Esperanzas rotas 2ª parte

Disclaimer: Ninguno de los personajes que aparecen en este relato me pertenecen y no obtengo ningún beneficio económico de ellos.

Nota de la autora: Está es la continuación de Esperanzas Rotas. El titulo se refiere a Lestat. Dicen que los personajes de ficción no pueden hacerse realidades físicas, pues no es cierto. Lestat ha cobrado vida en mi vida de una manera totalmente real. Igual que Mulder y Scully, me siento como si estuviera esperando que alguien regresara desde hace varios meses.

Feedback: Espero que me enviéis TODOS los comentarios, quejas y preguntas que tengáis respecto al relato o a alguno de sus personajes.

Dedicatoria: Quiero dedicar este relato a Gillean, tú me has ayudado a comprender mejor de que va todo esto.

Tipo: XF (Investigación de un Expediente-X), MSR (Relación Mulder Scully), Crossover.


ESPERANZAS ROTAS II

 

Las normas de tráfico nunca han sido el fuerte de Mulder, pero en éste momento menos que nunca. En Washington siempre hay tráfico, pero ya eran las 10 de la noche y la circulación no era intensa.

A medida que se acercaba a la intersección de Lane avenue, podía escuchar con más intensidad las sirenas de la policía y las ambulancias. Las luces de emergencia resplandecían en la noche en una imagen que él había visto demasiadas veces. En momentos como éstos deseaba profundamente que Scully no se separara nunca de él, solo para poder cuidarla y protegerla de los peligros que le acechan. Pero a la vez se daba cuenta de la contradicción que eso suponía, ya que muchos de esos peligros estaban directamente relacionados con él y con su trabajo.

Paró el coche frente a la cinta que la policía había extendido alrededor del siniestro, y salió.

- Soy agente del FBI –informó al policía, mostrándole la placa- ¿dónde está la mujer? –el hombre le miró con curiosidad, preguntándose, tal vez, como sabía que había una mujer herida.

- Están intentando sacarla del coche... por allí –Mulder tomó la dirección indicada y observó a un grupo de enfermeros entorno al coche de Scully.

- ¿Como está? –preguntó a uno de ellos dejando ver de nuevo su placa.

- No lo sabemos aún, está aprisionada entre la barra del volante.. las constantes vitales son irregulares, pero creemos que sólo está inconsciente por el golpe.

Las palabras del paramédico tranquilizaron un poco a Mulder. En seguida apareció un bombero con una pequeña sierra mecánica y eliminó las ataduras que impedían que fuera sacada del coche. Entonces la vio; estaba apoyada sobre el volante, con el pelo sobre la cara. Lo dedujo inmediatamente: la habían golpeado por detrás. Dio una vuelta alrededor del coche para buscar el impacto y lo encontró. Volvió a la puerta del conductor intentando contener la rabia.

- Scully –susurró mientras la sacaban del coche –Scully, ¿me oyes?- pero no recibió respuesta.

Los camilleros se la llevaron a la ambulancia y él subió para acompañarla.

Antes de subir a ella, pudo ver a Lestat entre la gente que observaba el siniestro. De no haberle conocido no habría reparado en él, pero ¿cómo pasar por alto sus ojos azules ¿o eran verdes? brillando en la oscuridad de la noche? Le miró un instante y después se introdujo en la ambulancia.

 

HOSPITAL GEORGE TOWN MEMORIAL

-… el diagnóstico por ahora es estable, señor Mulder.

La doctora desapareció por el pasillo a la vez que veía acercase al director adjunto Skinner. Se detuvo en frente de él.

- ¿Qué ha ocurrido? –preguntó directamente sin saludar.

- Alguien la golpeó por detrás y le hizo chocar con el coche que la precedía... el otro conductor ha muerto –Skinner miró a través del cristal de la puerta de Scully.

- ¿Cómo está? –preguntó mirándole de nuevo.

- Estable... no tiene lesiones internas... está bien señor.

- Pensé que estaba de vacaciones –se quedó aturdido. La mirada de su superior era acusadora, no se anduvo con rodeos, pensó Mulder.

- No estábamos metidos en nada si es lo que piensa –fue brusco deliberadamente- solo estuvimos hablando de su posible ascenso.

- ¿Cómo se enteró del accidente? –comenzó a ponerse nervioso.

- Flohike me llamó... estaba en la frecuencia de la policía.-Skinner volvió a mirarle.

- ¿Tiene alguna idea de por que la echaron de la carretera, Mulder? –estaba demasiado confuso y asustado aún para pensar en eso.

- No señor. La agente Scully y yo llevamos bastante tiempo sin investigar nada relacionado con la conspiración... es extraño que hayan intentado esto ahora –Skinner volvió a mirar por el cristal y si fijó en Scully.

- Está despertando –Mulder empujó la puerta de inmediato ignorando la recomendación del médico.

- Scully –susurró tomándole la mano con decisión –Scully ¿cómo estás? –preguntó al ver que abría los ojos totalmente.

- Mulder -le acarició la frente.

- Tranquila ¿cómo te sientes? –ella intentó aclararse la voz y se percató de la presencia de su superior.

- Estoy aturdida.. pero creo que bien –Mulder bajó la cara y sonrió- ¿de que te ríes?

