Disclaimer:
Los personajes de Fox
Mulder y Dana Scully (vale, vale, también relativos) no me
pertenecen. Son de la Twenty Century Fox y concretamente de Chris
Carter. Pero ¡que conste que él me robó la idea!
Nota: Esta novela fue escrita hace más o menos
un año, concretamente fue terminada el 28 de marzo de 1998, así
que es posible que notéis quizás un estilo menos desarrollado
en comparación con "Las alas desgarradas del ángel",
que es posterior (si la habéis leído, claro). Está inspirada
en la reacción que tuve al ver Redux y al enterarme de la
"hija" de Scully, Emily (esa pequeña de ojos azules
que tanto adoramos) pero SOLAMENTE INSPIRADA.
Spoilers: ReduxI, ReduxII, Emily,
Never Again.
Tipo:
XF (Investigación de un Expediente-X), MSR (Romance entre Mulder
y Scully)
CON TRISTEZA EN LA ALEGRÍA
II
BOSQUE DEL LAGO TAHOE.
LAGO TAHOE, CERCA DE
NEVADA 09:00 p.m.
Habían estado corriendo durante
horas para escapar del ejército. Scully seguía corriendo sin
parar pero las piernas le dolían y notaba cómo su garganta
ardía debido al aire frío. Tropezó con una rama y cayó al
suelo.
-¡¡Scully¡¡- dijo Mulder
asustado.
La ayudó a levantarse. Tenía
sólo unos cuantos arañazos en la cara y su camisa se había
rasgado.
-¿Estás bien Dana?- preguntó.
- Sí, no te preocupes.
- Debemos descansar. Es de noche y
ya no podemos andar más. Además, creo que los hemos perdido
definitivamente.
- Pienso exactamente igual que
tú. Estamos muy cansados y debemos dormir un poco.
Mulder y Scully anduvieron un poco
más para encontrar un lugar seguro para descansar.
Finalmente encontraron una
pequeña cueva donde podían resguardarse del frío. Scully
se sentó en el suelo mientras que
Mulder intentó hacer un fuego.
- Creo que no deberías hacerlo.
-¿Por qué? La noche es fría
y...
- Podrían descubrirnos.
Mulder se detuvo un momento y
miró a Scully.
- Tienes toda la razón. No sé
cómo no he pensado en ello.
Mulder se sentó al lado de
Scully. Notó que ella tiritaba de frío.
- Estás helada. Toma mi chaqueta.
Si no te cubres con algo caerás enferma.
Mulder rodeó a Scully con su
chaqueta. Ella se la colocó y Mulder pudo apreciar su tatuaje a
la luz de la Luna.
- Graci...
- Pensaba que ya no lo llevabas.
-¿El qué?- preguntó Scully.
Mulder señaló su cadera. Ella se
miró y se gestó cambió.
- Ah, eso. Bueno me dijeron que se
quedaría una marca y que sería doloroso; resumiendo: que no
merecía la pena. Así que decidí dejármelo.
- Nunca lo he visto de cerca
¿Puedo...?
Scully sonrió y asintió con la
cabeza. Se levantó un poco la camisa y se colocó de espaldas.
Mulder se acercó a ella y lo observó atentamente.
- Es muy bonito. Una serpiente
¿no?
- Sí.
Mulder apoyó una mano en la
espalda de su compañera para verlo mejor y un escalofrío
recorrió el cuerpo de Scully.
- Tienes las manos heladas - dijo
Scully riéndose.
Mulder se dio cuenta de lo que
había hecho y retiró su mano.
- Perdona, no quería...
- No importa.
- Te parecerá que me meto en
donde no me llaman pero todavía no entiendo por qué te
comportaste de esa forma.
Scully se bajó la camisa y se
colocó de frente.
- Bueno, fue como una fase, una
breve etapa. Nada más.
- Siempre me he preguntado si
realmente te acostaste con él.
Scully miró a su compañero
sorprendida.
- Tienes razón: te estás
metiendo donde no te llaman.
Ambos sonrieron descaradamente.
- Perdona, pero es algo que tenía
que preguntarte.
-¿Y quieres que te responda?
- Si es posible...
Scully pensó que era el momento
adecuado para pedirle algo a Mulder. Algo personal.
- Con una condición.
-¿Cual?- preguntó Mulder
intrigado.
- Cuando volví al trabajo y
tuvimos una discusión te dije que era mi vida y que no te
importaba. Entonces tu dijiste que era...
-¿Que era qué?
Scully le miró triunfante.
- Eso es lo que quiero que me
digas. Nunca terminaste con la frase. Te limitaste simplemente a
bajar la cabeza y callar. Si tú me dices lo que ibas a decirme
en ese momento yo te responderé.
Mulder miró a Scully avergonzado.
Estaba entre la espada y la pared. En realidad él se lo había
buscado. Él había empezado el juego y ella decidió continuar.
Ahora decidía si también quería seguir él.
- Bueno, lo que quise decirte es
que...
Scully esperaba impaciente la
respuesta. Había esperado este momento desde hace mucho tiempo.
- Que también era asunto mío.
-¿Por qué piensas eso?
- Bueno, era un caso y al
involucrarte sentimentalmente en él nos incumbía a los dos
porque influía en el caso...
- Ya, claro - dijo Scully para sí
misma.
-¿Vas a responder ahora a mi
pregunta?- preguntó Mulder.
- Si claro: si tú mientes, yo
miento - pensó Scully -. Está bien. Sí, me acosté con él y
después seguí viéndole.
Mulder abrió los ojos como
platos.
-¿En serio?- preguntó
sorprendido.
- Sí. Después de que él
estuviera un tiempo en el psiquiátrico logró rehacer su vida...
y eso me incluía a mí.
- Vaya, no pensaba que lo vuestro
era tan...
-¿Y qué te crees? ¿Acaso
piensas que me acuesto con un hombre cada noche? ¿Qué opinión
tienes de mí?
-¡No, no¡ ¡No quería decir
eso¡ Simplemente no me lo esperaba.
- Mulder, respóndeme ahora a
esto: ¿Por qué estamos hablando de estas cosas si nunca lo
hemos hecho antes?
Su compañero se quedó quieto,
inmóvil, como una estatua. La verdad es que tenía toda la
razón. Nunca hablaban de esos temas y sin embargo desde la noche
anterior no habían hablado de otra cosa que de sus relaciones
sentimentales ¿Por qué? No podía responder a esa pregunta. Lo
habían hecho y ya está. Pero ahora Mulder se preguntaba si
realmente había un motivo, si realmente su relación estaba
cambiando.
Su pensamiento se vio interrumpido
por un ruido del interior del bosque.
Scully miró a los ojos de Mulder
y sacaron sus pistolas al unísono. Empezaron a echar un rápido
vistazo por los alrededores. Nada. Ambos se levantaron lentamente
sin dejar de mirar de un lado a otro. Mulder miró detrás de
Scully y pudo apreciar el brillo de unos ojos fríos, sedientos
de sangre. Observó el color negro de su piel y sus colmillos
afilados listos para atacar.
-¡Scully, cuidado¡- gritó
Mulder.
Scully se dio la vuelta
rápidamente y pudo observar cómo un lobo estaba dispuesto a
atacarla. Su mirada la dejó helada. El lobo saltó
abalanzándose sobre ella y un disparo rompió el silencio.
Scully contempló asustada el cuerpo del lobo a sus pies: estaba
muerto. Mulder había logrado ser más rápido y consiguió
dispararle antes de que mordiera a su compañera.
-¿Estás bien? ¿Te ha mordido?-
preguntó todavía inseguro.
- No... gracias a ti. Si me
hubiera atacado no sé si hubiera salido con vida.
- Este lugar está lleno de
sorpresas. Tendremos que hacer turnos. Quién sabe si hay una
manada de lobos cerca de aquí.
-¿Quién va a hacer el primer
turno?
- Yo. Debes descansar. Ha sido un
día muy duro para ti.
Mulder y Scully volvieron a
sentarse en el suelo y se tranquilizaron. A pesar de la chaqueta
Scully todavía sentía escalofríos aunque podían ser debidos
al ataque del lobo.
- Acércate más. Así no tendrás
tanto frío.
Scully se acercó lentamente hacia
él hasta que notó su cuerpo. Lentamente notó como el frío
desaparecía.
- Mulder, ¿crees realmente que
Melissa era...?- preguntó Scully preocupada.
