Disclaimer:
bueno, me siento estúpida al decir
esto pero allá va: Expediente X y sus personajes no me pertenecen, son
creación de la Twenty Century Fox y de Chris Carter, bla, bla, bla... Pero
esta novela sí es creación mía así que CC no te metas en mi terreno, soy
peligrosa ;·)
Rating: PG
Dedicatoria: quiero
dedicar esta novela a todos los fans de Expedientes X, especialmente a mis
amigos Teresa, Iván, Elena, Patty, Cristina y Conchi. Sin ellos todavía
estaría hablando a mi perro de Expediente X ;·)
También quiero dedicarla a mi padres, que me han dado sus críticas tanto
buenas como malas a lo largo de todo el proceso de la novela.
Y bueno, aunque nunca lo sepan, a CC y a todo el equipo de la serie. Si no fuera
por ellos quizá no hubiera descubierto mi pasión por escribir.
Spoilers: Fight
the Future, alguna referencia a Emily, Redux... la quinta temporada en general.
Feedback:¡¡Síiiiiiiiii!! AMO el feedback :·)
Tipo: UST (Tensión
sexual no resuelta),
MSR (Romance
entre Mulder y Scully)
¿Por qué cuando te pregunto
si has hecho lo que has deseado en la vida bajas la mirada? ¿Por qué cuando te
pregunto si eres feliz no sonríes? La respuesta no la tengo yo, viejo amigo.
Pues son tus mentiras las que esconden tu propia verdad.
D.M.
DOS
Le abrazaba con fuerza
mientras ahogaba sus lágrimas en su pecho. Él le había dicho tantas
palabras... pero esta vez era cierto.
"Me has hecho una persona honesta".
"Te debo todo y tú no me debes nada".
Su voz resonaba una y otra vez en su mente. Este hombre tenía que amarla pero
estaba tan asustada... Ella debía irse pero Mulder le estaba pidiendo que se
quedara con una desesperación que no había visto nunca en él.
A veces sin saberlo Mulder podía ser muy tierno. Tanto que ella tenía que
reprimir el impulso de abrazarlo y no dejarle marchar nunca... pero esta vez era
distinto, esta vez podía permitirse el lujo de romper sus muros y mostrarle su
dolor.
Se puso de puntillas y le dio un beso en la frente, apoyando después la suya
sobre la de él. Intentó decirle que tenía miedo, que quería salir corriendo
y no parar nunca pero era incapaz de pronunciar dos sílabas juntas. De pronto
Mulder cogió su cara entre sus manos y la miró fijamente. Las lágrimas
descendían por las mejillas de Scully mientras le miraba con dulzura. Quiso
sonreírle pero un descubrimiento se lo impidió. Su mirada... era distinta, le
hablaba de otra forma ¿Qué demonios le estaba pidiendo?
Siempre se habían comunicado con las miradas: cuando necesitaban ayuda, cuando
no querían hablar, cuando pedían paciencia... y siempre se habían entendido.
Sin embargo... ella veía algo en sus ojos que nunca había visto.
Deseo.
Quería algo de ella que nunca había pedido antes. Supo lo que era cuando
tímidamente él dirigió su mirada a sus labios. Ella también quería besarle
y parece que algo se lo indicó porque Mulder empezó a acercarse lentamente.
Por un momento dudó en lo que debía hacer pero sus labios estaban tan cerca...
Ella también comenzó a acercarse y cerró poco a poco sus ojos. Entonces
sintió los suaves labios de Mulder sobre los suyos. Durante un tiempo
permanecieron inmóviles hasta que los labios de él le pidieron algo más. Ella
aceptó y apartó sus labios. Lentamente su beso se fue volviendo más y más
pasional.
<<Esto no estaba en mis planes...>>- pensó Scully.
Era sincera al pensarlo. Nunca pensaba que ambos terminarían juntos, como
ahora, a pesar de que ella le quisiera. Él nunca había demostrado abiertamente
su amor, de hecho, no estaba segura de si Mulder realmente la amaba.
¿Y si él también tenía dudas? ¿Y si a lo mejor todo esto era simplemente
una forma de mantenerla a su lado? Quizás la estaba utilizando, quizás
realmente no estaba enamorado de ella...
Era sólo un quizás.
Sin embargo era suficiente para la meticulosa y racional mente de Dana Katherine
Scully.
Se apartó de él bruscamente. Mulder la miró asustado.
- Lo siento, yo... - intentó decir Mulder.
-¿Te has dejado llevar?- terminó Scully por él.
Abrió la boca con la intención de decir algo pero al final permaneció
callado.
- Esto no está bien... no de esta forma. No es justo para ti y menos para mí -
se llevó nerviosamente un mechón de pelo hacia atrás -. No puedo quedarme
aquí contigo.
- Por favor Dana... - le suplicó con desesperación.
-¿¡Es que no te das cuenta!? ¡No puedo embarcarme en una relación así
sabiendo que...- movió las manos intentando explicarse-... que no es segura,
sabiendo que nuestros sentimientos no son claros! Ya no puedo trabajar aquí
Mulder. Además los Expedientes X están cerrados, nuestro trabajo es pésimo
y...
-¿A parte de eso no hay nada que te empuje a quedarte aquí?- dijo colocando
sus manos sobre los hombros de Scully.
Ella agachó la mirada.
- Puede que haya algo Mulder... pero no es lo suficientemente fuerte para
obligarme a cambiar mi decisión.
Los brazos de Mulder se apartaron de Scully. Sus últimas palabras habían sido
claras, lo bastante como para hacerle retroceder.
Ella acarició su cadena y después busco el broche para abrirlo. Agarró la
cadena con la cruz fuertemente y cogió la mano de Mulder.
- Tómala Mulder. Tal vez la necesites más que yo - dijo mientras dejaba sobre
su palma la cadena para después cerrar su mano.
Las lágrimas descendieron de nuevo fugitivas por el rostro de Scully mientras
se daba la vuelta y se alejaba rápidamente de Mulder.
No intentó pararla cuando entró en el ascensor. Sabía que esta vez debía
dejarla marchar.
AEROPUERTO DE WASHINGTON D.C.
10:13 A.M.
Odia los aeropuertos. Sus
retrasos, sus imprevistos, sus "embarquen por la puerta 12", sus
"lo siento"...
Sin embargo es el medio más rápido para llegar a Utah y eso es lo que
necesita. Si pudiera iría a Utah corriendo (quizás llegaría) pero sabe que
tardaría demasiado.
¿Lleva todo? Supone que sí. Si no tendrá que darle la razón a su madre sobre
sus despistes...
Y como un flash de luz recuerda su encuentro con la familia el día anterior.
Una bonita despedida llena de maravillosos deseos. Su hermano sonreía
esplendorosamente mientras le deseaba buena suerte en su nuevo trabajo. Y
remarcaba esto último con un tono que se le antojaba terriblemente
insoportable.
<<¿Estás contento ahora no? Tu pequeña hermanita parece que ha entrado
en razón>>- pensó para sí.
A la mierda Bill, vete a la mierda.
Su madre le mostraba una sonrisa amarga porque ella sabía realmente que este
cambio le iba a costar. Dejar atrás seis años nunca es fácil. Sobre todo si
son seis años como los que había vivido Scully.
Atención, los pasajeros del
vuelo E475 con destino a Utah embarquen por la puerta 14 por favor...
Claro, ahora mismo.
Se levanta lentamente y mira a ambos lados antes de comenzar a andar.
No, no ha venido.
Su madre se había ofrecido a llevarla hasta el aeropuerto pero Scully se negó.
Odiaba las despedidas y más si eran en un aeropuerto.
Sin embargo le hubiera gustado que él hubiera venido.
Quizás es mejor así.
Se dirige a la puerta de embarque, muestra su billete a la azafata y con una
amplia sonrisa se lo devuelve.
Y mientras camina por el pasillo hacia la sala de espera confiaba en que Mulder
la comprendiera algún día.
No había sido una decisión tomada a la ligera. Ella tenía sus razones.
Tras su relación con Jack Willis decidió que no volvería a caer en la trampa
de relacionarse con un compañero de trabajo.
Pero, claro, todavía no conocía a Mulder.
Con Jack todo había sido en un principio maravilloso pero él estaba demasiado
preocupado por su trabajo... una historia que le resultaba demasiado familiar.
<<Mejor prevenir que curar Dana>>.
Puede pero quizás el remedio era peor que la enfermedad. Ella amaba
"su" enfermedad, estaba cómoda con ella... ¿por qué cambiar?
<<No debo echarme atrás. No PUEDO echarme atrás>>.
Y mientras combatía en un duelo a muerte con sus sentimientos se preguntaba si
estaba haciendo lo correcto... o si estaba haciendo lo que realmente deseaba.
UN AÑO DESPUÉS...
Doctora Scully, doctora
Scully, acuda a traumatología por favor...
Dio un último sorbo a su café con crema y sin azúcar y se dirigió a la
salida. Allí se encontró con Kevin.
- Te están llamando - le dijo sonriendo.
- Ya lo he oído, ya lo he oído - contestó cansada -. Sólo estaba tomándome
un pequeño descanso. Dios, en este sitio no hay tiempo ni para respirar.
- Bienvenida al infierno - comentó Kevin mientras le entregaba un informe.
- Créeme Kevin, llevo suficiente tiempo aquí para saber que esto es el
infierno - dijo mientras ojeaba el informe y aceleraba el paso.
Llevaba un año trabajando en
el hospital más prestigioso de Utah, en pleno centro de la ciudad. Noches sin
dormir en el quirófano, turnos interminables, vidas que se salvan y que se
pierden...
Un mundo maravilloso.
Sin embargo se había acostumbrado a él rápidamente. Comenzó trabajando como
ayudante en el quirófano y poco a poco se fue ganando el respeto de sus
colegas. Ahora incluso dirigía operaciones, aunque sencillas y seguras, y
ayudaba en las más complicadas. Además había veces que la policía de Utah
solicitaba sus servicios para realizar alguna autopsia. Ya se sabe, el FBI
siempre supone prestigio y profesionalidad.
