Uno

Disclaimer: bueno, me siento estúpida al decir esto pero allá va: Expediente X y sus personajes no me pertenecen, son creación de la Twenty Century Fox y de Chris Carter, bla, bla, bla... Pero esta novela sí es creación mía así que CC no te metas en mi terreno, soy peligrosa ;·)

Rating: PG-13

Dedicatoria: quiero dedicar esta novela a todos los fans de Expedientes X, especialmente a mis amigos Teresa, Iván, Elena, Patty, Cristina y Conchi. Sin ellos todavía estaría hablando a mi perro de Expediente X ;·)
También quiero dedicarla a mi padres, que me han dado sus críticas tanto buenas como malas a lo largo de todo el proceso de la novela.
Y bueno, aunque nunca lo sepan, a CC y a todo el equipo de la serie. Si no fuera por ellos quizá no hubiera descubierto mi pasión por escribir.

Spoilers: Ver primera parte.

Feedback: ¡¡Síiiiiiiiii!! AMO el feedback :·)

Tipo: UST (Tensión sexual no resuelta), MSR (Romance entre Mulder y Scully), XF (investigación de un Expediente-X)


UNO

RESTAURANTE MARTIN´S
SALT LAKE CITY, UTAH 02:11 P.M.

El restaurante se mostraba tranquilo, a pesar de que fuera la hora de comer. Eso era lo que más le gustaba a Scully: buena comida y tranquilidad. Había sido el primer restaurante en el que había comido cuando llegó a Salt Lake City y desde entonces solía almorzar allí con frecuencia. Además, la decoración era acogedora, con cuadros de paisajes pintados al óleo, mesas de madera, lámparas de color tierra que iluminaban cada pequeña mesa como si de luciérnagas se trataran y música ambiental que llenaba la atmósfera de tranquilidad.
Seguro que le estaba sonriendo. Aunque el chiste de Mulder fuera malo ella le estaba sonriendo. No podía evitarlo. Se sentía como una niña con su juguete nuevo, probándolo, viendo qué pasa si hace tal cosa o si pulsa tal botón. Por supuesto Mulder no era un juguete pero le gustaba ver cómo reaccionaba cuando ella adoptaba actitudes distintas.
Hacía mucho tiempo que no se sentía con él así. Sin peleas, sin rencores...
-¿En qué piensas?- le preguntó mientras tomaba una cucharada de su sopa.
Ella enfocó su mirada en él, reaccionando.
-¿Qué?
- Tenías la cabeza en otro lado. Como sigas así te vas a tomar tu crema fría.
Ella miró el plato que tenía encima y después comenzó a buscar su cuchara con la mirada. Finalmente la encontró en su lado derecho, la cogió con rapidez y sonrió (de nuevo) a Mulder.
- Tienes razón - dijo antes de empezar a tomar su crema.
Una vez que terminaron con el primer plato, un camarero retiró sus platos y les avisó que en unos pocos minutos traería el segundo. Mulder se cruzó de brazos sobre la mesa y miró con atención a Scully. A pesar del golpe que todavía lucía en la cabeza y a los leves arañazos que marcaban su cara estaba resplandeciente. Ella rebosaba felicidad por todas partes. Quizá fuera eso...
O quizá su corazón empezaba a recordar tiempos pasados...
-¿Y cuándo vuelves a Washington?- preguntó ocultando su disgusto.
- Eh... creo que mañana por la tarde. Pero nada es seguro.
- Cuando te marches... no quiero que pase otro año de la misma forma que este - le dijo mirándole directamente a los ojos.
El corazón de Mulder se llenó de esperanza.
-¿A qué te refieres?- le preguntó sin mostrar su nerviosismo.
-A las promesas sin cumplir, a las llamadas estereotipadas... Por mucho que queramos negarlo, aunque quisiéramos mostrar lo contrario, nos fuimos poco a poco alejando el uno del otro.
Mulder sonrió para sí. A pesar de todo, el corazón de Scully seguía siendo impenetrable.
- Supongo que tienes razón. Quizá... yo pueda venir en Navidades.
- Claro, y yo podría acercarme en octubre para celebrar tu cumpleaños. Podríamos ir a ese restaurante italiano que te gusta tanto y después tomar una copa en el bar que está enfrente de tu edificio.
- Con tal de no tomar el martini que probé la última vez... ¿te acuerdas?
- Por supuesto. Te pusiste rojo y casi te ahogas. Cuando empezamos a recoger los informes y pagamos la cuenta, nos miraron como si fuéramos bichos raros. Me prometí que jamás volvería a ese bar...
- Pero volvimos - la interrumpió.
- Cierto - añadió bajando la mirada.
- Menudos melancólicos somos ¿eh?- comentó Mulder mientras se reclinaba en su asiento.
- Sí, pero no se puede vivir de recuerdos - respondió mientras daba un sorbo a su coca-cola y sacaba un cigarrillo de su bolso.
- Yo podría - sentenció Mulder.
Ella le miró fijamente y después encendió su cigarrillo. Tras darle una amplia calada comenzó a hablar sin saber exactamente qué quería decir.
- Yo no quiero - respondió finalmente.
- Pero lo haces - la advirtió -. Sé que hay fantasmas que te atormentan y limitan sus actos pero si no me hablas de ellos jamás entenderé por qué...
- Te lo expliqué hace un año y los motivos siguen siendo lo mismos. Además pensaba que este tema estaba ya zanjado.
- No para mí - le replicó presionándola.
Ella dio otra calada a su cigarro y lo apagó en el cenicero de mármol sin ni siquiera haberlo terminado.
- No voy a seguir esta conversación. Creo que debo marcharme - sentenció mientras se levantaba.
Mulder le agarró por el brazo con firmeza.
- Suéltame - dijo en voz baja.
- Lo siento, no quería que esta velada terminara así. Puedes culparme por ello pero... no te vayas. Tu misma lo has dicho: no quieres que pase otro año como el anterior ¿verdad?
Ella mantuvo la mirada fija en Mulder, intentando entender por qué la presionaba tanto.
Era un juego de toma y daca. Siempre se había tratado de eso. Durante todo este tiempo ella había ganado pero esta vez no sabía si iba a tener tanta suerte. Finalmente desistió y se volvió a sentar.
- Perdóname, todavía no me hago a la idea que hayamos rehecho nuestras vidas. Yo tengo a Fowley y un trabajo en Terrorismo Organizado y tú...
- Me dedico plenamente a la medicina en uno de los hospitales más prestigiosos de EEUU. Unas vidas perfectas - dijo mientras sacaba otro cigarrillo de su bolso.
De pronto Mulder acercó su mano derecha y la apoyó sobre la mano de Scully que agarraba el cigarrillo.
- No lo dices muy segura - la susurró.
- Tú tampoco - le replicó disgustada.
- ¿Mulder?
Ambos se giraron y observaron a Fowley, que había entrado en el restaurante. Llevaba una cazadora del FBI sobre el típico traje de chaqueta y pantalón de color oscuro.
-¿Qué ocurre?- le preguntó preocupado.
- Necesito que me acompañes. Nos ha surgido un problema.
Scully la miraba con cautela, prestando atención a todas y cada una de las palabras que pronunciaba, preparada para atacar si era necesario.
- La tormenta ha provocado desperfectos en toda la ciudad y durante todo el día los policías y bomberos locales han visitado todos los edificios para ver los daños.
-¿Qué hay de preocupante en ello?- preguntó Mulder.
- El problema no es ese. Dos policías han visitado un almacén que supuestamente era propiedad de unos albañiles... pero no había nadie allí. En el garaje encontraron uno de los coches de los terroristas que estábamos buscando. Creemos que mantienen allí escondido material explosivo.
Mulder respiró con profundidad, mostrando su preocupación.
-¿Se ha registrado todo el edificio?
- No, todavía no. Por eso necesito que vengas.
Miró a Scully resignado. Lentamente se levantó de la silla y se colocó el abrigo.
- Lo siento pero el segundo plato tendrá que esperar - comentó con ironía mientras sacaba su cartera.
- No Mulder. Esta vez pago yo - le pidió.
Él asintió con la cabeza y se dirigió a la salida con Fowley.
-¿Dónde está el jeep?
-¿El que ha quedado totalmente arañado por la tormenta? Detrás de este edifico esperando que lo conduzcas; porque esta vez te toca a ti.
Él le envió una tímida sonrisa y abrió la puerta del restaurante.
- Fox, ¿por qué no me haces un favor? Ve a por él y tráelo a la puerta. Mientras yo pediré algo para llevar en el restaurante. Estoy muerta de hambre.
Se encogió de hombros y lanzó las llaves al aire para cogerlas de nuevo al vuelo.
- Como quieras. No tardes - le advirtió.
- Lo mismo te digo - respondió.
Mulder le dio la espalda y se dirigió rápidamente a buscar el coche. Fowley cerró la puerta del restaurante, miró hacia la barra y se dirigió hacia ella pero no para pedir la carta...
Scully estaba allí, pidiendo la cuenta para pagarla.
Sigilosamente, se acercó por detrás hasta estar apenas a un metro de ella.
- Apártate de él -amenazó con tono serio.
Scully, sorprendida a escuchar a Fowley detrás de ella, se giró rápidamente.
-¿Desde cuándo tenemos tanta confianza que nos tuteamos?- preguntó irritada.
- Sabes a lo que me refiero. Tuviste tu oportunidad y la perdiste.
Scully miró con furia a Fowley. Manteniendo la calma, dejó el dinero sobre la barra, guardó su monedero y cerró su bolso.
- Eso mismo podría haberte dicho hace un año - sentenció.
Diana se cruzó de brazos, poniéndose a al defensiva. Tras permanecer callada unos segundos una sonrisa cruzó su rostro.
- No, no, no. Hay una gran diferencia. Yo me he acostado con él... y lo mejor de todo es que tras ocho años sin verle lo he recuperado.
Por un momento Scully pensó que ya era suficiente, que no podía permitirse el lujo de seguirla el juego, que lo que pudo haber entre ella y Mulder era pasado y que la conversación no tenía ningún sentido...
Sin embargo, algo surgió dentro de ella.
- Eso es lo que tú crees pero la decisión no la tomas tú. Lo hará él - dijo finalmente.
Notó cómo la mandíbula de Fowley se tensaba y tragaba saliva con dificultad.
Estaba llegando a su fibra sensible.
- Despierta Scully, no tienes nada que hacer. Mañana él tomara un vuelo a Washington conmigo y te volverá a guardar en el baúl de los recuerdos - respondió como si escupiera veneno.
Antes de que Scully pudiera decir algo más el ruido de un claxon sonó fuera del restaurante. Fowley se giró y vio el jeep.
- Él ahora tiene su vida y tú la tuya, por caminos muy diferentes. Así lo decidiste. Afróntalo - comentó justo antes de darse la vuelta y marcharse del restaurante.
Scully permaneció inmóvil, como si las palabras de Fowley hubieran tenido el poder de convertirla en piedra. Tras unos instantes de rabia, finalmente se relajó y llamó a Ryck, el camarero de la barra.
- Ponme un whisky. Que sea doble - le pidió.
Él la miró sorprendido.
- Oye, hoy tengo el día libre, no te preocupes.
Ryck asintió con la cabeza, colocó un vaso enfrente de Scully y lo llenó de whisky.
-¡Vaya! Sea quien sea te ha sacado de tus casillas - comentó mientras cerraba la botella.
Scully, haciendo caso omiso de las palabras de Ryck, cogió el vaso y se lo bebió de un trago. A pesar de abrasarle la garganta no mostró signo alguno de molestia.
- Siempre duele que te digan la verdad en la cara - dijo mientras dejaba un billete en la barra -. Quédate con el cambio. Me marcho a casa.
Y con esto, sin que Ryck pudiera darle alguno de sus muchos consejos, salió del restaurante.

 

SALT LAKE CITY, UTAH 03:20 P.M.

Con rapidez Mulder y Fowley cogieron los chalecos de protección, se quitaron los abrigos, se colocaron los chalecos, se pusieron las cazadoras del FBI y probaron sus intercomunicadores.
- Probando, probando... uno, dos... - dijo Mulder a través de su intercomunicador.
Fowley levantó su dedo pulgar en señal de aprobación.
- Bien, que empiece la fiesta - murmuró él.
Los agentes se reunieron alrededor de Mulder, Fowley y Jackson, su superior.
- Bien chicos, no sabemos lo que puede haber dentro. Hay dos posibilidades: o que no encontremos nada o bien que esos cabrones no hayan tenido tiempo de llevarse su colección. No quiero que bajéis la guardia. Lo que sí quiero es que cada milímetro de este maldito almacén sea examinado hasta la saciedad y quiero comunicación entre los grupos. A la mínima sospecha de explosión quiero que sea comunicado, aunque después sea una caja de caramelos en lugar de astrolita y me da igual que tengáis que limpiar el polvo de este almacén con la lengua. Quiero un trabajo exhaustivo y rápido ¡Grupo Dos con Fowley al ala izquierda! ¡Grupo Uno con Mulder al ala derecha!
En cuestión de segundos ambos grupos ya estaban organizados y preparados para entrar en el almacén. Mulder miró a Fowley y ella asintió levemente con la cabeza.
Ambos esperaban la señal.
- Ahora - dijo Jackson a través de sus intercomunicadores.
Los dos grupos entraron y se distribuyeron en las dos alas. El grupo de Fowley se perdió por la izquierda mientras que el de Mulder siguió por la derecha. Una vez en el ala, el grupo de Mulder se distribuyó rápidamente. Su vista comenzó a registrar todo lo que veía, atenta a cualquier anomalía. Varios de los agentes de su grupo se encargaban de abrir con precaución las escasas cajas que había esparcidas por el almacén mientras que otros se dirigieron a distintas salas. Mulder observó una puerta de metal cerrada y se acercó a ella. Con precaución, la abrió y observó el interior de la sala: había viejas máquinas de producción, generadores inservibles y algunas cajas apiladas en una esquina.
A su derecha había otra puerta. Pudo apreciar que era de acero.
<<Una habitación para guardar el material inflamable>>- pensó.
Volvió a prestar atención a las cajas y lentamente se acercó a ellas...
Pero un ruido llamó su atención.
Rápidamente se dio la vuelta y sacó su arma. No vio a nadie. Sin embargo, su sexto sentido le decía que alguien estaba en la sala. Miró hacia arriba y no vio a nadie en la barandilla del piso superior. Si había alguien, podría estar en la habitación de abajo o arriba...
Algo le decía que tenía que subir.
Apoyándose en la pared para tener vista panorámica se acercó a las escaleras del piso superior. Poco a poco, escalón a escalón, fue subiendo hasta llegar arriba. Se volvió a apoyar en la pared y avanzó con cautela. Había dos puertas, cada una en un extremo del piso. Una estaba entreabierta. Se acercó a ella, contó mentalmente hasta tres y la abrió de una patada. El único sonido que se escuchó fue el de la puerta golpeando contra la pared. Miró hacia ambos lados. Estaba bastante oscuro. Acercó su mano hasta su bolsillo para sacar una linterna y de pronto escuchó un ruido.
Sonó como un click.
Se giró a la derecha.
Mala elección. Alguien le empujó por la izquierda tirándole al suelo. Antes de que pudiera dispararle, el sospechoso salió corriendo de la habitación.
-¡Alerta! ¡Grupos Uno y Dos! ¡Sospechoso en el ala derecha dirigiéndose a la salida! ¡Repito, sospechoso en el ala derecha dirigiéndose a la salida!
Fowley escuchó su aviso por el intercomunicador. Rápidamente organizó a su grupo y se dirigió al área derecha del almacén.
Mulder salió de la habitación y corrió hacia las escaleras ¿Por qué demonios estaba ese tío en el edificio? ¿Acaso no había escuchado las sirenas de los coches? Quizá había vuelto a por algo...
El click.
Había escuchado un click.
<<Joder>>- pensó nervioso.
Retrocedió y volvió a la habitación de la que había salido. Ahora ya no se escuchaba un click.
Sólo un pitido que se repetía de forma constante. Sabiendo que era peligroso acercarse, sacó su linterna, la encendió y buscó por la sala.
Lo que tanto temía lo encontró delante de él.
Una bomba. Con contador. Marcaba un minuto.
Y seguía contando.
-¡¡Grupos Uno y Dos, salgan del edificio!! ¡¡Repito, salgan del edificio!! ¡¡Hay una bomba que va a estallar en menos de un minuto!!- gritó por el intercomunicador mientras salía de la habitación.
Los agentes escucharon la orden de Mulder y rápidamente se dirigieron a la salida. Mientras, él corrió rápidamente hasta las escaleras y las bajo con precipitación. De pronto perdió el equilibrio y el pie se le torció. Un grito de dolor se escapó de su garganta. Finalmente bajó las escaleras cojeando y un pensamiento cruzó su mente.
No le iba a dar tiempo.
Recordó de pronto un frase que le habían obligado a aprender en Terrorismo Organizado.
<<Si no escapar, entonces proteger>>
Mulder pensó con rapidez, sabiendo que cada segundo valía la mitad de su vida y recordó la puerta de acero de la planta baja.
- La sala - murmuró mientras se dirigía lo más rápidamente que podía hacia la puerta.
El dolor de su pie era insoportable. Se mordió el labio inferior, intentando aguantar el dolor y suplicando que pudiera aguantar unos pasos más.
<<Un poco más, sólo un poco más>>- se animó.
El esfuerzo de Mulder dio sus frutos y llegó a la puerta. Con firmeza cogió el pomo y lo giró.
Y de pronto el estruendo de la explosión invadió todo el edificio.