- Lo que piense yo no importa
¿Qué crees tú Scully? ¿Empiezas a dudar de todo?
Ella respiró profundamente.
Había llegado el momento de enfrentarse a sus miedos.
- Algo me hicieron Mulder. Algo
terrible. Ya no sé qué creer. Melissa parecía tan segura de lo
que decía que me ha hecho pensar más en lo ocurrido.
- Se parecía a ti.
- Lo sé.
Mulder apreció un brillo especial
en sus ojos: el brillo que sólo tiene una madre cuando recuerda
a su hija. Acarició la cabeza de Scully y ésta se apoyo en su
pecho. Intentó apoyarla, decirla cuanto sentía todo esto pero
un lágrima descendió por la mejilla de su amiga y decidió
callar. Por mucho que lo intentara nunca sabría exactamente lo
que había sentido Scully por Melissa.
BOSQUE DEL LAGO TAHOE.
LAGO TAHOE, CERCA DE
NEVADA 09:45 p.m.
Scully abrió lentamente los ojos.
Cuando intentó levantarse un crujido sonó en su cuello.
-¡Ay¡- dijo Scully.
Mulder, que permanecía a su lado,
se despertó perezosamente, bostezó y miró a su compañera.
- Buenos días por la mañana -
dijo sarcásticamente.
- Ojalá fueran buenos - protestó
Scully.
-¿Acaso has dormido mal?
-¿Acaso es que he dormido? Apenas
he conciliado el sueño y cuando lo conseguía me despertabas
para el cambio de turno.
- Discúlpeme, señorita Scully
pero le recuerdo que estamos en pleno bosque y no en un hotel de
cinco estrellas.
- No se preocupen. Dentro de poco
estarán en sus casas.
Mulder y Scully oyeron detrás
suya una voz femenina firme y contundente. Scully sacó
rápidamente su pistola y se dio la vuelta para apuntar a su
nuevo enemigo.
-¡No Scully¡- gritó Mulder.
Cuando se dio la vuelta se
encontró con una mujer rubia y de ojos azules que conocía desde
hace tiempo: Marita Cobarrubias. O al menos, así decía que se
llamaba. Scully bajó su pistola lentamente mientras la observaba
con desconfianza.
- No sabía que le gustara la
Naturaleza - dijo Mulder con ironía.
- Deben irse de aquí
rápidamente.
-¿Por qué deberíamos hacerla
caso? ¿Cómo nos ha encontrado?- preguntó Scully con rigidez.
- Eso ya no importa. Aquí sus
vidas corren peligro.
- Nos confundieron con otras
personas. Creían que éramos Kathy Basinger y David Stern - dijo
Mulder intrigado.
- Y así es. Aquí en Nevada
ustedes tienen esos nombres.
-¿Pero de qué está hablando?-
dijo Scully nerviosa.
- Me refiero a esto - dijo
Cobarrubias a la vez que abría unos informes y los mostraba -.
En Nevada y en otros estados excepto en Washington sus
identidades han sido cambiadas por las de estos dos criminales.
Se les busca por asesinato, traición a su país, terrorismo...
De esta forma es imposible que salgan de Washington: vayan donde
vayan ustedes serán perseguidos e identificados como David Stern
y Kathy Basinger.
Scully y Mulder observaron
asombrados sus fotos pegadas en unos informes e identificados
como esos criminales.
-¿Quién ha hecho esto?-
preguntó Scully a Cobarrubias.
- Su gobierno - respondió mirando
fríamente a Scully -. Deben volver a Washington o morirán
pronto. Vendrán conmigo y yo les llevaré de vuelta a sus casas.
- Pero tenemos que seguir
investigando ¡No podemos permitir que se salgan con la suya¡
- Agente Mulder, si quiere pueden
seguir investigando hasta que se encuentren en un callejón sin
salida; o si prefiere, pueden volver a Washington e investigar
más en adelante... vivos.
Mulder respiró profundamente y
miró a Scully: no podía permitir que ella corriera peligro por
su culpa.
- Supongo que es lo mejor...
- Mulder, ¡qué estás diciendo¡
¿Cómo sabemos que está diciendo la verdad? ¿Y si es una
trampa?
- Scully aquí somos consideramos
unos criminales ¡Si seguimos con la investigación nos darán
caza como si fuéramos animales¡ ¡No tenemos otra opción¡
Scully miró a su compañero
derrotada. Sabía que no iba a cambiar de opinión.
- Además, no tenemos dónde
escondernos y tampoco podemos ir a la base. Estamos indefensos. Y
no voy a permitir que mueran más personas.
- Está bien. Como tú quieras -
concluyó Scully.
- Vengan conmigo. Tengo un jeep
cerca de aquí.
-¿No vamos dar un paseo? Pensaba
que íbamos a disfrutar de la madre Naturaleza.
Scully miró enfadada a su
compañero.
-¡Era sólo una opinión¡
OFICINA CENTRAL DEL FBI.
WASHINGTON D.C. 03:00 p.m.
(un día después)
Mulder esperaba impaciente la
llegada de su compañera en su despacho. Llevaba ya quince
minutos de retraso. Scully no solía llegar tarde a las citas y
menos si era con su superior. Mulder pensó en lo impotente que
se debía sentir su compañera; le habían provocado un cáncer,
habían utilizado sus óvulos y experimentaron con ella. Se
imaginó lo terrible que debía ser el levantarse cada mañana
sin saber que podría estar incubando tu cuerpo, sin conocer
exactamente lo que hay en él. Tenía que buscar al culpable y
hacerle pagar por el daño causado. Recordó al fumador. Antes lo
único que quería era matarle pero ahora lo que necesitaba era
alguna explicación, sobre todo, desde que sus dudas aparecieron
en su mente respecto a su pasado ¿Quién era realmente ese
hombre? ¿Acaso fue su padre? Ya no importaba. Él había muerto
y a pesar de ello alguien seguía causando daño, continuando con
los experimentos. Necesitaba que alguien le diera un motivo.
Necesitaba conocer la verdad.
Sus pensamientos se vieron
interrumpidos por la llegada de su compañera. Su mirada era
triste y perdida: algo la había ocurrido.
- Scully, no tienes buena cara
¿Te ha pasado algo?
Dana miró atemorizada a su
compañero, como si tuviera miedo de todo y de todos.
- He... ido al ginecólogo esta
mañana. Me ha hecho varias pruebas para ver si existía alguna
anomalía. Pensé que después de conocer los hechos que nos
contó Melissa no era mala idea hacerme una revisión. Mulder,
quiero que veas algo.
-¿Qué ocurre?- preguntó
preocupado.
Scully sacó de su maletín un
sobre blanco con su nombre escrito con letras negras. Abrió el
sobre y sacó una radiografía de gran tamaño. Se la entregó a
su compañero e hizo un gesto con la cabeza. Mulder encendió su
flexo y colocó la radiografía en frente de la potente luz.
Recordando sus clases de Biología averiguó que se trataba de
una radiografía del aparato reproductor femenino.
-¿Sabes que es esto de aquí?-
preguntó Scully con la voz temblorosa y señalando dos zonas de
la radiografía.
- Creo que sí. Son los ovarios
¿no?
- Sí ¿Ves algo en ellos?
- No, no veo nada.
- Ese es el problema.
-¿Qué quieres decir?- preguntó
intrigado.
- Bueno, al principio no estaban
muy seguros...- Scully sacó otra radiografía que mostraba más
detenidamente los ovarios -... así que me realizaron más
radiografías y diversas pruebas. A pesar de ello llegaron a la
misma conclusión.
-¿Qué conclusión, Scully?
Ella respiró profundamente y
bajó la mirada.
- Mulder, yo... no tengo óvulos.
-¿¿Qué??- dijo asombrado por su
respuesta.
- Los médicos no se lo pueden
explicar todavía pero es la verdad. Es la primera vez que se han
enfrentado a un caso así. Es como si... me los hubieran
extraído todos a la vez, sin dejar ni uno.
- Pero Scully eso significaría
que...
- No puedo tener hijos Mulder. No
ahora. Ni la fecundación in-vitro, ni la inseminación
artificial... Nada serviría porque no existen gametos femeninos
en mis ovarios.
-¿Se ha dado algún caso así en
tu familia?
- No - Scully cogió aire para
continuar - También los médicos pensaron en eso, confiando en
que fuera alguna mutación genética durante mi desarrollo
embrionario pero si hubiera sido así nunca hubiera tenido mi
primera menstruación. Lo más extraño de todo es que sigo
teniendo el período menstrual a pesar de todo.
