Con tristeza en la alegría II.

Disclaimer: Los personajes de Fox Mulder y Dana Scully (vale, vale, también relativos) no me pertenecen. Son de la Twenty Century Fox y concretamente de Chris Carter. Pero ¡que conste que él me robó la idea!

Nota: Esta novela fue escrita hace más o menos un año, concretamente fue terminada el 28 de marzo de 1998, así que es posible que notéis quizás un estilo menos desarrollado en comparación con "Las alas desgarradas del ángel", que es posterior (si la habéis leído, claro). Está inspirada en la reacción que tuve al ver Redux y al enterarme de la "hija" de Scully, Emily (esa pequeña de ojos azules que tanto adoramos) pero SOLAMENTE INSPIRADA.

Spoilers: ReduxI, ReduxII, Emily, Never Again.

Tipo: XF (Investigación de un Expediente-X), MSR (Romance entre Mulder y Scully)


CON TRISTEZA EN LA ALEGRÍA II

BOSQUE DEL LAGO TAHOE.

LAGO TAHOE, CERCA DE NEVADA 09:00 p.m.

Habían estado corriendo durante horas para escapar del ejército. Scully seguía corriendo sin parar pero las piernas le dolían y notaba cómo su garganta ardía debido al aire frío. Tropezó con una rama y cayó al suelo.

-¡¡Scully¡¡- dijo Mulder asustado.

La ayudó a levantarse. Tenía sólo unos cuantos arañazos en la cara y su camisa se había rasgado.

-¿Estás bien Dana?- preguntó.

- Sí, no te preocupes.

- Debemos descansar. Es de noche y ya no podemos andar más. Además, creo que los hemos perdido definitivamente.

- Pienso exactamente igual que tú. Estamos muy cansados y debemos dormir un poco.

Mulder y Scully anduvieron un poco más para encontrar un lugar seguro para descansar.

Finalmente encontraron una pequeña cueva donde podían resguardarse del frío. Scully

se sentó en el suelo mientras que Mulder intentó hacer un fuego.

- Creo que no deberías hacerlo.

-¿Por qué? La noche es fría y...

- Podrían descubrirnos.

Mulder se detuvo un momento y miró a Scully.

- Tienes toda la razón. No sé cómo no he pensado en ello.

Mulder se sentó al lado de Scully. Notó que ella tiritaba de frío.

- Estás helada. Toma mi chaqueta. Si no te cubres con algo caerás enferma.

Mulder rodeó a Scully con su chaqueta. Ella se la colocó y Mulder pudo apreciar su tatuaje a la luz de la Luna.

- Graci...

- Pensaba que ya no lo llevabas.

-¿El qué?- preguntó Scully.

Mulder señaló su cadera. Ella se miró y se gestó cambió.

- Ah, eso. Bueno me dijeron que se quedaría una marca y que sería doloroso; resumiendo: que no merecía la pena. Así que decidí dejármelo.

- Nunca lo he visto de cerca ¿Puedo...?

Scully sonrió y asintió con la cabeza. Se levantó un poco la camisa y se colocó de espaldas. Mulder se acercó a ella y lo observó atentamente.

- Es muy bonito. Una serpiente ¿no?

- Sí.

Mulder apoyó una mano en la espalda de su compañera para verlo mejor y un escalofrío recorrió el cuerpo de Scully.

- Tienes las manos heladas - dijo Scully riéndose.

Mulder se dio cuenta de lo que había hecho y retiró su mano.

- Perdona, no quería...

- No importa.

- Te parecerá que me meto en donde no me llaman pero todavía no entiendo por qué te comportaste de esa forma.

Scully se bajó la camisa y se colocó de frente.

- Bueno, fue como una fase, una breve etapa. Nada más.

- Siempre me he preguntado si realmente te acostaste con él.

Scully miró a su compañero sorprendida.

- Tienes razón: te estás metiendo donde no te llaman.

Ambos sonrieron descaradamente.

- Perdona, pero es algo que tenía que preguntarte.

-¿Y quieres que te responda?

- Si es posible...

Scully pensó que era el momento adecuado para pedirle algo a Mulder. Algo personal.

- Con una condición.

-¿Cual?- preguntó Mulder intrigado.

- Cuando volví al trabajo y tuvimos una discusión te dije que era mi vida y que no te importaba. Entonces tu dijiste que era...

-¿Que era qué?

Scully le miró triunfante.

- Eso es lo que quiero que me digas. Nunca terminaste con la frase. Te limitaste simplemente a bajar la cabeza y callar. Si tú me dices lo que ibas a decirme en ese momento yo te responderé.

Mulder miró a Scully avergonzado. Estaba entre la espada y la pared. En realidad él se lo había buscado. Él había empezado el juego y ella decidió continuar. Ahora decidía si también quería seguir él.

- Bueno, lo que quise decirte es que...

Scully esperaba impaciente la respuesta. Había esperado este momento desde hace mucho tiempo.

- Que también era asunto mío.

-¿Por qué piensas eso?

- Bueno, era un caso y al involucrarte sentimentalmente en él nos incumbía a los dos porque influía en el caso...

- Ya, claro - dijo Scully para sí misma.

-¿Vas a responder ahora a mi pregunta?- preguntó Mulder.

- Si claro: si tú mientes, yo miento - pensó Scully -. Está bien. Sí, me acosté con él y después seguí viéndole.

Mulder abrió los ojos como platos.

-¿En serio?- preguntó sorprendido.

- Sí. Después de que él estuviera un tiempo en el psiquiátrico logró rehacer su vida... y eso me incluía a mí.

- Vaya, no pensaba que lo vuestro era tan...

-¿Y qué te crees? ¿Acaso piensas que me acuesto con un hombre cada noche? ¿Qué opinión tienes de mí?

-¡No, no¡ ¡No quería decir eso¡ Simplemente no me lo esperaba.

- Mulder, respóndeme ahora a esto: ¿Por qué estamos hablando de estas cosas si nunca lo hemos hecho antes?

Su compañero se quedó quieto, inmóvil, como una estatua. La verdad es que tenía toda la razón. Nunca hablaban de esos temas y sin embargo desde la noche anterior no habían hablado de otra cosa que de sus relaciones sentimentales ¿Por qué? No podía responder a esa pregunta. Lo habían hecho y ya está. Pero ahora Mulder se preguntaba si realmente había un motivo, si realmente su relación estaba cambiando.

Su pensamiento se vio interrumpido por un ruido del interior del bosque.

Scully miró a los ojos de Mulder y sacaron sus pistolas al unísono. Empezaron a echar un rápido vistazo por los alrededores. Nada. Ambos se levantaron lentamente sin dejar de mirar de un lado a otro. Mulder miró detrás de Scully y pudo apreciar el brillo de unos ojos fríos, sedientos de sangre. Observó el color negro de su piel y sus colmillos afilados listos para atacar.

-¡Scully, cuidado¡- gritó Mulder.

Scully se dio la vuelta rápidamente y pudo observar cómo un lobo estaba dispuesto a atacarla. Su mirada la dejó helada. El lobo saltó abalanzándose sobre ella y un disparo rompió el silencio. Scully contempló asustada el cuerpo del lobo a sus pies: estaba muerto. Mulder había logrado ser más rápido y consiguió dispararle antes de que mordiera a su compañera.

-¿Estás bien? ¿Te ha mordido?- preguntó todavía inseguro.

- No... gracias a ti. Si me hubiera atacado no sé si hubiera salido con vida.

- Este lugar está lleno de sorpresas. Tendremos que hacer turnos. Quién sabe si hay una manada de lobos cerca de aquí.

-¿Quién va a hacer el primer turno?

- Yo. Debes descansar. Ha sido un día muy duro para ti.

Mulder y Scully volvieron a sentarse en el suelo y se tranquilizaron. A pesar de la chaqueta Scully todavía sentía escalofríos aunque podían ser debidos al ataque del lobo.

- Acércate más. Así no tendrás tanto frío.

Scully se acercó lentamente hacia él hasta que notó su cuerpo. Lentamente notó como el frío desaparecía.

- Mulder, ¿crees realmente que Melissa era...?- preguntó Scully preocupada.