- Demasiados sobresaltos para un solo día –ella le miró y recordó el motivo de su regreso adelantado de San Diego.

- Estoy bien –el director adjunto observó a Mulder por unos segundos y después posó su mirada en las manos entrelazadas de ambos.

- Agente Scully, sé que no es el momento, pero cuanto antes comencemos la investigación mejor. ¿Recuerda algo del coche que la golpeó por detrás? –ella desvió por un segundo la mirada a su superior.

- Un sedan gris... me di cuenta inmediatamente de que me seguía, pero no creí que fuera a envestirme... no pude esquivar al coche de adelante, creo que le empotré contra una farola –Mulder la miró.

- El conductor del otro coche ha muerto... no llevaba el cinturón de seguridad.

En ese momento una enfermera entró en la habitación.

- ¿Por qué no me han avisado de que despertó? Deben dejarla descansar... llamaré al médico.

- Tenemos que irnos Scully.

- Agente, la veré en el Boureau –Skinner le hizo un gesto con la cabeza y salió de la habitación.

- Estaré fuera ¿de acuerdo? Cualquier cosa, me llamas –ella apretó su mano.

- No es necesario Mulder, estoy bien... solo necesito llamar a San Diego para hablar con mi madre.

- Puedo llamarla yo si quieres – dijo al tiempo que envolvía las manos de ambos con la suya.

- No, lo haré yo... enfermera ¿puedo hablar con el médico?

- Si, por supuesto.

- Me voy Scully –le soltó las manos- toma, quédate con mi teléfono así podrás llamar a tu madre.

- Aha... gracias –él ladeó la cabeza con su gesto habitual de cuando quiere decir algo- Mulder.

- También podré llamarte yo.

 

 

El camino de regreso lo vio borroso, demasiado borroso para conducir con seguridad. Las lágrimas se había apoderado de él con una fuerza descontrolada. Ni siquiera se dio cuenta de cuando empezó a llorar, pero una vez fueron dejando sus rastro salado sobre sus mejilla, ya resultaron imparables.

Aquello no era propio de él, por alguna razón, aquel accidente le había afectado mucho.

Durante unos momentos pensó que era culpa de Lestat y de la situación que le había obligado a afrontar hablando de su relación con Scully, pero se dio cuenta de que solo era una excusa.

‘Tal vez si la hubiera llevado a casa’. Tumbado en el sofá de su apartamento no dejaba de pensar en que, si él no le hubiera mandado aquel e-mail, ella no habría vuelto de San Diego y ahora estaría bien.

- No te asustes...-Mulder pegó un vote sobre el sofá involuntariamente.

- Por dios Lestat...

- No, por dios, no; por Scully, estoy aquí por ella.

- ¿Qué ocurre?

- Nada, no te preocupes... está bien.

- ¿Sabes algo del coche que la golpeó? –preguntó incorporándose en el sofá.

- No... estaba concentrado en escucharte cuando sucedió, solo capté la mente de ella antes de que cayera inconsciente –miró por la ventana- te llamó.

- ¿Qué? –su expresión cambió.

- Durante la milésima de segundo en la que fue consiente de lo que estaba a punto de pasar, te llamó y yo la oí.

Mulder dudo. Sostuvo su cabeza entre las manos durante unos segundos y después volvió a mirar fijamente al vampiro.

- ¿Sigues matando para alimentarte? –su mirada permaneció fija, sin parpadear.

- Has tardado mucho en preguntarlo... ¿por qué? –le mantuvo la mirada y la intensificó solo para comprobar hasta donde era capaz de soportar.

- Solo es una contradictoria cuestión de principios, solo eso.

- No creo que sea solo eso... buscas excusas.

- ¿Excusas para que? –su mirada estaba comenzando a hacerle daño- deja de mirarme así... no soy de piedra –lo dijo, pero no le rehuyó.

- Para no afrontar la realidad –Lestat parpadeó y la intensidad de su mirada se diluyó.

- No lo entiendes, solo quiero saber que clase de vida llevas.

- No mato personas. Ya no... eso no significa que no sienta le deseo de hacerlo, pero no puedo, al menos para alimentarme. En los últimos meses me he cargado a un par de alimañas antes de que las cazarais, pero eso es solo diversión.

- Si, y tomarte la justicia por tu mano también.

- Lo reconozco, justifico la muerte en algunas ocasiones, pero eso no me convierte en una persona desalmada.... vuestro sistema mata miles de personas inocentes cada día en todo el mundo y nadie parece sentirse responsable.

- No me incluyas dentro del sistema... intento luchar contra él –dijo con amargura.

- Lo sé, pero si utilizas las herramientas que el mismo sistema te proporciona, no conseguirás nada.

- ¿Y que sugieres?

- Yo soy un superviviente, no tengo la clave secreta... mi vida depende de la capacidad de adaptación al sistema.

- Tienes suerte –Lestat le miró con los ojos encendidos de ira.

- ¡Que tengo suerte! Estás loco –le increpó, furioso- dime... piénsalo durante un solo segundo y dime si te gustaría ver envejecer a Scully hasta morir.... ¿has visto la película titulada ‘Los Inmortales’? ¡Quien quiere vivir para siempre, cuando el amor debe morir! Sin embargo... –la tristeza inundó sus ojos- hay algo que me impide abandonar... no sé, tal vez tenga miedo a la muerte.