-¿Cómo es posible?
- Piensan que mi organismo se
comporta así porque no ha llegado todavía el momento de la
menopausia: cree que sigo teniendo óvulos que fecundar, pero...
no es así.
Mulder miró a su compañera,
inmóvil y aterrado por la noticia. Su compañera no podía tener
hijos de ningún modo. Nunca podría ser madre. Scully seguía
mirando hacia el suelo, incapaz de levantar la mirada. Por un
momento, Mulder intentó saber cómo se sentía Dana pero
desistió: nunca lo averiguaría.
- Scully, yo...
- No digas nada Mulder, sólo te
pido que... te mantengas alejado de este tema. Nada más.
Se dio media vuelta, abrió la
puerta y desapareció del despacho rápidamente. Mulder
permanecía de pie, sin moverse ni un ápice, intentando
comprender cómo se puede hacer tanto daño a una persona. No lo
logró.
Mulder y Scully permanecían
sentados en las sillas del despacho de su nuevo superior
esperando su llegada. Sabían que lo que les iba a decir no era
agradable. Desaparecer sin motivo siendo un agente del FBI era
una falta grave y pagarían por ello. De pronto, su superior
apareció. Era alto, de complexión atlética, rubio y de ojos
claros. Su mirada mostraba la frialdad y la dureza típica de un
superior. Se sentó en el sillón de cuero que perteneció a
Skinner y cruzó las manos apoyando los codos sobre el
escritorio. Miró a Scully fijamente para después mirar con más
decepción a su compañero.
- Quiero que ahora mismo me den
una explicación de su comportamiento.
Mulder y Scully cruzaron sus
miradas y después agacharon las cabezas. No podían arriesgarse
a decir la verdad; todavía no conocían las verdaderas
intenciones de su nuevo jefe. Decidieron permanecer en silencio.
- No me lo pongan más difícil
agentes Mulder y Scully. Fueron allí por algún motivo: ¿Cuál?
La tranquilidad se rompió con la
firme voz de Scully.
- Queríamos investigar la base
que existe en las orillas del Lago Tahoe.
Mulder envió una mirada
fulminante a su compañera. No debía haber dicho eso.
-¿Por qué?
- Sospechábamos que tenían algo
que ocultar: creemos que tienen secuestrado a Elvis Presley.
Scully estuvo a punto de soltar
una sonrisa pero decidió contenerse.
- Su actitud no es nada
cooperativa, agente Mulder ¡Esa base es ultra secreta¡ ¡Si se
hubieran acercado les hubieran disparado sin ni siquiera
preguntar¡
- Bueno, pues... Explíqueme por
qué nos dispararon sin acercarnos y nos confundieron con dos
terroristas.
-¿Qué está diciendo agente?
- Nos confundieron con dos
criminales y nos dispararon a quemarropa.
- El ejército les persiguió
porque desobedecieron sus órdenes. Según este informe les
pidieron que salieron de la cabaña y se negaron. Tuvieron que
abrir fuego.
-¡Nos querían matar¡ ¡Querían
que desapareciéramos para que no se descubriera la verdad¡
-¡Agente Mulder, no les
confundieron con nadie¡ ¡No hicieron caso de las advertencias
del ejército y eso se paga muy caro¡
-¡Eso es falso¡- gritó Mulder
fuera de sí.
-¡Por última vez agente Mulder¡
¡Por qué motivo fueron allí¡
Mulder bajó la mirada y calló.
Definitivamente este hombre quería destruirles. Pero no lo iba a
permitir.
- Agente Scully - dijo
dirigiéndose a ella.
Scully no pronunció ni una
palabra.
- Muy bien, si no quieren hablar
ahora no me importa. Pero mañana por la mañana van a tener que
dar explicaciones a un consejo que estará encantado de poder
oírles. Les veré mañana a las 09:00. Buenos días.
Mulder y Scully se levantaron y se
dirigieron a la puerta del despacho.
- Agente Scully, espérese un
momento.
Scully miró a su nuevo superior y
después a su compañero.
- Te esperaré fuera - dijo Mulder
dándole una palmada en el hombro.
Scully permaneció de pie y se
volvió a dirigir a una de las sillas. Se sentó y esperó la
charla de su jefe.
- Agente Scully, usted es una de
las mejores profesionales que existen en el FBI. Puede llegar muy
lejos... pero no al lado de él.
-¿Me está dando la oportunidad
de dejar este trabajo para aceptar otro?
- Sí. Un trabajo mucho más
provechoso: créame. Trabajaría en la sección de asesinatos en
serie y crimen organizado. Es un trabajo duro pero conseguiría
ser respetada de nuevo por sus colegas.
-¿Dónde trabajaría?
Su superior sonrió triunfante.
- Aquí en Washington ¿Qué me
dice?
Scully permaneció en silencio un
momento. Después volvió a mirar a su superior.
- Ni hablar.
Él abrió los ojos sorprendido y
asombrado.
-¿¿Qué??
- No aceptaré ningún otro
trabajo por muchas oportunidades que me dé. No me separarán del
agente Mulder.
La miró con decepción y firmeza.
No podía creer que rechazara un trabajo así.
-¿Algo más, señor?- dijo Scully
con dureza.
- No, nada más. Puede irse.
Scully se levantó de nuevo y se
dirigió a la salida.
- Agente Scully - dijo su
superior.
Ella se dio la vuelta y le miró
fijamente.
- El agente Mulder está perdido.
Se está hundiendo pero... no permita que se hunda con él.
Scully cogió el pomo de la puerta
y la cerró de un golpe. Después de lo que la habían hecho y de
lo que había arriesgado Mulder por ella no iba a permitir que
les separaran.
Mulder la estaba esperando sentado
en un sillón con los brazos cruzados y la mirada perdida.
-¡Eeeehhh¡- dijo Scully
intentando sacarle del trance.
Mulder pegó un brinco y miró a
su compañera. Ella le sonrió y Mulder le devolvió la sonrisa.
-¿Qué te ha dicho
"Terminator"?
- Me ha ofrecido otro trabajo en
la sección de asesinatos en serie y crimen organizado.
Mulder se levantó del sillón
rápidamente y la cogió del hombro suavemente.
-¿Y qué le has respondido?
Scully le miró sorprendida.
- Mulder: le he dicho rotundamente
que no ¿Qué pensabas?
- Yo...
-¿Creías que te iba a abandonar?
- No, pero... todo se está
volviendo muy complicado y pensé que a lo mejor no querías
continuar.
Scully miró a su compañero con
dulzura y le acarició el pelo.
- Si crees que te vas a librar de
mí con tanta facilidad estás muy equivocado.
Mulder sonrió y notó que la
secretaria de su superior les miraba descaradamente.
- Vámonos de aquí. Busquemos un
sitio donde podamos hablar con mas intimidad.
Scully asintió con la cabeza y
ambos se marcharon.
CALLE THOMAS JEFFERSON
NÚMERO 32
ALEXANDRIA, VIRGINIA 09:18
p.m.
Mulder y Scully habían comido
juntos, pasearon por las calles, hablaron y, sin darse cuenta,
pasó el día volando. Se dirigieron a la casa de Mulder para
encargar una pizza. Habían hablado sobre todos los temas:
política, sociedad, cultura, deporte, la búsqueda de la
verdad... excepto del estado de Scully y de sus relaciones
personales. Se estaban riendo por un chiste (subido de tono,
claro) que había hecho Mulder.
- De verdad Mulder: eres el colmo
del sarcasmo - dijo Scully entre risas.
- Bueno, si no te tomas la vida a
broma vives amargado. Esa es mi filosofía.
- Ojalá fuera también la mía.
Mulder miró a su compañera.
Veía en sus ojos la tristeza, la amargura que intentaba esconder
para no tener que consolarla.
- A pesar de tener mala cara
estás guapísima - dijo Mulder irónico.
- Explícame eso ¿Cómo es
posible estar guapa y tener mala cara?- preguntó divertida.
- Bueno, hay personas que estén
como estén son guapas siempre. Tú eres una de ellas.
-¡Vaya¡ Gracias por el cumplido.
- Siempre he pensado que tus ojos
son preciosos... - Scully sonrió avergonzada -... además de ser
el espejo de tu alma. Y ahora mismo me están diciendo que no te
sientes bien.
