Ballenas blancas: Relámpago

 

Disclaimer: Esta historia está inspirada en personajes y situaciones extraidos de la serie The X Files, propiedad intelectual de Chris Carter, producciones 1013 y la cadena Fox y son usados sin permiso. Cualquier tipo de violación de las leyes de copyright es inintencionada. No se pretende dañar de ninguna manera a los legítimos dueños de los derechos ni se utiliza esta historia para lograr ningún tipo de remuneración económica. En otras palabras, todo es de Chris, alabado sea Chris.

Spoilers: Hasta la sexta temporada. 

Dedicatoria:  Esta historia no es exactamente mía. Por primera vez en mi vida he escrito pensando en otra persona. Por tanto, lo que se hace con esta historia es de aquella para quien la escribí. Feliz cumpleaños, twin. No digo que valga mucho, pero es tuyo.

Tipo:: MSR (relación Mulder y Scully), Angst (con carga dramática),  H (humor),  R (mayores de 13 años)

Capítulo 1 de 10


BALLENAS BLANCAS: RELÁMPAGO

  

  "....la verdad es una ballena blanca imposible de atrapar..."

 

"... duró más que un relámpago que un milagro, más..."
 
 
Todo ocurrió deprisa. Un relámpago repentino que sacude los cimientos de tu vida en un segundo. Era martes. El teléfono sonó de madrugada. Una vez. Lo cogí antes del segundo timbre. Si espero más, me da tiempo a imaginar demasiadas catástrofes.

Su voz sonaba lejana y dijo una sola palabra antes de que dejara de latirme el corazón.

"Fox"

Supe quién era antes incluso de que acabara de decirlo.

Nos reunimos horas después en su hotel. Estaba sola, cansada, tenía los ojos rojos y excepto por las trenzas era exactamente igual y totalmente diferente a la niña que se llevaron de mi casa veinti cinco años atrás. Me quedé paralizado frente a la puerta. La última vez que la ví me pidió tiempo. Y distancia. Así que le di ambas cosas.

Y recé a un dios en el que no creo para que esta vez no las aceptara. No lo hizo. Me abrió la puerta, me hizo pasar y durante los siguientes minutos me dejó tocarla para asegurarme de que estaba viva. De que estabamos vivos.

He visto muchos milagros en estos últimos años. Nunca había abrazado a uno.

Hablamos durante toda la noche y todo el día. Paré para llamar a Scully y decirle que no iría a trabajar. Me preguntó con quién estaba. Le dije la verdad.

"Con mi hermana"

Es extraño pero me creyó.

Samantha no resultó ser la niña que yo conocía. No voy a mentir. Las fantasías de reunión con mi hermana han sido la base de mi vida adulta. No digo que sea sano, sé que no lo es. Pero me ha convertido en la persona que soy. Y de todos los escenarios imaginables nunca pensé en uno como este. Dos desconocidos resumiendo sus vidas en la habitación de un hotel. La última vez que nos vimos yo tenía doce años. Lo curioso era que yo había cambiado y que sin saberlo, ella era indirectamente la mayor responsable de esos cambios.

Le hablé de mi búsqueda. Me habló de su vida artificial. De su adopción, del fumador, de sus nuevos padres y sus pesadillas que fueron remitiendo. De mi supuesta muerte. De sus hijos.

Supongo que eso me convierte en tío, ¿verdad?

"Tuve que reunir mucho valor para venir a verte, Fox"

Me lo dijo varias veces y siempre me pidió un perdón que yo no necesitaba. Nunca le dije que no me llamara Fox.

No suena tan mal cuando lo dice la persona a la que has estado esperando desde antes de tener memoria, no cuando habías perdido la fe.

No la fe en recuperarla. Nunca conseguí deshacerme de eso. Sino la fe en que recuperarla tuviera algún valor.

Escuchar la historia de su vida, una vida de mentiras pero una vida corriente, me enseñó que no existe lo predecible. Era de esperar que yo lo supiera. Después de todo siempre he sido el intuitivo, el caotico. Sin embargo, mi vida respondía a un patrón muy claro, a unas fantasías perfectamente elaboradas. Aprendí que es dificil que los sueños encajen con la realidad y que no es necesariamente malo que sea así.

También aprendí que quería conocer a mi hermana.

Eso explica parte de mi situación actual.

Samantha vive en Boston. A pocos kilometros de distancia de nuestra casa, en realidad. La vida además de impredecible también es irónica.

Antes de marcharme me pidió que la visitara. Para conocer a tus sobrinos, me dijo.

Para conocernos nosotros, quiso decir.

Dije que sí.

El resto es dificil de resumir. Hablé con Kersch. Y con Skinner. Había una plaza para mí en Bostón.

Buen sueldo, mejor jefe, mejor posición.

¿Los expedientes X?

