Disclaimer:
Los personajes aparecidos en esta
historia son propiedad de Chris Carter, de la 1013 Production y la Fox. Su
utilización es sin ánimo de lucro y no intenta infringir el copyright.
Tipo: H (Humor) MSR (Relación Mulder y Scully)
"ATADURAS"
Que yo no crea en milagros no significa que no se hagan realidad.
No sé en qué canción he oído esa frase, pero no podría estar más de acuerdo.
Pero cuidado: a veces los milagros no ocurren exactamente como tú hubieras querido.
Me explico:
Estoy en una cama. Con Mulder. De hecho, * abrazada * a Mulder. Reconozco que esto satisfaría muchas de mis más
íntimas fantasías jamás confesadas, de no ser por tres cosas:
a.a) Estamos completamente vestidos.
b.b) No sé de quien es esta cama, ni la casa en la que se encuentra.
c.c) No puedo moverme.
Y todo esto tiene una simple explicación.
Mulder.
O mejor dicho, Mulder y su sorprendente e inagotable capacidad para creérselo absolutamente todo y meterse en líos.
Arrastrándome a mí en el proceso.
El viernes recibí una llamada suya. Eran las dos de la mañana, y cogí el teléfono aún con los ojos cerrados, sabiendo
que sería él.
"¿Qué pasa ahora?"
"Vamos, Scully... ¿Es que tiene que pasar algo para que te llame?"
"Repetiré la pregunta: ¿qué pasa ahora?"
"Bien" suspiró, " se han cometido una serie de extraños robos en un pequeño pueblo de... Bueno, el caso es que las
víctimas dueñas de las casas robadas afirman que el ladrón en cuestión era la viva imagen John Lennon."
Parpadeé varias veces, achacando lo que acababa de oír a mi estado de somnolencia. Porque realmente no quería
creer que mi compañero hubiese llegado hasta ese punto de retraso mental.
Nunca debí subestimar su capacidad para el retraso.
Efectivamente, yo había oído bien. Así que fuimos al pueblo (todavía no he logrado pronunciar su nombre...),
investigamos, interrogando a numerosas personas que corroboraban la versión del informe y que me dieron la clara
impresión de entretenerse los fines de semana haciendo hogueras y rezando el Padrenuestro al revés, y llegamos a
una casa que, según Mulder, tenía todas las papeletas para ser robada la siguiente.
No se equivocaba. Pero la aparición del Beatle no se produjo, ya que no se trataba más que de un experto en disfraces
y pirotecnia que acompañaba sus robos de una especie de espectáculo multimedia para distraer a los posibles
ocupantes de las casas.
Lo cual nos lleva a nuestra situación actual, en la cual, no sé cómo (en mi descargo tengo que decir que iba armado...),
el Hijo Bastardo de John Lennon ha logrado atarnos a Mulder y a mí, dejándonos en la cama, desvalijando la casa y
largándose.
Pero describamos la situación de forma más colorista: estoy atada de cara contra Mulder. Tan fuerte que me cuesta
respirar. Mi cara queda a la altura de su cuello, y ninguno podemos mover ni manos ni piernas.
¿No es genial?
"Mulder, te juro que esta vez te voy a matar."
"¿Es que también me vas a echar la culpa de esto?" Me contesta incrédulo.
"No, voy a culpar a la Madre Teresa de Calcuta." Contesto mientras me muevo, intentando sin éxito liberar al menos
una de mis manos. Noto que, con mis movimientos, Mulder inspira profundamente y se queda totalmente quieto.
Oh, por favor, no.
Dime que no.
Dime que Mulder no ha elegido precisamente este momento para estar...
Bueno... Empalmado. Lo siento, pero no se me ocurre otra palabra...
"Mulder... ¿ese hombre te dejó que te quedaras con la pistola?"
"Urm... ¿no?"
Jo.
Der.
Levanto la cabeza cuanto puedo, y veo que su cara ha adquirido un tono de rojo que hasta ahora creía imposible, y
que de pronto encuentra fascinante mirar al techo.
"Vamos, Scully... Es una reacción natural que no tiene nada que ver conmigo... Ni contigo."
De todas formas, me siento perversamente halagada.
Pero ahora, vamos a lo que vamos. Desatarnos.
Es obvio que no podremos mover las manos. Así que le sugiero a Mulder que bajemos de la cama y busquemos algo
con que cortar las cuerdas.
Dicho así parece fácil, ¿no?
Pues no lo es, porque estamos atados, ¿recordáis? Así que rodamos hasta el borde de la cama, de tal forma que Mulder
está sobre mí, y me aplasta. Pero esa desagradable (¿o no?) sensación dura tan sólo lo que tardamos en caer de golpe
al suelo, con gran dolor de todas nuestras articulaciones.
Levanto de nuevo la cabeza, y miro a Mulder, que de pronto y sin venir a cuento, se empieza a reír.
"Mulder, te juro que de todas las situaciones en las que me has metido, esta es sin duda la más ridícula."