La cara de Scully cambió,
volviéndose triste y enfadada.
- Pues creo que te están
engañando.
-¿Así lo crees?
Scully permaneció en silencio. No
quería que Mulder supiera lo mal que lo estaba pasando.
- Hemos llegado a tu casa - dijo
cambiando de tema -¿No me vas a invitar a esa pizza?
- Claro Scully. Eso sigue en pie -
respondió sintiéndose derrotado.
Ambos subieron por las escaleras y
llegaron al apartamento 42. Mulder sacó las llaves, metió la
llave en la cerradura y abrió la puerta.
Mulder encendió las luces y
cerró la puerta. Scully se sentó en el sillón de cuero negro y
observó la habitación: estaba totalmente desordenada.
- Mulder ¿Algún día vas a
ordenar esto?- preguntó con pesimismo.
-¿Conoces algún
electrodoméstico que sea capaz de ordenar una habitación en
cinco minutos?
- No.
- Entonces seguro que no - dijo
irónicamente.
Scully sonrió. Mulder nunca
cambiaría. A pesar de los problemas siempre se había mostrado
sarcástico e irónico.
-¿Quieres beber algo?
Scully se atusó el pelo y pensó
por un momento.
- Una Coca-cola estará bien.
Mulder llegó a la cocina, abrió
el frigorífico y sacó una Coca-cola y un té helado. Volvió al
salón, le entregó la lata a su compañera y se sentó a su
lado. Mulder seguía notando la tristeza en los ojos de Dana y
decidió hablar con ella. Aunque no quisiera.
-¿Por qué no quieres hablar de
ello?- preguntó finalmente Mulder.
Scully bebió un poco y levantó
la mirada.
-¿A qué te refieres?
- Scully...- dijo Mulder irritado.
-¡Qué¡- respondió enfadada.
-¿Por qué intentas evitarme?
¿Por qué me ocultas tu tristeza? ¿Acaso tienes miedo de tus
sentimientos?
- Mulder te dije que no quería
hablar de...
-¡Me da lo mismo que no quieras¡
¡Tienes que dejar de comportarte así¡
-¡Es asunto mío¡ ¡¡Sólo
mío¡¡
-¡Eso no es verdad¡- gritó
Mulder.
-¿Por qué dices eso?
-¡Porque me preocupo por ti¡ ¡
Porque también es asunto mío¡
Scully le miró enfadada.
- Eso me da igual. No necesito que
te compadezcas de mí. Si esperas que te diga que necesito tu
ayuda y que tengo miedo puedes olvidarlo porque no lo haré -
dijo con la voz quebrada por la emoción.
- No espero eso. No tienes por
qué decírmelo. Sólo sé que estás sufriendo y que siento
cómo te duele todo esto.
-¿Cómo lo sabes?
- Ya te lo he dicho: lo veo en tu
ojos.
Scully miró fijamente los ojos de
su compañero. Era imposible mirarle con desprecio: su mirada era
tan dulce que enternecería a la persona más fría del mundo.
Mulder acarició su mano y la miró directamente a los ojos.
- Sólo un gesto Dana... y yo
estaré allí.
Scully se mordió el labio
inferior, conteniendo las lágrimas y definitivamente rompió a
llorar. Mulder abrazó a su amiga con fuerza y la acarició el
pelo.
-¡¿Por qué me ha tenido que
pasar esto a mí?¡ ¡¿Por qué a mí?¡- dijo entre sollozos.
- Porque la vida es así de
injusta: hace sufrir a los buenos y deja triunfar a los malos -
miró Dana y cogió su cara entre sus manos -. Pero eso se va a
acabar. Ya lo verás.
Mulder secó las lágrimas de
Scully con sus manos mientras ella le miraba con ternura. Era un
hombre maravilloso.
- Gracias Mulder - dijo más
tranquila.
- No te preocupes ahora por nada
¿vale?- respondió casi susurrando.
Scully asintió con la cabeza y
acarició las manos de su compañero. Eran tan cálidas...
La intensidad de sus miradas se
vio interrumpida por el ruido de la puerta: alguien estaba
llamando. Mulder rozó la cara de su compañera y la miró con
resignación.
-¡Qué inoportuno¡- dijo
mientras se levantaba del sillón.
Llegó a la puerta y su sorpresa
fue enorme cuando se encontró a Cobarrubias en frente suya.
-¿Puedo pasar?- preguntó.
- Pues...- Mulder miró detrás
suya y observó a Scully -... no es el mejor momento.
Scully miró hacia la entrada y se
levantó al ver que era Cobarrubias.
- No se preocupe por mí. Yo ya me
iba - dijo enfadada por su visita.
Mulder, sorprendido, la dejó
pasar.
- Te veré mañana ¿vale? - dijo
Scully recuperando la compostura.
-¿Seguro que estás bien?
- Sí claro. Tú puedes investigar
con...- señaló despectivamente a Cobarrubias -... ella.
Scully abrió la puerta y la
cerró de un portazo mientras maldecía a Marita con todas sus
fuerzas. Mulder respiró profundamente con resignación y se
dirigió hacia ella.
- Espero que lo que tenga que
decirme sea importante porque si no...
- Es sobre su hermana.
Mulder abrió los ojos con
asombro. Su interés había crecido repentinamente.
-¿Qué sabe de Samantha? ¿Ha
hablado con ella?
- Sé dónde está.
-¿En serio? ¿Cómo lo ha
averiguado?
Ella bajó la cabeza y miró hacia
el suelo.
- Yo... trabajaba para su padre.
Era una amiga suya y he hablado varias veces con su hija.
Mulder se quedó helado. No sabía
que Cobarrubias había trabajado para el fumador.
- Entonces ¿sabe dónde vive?-
preguntó esperanzado.
Cobarrubias sacó un papel de su
bolsillo y se lo entregó a Mulder. Él leyó la dirección que
estaba escrita en él y miró a Marita.
- Gracias.
- Debe impedir que continúen con
todo esto o nos destruirán a todos - dijo Cobarrubias preocupada
-¿Conoce la historia del "Titanic"?
- Sí, claro ¿Quién no la va a
conocer ahora?
- Construyeron ese barco pensando
que nada ni nadie podría hundirlo. Creyeron que eran los reyes
del Universo. Se comportaron de forma arrogante y la Naturaleza
les hizo pagar por ello. Ahora estos hombres se están
comportando de la misma forma y morirán por su arrogancia, pero
antes... matarán a muchas personas inocentes. Usted es nuestra
única esperanza.
Mulder se acercó más a ella.
- Gracias por el cumplido.
Cobarrubias sonrió. Por primera
vez Mulder la veía sonreír.
- Debería sonreír más. Cuando
sonríe está preciosa.
Cobarrubias se sonrojó.
- Bueno... pues... gracias.
Ambos empezaron a reír
alegremente. Cobarrubias miró fijamente a los ojos de Mulder y
se acercó más a él.
- Le admiro. Es usted un hombre
maravilloso.
Mulder acarició su cara y la
besó. Cobarrubias le abrazó más fuerte y él la llevó hasta
su habitación.
APARTAMENTO DEL AGENTE
MULDER.
ALEXANDRIA, VIRGINIA 08:15
a.m.
Mulder se despertó lentamente
cuando oyó el ruido de la puerta. Miró a la mujer que
permanecía dormida a su lado. Era preciosa. Volvió a escuchar
la puerta y miró el reloj: la sorpresa fue enorme al ver que ya
eran las ocho de la mañana. Entonces se imaginó quién estaba
llamando a la puerta.
-¡Cobarrubias¡ ¡Despierta¡
¡¡Es muy tarde¡¡
Ella se removió y abrió los ojos
perezosamente.
- Mulder ¿qué pasa?
- Nos hemos quedado dormidos.
Cobarrubias se levantó
rápidamente de la ropa y empezó a recoger su ropa. Volvieron a
llamar a la puerta. Mulder se levantó, se colocó una bata y se
dirigió a la puerta. Suplicó que no fuera Scully. De nada
sirvió: cuando abrió la puerta se encontró con su compañera
que le miraba sorprendida.
-¿Aún no estás vestido? Se nos
va a hacer tarde - dijo apresurada.
Mulder miró hacia el suelo
buscando alguna excusa en su mente. Decidió decirle la verdad...
aunque sólo a medias.
- Me... he quedado dormido -
respondió finalmente.
Scully le miró interrogante.