El FBI... sus seis años en Washington habían sido fácilmente almacenados y
ocultados por su mente. Y de momento seguían escondidos... aunque a veces
algún pensamiento se escapaba de su control.
Mulder.
Muy a su pesar no le había olvidado. No había día en el que alguien comentara
algo o sucediera algún hecho que no le recordara a él. Había hablado con
Mulder por su cumpleaños en octubre, en Navidades y él la había llamado para
felicitarla por el suyo. Después ni una sola llamada, ni un mensaje. Sus
conversaciones eran cortas y cotidianas, sin mencionar nunca ni el trabajo ni lo
que había sucedido en el apartamento de Mulder. Siempre con vanas promesas de
volver a verse en vacaciones pero nunca se cumplían. Y ambos sabían por qué.
Hoy, en cambio, sus recuerdos eran más fuertes que ningún otro día. Justo
hace un año había llegado a Utah, abandonando el FBI y Washington para
siempre.
Abandonando a Mulder.
Había noches en las que una voz interior la obligaba a despertarse cubierta de
sudor.
<<Nunca debiste dejarle atrás>>
<<Cometiste un error>>
<<Eres una cobarde. Por eso te fuiste>>
Sombras de culpabilidad llenaban su habitación mientras ella intentaba
convencerse de que ella hizo bien, de que fue lo mejor para los dos, sin llegar
a obtener nunca una respuesta satisfactoria.
Pero no debía pensar en ello en un día como hoy. Debía estar orgullosa por lo
que había conseguido, por haber construido una vida propia y haber sobrevivido
a ello. Por haber superado un año lejos de los Expedientes X cuando pensaba que
sería imposible.
¿Realmente lo había conseguido?
Mejor no hacer una evaluación exhaustiva sobre los últimos 365 días. Porque a
pesar de estar segura de que había conseguido sus propósitos con éxito no era
así.
Era cierto que tenía un nuevo trabajo en el que disfrutaba pero en cuanto a su
vida personal...
Cometió grandes errores. Y entre ellos se encontraba Ted. Ted Wilson, para ser
exactos. Cirujano prestigioso del hospital, soltero, atractivo y simpático pero
con un pequeño fallo.
No era Mulder.
Y ahí estuvo su equivocación. Intentó buscarle desesperadamente en otro
compañero de trabajo para demostrarse a sí misma que había hombres mejores
que Mulder, que podía estar sin él.
Finalmente su táctica se volvió contra ella y terminó comparando a todos los
hombres con él, incluyendo a Ted.
Lo demás es historia: peleas, acusaciones... y de nuevo la soledad.
Le gustaba considerarlo ya historia aunque hubieran pasado simplemente dos
semanas desde su ruptura. Era una forma de alejarse del dolor.
- Doctora Scully.
Una voz femenina la sacó de sus pensamientos. Enfocó su mirada en la mujer que
se había detenido ante ella y torció el gesto.
<<Bienvenidos al centro del infierno. A partir de ahora van a tener como
guía a la mismísima ayudante principal de Lucifer, la doctora Kelly Rice.
Disfruten del viaje si pueden>>.
-¿Sí?- respondió intentando mostrarse interesada.
-¿Ha recogido los resultados de los análisis y la radiografía de la paciente
Sarah Croft?
- No doctora pero es que esta mañana...
- Entonces debo suponer que tampoco ha hecho el informe ¿verdad?
Scully agachó la cabeza levemente intentando evitar la mirada de la doctora
Rice.
- Espero que lo tenga para última hora de la tarde doctora Scully.
Ella intentó replicarla pero Rice se dio media vuelta y se marchó
rápidamente.
<<Y a mí me llamaban la reina de hielo...>>.
Kelly Rice, un hueso duro de roer (sobre todo si quieres llevarte bien con ella)
que se había convertido en la superiora de Scully. Desde el principio sus
colegas la habían avisado sobre su áspero carácter pero ella, por supuesto,
no se iba a rebajar al papel de lameculos por lo que la relación había sido
más complicada. Nunca nada estaba bien para Rice; siempre se podía hacer algo
más. Durante su entrenamiento en el FBI Scully se había encontrado con
auténticas arpías pero Rice era un caso aparte. Según las malas lenguas su
divorcio con su marido fue lo que la cambió de carácter. Y un aborto en el
quinto mes de embarazo.
En parte había que comprender el dolor que había pasado Rice pero Scully
había perdido a su hermana y a su hija, había padecido un cáncer y no podía
tener hijos; sin embargo su carácter había seguido siendo el mismo, aunque
quizás más maduro. En cualquier caso, lo que le hubiera pasado a Rice no era
asunto suyo. Además durante el FBI había aprendido que hacer caso de los
rumores es lo peor que se puede hacer. Si Dana se hubiera tomado en serio los
rumores en torno a ella y Mulder ahora mismo estaría en un psiquiátrico.
Mulder. Otra vez en su mente.
Como siempre.
-¡Scully ven, tenemos una urgencia!
Dana salió de sus pensamientos y enfocó su mirada en la persona que se
dirigía rápidamente a ella. Ted.
-¿Qué ocurre?- dijo mientras le seguía dando grandes zancadas.
- Una emboscada realizada por la policía a unos terroristas. Hay varios heridos
graves. Necesito que me ayudes en el quirófano - comentó preocupado -. Parece
que los tuyos han querido ser espectaculares.
-¿Los míos? ¿Qué quieres decir?
Ted entró en el quirófano seguida de Scully y se dirigieron al lavabo para
lavarse las manos.
- El FBI.
Ella le miró fijamente mientras él terminaba y se colocaba unos guantes de
látex. De pronto el sonido de la puerta activó los sentidos de médicos y
ayudantes: una víctima había llegado.
- Bien, ¿qué tenemos?- preguntó Ted mientras observaba al hombre tendido en
la camilla.
- Hombre de raza blanca, 35 años. Herida de bala en el abdomen sin orificio de
salida. Ha perdido mucha sangre.
-¿Grupo sanguíneo?
- O
- Mierda - murmuró Ted -¡Quiero que alguien avise a los hospitales más
cercanos! ¡Pedirles sangre del grupo 0! ¡Vamos a necesitarla para las otras
víctimas!
Scully se había colocado a su lado con los guantes de látex puestos, dispuesta
a dar todo por salvar la vida del nuevo paciente.
- Hay que localizar la bala y frenar la hemorragia. Bisturí - ordenó Ted.
Una enfermera se lo entregó a Scully y ésta a su vez a Ted.
Ted empezó a buscar la bala dentro del abdomen del paciente, el cual ya se
encontraba dormido. De pronto, un pitido puso en alerta a todos los presentes.
-¡Parada cardíaca! ¡Unidad de reanimación!
Scully la acercó rápidamente a la camilla y la activó.
- Trescientos julios.
- Lista - respondió Scully -¡Apártense!
Ted se acercó al paciente y presionó el reanimador contra el pecho del
paciente.
Nada.
- Súbelo a 370.
Scully asintió con la cabeza y lo subió. Ted lo intentó de nuevo.
-¡Otra vez!- pidió Ted.
El inminente sonido del encefalograma plano invadió la habitación. A los
escasos minutos todos los ayudantes, incluidos Dana y Ted, se quedaron en
silencio.
Lo habían perdido.
Scully miró a Ted y apoyó su mano derecha sobre su hombro.
- Estaba muy grave. Era muy difícil que sobreviviera - comentó en voz baja.
Él se limitó a asentir con la cabeza.
- Bien chicos. Hora de la muerte... 12:50 de la mañana. Yo me encargaré de
comunicárselo a sus familiares - dijo Ted.
- No, lo haré yo. Tú ve a los otros quirófanos. Seguro que Rice necesita tu
ayuda.
- Oye Dana, es mi responsabilidad y...
- Disculpen... - dijo una enfermera que acababa de entrar -... pero un agente
del FBI quiere hablar con algún médico para que le comente la situación.
Scully miró a Ted fijamente a los ojos. Finalmente él asintió con la cabeza.
-¿Alguien puede darme el parte de las víctimas?- preguntó Scully.
La misma enfermera que había entrado en el quirófano se lo entregó. Scully se
quitó la mascarilla y se dirigió a la puerta.
- Dana...
- Tranquilo, sé cómo tratarlos. He sido una de ellos ¿no?
Él se limitó a sonreír amargamente.
Finalmente salió del quirófano junto con la enfermera y se dirigió con
rapidez a la sala de espera.
- Es ese hombre de allí - comentó la enfermera señalando a un hombre alto y
con una cazadora del FBI.
- Bien, gracias.
La enfermera asintió levemente y se marchó con rapidez. Scully ojeó el
informe de las víctimas con rapidez y su mente empezó a construir un informe
claro y preciso, sin que llegara a pecar de frívolo. Mientras pasaba las hojas
y retenía la información fundamental, se comenzó a acercar al agente del FBI.
- Agente, soy la doctora Dana Scully. Me han comunicado que quería hablar con
algún médico para conocer la situación que vivimos ahora mismo. Todavía
varios pacientes están en el quirófano pero puedo darle un promedio de... -
comentó sin levantar la vista del papel.
-¿Dana?
El corazón de Scully frenó en seco. Un escalofrío comenzó a recorrer toda su
piel mientras notaba cómo las piernas le temblaban.
Hacía mucho tiempo que no escuchaba su voz en persona.
Lentamente, como si tuviera miedo de lo que podía llegar a ver, levantó la
mirada hasta encontrarse con sus verdes y cristalinos ojos.
-¿Mu... Mulder?- consiguió decir en un susurro.
Con rapidez sus ojos examinaron sus facciones y posteriormente su cuerpo para
terminar de nuevo en sus ojos. Tenía el mismo peinado. No se había dejado
barba ni bigote. No había engordado. Seguía siendo el mismo del año anterior.
Fox Mulder.
-¿Así saludas a un viejo amigo? Parece que has visto un fantasma - comentó
sonriendo.
- Bueno, yo... no... esperaba verte aquí.
Ambos se quedaron mirando fijamente el uno al otro durante unos segundos, tiempo
suficiente para ver que el respeto y la devoción que existía entre ellos años
atrás no se había desvanecido. Entonces Mulder se acercó a ella y la abrazó.