Sigue riendo, y al final, me uno tímidamente a él. Si no puedes vencerles...
Cuando nos calmamos, tengo un momento de lucidez.
"Mulder, el teléfono."
Asiente, comprendiendo lo que pretendo. Reptamos (sí, como los reptiles) hasta la mesita situada al lado de la cama y
nos incorporamos todo cuanto podemos. Que no es mucho. Mulder empuja fuertemente la mesita con el hombro, hasta
que el teléfono cae...
Aterrizando sonoramente contra su cabeza. Dios, eso ha debido doler. Lo cual confirma su grito. O quizás debería decir
aullido...
"¿Estás bien?" murmuro contra su cuello.
Me responde con una especie de bufido, mientras nos dejamos caer de nuevo al suelo, al lado del auricular. Nos
miramos por un momento, y con silenciosa comunicación, acordamos que Mulder pegue la oreja y yo intente marcar
con la nariz.
Si Mulder tiene que marcar con la suya, probablemente acabemos charlando con las islas Bora-Bora.
Tras varios intentos bastante frustrantes, logro comunicarme con la policía local, que nos informa de que es la hora de
la comida y no hay agentes disponibles a los que localizar, y que por tanto tendremos que esperar una hora por lo
menos.
Mierda de pueblo.
Permanecemos tumbados, esta vez de lado para evitar daños en los órganos internos de cualquiera de nosotros. Al
cabo de unos minutos, cuando ya empiezo a dejar de sentir los brazos, Mulder rompe el silencio.
"Scully... Lo siento."
¿Cómo se las apaña para hacer que pase de estar terriblemente enfadada con él, a convertirme en un montón de
gelatina? Puede que el tono monótono de su voz tenga algo que ver.
A quién le importa. Soy débil, lo reconozco.
"No pasa nada. No es culpa tuya..."
"Ya, bueno... no me refería sólo a eso... Es que... ¿Te gustan los insectos?"
Desde ya puedo prever que esta va a ser una de las conversaciones más excitantes de mi vida. Le miro con expresión
inquisitiva.
"Es que veo una enorme cucaracha aproximarse hacia ti."
Muy bien. Le mato. Ahora ya no hay remedio. Tendré que huir de la justicia el resto de mi vida, pero merecerá la pena.
Me llevaré su cabeza conmigo para recordar por qué lo hice en mis momentos de debilidad.
¿Cucaracha?
Pues sí, cucaracha. Pero afortunadamente, parece que es del género femenino, porque en lugar de subir por mi cara,
empieza a subir por la de Mulder, que sacude la cabeza frenéticamente en un inútil intento por quitársela de encima.
Miro con curiosidad las patas del bicho para ver si tiene algún tipo de agarraderas, dada su persistencia...
Definitivamente surrealista.
Mulder tiene una expresión casi de pánico, y entonces recuerdo cierta conversación telefónica en la que él me
confesaba que les tenía pánico a los insectos. Me apiado de él, y hago todo lo posible por quitársela de encima.
Soplo.
Muy fuerte. En serio. Pero no se va. Es más, en este momento, ha alcanzado su nariz y se ha instalado allí.
"Scully, podrías hacer algo más, ¿no?"
De acueeeeerdo. Me estiro todo lo que puedo y toco mi nariz con la de Mulder, empujando a la cucaracha. Al mismo
tiempo rezo porque nadie esté grabando esto en vídeo.
Pero en algún momento durante el proceso de la exitosa eliminación del insecto de la nariz de mi compañero, he
acabado con mi boca contra la suya.
Qué sorprendente, ¿verdad?
Más sorprendente todavía es que permanezcamos así un rato, para luego volver a empezar a movernos con rapidez y
cierta intensidad... Dentro de nuestras circunstancias, claro.
Al cabo de un rato (¿días, meses, años? ¿nanosegundos?) noto la ausencia de oxígeno en el cerebro, y sospecho que
Mulder debe notar la de sangre, dado que toda ha debido ir a parar... Más abajo, otra vez. Me separo de él, nos
sonreímos, y los dos hacemos todo lo posible por desatarnos, esta vez con algo de éxito, porque tras numerosos
forcejeos, Mulder saca un brazo de entre las cuerdas y me mira triunfal. Sonrío y logramos deshacernos de toda la
cuerda y saltar a la cama, donde continuamos meticulosamente con la actividad que habíamos interrumpido.
Porque no se deben dejar las cosas a medias.
No, no, no.
De alguna manera, nuestras camisas han desaparecido (tomo nota mental de denunciar su desaparición luego a las
competentes autoridades de la zona), y de repente, Mulder vuelve a quedarse quieto. Le miro y veo que tiene la vista
fija en algún lugar por encima de mi hombro derecho. Me giro.
Y allí, en el umbral de la puerta de la habitación, están mirándonos con ojos como platos un hombre, una mujer y dos
niños de unos cinco años, a los que intuyo que la visión les habrá dejado unas secuelas irreversibles.