Se hizo un silencio. Mulder dejó de mirar a Lestat y se concentró en su pregunta.

Scully...

‘Tienes tiempo Mulder... habrá tiempo... tiene que haberlo’. De pronto sintió un escalofrío ‘pero... ¿y si no lo hay?’ la voz de Lestat le interrumpió.

- Podría enseñarte muchas cosas Mulder... sé que conoces como funciona esto, pero no creo que tengas la visión de conjunto que me han proporcionado los años.

- ¿Enseñarme? –volvió a mirarle.

- Si, ¿sabes lo que pasa en está ciudad por las noches? La clase de gente que intenta encontrar la manera de sobrevivir entre la sombra de los edificios y las grandes compañías.

- Lo sé muy bien Lestat, no necesito saber más sobre ello –el vampiro rió.

-Todos necesitamos saber más sobre esto... ese es el problema. Hasta tú te niegas a entrar en la cuestión. Es muy fácil cambiar de canal para evitar enfrentarte a todas esas imágenes a la hora de comer.

- ¿Me estás acusando de huir? No creo que eso sea justo Lestat... –pensó en sus últimos seis años de trabajo en los expedientes x. La afirmación de Lestat era totalmente injusta. Hubiera deseado huir muchas veces, pero nunca pudo y ahora menos que nunca- créeme cuando te digo que nunca lo he hecho... eso es lo más fácil y yo nunca me he distinguido por tomar el camino más fácil.... solo quiero darle un poco de sentido a mi vida y no resulta sencillo.

- Busca un poco más cerca Mulder... y perdona, no quise decir eso... sé que luchar es la primera palabra de tu vocabulario.

- Lestat... está es una extraña manera de presionarme ¿no crees? –el vampiro le miró.

- ¿Presionarte, sobre que? –Mulder se puso en pie y caminó en derredor.

- Sobre Scully –contestó casi en un susurro y sin mirarle- yo...

- Lo siento, no pretendía hacer eso en absoluto, es tu vida –se había prometido no hacerlo, pero necesitó mirar en sus pensamientos un momento para averiguar que temía. Mulder miraba hacia la oscuridad de la noche, Lestat le escrutó y vio una increíble maraña de imágenes que pasaban a gran velocidad por su cerebro. Scully, Scully, Scully- … Mulder –trató de llamar su atención, pero no lo consiguió. Se acercó despacio y le puso la mano en el hombro- ...Mulder –él sintió el frío a través de la ropa y se giró para mirarle a la misma altura de sus ojos.

- Que.

- ¿Por qué no te permites a ti mismo amarla? –él replicó enseguida.

- La quiero –afirmó con vehemencia.

- He dicho amarla... sabes a lo que me refiero... ¿lo has pensado? ¿tiene que ver con algo del pasado? Solo quiero ayudarte.

- Pues no lo estás consiguiendo Lestat –espetó, alejándose de él- no lo entiendo Lestat, no lo entiendo. No sé que es lo que pretendes –el vampiro le miraba moverse nerviosamente por la sala.

- Lo siento Mulder.

- Deja de disculparte y explícamelo.

Pero solo obtuvo una mirada temblorosa y silencio. Eso le hizo estremecer, como era posible que solo con una pregunta pudiera hacerle sentir miedo. Un ser tan poderoso sintiéndose descubierto solo con unas palabras. Había algo enternecedor en la escena, pero a la vez desconcertante.

- Escucha. No sé quien de los dos tiene más problemas, pero no podré ayudarte si no me dices de que va todo esto.

- ¿Ayudarme? –preguntó el vampiro irónicamente- el último mortal que lo intentó acabó siendo como yo.

- Hablas de David –no lo preguntó, lo afirmó.

- Claro.

- ¿Qué ocurrió?

- ¿Quieres toda la historia?

- Quiero que me cuentes porque estás aquí y lo que tiene que ver con David –Lestat sonrió.

- Sabes, empiezo a pensar que le estoy dando una dimensión traumática a mi amistad con él... al principio no era más que un mortal que conocía mi existencia. Motivo suficiente para presentarme ante él sin peligro para su salud mental... –se detuvo- él me ha perdonado, pero yo no lo he hecho... en ese sentido nos parecemos Mulder.

- Continua.

- En realidad es sencillo... me enamoré de él.... –Mulder sonrió- ...¿te sorprende?

- No, en realidad ya lo suponía...

- Para mi... – Mulder le interrumpió.

- No necesito que me lo expliques Lestat... acabo de comprenderlo todo –el vampiro entornó los ojos- ...si, lo entiendo.

- ¿Lo entiendes?

- Sé de que tienes miedo y lo que pretendes... y no se trata de ti, se trata de Scully y yo –Lestat se desplazó suavemente por la habitación, sin apenas tocar el suelo –solo que no eres capaz de admitirlo.

- Es bello Mulder, es tan bello... quiero que lo veas. Cuando te conocí, hace años, ya lo era. Pero ahora... Mulder, yo puedo ver lo sobrenatural que hay en está habitación y puedo ver lo que hay en vuestra relación. Es única... única... y el tiempo pasa. El amor es vuestro motor y ni siquiera lo oís latir en el aire... es doloroso contemplar la distancia entre vosotros para un ser como yo...