Ella no rechazó el abrazo, sino que se acurrucó en su pecho y respiró su
perfume.
Un año había sido demasiado tiempo para ella.
Finalmente se separaron y sonrieron.
- No sabía que trabajaras en este hospital - comentó Mulder.
- Bueno, la verdad es que yo tampoco lo supe hasta que llegué aquí, a Utah -
de pronto su mente reaccionó -. Pero tú... ¿qué haces aquí?
Mulder se acarició el pelo y la envió una mirada melancólica.
- Abandoné mi búsqueda de la verdad. Dejaron de interesarme los Expedientes X.
Scully entreabrió la boca, perpleja ante lo que había oído.
- No hablas en serio - comentó sintiéndose culpable.
- Siento decepcionarte pero es así. No pude averiguar nada sobre el caso de
Dallas y debido a ciertas... irregularidades en cuanto a mi forma de actuar me
enviaron a la sección de Revisión de casos. Ya sabes, nunca hago caso a nadie
- comentó intentando hacer una broma.
Al ver que Scully no sonrió prosiguió con su historia.
- Después de trabajar durante unos meses en estúpidos casos que no llevaban a
ninguna parte, alguien me echó una mano y me reasignaron a Terrorismo
Organizado.
-¿Por qué no me lo dijiste?- dijo Scully decepcionada.
Él extendió sus brazos, indicándole que no entendía su enfado.
- Nunca hablábamos de trabajo cuando nos llamábamos. No pensé que fuera
necesario. Además, tu tampoco me dijiste que trabajabas aquí.
Ella suspiró desesperada.
- No es lo mismo.
- De todas maneras no pensabas volver ¿verdad?- le acusó Mulder.
Ella bajó la mirada. Las palabras de Mulder recorrieron su cerebro y se
extendieron por su cuerpo como una plaga hasta asentarse en su corazón. Dolía
demasiado.
- Lo siento, yo...
- Lo has dicho Mulder así que no intentes arreglarlo. Supongo que eso lo has
pensado desde el principio. Hermosa actitud.
- Scully no he venido a pelear ¿Crees que podríamos tener una conversación
normal al menos durante cinco minutos?
Ella desvió su mirada hasta pararse en los informes que tenía en sus manos.
- No sé lo que piensas Dana, pero yo no tengo el poder para borrar seis años
de mi vida en tan poco tiempo. Simplemente no puedo.
- Yo tampoco Mulder.
- Bien, entonces hablemos como buenos amigos que somos, sin reprocharnos nada
del pasado ¿vale?
Scully respiró profundamente y miró a Mulder, el cual esperaba impaciente una
respuesta.
- Claro.
- Entonces, supongo que no rechazarás tomar un café conmigo ¿verdad?
Ella miró el reloj y resopló.
- No tiene por qué ser ahora. Mira, toma el número de mi hotel. Es la
habitación 312. Llámame cuando puedas o bien, me paso por aquí cualquier
día.
-¿Fox?- dijo una voz detrás de él.
Mulder se dio la vuelta y Scully contempló la persona que se acercaba con
rapidez a ellos.
Supo entonces que nada podía ser peor.
Diana Fowley se colocó al lado de Mulder y acarició su mano.
-¿Sabes algo?- le preguntó sin percatarse de la presencia de Scully.
- Ahora iba a preguntárselo a mi antigua compañera - comentó señalándola.
Por un segundo la imagen del odio invadió el rostro de Fowley, para después
intentar ocultar su incomodidad.
- Vaya, doctora Scully no sabía que trabajaba aquí - comentó extendiendo su
mano a modo de saludo.
- Ya ve. Algunos lo considerarían el destino pero yo prefiero llamarlo
casualidad - respondió estrechando su mano.
- Bueno, si este caso hubiera sucedido hace unos meses no habría visto a
Mulder. Lleva poco tiempo con nosotros.
- Eso me ha comentado - respondió intentando mantener una postura neutra.
- Y bien, ¿cómo se encuentran nuestros hombres?- preguntó Diana.
Dana ojeó de nuevo los informes e intentó formular un resumen coherente. Sin
embargo, su mente parecía prestarle más atención a la mujer que tenía
delante.
- Bien... según nuestras últimas anotaciones quince hombres han llegado a este
hospital, cinco de ellos muy graves y los demás con heridas de bala y
quemaduras leves.
-¿Algún fallecido?- preguntó Mulder.
- Dos... - miró su informe una vez más -... Greg Stone y Michael Aniston.
- Bien, se lo comunicaremos a sus familias - respondió Fowley mientras miraba
el reloj -. Tenemos que irnos - comentó acariciando de nuevo la mano de Mulder.
- Bien. Scully, ya nos veremos - dijo antes de marcharse.
- Claro - respondió sin tono alguno.
Mulder la miró por última vez y después se dio la vuelta para dirigirse a la
salida junto con Fowley.
Cuando vio que ambos estaban lo suficientemente lejos para no oírla ni verla,
respiró profundamente y agachó la cabeza derrotada.
Fowley le había cogido la mano. Dos veces. Y él no había mostrado rechazo
alguno, como si estuviera acostumbrado a ello.
Como persona con un mínimo de sentido común, sabía que un gesto así no
tenía por qué significar algo pero como mujer sabía perfectamente que la
forma en que lo había hecho mostraba un fuerte lazo de unión.
Y sus miradas... cuando se cruzaban...
<<No puedo pensar en ello. Ya no es asunto mío>>.
-¿Has hablado ya con el FBI?- preguntó Ted.
Ella se sobresaltó al escucharle.
-¿Qué...?- preguntó con voz débil.
- Te he preguntado que si ya has hablado con ellos.
- Eh... sí.
-¿Alguien que conocieras?
Scully se dio la vuelta y miró directamente a los ojos de Ted.
- Supongo - respondió con tristeza antes de alejarse de él y andar por el
frío pasillo de mármol.
HOTEL SHELDON.
SALT LAKE CITY, UTAH
21:30 P.M.
A pesar del roce seguía
brillando con fuerza. Y aunque la cadena le quedaba un poco pequeña no había
querido cambiarla.
Desde hace un año no se había desprendido de esa cruz para nada. Incluso
todavía podía recordar con viveza el momento en que Scully se la había
entregado.
"Tal vez la necesites más que yo". Esas habían sido sus últimas
palabras antes de marcharse.
Tenía razón.
Después de su marcha Mulder perdió el rumbo. Se saltaba absolutamente todas
las normas, no mostraba ningún respeto a sus superiores, ya no le importaba
nada. El colmo fue cuando se saltó una reunión y decidió ir a un bar hasta
emborracharse. Dio gracias porque Scully no le viera en ese estado.
Tras eso fue expulsado y le trasladaron a la sección de "Revisión de
casos", y aunque en un principio su actitud seguía siendo la misma, un
encuentro con su antiguo superior le hizo plantearse seriamente su estado.
"No va a volver Mulder. Tiene dos opciones: o afrontarlo o hundirse con
ello" le dijo Skinner hace unos meses.
Esas palabras le hicieron golpearse de narices con la realidad pero le sirvieron
para reconocer que lo único que estaba haciendo era compadecerse de sí mismo,
en lugar de ayudarse a superarlo. Y poco a poco, logró salir del abismo en el
que se había metido mediante disciplina y voluntad ¿Los Expedientes X? No,
sabía que era incapaz de volver a ellos sin Scully y ni siquiera se planteó
intentar reabrirlos.
En ese terreno sabía que había sido vencido.
Sin embargo, su progreso no fue en vano. Skinner siguió su trayectoria con
atención y tras mover algunos hilos y ponerse en contacto con Diana, logró que
ella le consiguiera un puesto en "Terrorismo organizado".
Así había transcurrido su vida profesional durante el último año. En cuanto
a la sentimental... Después del desengaño con Scully decidió encerrarse en
sí mismo y no dejar entrar a nadie más... hasta que Fowley reapareció en su
vida. Desde el primer momento en que se pusieron a trabajar juntos de nuevo ella
mostró su atracción hacia él y aunque él la rechazaba finalmente decidió
volverlo a intentar con ella. Años atrás la había querido e incluso es
posible que la quisiera ahora.
Incluso.
Sin embargo sabía perfectamente que si, por una extraña razón, volviera a
encontrarse con Scully su mundo construido durante los últimos meses podría
desmoronarse de nuevo.
Lo curioso de todo esto es que cada vez que este pensamiento le venía a la
mente lo rechazaba por imposible, como si Scully se hubiera marchado a otro
planeta y fuera encontrarse con ella.
Casualidades de la vida esa posibilidad que consideraba tan lejana se había
convertido en realidad. Y lo peor de todo es que ahora tendría que enfrentarse
con lo que más temía.
Sus sentimientos.
-¿Mulder? ¿Qué estás haciendo?- le preguntó Fowley, que acababa de entrar
en la habitación.
- Estaba... - observó la cruz que sostenía entre sus dedos-... pensando. Eso
es todo.
- Pensar demasiado no es bueno. Lo que necesitas ahora mismo es relajarte. Hoy
ha sido un día muy duro- le comentó mientras se acercaba a él.
- Diana, ahora mismo...
- Ahora mismo ¿qué?- le preguntó justo antes de comenzar a besarle -. No te
preocupes por nada. Ven conmigo.
RESIDENCIA DE LOS SCULLY
BALTIMORE, MARYLAND.
10:00 P.M.
-¿Y tú qué opinas Dana?-
dijo Bill sonriente.
Ella enfocó su mirada perdida en el rostro de su hermano e intentó procesar
las palabras.
-¿Perdona?- preguntó casi en un susurro.
Bill envió una mirada de aviso a su madre y después volvió a mirar a Dana.
- Te he preguntado si crees que es buena idea que Tara y yo tengamos otro hijo -
le dijo con cierto tono de enfado.
- Eso... sería genial Bill - le respondió sin ánimos.
Margaret torció el gesto ante la actitud de su hija. Sabía que algo no iba
bien. Nada más llegar ella, se había percatado de ello. Su tono de voz era
triste y sus gestos... eran lentos, como si no tuviera ganas de hacer nada. Otro
detalle a tener en cuenta es que apenas había probado bocado, a pesar de haber
preparado su plato favorito. Y, a todo esto, había que añadir el hecho de que
durante la cena no había pronunciado palabra y se mostraba ausente frente a las
conversaciones de los demás.