Pensé que en Washington no los tenía y que en Boston sería parecido. Pensé que necesitaba un tiempo para pensar en si los quería. Y por qué los quería.

Cuando el objeto de tu vida se presenta ante ti con hijos y  una casa en Bostón, resulta dificil saber qué vas a hacer con el resto de tu existencia.

Seis meses.

Kersch estuvo de acuerdo. Seis meses en Boston. Skinner me aseguró personalmente que mi puesto en Washington no se movería de allí.

Pensé que me lo debía a mí mismo.

Decirselo a Scully fue con seguridad lo más dificil que he hecho en mi vida. De alguna forma siempre asumí que sería ella la que me dejara. Aprendí a vivir -a malvivir más bien- con ese pánico constante.

Se dará cuenta de que no merezco la pena. Te dejara, Mulder.

Me acostumbré a la vocecita que me lo repetía constantemente.

Pero me juré que jamás la dejaría. Y rompí mi juramento, al menos en apariencia.

Fui a verla cuando acabé de hablar con Samantha. Me abrió la puerta vestida con un pijama verde oscuro de raso y un albornoz blanco. Parecía más fragil de lo habitual. Y más fuerte.

Me dejó dormir en su sofá sin preguntarme por qué no podía dormir solo después de tantos años de soledad.

A veces hace eso: no preguntar. A veces es todo lo que necesito. Y lo sabe.

A las cuatro de la mañana noté su voz entrando en el sopor velado del sueño. Llamando mi nombre con su susurro de azucar. Me despertó con suavidad, como si tuviera miedo de romperme.

"Estabas llorando en sueños, Mulder. Debías tener una pesadilla"

No es una pesadilla, Scully. Es mi vida. Pero quizá esté despertando, pensé.

Me dejó llorar en su abrazo.

Y me pareció que era la primera vez que lloraba y que estaba renaciendo.
 

****

Todo ocurrió deprisa. Como uno de esos sueños lúcidos de los que no consigues desprenderte en días.

El miércoles Mulder no apareció a trabajar. Me prometí a mí misma no preocuparme hasta el mediodía. A las diez le llamé a casa. No había nadie. A las once llamó él.

No voy a ir hoy. Di que estoy enfermo. No puedo ir, Scully. Estoy con mi hermana, Scully.

Durante una milesima de segundo pensé que deliraba. Pero hubo algo en el tono de su voz, no era seguridad sino calma, una calma distinta a todas que me convenció de que decía la verdad. Reconocí el tono enseguida porque lo había escuchado antes. Dos veces. La primera en el hospital donde murió Penny Northern.

"Bienvenida" me dijo esa vez. A la vida, añadió con los ojos.

Curiosamente, la segunda fue en otro hospital. Un templo de enfermedad y salud donde estuve a punto de sucumbir hasta que él me salvó con su fe.

"Tengo fe en la verdad" me dijo aquel día.

Calma. Fe. Siempre calma. Así que cuando escuché "estoy con mi hermana", supe que era la verdad. Que Samantha había vuelto. Que el mundo de Mulder había girado sobre sí mismo y que de alguna manera yo acabaría arrastrada en esa monumental vuelta de tuerca. Y de qué manera.

No supe más de él hasta esa noche. Creo que fue el día más largo de mi vida.

Cuando llamó a la puerta irradiaba cansancio pero esa calma de su voz no le había abandonado.

Se quedó a dormir en el sofá. De todas las veces que he querido invitarle a dormir conmigo, de todas las veces que he resistido el impulso, ésa fue en cierta forma la más dificil y la más sencilla. Esa noche Mulder no me pertenecía, se debía a sí mismo.

A las cuatro de la madrugrada escuché sus sollozos. Me incorporé en silencio porque pensé que estaba despierto. Que podría avergonzarle. Que quizá necesitaba tenerme fuera de sus muros.

Es algo que hacemos muy a menudo Mulder y yo: construir muros que nos protegen y que nos van matando.

Dormía sobre el sofá. Enroscado sobre sí mismo como un niño que tiene frío. Y lloraba, dios, cómo lloraba.

Le desperté y durante una milesima de tiempo infinito me miró como si yo no fuera real, como si "real" no tuviera ningún sentido en absoluto. Y luego me arrastró hacia él en un movimiento felino y titánico.

Por segunda vez en su vida me dejó abrazarle mientras lloraba.

Le di las gracias en silencio.

A la mañana siguiente había hecho tortitas. Yo comí media. Él ninguna. No le di demasiada importancia. Cuando esquivó el contacto visual pensé que era incomodidad. Que sus lágrimas nocturnas lo avergonzaban.

Entonces me sentó en la cocina.

"Samantha vive en Boston"

Y lo supe.

Eres tú el que me dejas, Mulder.

Supe que le perdía por la única mujer por la que siempre temí perderlo.

"Es una buena idea" le dije.

SEGUNDA PARTE

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