- No es distancia... –quiso interrumpirle, pero él lo ignoró.

- ... es un recordatorio constante de mi naturaleza... –hizo una pausa para contener las lágrimas- ... me he enamorado de muchas personas a lo largo del tiempo, es triste, pero no puedo evitarlo, ahora he cometido un error al pensar que podría participar de vuestro amor... pero no tengo derecho a provocar una situación violenta entre vosotros, solo... –no pudo continuar.

- Lestat... cálmate. Como pude pensar por un momento que cometía un error comprendiéndote... hay más amor en ti del que puede llegar a sentir un mortal en toda su vida... perdona si no lo entendí hasta ahora.

- Escucha Mulder, no me comprendas demasiado. David cometió ese error.

Lo último que sintió Mulder fue una ráfaga de viento procedente de la puerta.

- ¿Lestat?

Se había ido.

- Ya te comprendo demasiado bien –lo dijo en voz alta y él estaba lo bastante cerca aún como para oírlo.

 

Hospital George Town Memorial. 
5.40 de la madrugada.

Los pasillos estaban en total silencio. Las enfermeras de guardia advirtieron a Mulder que no hiciera ruido o no le dejarían entrar. Todavía no sabía muy bien porque estaba allí, pero después de la marcha de Lestat sintió que no podría conciliar el sueño en toda la noche.

No entró en la habitación, posiblemente ella estaría dormida y no quería despertarla.

Se sentó en el pasillo y comenzó a recapacitar sobre lo que había pasado.

Era extraordinario. Todo lo que había hablado con Lestat, sus confesiones, sus retos. Era afortunado por el hecho de conocer a un ser así. La historia no le haría justicia si llegara a descubrirle, porque, como suele suceder a menudo, la sociedad nunca se para a averiguar los motivos. ‘Solo vería al asesino... pero hay mucho más’.

A solo unos metros de él Scully utilizaba el teléfono para llamarle a casa, pero no contestaba. De una manera inconsciente empezó a preocuparse, pensó en llamar al Director Adjunto Skinner, para pedirle que fuera a casa y comprobara si estaba allí, pero le pareció excesivo. Aunque después de todo, habían intentado atentar contra ella, no sería extraño que hicieran algo en contra de Mulder esa noche. O tal vez él había decidido salir a investigar. Esa posibilidad la asustó aún más.

Mulder apoyó la cabeza en la pared y cerró momentáneamente los ojos. Tomó aire y se puso en pie para mirar por el cristal de la puerta a Scully. Esperaba verla dormida, pero en lugar se eso la encontró llamando por teléfono. Pensó que tal vez había recordado algo sobre el coche que la sacó de la carretera y decidió entrar.

Ella sonrío al verle.

- Mulder –él también sonrío.

- ¿Estás bien? –preguntó acercándose.

- Si, te estaba llamando –mostró el celular.

- ¿Has recordado algo Scully?

- No, solo... se me ocurrió llamarte –Mulder le cogió la mano y le dio un beso en la palma.

- Scully, sé que tengo insomnio, pero ¿no crees que existía la posibilidad de que estuviera durmiendo? ... imagínate que me despiertas y luego no consigo volver a dormirme en toda la noche y mañana tendría que ir a la oficina con una ojeras horrorosas y claro la gente del Boureau empezaría a murmurar algo sobre el nuevo lío en el que me habré metido... ya sabes lo que les gusta murmurar...

- Si, sé lo mucho que les gusta murmurar, pero Mulder estás despierto de modo que... –él rió de nuevo.

- Eso no es excusa Scully –la miró en silencio durante unos segundo, cogió aire y tomó una decisión- voy a pedirle a Skinner parte de las vacaciones que tengo pendientes y voy a irme a la casa de verano de mis padre el Conocotac... quiero que vengas conmigo Scully –ella alzó las cejas- sé que te resultará extraño que te pida esto, pero necesito tomarme un tiempo para pensar, hay muchas cosas que quiero analizar. Me siento algo perdido y tengo la sensación de que todo está mal.

Scully le mantuvo la mirada, pero no dijo nada, la propuesta la había tomado de sorpresa y aunque no la interpretó como una invitación formal para que pasaran un tiempo juntos, le pareció extraño.

- Mulder ¿qué sucede?

- Sabía que preguntarías eso. Solo quiero salir de aquí una temporada y quiero que me acompañes ¿es tan raro? Tú también tienes vacaciones pendientes. Las pediremos por separado para que nadie haga ninguna conjetura...

- ¿Lo tienes todo pensado?

- No, todo no. No sé que es exactamente lo que necesito explicarme, últimamente me están acechando ideas bastante radicales sobre el mundo y... yo solo no puedo discernir de donde salen o por que he empezado a pensar de esa forma... necesito alguien a quien explicárselas para que adquieran sentido real para mi.

- Te acompañaré... pero ¿hay alguna razón para que sea precisamente ahora Mulder? –la pregunta le sonó distante, solo alcanzó a oír su aceptación de la invitación- Mulder.

- No sé que me pasa Scully –tuvo que mentirle y no le gustó, pero no podía hablarle de Lestat- no sé que es exactamente lo que ve la gente cuando mira a su alrededor... en realidad me pregunto si miran alguna vez lo que pasa cerca de ellos –las palabras del agente preocuparon a Scully. El tomo reflexivo y vehemente a la vez que utilizaba para hablar, demostraba que el tema le importaba, que realmente necesitaba entenderlo.