- Dana, cariño ¿no te gusta la pasta? La he preparado como a ti te gusta - le
dijo con dulzura.
Ella miró su plato y enrolló su tenedor en los espaguetis por millonésima
vez.
- No mamá, simplemente... no tengo mucha hambre esta noche.
- Pero si es tu plato favorito. Cuando eras pequeña incluso tomabas doble
ración - comentó su hermano.
- Sí, pero ya no soy pequeña Bill - le respondió irritada.
Bill, ante la actitud de su hermana, miró a su madre con preocupación
- Hay algo que te preocupa ¿verdad?- preguntó su madre.
Scully bajó la mirada.
- No... no me pasa nada.
-¿Es algo del trabajo? ¿Un mal día?
- No, mamá.
- He visto por la televisión que una escaramuza del FBI ha provocado varios
muertos. Debe haber sido un día duro en el hospital.
- Lo ha sido - se limitó a responder.
Margaret desvió la mirada a su plato y continuó comiendo. Bill empezó a dar
pequeños y continuos golpes sobre la mesa.
- Por si no te has dado cuenta, mamá se preocupa por ti. Lo menos que podías
hacer es responderla como se merece - dijo enfadado.
- Bill, no tengo ganas de pelear.
-¿Por qué? ¡Se puede saber qué demonios te pasa!
- Es el trabajo, eso es todo - respondió, sabiendo que su paciencia se estaba
acabando.
- No, tú no te pones así por un duro día de trabajo. No habías estado así
desde... - Bill se calló cuando vio que su madre le enviaba una mirada
amenazadora -... desde que trabajabas con Mulder.
De pronto el silencio se hizo en la habitación. Bill tragó saliva mientras
esperaba la respuesta de su hermana. Ella dejó el cubierto sobre la mesa y
cruzó las manos.
- Hoy... he visto a Mulder - sentenció finalmente.
Pudo escuchar como un leve gemido surgió de la garganta de su madre. Y como
ondas de calor, pudo sentir el enfado de Bill surgir de cada poro de su piel.
-¿Qué hace ese cabrón aquí?- preguntó Bill levantándose de la silla.
-¡Bill!- le reprochó su madre.
- No es asunto tuyo - le respondió con frialdad.
-¡Claro! ¡No es asunto mío! ¿Sabes lo que pasa Dana? ¡Durante los últimos
ocho años todo lo que ha hecho Mulder ha sido asunto de esta familia porque lo
único que ha hecho ha sido destrozarla! ¡Y cuando por fin hemos podido vivir
un año de tranquilidad vuelve a aparecer de nuevo!
-¡Eso no es verdad!- protestó mientras se levantaba bruscamente.
-¡Ah no! ¿Qué pasa? ¿Por qué ha vuelto? ¿Es que no obtuvo lo que quiso de
ti y ha vuelto a por más? ¡Lo único que no consiguió en el pasado fue follar
contigo y apuesto a que ha vuelto para conseguirlo!
-¡Por Dios Bill!- suplicó su madre.
Scully miró con odio a su hermano, intentando contener las lágrimas. De pronto
se acercó a él y le dio una bofetada. Margaret se llevó las manos a la boca
ante lo que su hija había hecho. Bill movió levemente la mandíbula ante el
golpe que había recibido y miró fijamente a su hermana. Todo lo que pudo ver
en sus ojos era dolor y rencor.
- Eso ha sido muy propio de ti - dijo Scully justo antes de coger su abrigo y
dirigirse rápidamente a la salida.
Margaret miró por un segundo a su hijo y después agitó la cabeza con
decepción.
-¡Dana!- gritó su madre intentando alcanzarla antes de que se marchara.
Cuando llegó al hall Scully ya estaba abriendo la puerta.
- Hija... - comenzó a decir.
- Lo siento - la interrumpió -. De veras que lo siento.
Antes de que pudiera decirle algo más su hija ya se había marchado.
HOSPITAL HOPE
SALT LAKE CITY, UTAH.
11:30 A.M.
El olor del café recién
hecho entró rápidamente, como una droga, en la cabeza de Scully. Vertió el
contenido de la cafetera en un vaso, le añadió leche, lo removió con una
cuchara y se lo tomó de un solo trago.
- Ya es el tercero en lo que llevamos de mañana - le dijo una voz detrás de
ella.
Se giró rápidamente y se encontró a Ted.
- Hola, no te había visto - le respondió cansada.
- Eso lo supongo. Esta mañana, cuando te he visto de lejos, no sabía si
estabas muerta o viva. Tenías una cara horrible - le comentó con una sonrisa.
- Gracias - respondió irónica.
-¿Una mala noche?
Ella levantó la mirada y después hizo un gesto despectivo.
- Y un mal día.
Ted se acercó a ella y habló en voz baja.
-¿Tiene algo que ver con la visita del FBI?
Ella respondió automáticamente a la pregunta, enviándole una mirada
defensiva.
- Oye, a pesar de que nosotros... bueno, ya sabes, puedes confiar en mí. Me
conoces lo suficiente para saberlo.
Los músculos de Scully empezaron a relajarse y su mirada se volvió menos
tensa.
- Lo siento, es que... supongo que sólo intento protegerme.
- Lo sé por experiencia - dijo Ted asistiendo con la cabeza.
Ella lanzó un pequeño suspiro y recordó en un segundo su relación con Ted.
La primera cita, su primer beso, la primera vez que se despertaron juntos... y
la primera pelea, los primeros insultos...
Volvió a suspirar de nuevo.
- En realidad tiene que ver con el agente del FBI.
- Le conocías ¿verdad?
- En realidad... era Mulder.
Ted se quedó mudo. Se llevó el pelo hacia atrás con la mano derecha para
después colocar sus brazos en jarras.
-¿Mu... Mulder? ¿Tu antiguo compañero? ¿Con el que trabajaste seis años?
- Sí - respondió resignada.
-¿Y qué hace aquí?- preguntó irritado.
Realmente Mulder no era uno de los temas favoritos de Ted. A fin de cuentas, él
había sido el causante de su ruptura con Dana. Todavía no podía entender
cómo teniendo una mujer tan maravillosa como ella a su lado le había dejado
marchar; cómo podía haberla hecho tanto daño...
Scully le miró fijamente y Ted pudo apreciar enfado en sus ojos.
- Eres como mi hermano - dijo asqueada.
-¿Como Bill? ¿Por qué dices eso?
- Ayer tuve una... reunión familiar, si se puede llamar así. Tratamos este
tema durante la cena y... no acabó muy bien.
- Bueno, si tu familia está irritada con él, tendrán sus motivos ¿no?
Los ojos de Scully se convirtieron al instante en dos icebergs.
-¿Sabes una cosa? No necesito la aprobación de mi familia y mucho menos la
tuya para lo que hago o dejo de hacer - dijo mientras le dejaba atrás.
Scully anduvo rápidamente por el hospital hasta llegar a la centralita mientras
escuchaba cómo Ted intentaba alcanzarla.
- Sheryl, por favor, dame el historial del paciente de la 308 - le pidió a una
enfermera de la centralita.
Ella asintió con la cabeza, se dio la vuelta y empezó a buscar en los archivos
del hospital. Mientras esperaba dando golpecitos con las uñas sobre la mesa Ted
llegó a su lado.
-¿Puedo hablar contigo un momento?- le preguntó mientras recuperaba el aire.
- Nuestra conversación se ha terminado - comentó mientras agarraba el
expediente que le había buscado la enfermera -. Gracias - dijo a Sheryl antes
de marcharse.
- Yo creo que no - protestó Ted a la vez que intentaba andar a su misma
velocidad.
-¡Ted, haré con mi vida lo que me dé la gana! ¿Te vale?- le dijo bastante
enfadada.
- Eso me parece estupendo pero ¿No te parece extraño que de repente aparezca
aquí, en Utah? Quizá haya vuelto porque...
- Para tú información tiene pareja y además... ¡Si tienes tanto interés por
qué no le preguntas a él directamente!
- Eso era lo que estaba pensando - añadió una voz al comentario de Scully.
Ambos se dieron la vuelta y se encontraron con el tema de su conversación:
Mulder.
- Buenos días Scully - dijo con voz neutral.
Ella notó cómo sus mejillas se sonrojaban mientras Ted intentaba disimular.
- Buu... buenos días Mulder - respondió finalmente.
Él desvió su mirada y se dirigió a Ted.
- Como supongo que has adivinado me llamo Fox Mulder. Y tú... podría
llamarte... ¿señor meto-me-en-todo?
-¿Cómo dices?- dijo sorprendido.
- Creo que todo está dicho Ted - sentenció Scully intentando suavizar la
situación.
Ted envió una mirada de asombro a Scully, una de odio a Mulder y finalmente se
marchó.
- No sabía que mi vida fuera tan interesante para los demás. Podría escribir
un best-seller ¿qué opinas Scully?- comentó sonriendo.
-¿Qué haces aquí?- le preguntó incómoda.
Él torció el gesto.
-¿Es que no lo recuerdas? Dijimos que íbamos a tomar un café juntos. Tenía
un rato libre y como es la hora de comer he pensado en invitarte ¿Puedes ahora?
Scully recorrió con su mirada a Mulder. Llevaba unos vaqueros negros, una
camiseta blanca y una cazadora de cuero. A pesar del paso del tiempo Mulder no
había perdido ni un ápice de su atractivo.
Y eso suponía un problema para Scully que se había empeñado en solucionar.
- Ahora... no puedo - respondió mientras bajaba la mirada.
- Bueno, tendrás que comer en algún momento ¿A qué hora?
- Mulder hoy... tengo pensado comer aquí - se excusó ella.
- Bueno, puedo comer aquí contigo. Después de todo lo que he comido en mi vida
no creo que almorzar en un hospital me mate
- Mulder, no... - dijo Scully.
De pronto él se dio cuenta de la situación y le miró seriamente.