- Lo que piense yo no importa ¿Qué crees tú Scully? ¿Empiezas a dudar de todo?

Ella respiró profundamente. Había llegado el momento de enfrentarse a sus miedos.

- Algo me hicieron Mulder. Algo terrible. Ya no sé qué creer. Melissa parecía tan segura de lo que decía que me ha hecho pensar más en lo ocurrido.

- Se parecía a ti.

- Lo sé.

Mulder apreció un brillo especial en sus ojos: el brillo que sólo tiene una madre cuando recuerda a su hija. Acarició la cabeza de Scully y ésta se apoyo en su pecho. Intentó apoyarla, decirla cuanto sentía todo esto pero un lágrima descendió por la mejilla de su amiga y decidió callar. Por mucho que lo intentara nunca sabría exactamente lo que había sentido Scully por Melissa.

 

BOSQUE DEL LAGO TAHOE.

LAGO TAHOE, CERCA DE NEVADA 09:45 p.m.

Scully abrió lentamente los ojos. Cuando intentó levantarse un crujido sonó en su cuello.

-¡Ay¡- dijo Scully.

Mulder, que permanecía a su lado, se despertó perezosamente, bostezó y miró a su compañera.

- Buenos días por la mañana - dijo sarcásticamente.

- Ojalá fueran buenos - protestó Scully.

-¿Acaso has dormido mal?

-¿Acaso es que he dormido? Apenas he conciliado el sueño y cuando lo conseguía me despertabas para el cambio de turno.

- Discúlpeme, señorita Scully pero le recuerdo que estamos en pleno bosque y no en un hotel de cinco estrellas.

- No se preocupen. Dentro de poco estarán en sus casas.

Mulder y Scully oyeron detrás suya una voz femenina firme y contundente. Scully sacó rápidamente su pistola y se dio la vuelta para apuntar a su nuevo enemigo.

-¡No Scully¡- gritó Mulder.

Cuando se dio la vuelta se encontró con una mujer rubia y de ojos azules que conocía desde hace tiempo: Marita Cobarrubias. O al menos, así decía que se llamaba. Scully bajó su pistola lentamente mientras la observaba con desconfianza.

- No sabía que le gustara la Naturaleza - dijo Mulder con ironía.

- Deben irse de aquí rápidamente.

-¿Por qué deberíamos hacerla caso? ¿Cómo nos ha encontrado?- preguntó Scully con rigidez.

- Eso ya no importa. Aquí sus vidas corren peligro.

- Nos confundieron con otras personas. Creían que éramos Kathy Basinger y David Stern - dijo Mulder intrigado.

- Y así es. Aquí en Nevada ustedes tienen esos nombres.

-¿Pero de qué está hablando?- dijo Scully nerviosa.

- Me refiero a esto - dijo Cobarrubias a la vez que abría unos informes y los mostraba -. En Nevada y en otros estados excepto en Washington sus identidades han sido cambiadas por las de estos dos criminales. Se les busca por asesinato, traición a su país, terrorismo... De esta forma es imposible que salgan de Washington: vayan donde vayan ustedes serán perseguidos e identificados como David Stern y Kathy Basinger.

Scully y Mulder observaron asombrados sus fotos pegadas en unos informes e identificados como esos criminales.

-¿Quién ha hecho esto?- preguntó Scully a Cobarrubias.

- Su gobierno - respondió mirando fríamente a Scully -. Deben volver a Washington o morirán pronto. Vendrán conmigo y yo les llevaré de vuelta a sus casas.

- Pero tenemos que seguir investigando ¡No podemos permitir que se salgan con la suya¡

- Agente Mulder, si quiere pueden seguir investigando hasta que se encuentren en un callejón sin salida; o si prefiere, pueden volver a Washington e investigar más en adelante... vivos.

Mulder respiró profundamente y miró a Scully: no podía permitir que ella corriera peligro por su culpa.

- Supongo que es lo mejor...

- Mulder, ¡qué estás diciendo¡ ¿Cómo sabemos que está diciendo la verdad? ¿Y si es una trampa?

- Scully aquí somos consideramos unos criminales ¡Si seguimos con la investigación nos darán caza como si fuéramos animales¡ ¡No tenemos otra opción¡

Scully miró a su compañero derrotada. Sabía que no iba a cambiar de opinión.

- Además, no tenemos dónde escondernos y tampoco podemos ir a la base. Estamos indefensos. Y no voy a permitir que mueran más personas.

- Está bien. Como tú quieras - concluyó Scully.

- Vengan conmigo. Tengo un jeep cerca de aquí.

-¿No vamos dar un paseo? Pensaba que íbamos a disfrutar de la madre Naturaleza.

Scully miró enfadada a su compañero.

-¡Era sólo una opinión¡

 

OFICINA CENTRAL DEL FBI.

WASHINGTON D.C. 03:00 p.m. (un día después)

Mulder esperaba impaciente la llegada de su compañera en su despacho. Llevaba ya quince minutos de retraso. Scully no solía llegar tarde a las citas y menos si era con su superior. Mulder pensó en lo impotente que se debía sentir su compañera; le habían provocado un cáncer, habían utilizado sus óvulos y experimentaron con ella. Se imaginó lo terrible que debía ser el levantarse cada mañana sin saber que podría estar incubando tu cuerpo, sin conocer exactamente lo que hay en él. Tenía que buscar al culpable y hacerle pagar por el daño causado. Recordó al fumador. Antes lo único que quería era matarle pero ahora lo que necesitaba era alguna explicación, sobre todo, desde que sus dudas aparecieron en su mente respecto a su pasado ¿Quién era realmente ese hombre? ¿Acaso fue su padre? Ya no importaba. Él había muerto y a pesar de ello alguien seguía causando daño, continuando con los experimentos. Necesitaba que alguien le diera un motivo. Necesitaba conocer la verdad.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por la llegada de su compañera. Su mirada era triste y perdida: algo la había ocurrido.

- Scully, no tienes buena cara ¿Te ha pasado algo?

Dana miró atemorizada a su compañero, como si tuviera miedo de todo y de todos.

- He... ido al ginecólogo esta mañana. Me ha hecho varias pruebas para ver si existía alguna anomalía. Pensé que después de conocer los hechos que nos contó Melissa no era mala idea hacerme una revisión. Mulder, quiero que veas algo.

-¿Qué ocurre?- preguntó preocupado.

Scully sacó de su maletín un sobre blanco con su nombre escrito con letras negras. Abrió el sobre y sacó una radiografía de gran tamaño. Se la entregó a su compañero e hizo un gesto con la cabeza. Mulder encendió su flexo y colocó la radiografía en frente de la potente luz. Recordando sus clases de Biología averiguó que se trataba de una radiografía del aparato reproductor femenino.

-¿Sabes que es esto de aquí?- preguntó Scully con la voz temblorosa y señalando dos zonas de la radiografía.

- Creo que sí. Son los ovarios ¿no?

- Sí ¿Ves algo en ellos?

- No, no veo nada.

- Ese es el problema.

-¿Qué quieres decir?- preguntó intrigado.

- Bueno, al principio no estaban muy seguros...- Scully sacó otra radiografía que mostraba más detenidamente los ovarios -... así que me realizaron más radiografías y diversas pruebas. A pesar de ello llegaron a la misma conclusión.

-¿Qué conclusión, Scully?

Ella respiró profundamente y bajó la mirada.

- Mulder, yo... no tengo óvulos.

-¿¿Qué??- dijo asombrado por su respuesta.

- Los médicos no se lo pueden explicar todavía pero es la verdad. Es la primera vez que se han enfrentado a un caso así. Es como si... me los hubieran extraído todos a la vez, sin dejar ni uno.

- Pero Scully eso significaría que...

- No puedo tener hijos Mulder. No ahora. Ni la fecundación in-vitro, ni la inseminación artificial... Nada serviría porque no existen gametos femeninos en mis ovarios.

-¿Se ha dado algún caso así en tu familia?

- No - Scully cogió aire para continuar - También los médicos pensaron en eso, confiando en que fuera alguna mutación genética durante mi desarrollo embrionario pero si hubiera sido así nunca hubiera tenido mi primera menstruación. Lo más extraño de todo es que sigo teniendo el período menstrual a pesar de todo.