<<Joder, para un día libre que tengo y no puedo ni descansar...>>- pensó Scully mientras se dirigía a su teléfono que no dejaba de sonar.
- Scully.
- Dana, necesitamos que vengas al hospital - dijo una voz masculina.
- Ted, no voy a ir. Hoy tengo el día libre y me gustaría...
-¿Acaso no has visto las noticias?- le preguntó enfadado.
Ella se quedó callada. A juzgar por el tono de Ted lo que había sucedido era grave.
- No, no las he visto.
- Pon el canal 9 - le ordenó.
Ella cogió el mando a distancia que estaba encima de la mesa del salón y encendió el televisor. Apareció en la pantalla una reportera, micrófono en mano, contando lo sucedido. Llevaba un traje de falda y chaqueta de color beige y su pelo, rubio claro, lo llevaba recogido en una coleta.
-... Sin embargo, todavía los hechos no están muy claros. Sabemos que al menos cinco personas han fallecido en la explosión y hay treinta y cinco heridos que han sido trasladados al Hospital Hope de Utah. Según fuentes oficiales, la bomba estalló sobre las tres cuarenta y cinco de esta tarde, destruyendo gran parte del edificio. Se cree que la bomba ha sido colocada con la intención de eliminar todas las pruebas ya que se sospechaba que este almacén había sido utilizado por terroristas para guardar material explosivo, documentación y armas. El sospechoso que ha colocado la bomba se dio a la fuga pero varios testigos han dado su descripción para un retrato robot que intentaremos mostrarles en el próximo avance informativo.
Sintió que el corazón le dio un vuelco.
Una explosión en un almacén.
<<Dios, por favor, que esté bien...>>
-¿Se han identificado a los fallecidos?- preguntó preocupada.
- No, todavía no. Aquí sólo han llegado los heridos aunque... ya han fallecido dos personas.
-¿Quiénes?
- No lo sé Dana, todo en el hospital es un caos...
-¿Sabes si Fox Mulder está entre los heridos?
Ted permaneció callado por unos instantes que le parecieron eternos.
Ahora entendía la preocupación de Scully.
- No lo sé... al menos no le he visto.
- Está bien, voy para allá - sentenció.
Impulsada por el deseo de acabar con su incertidumbre, se levantó del sofá, cogió su bolso y sus llaves, que había dejado en la mesa de la cocina, y salió de su apartamento con la esperanza de encontrar a Mulder vivo.

Había pasado por situaciones como esta en el hospital. Noches en la que los accidentes se sucedían uno tras otro y los heridos no dejaban de llegar a los quirófanos. Sin embargo, lo veía con un prisma diferente al saber que entre todos estos heridos graves cabía la posibilidad de que estuviera Mulder. O incluso peor: que estuviera entre los fallecidos.
Con rapidez buscó a Ted entre la muchedumbre de médicos y enfermeras que intentaban tratar a los pacientes que agonizaban, pidiendo un calmante para sus quemaduras. Finalmente lo encontró en uno de los quirófanos de urgencias. Había acabado una intervención de un hombre con importantes quemaduras.
- Quiero una vigilancia constante sobre este hombre. Si se produce cualquier complicación me avisan a mí, no a ningún otro médico ¿queda claro?
Varias enfermeras que se estaban llevando al paciente asintieron con la cabeza.
-¿Es él?- preguntó Scully asustada.
- No, sólo un pobre agente que ha perdido una pierna. Créeme, no sé de qué magnitud fue la explosión pero las quemaduras que estoy viendo hoy aquí... desde mi época como estudiante no había visto algo así.
- Necesito saber si está aquí.
- Dana, creo que ahora es mejor que me ayudes con los heridos. Después, cuando haya tiempo...
-¡No sé si después va a haber tiempo Ted! ¡No te das cuenta! ¡Ni siquiera sé si está aquí, si... si está vivo o muerto!- le gritó desesperada.
Ted se quitó la mascarilla, la tiró con enfado a la basura y después fijó su mirada en Scully.
- Si... si está aquí quiero ser yo la que esté a su lado si tienen que intervenirle y quiero ser la que lo trate si sólo está herido... Necesito saberlo... ¿lo entiendes?- dijo en voz baja.
- Eso es lo que no quiero que hagas. Si está aquí y está grave... no quiero verte sufrir - le respondió tras respirar profundamente.
- Tengo que hacerlo - le pidió mientras se formaba un nudo en su garganta y las palabras eran casi imposibles de pronunciar.
Se cruzó de brazos y finalmente asintió con la cabeza.
- La mayoría de los heridos están distribuidos en esta planta y los dos fallecidos... no creo que todavía los hayan llevado a la morgue. Los demás están en los quirófanos. Búscalo y si lo encuentras avísame ¿vale?
Ella le mostró una tímida sonrisa y salió del quirófano.
Los pasillos estaban llenos de camillas con pacientes con heridas menos graves. Rápidamente, su mente empezó a procesar cada rostro, cada cuerpo, con el fin de localizar a su antiguo compañero.
<<Dios, Ted tenía razón; las quemaduras de estos hombres son horrorosas>>- pensó mientras observaba las heridas de los agentes.
De pronto se fijó en uno de los heridos. Tenía una quemadura en el brazo pero permanecía consciente. Sin pensarlo dos veces se acercó a él.
-¿Cómo está?- le preguntó mientras observaba su quemadura, que ya había sido vendada y curada.
- Bueno... podría haber sido peor. Estoy a la espera de que me den una habitación. Dicen que es cuestión de organización y que en poco tiempo me conseguirán una cama.
Ella intentó sonreírle para mostrarle su alegría porque se encontrara bien.
-¿Cómo sucedió?
El agente se removió en la camilla y, tras mostrar una mueca de dolor por su quemadura, comenzó a hablar.
- Estábamos investigando el almacén. Todo parecía muy rutinario hasta que el agente al cargo de uno de los grupos, Fox Mulder...
-¿El agente Mulder? ¿Sabe qué pasó con él?- le preguntó nerviosa.
- Realmente no lo sé. Él avisó que había un sospechoso que intentaba escapar. Cuando le estábamos buscando por el almacén recibimos una alerta de Mulder. Había localizado una bomba y ordenó la evacuación inmediata. El caos y los nervios por escapar de allí provocaron que el terrorista escapara. El almacén era enorme... a muchos no les dio tiempo salir. Yo tuve suerte, dentro de lo que cabe, y la explosión no me alcanzó. La bomba que habían colocado afortunadamente no era muy grande pero el problema surgió cuando los explosivos que habíamos encontrado en varias cajas estallaron. Entonces se produjo un efecto dominó. A mí me alcanzó una de las pequeñas explosiones. De todas formas no habíamos encontrados suficientes explosivos para provocar un accidente así. No sé si el agente Mulder encontró algo más pero... fuera lo que fuese tenía que ser grande.
-¿No le vio salir de allí?
Él negó con la cabeza.
- Bien, muchas gracias por su información. Recupérese pronto - dijo justo antes de irse.
Sabía que no tenía otra elección. Para saber si Mulder estaba vivo o no tenía que identificar a los fallecidos. El simple pensamiento de encontrar a Mulder entre ellos le aceleró el corazón y un dolor agudo en el pecho empezó a surgir de su interior.
Se dirigió a la centralita y preguntó a Sheryl, la enfermera de turno, dónde estaban los fallecidos de la explosión
- Supongo que no los han llevado a la morgue todavía porque no los han identificado así que los estarán dejando en el quirófano G4, como siempre lo hacen en caso de urgencia.
- Gracias Sheryl - respondió.
Anduvo rápidamente hacia el quirófano, esquivando camillas, enfermeras y médicos que corrían frenéticamente de un lado a otro.
Se sentía como una estúpida marioneta controlada por sus impulsos y emociones, que se agitaba con movimientos inútiles que no le conducían a ninguna parte. Siempre era racional y calculadora, midiendo siempre todos sus gestos y reacciones, planificando todos sus pasos.
Sin embargo, con Mulder todo era distinto. Siempre le rompía sus esquemas, rasgando así su máscara y mostrando a la Scully que ahora la controlaba.
Finalmente llegó a la puerta del quirófano G4 y entró sin dudarlo ni un segundo. Se encontró con un médico, que estaba cerrando una de las cinco bolsas de cadáveres que estaban colocadas sobre cinco diferentes camillas.
Cinco. Oh no, habían muerto tres personas más.
-¿Puedo ayudarla en algo?- le preguntó mientras se bajaba la mascarilla de protección.
- Necesito ver a los cadáveres - respondió con la voz entrecortada por la falta de aire.
-¿Puedo saber el motivo?
- Es... posible que una de estas personas sea un amigo. Necesito saber si está aquí.
Él rostro del médico cambió, intentando adecuarse a la delicada situación.
- Es posible que alguno de los cadáveres le sea imposible de identificar debido a las quemaduras que tienen en la cara pero de todas formas acérquese - le pidió, colocándose de nuevo la máscara.
Ella dio sus pasos lentamente, teniendo miedo de lo que podía encontrar en esas cinco bolsas. Se colocó al lado del médico y este agarró la cremallera de la primera bolsa.
-¿Está lista?- preguntó con un tono que mostraba seriedad y preocupación.
Scully no pronunció ni una palabra. Simplemente se limitó a asentir con la cabeza.
Entonces el médico comenzó a abrir la primera bolsa y ella levantó la cabeza, contando mentalmente hasta diez para mirar hacia el cadáver. Un segundo antes de bajar su mirada lo único que podía escuchar era el ruido del metal de la cremallera al abrirse y su corazón bombeando sangre a una velocidad vertiginosa. Cuando llegó a diez bajó la cabeza y enfocó su mirada en el rostro del primer cadáver. Su frente, sus ojos, su nariz, su boca, su barbilla...
No era él.
Ella negó con la cabeza y el médico cerró la primera bolsa. Se acercaron a la segunda, el hombre agarró de nuevo la cremallera y miró a Scully.
Expulsó aire por la boca con la esperanza de que la tensión de su cuerpo disminuyera y cuando se sintió con fuerzas, pero sabiendo que no estaba lo suficientemente preparada para afrontar que Mulder podría estar ahí, hizo un gesto con la cabeza y el médico abrió la segunda bolsa. El olor de la carne quemada penetró en las fosas nasales de Scully, provocándole náuseas. Miró e investigó el segundo rostro.
Nada.
Él médico cerró la bolsa y se dirigió a la siguiente seguido por Scully. El lento y terrible proceso se repitió de nuevo y ella, como ya había hecho anteriormente, le hizo una señal al médico. Este abrió la bolsa y ella observó el rostro del tercer y no último cadáver. Estaba terriblemente desfigurado por las heridas. Era casi imposible de identificar.
- Necesito que abra más la bolsa - le pidió sin saber de dónde había sacado las fuerzas para hablar.
Él siguió sus órdenes y ella se fijó en el cuerpo. Había visto en muy pocas ocasiones a Mulder desnudo pero sabía cómo era su constitución y confiaba en que su mente fotográfica no la traicionara. Se fijó en el hombro derecho, que casualmente no mostraba heridas, con la intención de buscar la cicatriz que le había provocado a Mulder la bala que ella misma había disparado años atrás.
No la encontró.
Respiró aliviada y el médico cerró la bolsa para acercarse después a la cuarta y penúltima. Scully se preguntó si podría aguantar esta situación sin desmayarse de la tensión. Se sentía como si estuviera atrapada en el tiempo y no pudiera avanzar nunca, repitiéndose siempre todos y cada uno de los movimientos.
El médico abrió la bolsa y ella observó al cuarto cadáver.
Tampoco.
La alegría y a la vez el pánico por la existencia de una quinta bolsa se unieron en su mente mientras se acercaba con el médico hacia ella.
- No espere a que le haga una señal. No creo que tenga fuerzas ni valor para hacerlo.
Él asintió con la cabeza e instantes antes de que abriera la última y definitiva bolsa Scully recordó al agente herido.
<<Noleviosalirnoleviosalirnoleviosalirnoleviosalir...>>
El terror, la angustia que acumulaba en su corazón invadió su cuerpo justo cuando sus ojos empezaron a procesar el rostro del cadáver.
Entonces tuvo que reprimir las lágrimas.