- Escucha Mulder, es tarde. Vete a casa e intenta dormir. Tendremos todo el tiempo del mundo para hablar de ello... mañana hablaré con Skinner, un par de días después lo harás tú ¿de acuerdo? –él sonrió.

- Vale... y gracias otra vez Scully –se dio cuenta de que no se lo había dicho.

- Te veré mañana Mulder.

Condujo despacio, casi con parsimonia. Si llega a ser hora punta le hubieran multado por entorpecer el tráfico, pero en realidad su manera de conducir solo reflejaba el discurrir de sus pensamientos; lentos y espesos, sin rumbo, pero deseosos de encontrar una meta.

Cuando llegó a casa, incapaz de conciliar el sueño, se sentó delante de su ordenador y comenzó a escribir.

 

Oficina Central de FBI.

- ... ¿estuvo hace solo una semana de vacaciones agente Scully? –el director Skinner se arrellanó en su silla.

- Es cierto señor, pero si mis cálculos no me fallan, tengo por lo menos tres meses más de vacaciones pendientes –era cierto, desde su asignación a los expedientes x había ido acumulando vacaciones año tras año.

- Lo sé, es solo que me parece extraño que decida tomarse otras vacaciones después de llegar de unas –Skinner intentaba, sin éxito, que Scully le explicara el motivo real de su petición, pero ella no estaba por la labor de informar a sus superior directo que se marcharía con Mulder un mes a la casa de verano de sus padres. Ya tendría bastante con explicárselo a su madre.

- Necesito descansar señor –Skinner dio por concluido el interrogatorio y dejó marchar a la agente.

Mientras bajaba hacia el sótano, pensó un momento en la cara que pondría su madre cuando se lo dijera.

- Scully –la voz de Mulder la interrumpió- ¿qué te ha dicho Skinner?

- Ha intentado averiguar que ocurría, pero no le ha dado resultado... sabes Mulder, cuando se las pidas tú, pensará que estamos metidos en algo importante y querrá saber de que se trata, ya está acostumbrado a que la mayor parte de nuestros líos le afecten.

- Se me ocurrirá algo.

Una frase corta e insuficiente que no dejaba entrever las preocupaciones que le había asaltado la noche anterior. Un mes viviendo con Scully en la misma casa sin trabajo de por medio. Su imprudencia decía: uhhmm; y su cerebro: peligro.

Dos días después Mulder se presentó ante Skinner para pedirle una parte del arsenal de vacaciones acumuladas durante toda su carrera en el FBI.

- Agente Mulder ¿estará localizable? –preguntó sin demasiado entusiasmo.

- Aún no sé donde voy a ir señor.

- Pide unas vacaciones adelantadas y no tiene nada previsto –Mulder decidió dejarse de rodeos.

- Señor, no estamos metidos en ningún lío si es lo que piensa... la agente Scully también está de vacaciones y ya que últimamente andamos cortos de trabajo he decidido hacer lo mismo, eso es todo.

- Está bien – dijo mirándole. Firmo la hoja que le había presentado Mulder y dejo marchar al agente.

 

La noche anterior a su partida hacia Conocotac, Mulder esperó la visita de Lestat. Había llegado a la conclusión de que podría pensar que lo hacia para huir de él y necesitaba explicarle los motivos. Sin embargo él no apareció.

Antes de echarse a dormir le dejó una nota.

/No tiene que ver contigo, ni con lo que me dijiste sobre David . No sé si me estás escuchando ahora Lestat, pero esto es por mi... necesito encontrar de nuevo la base y localizar mi propia utilidad en ésta sociedad. Esperaba que vinieras ésta noche porque Scully estará conmigo todo este tiempo y no podrás verme...bueno, yo no podré verte.

Te he aceptado Lestat, espero que eso te ayude a sentirte menos solo, pero me ha obligado a plantearme de que va todo esto.

Mulder./

Esperaba que lo entendiera.

 

Los vuelos de Washington a Boston son demasiado cortos para utilizar el tiempo en reflexionar sobre la distancia, la verdad, la vida y todas esas cosas sobre las que uno se pone a pensar cuando sale de viaje. Ninguno de los dos tenía intención de darle demasiadas vueltas a lo que estaban haciendo. Tal vez si pensaban en las implicaciones que tenía se hubieran echado atrás.

Mulder dejó caer las maletas al suelo al ver el aspecto que presentaba el salón.

- Oh, dios, creo que debí llamar a un servicio de limpieza antes de que viniéramos... esto está hecho un desastre –todavía permanecían por todas partes las huella de su búsqueda frenética de una respuesta escondida en las raíces más profundas de sus existencia como persona. Scully le miró algo contrariada.

- Creo que tienes razón Mulder y dadas tus dotes para el orden y la limpieza, no sé si terminaremos algún día.

- Scully no pienso pasarme el tiempo limpiando y tú tampoco. No te preocupes. Llamaremos a alguien.

- No es necesario Mulder, solo hay que recoger un poco el salón –Scully dejó su maleta y salió al porche. Contempló la playa privada que se extendía enfrente de ella y pensó que hacia mucho que no dormía en una playa.

- Scully –ella se giró- ¿te gusta?