-¿Cómo es posible?

- Piensan que mi organismo se comporta así porque no ha llegado todavía el momento de la menopausia: cree que sigo teniendo óvulos que fecundar, pero... no es así.

Mulder miró a su compañera, inmóvil y aterrado por la noticia. Su compañera no podía tener hijos de ningún modo. Nunca podría ser madre. Scully seguía mirando hacia el suelo, incapaz de levantar la mirada. Por un momento, Mulder intentó saber cómo se sentía Dana pero desistió: nunca lo averiguaría.

- Scully, yo...

- No digas nada Mulder, sólo te pido que... te mantengas alejado de este tema. Nada más.

Se dio media vuelta, abrió la puerta y desapareció del despacho rápidamente. Mulder permanecía de pie, sin moverse ni un ápice, intentando comprender cómo se puede hacer tanto daño a una persona. No lo logró.

Mulder y Scully permanecían sentados en las sillas del despacho de su nuevo superior esperando su llegada. Sabían que lo que les iba a decir no era agradable. Desaparecer sin motivo siendo un agente del FBI era una falta grave y pagarían por ello. De pronto, su superior apareció. Era alto, de complexión atlética, rubio y de ojos claros. Su mirada mostraba la frialdad y la dureza típica de un superior. Se sentó en el sillón de cuero que perteneció a Skinner y cruzó las manos apoyando los codos sobre el escritorio. Miró a Scully fijamente para después mirar con más decepción a su compañero.

- Quiero que ahora mismo me den una explicación de su comportamiento.

Mulder y Scully cruzaron sus miradas y después agacharon las cabezas. No podían arriesgarse a decir la verdad; todavía no conocían las verdaderas intenciones de su nuevo jefe. Decidieron permanecer en silencio.

- No me lo pongan más difícil agentes Mulder y Scully. Fueron allí por algún motivo: ¿Cuál?

La tranquilidad se rompió con la firme voz de Scully.

- Queríamos investigar la base que existe en las orillas del Lago Tahoe.

Mulder envió una mirada fulminante a su compañera. No debía haber dicho eso.

-¿Por qué?

- Sospechábamos que tenían algo que ocultar: creemos que tienen secuestrado a Elvis Presley.

Scully estuvo a punto de soltar una sonrisa pero decidió contenerse.

- Su actitud no es nada cooperativa, agente Mulder ¡Esa base es ultra secreta¡ ¡Si se hubieran acercado les hubieran disparado sin ni siquiera preguntar¡

- Bueno, pues... Explíqueme por qué nos dispararon sin acercarnos y nos confundieron con dos terroristas.

-¿Qué está diciendo agente?

- Nos confundieron con dos criminales y nos dispararon a quemarropa.

- El ejército les persiguió porque desobedecieron sus órdenes. Según este informe les pidieron que salieron de la cabaña y se negaron. Tuvieron que abrir fuego.

-¡Nos querían matar¡ ¡Querían que desapareciéramos para que no se descubriera la verdad¡

-¡Agente Mulder, no les confundieron con nadie¡ ¡No hicieron caso de las advertencias del ejército y eso se paga muy caro¡

-¡Eso es falso¡- gritó Mulder fuera de sí.

-¡Por última vez agente Mulder¡ ¡Por qué motivo fueron allí¡

Mulder bajó la mirada y calló. Definitivamente este hombre quería destruirles. Pero no lo iba a permitir.

- Agente Scully - dijo dirigiéndose a ella.

Scully no pronunció ni una palabra.

- Muy bien, si no quieren hablar ahora no me importa. Pero mañana por la mañana van a tener que dar explicaciones a un consejo que estará encantado de poder oírles. Les veré mañana a las 09:00. Buenos días.

Mulder y Scully se levantaron y se dirigieron a la puerta del despacho.

- Agente Scully, espérese un momento.

Scully miró a su nuevo superior y después a su compañero.

- Te esperaré fuera - dijo Mulder dándole una palmada en el hombro.

Scully permaneció de pie y se volvió a dirigir a una de las sillas. Se sentó y esperó la charla de su jefe.

- Agente Scully, usted es una de las mejores profesionales que existen en el FBI. Puede llegar muy lejos... pero no al lado de él.

-¿Me está dando la oportunidad de dejar este trabajo para aceptar otro?

- Sí. Un trabajo mucho más provechoso: créame. Trabajaría en la sección de asesinatos en serie y crimen organizado. Es un trabajo duro pero conseguiría ser respetada de nuevo por sus colegas.

-¿Dónde trabajaría?

Su superior sonrió triunfante.

- Aquí en Washington ¿Qué me dice?

Scully permaneció en silencio un momento. Después volvió a mirar a su superior.

- Ni hablar.

Él abrió los ojos sorprendido y asombrado.

-¿¿Qué??

- No aceptaré ningún otro trabajo por muchas oportunidades que me dé. No me separarán del agente Mulder.

La miró con decepción y firmeza. No podía creer que rechazara un trabajo así.

-¿Algo más, señor?- dijo Scully con dureza.

- No, nada más. Puede irse.

Scully se levantó de nuevo y se dirigió a la salida.

- Agente Scully - dijo su superior.

Ella se dio la vuelta y le miró fijamente.

- El agente Mulder está perdido. Se está hundiendo pero... no permita que se hunda con él.

Scully cogió el pomo de la puerta y la cerró de un golpe. Después de lo que la habían hecho y de lo que había arriesgado Mulder por ella no iba a permitir que les separaran.

Mulder la estaba esperando sentado en un sillón con los brazos cruzados y la mirada perdida.

-¡Eeeehhh¡- dijo Scully intentando sacarle del trance.

Mulder pegó un brinco y miró a su compañera. Ella le sonrió y Mulder le devolvió la sonrisa.

-¿Qué te ha dicho "Terminator"?

- Me ha ofrecido otro trabajo en la sección de asesinatos en serie y crimen organizado.

Mulder se levantó del sillón rápidamente y la cogió del hombro suavemente.

-¿Y qué le has respondido?

Scully le miró sorprendida.

- Mulder: le he dicho rotundamente que no ¿Qué pensabas?

- Yo...

-¿Creías que te iba a abandonar?

- No, pero... todo se está volviendo muy complicado y pensé que a lo mejor no querías continuar.

Scully miró a su compañero con dulzura y le acarició el pelo.

- Si crees que te vas a librar de mí con tanta facilidad estás muy equivocado.

Mulder sonrió y notó que la secretaria de su superior les miraba descaradamente.

- Vámonos de aquí. Busquemos un sitio donde podamos hablar con mas intimidad.

Scully asintió con la cabeza y ambos se marcharon.

 

CALLE THOMAS JEFFERSON NÚMERO 32

ALEXANDRIA, VIRGINIA 09:18 p.m.

Mulder y Scully habían comido juntos, pasearon por las calles, hablaron y, sin darse cuenta, pasó el día volando. Se dirigieron a la casa de Mulder para encargar una pizza. Habían hablado sobre todos los temas: política, sociedad, cultura, deporte, la búsqueda de la verdad... excepto del estado de Scully y de sus relaciones personales. Se estaban riendo por un chiste (subido de tono, claro) que había hecho Mulder.

- De verdad Mulder: eres el colmo del sarcasmo - dijo Scully entre risas.

- Bueno, si no te tomas la vida a broma vives amargado. Esa es mi filosofía.

- Ojalá fuera también la mía.

Mulder miró a su compañera. Veía en sus ojos la tristeza, la amargura que intentaba esconder para no tener que consolarla.

- A pesar de tener mala cara estás guapísima - dijo Mulder irónico.

- Explícame eso ¿Cómo es posible estar guapa y tener mala cara?- preguntó divertida.

- Bueno, hay personas que estén como estén son guapas siempre. Tú eres una de ellas.

-¡Vaya¡ Gracias por el cumplido.

- Siempre he pensado que tus ojos son preciosos... - Scully sonrió avergonzada -... además de ser el espejo de tu alma. Y ahora mismo me están diciendo que no te sientes bien.

La cara de Scully cambió, volviéndose triste y enfadada.