Ð¡Ð¿ÑƒÑ‚Ð½Ð¸ÐºÐ¾Ð²Ð°Ñ ÐºÐ°Ñ€Ñ‚Ð° города паттайÑ.

Tampoco era Mulder.
Cerró los ojos lentamente y se apoyó en la pared.
-¿Se encuentra bien?- le preguntó el médico.
- Aunque no lo parezca... sí - contestó con la voz débil -. Discúlpeme pero tengo que salir de aquí.
Él se limitó a hacer un gesto con su cabeza y ella se marchó rápidamente del quirófano. Cuando salió de él respiró profundamente, como si hubiera dejado de tomar aire desde que había entrado ahí.
La experiencia había sido aterradora pero afortunadamente había tenido un final feliz. Miró a ambos lados del pasillo; los heridos habían desaparecido y la tranquilidad empezaba a hacer acto de presencia en el hospital. Sin embargo, lo que realmente le importaba ahora era encontrar a Mulder en el hospital.
<<Quizás está en algún quirófano o tal vez en alguna habitación...>>
De pronto, la imagen de la periodista con el típico traje de chaqueta y pantalón cruzó su mente y al recordar sus palabras sintió un escalofrío.
"Sabemos que en la explosión han fallecido cinco personas"
"Aquí han llegado sólo los heridos..." habían sido las palabras de Ted.
Todavía había cinco cadáveres que no había identificado.
La incertidumbre pudo con ella y tuvo que sentarse en una silla para no derrumbarse en el suelo. Una lágrima silenciosa recorrió su mejilla, muriendo en su cuello. El nudo de su garganta era insoportable y tuvo que reprimir un deseo de gritar. Se sentía ahora como un ser inmóvil, incapaz de hacer ningún movimiento. Lo único que podía hacer era escuchar pasiva las conversaciones de médicos y enfermeras que cruzaban el pasillo.
"Quiero que le hagan una radiografía del tórax y..."
"Necesitamos una cama auxiliar en la habitación 322..."
"Ha sido horrible. En el quirófano no dejaban de entrar y salir médicos pidiendo ayuda y..."
"Es increíble, menudo hombre más sarcástico..."
"Ha sido un milagro, no entiendo cómo ha sobrevivido a esas quemaduras..."
De pronto, su mente se fijó en la frase que había comentado una enfermera: menudo hombre más sarcástico.
La esperanza la llamó a gritos y deseó confiar en ella.
Se levantó e intentó identificar a la enfermera que había hecho ese comentario. Se dirigía hacia la centralita, con paso firme y ligero. A pesar del cansancio, corrió hacia ella y finalmente la alcanzó.
- Disculpe - dijo con la voz entrecortada.
La enfermera se dio la vuelta y observó con curiosidad a Scully. Era una mujer oronda, de brazos y cuello musculosos, con el pelo oscuro y unos ojos claros y afilados. Scully fijó su mirada en la placa que colgaba de su bata: Chase.
- Enfermera... Chase. No he podido evitar escuchar su comentario sobre un paciente ¿Ha dicho sarcástico?
La mujer se sorprendió ante la pregunta y sin saber adónde quería llegar la mujer que le estaba preguntando, respondió.
- Sí, es uno de los pacientes de la 331. Le he pedido una muestra de orina y me ha dicho que necesitaba intimidad. Sí, claro, he pensado, y también una habitación para usted solo y servicio personalizado. Le he dicho que con la sábana tenía suficiente y que de todas formas ya eso lo tengo muy visto - soltó una carcajada -¿Sabe lo que me ha respondido? Que él podía ser una excepción. Tras enviarle una hipócrita sonrisa me ha dicho que sinceramente ahora no tenía ganas y que lo intentaría más tarde y me ha "agradecido" mi preocupación.
-¿Cuánto tiempo lleva ingresado?
- Supongo que poco. Es uno de los heridos de la explosión. Hace apenas un rato que hemos colocado a todos los heridos en las habitaciones y todavía necesitamos un poco de organización.
-¿Podría decirme su nombre?- le preguntó esperanzada.
La enfermera Chase abrió la carpeta que llevaba en la mano y su mirada viajó por los folios, pasando uno tras otro durante unos segundos que se le hicieron eternos a Scully.
- Creo... sí, aquí lo tengo. Fox William Mulder.
Las últimas palabras de Chase sonaron en los oídos de Scully como música celestial.
- Muchísimas gracias - le contestó justo antes de marcharse rápidamente hacia la habitación 331.
En apenas unos instantes llegó a la puerta de la habitación, cogió el pomo, lo giró y abrió la puerta. Había dos camas con dos pacientes. Uno de ellos estaba dormido. El otro... ojeando una revista.
Mulder.
Se acercó hacia él y le quitó la revista con un solo movimiento. Él enfocó su mirada en ella y sonrió.
- Estaba pensando en ti - le dijo.
Ella se inclinó y le besó en la mejilla.
- Yo también - le susurró mientras se sentaba en una silla -. Ha sido de locos. Nadie sabía dónde estabas, si te encontrabas bien... el hospital era un caos. Me tenías preocupada.
Él descubrió la preocupación en sus ojos.
- Quise preguntarle a la enfermera por ti pero... no me inspiraba confianza. Pensé que sabías dónde estaba.
Ella negó con la cabeza.
- Hasta ahora no lo sabía. La información sobre los heridos era muy confusa... incluso pensé que estabas entre los...
-¿Fallecidos? ¿Yo? Vamos Scully ¿no sabes que estoy en el Libro de los Récords por haber superado en número las siete vidas del gato?
La leve sonrisa de Scully descubrió sus sentimientos.
- Oye, estoy bien. Sólo son algunas quemaduras y un terrible dolor de cabeza. Sobreviviré - le dijo dulcemente.
- Ya sé que no es grave - le dijo en susurro.
<<Hasta que lo sea>>- pensó.
-¿Cómo te salvaste de la explosión?- preguntó Scully apartando sus pensamientos -
Ayudado por Scully, se incorporó hasta apoyar su espalda en la pared de la habitación.
- Cuando encontré la bomba y vi que no tenía suficiente tiempo para escapar decidí buscar un sitio donde protegerme. Había visto una habitación blindada y corrí hacia ella. Justo cuando abrí la puerta la bomba estalló. Caí al suelo por la onda expansiva pero logré cerrar la puerta a tiempo. Tras unos minutos salí de la habitación. Todo estaba en llamas. El calor era insoportable. Y el humo... creí que los pulmones me ardían. No sé cómo saqué fuerzas y salí de allí. Lo demás ya lo conoces.
- Dicen que la explosión ha sido enorme ¿Tan grande era la bomba?
Él negó con la cabeza.
- No, eso es algo que aún me sorprende. De todas maneras era una bomba extraña... no había visto antes una así.
-¿Qué estás insinuando?- preguntó temiendo que la mente de Mulder hubiera descubierto algo que ella no podía ni imaginar.
- No sé... - de pronto la cara de Mulder empezó a palidecer.
-¿Mulder?
- Me siento... mareado. Scully... necesito algo para...
- Aguanta un segundo - le pidió.
Se acercó a un armario blanco que había en la habitación, lo abrió y cogió de él una cubeta de aluminio que rápidamente entregó a Mulder. Justo en ese momento comenzó a vomitar.
Finalmente las arcadas cesaron y Mulder se reclinó en su cama. Scully llamó a una enfermera y en unos pocos minutos apareció.
-¿Qué ocurre?- dijo la enfermera Chase.
- Este hombre sufre una deshidratación. Necesita suero.
- Enseguida lo traigo - respondió.
Cuando la enfermera salió de la habitación Mulder agarró el puño de la blusa de Scully y tiró hacia él.
- No... no es deshidratación - le comentó.
- Mulder, antes le has dicho a la enfermera que no querías orinar. Es un signo de la deshidratación.
- Me siento cansado, mareado. Scully, he sufrido deshidratación antes y sé que no es esto.
-¿Y qué sugieres?
Mulder cerró los ojos, intentando controlar el mareo y cuando los abrió miró rápidamente a Scully.
- Radiación.
Ella abrió los ojos perpleja.
-¿De qué estás hablando?
- La bomba... no me preguntes cómo pero creo que era radiactiva.
Justo cuando ella iba a responderle la enfermera Chase volvió a la habitación con el suero. Tras inyectárselo le preguntó a Scully si necesitaba algo más, ella dijo que no y entonces volvió a irse. Segundos después de que la enfermera se hubiera marchado, Scully miró a Mulder y comenzó a hablar.
- Mulder si fuera así la radiación habría afectado a los testigos, a los habitantes de los alrededores... no es posible.
- Comprueba los otros pacientes Scully. Te sorprenderá que todos sufren deshidratación - le respondió irritado.
Ella negó varias veces con la cabeza.
- No, Mulder. No vayas por ahí.
- Oye, simplemente te estoy pidiendo que...
El ruido de la puerta interrumpió la conversación de ambos. Scully se dio la vuelta y observó a la mujer que entraba. Fowley, sin mirar a Scully, se dirigió rápidamente a Mulder.
-¿Estás bien? ¿Cómo sobreviviste? ¿Estás herido?- preguntó preocupada.
- No, tranquila, no es nada - respondió Mulder.
-¿Seguro?
- Está bien, sólo tiene algunas heridas de escasa gravedad - comentó Scully como si intentara hacerse notar.
Fowley le envió una mirada desafiante y miró de nuevo a Mulder. Él pudo apreciar un vendaje en su brazo derecho. Su mirada se tornó seria.
- No te preocupes. Es una simple quemadura.
Mulder sonrió levemente.
- Diana, quiero que compruebes algo en el almacén.
-¿Qué ocurre?
- La bomba que explotó... no era normal. Era una bomba radiactiva.
Diana le miró sorprendida y envió una rápida mirada a Scully, que todavía permanecía sentada al lado de la cama de Mulder.
-¿De qué estás hablando? Eso no puede ser posible. De ser así hubieran muerto decenas de personas.
Mulder cerró los ojos y negó con la cabeza.
- Por una vez estoy de acuerdo con ella - comentó Scully.
- No Diana, tienes que creerme. Alguien tiene que ir allí y comprobarlo con contadores. El resultado te sorprenderá.
- Mulder, no estás pensando con claridad. Si recapacitas un poco verás que lo que dices no tiene ningún sentido - repitió Scully.
- Tú no estuviste allí, no vistes lo que pasó. No lo intentes comprender - replicó Mulder.
Scully se levantó de la silla de pronto.
- No es necesario haber estado allí para comprender que lo único que sucedió fue una explosión y que ahora mismo sufres un proceso de deshidratación - dijo enfadada por su actitud.
- No has cambiado con el paso del tiempo ¿verdad?- añadió él.
- Ne... necesito una silla - comentó de pronto Fowley.
Ambos dirigieron la mirada hacia ella, que había permanecido callada durante toda la conversación. Su cara se había tornado pálida y daba la sensación de que estaba a punto de desplomarse sobre el frío suelo de la habitación.
-¿Diana?- preguntó Mulder.
Scully agarró la silla en la que había estado sentada y se la acercó rápidamente. Fowley se sentó con lentitud y cuando lo consiguió apoyó su cabeza entre las manos.
-¿Cuánto tiempo has estado allí?- le preguntó.
- No sé... hace apenas una hora que estaba allí...
Mulder miró a Scully y ella lo vio: ese brillo intenso en los ojos de su antiguo compañero.
Suponía el comienzo del fin.
- Alguien tiene que ir allí urgentemente y aislar la zona. Puede ser peligroso.
Fowley sacó el móvil de su bolsillo y marcó una tecla. Apoyando una mano sobre su frente y sujetando la otra con el móvil, esperó respuesta.
-¿Señor? Ha surgido un problema. La zona de la explosión debe ser aislada. Es posible que exista radiación en altos niveles - una voz se escuchó al otro lado -. Ya lo sé, pero el agente Mulder, yo y estoy segura que los demás supervivientes estamos sufriendo mareos y náuseas y el agente Mulder asegura que la bomba era radiactiva - la voz volvió a surgir -. Señor, simplemente le pido que aísle la zona y se compruebe la radiación del almacén. Creo que el agente Mulder está en lo cierto.
Tras escuchar de nuevo la voz de su superior, Fowley colgó el teléfono y miró con cansancio a Mulder.
- Dice que como estés equivocado vas a pagar toda la operación - comentó intentando mostrar una sonrisa -. He de irme. Me ha pedido que vaya a supervisar la investigación
- Quizá no sea buena idea en su estado - dijo Scully.
- No se preocupe, estoy bien. Sólo ha sido un pequeño mareo - se inclinó hacia él y le besó fugazmente en los labios -. Recupérate pronto.
Mulder asintió con la cabeza y Fowley se marchó de la habitación, no sin antes mirar la expresión tensa de Scully.
- Yo también me voy. Todavía hay muchas cosas que hacer en el hospital - respondió seria.
-¿Y vas a dejar a tu paciente aquí, solo?- preguntó Mulder con ironía.
- Tú nunca estás solo.
La miró sorprendido, intentando entender qué la sucedía.
-¿He hecho algo de lo que debería arrepentirme?
- Eso depende de ti, Mulder - comentó justo antes de dirigirse hacia la puerta
-¡Espera!- ella se dio la vuelta y le observó impasiva -¿Vas a comprobar el estado de los otros pacientes?
Ella se cruzó de brazos y suspiró mostrando su disgusto. Odiaba el que Mulder jugara a dos bandas, intentando tenerla a ella y a Fowley, sabiendo que sólo puede tener a una de las dos.
- Es una estupidez. No tiene ni pies ni cabeza así que no pienso...
- Hagamos un trato: si lo compruebas y estoy equivocado entonces no volveré a comentar absolutamente nada sobre este tema. Te prometo que no te pediré nada más sobre esto si no encuentras nada ¿De acuerdo?
Ella permaneció callada durante unos segundos, sopesando los pros y los contras. Finalmente respondió al trato.
- Sólo esta vez Mulder. Recuerda que ahora soy médico, no detective.
Él asintió con la cabeza y finalmente ella se marchó.