- Veo que has cambiado. No solías dejarte influenciar por lo que dicen los
demás.
- No sé a qué viene eso - respondió con frialdad.
- Me refiero a que el Dr. "sé-lo-que-te-conviene" te ha comido el
coco.
- Ese doctor tiene nombre y se llama Ted - replicó a la defensiva.
Él envió una mirada de asombro a su ex - compañera.
-¿Qué te ha dado para que le defiendas de esa forma?
- Supongo que debería preguntar lo mismo sobre Fowley.
Mulder le miró dolido. Agitó la cabeza y suspiró enfadado.
- Mulder, lo que pasa es que... no puedo aparentar que no ha sucedido nada.
Simplemente no puedo olvidar.
- En todo caso eso debería decirlo yo ¿no? Porque de los dos que estamos aquí
el único que se marchó fuiste tú.
- Y nunca fue una decisión fácil Mulder ¿Qué crees? ¿Qué no le di millones
de vueltas? ¿Qué no me lo replanteé?
Él intentó decir algo pero finalmente se calló.
- Mira Mulder, lo mejor es que...
-¿Qué Scully? ¡Que no seamos amigos! ¡Que haga que no te conozco cuando he
pasado seis años de mi vida trabajando contigo! Muy bien, si así quieres que
sea...
- Dra. Scully.
Ella se dio la vuelta y miró a su superiora Kelly Rice con una mirada nada
amistosa.
- Se supone que debería estar con el paciente de la 308 - le dijo con una voz
fría como el hielo.
- Ahora mismo voy.
- Ahora significa que ya debería estar allí - le replicó.
Scully envió una última mirada a Mulder llena de dolor.
- Espero que todo te vaya bien, doctora - le dijo finalmente y tras ello, se
marchó hacia la salida.
<<Genial, turno de
noche>>- se dijo a sí misma.
Rice estaba muy molesta con Scully por sus últimos retrasos en sus trabajos y,
para colmo, los comentarios que había oído sobre ella y "el agente del
FBI" no le habían hecho ni pizca de gracia. Por ello, había decidido que
Scully tuviera turno de noche para "recuperar el tiempo perdido".
- Al menos tendré tiempo para cenar ¿no?- le había comentado.
- Dos horas. Aproveche el tiempo como pueda - le había respondido.
Con ello la conversación se había terminado. Algo muy típico de Rice: tener
siempre la última palabra.
Scully miró su reloj de nuevo: las nueve y cuarto.
Al menos tenía hasta las once un respiro.
Dio un último bocado al sandwich que había pedido y empezó a revisar los
informes atrasados. Sin embargo lo único que podía leer su mente era Mulder.
Mulder, Mulder, Mulder...
- Mierda - dijo en voz baja.
Tenía que reconocer que Mulder tenía razón. Él simplemente había intentado
ser amable con ella, conversar un poco pero le había rechazado. Y ahora la
culpabilidad le estaba devorando por dentro.
Miró su reloj y resopló: las nueve y veinte.
<<¿Y si voy a verle?>>- pensó por un momento.
Sí, claro. Sólo tenía que presentarse en la habitación del hotel, llamar a
la puerta y decir: "¿Te acuerdas de lo que dije antes? Bueno ¿podemos
olvidarlo?".
Sin embargo, por extraño que parezca, no le pareció una idea tan terrible. Al
contrario, poco a poco se dejó convencer por ella...
<<Habitación 312,
habitación 312...>>- repetía en su mente una y otra vez mientras
recorría el pasillo del hotel.
Finalmente encontró la puerta. Una vez allí un pensamiento pasó por su
cabeza.
¿Y si estaba acompañado?
<<Dios, no creo que fuera capaz de superarlo>>- se dijo a sí misma.
El sólo pensamiento de que fuera Fowley con una camisa desabrochada la que
abriera la puerta le provocaba náuseas.
<<Sabía que no era buena idea venir...>>
De pronto la puerta se abrió y se encontró con Mulder vestido de la misma
forma que esta mañana.
-¿Scully?- dijo temeroso -¿Qué haces aquí?
- Bueno, yo... Si tienes que irte puede esperar - comentó con la mirada baja.
- La verdad es que Fowley me ha llamado. Hay trabajo que hacer pero... eso se
puede convertir en algo secundario si quieres.
La última frase que pronunció llamó la atención de Dana. La repitió
mentalmente.
<<Se puede convertir en algo secundario si quieres...>>
Se preguntó si tenía doble sentido.
- Sólo venía a decirte que... lo siento. Esta mañana... no he sido my amable.
Sé que he dicho cosas que no quería, yo...
- Yo también me he pasado de la raya Scully. Lo siento.
Ella fijó su mirada en sus ojos y pudo ver arrepentimiento en ellos.
Resultaba increíble. Ella había sido la más desagradable, la única culpable.
Sin embargo, él se disculpaba. Una de las cualidades que más amaba de Mulder.
- No, tú has actuado en función de lo que he dicho. He sido yo la que he
provocado la situación.
- Bueno, si quieres podemos discutir esto hasta mañana pero supongo que quieres
tomarte conmigo ese café... porque has venido por eso ¿no?
Ella le sonrió y asintió con la cabeza.
- ¿Cuánto tiempo tienes?
Miró su reloj y torció el gesto.
- No mucho.
- En ese caso, he visto que hay un bar muy acogedor aquí al lado ¿Qué te
parece?
- Me parece estupendo - le respondió.
Ambos se miraron durante unos segundos y se dirigieron a la salida. De pronto
una voz llamó a Mulder. Él se dio la vuelta y observó a la mujer que le
llamaba.
-¿Ocurre algo Fowley?
Ella le miró enfadada.
- Se supone que íbamos a trabajar en el caso ¿Recuerdas?- le reprochó
mientras enviaba una mirada despectiva a Scully.
- Lo sé Diana pero Scully había venido para tomarnos un café juntos y he
decidido irme con ella.
Fowley no salía de su asombro.
- Estamos en medio de una investigación Fox ¿Cómo quieres que trabajemos si
te marchas en cuanto puedes?
Scully bajó la mirada. Se sentía incapaz de mirar directamente a Fowley.
Desde el principio no se habían llevado bien. Dana la consideraba como un
enemigo invadiendo su terreno, intentando recuperar los años perdidos. Nunca
confió en ella.
Sin embargo Mulder sí.
Eso produjo situaciones muy incómodas con él. Peleas, desconfianzas,
reproches...
Sentía que había sido vencida por ella, que había conseguido lo que buscaba.
Pero, aunque fuera sólo un deseo, quería creer que sólo había ganado una
batalla, pero no la guerra.
- Te propongo una cosa. Empieza a trabajar tú y en un rato me reúno contigo
¿vale?
Las palabras de Mulder sacaron a Scully de sus pensamientos. Por primera vez se
atrevió a levantar la mirada y observó la expresión de Fowley.
Herida. La arpía estaba herida.
<<Toma de tu propia medicina, puta>>- pensó Scully.
- Como quieras - respondió indignada justo antes de marcharse sin despedirse de
Scully.
-¿No se habrá enfadado?- preguntó Dana con sarcasmo.
- Ya se le pasará. Bueno, ¿nos vamos?
Ella le sonrió y asintió con la cabeza.
Todavía no podía comprender
cómo, a pesar del tiempo que ya llevaba en Salt Lake City, no conociera ese
bar.
Estaba realizado en madera, con numerosos espejos, dándole un aire victoriano.
Había pocas mesas, bastante separadas unas de otras, y una música relajante
inundaba el ambiente.
Nada más entrar se había enamorado del sitio.
Ambos vieron una mesa libre en un rincón y se acercaron a ella. De pronto
Scully sintió que Mulder colocaba su mano en la parte baja de su espalda.
Como siempre lo había hecho.
Dios, le había echado de menos.
Ambos se sentaron y se miraron tímidamente. A los pocos segundos un camarero se
acercó a ellos.
-¿Qué desean tomar?- preguntó.
- Para ella un café con crema, sin azúcar y para mí un capuchino.
El camarero asintió con la cabeza y se marchó a la barra.
<<No ha olvidado mis gustos>>- pensó agradecida.
- Bueno, por fin podemos hablar con tranquilidad - comentó Mulder mientras le
enviaba una sonrisa.
Ella hubiera jurado que había sentido cómo sus mejillas se sonrojaban.
Intentó evitar su sonrisa y se dedicó a buscar en el bolso un cigarrillo y un
mechero. Ante el asombro de Mulder encendió el cigarrillo y le dio una calada.
-¿Desde cuándo fumas?- le preguntó sorprendido.
- No es que me haya convertido en una fumadora empedernida. Pero las largas
guardias en el hospital, los nervios... no sabes qué hacer y decides fumar un
cigarro en tu despacho.
- Un médico fumador. No es que sea muy educativo.
- Mulder, ya te he dicho que no soy fumadora. Simplemente lo hago a veces, no es
un vicio.
- Eso espero - dijo sonriente - Bueno, ¿qué ha sido de tu vida? ¿Cómo está
tu familia? ¿Tu madre? ¿Sigue peleándose con tu hermano?
- Mulder, tranquilo. No tantas preguntas de golpe - respondió.
Él hizo un gesto dándole la razón.
- Entonces, cuéntame lo que quieras.
- Bien, cuando llegué aquí supe que había sido enviada al Hospital Sheldon y
que empezaba a trabajar al día siguiente. Fue un desastre. No sé cómo no me
despidieron.
Él sonrió.
- Poco a poco me fui adaptando y aprendiendo y he llegado a ser ayudante de
quirófano además de médico general.
- Eso está muy bien.
Su conversación fue interrumpida por la llegada del camarero, que sirvió los
dos cafés y, dejando en un extremo de la mesa la cuenta, se marchó.
- Gracias - comentó Mulder justo antes de que se marchara -¿Y tú familia?
¿Cómo está?
Ella tragó saliva con dificultad al recordar el enfrentamiento de la noche
anterior.
- Todos están... bien. Están bien - repitió intentando creérselo.
-¿Incluso tu hermano?- preguntó con ironía.
Ella suspiró profundamente y sonrió con amargura.
- Incluso mi hermano.