- Pues creo que te están engañando.

-¿Así lo crees?

Scully permaneció en silencio. No quería que Mulder supiera lo mal que lo estaba pasando.

- Hemos llegado a tu casa - dijo cambiando de tema -¿No me vas a invitar a esa pizza?

- Claro Scully. Eso sigue en pie - respondió sintiéndose derrotado.

Ambos subieron por las escaleras y llegaron al apartamento 42. Mulder sacó las llaves, metió la llave en la cerradura y abrió la puerta.

- Pase usted delante, señorita - dijo cortésmente.

- Gracias - respondió con ironía.

Mulder encendió las luces y cerró la puerta. Scully se sentó en el sillón de cuero negro y observó la habitación: estaba totalmente desordenada.

- Mulder ¿Algún día vas a ordenar esto?- preguntó con pesimismo.

-¿Conoces algún electrodoméstico que sea capaz de ordenar una habitación en cinco minutos?

- No.

- Entonces seguro que no - dijo irónicamente.

Scully sonrió. Mulder nunca cambiaría. A pesar de los problemas siempre se había mostrado sarcástico e irónico.

-¿Quieres beber algo?

Scully se atusó el pelo y pensó por un momento.

- Una Coca-cola estará bien.

Mulder llegó a la cocina, abrió el frigorífico y sacó una Coca-cola y un té helado. Volvió al salón, le entregó la lata a su compañera y se sentó a su lado. Mulder seguía notando la tristeza en los ojos de Dana y decidió hablar con ella. Aunque no quisiera.

-¿Por qué no quieres hablar de ello?- preguntó finalmente Mulder.

Scully bebió un poco y levantó la mirada.

-¿A qué te refieres?

- Scully...- dijo Mulder irritado.

-¡Qué¡- respondió enfadada.

-¿Por qué intentas evitarme? ¿Por qué me ocultas tu tristeza? ¿Acaso tienes miedo de tus sentimientos?

- Mulder te dije que no quería hablar de...

-¡Me da lo mismo que no quieras¡ ¡Tienes que dejar de comportarte así¡

-¡Es asunto mío¡ ¡¡Sólo mío¡¡

-¡Eso no es verdad¡- gritó Mulder.

-¿Por qué dices eso?

-¡Porque me preocupo por ti¡ ¡ Porque también es asunto mío¡

Scully le miró enfadada.

- Eso me da igual. No necesito que te compadezcas de mí. Si esperas que te diga que necesito tu ayuda y que tengo miedo puedes olvidarlo porque no lo haré - dijo con la voz quebrada por la emoción.

- No espero eso. No tienes por qué decírmelo. Sólo sé que estás sufriendo y que siento cómo te duele todo esto.

-¿Cómo lo sabes?

- Ya te lo he dicho: lo veo en tu ojos.

Scully miró fijamente los ojos de su compañero. Era imposible mirarle con desprecio: su mirada era tan dulce que enternecería a la persona más fría del mundo. Mulder acarició su mano y la miró directamente a los ojos.

- Sólo un gesto Dana... y yo estaré allí.

Scully se mordió el labio inferior, conteniendo las lágrimas y definitivamente rompió a llorar. Mulder abrazó a su amiga con fuerza y la acarició el pelo.

-¡¿Por qué me ha tenido que pasar esto a mí?¡ ¡¿Por qué a mí?¡- dijo entre sollozos.

- Porque la vida es así de injusta: hace sufrir a los buenos y deja triunfar a los malos - miró Dana y cogió su cara entre sus manos -. Pero eso se va a acabar. Ya lo verás.

Mulder secó las lágrimas de Scully con sus manos mientras ella le miraba con ternura. Era un hombre maravilloso.

- Gracias Mulder - dijo más tranquila.

- No te preocupes ahora por nada ¿vale?- respondió casi susurrando.

Scully asintió con la cabeza y acarició las manos de su compañero. Eran tan cálidas...

La intensidad de sus miradas se vio interrumpida por el ruido de la puerta: alguien estaba llamando. Mulder rozó la cara de su compañera y la miró con resignación.

-¡Qué inoportuno¡- dijo mientras se levantaba del sillón.

Llegó a la puerta y su sorpresa fue enorme cuando se encontró a Cobarrubias en frente suya.

-¿Puedo pasar?- preguntó.

- Pues...- Mulder miró detrás suya y observó a Scully -... no es el mejor momento.

Scully miró hacia la entrada y se levantó al ver que era Cobarrubias.

- No se preocupe por mí. Yo ya me iba - dijo enfadada por su visita.

Mulder, sorprendido, la dejó pasar.

- Te veré mañana ¿vale? - dijo Scully recuperando la compostura.

-¿Seguro que estás bien?

- Sí claro. Tú puedes investigar con...- señaló despectivamente a Cobarrubias -... ella.

Scully abrió la puerta y la cerró de un portazo mientras maldecía a Marita con todas sus fuerzas. Mulder respiró profundamente con resignación y se dirigió hacia ella.

- Espero que lo que tenga que decirme sea importante porque si no...

- Es sobre su hermana.

Mulder abrió los ojos con asombro. Su interés había crecido repentinamente.

-¿Qué sabe de Samantha? ¿Ha hablado con ella?

- Sé dónde está.

-¿En serio? ¿Cómo lo ha averiguado?

Ella bajó la cabeza y miró hacia el suelo.

- Yo... trabajaba para su padre. Era una amiga suya y he hablado varias veces con su hija.

Mulder se quedó helado. No sabía que Cobarrubias había trabajado para el fumador.

- Entonces ¿sabe dónde vive?- preguntó esperanzado.

Cobarrubias sacó un papel de su bolsillo y se lo entregó a Mulder. Él leyó la dirección que estaba escrita en él y miró a Marita.

- Gracias.

- Debe impedir que continúen con todo esto o nos destruirán a todos - dijo Cobarrubias preocupada -¿Conoce la historia del "Titanic"?

- Sí, claro ¿Quién no la va a conocer ahora?

- Construyeron ese barco pensando que nada ni nadie podría hundirlo. Creyeron que eran los reyes del Universo. Se comportaron de forma arrogante y la Naturaleza les hizo pagar por ello. Ahora estos hombres se están comportando de la misma forma y morirán por su arrogancia, pero antes... matarán a muchas personas inocentes. Usted es nuestra única esperanza.

Mulder se acercó más a ella.

- Gracias por el cumplido.

Cobarrubias sonrió. Por primera vez Mulder la veía sonreír.

- Debería sonreír más. Cuando sonríe está preciosa.

Cobarrubias se sonrojó.

- Bueno... pues... gracias.

Ambos empezaron a reír alegremente. Cobarrubias miró fijamente a los ojos de Mulder y se acercó más a él.

- Le admiro. Es usted un hombre maravilloso.

Mulder acarició su cara y la besó. Cobarrubias le abrazó más fuerte y él la llevó hasta su habitación.

 

APARTAMENTO DEL AGENTE MULDER.

ALEXANDRIA, VIRGINIA 08:15 a.m.

Mulder se despertó lentamente cuando oyó el ruido de la puerta. Miró a la mujer que permanecía dormida a su lado. Era preciosa. Volvió a escuchar la puerta y miró el reloj: la sorpresa fue enorme al ver que ya eran las ocho de la mañana. Entonces se imaginó quién estaba llamando a la puerta.

-¡Cobarrubias¡ ¡Despierta¡ ¡¡Es muy tarde¡¡

Ella se removió y abrió los ojos perezosamente.

- Mulder ¿qué pasa?

- Nos hemos quedado dormidos.

Cobarrubias se levantó rápidamente de la ropa y empezó a recoger su ropa. Volvieron a llamar a la puerta. Mulder se levantó, se colocó una bata y se dirigió a la puerta. Suplicó que no fuera Scully. De nada sirvió: cuando abrió la puerta se encontró con su compañera que le miraba sorprendida.

-¿Aún no estás vestido? Se nos va a hacer tarde - dijo apresurada.

Mulder miró hacia el suelo buscando alguna excusa en su mente. Decidió decirle la verdad... aunque sólo a medias.

- Me... he quedado dormido - respondió finalmente.

Scully le miró interrogante.