Mulder se colocó el reloj en su muñeca y miró la hora.
<<¿Las tres y cincuenta y cinco de la tarde?>>- pensó sorprendido.
Entonces se fijó en las manecillas: todas permanecían inmóviles. Mulder dio varios golpes a la esfera pero no hubo respuesta. Se quitó de nuevo el reloj y lo metió en la bolsa de lona con ropa que le había traído Scully hace unas horas. Miró el reloj de pared de su habitación: las diez y cuarto de la noche.
Sacó un jersey de la bolsa y se lo colocó con rapidez. Justo cuando empezaba a atarse los cordones de las zapatillas Scully entró. Mulder levantó la mirada e hizo un gesto a modo de saludo. Ella se limitó a cruzarse de brazos y apoyarse en la pared.
- He comprobado a los demás pacientes...
- Ssshhh... Mi "compañero" está durmiendo - murmuró Mulder mientras señalaba al anciano de la otra cama.
Scully no pudo evitar una sonrisa.
- Pensaba que no me iban a dar el alta hasta mañana - comentó en voz baja.
- No tienes nada Mulder. Lo único que necesitas es descansar - le respondió.
Tras terminar de atarse los cordones Mulder se sentó en la cama y observó a Scully fijamente.
- Venga, suéltalo ya.
-¿A qué te refieres?- preguntó haciéndose la ingenua.
- Ya lo sabes. Has encontrado restos de radiación ¿verdad?
Ella negó con la cabeza.
-¿Hablas en serio?- dijo elevando un poco la voz.
- Ssshhh... vas a despertar a tu "compañero"
Se levantó de la cama, cogió la bolsa de lona y empujando levemente a Scully por la espalda la sacó de la habitación con él. Colocó los brazos en jarra y miró con seriedad a Scully.
-¿De qué estás hablando?
- Comprobé a los otros pacientes y todos sufrían deshidratación, lo cual me sorprendió aunque no me pareció imposible.
-¿Yyy?- la animó a continuar.
- Ordené que les hicieran un chequeo y comprobaran si existían restos de radiación, tal como tú me pediste: nada.
- No puedes hablar en serio.
- Ahora mismo te estoy hablando con el corazón abierto Mulder - comentó con ironía -. Te equivocaste, reconócelo.
- No, estoy seguro de que lo que había allí era una bomba radiactiva.
De pronto el ruido de unos tacones hizo que Mulder girara la cabeza. Fowley se acercaba rápidamente hacia ellos.
- Menos mal que te han dado el alta - comentó mientras se acercaba.
-¿Por qué dices eso?
- Porque Jackson espera una explicación tuya... y buena.
- Un momento, no me querrás decir que...
- Mulder allí no había nada. Los contadores ni se inmutaron. No había poso radiactivo.
- Eso no es posible.
- Lo es. Aquí tienes el informe. Puedes comprobarlo tú mismo.
Cogió el informe y le echó un vistazo por encima.
- No lo entiendo - murmuró.
- Te has equivocado. No es nada terrible. A cualquiera le puede suceder Mulder. Todos tenemos intuiciones - comentó Fowley.
Él negó con la cabeza y comenzó a andar hacia la salida.
-¿Adónde vas?- preguntó Scully
- Necesito dar un paseo - le respondió.
- No creo que sea una buena idea. Tienes que descansar.
- Lo haré - dijo sin dejar de andar y elevando la voz para que Scully oyera su respuesta.

 

APARTAMENTO DE DANA SCULLY.
SALT LAKE CITY, UTAH 12:30 P.M.

Dana Scully pulsó una vez tras otra los botones del mando con la esperanza de encontrar un canal que pudiera ser visto. Tras darse por vencida, decidió dejar la tele encendida en un canal que emitía anuncios mientras recogía su cena. A pesar de haberse cambiado de casa no había perdido la vieja costumbre de cenar en el suelo mientras veía la tele en el salón.
Observó sin mucho agrado la ensalada y el filete que se había preparado y que ni siquiera había tocado. Realmente no tenía mucha hambre, sobre todo, después de los acontecimientos de hoy. Todavía permanecía en su mente la escena de ella y el médico abriendo las cinco bolsas de cadáveres. Sabía que la imagen de Mulder dentro de una de esas bolsas la iba a perseguir en sus pesadillas.
Dejó su plato en la encimera y sus cubiertos y vaso en el fregadero y tras ello se dirigió de nuevo al salón. Se tumbó en el sofá y fijó su mente en el techo, olvidando los anuncios emitidos por la televisión. Se volvía a sentir como en una de las miles de noches en las que no había podido dormir pensando en Mulder, en si se encontraría bien, en si podría soportar otro caso...
Pero eso había acabado. Ya no era su compañera y debía convencerse de ello si no quería sufrir más.
Echó un vistazo rápido a la mesa del salón y vio un paquete de cigarrillos y un encendedor. Sin pensárselo dos veces extendió el brazo hasta alcanzarlos, sacó un cigarrillo de su paquete, lo encendió y le dio una larga calada.
<<Maldita sea, me voy a convertir en una adicta como siga así>>- pensó.
El sonido de la puerta la sobresaltó. Miró en su reloj la hora: las doce y cuarenta y cinco de la noche. Dios, cada día cenaba más tarde...
Volvieron a llamar a la puerta. Finalmente se levantó del sofá y se dirigió a la entrada. Miró por la mirilla y observó a Mulder, que esperaba con gesto serio a que le dejara entrar. Sorprendida por su visita abrió la puerta y le envió una mirada preocupada.
-¿Mulder?
-¿Puedo pasar, por favor?
Asintió con la cabeza mientras se apartaba de la puerta y él entró en su casa. Se paró en el hall y se dio la vuelta para ver su expresión.
- Necesito hablar contigo. Ya sé que es tarde pero...
- No te preocupes. Ven al salón. Allí podremos hablar - le comentó mientras sostenía el cigarrillo en una mano.
Él la siguió hasta el salón y ella le señaló el sofá. Entendiendo su petición, lo rodeó por detrás y se sentó en él. Ella se sentó a su lado. Él observó la televisión encendida y sin preguntarlo, agarró el mando y la apagó.
- Tienes una casa muy acogedora - le comentó.
Ella se limitó a sonreírle.
- Supongo que es porque es tuya - añadió -. Pensaba que habías dicho que no fumabas - prosiguió señalando el cigarrillo e intentando no centrar la atención de Scully en su comentario anterior.
- No te lo vas a creer Mulder pero sólo cuando apareces me pillas fumando - respondió.
- Nunca he sido una buena influencia - dijo con sarcasmo.
Tras compartir una sonrisa, Scully le miró con seriedad.
- La forma en la que te fuiste esta noche... me dejaste preocupada.
- Lo sé y... lo siento. Mi comportamiento ha dejado mucho que desear - se reclinó en el sofá y suspiró -. Supongo... que en cierto modo tiene su explicación.
Las palabras de Mulder parecieron atraer la atención de Scully. Dio una calada a su cigarrillo y echó el humo hacia arriba.
- En mí existía el deseo de encontrar algo extraño, algo inexplicable... algo como antes - sentenció mientras un brillo especial se formaba en sus ojos.
- Te entiendo - comentó mientras acercaba su cigarrillo a sus labios.
Justo en ese momento Mulder agarró su mano y le quitó el cigarrillo de su mano para apagarlo en el cenicero de la mesa del salón. No lo hizo como protesta, ella lo sabía. Simplemente era una forma de decirle que lo que estaba haciendo la hacía daño y que quería protegerla. Como siempre.
Tras esto Mulder se volvió a reclinar en el sofá mientras Scully le respondía con los ojos.
-¿Por qué dices eso?- le preguntó.
- Hoy... también he tenido una sensación parecida. Por un segundo... deseé que tuvieras razón.
-¿En serio?
Ella asintió levemente.
-¿Eso significa que lo echas de menos?
Scully permaneció callada durante unos segundos.
-¿A qué te refieres?
- A nuestro trabajo en los Expedientes X.
- Mulder, ya no hay Expedientes X.
- Lo sé pero lo echas de menos ¿verdad?
- Claro que sí - respondió casi en un susurro.
-¿Tanto como para volver?
- Mulder... - dijo mostrando en su voz un tono de advertencia.
- Lo siento... lo... lo he vuelto a estropear. De veras que lo siento. Olvida lo que he dicho ¿vale?
- No pasa nada Mulder. Está bien.
Él perdió la mirada en algún lugar detrás de Scully.
- Si... si hoy has sentido ese deseo que dices entenderás por qué te pido esto.
-¿El qué Mulder?
Él centró su mirada en ella y sus ojos mostraron ese brillo que Scully había visto hoy en el hospital.
- Hay cuatro de los cinco fallecidos en el acto por la explosión que debido a su estado son imposibles de identificar por los cauces normales. Alguien tiene que hacerles unas radiografías dentales, comprobar el historial de los fallecidos e identificarlos, por eso estaba pensando que...
- Mulder, no...
- Sólo te pido que identifiques a uno de los cadáveres, eso es todo.
Ella se levantó del sofá y se cruzó de brazos.
- Si fuera sólo eso sabes que lo haría. Pero quieres algo más.
Ella pudo sentir que Mulder estaba sonriendo a través de sus ojos. No tenía que verlo en su cara para saberlo.
- Bueno, si es posible...
- Mulder, colaboro con la policía pero no con el FBI. Quizás no lo recuerdas pero el Bureau y yo vamos por caminos diferentes - elevó un poco su tono de voz -. Y además, no puedo hacer una autopsia sin un consentimiento.
- No te pido una autopsia. Simplemente quiero que compruebes si el cadáver posee algún tipo de radiación. Y respecto a tu colaboración, la policía de Utah está colaborando en el caso. En cierto modo seguirías colaborando con ellos.
- No - sentenció señalándole con el dedo -. No lo haré.
- Scully, creo que estás exagerando...
- Eso no es cierto - tragó saliva con dificultad -¿Qué pretendes Mulder? ¿Es esto algún tipo de prueba? ¿Es eso lo que quieres? ¿Ponerme a prueba? ¿Quieres saber hasta dónde puedo llegar, ver si sigo siendo fiel a tus peticiones? ¿Consiste en presionarme, ver dónde están mis límites? ¿O simplemente quieres recuperar el pasado? ¿Es eso lo que buscas?
-¡Sé que el pasado es algo que no puedo recuperar, sólo recordar como lo he hecho hasta ahora!- exclamó levantándose del sillón -¡Sólo te estoy pidiendo ayuda, Scully! ¡No tienes que abrir viejas heridas para decirme simplemente que no quieres hacerlo!
Scully se quedó helada. Vio cómo los ojos de Mulder la miraban fijamente con dolor, sintiéndose morir por dentro. Finalmente, dejó de torturarla con su mirada y se dirigió con rapidez a la entrada de la casa.
Aunque tardó tiempo en reaccionar, ella corrió hacia la entrada y logró alcanzarle.
- Mulder... - dijo simplemente.
Él no la miraba. Simplemente tenía los ojos fijos en algún lugar del suelo.
- Haré la autopsia - comentó con la voz entrecortada por la pequeña carrera que había realizado.
Permaneció callado durante unos segundos, quizás unos minutos mientras ella esperaba con ansia su respuesta... y su perdón.
- Bien - respondió sin mostrar ninguna emoción en su voz mientras abría la puerta -. Y... no te preocupes. Será lo último que te pida - dijo justo antes de cerrar la puerta bruscamente.
Scully permaneció allí, en la entrada, apoyada en la puerta, mordiéndose el labio inferior para controlar sus emociones y maldiciéndose por lo que había dicho.

 

HOSPITAL HOPE
SALT LAKE CITY, UTAH 10:11 A.M.