-¿Me vas a dejar pasar?-
preguntó señalando el interior de su apartamento.
Mulder tragó saliva y la dejó
pasar.
Scully se dirigió al salón y se
sentó en el sillón.
- Yo te esperaré aq...- intentó
decir Scully.
Se quedó sin habla cuando vio que
Cobarrubias salía del cuarto de Mulder despeinada y con la blusa
desabrochada. Rápidamente se levantó del sillón y miró a
Mulder. Le observaba enfadada y decepcionada.
-¡Vaya Mulder¡ Veo que no
pierdes el tiempo - dijo irritada.
-¡No es lo que tu piensas¡-
Mulder no encontró otra excusa mejor -¡Créeme¡
- Mulder ¡por favor¡ ¡Acaso
piensas que soy estúpida¡- respondió Scully señalando a
Cobarrubias.
- Tengo que irme - dijo Marita
interrumpiendo -. Recuerda Mulder que tú eres el único que
puede impedir todo esto.
Se acercó a él y le dio un beso
en la mejilla. Scully resopló enfadada. Cobarrubias abrió la
puerta y se fue de su apartamento. Mulder sabía lo que le
esperaba: el típico discurso que él había llamado
"evasión-decepción". Scully le miraba directamente a
los ojos dispuesta a atacar. Se acercó a él segura de sí
misma.
- Mulder esto no es asunto
mío...- comenzó Scully.
- Evasión...- pensó Mulder.
-... Pero realmente no me esperaba
esto de ti - concluyó.
-... Decepción - dijo Mulder para
sí mismo - entonces no deberías enfadarte ¿no?
Scully le miró asombrada.
- Vete a la mierda Mulder - dijo
Scully furiosa.
Se dirigió hacia la puerta para
irse de allí pero él se lo impidió.
- Oye, lo siento. Esto no estaba
en mis planes.
- Ya claro. Ayer me consuelas como
un gran amigo, aparece Cobarrubias y todo cambia y al día
siguiente descubro que has la noche con ella ¡Quieres que me
crea lo que estás diciendo¡
- Al menos lo intento - dijo
Mulder irónico.
- Eres muy malo mintiendo.
Mulder miró a su compañera
intentando ser sincero. Tenía que decirle la verdad de una vez.
- No ha significado nada para mí.
Sólo ha sido...
-¿Y a mí qué Mulder?- dijo
despectivamente.
Él se quedó helado ante esa
respuesta. Hizo un gesto con la cabeza y se dio la vuelta.
- Tienes razón. Y a ti que más
te da - murmuró.
-¿Qué has dicho?- preguntó
Scully.
-¡Qué soy un idiota¡- gritó
Mulder.
Ella tragó saliva con dificultad
y le miró. Por mucho que lo intentara nunca le entendería.
- Te esperaré abajo. La reunión
es dentro de poco tiempo y...
- No voy a ir - respondió
contundente.
-¿Qué?- preguntó extrañada.
- Lo que has oído: no pienso ir a
la reunión.
-¡¿Pero qué estás diciendo?¡
- Scully, sé dónde está mi
hermana. Tengo que hablar con ella. Si vamos a esa reunión será
nuestro fin. En cambio, si no aparecemos ante ese consejo nos
quedará algo de tiempo para encontrar la verdad.
- Estás loco. Si no vamos sí que
será nuestro fin.
- Dana, por favor: ven conmigo -
Scully movió la cabeza -. Te necesito.
-¿Ah, si?- preguntó con
irritación.
Él la cogió la mano y respiró
profundamente.
- Sí. Siempre te necesito -
contestó con seguridad.
Ella se mordió el labio inferior
y suspiró.
- Nunca puedo decirte que no
¿verdad?
- Supongo que porque sabes que no
te estoy mintiendo.
Scully sonrió todavía enfadada y
se atusó el pelo.
- Ve a vestirte. Te espero aquí.
Mulder entró en su habitación y
se vistió lo más rápido posible. Después se metió en el
baño y se arregló apresuradamente. Cogió la dirección que
tenía en la mesita de su habitación y fue en busca de Scully.
- Oye Dana, he cometido un error
pero...
- No quiero escuchar ni una
palabra más Mulder. Vámonos.
Mulder decidió desistir y
salieron de su casa. A pesar de todo seguía estando contento.
Iba a ver a su hermana. Iba a hablar con Samantha.
CALLE EAST RIVER NUMERO 56
STATE ISLAND, NUEVA YORK
04:30 p.m.
Después de varias horas de coche
y 20 minutos de barco tanto Mulder como Scully estaban
terriblemente cansados. Hacía calor y el riguroso traje que
exigía la vestimenta del FBI empezaba a ser insoportable. Cuando
llegaron a State Island empezaron a buscar la dirección
desesperadamente pero no fue fácil encontrarla.
- Mulder, ¿estás seguro de que
es por aquí?- preguntó Scully con curiosidad.
- Sí, tiene que estar cerca...-
Mulder volvió a mirar el papel -. State Island es pequeña. No
sé cómo es posible que no encontremos una calle.
La cara de Scully cambió
totalmente cuando leyó un letrero de color azul.
-¿Mulder?- dijo señalando el
letrero.
Él lo vio y leyó "Calle
East River". Miró a Scully sonriente y triunfante.
- Te dije que era por aquí.
Mulder torció a la derecha y
bajó la calle hasta el número 56. Paró el coche lentamente,
tragó saliva y se desabrochó el cinturón de seguridad.
-¿Estás preparado?- preguntó
Scully.
- Supongo que sí.
Ambos salieron del coche y se
dirigieron a la entrada. Mulder llamó al timbre de la puerta y
al cabo de unos segundos salió un niño sonriente del jardín.
Se acercó a la puerta y preguntó con total sinceridad.
-¿Qué quieren?- preguntó
alegre.
Mulder se agachó hasta ponerse a
la altura del chico.
-¿Vive aquí Samantha Mulder?
El niño dudó un momento.
-¿Por qué lo pregunta?
- Nos gustaría hablar con ella.
Somos amigos suyos ¿Podría salir un momento?- dijo Scully con
dulzura.
-¿Quién es Sean?- preguntó una
voz femenina.
-¡Unos señores preguntan por ti
mamá¡
Los ojos de Mulder se abrieron
exageradamente y observó tiernamente al niño. Era muy posible
que fuera su sobrino. Samantha se acercó a su hijo y miró
sorprendida a Mulder y a Scully.
-¿Qué hacéis aquí?- preguntó
lo más tranquila posible.
- Tengo que hablar contigo Sam -
ella le miró desconfiada -. Por favor.
Samantha respiró profundamente y
se dirigió a su hijo.
- Sean, por favor, entra en casa.
Yo volveré ahora mismo.
- Pero ¿quién es él?- dijo
señalando a Mulder.
- Es... un pariente lejano.
Hablaré con él un momento y después seguiremos jugando.
El chico asintió con la cabeza y
entró en la casa. Samantha abrió la verja y salió del jardín.
- No sabía que era tío - dijo
ilusionado.
- Hay muchas cosas que no sabes -
respondió preocupada.
- Ya lo veo.
-¿Cómo estás Fox?
- Bien aunque ahora que te veo me
encuentro mucho mejor.
Ella sonrió y se cruzó de
brazos.
-¿Quién os ha dado esta
dirección?
- Eso no importa. Sam, sé lo que
le pasó a tu padre.
Ella le miró indignada.
- Nuestro padre.
Él suspiró profundamente.
- Como quieras. La cuestión es
que...
- Fox, papá está vivo.
Tanto Scully como Mulder se
quedaron helados y cruzaron sus miradas.
-¿Qué quieres decir?
- Simuló su muerte para que no le
persiguieran. Arriesgó su vida para protegernos.
- Sam, estás muy equivocada.
Tienes una imagen suya muy distinta de la verdadera. Provocó un
cáncer en Scully simplemente para hacerme daño y destruirme -
dijo señalando a su compañera.
-¡Eso no es verdad¡ ¡Si lo hizo
fue porque le obligaron¡
-¿Quienes?- preguntó Dana.
- No lo sé. Nunca me ha dicho sus
nombres pero le he oído hablar sobre ellos. Ahora está
trabajando en un proyecto muy secreto. Creo que su vida corre
peligro.
-¿Dónde está?- preguntó Mulder
alterado.
- En una base. Allí hacen
experimentos y pruebas. Tienen a varias personas presas y...