-¿Me vas a dejar pasar?- preguntó señalando el interior de su apartamento.

Mulder tragó saliva y la dejó pasar.

Scully se dirigió al salón y se sentó en el sillón.

- Yo te esperaré aq...- intentó decir Scully.

Se quedó sin habla cuando vio que Cobarrubias salía del cuarto de Mulder despeinada y con la blusa desabrochada. Rápidamente se levantó del sillón y miró a Mulder. Le observaba enfadada y decepcionada.

-¡Vaya Mulder¡ Veo que no pierdes el tiempo - dijo irritada.

-¡No es lo que tu piensas¡- Mulder no encontró otra excusa mejor -¡Créeme¡

- Mulder ¡por favor¡ ¡Acaso piensas que soy estúpida¡- respondió Scully señalando a Cobarrubias.

- Tengo que irme - dijo Marita interrumpiendo -. Recuerda Mulder que tú eres el único que puede impedir todo esto.

Se acercó a él y le dio un beso en la mejilla. Scully resopló enfadada. Cobarrubias abrió la puerta y se fue de su apartamento. Mulder sabía lo que le esperaba: el típico discurso que él había llamado "evasión-decepción". Scully le miraba directamente a los ojos dispuesta a atacar. Se acercó a él segura de sí misma.

- Mulder esto no es asunto mío...- comenzó Scully.

- Evasión...- pensó Mulder.

-... Pero realmente no me esperaba esto de ti - concluyó.

-... Decepción - dijo Mulder para sí mismo - entonces no deberías enfadarte ¿no?

Scully le miró asombrada.

- Vete a la mierda Mulder - dijo Scully furiosa.

Se dirigió hacia la puerta para irse de allí pero él se lo impidió.

- Oye, lo siento. Esto no estaba en mis planes.

- Ya claro. Ayer me consuelas como un gran amigo, aparece Cobarrubias y todo cambia y al día siguiente descubro que has la noche con ella ¡Quieres que me crea lo que estás diciendo¡

- Al menos lo intento - dijo Mulder irónico.

- Eres muy malo mintiendo.

Mulder miró a su compañera intentando ser sincero. Tenía que decirle la verdad de una vez.

- No ha significado nada para mí. Sólo ha sido...

-¿Y a mí qué Mulder?- dijo despectivamente.

Él se quedó helado ante esa respuesta. Hizo un gesto con la cabeza y se dio la vuelta.

- Tienes razón. Y a ti que más te da - murmuró.

-¿Qué has dicho?- preguntó Scully.

-¡Qué soy un idiota¡- gritó Mulder.

Ella tragó saliva con dificultad y le miró. Por mucho que lo intentara nunca le entendería.

- Te esperaré abajo. La reunión es dentro de poco tiempo y...

- No voy a ir - respondió contundente.

-¿Qué?- preguntó extrañada.

- Lo que has oído: no pienso ir a la reunión.

-¡¿Pero qué estás diciendo?¡

- Scully, sé dónde está mi hermana. Tengo que hablar con ella. Si vamos a esa reunión será nuestro fin. En cambio, si no aparecemos ante ese consejo nos quedará algo de tiempo para encontrar la verdad.

- Estás loco. Si no vamos sí que será nuestro fin.

- Dana, por favor: ven conmigo - Scully movió la cabeza -. Te necesito.

-¿Ah, si?- preguntó con irritación.

Él la cogió la mano y respiró profundamente.

- Sí. Siempre te necesito - contestó con seguridad.

Ella se mordió el labio inferior y suspiró.

- Nunca puedo decirte que no ¿verdad?

- Supongo que porque sabes que no te estoy mintiendo.

Scully sonrió todavía enfadada y se atusó el pelo.

- Ve a vestirte. Te espero aquí.

Mulder entró en su habitación y se vistió lo más rápido posible. Después se metió en el baño y se arregló apresuradamente. Cogió la dirección que tenía en la mesita de su habitación y fue en busca de Scully.

- Oye Dana, he cometido un error pero...

- No quiero escuchar ni una palabra más Mulder. Vámonos.

Mulder decidió desistir y salieron de su casa. A pesar de todo seguía estando contento. Iba a ver a su hermana. Iba a hablar con Samantha.

 

CALLE EAST RIVER NUMERO 56

STATE ISLAND, NUEVA YORK 04:30 p.m.

Después de varias horas de coche y 20 minutos de barco tanto Mulder como Scully estaban terriblemente cansados. Hacía calor y el riguroso traje que exigía la vestimenta del FBI empezaba a ser insoportable. Cuando llegaron a State Island empezaron a buscar la dirección desesperadamente pero no fue fácil encontrarla.

- Mulder, ¿estás seguro de que es por aquí?- preguntó Scully con curiosidad.

- Sí, tiene que estar cerca...- Mulder volvió a mirar el papel -. State Island es pequeña. No sé cómo es posible que no encontremos una calle.

La cara de Scully cambió totalmente cuando leyó un letrero de color azul.

-¿Mulder?- dijo señalando el letrero.

Él lo vio y leyó "Calle East River". Miró a Scully sonriente y triunfante.

- Te dije que era por aquí.

Mulder torció a la derecha y bajó la calle hasta el número 56. Paró el coche lentamente, tragó saliva y se desabrochó el cinturón de seguridad.

-¿Estás preparado?- preguntó Scully.

- Supongo que sí.

Ambos salieron del coche y se dirigieron a la entrada. Mulder llamó al timbre de la puerta y al cabo de unos segundos salió un niño sonriente del jardín. Se acercó a la puerta y preguntó con total sinceridad.

-¿Qué quieren?- preguntó alegre.

Mulder se agachó hasta ponerse a la altura del chico.

-¿Vive aquí Samantha Mulder?

El niño dudó un momento.

-¿Por qué lo pregunta?

- Nos gustaría hablar con ella. Somos amigos suyos ¿Podría salir un momento?- dijo Scully con dulzura.

-¿Quién es Sean?- preguntó una voz femenina.

-¡Unos señores preguntan por ti mamá¡

Los ojos de Mulder se abrieron exageradamente y observó tiernamente al niño. Era muy posible que fuera su sobrino. Samantha se acercó a su hijo y miró sorprendida a Mulder y a Scully.

-¿Qué hacéis aquí?- preguntó lo más tranquila posible.

- Tengo que hablar contigo Sam - ella le miró desconfiada -. Por favor.

Samantha respiró profundamente y se dirigió a su hijo.

- Sean, por favor, entra en casa. Yo volveré ahora mismo.

- Pero ¿quién es él?- dijo señalando a Mulder.

- Es... un pariente lejano. Hablaré con él un momento y después seguiremos jugando.

El chico asintió con la cabeza y entró en la casa. Samantha abrió la verja y salió del jardín.

- No sabía que era tío - dijo ilusionado.

- Hay muchas cosas que no sabes - respondió preocupada.

- Ya lo veo.

-¿Cómo estás Fox?

- Bien aunque ahora que te veo me encuentro mucho mejor.

Ella sonrió y se cruzó de brazos.

-¿Quién os ha dado esta dirección?

- Eso no importa. Sam, sé lo que le pasó a tu padre.

Ella le miró indignada.

- Nuestro padre.

Él suspiró profundamente.

- Como quieras. La cuestión es que...

- Fox, papá está vivo.

Tanto Scully como Mulder se quedaron helados y cruzaron sus miradas.

-¿Qué quieres decir?

- Simuló su muerte para que no le persiguieran. Arriesgó su vida para protegernos.

- Sam, estás muy equivocada. Tienes una imagen suya muy distinta de la verdadera. Provocó un cáncer en Scully simplemente para hacerme daño y destruirme - dijo señalando a su compañera.

-¡Eso no es verdad¡ ¡Si lo hizo fue porque le obligaron¡

-¿Quienes?- preguntó Dana.

- No lo sé. Nunca me ha dicho sus nombres pero le he oído hablar sobre ellos. Ahora está trabajando en un proyecto muy secreto. Creo que su vida corre peligro.

-¿Dónde está?- preguntó Mulder alterado.

- En una base. Allí hacen experimentos y pruebas. Tienen a varias personas presas y...