Dana Katherine Scully observó por décima vez consecutiva las dos radiografías y obtuvo el mismo resultado: eran idénticas.
Nada extraño, nada siniestro: ni radiaciones ni marcas extrañas en el cadáver.
Ningún Expediente X.
Sin embargo quería estar segura que no pasaba por alto ningún detalle. Sabía que tarde o temprano Mulder haría acto de presencia y quería tener las pruebas suficientes para mostrar un argumento convincente. Tras mirar las radiografías, agarro una carpeta de color marrón claro y la abrió: observó la foto de un hombre de mediana edad, moreno y de ojos claros que sonreía a la cámara. Leyó sus datos: Carl Foster, nacido el 5 de marzo de 1965, casado y con una hija de 5 años llamada Susan.
Pensó en su familia, en lo terrible que debe ser enterarse a través de la televisión que tu marido ha muerto en acto de servicio, en lo difícil que sería para esa niña vivir sin la figura de su padre...
No era una situación totalmente ajena a ella. Cuando era muy pequeña había escuchado a escondidas muchas de las conversaciones que su madre había tenido con su padre cuando él se encontraba en el extranjero. Podía sentir la preocupación de su madre como si fuera la suya propia, propagándose por ondas por toda la habitación.
Vivir con el miedo de que un día llamen a la puerta para entregarte un telegrama con un terrible comunicado. Sin embargo, su madre había escondido astutamente su preocupación de cara a sus hijos. Había conseguido que crecieran sin miedo, sin rencor, aceptando el trabajo y las ausencias de su padre.
Siempre le estaría agradecida por ello.
La puerta de la sala se abrió y entró Mulder, vestido con un traje de chaqueta y pantalón negro y la vista fija en el cadáver.
-¿Y bien?- preguntó dirigiendo finalmente su mirada a Scully.
Ella cerró la carpeta y se la entregó a Mulder.
- Carl Foster, 35 años, casado y con una hija.
Él abrió la carpeta y sus ojos viajaron rápidamente por los folios, intentando localizar ese pequeño detalle que siempre buscaba.
-¿Has comprobado el "estado" del cuerpo?- preguntó sin despegar la vista del informe.
Ella asintió con la cabeza.
- Nada. Este hombre murió por cualquier motivo excepto radiación.
- Pero las quemaduras son considerables ¿cierto?
Ella soltó un suspiro mostrando su desesperación.
- Este hombre estaba dentro del almacén sin ningún tipo de protección y la explosión fue de grandes dimensiones. Te recuerdo que además de la bomba que explotó se produjeron pequeñas explosiones por parte del material que encontrasteis allí. Lo extraño sería que no hubiera acabado así.
-¿Puedes comprobar lo de la radiación una vez más?- dijo al tiempo que cerraba la carpeta y la dejaba encima de una mesa auxiliar, justo al lado de un contador.
Ella le envió una mirada ofensiva y de mala gana cogió el contador y lo encendió. Esperó unos segundos y levantó la mirada.
-¿Ves? Nada extraño Mulder - bajó la vista para comprobar la aguja del contador -. Siento decirte que...
Scully sintió cómo la voz le abandonó. Con los ojos abiertos de par en par observó la aguja balancearse de un lado a otro constantemente. Ante la reacción de ella, Mulder se acercó para ver lo que indicaba el contador.
La aguja pareció enfurecerse y comenzó a moverse más rápidamente.
Scully levantó de nuevo la mirada y extendió su brazo izquierdo impidiendo el paso de Mulder mientras agarraba el contador con el otro.
- Quieto - le ordenó.
-¿Qué?- preguntó asombrado.
- No te muevas - le repitió.
Él se quedó inmóvil, intentando entender lo que quería demostrar Scully. Ella dio un paso hacia atrás, alejándose de Mulder y la velocidad de la aguja descendió. Se acercó a él y la aguja se movió de nuevo rápidamente.
- Dios mío... - logró decir -... eres tú.
Mulder entreabrió la boca mostrando su perplejidad.
-¿Qué quieres decir?
Ella tragó con dificultad y sacó fuerzas para hablar.
- No sé cómo explicarlo... es como si tú... emitieras radiación.
Él se acercó a ella hasta estar a su lado y ésta le mostró el contador. En la cara de Mulder se mostró una tímida sonrisa, mezcla de alegría y asombro.
-¿Hay una explicación para ello?- preguntó ansioso.
Scully era capaz de imaginarse cómo la información se procesaba rápidamente en la mente de Mulder, formando oraciones, éstas formando párrafos y estos a su vez argumentos, preparados para invalidar cualquier teoría razonable.
- Tiene que haberla - dijo con una tímida voz.
- Seguro que sí - le respondió mientras se daba la vuelta y se dirigía a la salida.
-¿Adónde vas?
- Necesito hablar con Fowley y mi superior.
-¡Espera!- le pidió.
Mulder frenó en seco y miró a Scully.
- No sabemos si esa... radiación es nociva. Tengo que hacerte un chequeo. Quizá tu salud esté en peligro - comentó mientras se acercaba a él.
Él la miró fijamente y por un segundo sintió que las cosas eran como antes, que nada había cambiado. Ella volvía a estar a su lado, protegiéndole con su ciencia.
Y él sentía de nuevo esa sensación que le había abandonado durante los últimos meses: la curiosidad por lo desconocido, por lo inexplicable.
-¿Mulder?
Salió de sus pensamientos y asintió con la cabeza.
Ambos abandonaron la sala, no sin antes asegurarse de dejarla cerrada, y avanzaron por el largo pasillo.
- Hablaré con Steven y con mi superiora Rice. Te haré el chequeo y consultaré los resultados con ellos. Quizás tengan alguna explicación para esto.
Él permanecía absorto en sus pensamientos, intentando buscar un motivo, un por qué. Su mirada se fijaba vagamente en las personas que caminaban por el pasillo: enfermeras, enfermos, visitantes...
Fijó su vista al frente, enfocándola cuando algún objeto se movía hacia él.
-¡Ted!- exclamó Scully mientras elevaba su brazo para llamar su atención.
Mulder vio que este se encontraba a unos quince metros de ellos. Vio a Scully y aceleró el paso. Se fijó en el hombre que se encontraba delante de Ted y no le dejaba avanzar. Llevaba unos pantalones vaqueros, una camisa y una cazadora. Tenía el pelo rapado casi al cero y su cara mostraba unos rasgos fuertes y marcados. Su rostro... le resultaba familiar.
El hombre se percató que Mulder le estaba mirando y le sonrió. Pero no era una sonrisa de cortesía que muestras cuando te encuentras con un vecino en el ascensor o cuando alguien se tropieza contigo en la calle...
En esa sonrisa había malicia.
Notó que el hombre metía su mano en el interior de su cazadora y de pronto sintió como si la situación se desarrollara a cámara lenta.
Su mente procesó a la velocidad del rayo: no tenía tiempo suficiente para sacar la pistola; alguien podía salir herido...
Alguien. Scully.
Miró rápidamente a su antigua compañera, que seguía con la vista fija en Steven y sin pensárselo dos veces la agarró por la cintura y la tiró al suelo, cubriéndola con su cuerpo.
-¡¡Al suelo!!- gritó.
El hombre, que ya había sacado su pistola, apuntó y disparó sin alcanzar a nadie. Mulder levantó la mirada y sacó su arma: apuntó hacia el sospechoso y este dirigió su arma hacia él. En ese momento Steven le agarró por detrás, intentando inmovilizarle.
Mulder se levantó y se acercó rápidamente hacia él, temiendo que pudiera disparar a quemarropa. Antes de que el sospechoso pudiera zafarse de Ted Mulder logró alcanzarlo y le apuntó con la pistola en la sien.
-¡Agente del FBI! ¡Suelte el arma!- le ordenó.
El hombre dejó de moverse y colocó la pistola en su palma. Mulder se la arrebató y le colocó contra la pared. Giró la cabeza y miró a Scully, que empezaba a levantarse del suelo.
-¿Estás bien?- le preguntó.
Ella se limitó a asentir con la cabeza mientras se echaba un mechón de pelo hacia atrás.
- Queda detenido por intento de asesinato. Ahora le leeré sus derechos.
- No los necesito - habló finalmente.
- Eso es lo que crees- respondió Mulder enfadado.
Esposó al sospechoso y envió una mirada a Ted.
- Lo que ha hecho es terriblemente estúpido. Podría haber muerto más gente.
- Tiene razón. Si no lo hubiera hecho usted o Dana podrían estar muertos.
Mulder apretó los dientes intentando controlar su ira.
- O podría haberle levantado la tapa de los sesos o haberlo cogido como rehén, lo que hubiera provocado una situación muy delicada aquí. Siga mi consejo: el mundo no necesita más héroes. Llama a la policía - pidió dirigiéndose a Scully.
Ella corrió hacia la centralita y dio el aviso mientras Mulder vigilaba al sospechoso. Ahora que estaba más cerca de él pudo ver su rostro más detenidamente.
Y como si de un flash se tratara, recordó dónde había visto a ese hombre antes.

 

DEPARTAMENTO DE LA POLICÍA DE SALT LAKE CITY
UTAH 02:09 P.M.

Mulder miró su reloj una vez más. Era tarde y todavía Scully no había aparecido con los resultados del chequeo. Quería que ella estuviera con él en el interrogatorio para que los resultados pudieran ser explicados por el sospechoso. Fowley, mientras, tras comunicarse con Mulder y conocer las nuevas noticias, se dirigió con su superior a aislar la zona del almacén e investigar más a fondo. Ella le dijo que podía empezar el interrogatorio sin ella. Comenzó a darse pequeños golpes sobre la palma de la mano con el informe que sostenía con la otra. Abrió el informe y observó la foto que contenía.
Había pasado bastante tiempo pero su memoria fotográfica no había perdido facultades. Hace un año, tras volver de Dallas con Scully, donde estuvieron a punto de perder sus vidas en una persecución con helicópteros, habló con Kurtzweil. Fue su última conversación con él: nunca supo qué le ocurrió.
Recordaba perfectamente sus últimas palabras: "Esa gente no comete errores, agente Mulder". Después Kurtzweil se marchó y antes de seguirle un ruido llamó su atención. Alzó la vista y vio a un hombre, de pelo corto y rasgos fuertes, que había escuchado toda la conversación.
Y ahora, después de un año, se volvían a encontrar. Y podía apostar el cuello a que no era pura casualidad.
Volvió a mirar el reloj, y tras mirar varias veces hacia el fondo del pasillo, hizo un gesto al policía que vigilaba la habitación del sospechoso y éste le dejó entrar. En el interior de la habitación se encontró con él, sentado en una silla y con las esposas puestas. Al percatarse de la presencia de Mulder, levantó la vista y alzó las manos.
- Podría quitármelas - comentó.
- Y podría no hacerlo - respondió Mulder.
El hombre se inclinó en la silla, haciendo rechinar la madera y respiró profundamente. Mulder dejó la carpeta encima de la mesa, encendió la grabadora, que ya estaba preparada, y permaneció de pie, cruzado de brazos.
-¿Por qué no me sorprende que no haya ningún tipo de identificación tuya?
Él simplemente se limitó a encogerse de brazos.
- Pero eso no significa que no tengas un nombre ¿verdad?- miró fijamente al hombre-. Cómo te llamas.
Permaneció en silencio.
- Vamos a ver... ¿qué te parece... asesino bastardo? Porque... fuiste tú ¿verdad? El que colocó la bomba en Dallas hace un año. Recuerdo tu cara. Saliste de la sala de descanso cuando yo entraba.
Siguió callado.
Cuando Mulder estaba empezando a perder la paciencia, llamaron a la puerta. Se giró y el policía entró.
- Agente Mulder, una mujer pregunta por usted.
La pequeña cabeza de Scully asomaba por detrás de las fornidas espaldas del policía.
- Déjela pasar - respondió.
Scully entró en la habitación y el policía cerró de nuevo la puerta.
- Hola agente Scully - el hombre mostró una falsa expresión de vergüenza -. Oh, perdón... ex agente Scully. Ya no trabaja contigo- dijo señalando a Mulder -¿A que no?
Scully le miró con desprecio.
-¿Puedo hablar un momento contigo?- le preguntó ella - Tengo los resultados.
- Sé lo que le va a decir - ambos se giraron y miraron al sospechoso -. CGR: Radiación Cósmica de Fondo ¿Me equivoco?
Mulder miró a Scully y ella le respondió con la mirada: estaba en lo cierto.
- Procede del espacio exterior. Pero, no se preocupe Mulder, sus niveles son bajos. No le matará. Además, desaparecerá con el tiempo.
-¿Por qué yo? ¿Por qué no los demás agentes?
Comenzó a formarse una sonrisa maliciosa en su rostro.
-¿Sabes una cosa? Nadie se creía que Scully te había abandonado. Todos pensaban que era una treta para engañarnos. Pero tras haber investigado y haber seguido a la señorita Scully descubrimos que era cierto ¿Sabes que se lo ha montado con un médico de aquí, Ted Wilson? Y... muy bien, por cierto.
Mulder se acercó a él y lo agarró por el cuello de la camisa.
-¡Mulder, no!- exclamó Scully.
-¡Tranquilo, si ya ha roto con él!- comentó el sospechoso.
- Te crees muy bueno ¿verdad? Pues te voy a dar una noticia. A estas alturas, los hombres que te pagan ya habrán decidido cómo matarte para que parezca un suicidio. Quizás te rompan el cuello, o te inyecten alguna sustancia letal pero de lo que estoy seguro es que en menos de cuarenta y ocho horas estarás bajo tierra. Una vez que eres descubierto, no les sirves para nada. Al contrario, eres un estorbo. Supongo que lo sabrás por otros... compañeros.
Mulder le soltó bruscamente sobre la silla y se alejó de él. El hombre le miró fijamente y Mulder supo que lo había conseguido.
Comenzaba a tener miedo. Sin embargo, seguía sin hablar.
Entonces decidió que debía conseguir información a su manera. Apagó la grabadora y sacó la cinta, dejándola encima de la mesa.
- Mulder ¿qué haces?- le preguntó.
- No necesito escucharte decir que tú pusiste la bomba en el almacén. Eso ya lo sé. Sólo quiero información - dijo ignorando a Scully -. Cuéntame que es lo que están haciendo.
Tras echar un vistazo a la grabadora, el hombre alzó de nuevo la vista.
- Lo que diga se lo contarás después a los demás.
-¿Y quién me va a creer? No está en la grabación. No puedo demostrarlo - dijo mientras se sentaba en la única silla libre que había.
Tras permanecer callado unos segundos, el hombre apoyó los brazos sobre la mesa y comenzó a hablar:
- Lo del año pasado no tiene nada que ver con el trabajo que ahora hago. Ahora... somos más sofisticados - comentó con ironía -. Ya no colocamos esas simples bombas.
- Son bombas radiactivas ¿verdad?- comentó Mulder.
- Eso no tiene ningún sentido ¿Cómo se explica entonces que no haya rastro alguno ni en el almacén ni en las víctimas, sólo en Mulder?
- Él tiene algo de lo que carecen los demás - sonrió con sorna -¿Recuerdas tu agradable visita a Rusia, agente Mulder?
Las palabras del asesino le dejaron helado. Empezaba a comprender lo sucedido.
- El cáncer negro.
El hombre asintió con la cabeza.
- Actúa como receptor de las radiaciones. Usted es una prueba viviente de los experimentos secretos del gobierno.
- Por eso viniste a por mí. Te habían encargado que acabases con mi vida - dijo Mulder.
-¿Cómo es posible?
- El virus es extraterrestre. De ahí las radiaciones CGR. Al liberarse emite radiación al igual que nosotros desprendemos calor. Pero también es capaz de percibirla.
-¿El virus sigue en mí?- preguntó Mulder.
- Si existiera lo hubiera localizado en el análisis de sangre - añadió Scully.
- Los análisis convencionales no son capaces de detectarlo. Además, ahora mismo es inocuo. No puede hacerle daño.
-¿Por qué lo de las bombas? ¿Con qué objetivo?
- Imagínese una bomba letal capaz de destruir ciudades enteras, que no deje ningún rastro de radiación y del tamaño de una caja de cerillas ¿Qué país no estaría dispuesto a comprarla?
- Están probándola ¿no es cierto? La que estalló en el almacén es solo un prototipo.
- Veo que va comprendiendo- comentó en un siniestro tono.
- Lo que no entiendo es el virus ¿Sólo juega ese papel? ¿No sirve para nada más?
El hombre sonrió y Mulder supo que estaba equivocado.
- Agente Mulder, la bomba contiene el virus. El problema es que la liberación de radiación se lleva al grado máximo y durante el proceso el virus se desintegra. Pero la investigación avanza rápido. Se quiere conseguir que el virus permanezca vivo y que la radiación sirva de transportador del mismo. Dentro de poco conseguirán controlar la radiación y el virus podrá extenderse.
-¿Y de qué sirve una bomba biológica? Ya existen, además de virus programados genéticamente.
- Cierto, pero todas tienen antídoto... menos esta.
Scully suspiró desesperada.
- Mulder, no puedes seguir escuchándole. Es todo pura ciencia-ficción.
- No lo entiendo. Si el virus sigue en mí y es inocuo ¿cómo es que no hay vacuna?- dijo ignorando de nuevo a Scully.
- Su virus pertenece a una antigua cepa. Ahora el virus se ha perfeccionado, ha mutado.
Mulder abrió los ojos, asombrado ante lo que estaba escuchando.
- Y por eso se está experimentando. Si encuentran una vacuna podrán chantajear a otros países. Tendrán el poder absoluto.
- Y no sólo eso, agente Mulder - se inclinó más sobre la mesa hasta estar casi cara a cara con él -. Podrán protegerse cuando ellos vengan.
Asintió levemente con la cabeza, comprendiendo por fin lo que El Sindicato estaba haciendo. Se estaban preparando para cuando "ellos" llegaran. Sabía perfectamente a qué ellos se refería el hombre que tenía delante suya y que le había abierto los ojos, haciéndole ver la verdad.
Mulder se levantó de la silla y salió de la habitación. Tras enviarle una mirada fría al sospechoso, Scully le siguió.
- Está mintiendo - comentó mientras cerraba la puerta.
El policía se acercó a Mulder y le preguntó si había terminado el interrogatorio. Él asintió con la cabeza y el policía abrió la puerta.
- Vigílele bien - le advirtió Mulder.
Tras entrar el policía Mulder se giró sobre sus talones y miró a Scully.
- Yo creo que no - replicó.
- Te ha dicho lo que querías escuchar. Sabe cuales son tus puntos débiles y se ha aprovechado de ello.
- Scully, sé que puedo demostrarlo. Yo soy una prueba de ello. La radiación lo demuestra ¿verdad?
- Es cierto que existe radiación en ti Mulder, pero sé que hay otra explicación que no sea esa patraña que te ha contado.
Él se dio media vuelta y empezó a caminar por el pasillo.
-¿Adónde vas?- le preguntó enfadada.
- Voy al almacén. A lo mejor Diana ha encontrado algo. Te veré más tarde.
- No pienso seguir participando en esta investigación. Mi trabajo se ha acabado - le replicó.
No obtuvo respuesta de Mulder. Ya había desaparecido por el pasillo.

