal.

-¿Cómo la mataremos?- preguntó Dawson.

- No se preocupe. Tengo el arma que necesitamos.

Rowland pasó unos informes a Dawson. Éste los abrió y observó las fotografías de los asesinos. Ella se llamaba Kathy Basinger: era pelirroja, de ojos azules y no muy alta. El nombre de él era David Stern: alto, de ojos verdes y pelo castaño claro, no aparentaba ser un asesino.

-¿Y la otra mujer?

- No tengo su ficha aquí pero sé quien es. No se preocupe.

- Tengo un ejército muy poderoso. Si están en esa cabaña no tendrán escapatoria.

Rowland asintió con la cabeza y acarició su maletín.

- Eso espero.

-¿Dónde tienen a los clones?- preguntó Scully.

- Todavía no lo he averiguado. Como quieren borrar las pruebas y eso incluye matar a sus madres varios clones se han revelado y quieren salvarlas. Eso ha provocado que el proyecto se acelere y que hayan creado un plan para exterminar a los clones sublevados - Melissa miró a Scully -. Yo soy una de ellos.

-¿Sabes algo de mi hermana Samantha?- preguntó Mulder esperanzado.

Melissa le miró y sonrió.

- La he visto.

-¿En serio? ¿Has hablado con ella?- continuó preguntando.

- Sí, ha hablado con ella pero...

-¿Ocurre algo?- dijo Scully.

- Tiene miedo de verte otra vez. Su padre murió hace muy poco tiempo y quiere olvidar todo lo antes posible. Me dijo que te quería mucho.

Mulder sonrió amargamente. La echaba de menos.

- Si supiera dónde está...

- Mulder, no sé dónde vive. Ella me visitó y hablamos. No sé más; créeme.

- Si eres una sublevada también irán a por ti - dijo Scully.

- Eso no me importa si consigo lo que me he propuesto.

Mulder se levantó de la silla y respiró profundamente.

-¿Te han seguido?

- Creo que no - respondió Melissa.

- Creer no es suficiente. Voy a echar un vistazo por los alrededores. No quiero llevarme sorpresas - dijo Mulder sacando su pistola.

- Ten cuidado. Yo tampoco quiero llevarme sorpresas - le advirtió Scully.

- No te preocupes. Estaré bien.

Mulder salió de la cocina, abrió la puerta de la cabaña y desapareció. Melissa y Scully permanecieron en silencio.

- No nos estás mintiendo ¿verdad?

-¡Todavía dudas de mí¡- dijo Melissa levantándose de la silla indignada -¿Crees que es una trampa? ¡Si hubiera venido hasta aquí para mataros ya lo hubiera hecho¡

-¡Qué esperabas¡ ¡Que te creyera ciegamente¡

- No, porque te conozco y sé que tú no eres así. Pero eres mi madre y esperaba que me creyeras.

- Si eso es cierto, explícame cómo has crecido tanto en tan poco tiempo.

- Nuestro crecimiento es distinto. No envejecemos. Cuando llegamos a la apariencia adulta dejamos de crecer y permanecemos así durante años. Tú óvulo es humano pero el gameto masculino...

- Dime la verdad: ¿De dónde procede el esperma?

- Dana, el esperma está manipulado: no es humano.

- Pero...

Scully no terminó la frase: Mulder abrió la puerta de golpe y se acercó corriendo hacia ellas.

-¡Están aquí¡ ¡Tenemos que irnos¡- gritó.

-¿Qué ha pasado?- preguntó Scully.

- He visto unos jeep a unos poco metros de aquí. Están a punto de...

De repente una oleada de disparos invadieron la cabaña destrozando todo lo que encontraban a su paso. Mulder se tiró al suelo y Scully empujó a Melissa protegiéndola de los disparos.

- Mulder ¿qué vamos a hacer?- preguntó Scully desesperada.

- No lo sé ¡Nos tienen rodeados¡

- "¡Salgan con las manos en alto Kathy Basinger y David Stern. También que salga la mujer que está con ustedes: Melissa¡"

Scully y Mulder se miraron sorprendidos ¿Se estaban refiriendo a ellos?