Mulder miró a Scully y supo que estaba pensando lo mismo que él.

- Seguro que allí tienen los clones. Deben borrar las pruebas en esa zona - Mulder agarró a su hermana por los hombros -. Tienes que decirme exactamente dónde está esa base.

- Pero...

- Samantha es muy importante - dijo Scully con seriedad.

Ella se llevó las manos a la cabeza y observó la cara de su hermano.

- Está en las afueras de Nueva York, cerca de Queens. No puedo decir nada más.

Mulder se acercó a ella y la sonrió. Ella le devolvió la sonrisa y se abrazaron.

- Sabes que te quiero ¿verdad hermanito?

- Claro que lo sé Sam.

La dio un beso en la frente y se dio media vuelta.

-¡Espera¡

Mulder y Scully se pararon y miraron a Sam.

-¡Iré con vosotros¡

Mulder se acercó rápidamente a su hermana.

- Ni hablar - dijo autoritariamente.

- Fox, tengo que ir. Quiero ver a mi padre.

Esas palabras fueron como un puñal que se clavaron en su corazón.

- Puede ser... peligroso.

- No me importa. Quiero ir.

Scully resopló y acarició su cuello. Las cosas empezaban a complicarse demasiado.

- Está bien. Puedes venir.

Samantha sonrió ampliamente y se dirigió a su casa.

-¡Sólo será un momento¡- gritó desde la entrada.

Scully se acercó a su compañero y tragó saliva.

- No es que me quiera meter en esto pero...¿estás seguro de que debe venir?

- Scully es mi hermana. Es tan cabezota como yo. Sé perfectamente que no va a cambiar de opinión. Así que...

Samantha salió de la casa con unos vaqueros negros y unas deportivas.

- He supuesto que no vamos a ir de visita, por eso...

-"Mujer precavida vale por dos"- dijo Mulder en tono irónico.

- Eso espero - respondió Scully mientras se metía en el coche.

Después de haber ido a sus respectivas casas para cambiarse de ropa Mulder, Scully y Samantha se dirigieron a la base secreta de Nueva York. Después de varias horas de búsqueda consiguieron dar con ella. Antiguamente había sido un almacén de misiles nucleares. Ahora nadie podía imaginarse lo que estaban haciendo allí. Con la ayuda de los Pistoleros Solitarios consiguieron tarjetas de acceso hasta la planta 4. Llegaron a la entrada y pasaron por los mecanismos de acceso: luz verde. Sospecharon un poco del aspecto de Samantha pero finalmente la dejaron pasar. Ahora que estaban dentro sólo tenían que buscar. Pero no podían ni imaginarse lo que iban a encontrarse allí.

Se dirigieron a un ascensor y pulsaron la planta 5.

- Mulder, no tenemos acceso a esa planta.

-¿En serio?- contestó irónicamente.

Subieron hasta esa planta y salieron del ascensor. Todo estaba en completo silencio.

-¿Por dónde vamos?- preguntó Mulder.

- Por aquí - contestó Scully señalando un pasillo.

Los tres andaron con sigilo buscando alguna puerta. Finalmente, al final del pasillo encontraron una. Mulder leyó en la puerta "Sólo personas autorizadas"

- Tenemos un problema - murmuró.

-¿Qué ocurre Fox?- preguntó Sam.

- Nuestras tarjetas no tienen acceso a esta planta. No podemos pasar a esta sección.

- Nosotros no pero esos científicos de allí sí - dijo Scully señalando a dos hombres con bata blanca.

- Astuta. Muy astuta - la contestó.

Los tres esperaron a que los hombres pasaran al lado suyo y abrieran las puertas con sus tarjetas. Inmediatamente después de ellos los tres pasaron y entraron en la zona secreta.

Scully se acercó a una de las puertas y decidió abrirla. Mulder y Samantha la siguieron. Cuando entraron se encontraron con un gran laboratorio de varias plantas. Contemplaron con horror cómo tenían atados con cuerdas de cuero a varias personas y las inyectaban sustancias desconocidas.

Los tres se agacharon y andaron en cunclillas hasta poder ver mejor.

- Scully ¿Sabes que les están haciendo?

- No... no lo sé Mulder, pero estoy segura de que esto no está legalizado.

- Dios mío ¡Son seres humanos¡ ¡Cómo pueden hacerles eso¡

- Yo...

Scully no terminó su frase al ver que uno de los científicos rasgaba la piel de un hombre con un bisturí. El hombre no sangró: de su herida emanó un líquido verde viscoso.

- No son humanos. Son clones - dijo Mulder aterrado.

- Debemos irnos de aquí. Si nos descubren...

- Entremos en esa puerta - señaló Mulder.

Los tres asintieron con la cabeza y se acercaron a ella, la abrieron y se introdujeron en otra habitación. También tenía varias plantas. Desde las escaleras se podía contemplar la planta baja. Allí estaban realizando otro tipo de experimentos. Una mujer permanecía tumbada en una camilla. Estaba dormida. Varios médicos la colocaron dentro de una especie de escáner y empezaron a activar secciones del aparato.

-¿Qué la están haciendo?- preguntó Mulder asustado.

- No lo...

De repente Scully notó un intenso dolor en la cabeza y en el cuello.

-¡Aahh¡- gritó Scully llevándose las manos a la cabeza.

-¡Scully, que te ocurre¡- dijo Mulder

-¡Mi cabeza¡

-¡Fox, debe ser eso¡ ¡Algo la pasa por culpa de ese aparato¡- dijo Samantha señalando la máquina.

- Hay que sacarla de aquí ¡Vamos Scully¡- dijo Mulder intentando levantar a su compañera.

-¡Me duele¡

- Te voy a sacar de aquí pero tienes que ayudarme ¿vale?

Ambos la ayudaron a levantarse y la sacaron de allí lo antes posible. A medida que se alejaban de esa habitación el dolor de Scully iba remitiendo.

-¿Te encuentras mejor?- preguntó Mulder preocupado.

- Sí, ya no me duele - respondió nerviosa -¿Qué ha pasado?

- Esa máquina ha estado a punto de matarte. Seguro que esa mujer también fue secuestrada. Están intentando borrar las pruebas.

-¿De qué estáis hablando?- dijo Samantha confusa.

De pronto una alarma sonó en toda la sala y en toda la base: les habían descubierto.

-¡Tenemos que salir de aquí ya¡- gritó Mulder.

Los tres empezaron a correr en busca de una salida, intentando recordar las puertas que habían cruzado. Una oleada de disparos se abalanzó sobre ellos mientras corrían para escapar. Entraron en una puerta y esperaron detrás de ella, agarrando fuertemente sus pistolas. Escucharon detrás de la puerta una voz muy conocida: el fumador.

-¡Pa...¡- dijo Samantha.

Mulder la tapó la boca con la mano. No podían arriesgarse.

-¡Ssschhh¡

-¿Dónde están?- preguntó el fumador impaciente.

- Les estamos buscando por toda la base, señor - respondió un soldado -¿Qué quiere que hagamos?

- Maten a los agentes Mulder y Scully. La otra mujer la quiero viva.

-¡No papá¡- murmuró decepcionada Samantha.

- Van a ir a por nosotros. Tenemos que salir de aquí lo más rápido posible.

Los tres se dirigieron sigilosamente al ascensor más cercano. Mulder pasó su tarjeta por el lector: luz roja.

-¡Mierda¡- maldijo Mulder.

-¡Inténtalo con otra¡

Mulder cogió otra tarjeta y lo probó de nuevo. Nada. Lo intentó una y otra vez mientras su hermana miraba por el extremo del pasillo y Scully por el otro. De repente Scully observó que un soldado preparaba su pistola para disparar a Mulder. Se dirigió corriendo hacia él. Estaba de espaldas y no le daría tiempo a reaccionar.

-¡¡Mulder al suelo¡¡- gritó Scully.

Mulder miró detrás suya y observó cómo Scully se dirigía hacia él rápidamente. De pronto un disparo rompió el silencio y Scully frenó en seco. Mulder se cubrió las manos con la cabeza para protegerse pero el disparo no llegó a él. Contempló aterrado cómo Dana empezaba a tambalearse de un lado a otro.