 

SALT LAKE CITY, UTAH 09:45 P.M.

Realmente hoy no era el día de Dana Scully. Tras mantener un agitado encuentro con Mulder en el departamento de la policía se había dirigido al hospital... y allí tuvo que enfrentarse con Rice. Según ella, su "profesionalidad está dejando mucho que desear" y le advirtió que como siguiera así iba a tener que tomar "medidas drásticas". También añadió que lo que había ocurrido hoy en el hospital era "imperdonable" y le recordó que ya no era una agente del FBI.
- No se puede tener todo, doctora Scully. Si decidió dejar el cuerpo, entonces, afronte las consecuencias - había comentado fríamente.
Afortunadamente Ted calmó los ánimos y logró que Rice la dejara en paz. Sin embargo, cuando Ted y Scully se quedaron solos él se puso de la parte de Rice.
- Entiende su postura. Últimamente tu trabajo aquí en el hospital es escaso. Lo único que haces es ayudar a tu antiguo compañero. Creo que estás olvidando los motivos por los que dejaste de trabajar con él - le había comentado.
-¿Qué demonios os pasa a todos? ¿Acaso os pagan para ir en contra de él?- había respondido enfadada.
- Simplemente me preocupo por ti. El hombre de esta mañana... iba a por Mulder pero... alguien podría haber salido herido. Alguien inocente.
- Él también lo es - le había recordado - Sé cuidarme sola. No necesito vuestra aprobación para tomar decisiones.
- Tú misma me lo dijiste cuando llegaste a Utah. Te marchaste porque necesitabas sentirte independiente, hacer las cosas sin preocuparte de nadie, sin temor a no ser aceptada. Me dijiste que necesitabas espacio. Y ahora fíjate en lo que estás haciendo. El 95% de tu tiempo lo cubre él... como hace un año.
Ella le había mirado, dolida por sus palabras, y sin responderle se marchó. Así transcurrió la tarde y finalmente, su jornada laboral había terminado por hoy.
Ahora, mientras conducía a su casa, pensaba en los comentarios de Rice y Ted. Se preguntaba realmente si le dolían tanto porque tenían razón. Ella se había trasladado hasta Utah para comenzar una nueva vida, para alejarse de Mulder. Pero, un año después de su marcha, se encontraba en el mismo sitio, sintiéndose de nuevo sin aire.
Se preguntaba si estaba haciendo lo correcto, como hace un año en el aeropuerto de Washington.

Finalmente llegó a casa y vio en la entrada el coche de su madre aparcado.
<<No, ahora no puedo fingir ante ella, decirle que todo va bien...>>- pensó.
Aparcó el coche, apagó el motor, salió de él, sin olvidarse de coger el informe médico de Mulder y su bolso, y se dirigió a la entrada. Sacó las llaves y cuando se disponía a introducirla en el cerrojo se dio cuenta que la puerta estaba abierta.
El pensamiento de que algo terrible podría haber ocurrido la invadió e instintivamente se llevó la mano a la cintura, suponiendo que su pistola se encontraría allí.
<<Mierda>>- pensó ante su gesto de deformación profesional.
Abrió lentamente la puerta y vio a su madre y a su hermano, que permanecían atónitos ante lo que veían: armarios abiertos, ropa por el suelo, cajones tirados, libros, discos, adornos... todo estaba desperdigado por toda la casa. Ambos se dieron la vuelta y miraron a Scully: su madre estaba hablando por el teléfono inalámbrico, aparentemente con la policía, mientras su hermano maldecía una y otra vez.
Bill se acercó a ella y la miró desafiante.
- Supongo quién es el culpable de todo esto - la dijo enfadado.
Ella se limitó a entrar en el salón y observar el destrozo. Aunque aparentaba ser el escenario propio de un robo sabía que hubiera quien hubiese sido buscaba algo... y lo tenía muy claro.
Su madre colgó y se acercó a su hija.
- Había venido a hacerte una visita y Bill me ha acompañado. Cuando llegamos vimos la puerta abierta y pensamos lo peor. Entramos y vimos todo el destrozo. Te llamé al hospital pero me dijeron que ya te habías marchado y tu móvil estaba desconectado. He llamado a la policía y están de camino.
Scully asintió levemente con la cabeza mientras su madre apoyaba su mano sobre su hombro.
- Esto no hubiera ocurrido de no ser por Mulder - dijo Bill con un tono despectivo.
- Bill, no es el momento ni el lugar para hablar de esto - le advirtió su madre.
Scully se dio la vuelta y miró a su hermano.
- Ni quiero ni necesito que busques falsos culpables ¿está claro?
Bill respiró profundamente mientras los músculos de su cara comenzaban a tensarse.
- Aunque te alejaste de él no has cambiado nada. Le sigues protegiendo, como siempre.
- No tengo por qué seguir escuchando esto en mi propia casa - comentó Scully.
-¡Basta ya!- exclamó Margaret -¡Estoy harta de ver cómo os peleáis una y otra vez por lo mismo! ¡Esta conversación se ha acabado! ¿Queda claro?
- Esta familia tendría una existencia tranquila de no ser por ese maldito hijo de...
- He dicho que se acabó - sentenció su madre, enfadada por la actitud de Bill.
Él obedeció a su madre y permaneció callado. Scully sacó de su bolso su móvil, lo conectó y marcó el número de Mulder. A los tres tonos tuvo respuesta.
- Mulder.
- Soy yo - dijo con un tono neutro.
-¿Qué ocurre?- preguntó preocupado.
- Han entrado en mi casa - respondió mientras escuchaba el ruido de las sirenas de la patrulla de policía acercarse a su casa.
- Voy para allá.

 

APARTAMENTO DE DANA SCULLY
SALT LAKE CITY, UTAH 10:55 P.M.

Scully permanecía sentada en su sofá, fumando un cigtarrillo, mientras los policías terminaban de recoger pruebas dactilares y comprobaban los objetos desaparecidos. Mulder estaba sentado a su lado, mientras Margaret y Bill conversaban en voz baja en la entrada de la casa. El policía se acercó una vez más a Scully y comenzó a hablar.
- Parece que sólo se han llevado la televisión, el vídeo y el aparato de música ¿Ha notado que le falte algo más?
Ella negó con la cabeza.
- No han forzado la cerradura. Un trabajo fino, sin lugar a dudas. Ladrones de guante blanco.
-¿Y no le parece extraño que solo se hayan llevado el televisor, el vídeo y el aparato de música? Aquí hay más cosas de valor considerable - comentó Mulder.
- Bueno, siempre cogen lo que tienen a primera vista. Querían hacerlo rápido y sin mucho escándalo.
-¿Y por qué se han molestado en rebuscar por todas partes?
- Mulder - dijo Scully en voz baja.
El policía se sintió molesto por el comentario de Mulder.
- Mire, sé que esto es un hecho desagradable y a los del FBI les gusta resolver las cosas a su manera pero siga mi consejo: déjenos hacer nuestro trabajo - dirigió su mirada hacia Scully - Si no desea nada más, creo que hemos terminado por aquí. Si averiguamos algo la llamaremos.
- Gracias - respondió ella.
- Vamos chicos, hemos terminado - dijo el policía a los demás.
Todos se marcharon paulatinamente mientras Mulder se levantaba del sofá sin dejar de mirar a Scully.
-¿Por qué no me has apoyado? Supongo que no creerás que han entrado unos ladrones en tu casa.
Scully apagó su cigarrillo en un cenicero de la mesa y soltó un suspiro, mostrando así su cansancio.
- Claro que no Mulder. Sé que buscaban tu informe médico.
-¿Entonces?- volvió a preguntar.
- Porque estoy cansada.
Él mostró una expresión de confusión, sin entender exactamente qué quería decir ella.
- Estoy cansada de todo esto, de... no poder vivir segura, de... saber que ellos pueden hacer lo que quieran... de que estamos en sus manos.
Él se agachó hasta que estuvo frente a frente con Scully.
- No lo estaremos si tú no quieres.
Ella le miró fijamente hasta que su madre y Bill hicieron acto de presencia en el salón.
- Parece que esto está más ordenado - comentó Margaret.
- La policía nos ha ayudado a levantar los muebles tirados y a recoger un poco lo desperdigado por el suelo - dijo Scully mientras se levantaba del sofá.
-¿Quieres venir a casa? Allí podrás dormir tranquila.
- No mamá, no te preocupes. No van a volver esta noche. Además, tengo todavía que ordenar esto un poco. Mulder se quedará para ayudarme. Vosotros os podéis ir a casa.
- Sé que no han sido unos ladrones ¿Qué estaban buscando?- preguntó Bill justo antes de enviar una fría mirada a Mulder.
Scully dejó caer su cabeza hacia un lado y resopló cansada.
- No tengo fuerzas para discutir contigo ahora Bill - se acercó a su madre y la besó en la mejilla -. Te llamaré mañana.
Margaret asintió con la cabeza y abrazó a su hija mientras la murmuraba en voz baja.
- No sé lo que estás haciendo pero espero que sea lo correcto. Sé que lo harás.
Scully se separó de ella y la sonrió. Su madre la respondió con otra sonrisa, se despidió de Mulder y salió de la casa. Bill todavía permanecía allí, controlando su deseo de pedir explicaciones a Mulder.
- Bill, mamá te espera - comentó Scully.
Él se dirigió a la puerta y justo antes de salir se dirigió a su hermana.
- Mamá es una mujer fuerte. Siempre lo ha sido. Pero sé que está sufriendo por esto. Espero que por una vez pienses en tu familia - dijo antes de marcharse.
Scully cerró la puerta con un golpe seco y fuerte y apoyó su cabeza en el marco, intentando controlar las lágrimas. De pronto sintió las manos de Mulder sobre sus hombros, intentando consolarla.
- Quizá tenga razón - comentó Scully mientras se giraba - Quizás soy una egoísta.
- Sabes que eso no es cierto - dijo Mulder mientras apoyaba una mano en su barbilla y la obligaba a levantar la cabeza -. Tu madre siempre ha estado orgullosa de tus decisiones.
Ella le sonrió tímidamente y se dirigió al sofá para volver a sentarse. Él la siguió y se sentó a su lado, pero esta vez más cerca de ella.
-¿Seguro que estarás bien aquí, sola?- le preguntó.
Asintió con la cabeza mientras se quitaba los zapatos.
- Tras un año vuelvo a estar en el mismo sitio - comentó en voz baja.
-¿A qué te refieres?
- En cierto modo todo el mundo considera que lo que ha pasado es culpa mía, que no debería... haber vuelto a colaborar contigo - dijo soltando un suspiro.
- Pero a ti nunca te ha importado lo que pensaban los demás. Siempre has sido fiel a tus decisiones, sin preocuparte por el qué dirán ¿O... - se acercó aún más a ella hasta estar casi frente con frente -... acaso fue uno de los motivos por los que te marchaste?
- En cierto modo no lo sé. Quizás quería estar con mi familia en paz.
- Pero no fue el único motivo ¿verdad?- comentó Mulder ignorando la respuesta de Scully.
Ella le miró, cansada y con tristeza en los ojos.
- No... no lo fue.
-¿Qué hice tan mal Dana? ¿En qué me equivoqué?
Suspiró de nuevo y se acurrucó en el sofá, agarrando sus piernas con los brazos y alejándose de Mulder. Tras permanecer callada unos minutos habló de nuevo.
- Recuerdo una noche, hace muchos años, que preparé una cena maravillosa para Jack y para mí.
-¿Jack? ¿Jack Willis?- preguntó Mulder.
- Sí. Apenas nos habíamos visto en semanas y por fin podíamos cenar juntos. Recuerdo que me puse mi vestido favorito y ordené la casa como nunca lo había hecho. Él llegó sobre las diez. Recuerdo... que me acerqué a él y cuando fui a besarle se apartó. Me miró y dijo que teníamos que hablar - apretó las rodillas contra su pecho -. Esa misma noche rompimos. Nadie probó la cena, nadie comentó lo ordenada que estaba la casa ni el bonito vestido que llevaba. Todo lo que había preparado fue una pérdida de tiempo - Mulder pudo ver el dolor del recuerdo en sus ojos -. Pasé casi toda la noche llorando. Siempre he sido una mujer fuerte; de pequeña era la chica mayor y tenía que marcar mi terreno frente a mis hermanos, demostrarles que podía ser tan dura como ellos. Missy era la llorona, yo... la chica fuerte. Pero esa noche... me sentía... desprotegida... y me enfurecí por ello.
- Porque siempre has sido la fuerte - añadió Mulder.
Suspiró por tercera vez mientras murmuraba un pequeño "sí".
- Me prometí a mí misma que no dejaría que me hicieran daño nunca más, que no me volvería a sentir tan... débil.
- Scully, a pesar de todo lo que nos sucede, a pesar de las penas y las alegrías... somos humanos. Y tú también lo eres. Y ser humano implica tener sentimientos. No puedes avergonzarte por ello.
Ella le miró a los ojos por un segundo para después dejar la vista fija en la mesa del salón.
- Cuando... sucedió lo de Dallas y tú... sé que esto te va a parecer una contradicción pero... aunque eras sincero no podía creerte.
-¿Por qué?
-¿Por qué?- repitió ella - Porque... nunca habías mostrado... - hizo un gesto con la mano -... interés. Y de pronto dijiste tantas cosas... Quise alejarme. No quería volver a cometer el mismo fallo de años atrás - tragó saliva con dificultad -. A todo eso tenía que sumarle el trabajo que estábamos realizando, la presión de los superiores, mi familia... Sentía que me faltaba aire. No podía afrontarlo todo a la vez.
- Y te escapaste de ello - añadió.
Ella le miró ofendida.
- Necesitaba un tiempo para mí. Había dejado de escucharme, de saber lo que realmente quería. No fue una decisión fácil - comentó irritada.
Mulder respiró profundamente y se mordió el labio inferior.
- Cuando te marchaste... bueno, no actué de forma muy profesional. Y cuando me asignaron a la sección de "Revisión de casos"... perdí el rumbo. Tuve que aceptar el hecho de que estaba solo. Creí que lo había superado y durante los meses siguientes me engañé a mí mismo diciendo que todo podía ser perfecto y que podría encontrar de nuevo el rumbo. Apareció Fowley... y pensé que todavía estaba enamorado de ella. Todo el mundo comentaba que por fin Fox Mulder se había convertido en una persona normal. Pero había noches... en las que me preguntaba qué estaba haciendo, cómo había llegado a vivir una mentira. Sabía que mi lugar no era en Terrorismo Organizado, ni que mi sitio era al lado de Diana como hace unos años, ni que mi vida estaba destinada a ser tranquila y feliz. No sabía quién era, me sentía un desconocido.
- Y... en realidad... ¿quién eras?- preguntó Scully.
Él la miró directamente a los ojos.
- El que te echaba de menos... como siempre.
La mirada de Scully se volvió cristalina y notaba cómo las lágrimas se formaban en sus ojos.
- Sé... que te he hecho daño muchas veces pero, a pesar de ello, siempre seguías allí. Supongo que creé la estúpida idea de que siempre iba a ser así - acercó tímidamente su mano y la apoyó sobre las de Scully -. Me equivoqué. Pero cuando te vi en el hospital... pensé que todavía podía ser verdad, que a lo mejor no me había equivocado.
Ella asintió con la cabeza mientras apartaba una lágrima de su mejilla.
- Lo sé - logró decir.
- Al principio, en un intento de encontrar algo positivo de lo que estaba sucediendo, me dije a mí mismo que no te necesitaba, que nunca te había necesitado "¿Quién necesita a alguien que tira tus teorías por la borda con sólo cuatro palabras?", pensaba. Pero... resultaba curioso. Cuando llegaba a la oficina esperaba escuchar el ruido de tus tacones golpear el suelo. Y cuando hablaba con Fowley, esperaba que alguien me llevara la contraria, o que riera mis bromas - acarició dulcemente las manos de Scully -. En realidad sí te necesitaba.
Ella se mordió el labio y agarró la mano de Mulder con fuerza. Él la miró directamente a los ojos y se acercó más a ella. Casi podía sentir su respiración en sus labios.
- Un año es mucho tiempo - dijo Mulder en voz baja -. Quizá demasiado.
Siguió acercándose a ella lentamente, dándole tiempo para pensar, para arrepentirse, para echarse atrás. Sin embargo, no hacía ningún movimiento, permanecía quieta y con la vista fija en su rostro. Apenas había distancia entre sus labios y el dejó de acercarse. Lo único que podían escuchar eran sus respiraciones.
Finalmente, él se inclinó un poco más y sus labios hicieron contacto con los de Scully. Ambos cerraron los ojos y se dejaron llevar por la sensación del momento. Permanecieron quietos, como si tuvieran miedo de lo que podía suceder, durante unos segundos, quizá más. Ambos perdieron la noción del tiempo.
Entonces Mulder la abrazó por la cintura mientras que con su otra mano comenzó a acariciar su pelo. Sus labios se fundieron en un beso profundo y sincero. Ella podía sentir los brazos de Mulder rodear su cuerpo mientras la besaba dulcemente. Y sus labios... no habían cambiado. Seguían siendo tan suaves y dulces como hace un año. Le abrazó con fuerza y su beso se volvió más pasional.
Tras un tiempo finalmente se separaron, dejando apenas unos milímetros de distancia entre sus labios. Sus ojos se miraron, intentando decirse todo lo que no podían expresar con palabras. Se respondieron silenciosamente.
Ambos se necesitaban.
Mulder comenzó lentamente a desabrochar la blusa de Scully, sin romper nunca el contacto con sus ojos.
Un botón... otro botón... y otro...
Dejó caer su blusa sobre el sofá y Mulder la sonrió tímidamente. Ella le devolvió la sonrisa. Ella le ayudó a quitarse la camisa y comenzaron a besarse de nuevo. Scully le besó dulcemente en el cuello mientras él la agarra con fuerza, como si temiera que pudiera marcharse. Ambos se miraron de nuevo y hablaron sin utilizar las palabras.
Aquí no.
Ambos se levantaron y Scully se abrazó con fuerza a él, rodeándole con las piernas, mientras Mulder la sostenía por la cintura. Siguieron besándose y finalmente llegaron a la habitación. Perdieron el resto de ropa que les quedaba y Mulder la tumbó dulcemente sobre la cama, observándola con amor y respeto. Acarició lentamente su rostro, su cuello, sus hombros, su cintura, su vientre, sus piernas... Ella apartó un mechón de pelo de la cara de Mulder y acercó sus labios de nuevo para unirse a los de él.
Ambos compartieron sonrisas, susurros, miradas que pensaban que no existían.
Tras meses de separación volvían a sentirse completos.
Sentirse uno.