Mulder pudo percibir que las preguntas referentes a su familia incomodaban a
Scully y decidió cambiar de tema.
- En resumen, estás bien ¿no?- preguntó preocupado.
- Sí, estoy bien - ella intentó ocultar el dolor de sus ojos -. Bueno, estamos
hablando mucho de mí ¿Qué ha sido de tu vida?
Él se reclinó en la silla y miró fijamente a Scully.
- La verdad es que me ha ido bien - mintió -. Ya te conté cómo sucedió todo.
No les gustó mi actitud en Washington y decidieron trasladarme. Después de
trabajar durante un tiempo en revisiones de casos me trasladaron de nuevo a
Terrorismo Organizado.
- Supongo que tuvo que ver algo Diana en tu reasignación - comentó incómoda.
Mulder se limitó a carraspear un par de veces.
- Es cierto. Ella me ayudó para que me aceptaran de nuevo.
Scully bajó la mirada. Poco a poco el tema de la conversación estaba
cambiando.
- Cuando la vi el otro día... Bueno, vosotros estabais... muy...
- Si tu pregunta es si estamos juntos la respuesta es sí - respondió Mulder
finalmente.
De pronto ella sintió como si un cuchillo le atravesara el corazón.
La respuesta es sí.
Sí.
- Ah - se limitó a decir tímidamente.
Él intentó descifrar su mirada.
-¿Es lo único que vas a decir?
Dana le miró a la defensiva.
-¿Y qué quieres que haga? ¿Que te felicite?
Mulder intentó decir algo pero simplemente ladeó la cabeza de un lado a otro.
- No sé por qué te sorprende. Ya sabes lo que pienso de Diana.
- Ya. Tú y Diana nunca habéis sido muy buenas amigas.
- Oye, dejemos el tema ¿vale?- pidió irritada.
Ambos se miraron durante un instante para después desviar sus miradas.
Nunca es posible olvidar.
-¿Y tú? ¿Hay alguien en tu
vida?- preguntó Mulder mientras daba un sorbo a su café.
Ella agitó varias veces su cucharilla dentro del líquido oscuro de su café y
después la apoyó en la mesa.
Pensó en mentirle, en decirle que su vida sentimental era maravillosa y que
tenía una relación estable...
- Hubo alguien pero... decidimos dejarlo de mutuo acuerdo. Desde entonces estoy
sola... pero me encuentro bien conmigo misma así que no necesito a nadie más -
respondió antes de dar un sorbo a su café.
Y de pronto la vio.
Colgando de su cuello.
La cruz.
Mulder percibió el asombro de Scully al ver sus pupilas dilatadas y su mirada
fija en su cuello.
- Todavía la llevo conmigo, desde el primer día - dijo mientras acariciaba la
cruz.
- No... la había visto.
Mulder acercó la cruz a sus labios y la besó dulcemente, y mientras lo hacía,
no dejaba de mirar a Scully.
- Te he echado de menos - susurró.
Por un momento Scully dudó, sintió que su barrera se derrumbaba y su corazón
le pedía decir la verdad.
Recordó de pronto el último día que vio a Mulder hace un año, con la
claridad de siempre, como si hubiera sido ayer. Podía sentir cómo él se
acercaba lentamente hacia ella y...
Recordó también sus peleas con Jack, sus reproches por prestar más atención
al trabajo que a ella, su ruptura, el dolor...
Su promesa.
Una voz que le decía:
<<Noquierovolverasufrirnoquierovolverasufrirnoquiero...>>
- Mulder es tarde. Tengo que volver al trabajo - dijo mientras se levantaba
rápidamente de la silla.
-¿Acaso no me vas a responder?
Ella le miró fijamente.
- Nos veremos - se limitó a decir mientras se daba la vuelta y se dirigía a la
salida.
- No lo creo Scully. Me marcho mañana.
Ella se giró y observó su expresión de dolor.
- Mañana por la mañana. Nuestro trabajo ha terminado aquí y debemos regresar
a Washington.
Lentamente se acercó a Mulder hasta estar enfrente de él.
- En ese caso... - extendió su mano -... adiós Mulder.
Él investigó su mirada, intentando entender por qué Scully seguía actuando
de ese modo. Sin embargo, no logró encontrar el motivo.
- Adiós Dana - respondió estrechando su mano.
Ella le sonrió con amargura y se marchó rápidamente del café, dejando a
Mulder solo.
Sintió, como hace un año, que ella le había mentido.
AEROPUERTO DE SALT LAKE CITY,
UTAH.
01:00 P.M.
Miró el reloj con
impaciencia. Llevaban dos horas de retraso y la tensión hacía acto de
presencia entre los pasajeros. Diana había estado discutiendo con la encargada
exigiéndole que nos dieran un avión ya "porque tenemos mucho trabajo que
hacer y necesitamos llegar a Washington lo antes posible" había dicho. A
todo esto había que añadir el hecho que no había pegado ojo en toda la noche
por la maldita tormenta que había surgido de pronto en la ciudad.
Sin embargo el retraso no era lo que le preocupaba. Scully no había aparecido.
En cierto modo no entendía por qué tenía la sensación de que ella iba a
aparecer en el aeropuerto para despedirse. Ella había sido muy clara la noche
anterior y desde entonces no había recibido ninguna llamada suya, ni siquiera
al móvil.
Él hace un año había ido al aeropuerto. Estuvo dudando hasta el último
momento pero tenía que verla una vez más, tenía que intentar convencerla de
que estaba cometiendo un error. Así que con los minutos contados decidió ir al
aeropuerto. Pero, a pesar de todo el esfuerzo, no llegó a tiempo. Cuando
averiguó dónde estaba la puerta de su vuelo y llegó hasta ella una azafata le
comunicó que los pasajeros ya estaban en el avión y que en unos pocos minutos
tendría pista para salir. Se inventó millones de excusas pero ninguna le
sirvió. Incluso, intentó entrar a la fuerza pero dos miembros del equipo de
seguridad del aeropuerto le atraparon.
Ahora, él todavía tenía esperanzas de que ella hiciera lo mismo, aunque con
el paso del tiempo su fe desaparecía. Quizá pensaba que su vuelo ya había
salido y había desistido. Tal vez debería llamarla al hospital...
No, si realmente Scully quisiera verle ahora mismo estaría aquí, aunque fuera
simplemente para darle un beso de despedida.
-¿Está anunciado?- preguntó
de pronto Diana.
-¿Qu... qué?
- Te he preguntado si nuestro vuelo está anunciado en la parrilla - repitió
con impaciencia.
- No... no me he fijado.
Ella le miró enfadada.
-¿No te has fijado? Mulder, ¿llevas mirando la parrilla de vuelos más de diez
minutos y no te has fijado si está el nuestro?
Él se limitó a bajar la mirada.
- Supongo que tienes otras cosas más importantes en las que pensar.
Él respiró profundamente, mostrando su cansancio.
- No empieces otra vez...
-¿A qué te refieres? Simplemente estaba haciendo un comentario. No sé, a lo
mejor estoy un poco irritable pero es que estuve TODA LA MALDITA NOCHE
trabajando en un informe ¿Y tú? ¿Has dormido bien?- preguntó sarcástica.
- No sé si te sirve de consuelo pero no he dormido absolutamente nada. La
maldita tormenta me lo ha impedido.
Ella echó un rápido vistazo a las ventanas y observó el cielo. El agua
seguía cayendo y los relámpagos aparecían con frecuencia.
- La verdad es que sí, me sirve de consuelo. Pero no es suficiente.
Antes de que Mulder pudiera decir algo Diana se dio la vuelta y volvió al
mostrador para hablar con la azafata.
Finalmente, cogió su móvil y marcó el teléfono de Scully. No podía soportar
la incertidumbre.
Sonó un par de veces y de pronto escuchó el maldito mensaje de "en estos
momentos este teléfono está fuera de servicio". Enfadado, colgó su
móvil y lo guardó en el bolsillo de su abrigo. Dio varios paseos por la sala
de espera, se sentó, ojeó un periódico y se levantó para volver a pasear por
la sala. Decidió tranquilizarse y dejar de moverse. Miró de nuevo la parrilla
de vuelos para ver que el suyo no estaba anunciado. Tras dar varios golpes con
el pie contra el suelo de mármol del aeropuerto, volvió a coger su móvil y
llamó al hospital.
- Hospital Hope ¿En qué puedo ayudarle?
- Me gustaría localizar a la doctora Dana Katherine Scully. Es urgente.
- Un momento por favor.
Tras esperar unos minutos la mujer le respondió al otro lado del teléfono.
- Lo siento pero no está. Hoy tiene la mañana libre.
- Bien gracias - colgó rápidamente el teléfono y se maldijo por su mala
suerte.
Marcó el teléfono de la nueva casa de Scully y escuchó los primeros tonos. De
pronto alguien descolgó.
-¿Diga?
Mulder se dio cuenta de que no era la voz de Dana.
- Soy Fox Mulder ¿está Scully?
-¡Fox! ¡Hace mucho tiempo que no te escuchaba!
Entonces reconoció su voz.
- Señora Scully, discúlpeme, no la había reconocido.
- No te preocupes.
-¿Puede ponerse Scully?
Pudo oírla suspirar.
- Lo siento pero ella no está aquí. Había quedado con ella para comer y justo
cuando he llegado me la he encontrado saliendo rápidamente de casa. Me dijo que
tenía que ir al aeropuerto.
Mulder no pudo reprimir una amplia sonrisa.
- La dije que con la tormenta que hay no debía ir tan lejos pero no me hizo
caso ¿No ha llegado todavía?
La felicidad de Mulder se convirtió en preocupación.
- No ¿Por qué lo pregunta?
- Bueno, salió hace un buen rato... supongo que está conduciendo despacio...
con la tormenta que hay...
- Está bien, señora Scully. No se preocupe, en cuanto llegue le diré que la
llame.
- Gracias Fox.
Mulder colgó el teléfono y volvió a mirar el reloj. Tenía que estar a punto
de llegar.
- Fox... - dijo Diana mientras se acercaba hacia él.
<<No, no puede salir nuestro vuelo ahora...>>
-¿Qué ocurre?