Mulder miró a Scully y supo que
estaba pensando lo mismo que él.
- Seguro que allí tienen los
clones. Deben borrar las pruebas en esa zona - Mulder agarró a
su hermana por los hombros -. Tienes que decirme exactamente
dónde está esa base.
- Pero...
- Samantha es muy importante -
dijo Scully con seriedad.
Ella se llevó las manos a la
cabeza y observó la cara de su hermano.
- Está en las afueras de Nueva
York, cerca de Queens. No puedo decir nada más.
Mulder se acercó a ella y la
sonrió. Ella le devolvió la sonrisa y se abrazaron.
- Sabes que te quiero ¿verdad
hermanito?
- Claro que lo sé Sam.
La dio un beso en la frente y se
dio media vuelta.
-¡Espera¡
Mulder y Scully se pararon y
miraron a Sam.
-¡Iré con vosotros¡
Mulder se acercó rápidamente a
su hermana.
- Ni hablar - dijo
autoritariamente.
- Fox, tengo que ir. Quiero ver a
mi padre.
Esas palabras fueron como un
puñal que se clavaron en su corazón.
- Puede ser... peligroso.
- No me importa. Quiero ir.
Scully resopló y acarició su
cuello. Las cosas empezaban a complicarse demasiado.
- Está bien. Puedes venir.
Samantha sonrió ampliamente y se
dirigió a su casa.
-¡Sólo será un momento¡-
gritó desde la entrada.
Scully se acercó a su compañero
y tragó saliva.
- No es que me quiera meter en
esto pero...¿estás seguro de que debe venir?
- Scully es mi hermana. Es tan
cabezota como yo. Sé perfectamente que no va a cambiar de
opinión. Así que...
Samantha salió de la casa con
unos vaqueros negros y unas deportivas.
- He supuesto que no vamos a ir de
visita, por eso...
-"Mujer precavida vale por
dos"- dijo Mulder en tono irónico.
- Eso espero - respondió Scully
mientras se metía en el coche.
Después de haber ido a sus
respectivas casas para cambiarse de ropa Mulder, Scully y
Samantha se dirigieron a la base secreta de Nueva York. Después
de varias horas de búsqueda consiguieron dar con ella.
Antiguamente había sido un almacén de misiles nucleares. Ahora
nadie podía imaginarse lo que estaban haciendo allí. Con la
ayuda de los Pistoleros Solitarios consiguieron tarjetas de
acceso hasta la planta 4. Llegaron a la entrada y pasaron por los
mecanismos de acceso: luz verde. Sospecharon un poco del aspecto
de Samantha pero finalmente la dejaron pasar. Ahora que estaban
dentro sólo tenían que buscar. Pero no podían ni imaginarse lo
que iban a encontrarse allí.
Se dirigieron a un ascensor y
pulsaron la planta 5.
- Mulder, no tenemos acceso a esa
planta.
-¿En serio?- contestó
irónicamente.
Subieron hasta esa planta y
salieron del ascensor. Todo estaba en completo silencio.
-¿Por dónde vamos?- preguntó
Mulder.
- Por aquí - contestó Scully
señalando un pasillo.
Los tres andaron con sigilo
buscando alguna puerta. Finalmente, al final del pasillo
encontraron una. Mulder leyó en la puerta "Sólo personas
autorizadas"
- Tenemos un problema - murmuró.
-¿Qué ocurre Fox?- preguntó
Sam.
- Nuestras tarjetas no tienen
acceso a esta planta. No podemos pasar a esta sección.
- Nosotros no pero esos
científicos de allí sí - dijo Scully señalando a dos hombres
con bata blanca.
- Astuta. Muy astuta - la
contestó.
Los tres esperaron a que los
hombres pasaran al lado suyo y abrieran las puertas con sus
tarjetas. Inmediatamente después de ellos los tres pasaron y
entraron en la zona secreta.
Scully se acercó a una de las
puertas y decidió abrirla. Mulder y Samantha la siguieron.
Cuando entraron se encontraron con un gran laboratorio de varias
plantas. Contemplaron con horror cómo tenían atados con cuerdas
de cuero a varias personas y las inyectaban sustancias
desconocidas.
Los tres se agacharon y andaron en
cunclillas hasta poder ver mejor.
- Scully ¿Sabes que les están
haciendo?
- No... no lo sé Mulder, pero
estoy segura de que esto no está legalizado.
- Dios mío ¡Son seres humanos¡
¡Cómo pueden hacerles eso¡
- Yo...
Scully no terminó su frase al ver
que uno de los científicos rasgaba la piel de un hombre con un
bisturí. El hombre no sangró: de su herida emanó un líquido
verde viscoso.
- No son humanos. Son clones -
dijo Mulder aterrado.
- Debemos irnos de aquí. Si nos
descubren...
- Entremos en esa puerta -
señaló Mulder.
Los tres asintieron con la cabeza
y se acercaron a ella, la abrieron y se introdujeron en otra
habitación. También tenía varias plantas. Desde las escaleras
se podía contemplar la planta baja. Allí estaban realizando
otro tipo de experimentos. Una mujer permanecía tumbada en una
camilla. Estaba dormida. Varios médicos la colocaron dentro de
una especie de escáner y empezaron a activar secciones del
aparato.
-¿Qué la están haciendo?-
preguntó Mulder asustado.
- No lo...
De repente Scully notó un intenso
dolor en la cabeza y en el cuello.
-¡Aahh¡- gritó Scully
llevándose las manos a la cabeza.
-¡Scully, que te ocurre¡- dijo
Mulder
-¡Mi cabeza¡
-¡Fox, debe ser eso¡ ¡Algo la
pasa por culpa de ese aparato¡- dijo Samantha señalando la
máquina.
- Hay que sacarla de aquí ¡Vamos
Scully¡- dijo Mulder intentando levantar a su compañera.
-¡Me duele¡
- Te voy a sacar de aquí pero
tienes que ayudarme ¿vale?
Ambos la ayudaron a levantarse y
la sacaron de allí lo antes posible. A medida que se alejaban de
esa habitación el dolor de Scully iba remitiendo.
- Sí, ya no me duele - respondió
nerviosa -¿Qué ha pasado?
- Esa máquina ha estado a punto
de matarte. Seguro que esa mujer también fue secuestrada. Están
intentando borrar las pruebas.
-¿De qué estáis hablando?- dijo
Samantha confusa.
De pronto una alarma sonó en toda
la sala y en toda la base: les habían descubierto.
-¡Tenemos que salir de aquí
ya¡- gritó Mulder.
Los tres empezaron a correr en
busca de una salida, intentando recordar las puertas que habían
cruzado. Una oleada de disparos se abalanzó sobre ellos mientras
corrían para escapar. Entraron en una puerta y esperaron detrás
de ella, agarrando fuertemente sus pistolas. Escucharon detrás
de la puerta una voz muy conocida: el fumador.
-¡Pa...¡- dijo Samantha.
Mulder la tapó la boca con la
mano. No podían arriesgarse.
-¡Ssschhh¡
-¿Dónde están?- preguntó el
fumador impaciente.
- Les estamos buscando por toda la
base, señor - respondió un soldado -¿Qué quiere que hagamos?
- Maten a los agentes Mulder y
Scully. La otra mujer la quiero viva.
-¡No papá¡- murmuró
decepcionada Samantha.
- Van a ir a por nosotros. Tenemos
que salir de aquí lo más rápido posible.
Los tres se dirigieron
sigilosamente al ascensor más cercano. Mulder pasó su tarjeta
por el lector: luz roja.
-¡Mierda¡- maldijo Mulder.
-¡Inténtalo con otra¡
Mulder cogió otra tarjeta y lo
probó de nuevo. Nada. Lo intentó una y otra vez mientras su
hermana miraba por el extremo del pasillo y Scully por el otro.
De repente Scully observó que un soldado preparaba su pistola
para disparar a Mulder. Se dirigió corriendo hacia él. Estaba
de espaldas y no le daría tiempo a reaccionar.
-¡¡Mulder al suelo¡¡- gritó
Scully.
Mulder miró detrás suya y
observó cómo Scully se dirigía hacia él rápidamente. De
pronto un disparo rompió el silencio y Scully frenó en seco.
Mulder se cubrió las manos con la cabeza para protegerse pero el
disparo no llegó a él. Contempló aterrado cómo Dana empezaba
a tambalearse de un lado a otro.