- Mul...der...- susurró con dificultad.

Observó cómo cayó desplomada al suelo.

-¡¡¡NOOOOO¡¡¡- gritó Mulder furioso.

El soldado se dispuso a disparar otra vez pero recibió un disparo en el pecho que se lo impidió: Samantha le había disparado. Mulder se dirigió velozmente hacia Scully. La agarró entre sus brazos intentando animarla. Notó sus manos mojadas: al verlas vio que estaban manchadas de sangre.

-¡Dana por favor¡ ¡No te mueras¡- dijo Mulder desesperado.

Repentinamente Scully abrió los ojos y contempló a su compañero.

- Mulder...

Él alzó la vista y la miró.

-¡Aún estás viva¡- dijo esperanzado.

- Hay que hacerla un torniquete - aseguró Samantha.

Mulder rasgó su camisa y la ató fuertemente a la cintura de su compañera.

- Te ha dado en un lado - Mulder respiró profundamente -¿Por qué lo has hecho?

- Te iba a matar... No podía permitirlo...Yo...

- No debes hablar ahora - la aconsejó Sam.

- Sabes que me importas ¿verdad?

Mulder notó cómo un nudo se formaba en su garganta.

- Claro que lo sé. Tú también me importas mucho Dana.

- Lo sé - dijo sonriente acariciando la mejilla de Mulder.

De pronto sus ojos se cerraron.

-¿Dana?- preguntó asustado.

Samantha buscó el pulso de Scully rápidamente.

- Aún está viva. Sólo ha perdido el conocimiento pero hay que sacarla de aquí. La herida es grave.

Mulder cogió a Scully y la llevó en brazos hasta el ascensor. Samantha pasó de nuevo la tarjeta e inesperadamente las puertas se abrieron. Ambos pasaron y dieron a la planta baja. Sam sujetaba firmemente la pistola que le había dado su hermano.

- Mi padre...¿Cómo ha sido capaz?

Llegaron a la puerta baja y miraron a los lados: no había nadie.

- Pensarán que no hemos bajado porque creen que han conseguido anular nuestras tarjetas.

Llegaron a la salida y corrieron hacia la explanada dónde habían dejado el coche. Otra oleada de disparos se abalanzó sobre ellos pero no resultaron heridos. Llegaron al coche, metieron a Scully con suavidad en la parte trasera y arrancaron. Mulder conducía mientras que Samantha atendía a Scully.

-¿Dónde has aprendido todo esto?- preguntó Mulder.

- Soy médico. Me licencié en medicina hace cuatro años.

-¿Cómo está?- dijo Mulder preocupado.

- Pierde mucha sangre pero... creo que se pondrá bien.

Las palabras de Samantha fueron un alivio para Mulder. Ahora lo que más le importaba era llevarla a un hospital lo antes posible

 

HOSPITAL MONTE SINAÍ.

NUEVA YORK 08:30 a.m.

Mulder permaneció al lado de Scully toda la noche. Velaba por ella. No podía permitirse el lujo de perderla. La quería demasiado. Cuando se estaba quedando dormido escuchó un murmullo que le espabiló.

-¿Scully?

Dana abrió lentamente los ojos y miró a Mulder, que la observaba sonriente.

-¿Qué tal estás?

- Bien...¿Cómo he llegado aquí?

- Samantha y yo te trajimos hasta aquí. Conseguimos escapar - dijo más contento.

- Me duele la cabeza.

- Es normal. Después de lo que has pasado...

-¿Y tú hermana?- preguntó intrigada.

- Después de estar un rato aquí la convencí para que se fuera a un hotel. Ha llamado hace muy poco. Ha dicho que venía para acá.

- Me alegro.

- Podías haber muerto - dijo seriamente.

- Tal vez pero no podía quedarme de brazos cruzados. No tenía tiempo para apuntarle y dispararle y sabía que no iba a fallar así que...

- Gracias - dijo Mulder cogiéndola la mano.

- Supongo que tú hubieras hecho lo mismo por mí ¿no?

- Y mucho más.

Dana empezó a toser violentamente y Mulder se preocupó.

- Todavía estás grave. Debes guardar reposo.

- Lo sé pero si estás a mi lado no me importa.

Ambos sonrieron y sin pensarlo Mulder se acercó y la besó. Scully le miró sorprendida y confusa. Mulder acarició su cara y la volvió a besar una y otra vez. Mulder la miró por un momento y se acercó de nuevo a ella.

-¿Estás seguro de lo que estás haciendo?- preguntó murmurando.

Mulder permaneció a dos milímetros escasos de su boca. Ella respiraba profundamente y con nerviosismo. Finalmente se alejó de ella y resopló.

- No. Supongo que no.

La puerta de la habitación de Dana se abrió y apareció su hermana Margaret y su hermano Bill.

-¡Hija¡- gritó su madre.

- Hola mamá - respondió cansada.

- Bueno, creo que debo irme - dijo dándole un beso en la mejilla -. Mejórate por favor.

- Lo haré.

Mulder soltó la mano de Scully y se dirigió a la puerta.

- Te visitaré esta tarde.

- Aquí te esperaré - contestó irónicamente.

Mulder sonrió y salió de la habitación. Ahora se merecía un descanso.

Llegó al hotel de su hermana. La había llamado para que se esperara a que llegara él para que después ella visitara a Scully. Una vez que llegó al hotel se dirigió a la habitación de su hermana, la número 21, y llamó a la puerta.

-¡Samantha, soy yo¡- dijo en voz bastante alta.

Sam abrió la puerta y miró a su hermano seria.

-¿Qué pasa?- preguntó.

- Cobarrubias quiere hablar contigo. Está aquí.

Mulder entró en la habitación y se encontró con ella.

-¡Cuánto tiempo¡- dijo sarcásticamente.

- Fox, yo me voy al hospital a ver a Scully ¿vale?

- Sí, claro. Toma las llaves y ten cuidado.

Samantha atrapó las llaves al vuelo y salió de la habitación. Mulder se acercó a Cobarrubias y se cruzó de brazos.

-¿Qué quieres?

- Hay algo que no te he dicho y que ahora debes saber.

Mulder al miró intrigado.

-¿Qué es?

- El fumador no es vuestro padre.

Él abrió los ojos en señal de asombro y se llevó las manos a la cabeza.

-¿Por qué no me lo has dicho antes?

-¡Porque no podía¡ Corría un riesgo muy grande pero ahora... supuse que debías saberlo. Tu hermana... la lavaron el cerebro y borraron todos sus recuerdos y la engañaron. Él la engañó.

- Sabes dónde está ¿verdad?- preguntó con severidad.

- Sí - le entregó una dirección a Mulder -. Ahora puedes vengarte por todo lo que os ha hecho.

-¿Por qué haces todo esto Marita?

- No lo sé. Quizás porque no me gusta verte sufrir.

Cobarrubias se dirigió a la puerta y salió de la habitación. Mulder se quedó de pie, pensando en lo que iba a hacer ahora.

El fumador estaba sentado en su sillón y viendo un programa de televisión. Estaba cansado y se echaba la culpa por no haber atrapado a Mulder y a Scully. Abrió un paquete de cigarrillos, cogió uno, lo encendió y empezó a fumarlo tranquilamente. Escuchó un ruido detrás suya y se alarmó. Fue a coger su arma pero alguien le apuntó por la espalda.

- Ni se le pase por al cabeza.

Margaret permanecía al lado de su hija mientras que Bill se había dirigido a la cafetería para comer algo. Scully respiraba con dificultad pero no le alarmó debido a su estado. Dana se encontraba cansada, demasiado... De pronto empezó a toser con violencia...

-¿Qué quiere de mí?- preguntó el fumador.

- Su vida. Ahora va a pagar por todo lo que ha hecho - dijo Mulder apuntándole.

-¿Dana, qué te pasa?- preguntó asustada.

Scully seguía tosiendo sin parar, sin poder respirar. Bill entró en la habitación y observó impotente la situación.

-¡¡Llama a un médico¡¡

-¿Cree que matándome va a conseguir algo?

- Claro que sí. Por fin mi padre descansará en paz. Mi verdadero padre.