 

APARTAMENTO DE DANA SCULLY
SALT LAKE CITY, UTAH 09:16 A.M.

El calor del sol en su cara le hizo abrir lentamente los ojos. Los rayos de luz de la mañana entraban a través de los recovecos del estor de la habitación, iluminándolos. Cuando se acostumbró a la luz, Mulder dirigió su mirada a la mujer que tenía entre sus brazos. No pudo reprimir una silenciosa sonrisa. Estaba recostaba en su pecho, con su rostro cubierto casi totalmente por su pelo cobrizo, sus piernas entrelazadas con las suyas, desnuda, cubierta de cintura para abajo con una sábana y respirando profunda y lentamente. Mulder apartó un mechón de su rostro y ella se revolvió en sus brazos. Temió haberla despertado. Sin embargo, se acurrucó en la curva de su cuello, abrazándole con fuerza y soltó un suspiro sin abrir los ojos. Por su respiración dedujo que todavía estaba dormida.
A su mente acudieron imágenes de la noche anterior, sintiéndolas como si estuvieran sucediendo en ese mismo momento. Podía ver a Scully y a él mismo entrelazados, besándose, acariciándose, fundiéndose en uno solo. Todavía podía escuchar los sonidos, las palabras de afecto que se habían confesado. Y finalmente, ella se durmió en sus brazos mientras él acariciaba su pelo. Sin embargo, Mulder permaneció despierto: no podía dejar de mirarla, dejar de tocarla. Tras unas horas el sueño le venció y se quedó dormido. Y ahora volvía a sentirse hipnotizado por ella.
Había sensaciones que creía haber olvidado: el olor de su pelo, el suave tacto de su piel... Y había muchas otras cosas que eran nuevas para él, cosas a las que tendría que acostumbrarse: la forma en la que ella se acurrucaba en sus brazos, el sonido de su corazón cuando dormía...
De pronto notó cómo el cuerpo de Scully se tensaba e inmediatamente después se relajaba de nuevo. Abrió lentamente los ojos y elevó la vista hasta ver su cara.
Y sonrió dulcemente.
<<Otra cosa a lo que me tengo que acostumbrar: la sonrisa de Scully nada más despertarse>>- pensó.
- Hola - dijo en voz baja.
- Buenos días - respondió él mientras la besaba en la frente -¿Has dormido bien?
- De maravilla - comentó mientras se acercaba a Mulder y le daba un beso de buenos días.
Ella se apoyó sobre su pecho y ambos se miraron fijamente. Ella rozaba levemente sus labios con su nariz mientras él acariciaba su espalda.
-¿Qué hora es?- preguntó mientras le besaba en el cuello.
Mulder se incorporó levemente sin dejar de abrazarla y miró el reloj de la mesilla.
- Las diez menos diez - respondió.
Scully hizo un sonido en forma de protesta y escondió su cara en el pecho de Mulder.
-¿No me digas que tienes que ir al hospital?- dijo mostrando con su tono cierta decepción.
Scully asintió con la cabeza.
- A las diez y media empieza mi turno pero... puedo estar en quince minutos - una sonrisa se formó en su rostro -. Y no quiero irme de aquí sin aprovechar... hasta el último segundo.
Mulder sonrió y comenzó a besarla lentamente. De pronto un sonido les interrumpió. Scully se apartó de él pero este siguió besándola por el cuello.
- No lo cojas - dijo él entre besos -. Además ¿por qué dejas encendido el móvil por la noche?
- No es mi móvil - respondió ella -. Es el tuyo.
Mulder se quedó quieto mientras el sonido del teléfono continuaba. Ella le envió una mirada de reproche y finalmente él se dirigió al extremo de la cama y sin salir de ella buscó su móvil entre la ropa desperdigada por el suelo. Finalmente lo encontró y lo descolgó.
- Mulder - dijo malhumorado.
- Necesito que vengas ¿Dónde demonios estás?- preguntó Diana enfadada.
-¿Qué ocurre?- dijo ignorándola.
Pudo escuchar cómo Diana soltaba un suspiro.
- Han surgido problemas.
-¿Qué clase de problemas?
Scully comenzó a prestar más atención al escuchar el tono de Mulder.
- Han desaparecido los cadáveres de los fallecidos en la explosión.
-¿¡Qué!?
- Y aún hay más. El sospechoso que capturaste en el hospital... ha aparecido ahorcado en su celda.
- Mierda - se quedó callado durante unos segundos -¿Dónde estás?
- En el departamento de policía.
- Voy para allá - dijo antes de colgar.
Salió de la cama y comenzó a vestirse rápidamente.
-¿Qué ocurre?- preguntó Scully.
- Lo que sabía que iba a pasar - respondió -. Los fallecidos en la explosión han desaparecido y nuestro sospechoso se ha "suicidado" - comentó haciendo un gesto con las manos justo después de quitarse la camisa.
-¿Adónde vas?
- A la oficina de la policía. Allí se encuentra Diana - dijo al colocarse la chaqueta -. Tenemos que volver a Washington y encontrar respuestas, impedir que continúen con toda esta falacia.
Scully se incorporó rápidamente, cubriendo su pecho con la sábana.
-¿Tenemos?- preguntó.
Mulder dejó de moverse por la habitación y miró fijamente a Scully.
- Tú y yo... ¿no?
La imagen de la sorpresa y el temor apareció en el rostro de Scully.
-...No... - consiguió decir.
Él se sentó en la cama y se acercó a ella.
- Scully, tenemos que reabrir los Expedientes X y seguir buscando. Ahora que todo vuelve a funcionar podemos...
- No puedo hacerlo.
Él se quedó helado.
- De hecho, pensaba pedirte que te quedaras en Utah conmigo, intentar llevar una vida normal.
Mulder agitó la cabeza, mostrando su confusión.
- Me dijiste... me dijiste que echabas de menos los Expedientes X.
-¡Pero no es razón suficiente para volver!- exclamó enfadada -. Ayer... te dije que estaba cansada de todo esto, de vivir sin saber si me están vigilando con una cámara, de tener que comprobar diariamente si alguien me sigue, de preocuparme por mi familia... Sé que las respuestas están en los Expedientes X pero aún así el año pasado decidí marcharme. Decidí que todo tenía un límite y que... tenía que parar.
- Scully...
- No me siento capaz de volver Mulder. Mi vida en el FBI forma del pasado. Tengo grandes recuerdos de ella pero...
-¿Y qué hay de nosotros?
Ella, que había mantenido la vista fija en el suelo, alzó la cabeza y miró a Mulder.
Y entonces lo vio. Por mucho que le quisiera, por mucho que le hubiera echado de menos... no iba a volver. Sus ojos se lo confesaron.
Tras tenerla por fin la volvía a perder.
Lentamente buscó en su nuca el broche de la cadena que llevaba colgada la cruz de Scully. La desabrochó y agarró la cruz con una mano. Con la misma lentitud la dejó encima de la cama.
- Todavía hay tanto que buscar, tanto que saber - dijo Mulder mientras miraba a la cruz -. Tu cáncer... tu hija Emily... todo lo que te hicieron... No sólo es mi búsqueda Scully. Es la tuya.
- Pero la dejé hace un año - respondió con un nudo en la garganta.
Él asintió levemente con la cabeza y tras levantarse de la cama, salió de la habitación y de la casa de Scully, dando un brusco portazo al salir.
Tras escuchar el ruido de la puerta, ella cerró los ojos y respiró profundamente.
De pronto, el ruido del teléfono irrumpió en la habitación. Tras sonar varias veces Scully reaccionó y se acercó para cogerlo.
-¿Sí?- dijo con la voz débil.
- Cariño soy yo, mamá ¿Qué tal has dormido?
Ella tragó con dificultad y tapó el auricular para que no la escuchara respirar.
- Bien - respondió finalmente intentando ocultar su dolor.
-¿Y Mulder?
Ella se quedó callada por un momento, intentando pensar qué poder decirle a su madre.
Optó por contarle la verdad.
- Se... marchó - dijo mientras acercaba su mano a la cruz que permanecía sobre las sábanas y la acariciaba dulcemente con sus dedos.

 

SALT LAKE CITY, UTAH.
DOS DÍAS DESPUÉS 02:50 P.M.

- Entonces... ¿se marcha mañana?- preguntó Margaret si intentar distraer mucho a su hija de la carretera.
- Sí. Parece ser que Diana Fowley ha ido esta mañana al hospital y le ha hecho algunas preguntas a Ted. Él se lo escuchó decir a otra persona y me lo comentó- respondió mientras conducía.
-¿Y a ti no te hizo ninguna pregunta?
Scully negó con la cabeza levemente.
- Esa mujer te odia. Y la verdad, me alegro por ello.
- Mamá... - dijo con un tono de advertencia.
- Tú misma me lo contaste. Reapareció de pronto, como si hubiera surgido de la nada. Y estoy segura que con malas intenciones...
No pudo evitar una tímida sonrisa.
Madres, siempre dando la razón a sus hijas.

Miró de un lado a otro y sonrió al ver que nadie paseaba por las calles.
¿Qué esperaba? Al fin y al cabo era la hora de comer.
Sabía que tenía poco tiempo, así que sin perder ni un segundo sacó del bolsillo de su cazadora una pequeña ganzúa, la introdujo en la cerradura y tras varios giros logró escuchar el "click" de la puerta.
<<Bingo>>- pensó mientras entraba en la casa.

- Todavía no me has contado lo que realmente ha pasado con Fo... Mulder - corrigió rápidamente -. Durante la comida no has dicho ni palabra.
- Es un tema del que no quiero hablar - confesó.
Su madre soltó un suspiro de impaciencia y decidió mirar por la ventana del copiloto.
-¿Has pensado en volver a Washington?- preguntó Margaret.
El rostro de su hija se volvió tenso.
- No.
- Y... Mulder ¿Te ha pedido que vuelvas?
- No, mamá. Sabe que mi vida está ahora aquí - respondió mintiéndola.