-¿De qué están hablando? ¡Nosotros no nos llamamos Kathy Basinger ni David Stern¡ - dijo Scully asomándose a una ventana. Un oficial la vio y gritó a su superior:

-¡Son ellos señor¡ ¡Son Kathy y David¡

Varios soldados dispararon a Scully. Mulder fue hacia ella y la sacó de esa zona. Afortunadamente ninguno sufrió heridas.

-¿Estás bien?- preguntó Mulder.

- Sí. Lo siento, pensé...

- Nos confunden con otras personas. Pero creo que es intencionadamente.

-¿Cómo vamos a salir?

-¡Tendremos que escapar corriendo por la puerta de atrás¡ ¡El jeep está delante de la cabaña¡

Los soldados volvieron a disparara contra ellos. Varias ventanas saltaron en mil pedazos cayendo los cristales sobre ellos.

-¡Aaahhh¡

Mulder y Scully miraron detrás suya: Melissa había recibido un disparo.

-¡Noooo¡- gritó Scully.

Intentó acercarse a ella pero Mulder se lo impidió.

-¡No puedes acercarte a ella¡ ¡Te envenenarías¡

Scully observó impotente cómo no podía hacer nada por ella: tenía que esperar a que la herida cicatrizase. Y aunque lo haría rápidamente el tiempo se agotaba.

De pronto la puerta se abrió de golpe y varios soldados entraron en la cabaña. Junto a ellos iba un hombre vestido de negro con un maletín de cuero.

-¡Matarles¡- gritó.

- Tenemos que salir de aquí Scully - susurró Mulder.5

-¡No podemos dejar a Melissa aquí¡

Mulder miró fijamente a Scully. Tenía razón: no podían dejarla.

-¡Ii...iros ahora mismo¡- dijo Melissa -¡¡Vamos¡¡

Scully miró aterrada su expresión.

-¡No te preocupes por mí¡ ¡Veté mamá¡

Scully permaneció inmóvil. No quería irse. Un soldado finalmente les descubrió.

-¡Están aquí¡

La voz del soldado alertó a los demás y se dirigieron a la parte trasera. Mulder agarró a Scully de la mano firmemente.

-¡¡Vámonos¡¡

Scully miró con desesperación a su compañero y se dirigieron a la puerta trasera. El soldado disparó contra ellos pero Melissa le mordió la pierna y no pudo continuar. Éste la propició una patada en la cara que la volvió a tirar al suelo: todavía no se había recuperado de sus heridas. Todos los demás llegaron a la parte de atrás. Rowland se agachó y agarró del pelo a Melissa. Sacó un cuchillo afilado y muy fino. Melissa ya lo conocía. Suplicó para que Scully no lo viera: no sirvió de nada. Scully miró por última vez hacia atrás y contempló aterrada cómo ese hombre clavaba el cuchillo en la nuca de Melissa sin el menor remordimiento. Observó por última vez los ojos de Melissa. Entonces supo que había dicho la verdad.

Varios soldados persiguieron a Mulder y a Scully sin éxito. Tuvieron suerte: consiguieron esquivarles. Ahora se preguntaban cuánto tiempo estarían a salvo.

Dawson y Rowland permanecieron en la cabaña para buscar pistas.

- Puedo preparar una búsqueda para esta noche. Tenemos perros preparados para este tipo de...

- No es necesario. Ya no tienen nada que hacer.

-¿Está seguro? Si son tan peligrosos creo que deberíamos...

- He dicho que no es necesario - Rowland miró fríamente a Dawson -. Hemos conseguido lo más importante: a la chica.

- Sí pero ha muerto ¿Qué la ha pasado? Parece como si se hubiera derretido.

- El virus la ha matado. Eso es todo. Procuren no acercarse a ella.

- Y respecto a David y a Kathy ¿qué hacemos?

- Nada. Han perdido su oportunidad. Ahora están indefensos

SEGUNDA PARTE

Comentarios a:


Silver Bug X-Files Articles catalogue
1999

silverbug-x-files.com v 4_2