El doctor apareció rápidamente con Bill. Scully intentaba respirar pero cada vez era más difícil. Sintió, de pronto, una punzada terrible en el pecho.

-¡Paro cardíaco¡- gritó el doctor.

Mulder apuntó hacia la cabeza del fumador y quitó el seguro de su pistola.

- Podemos hablar y llegar a un acuerdo - dijo el fumador nervioso.

- Esta vez no - respondió Mulder tajante.

Margaret y Bill fueron obligados a abandonar la habitación mientras los médicos rodeaban a Scully.

-¡Necesito una ampolla de epinefrina¡

Y de repente un disparo sonó en la habitación.

Y de pronto Scully no sintió ni vio nada.

Mulder se dirigió con seguridad a la habitación de Scully. Tenía que decirle que la pesadilla había terminado, que había acabado con el fumador. Ahora que empezaba a ver todo más claro se encontraba muy seguro de sí mismo. Sabía que estaba cerca de conocer la verdad y que pronto Dana conocería realmente lo que le ocurrió. Se moría de ganas por ver a Scully y contarle todo lo sucedido. Ahora él quería cambiar su relación con ella. Desde hacía tiempo sólo se habían dicho verdades a medias y ya era hora de decirse realmente lo que pensaban el uno del otro. Veía todo tan claro...

A medida que se acercaba a la habitación de su amiga notó una sensación extraña, como de vacío pero no le dio importancia. Cuando llegó a la puerta de su habitación se encontró con Margaret y Bill, apesadumbrados, y el doctor, que estaba hablando con ellos.

- Hola, he venido a ver a...

-¡¡¡Tú¡¡¡- dijo Bill señalándole -¡¡¡Has sido tú¡¡¡

Mulder le miró confuso.

-¿De qué está hablando?

-¡¡¡Tú eres el culpable¡¡¡ ¡¡¡Tú la has matado¡¡¡

-¡¡¿¿QUÉ??¡¡- dijo Mulder aterrado.

Bill intentó abalanzarse sobre él pero se lo impidieron el doctor y su madre.

-¡¡Bill, tienes que tranquilizarte, por favor¡¡- dijo su madre intentando calmarle.

-¿Por qué se mantuvo a tu lado? ¿Por qué te siguió fielmente?- gritó Bill furioso.

- Vamos Bill, vamos... - dijo Margaret con dificultad.

Bill abrazó a su madre y rompió a llorar. Ambos se alejaron y fueron acompañados por varias enfermeras. Mulder permanecía helado, incrédulo ante esas palabras. El doctor se acercó a él y apoyó una mano en su hombro.

- Ha fallecido hace apenas una hora. Lo siento.

-¡No¡- dijo Mulder murmurando -¡No es posible¡

- Hicimos todo lo posible. Créame, pero había perdido mucha sangre y el cáncer...

-¿Qué cáncer? ¿Qué está diciendo?- preguntó alterado.

- En las pruebas posteriores hemos averiguado que padecía leucemia, cáncer en la sangre. Había perdido muchos glóbulos rojos y como no podía sintetizar células en buen estado, no recibía oxígeno correctamente y... sufrió un paro cardíaco. Nunca había visto un cáncer tan agresivo ni tan rápido. Ha sido fulminante.

-¿El cáncer le provocó la muerte?

- No debe culparse de...

-¡¿Hubiera sobrevivido si no hubiera tenido cáncer?¡- preguntó finalmente.

El doctor miró a Mulder dubitativo y después suspiró profundamente.

- Sí - contestó con tristeza.

Mulder se llevó las manos a la cabeza e intentó respirar con normalidad. Recordó que Scully empezó a gritar diciendo que le dolía la cabeza cuando estaban en la base. Ahora sabía que la máquina no mataba a las mujeres sino que desactivaba el chip que llevaban

en su cuello. Él condujo a Scully hasta esa base para encontrar la verdad y lo único que hizo fue firmar su sentencia de muerte. Él era el culpable. Se apoyó en la pared y el doctor se acercó a él preocupado.

-¿Quiere que le traiga...?

Mulder hizo un gesto con la cabeza y el doctor le entendió: quería estar solo. Se dio media vuelta y se fue. Mulder alzó la vista y miró la puerta de la habitación de Scully. Andó lentamente hacia ella y finalmente entró. Observó la cama vacía y las ventanas cerradas. Se acercó a la cama y se sentó en la silla que había al lado. Acarició dulcemente las sábanas hasta llegar a la almohada. Sentía su presencia, incluso era capaz de olerla.

- Me dijiste que me esperarías aquí. Me... has mentido ¿Por qué me has mentido Dana? ¿Por qué?...

Mulder abrazó con fuerza la almohada y rompió a llorar.

-¡¡Dijiste que me esperarías...¡¡ ¡¿Por qué?¡- dijo Mulder entre sollozos -¡¿Por qué no he muerto yo?¡ ¡¡Yo soy el culpable¡¡ ¡¡Lo soy...¡¡

Ahora estaba solo. A pesar de haber ganado por esta vez estaba terriblemente solo...

 

CEMENTERIO DE MARYLAND.

ANNAPOLIS, MARYLAND (dos días después) 10:30 a.m.

Mulder se secó las lágrimas mientras aguantaba la rabia y el dolor que sentía. Su hermana le miraba con dulzura, intentando entender cómo se debía sentir.

Mulder había pedido la palabra para hablar en el funeral de Dana. Aunque ya no estaba tenía que decirle de algún modo cuánto lo sentía. Se acercó y subió a la tarima. No llevaba ningún papel ni guión: lo que iba a decir venía directamente del corazón. Respiró profundamente y observó a los presentes. Margaret hizo y gesto con la cabeza y sonrió amargamente. Entonces, comenzó su pequeño réquiem.

- Dana murió sin que yo estuviera a su lado, sin que ella supiera toda la verdad. Se fue sin despedirse. Murió por mi culpa, simplemente porque siguió a mi lado y eso es algo que nunca olvidaré. Ahora lo estoy pagando y siento que una parte de mi se ha desvanecido. Sueño con que esto es una pesadilla y que me despertaré pero sé que sólo saldré de ella cuando mis días acaben. Entonces me reuniré con ella y podré decirle cuánto lo siento. Pero, hasta que ocurra eso yo seguiré solo y tendré que continuar el camino para encontrar la verdad. La verdad que Dana deseaba conocer a mi lado y que no pudo lograr. Pero esto se lo debo a ella. Todo se lo debo a ella y tengo que devolvérselo de algún modo. A pesar de ser un camino peligroso ella permaneció ahí y nunca se rindió. Ahora que ella ha muerto siento que no merece la pena conseguir la verdad a cambio de un precio tan alto pero si ella estuviera aquí estoy seguro de que querría que continuara en honor suyo - Mulder hizo una pausa para sacar fuerzas de flaqueza - Murió sin saber cuánto me importaba, cuánto significaba para mi su apoyo pero no descansaré hasta que ella lo sepa. La siento dentro mí y sé que cuando me reúna con ella por fin podré descansar, por fin sabrá cuánto la quiero - Mulder miró al cielo y una lágrima se deslizó por su mejilla - Descansa en paz.

Todas las personas presentes habían escuchado con atención su pequeño discurso y el silencio se rompió con aplausos en señal de apoyo. Mulder bajó de la pequeña tarima y Margaret

se acercó a él con una amarga sonrisa.

- Créeme Mulder. Lo sabe.

- ¿Por qué lo cree así?

Margaret hizo una pausa y soltó una carcajada.

- Porque soy su madre, Mulder. Sé lo que significabas para ella. Podía leerlo en sus ojos.

Samantha se acercó a él y le agarró del brazo. Mulder miró a la señora Scully y la abrazó.

- Espero que me visites - dijo Margaret.

- Lo haré, no se preocupe.

Mulder miró una última vez a esa mujer y se dio la vuelta mientras abrazaba fuertemente a su hermana.

- Algún día tu dolor desaparecerá Fox.

Mulder la respondió con una sonrisa y miró al cielo. De pronto sintió un calor especial en su corazón, como si alguien le estuviera dando fuerzas.

- Algún día - dijo llevándose la mano al pecho.

FIN

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