Se deslizó sigilosamente de habitación en habitación, de cajón en cajón, de armario en armario. Tras no tener éxito en su habitación ni en el salón, decidió probar suerte en el despacho. Se sentó frente al ordenador y echó un vistazo a los cajones. Dos de ellos tenían candado. Sacó una ganzúa aún más pequeña y abrió el primer cajón. Con sus manos protegidas por guantes de cuero, comenzó a buscar. No encontró nada. Tras abrir el segundo obtuvo el mismo resultado. Su respiración se volvió más acelerada al comprobar que el tiempo se el estaba agotando.
Pero tenía que encontrarlo. Después de la chapuza que habían hecho los otros no podía permitirse el privilegio de fallar.
<<Tiene que estar, seguro que tiene que estar...>>

-¿Has hablado con él?
Scully la miró desafiante.
-¿Qué quieres que te pregunte? Lo único que dices es sí o no cuando te pregunto por Mulder.
- Cambiemos de tema ¿de acuerdo?
Su madre se cruzó de brazos y decidió darse por vencida.
-¿La policía ha encontrado lo que te robaron?
- Claro que no. Nunca lo encuentran - respondió irritada.
- Y el informe que afirmas que estaban buscando ¿Lo tienes todavía?
Asintió con la cabeza.
-¿Y qué vas a hacer con él?
- Se lo entregaré a Mulder. No quiero que me cause más problemas.
- Pues te recuerdo que se marcha mañana. No sé cuándo piensas dárselo.
Scully comenzó a dar pequeños golpecitos al volante mientras conducía.
-¿Te importa que haga esto a mi manera, mamá?
- Como quieras - dijo Margaret mostrando en su voz un atisbo de indignación.

Al observar de nuevo el segundo cajón notó algo extraño en el fondo. Lo golpeó varias veces y escuchó el sonido.
Hueco.
Sacó un destornillador y lo introdujo por uno de los lados del fondo. Empujó un poco hacia arriba y la base de madera saltó. La dejó encima de la mesa y comprobó el contenido del doble fondo.
El informe.
Habrá pasado un año pero la agente Scully seguía tomando precauciones.
Lo agarró rápidamente, colocó la base de madera, cerró los cajones y salió del despacho para escapar de la casa lo antes posible. Sabía que estaban a punto de llegar.

- No empieces a compararme con Missy - pidió Scully mientras giraba a la derecha y entraba en la avenida de su vecindario.
- Te molesta porque sabes que es verdad. Siempre tan independiente, tan deseosa de hacer todo por tu cuenta.
- De veras que no lo entiendo. Reprochas a Bill cuando me protege como si fuera una niña pequeña y ahora actúas como él.
- No es lo mismo - respondió Margaret intentando defenderse.
- Claro que es lo mismo - replicó mientras descendía la velocidad y se acercaba a su casa.
Su madre decidió no pronunciar ni una palabra más mientras Scully aparcaba delante de su casa. Apagó el motor y Margaret salió rápidamente del coche.
Cuando Scully salió de él y lo cerró, su madre ya estaba en la puerta.
- Te has enfadado - dijo mientras introducía la llave en la cerradura y abría la puerta.
- No me he enfadado.
- Sí, claro.
Ambas entraron en el hall y dejaron los abrigos en el perchero. La casa mostraba un orden completamente distinto al de hace unos días. Una nueva tele había ocupado el lugar de la anterior en el salón y había dos cajas encima del sofá procedentes de una tienda de imagen y sonido.
-¿Has comprado ya la televisión, el vídeo y el aparato de música?- preguntó mientras se acercaba a las cajas.
- Sí. Ya te he dicho que no van a encontrar los objetos robados así que pensé ¿para qué esperar?- respondió al dirigirse al despacho.
- Yo creo que tenías que haber esperado un poco. No sé, a lo mejor aparecen... - dijo elevando la voz.
Scully no respondió a su madre y tras entrar en el despacho se sentó ante su mesa de trabajo. Sacó las llaves que llevaba siempre consigo de los dos cajones, abrió el segundo y apartó los informes que tenía dentro. De pronto apreció trozos pequeños de madera esparcidos en el cajón y vio que en uno de los lados el doble fondo había sido forzado.
Rápidamente quitó los informes, levantó la base de madera y se encontró con lo que ya sospechaba: el cajón estaba vacío.
-¡Mierda!- exclamó.
Se levantó de la silla y salió del despacho en busca de su madre.
- No toques absolutamente nada - le ordenó a pesar de tener la certeza de que no iba a encontrar ninguna huella.

 

AEROPUERTO DE SALT LAKE CITY, UTAH.
UN DÍA DESPUÉS 11:30 A.M.

Podría venir, al menos para despedirse.
Pero sabía que no lo iba a hacer.
Miró de nuevo la hora en su reloj y resopló: apenas faltaban tres cuartos de hora para marcharse.
No la había visto desde aquella mañana en que se marchó de su casa. Sólo una tensa llamada en la que ella le había dicho que le habían robado el informe. En cierto modo se alegró; no quería que la hicieran daño por ese maldito informe. Pero de nuevo estaba como siempre, sin ninguna prueba.
Esta mañana había ido al hospital para hacerse un chequeo y preguntó por Scully: estaba en el quirófano en una operación. Y cuando salió de la revisión prefirió no buscarla. Si realmente quería verle le buscaría antes de marcharse.
Y en cuanto a los resultados de su revisión... nada. La radiación se había esfumado, tal como lo había predijo el hombre misterioso que habían atrapado.
Sin embargo tenía que volver a Washington e intentar reabrir los Expedientes X... aunque fuera solo.
Todavía recordaba la dulce sonrisa que le había mostrado Scully al despertarse en sus brazos pero después... su mirada se tiñó de dolor y de rencor.
No. Puedo. Hacerlo.
Esas habían sido sus palabras.
En parte no podía culparla. Ella había rehecho su vida, había decidido poner un punto y aparte y continuar su camino en Utah, lejos de los Expedientes X.
Lejos de él.
¿Quedarse él en Utah? No, sería imposible ¿Fox Mulder llevando una vida normal? Una utopía, al menos por ahora.
Claro que seguía queriendo a Scully, tanto o más que antes. Pero la energía que había sentido cuando trabajaba en los Expedientes X, la emoción de buscar la verdad... la había recuperado con este caso. De nuevo, volvía a tener ilusión con su trabajo.
Sin embargo, en su interior surgía el temor de que esa energía desapareciera por volver sin Scully, por no tenerla a su lado.
-¿Mulder?
Se dio la vuelta y observó la expresión rencorosa y fría de Fowley.
- Tenemos que embarcar.
Asintió con la cabeza y la siguió hasta la puerta de embarque.
- Como te has empeñado he cogido los billetes en la sección de no fumadores pero están separados varias filas. Para realizar el informe vamos a tener que darnos varios paseos por el pasillo del avión - comentó asqueada.
- No quería pasar durante todo el viaje respirando nicotina. Perdona si es un sacrificio tan grande tener que sentarnos en filas separadas.
Fowley le envió una mirada llena de odio.
- No te pongas melodramático. Además, tampoco me importa. No tenemos nada de qué hablar.
Mulder intentó replicarla pero la azafata que se encontraba en la puerta de embarque le pidió su billete. Una vez que se lo entregó, le deseó un feliz viaje con una sonrisa de oreja a oreja y Mulder comenzó a andar a lo largo del pasillo que comunicaba con el avión. Rápidamente Fowley le alcanzó.
Ella lo sabía. Mulder lo intuía con claridad. La forma en que le hablaba, sus gestos, su expresión...
Sabía perfectamente que él y Scully se habían acostado juntos. En otro momento, quizá hace unos años, le hubiera importado, pero ahora sabía que su relación estaba totalmente rota y que no había posibilidad de reconciliación.
Ambos no se dirigieron la palabra hasta que se introdujeron en el avión. Una vez allí, las azafatas les indicaron dónde estaban sus asientos. El de Mulder era de ventanilla, situado bastante cerca de la parte delantera del avión; el de Fowley estaba unas seis filas más atrás y era de pasillo. Mulder acompañó a Fowley hasta su asiento y la ayudó a guardar su bolsa de viaje, mientras ésta sacaba su ordenador portátil y un par de carpetas de color azul.
- Toma esto y échale un vistazo durante el vuelo. No quiero que lleguemos a Washington sin haber empezado nada - le comentó mientras le entregaba una carpeta.
Sin responderla, agarró el informe y se dirigió a su asiento, guardó su bolsa de viaje y finalmente se sentó. Abrió la carpeta que le había dado Fowley y comenzó a ojearla. Tras diez segundos la volvió a cerrar: su mente estaba en otra parte y no precisamente en algo relacionado con el caso.
Esta vez se separaban para siempre. Después de todo lo sucedido dudaba mucho que pudiera haber llamadas o visitas entre ellos.
Finalmente la perdía.
En su interior surgió la imperiosa necesidad de levantarse, de salir del avión e ir en su busca... pero no podía hacerlo. A pesar de lo que sentía por ella sabía que si se quedaba su relación no saldría bien.
Quizás era mejor así. No tendría que preocuparse por lo que podrían hacerla a ella o a su familia; no sufriría las terribles pesadillas en las que ellos se la llevaban de nuevo y no la traían de vuelta. No, quizá ella lograría encontrar a un hombre que la hiciera feliz, que no quisiera ser el héroe el mundo, y casarse con él. Vivir felices sin preocuparse de conspiraciones ni de hombrecillos verdes. Y quizá él, si lograba reabrir los Expedientes X, podría encontrar la verdad que tanto ansía y ser feliz... a su manera.
Pero no, no podía engañarse. Sabía que de los sueños no se podía vivir. Si hace un año el estar sin Scully le había hecho tocar fondo ahora no sería muy diferente. Sin lugar a dudas, no iba a ser fácil.

Fowley se levantó para buscar un informe en su bolsa de viaje y observó a Mulder desde lejos. Estaba con la cabeza apoyada sobre el cristal de su ventanilla y la mirada perdida.
Seguro que estaba pensando en ella.
<< Bastardo>>- pensó enfadada.
Aunque él no se lo había dicho, sabía perfectamente que Mulder se había acostado con Scully. Cuando descubrió que él no había dormido en su habitación y le llamó por teléfono supo que estaba con ella. Sólo había que escuchar su voz.
Durante seis jodidos años él y Scully no se habían tocado, ni siquiera un maldito beso. Y ahora, en apenas unos días habían hecho lo que no habían conseguido durante todo el tiempo que habían trabajado juntos. Y lo peor de todo es que a Fowley le importaba, le dolía.
Pero había descubierto con satisfacción que Scully no volvía con él. No tenía que preguntarle a Mulder los motivos, eran muy claros. Ella no quería ni ver en pintura el FBI. Y así, lo que podría haberse convertido en una bonita y empalagosa historia de amor se quedó en una simple noche de sexo.
<<Deberías saberlo ya agente Mulder: los finales felices no existen>>- pensó para sí mientras encontraba la carpeta que estaba buscando.
Se volvió a sentar y sacó su móvil. Aunque la mayoría de los pasajeros habían entrado todavía el avión no había cerrado sus puertas y podía utilizar su teléfono. Marcó un teléfono y tras tres tonos una voz respondió.
- Sí.
- Ya estamos en el avión. Dentro de unos minutos despegaremos.
-¿Vuelve con ella?
- No, claro que no. No hay nada que temer.
-¿Lo tienes?
Ella abrió la carpeta y sonrió al ver su contenido. En él aparecía una foto de Mulder con sus datos personales y el informe médico realizado por Dana Scully.
- Por supuesto.
-¿Hay copias?
- No, Mulder me ha comentado que Scully no tuvo tiempo para ello, supongo que porque estaba demasiado ocupada jodiendo con él - respondió enfadada.
-¿Celosa, agente Fowley?
Ella no respondió.
- Todo el mundo te traiciona en algún momento de tu vida. No lo olvides.
Diana escuchó el "click" al otro lado del teléfono y supo que había colgado.
Apagó su móvil y lo metió de mala gana en su bolso.
Él tenía razón. Su trabajo era traicionar, no debería sorprenderle esto. Pero no podía evitar sentir un nudo en la garganta al imaginarse a Scully y Mulder juntos.
Ahora ya no importada. Finalmente el lazo entre Mulder y Scully estaba roto justo por culpa de lo que habían deseado tanto. Un final muy apropiado, al fin y al cabo.

Mulder miraba a través de la ventanilla a los otros aviones: algunos aterrizaban, otros se preparaban para despegar. Estiró el cuello y decidió entretenerse mirando a los pasajeros de su avión: mujeres, hombres y niños de todas las edades y razas. Nada en particular.
Pero su mirada se detuvo en alguien que estaba sentado unas tres filas delante de él. Era una mujer. Con el pelo pelirrojo. Desde su ángulo no podía distinguir su cara pero parecía ser de tez clara.
<<Puede ser ella. Tiene que ser ella>>
Rápidamente se levantó y se dirigió a esa mujer. Una azafata se interpuso en su camino y le pidió que volviera a su asiento, que en breves instantes el avión se pondría en funcionamiento. De alguna manera logró avanzar y llegó al asiento de la mujer pelirroja. Tocó levemente su hombro y ella se dio la vuelta.
Observó sus ojos, su nariz, sus mejillas, sus labios, su barbilla...
No era ella.
-¿Disculpe?- preguntó la mujer.
- Lo... lo siento. La había confundido con alguien - logró decir -. Perdone.
La mujer le envió una mirada de cortesía y Mulder volvió a su asiento. Tras sentarse y colocarse el cinturón, se echó el pelo hacia atrás y cerró los ojos en un intento de olvidarse de todo, de imaginarse que estaba viviendo una pesadilla y que tarde o temprano se iba a despertar.
Pudo escuchar, como si estuviera muy lejos, la voz de la azafata que pedía a los pasajeros que comprobasen sus cinturones y que apagasen sus cigarrillos. Oyó a los últimos pasajeros que se sentaban en sus asientos, a las azafatas moverse a través de los pasillos. Sintió que un pasajero ocupó el asiento de al lado. El avión se puso en funcionamiento, dirigiéndose a la pista de despegue. Pudo escuchar el ruido del motor, rugiendo cada vez con más fuerza.
-¿Tiene fuego?- le preguntó una voz.
Mulder respiró profundamente, mostrando así su irritación. Lo único que quería hacer ahora era cualquier cosa menos hablar y mantener una de esas típicas conversaciones de avión en las que hablas de tu trabajo, de tu familia y del estado en el que vives. Abrió con lentitud los ojos y dirigió su mirada a su acompañante.
- Ésta no es la zona de fumadores y además ahora mismo...
Su corazón se paró.
Allí estaba, como si de un espejismo se tratara, mirándole con sus profundos ojos azules, una dulce sonrisa en los labios y un cigarrillo entre sus dedos.
- Vaya, lo siento. Supongo que debería dejar de fumar. No me traería tantos problemas - dijo Scully mientras se humedecía los labios.
- Bueno... - comenzó a decir mientras acercaba su mano a la de Scully y le quitaba el cigarrillo, como había hecho días atrás -... nunca es tarde.
Ella acarició dulcemente la mano de Mulder y le dio un fugaz beso en los labios.
- Eso espero.

I believe this is heaven to no one else but me
And I defend as long as I can be left here to linger in silence
If I choose to would you try to understand?
"Elsewhere" Sarah McLachlan.

Fin

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