- Es el lugar perfecto para pensar.

- Gracias por venir, me habría sentido muy solo e inseguro rodeado de todos éstos recuerdos.

- Espero que los recuerdos que tengas de este lugar sean buenos.. me refiero a tu niñez –Mulder miró hacia el mar.

- Es un lugar precioso –fue lo único que pudo decir. Pero una esperanza baga se hizo eco en su corazón, tal vez a partir de ahora si serían buenos recuerdos. Scully le miró y decidió no preguntar más.

- ¿Comemos? –entraron.

- ¿Hay por aquí algo comestible Mulder? –él negó con la cabeza.

- No, tendremos que pedir algo –Scully le miró levantando las cejas.

- Mulder ¿no pensarás que voy a pasarme un mes comiendo de chinos, verdad? – él sonrió.

- ¿En que piensas Scully? Un curso intensivo de cocina para solteros?.

- Tal vez –ambos rieron.

-Anda, ven te enseñaré tu habitación... –le siguió-oye Scully, tengo curiosidad ¿qué te digo tu madre cuando le dijiste donde ibas?

Ella se detuvo un momento recordando la escena. Primero le dijo que se iba un mes, después le dio el numero de teléfono de la casa de verano de Mulder y a continuación le dijo que no se extrañara si era Mulder el que cogía la llamada. Su madre levantó la cabeza del papel en el que estaba apuntando el numero y la miró con marcada expresión de sorpresa pero sin decir nada.

- Se limitó a apuntar el numero Mulder – entraron en la habitación y él levanto las persianas. Se volvió hacia ella y miró su expresión.

- Bueno, teniendo que cuenta que el alojamiento es gratis no puedo quejarme.

- Eh, ese sentido del humor irónico es mío –ella dejó la maleta sobre la cama y se sentó. Mulder la miró y quiso aclarar algunos puntos- Scully, no tengo ni idea de lo que estarás pensando en este momento, pero yo sólo quiero que después de algunos días consiga entender algo en concreto.

- Si, pero Mulder, eso no puedes planearlo. No puedes decidir como y cuando te va a ser revelada la verdad... este lugar es apropiado, desde luego, pero ¿cómo sabes que aquí encontrarás lo que buscas Mulder?

- Nunca sé donde buscar, pero ésta vez sé que puedo encontrar la manera de utilizar el ambiente para centrarme... quiero que estés aquí cuando suceda.

- ¿Cómo puedo ayudarte? –el rió.

- Ya me estás ayudando.

Atardeció pronto. Después de cenar Scully se dedicó a colocar su ropa en el armario. Divagó durante un rato sobre como sería la vida del Mulder adolescente en este lugar. Se sentía extraña, como si estuviera invadiendo un espacio privado de la vida de su compañero, pero él le había pedido que viniera.

Estaba preocupada, temía que Mulder hubiera llegado a un punto en el que necesitara replantearse el futuro de una forma definitiva. Ese futuro la afectaría a ella directamente.

Después de deshacer su maleta salió a la playa, la luz de la habitación de Mulder estaba encendida y se adivinaba su sombra moviéndose por ella.

Miró al cielo y encontró un espectáculo maravilloso; ‘no me extraña que Mulder esté obsesionado con las estrellas’. La brisa le ondulaba el pelo, el ruido del agua sobra las rocas era relajante. Definitivamente, si Mulder necesitaba pensar ese era el lugar indicado para hacerlo. Miró el reloj, las diez y media de la noche.

- Scully –la voz de Mulder interrumpió su momento de paz- perdona no quería interrumpirte.

- No lo haces.

Él se acercó despacio.

- Solo quería saber si quieres poner otra manta en tu cama, están en el cajón inferior del armario del pasillo.

- No, está bien así, gracias... ¿Mulder, vas a dormir ya? –él rió, algo que desconcertó un poco a Scully.

- Eso quisiera... creo que voy de mal en peor.

- ¿A que te refieres? –se paró en frente de él.

- Al insomnio. Ha empeorado Scully –afirmó con una mueca en la cara.

- Alguna causa en particular.

- Todas y ninguna... déjalo, supongo que es una de esas etapas, las he pasado otras veces –Mulder caminó hacia la playa- se me pasará.

Scully guardó silencio y le observó caminar. Miraba el suelo, ignorando la belleza del paisaje que se extendía por todas partes y de las estrellas que brillaban como bombillas en el cielo. Tal vez era cierto que estaba perdiendo visión de conjunto. El Mulder pletórico que ella conocía se habría parado inmediatamente a contemplar el paisaje, sin embargo permanecía ensimismado en sus pensamientos, tal vez oscuros, pensó Scully. Ideas que le habían impulsado a tomar la decisión de huir. Por que eso era lo que estaba haciendo, huir.

 

LUGAR INDETERMINADO DE WASHINGTON DC.
Misma hora.

‘Ahí está, una vez más lo conseguiste’.

Lestat caminaba de un lado a otro de la habitación. Acababa de llegar del apartamento de Mulder y había leído su nota. Porque tenía que suceder siempre lo mismo. Mulder estaba confundido y él era directamente responsable.