- Mul...der...- susurró con
dificultad.
Observó cómo cayó desplomada al
suelo.
-¡¡¡NOOOOO¡¡¡- gritó Mulder
furioso.
El soldado se dispuso a disparar
otra vez pero recibió un disparo en el pecho que se lo impidió:
Samantha le había disparado. Mulder se dirigió velozmente hacia
Scully. La agarró entre sus brazos intentando animarla. Notó
sus manos mojadas: al verlas vio que estaban manchadas de sangre.
-¡Dana por favor¡ ¡No te
mueras¡- dijo Mulder desesperado.
Repentinamente Scully abrió los
ojos y contempló a su compañero.
- Mulder...
Él alzó la vista y la miró.
-¡Aún estás viva¡- dijo
esperanzado.
- Hay que hacerla un torniquete -
aseguró Samantha.
Mulder rasgó su camisa y la ató
fuertemente a la cintura de su compañera.
- Te ha dado en un lado - Mulder
respiró profundamente -¿Por qué lo has hecho?
- Te iba a matar... No podía
permitirlo...Yo...
- No debes hablar ahora - la
aconsejó Sam.
- Sabes que me importas ¿verdad?
Mulder notó cómo un nudo se
formaba en su garganta.
- Claro que lo sé. Tú también
me importas mucho Dana.
- Lo sé - dijo sonriente
acariciando la mejilla de Mulder.
De pronto sus ojos se cerraron.
-¿Dana?- preguntó asustado.
Samantha buscó el pulso de Scully
rápidamente.
- Aún está viva. Sólo ha
perdido el conocimiento pero hay que sacarla de aquí. La herida
es grave.
Mulder cogió a Scully y la llevó
en brazos hasta el ascensor. Samantha pasó de nuevo la tarjeta e
inesperadamente las puertas se abrieron. Ambos pasaron y dieron a
la planta baja. Sam sujetaba firmemente la pistola que le había
dado su hermano.
- Mi padre...¿Cómo ha sido
capaz?
Llegaron a la puerta baja y
miraron a los lados: no había nadie.
- Pensarán que no hemos bajado
porque creen que han conseguido anular nuestras tarjetas.
Llegaron a la salida y corrieron
hacia la explanada dónde habían dejado el coche. Otra oleada de
disparos se abalanzó sobre ellos pero no resultaron heridos.
Llegaron al coche, metieron a Scully con suavidad en la parte
trasera y arrancaron. Mulder conducía mientras que Samantha
atendía a Scully.
-¿Dónde has aprendido todo
esto?- preguntó Mulder.
- Soy médico. Me licencié en
medicina hace cuatro años.
-¿Cómo está?- dijo Mulder
preocupado.
- Pierde mucha sangre pero... creo
que se pondrá bien.
Las palabras de Samantha fueron un
alivio para Mulder. Ahora lo que más le importaba era llevarla a
un hospital lo antes posible
HOSPITAL MONTE SINAÍ.
NUEVA YORK 08:30 a.m.
Mulder permaneció al lado de
Scully toda la noche. Velaba por ella. No podía permitirse el
lujo de perderla. La quería demasiado. Cuando se estaba quedando
dormido escuchó un murmullo que le espabiló.
-¿Scully?
Dana abrió lentamente los ojos y
miró a Mulder, que la observaba sonriente.
-¿Qué tal estás?
- Bien...¿Cómo he llegado aquí?
- Samantha y yo te trajimos hasta
aquí. Conseguimos escapar - dijo más contento.
- Me duele la cabeza.
- Es normal. Después de lo que
has pasado...
-¿Y tú hermana?- preguntó
intrigada.
- Después de estar un rato aquí
la convencí para que se fuera a un hotel. Ha llamado hace muy
poco. Ha dicho que venía para acá.
- Me alegro.
- Podías haber muerto - dijo
seriamente.
- Tal vez pero no podía quedarme
de brazos cruzados. No tenía tiempo para apuntarle y dispararle
y sabía que no iba a fallar así que...
- Gracias - dijo Mulder
cogiéndola la mano.
- Supongo que tú hubieras hecho
lo mismo por mí ¿no?
- Y mucho más.
Dana empezó a toser violentamente
y Mulder se preocupó.
- Todavía estás grave. Debes
guardar reposo.
- Lo sé pero si estás a mi lado
no me importa.
Ambos sonrieron y sin pensarlo
Mulder se acercó y la besó. Scully le miró sorprendida y
confusa. Mulder acarició su cara y la volvió a besar una y otra
vez. Mulder la miró por un momento y se acercó de nuevo a ella.
-¿Estás seguro de lo que estás
haciendo?- preguntó murmurando.
Mulder permaneció a dos
milímetros escasos de su boca. Ella respiraba profundamente y
con nerviosismo. Finalmente se alejó de ella y resopló.
- No. Supongo que no.
La puerta de la habitación de
Dana se abrió y apareció su hermana Margaret y su hermano Bill.
-¡Hija¡- gritó su madre.
- Hola mamá - respondió cansada.
- Bueno, creo que debo irme - dijo
dándole un beso en la mejilla -. Mejórate por favor.
- Lo haré.
Mulder soltó la mano de Scully y
se dirigió a la puerta.
- Te visitaré esta tarde.
- Aquí te esperaré - contestó
irónicamente.
Mulder sonrió y salió de la
habitación. Ahora se merecía un descanso.
Llegó al hotel de su hermana. La
había llamado para que se esperara a que llegara él para que
después ella visitara a Scully. Una vez que llegó al hotel se
dirigió a la habitación de su hermana, la número 21, y llamó
a la puerta.
-¡Samantha, soy yo¡- dijo en voz
bastante alta.
Sam abrió la puerta y miró a su
hermano seria.
-¿Qué pasa?- preguntó.
- Cobarrubias quiere hablar
contigo. Está aquí.
Mulder entró en la habitación y
se encontró con ella.
-¡Cuánto tiempo¡- dijo
sarcásticamente.
- Fox, yo me voy al hospital a ver
a Scully ¿vale?
- Sí, claro. Toma las llaves y
ten cuidado.
Samantha atrapó las llaves al
vuelo y salió de la habitación. Mulder se acercó a Cobarrubias
y se cruzó de brazos.
-¿Qué quieres?
- Hay algo que no te he dicho y
que ahora debes saber.
Mulder al miró intrigado.
-¿Qué es?
- El fumador no es vuestro padre.
Él abrió los ojos en señal de
asombro y se llevó las manos a la cabeza.
-¿Por qué no me lo has dicho
antes?
-¡Porque no podía¡ Corría un
riesgo muy grande pero ahora... supuse que debías saberlo. Tu
hermana... la lavaron el cerebro y borraron todos sus recuerdos y
la engañaron. Él la engañó.
- Sabes dónde está ¿verdad?-
preguntó con severidad.
- Sí - le entregó una dirección
a Mulder -. Ahora puedes vengarte por todo lo que os ha hecho.
-¿Por qué haces todo esto
Marita?
- No lo sé. Quizás porque no me
gusta verte sufrir.
Cobarrubias se dirigió a la
puerta y salió de la habitación. Mulder se quedó de pie,
pensando en lo que iba a hacer ahora.
El fumador estaba sentado en su
sillón y viendo un programa de televisión. Estaba cansado y se
echaba la culpa por no haber atrapado a Mulder y a Scully. Abrió
un paquete de cigarrillos, cogió uno, lo encendió y empezó a
fumarlo tranquilamente. Escuchó un ruido detrás suya y se
alarmó. Fue a coger su arma pero alguien le apuntó por la
espalda.
- Ni se le pase por al cabeza.
Margaret permanecía al lado de su
hija mientras que Bill se había dirigido a la cafetería para
comer algo. Scully respiraba con dificultad pero no le alarmó
debido a su estado. Dana se encontraba cansada, demasiado... De
pronto empezó a toser con violencia...
-¿Qué quiere de mí?- preguntó
el fumador.
- Su vida. Ahora va a pagar por
todo lo que ha hecho - dijo Mulder apuntándole.
-¿Dana, qué te pasa?- preguntó
asustada.
Scully seguía tosiendo sin parar,
sin poder respirar. Bill entró en la habitación y observó
impotente la situación.
-¡¡Llama a un médico¡¡
-¿Cree que matándome va a
conseguir algo?
- Claro que sí. Por fin mi padre
descansará en paz. Mi verdadero padre.