- Nuestro vuelo ha sido cancelado. De hecho, todos los vuelos han sido
cancelados. El servicio meteorológico se ha comunicado con el aeropuerto y les
ha avisado que una gran tormenta se está formando en el norte de la ciudad y
que amenaza con extenderse. No sé qué tipo de tormenta es pero nos han dicho
que vamos a tener que permanecer encerrados aquí durante todo el día. Es el
sitio más seguro.
- No puedo quedarme aquí - sentenció Mulder.
-¿Qué estás diciendo? Te he dicho que no hay ningún vuelo...
- Scully se dirige hacia aquí. Ahora mismo debe estar en la carretera.
-¿Qué? ¿Acaso no ha escuchado las noticias? Han dejado bien claro que la
gente no debe salir de sus casas. Hay vientos racheados de hasta 110km/h y se
están cayendo árboles y andamios enteros. Y el agua no facilita nada las
cosas.
-¡Hey! ¡Escuchad esto!- dijo uno de los agentes que estaba sentado en la sala.
En una de las manos tenía una pequeña radio que emitía con dificultad. Varios
agentes, incluidos Mulder y Fowley, se acercaron a él.
Se ha pedi... a la pobla... que no... de sus casas... se esper... la tormen...
ure... todo el... ía...
De pronto el sonido de la radio se fue.
- Tengo que ir a buscarla.
Fowley le miró asombrada.
-¡Estás loco! ¡¿Cómo vas a salir con esta tormenta?! ¡No sabes si ni
siquiera te vas a encontrar la carretera cortada o no!
- Me da igual Diana.
Ella se cruzó de brazos, furiosa por la actitud de Mulder.
-¿Y con qué coche vas a ir?
- Con el jeep - respondió con seriedad.
-¿Con el jeep? Mulder, es propiedad del FBI. No creo que sea buena idea.
- Dame las llaves del jeep.
- Sólo se utiliza para operaciones...
-¡Quieres darme las jodidas llaves!- gritó Mulder.
Todo el mundo que se encontraba en la sala miró a la pareja con curiosidad.
Fowley se sintió avergonzada por la forma en que él le había hablado.
Finalmente desistió y le entregó las llaves. Mulder las cogió con rapidez y
se dirigió a la salida. Los miembros de seguridad le impidieron el paso pero el
sacó su placa y se la enseñó.
- Es urgente. Tengo que salir de aquí.
Asintieron con la cabeza y le dejaron salir.
En cuanto Mulder pisó la calle el agua y el viento le atacaron como si se
tratara de su enemigo. Lenta pero firmemente se dirigió al jeep y tras varios
minutos de intensa lucha contra el viento, logró llegar hasta él, introducir
la llave en la cerradura y entrar en el coche. Se quitó el abrigo, empapado de
agua, no sin antes coger el móvil. Lo observó con preocupación. Estaba
húmedo.
Con rapidez lo secó y probó a encenderlo. Afortunadamente se encendió. Marcó
de nuevo el móvil de Scully. Escuchó de nuevo el mensaje de "fuera de
servicio" justo antes de arrancar el coche y salir del parking.
<<Odio la
lluvia>>- pensó para sí mientras intentaba eliminar los cristales
empañados por la acción de la calefacción del coche y mantenía la vista fija
en la carretera.
En apenas unos minutos la lluvia se había intensificado y era casi imposible
ver por dónde iba. Sus cálculos le aseguraban que tenía que estar cerca del
aeropuerto pero la lentitud a la que conducía le hacía dudar.
Todavía no se explicaba por qué había decidido ir al aeropuerto. Ni siquiera
sabía si el vuelo de Mulder ya había salido y el trayecto que estaba haciendo
era en vano. Pero durante la noche en el hospital no había pensado en otra cosa
nada más que en lo que le había dicho.
Te he echado de menos.
Durante la mañana había intentado dormir algo pero le había resultado
imposible. Se culpaba por estar en casa en lugar de ir a buscarle y decirle que
también ella le había echado de menos durante todos estos meses. Y de pronto,
como si de una fuerza exterior se tratase, cogió su abrigo y decidió ir al
aeropuerto. Justo en la salida se encontró con su madre, que había venido a
buscarla.
<<Genial, lo había olvidado>> - había pensado en cuanto la vio.
Su madre, sorprendida, le había preguntado adónde iba y, tras excusas
fallidas, le había confesado que iba a buscar a Mulder. Su madre se limitó a
sonreír y a asentir con la cabeza para después enviarle una mirada de
preocupación.
- La tormenta está empeorando. No creo que debas ir sola.
- No te preocupes. Lo más seguro es que su vuelo ya haya salido y que en menos
de lo que crees esté de vuelta.
-¿Y por qué no le llamas?
Ella resopló resignada.
<<Claro, le llamo y le pregunto si su vuelo ha salido para que me
responda: "Scully, ya estoy en Washington">>
- No creo que sea buena idea - miró su reloj apresurada -. Tengo que irme ya
mamá. Volveré pronto.
Sin mirar atrás, salió de su apartamento, entró en el coche y se dirigió al
aeropuerto.
Y ahora estaba luchando contra las fuerzas de la Naturaleza y rezando porque
estuviera cerca. Tenía la sensación que hacía horas había tomado el
desvío...
De pronto empezó a escuchar pequeños golpecitos contra el coche.
- No, granizo ahora no... - dijo en voz alta.
Su preocupación fue en aumento al darse cuenta que conducir por la autopista
era muy peligroso. En un intento de conseguir información encendió la radio.
Tras buscar con paciencia una emisora logró escuchar levemente la voz de un
locutor.
Las inten... uvias... est... vocando... acciden... y la pol... está obl... a
los ciud... a quedarse en... asa...
Desesperada por no entender lo que el locutor estaba diciendo apagó la radio y
decidió coger su móvil que había dejado encima del asiento del acompañante.
Sin perder nunca de vista la carretera, lo agarró y con sorpresa pudo ver que
estaba apagado.
- Mierda.
La lluvia, que parecía que no podía empeorar más, se hizo más y más densa.
Scully pensó en parar pero si un coche viniera por detrás... no la vería.
Encendió su móvil y justo cuando iba a empezar a marcar el número de
urgencias el teléfono sonó en sus manos.
-¿Diga?
-¿D... ga?
Mulder respiró aliviado. Aunque la voz de Scully no era clara al menos sabía
que estaba viva.
- Soy Mulder ¿Dónde estás?
- No... e oi... o.
El aclaró su garganta y empezó a hablar más alto.
-¿Dónde estás?
- Vo... al aero... to.
-¿Estás en la carretera hacia el aeropuerto?
- ...í
-¡Scully, no te oigo!
-¿Est... en... a carret...
cia... aero...?- escuchó Scully a Mulder.
-¡Sí!- dijo con todas sus fuerzas.
-¡...ully, no... igo...!
Ella respiró desesperada. La tensión la estaba matando.
-¡He dicho que...
Scully no pudo terminar la frase. Quizá se despistó con la conversación un
segundo, incluso menos. Y de pronto vio justo delante de ella un árbol que
cortaba la autopista.
No logró frenar a tiempo.
-¡Scully!- gritó Mulder.
Lo único que lograba escuchar ahora con claridad era el sonido de
"comunicado" del teléfono. Asustado porque hubiera sucedido lo peor
aminoró su velocidad. Tras escuchar varias veces más el sonido de
"comunicado" tiró su móvil a la parte de atrás y enfocó toda su
mirada en la carretera. Aunque no la había oído bien, podría jurar que cuando
le había preguntado si estaba en la carretera hacia el aeropuerto ella le
había respondido afirmativamente.
Eso, según como si viese, era bueno o malo. Bueno, porque estaban en la misma
carretera y malo porque era posible que se hubieran cruzado.
En cualquier caso Mulder no podía volver. Con los cincos sentidos en alerta
condujo con lentitud por la carretera. De pronto, delante de él pudo distinguir
una forma entre la lluvia. Frenó en seco justo antes de chocarse contra un
árbol.
<<No, por favor. Esto ahora no>>- pensó preocupado.
Entonces por su mente pasó que ese árbol podía ser el culpable de haber
perdido la comunicación con Scully. A pesar de saber el peligro que corría,
salió del coche y se acercó al árbol. Era terriblemente grande. Decidió
rodearlo para pasar al otro lado de la carretera y pudo distinguir otra forma...
un coche... parecía ser un coche...
Tenía las luces encendidas.
Estaba empotrado contra el árbol.
<<Que no sea ella...>>
Rápidamente se acercó al coche y miró en su interior. Una mujer, con la
cabeza apoyada sobre el volante, permanecía inmóvil en el asiento del
conductor.
-¡¡Scully!!- gritó.
Ella no lograba escucharle.
Intentó abrir la puerta pero estaba cerrada. Observó el cristal delantero y
vio que aunque no estaba roto, tenía un golpe considerable. Se subió encima
del coche y, aunque temía poder romperse la mano, golpeó con fuerza en la zona
del asiento del acompañante. Ante su sorpresa, el cristal se abolló como si
fuera de papel. Soportando el dolor de los arañazos, dio otro golpe para
abrirlo definitivamente. El cristal se resquebrajó y estalló en mil pedazos.
Mulder introdujo la cabeza en el interior del coche y observó a Scully.
-¡¡Scully!! ¡¡Despierta!!- la pidió desesperado.
Ella parecía no oírle.
-¡¡Por favor, tienes que despertarte!!
Entonces lo vio.
El cinturón.
Scully no llevaba puesto el cinturón.
<<Dios, si la colisión ha sido demasiado fuerte...>>
Al ver que no respondía a sus llamamientos intentó introducirse en el coche
pero el hueco era demasiado pequeño para entrar. La miró y gritó de nuevo con
todas sus fuerzas.
-¡¡Scully, por favor!!
El sonido de la lluvia y los truenos era insoportable pero a pesar de ello
Mulder podía jurar que había oído algo. Un gemido...
-¿¿Scully??
Ahora logró escucharlo con claridad. Sí, era un gemido.
-¿Scully, me oyes? Si es así intenta levantar la cabeza.
Tras una intensa espera, la cabeza de Scully empezó a moverse lentamente hasta
apoyarse contra el asiento.