Pero había otras cosas que le preocupaban. Sabía que había alguien en la ciudad que le estaba buscando, un miembro de la Talamasca y alguien más...otro vampiro. Pero alguien importante, ya que pensaba que el sujeto que desangró a la chica del río Potomac, no era más que un iniciado, pero ahora sentía la presencia de alguien. Un vampiro. Uno poderoso.

Hacia mucho que no se ponía en contacto con nadie de su raza.

‘Si me busca, me encontrará’, masculló. ‘Pero antes, tengo que hablar con Mulder’.

No podría arriesgarse a presentarse delante de él, de modo que le llamó por teléfono.

 

 

El silencio del lugar cautivó a Scully de inmediato. Después de años de vivir en una gran ciudad, echaba de menos las noches silenciosa y melancólicas de la costa. Aunque no se había dado cuanta hasta ahora.

Mulder seguía su camino hacia la playa ignorando la mirada triste de su compañera. Estaba confusa, tenía que admitirlo; aún no sabía cual era la causa de que se encontraran allí, pero no se sentía incómoda. Sólo algo desorientada.

De pronto un pitido familiar rompió el silencio y las reflexiones de ambos.

Mulder buscó frenéticamente entre su ropa el teléfono, como si estuviera desesperado por evitar que siguiera sonando.

- Mulder –su voz interrogante delató el desconocimiento del número que aparecía en la pantalla del Nokia.

- Mulder... soy yo –inmediatamente buscó a Scully con la mirada, ella estaba observándole desde unos metros más atrás.

- Lestat... Scully está aquí. –le dio la espalda.

- Lo sé.

- No, quiero decir que está casi a mi lado, tal vez pueda oírme.

- Mulder ¿por qué lo has hecho?

- No puedo hablar contigo ahora.

- Mulder, llevó casi tres años siguiéndote... no puedes desaparecer sin más.

- No he desaparecido, sólo...

- Mulder, hay otro vampiro en la ciudad...el enviado de la Talamasca también está cerca, lo noto.

- ¿Corres peligro? -preguntó. El vampiro rió.

- En todo caso son ellos los que están en peligro... y tal vez tú.

- ¿Qué? –de pronto se dio cuenta de que Scully se estaba acercando- tengo que dejarte, llámame más tarde –se volvió hacia ella- adiós Flohike.

- Mulder ¿qué quería a estás horas? –él sonrió.

- No es tan tarde Scully. Sólo quería saber donde localizarme por si ocurría algo –dios, como odiaba tener que mentirle.

- Oh.

Scully supo que mentía, pero no se atrevió a imaginar un motivo. Se volvió hacia el mar y respiró hondo.

- ¿Qué edad tenías la primera vez que viniste aquí? –Mulder la miró.

- No lo recuerdo. Sé que mis padres compraron ésta casa después de que yo naciera, pero no sé exactamente cuando. No vengo desde hace mucho tiempo... no me trae buenos recuerdos... ni de mis padres, ni de Diana –Scully sintió un escalofrío, había llevado allí a Diana. Durante un momento se sintió terriblemente decepcionada, pero después se dio cuenta de que no tenía motivos para estarlo.

Mulder observó su reacción sin mirarla directamente.

- Puedes contármelo, si quieres –le miró a los ojos para decirlo. Mulder parpadeó y respiró hondo mientras la observaba. Después fijó su mirada en el mar.

- La semana siguiente a marcharnos de aquí, ella pidió el traslado a Europa... aún no entiendo que fue lo que pasó... –se detuvo para meditar y prosiguió- bueno, ahora si lo entiendo, me refiero a que... no sé como pudo pasar... me resulta duro hablar de ella.

- Lo entiendo... sabes que yo... bueno, -la interrumpió.

- Si, lo sé. Debí hacerte caso desde el principio.

Se sentó en la arena y guardó silencio.

Ella permaneció de pie.

- Vinimos aquí para intentar arreglarlo, pero nos pasamos todo el fin de semana discutiendo y gritando –ella se dio cuenta de que era incapaz de imaginar la situación: Mulder discutiendo por amor con una mujer que quiere dejarle. ‘Por amor’- Yo no quería que se marchara... supongo que la necesitaba. La quería también.

- Yo creo que ella te quería Mulder –él levantó la vista- pero cometió el error de involucrarse en algo que la superaba, que hipotecaría el resto de su vida... tal vez recibió la orden de marcharse –quiso hacerle ver que había sido inevitable.

- Lo dices para evitar que me sienta mal. –Negó con la cabeza y contuvo la respiración- Pero no lo creo Scully, ella conocía mis motivos, me conocía y aún así se alió con mis peores enemigos. Se convirtió en culpable de muchos de los peores acontecimientos de mi vida y de la tuya... no Scully, ella no me quería.

Scully se agachó y le puso la mano en el hombro.

- No te preocupes, ya lo tengo asumido... tal vez fue una jugada del destino. Alguien decidió que ocurriera así... –‘para poder conocerte’, no lo dijo, pero acarició su mano mientras lo pensaba.

- De cualquier forma Mulder, ella te ayudó en el último momento.

Mulder alzó las cejas y volvió a mirar al mar.

- Si. Y le estoy agradecido por ello. -Diana: 1; Scully: 120, pensó.

El silencio se instaló de nuevo entre ellos. El sonido de las olas inundaba el ambiente. Suave y rítmico, discurría igual desde el principio de los tiempo. Ambos perdieron su mirada en la inmensidad del mar y respetaron la tregua en la conversación.