El doctor apareció rápidamente
con Bill. Scully intentaba respirar pero cada vez era más
difícil. Sintió, de pronto, una punzada terrible en el pecho.
-¡Paro cardíaco¡- gritó el
doctor.
Mulder apuntó hacia la cabeza del
fumador y quitó el seguro de su pistola.
- Podemos hablar y llegar a un
acuerdo - dijo el fumador nervioso.
- Esta vez no - respondió Mulder
tajante.
Margaret y Bill fueron obligados a
abandonar la habitación mientras los médicos rodeaban a Scully.
-¡Necesito una ampolla de
epinefrina¡
Y de repente un disparo sonó en
la habitación.
Y de pronto Scully no sintió ni
vio nada.
Mulder se dirigió con seguridad a
la habitación de Scully. Tenía que decirle que la pesadilla
había terminado, que había acabado con el fumador. Ahora que
empezaba a ver todo más claro se encontraba muy seguro de sí
mismo. Sabía que estaba cerca de conocer la verdad y que pronto
Dana conocería realmente lo que le ocurrió. Se moría de ganas
por ver a Scully y contarle todo lo sucedido. Ahora él quería
cambiar su relación con ella. Desde hacía tiempo sólo se
habían dicho verdades a medias y ya era hora de decirse
realmente lo que pensaban el uno del otro. Veía todo tan
claro...
A medida que se acercaba a la
habitación de su amiga notó una sensación extraña, como de
vacío pero no le dio importancia. Cuando llegó a la puerta de
su habitación se encontró con Margaret y Bill, apesadumbrados,
y el doctor, que estaba hablando con ellos.
- Hola, he venido a ver a...
-¡¡¡Tú¡¡¡- dijo Bill
señalándole -¡¡¡Has sido tú¡¡¡
Mulder le miró confuso.
-¿De qué está hablando?
-¡¡¡Tú eres el culpable¡¡¡
¡¡¡Tú la has matado¡¡¡
-¡¡¿¿QUÉ??¡¡- dijo Mulder
aterrado.
Bill intentó abalanzarse sobre
él pero se lo impidieron el doctor y su madre.
-¡¡Bill, tienes que
tranquilizarte, por favor¡¡- dijo su madre intentando calmarle.
-¿Por qué se mantuvo a tu lado?
¿Por qué te siguió fielmente?- gritó Bill furioso.
- Vamos Bill, vamos... - dijo
Margaret con dificultad.
Bill abrazó a su madre y rompió
a llorar. Ambos se alejaron y fueron acompañados por varias
enfermeras. Mulder permanecía helado, incrédulo ante esas
palabras. El doctor se acercó a él y apoyó una mano en su
hombro.
- Ha fallecido hace apenas una
hora. Lo siento.
-¡No¡- dijo Mulder murmurando
-¡No es posible¡
- Hicimos todo lo posible.
Créame, pero había perdido mucha sangre y el cáncer...
-¿Qué cáncer? ¿Qué está
diciendo?- preguntó alterado.
- En las pruebas posteriores hemos
averiguado que padecía leucemia, cáncer en la sangre. Había
perdido muchos glóbulos rojos y como no podía sintetizar
células en buen estado, no recibía oxígeno correctamente y...
sufrió un paro cardíaco. Nunca había visto un cáncer tan
agresivo ni tan rápido. Ha sido fulminante.
-¿El cáncer le provocó la
muerte?
- No debe culparse de...
-¡¿Hubiera sobrevivido si no
hubiera tenido cáncer?¡- preguntó finalmente.
El doctor miró a Mulder
dubitativo y después suspiró profundamente.
- Sí - contestó con tristeza.
Mulder se llevó las manos a la
cabeza e intentó respirar con normalidad. Recordó que Scully
empezó a gritar diciendo que le dolía la cabeza cuando estaban
en la base. Ahora sabía que la máquina no mataba a las mujeres
sino que desactivaba el chip que llevaban
en su cuello. Él condujo a Scully
hasta esa base para encontrar la verdad y lo único que hizo fue
firmar su sentencia de muerte. Él era el culpable. Se apoyó en
la pared y el doctor se acercó a él preocupado.
-¿Quiere que le traiga...?
Mulder hizo un gesto con la cabeza
y el doctor le entendió: quería estar solo. Se dio media vuelta
y se fue. Mulder alzó la vista y miró la puerta de la
habitación de Scully. Andó lentamente hacia ella y finalmente
entró. Observó la cama vacía y las ventanas cerradas. Se
acercó a la cama y se sentó en la silla que había al lado.
Acarició dulcemente las sábanas hasta llegar a la almohada.
Sentía su presencia, incluso era capaz de olerla.
- Me dijiste que me esperarías
aquí. Me... has mentido ¿Por qué me has mentido Dana? ¿Por
qué?...
Mulder abrazó con fuerza la
almohada y rompió a llorar.
-¡¡Dijiste que me
esperarías...¡¡ ¡¿Por qué?¡- dijo Mulder entre sollozos
-¡¿Por qué no he muerto yo?¡ ¡¡Yo soy el culpable¡¡
¡¡Lo soy...¡¡
Ahora estaba solo. A pesar de
haber ganado por esta vez estaba terriblemente solo...
CEMENTERIO DE MARYLAND.
ANNAPOLIS, MARYLAND (dos
días después) 10:30 a.m.
Mulder se secó las lágrimas
mientras aguantaba la rabia y el dolor que sentía. Su hermana le
miraba con dulzura, intentando entender cómo se debía sentir.
Mulder había pedido la palabra
para hablar en el funeral de Dana. Aunque ya no estaba tenía que
decirle de algún modo cuánto lo sentía. Se acercó y subió a
la tarima. No llevaba ningún papel ni guión: lo que iba a decir
venía directamente del corazón. Respiró profundamente y
observó a los presentes. Margaret hizo y gesto con la cabeza y
sonrió amargamente. Entonces, comenzó su pequeño réquiem.
- Dana murió sin que yo estuviera
a su lado, sin que ella supiera toda la verdad. Se fue sin
despedirse. Murió por mi culpa, simplemente porque siguió a mi
lado y eso es algo que nunca olvidaré. Ahora lo estoy pagando y
siento que una parte de mi se ha desvanecido. Sueño con que esto
es una pesadilla y que me despertaré pero sé que sólo saldré
de ella cuando mis días acaben. Entonces me reuniré con ella y
podré decirle cuánto lo siento. Pero, hasta que ocurra eso yo
seguiré solo y tendré que continuar el camino para encontrar la
verdad. La verdad que Dana deseaba conocer a mi lado y que no
pudo lograr. Pero esto se lo debo a ella. Todo se lo debo a ella
y tengo que devolvérselo de algún modo. A pesar de ser un
camino peligroso ella permaneció ahí y nunca se rindió. Ahora
que ella ha muerto siento que no merece la pena conseguir la
verdad a cambio de un precio tan alto pero si ella estuviera
aquí estoy seguro de que querría que continuara en honor suyo -
Mulder hizo una pausa para sacar fuerzas de flaqueza - Murió sin
saber cuánto me importaba, cuánto significaba para mi su apoyo
pero no descansaré hasta que ella lo sepa. La siento dentro mí
y sé que cuando me reúna con ella por fin podré descansar, por
fin sabrá cuánto la quiero - Mulder miró al cielo y una
lágrima se deslizó por su mejilla - Descansa en paz.
Todas las personas presentes
habían escuchado con atención su pequeño discurso y el
silencio se rompió con aplausos en señal de apoyo. Mulder bajó
de la pequeña tarima y Margaret
se acercó a él con una amarga
sonrisa.
- Créeme Mulder. Lo sabe.
- ¿Por qué lo cree así?
Margaret hizo una pausa y soltó
una carcajada.
- Porque soy su madre, Mulder. Sé
lo que significabas para ella. Podía leerlo en sus ojos.
Samantha se acercó a él y le
agarró del brazo. Mulder miró a la señora Scully y la abrazó.
- Espero que me visites - dijo
Margaret.
- Lo haré, no se preocupe.
Mulder miró una última vez a esa
mujer y se dio la vuelta mientras abrazaba fuertemente a su
hermana.
- Algún día tu dolor
desaparecerá Fox.
Mulder la respondió con una
sonrisa y miró al cielo. De pronto sintió un calor especial en
su corazón, como si alguien le estuviera dando fuerzas.
- Algún día - dijo llevándose
la mano al pecho.
FIN
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