-¡Scully, estoy aquí! ¡Mira hacia aquí!- le animaba.
Ella soltó un suspiro y entreabrió los ojos. Vio una imagen borrosa... alguien
estaba allí...
Él la miró angustiado. Parecía no reconocerle.
-¡Scully, tienes que abrir tu puerta! ¿Puedes hacerlo?
Ella cerró de nuevo los ojos.
-¡¡No, no cierres los ojos!! ¡¡Sigue conmigo!!
Le obedeció y abrió de nuevo sus ojos.
- Eso es - Mulder cogió de nuevo aire -. Por favor, abre tu puerta. Inténtalo
- la pidió con claridad y lentitud para que le entendiera, a pesar de los
escalofríos que sentía por la acción de la lluvia.
Como si de un flash se tratara, Dana Scully reconoció repentinamente la voz de
su salvador.
-¿Mul... der?
Él sonrió.
- Sí, soy yo. Estoy aquí.
La mano izquierda de Scully se alzó poco a poco, acercándose hacia el pestillo
de su puerta. Una vez que lo alcanzó, realizó un último esfuerzo y lo
levantó.
Al instante, Mulder bajó del capó del coche y llegó a la puerta del
conductor. Con rapidez la abrió y observó con atención a Scully. Tenía un
golpe en la cabeza y varios arañazos en los brazos. Aparentemente, no mostraba
más heridas.
- Scully... ¿cómo te encuentras?- le preguntó acariciando su cara.
- La cabeza... duele... - ella miró asustada la mano ensangrentada de Mulder.
- Tranquila, no es nada. Te voy a sacar de aquí ¿Por qué demonios no llevabas
puesto el cinturón?- le dijo enfadado y preocupado a la vez.
- Tenía... prisa... se... me olvidó...
Él agitó la cabeza levemente mientras observaba el golpe de Scully. Después
sacó su móvil y marcó el número de urgencias. No logró contactar con ellos:
no había cobertura.
<<Maldita sea>>- pensó.
-¿Crees que tienes el cuello roto?- preguntó dirigiéndose a ella.
Scully negó con la cabeza.
- Bien, entonces vámonos.
Ella suspiró levemente y rodeó el cuello de Mulder con sus brazos. Él, con
mucho cuidado, tiró de ella.
-¡Aaaahh!
Mulder frenó en secó y la dejó de nuevo en el asiento.
-¿Qué ocurre? ¿Qué te duele?
- La pierna... la tengo atrapada...
Mulder se agachó y observó su pierna izquierda. Estaba atrapada por la parte
delantera del coche. La palpó levemente y observó la reacción de Scully.
-¿Te duele?
- No...
Él introdujo la mano en el hueco e intentó averiguar qué era lo que tenía
atrapada la pierna de su amiga. Lo único que pudo identificar era el armazón
de hierro del coche. Sacó la mano y vio con horror que la tenía manchada de
sangre.
- Mierda - dijo en voz baja para no asustarla -. Scully, debes tener alguna
herida en la pierna ¿De veras que no puedes sacarla?
Ella se mordió el labio inferior y movió su pierna izquierda. Tras intentarlo
varias veces desistió, soltando un gemido de dolor.
- Bien, tranquila. No pasa nada. Tranquila...
-¿Por... qué habías salido... del aeropuerto?
- Te llamé a casa y tu madre me dijo que habías ido al aeropuerto. Después
escuché las noticias y... decidí salir a buscarte.
-¿Y... por qué... me llamaste a... casa?
Él agachó la cabeza avergonzado.
- Porque... no podía irme así.
Scully sonrió.
-¿Así? ¿Cómo?
- Sin saber si tú me has echado de menos.
Respiró profundamente mientras acercaba su mano a la mejilla de Mulder.
- Yo...
De pronto Mulder la hizo callar.
-¿Qué pasa?
- Creo que he oído algo. Escucha.
Ella se esforzó por prestar atención. Sí, definitivamente podía escuchar un
sonido... se estaba acercando.
- Parece una ambulancia... quizás la policía - la miró fijamente -. Ahora
vuelvo.
- No Mulder... puede que no te vean...
Él hizo caso omiso de sus advertencias y se colocó en medio de la carretera.
El sonido estaba más cerca... más cerca.
Logró ver unas luces. Hizo señales con los brazos, intentando atraer su
atención. Vio cómo un coche de la policía se acercaba hasta que frenó justo
en frente de él. Dos policías salieron del coche.
-¿Está usted loco? ¿Podíamos haberle atropellado?
-¡Necesito ayuda! ¡Una mujer está herida!
Uno de ellos se quedó en el coche para pedir ayuda mientras que el otro se
acercó con Mulder al coche de Scully.
-¿Cómo se encuentra señorita?
- Cansada...
- Tiene la pierna atrapada - le informó Mulder.
- Bien, vamos a hacer todo lo posible. No se preocupe. Una ambulancia está de
camino.
Ella asintió con la cabeza.
- Intenté llamar a una ambulancia pero no tenía cobertura.
- Es normal. Las comunicaciones han quedado muy dañadas. La verdad es que han
tenido mucha suerte. Nosotros nos dirigíamos al aeropuerto para controlar a los
pasajeros. La tensión entre ellos está provocando varios disturbios.
Mulder se imaginó a Fowley, fuera de sí, amenazando con volar el aeropuerto si
no conseguía un vuelo inmediatamente. Tuvo que reprimir una sonrisa.
Se agachó y acarició la cara de Scully.
- Tranquila, la ambulancia ya está de camino.
Ella tragó con dificultad y pensó lentamente.
<<Todo ha terminado... terminado...>>
Finalmente el cansancio y el dolor pudo con ella y cerró los ojos.
<<Un sonido... es
constante... lo he escuchado antes...>>
Lentamente Scully comenzó a abrir los ojos hasta que enfocó su mirada. Estaba
en una habitación... un hospital.
Giró su cabeza hacia la derecha y vio de dónde procedía el sonido: una
máquina controlaba sus constantes vitales.
Notaba que algo le presionaba su mano izquierda. Con lentitud miró al otro lado
y observó que Mulder estaba sentado en una silla. Su mano estaba lentamente
apoyada sobre la suya. Cuando vio que ella dirigía su mirada hacia él la
apretó un poco.
-¿Has descansado?
Ella asintió con la cabeza.
-¿Qué tal te encuentras?- le preguntó sonriente.
- Mejor... Gracias.
Intentó incorporarse pero un terrible pinchazo en la cabeza la hizo retroceder.
- Hey, todavía debes descansar un poco. No seas impaciente.
-¿Dónde estoy?
- En tu propio hospital. Primero te llevaron hasta el aeropuerto, donde había
un servicio que te atendió, y cuando la tormenta se calmó te trajeron hasta
aquí.
-¿Qué me pasó? Mi pierna - bajó su mirada -¿está bien?
- Afortunadamente sí. Sólo tienes arañazos y magulladuras. Y el golpe en la
cabeza no es grave. No obstante, quieren saber los resultados de unas pruebas
que te han hecho. Dicen que has tenido mucha suerte. Incluso sin llevar el
cinturón puesto no has tenido ninguna herida de consideración.
-¿Qué... hora es?
Mulder levantó su muñeca izquierda y miró su reloj. Justo en ese momento
Scully pudo ver el vendaje que cubría la mano de Mulder.
- Las seis y media. Dicen que con suerte esta noche podrás dormir en casa.
-¿Qué te ha pasado?- le preguntó preocupada mientras intentaba reincorporarse
de nuevo.
Finalmente, con ayuda de Mulder, lo consiguió. Tras esto agarró la mano de
Mulder y la examinó.
- Tranquila, son sólo unos arañazos. Me lo hice cuando golpeé el cristal de
tu coche.
- Podrías haberte roto la mano - le advirtió disgustada.
- Y tú podrías haber muerto - le respondió con seriedad.
Ella soltó su mano y bajó su mirada.
- No quería responderte así, lo siento, pero lo que hiciste... fue una locura.
- Siento haberte preocupado tanto Mulder. Yo... sólo quería despedirme.
Él acercó su mano a la barbilla de Scully y la levantó dulcemente.
- Lo sé - la respondió sonriendo.
De pronto Scully recordó a su madre.
-¿Mi familia? ¿Está bien?
- Sí, ya he hablado con tu madre. Me dijo que vendría a buscarte. La tormenta,
aunque ha causado daños, no ha sido tanto como se esperaba. La gente se quedó
en sus casas y los que vivían en zonas de riesgo fueron trasladados a colegios
y refugios. No ha habido ningún muerto y heridos... al menos uno.
Ella sonrió.
- Dos - le corrigió mientras señalaba su mano -. Deberías irte. Seguro que
estás muy cansado.
- Esperaré a que tu madre venga, no tardara en venir. Además, no tengo prisa.
Hasta dentro de uno o dos días no voy a poder volar hacia Washington. Mientras
me quedaré en el mismo hotel.
- Bien. Podríamos... bueno...
Él la miró con atención.
-... Comer juntos... si quieres - comentó con timidez.
- Sería estupendo.
Ella le miró fijamente y se perdió en sus pequeños ojos verdes.
Sí, realmente le había echado de menos.
De pronto el ruido de alguien al entrar les interrumpió. Mulder se giró y
sonrió a Margaret.
- Hola - dijo un poco avergonzada -. Espero no haber interrumpido nada
importante.
- No, no señora Scully. De hecho, ya me iba - dijo Mulder mientras se
levantaba.
Se inclinó hacia Scully y le dio un beso en la frente.
- Te veré mañana - le susurró.
Ella se limitó a asentir con la cabeza.
- Nos vemos, señora Scully - dijo despidiéndose.
- Eso espero - le respondió justo antes de que saliera de la habitación.
Se acercó a su hija, se sentó en la silla que Mulder había dejado libre y se
inclinó para besarla en la mejilla.
- Veo que tu ángel guardián te ha vuelto a proteger ¿verdad? - le comentó
sonriendo.
- Sí, mamá - se limitó a responder -. Mi valiente ángel guardián - dijo en
voz baja mientras abrazaba a su madre.