Mulder nunca había hablado de esto con nadie, se sentía engañado y humillado. Él llegó a amar de veras a Diana y ella solo jugó con sus sentimientos para lograr un objetivo.

‘Diana’, durante bastante tiempo Scully había pensado que era una rival a batir en la pugna por mantener la confianza de Mulder, pero ahora le causaba profunda tristeza lo que le había ocurrido. Confiar en una persona de la que llegaste a enamorarte para descubrir que estaba aliada con tu peor enemigo. ‘No se lo merecía’.

 

LUGAR INDETERMINADO DE WASHINGTON DC. 
Misma hora.

‘Maldita sea’. Lestat estaba preocupado. Definitivamente Mulder no había elegido un buen momento para desaparecer de la cuidad. Algo estaba a punto de pasar y tenía la impresión de que le afectaría.

Lestat se detuvo y concentró su mirada en un punto en la pared. Oía algo, a alguien. Lo estaban llamando.

‘¿Quién eres?’

Pero no oyó nada, solo una risa burlona.

‘Que demonios está pasando’

Road Island.

- Ve a dormir si estás cansada Scully, yo me quedaré un poco más.

Ella dudó un instante, luego se inclinó y besó su cabeza. Mulder cerró los ojos y guardó silencio. Scully se alejó sin decir nada. Era su manera de hacerle ver que ella jamás lo traicionaría, que no le decepcionaría aunque las circunstancias cambiaran entre ellos.

Cuando se hubo alejado, se tapó la cara con las manos.

- Dios –murmuró. Y se convirtió en una súplica. No permitas que le haga daño.

De pronto su móvil volvió a sonar. Miró hacia atrás y vio que Scully ya había entrado en la casa.

- ¿Qué ocurre? –preguntó al reconocer el número de Lestat.

- Mulder ... debes volver a Washington.

- ¿Por qué? –se puso de pie.

- Creo que me están buscando.

- Maldita sea Lestat, no creo que me necesites para defenderte de un puñado de mortales...

- Olvidas que han registrado tu casa.

- Pero ¿porque? Nadie sabe que me conoces, seguramente...

- Ahora están en la de Scully –Mulder guardó silencio.

- Un momento ¿crees que esto tiene algo que ver con que la echaran de la carretera?

- Mulder, he estado pensando... tal vez tienen vigilada tu casa.

- ¿Te refieres al gobierno o a la Talamasca?

- ¿La Talamasca? ¿Por qué iba a vigilar tu apartamento?

- No lo sé, tal vez saben a lo que me dedico y han deducido que te pondrías en contacto conmigo.

- Pero, si son ellos, ¿por qué me están buscando? Hace mucho que creí zanjado el tema de David –Mulder analizó la situación y una pregunta urgente le vino a la mente.

- Lestat ¿dónde está David ahora? –el vampiro contuvo el aliento.

- Ah, que donde está... –la angustia repentina le nubló la mente.

- ¿Puedes ponerte en contacto con él de alguna forma? –Mulder comenzaba a atar cabos.

- Crees ... ¿crees que está en peligro? No Mulder, él está con otros de mi confianza –la voz se le quebró- me abrían avisado... –de pronto se dio cuenta de algo. Louis no estaba en Nueva Orleáns la última vez que fue a visitarle. Y no podía ponerse en contacto con él porque era uno de sus hijos, él lo trasformó y por eso no podían comunicarse mentalmente. Con David ocurría igual- Mulder.

- Lestat, escucha. Yo no puedo volver a Washington ahora. Scully está aquí y quiero quedarme...

- Pero los demás me abrían avisado, Marius, Mekare... alguien lo abría oído –Lestat no estaba escuchando las palabras de Mulder- ¡Dios! si le ha ocurrido algo a Louis el culpable padecerá toda mi ira.

- Lestat, Lestat. Cálmate. No cometas ninguna tontería.

- ¿Tontería? Quizás sepan como hacerme daño, pero no saben con quien se están afrentando.

- Vamos, no tienes ninguna prueba de que les haya ocurrido algo.

- Maldita sea...

- Lestat, ¡Lestat! –pero solo oyó el tono de llamada perdida- ¡joder!.

Apagó el móvil y caminó hacia la casa. Quizás debería volver a Washington, seguramente Skinner llamaría para informar de que el apartamento de Scully había sido registrado y tendrían que volver de todos modos.

Se sintió frustrado, enfadado. Por que ahora, pensaba. No necesitaba otra operación descabellada para destruirles, no ahora. Necesitaba pensar. Estar a solas con Scully. ¿Pero que tenía que ver Lestat y la Talamasca con ellos? Y si estaban vigilando la casa como es que Lestat no se había dado cuenta antes.

Se sentó en la mesa de la cocina y empezó a pensar en la manera de decirle a Scully que debían volver a DC porque un amigo suyo vampiro le había informado de que alguien estaba intentando algo contra ellos. ‘Suena genial Spooky Mulder’, se dijo.

Caminó despacio hacia la casa y entró. La luz del cuarto de Scully estaba apagada, le deseo buenas noches en silencio y cerró la puerta de su habitación, sin embargo el silencio no duró mucho. El teléfono móvil indicó el numero del apartamento de su superior.

TERCERA PARTE

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