Disclaimer:Ninguno de los personajes que aparecen en este relato me
pertenecen y no obtengo ningún beneficio económico de ellos.
Nota
de la autora: Está es la continuación de Esperanzas Rotas. El
titulo se refiere a Lestat. Dicen que los personajes de ficción no pueden
hacerse realidades físicas, pues no es cierto. Lestat ha cobrado vida en mi
vida de una manera totalmente real. Igual que Mulder y Scully, me siento como si
estuviera esperando que alguien regresara desde hace varios meses.
Feedback:Espero que me enviéis TODOS los comentarios, quejas y preguntas
que tengáis respecto al relato o a alguno de sus personajes.
Dedicatoria:quiero dedicar este relato a Gillean, tú me has ayudado a comprender mejor
de que va todo esto.
Tipo: XF
(Investigación de un Expediente-X), MSR (Relación Mulder Scully), Crossover.
ESPERANZAS ROTAS
III
- Mulder –su voz fue apagada,
sabía lo que le iba a decir.
- Agente Mulder, soy Skinner.
Siento interrumpir sus vacaciones, pero tengo una mala noticia.-
- ¿De que se trata señor?
- La policía recibió una
llamada hace unos minutos de un vecino de la agente Scully. Parece que alguien
ha forzado la puerta y registrado el lugar... –Skinner guardó silencio un
segundo- su celular no funciona y no dejó dirección, ¿tiene forma de
comunicarse con ella? –‘claro, como no. Yo siempre tengo forma de
comunicarme con ella’.
- ¿Quiere hablar con ella
señor? Está durmiendo –Mulder fue perfectamente consciente de lo que
acababa de decir. Skinner dudo, fue visible a pesar de la distancia.
- Agente Mulder... –supo
inmediatamente que se aproximaba una reprimenda- las normas del... –no pudo
evitar interrumpirle.
- Señor, sé perfectamente lo
que dicen las normas del FBI. Y no tengo nada que decir la respecto.
- Bien, pues yo si –su tono
era severo- la próxima vez infórmenme.
- ¿Qué? –estaba confuso.
- Me piden vacaciones al mismo
tiempo, unas vacaciones que, aún por acumuladas, no les correspondía, es
decir que yo tuve que autorizarlas personalmente ... ¿sabe a donde quiero
llegar agente Mulder?
- Si señor.
- Entonces la próxima vez
infórmenme. Y ahora déjeme hablar con Scully –después de sus últimas
palabras, no sabía que pensar. Que era exactamente lo que pretendía.
- Espere un momento, voy a su
habitación –fue involuntario, pero resaltó las últimas dos palabras.
Dejó el teléfono sobre la
mesa y se paro en frente de la puerta de ella.
- Scully – susurró, pero no
le oyó- Scully –repitió empujando la puerta. Se quedó parado durante un
momento ante la visión. Scully yacía sobre la cama ataviada únicamente con
una camiseta larga, pero había resbalado de sus piernas en algún momento y
estás permanecían al descubierto. Su pelo caía ligeramente sobre la
almohada. Era una visión irreal y bella, dolorosamente bella.
Finalmente se controló y
avanzó hacia la cama con lentitud. No quería que se sobresaltara, pero estar
allí en aquel instante ya era bastante como para que se asustara al
despertar.
- Scully...-ella hizo un leve
movimiento- Scully, soy yo.
- ¿Mulder? –preguntó
confusa. A penas se terminaba de dormir.
- Si, Skinner quiere hablar
contigo –encendió la lámpara.
- ¡Skinner! –gritó
incorporándose- ¿cómo demonios sabe que estoy aquí?
- No te preocupes por eso –se
puso en pie y cogió su bata mientras seguía a Mulder.
- Mulder, ¿qué sucede?
- Parece que alguien ha
registrada tu casa.
- ¡Mierda! Otra vez –Mulder
la miró de reojo y no supo si reír o llorar. Era una situación realmente
extraña.
Cogió el teléfono y se lo
tendió a Scully.
- Señor –saludó con el tono
más serio que pudo.
- Agente Scully, siento decirle
que nos han informado del registro de su casa por parte de unos desconocidos
–ella pestañeó.
- No tan desconocidos, señor.
Mañana viajaré a Washington...-hizo una pausa y tomó aire- señor –pero
Skinner no la dejó continuar.
- Ya he hablado de eso con el
agente Mulder –ella le miró- no hay nada más que decir.
- Bien –respondió secamente.
Cuando colgó el teléfono vio
que Mulder la miraba fijamente.
-¿Y bien? –pregunto ella.
- ¿Y bien, que? –respondió
Mulder.
- ¿Qué demonios te ha dicho?
–él se hizo el sueco.
- ¿Sobre que?
- ¡Mulder!
- Nada Scully, no ha dicho
nada. Que esperabas. No le ha hecho gracia como es normal, pero tampoco va a
destinarnos a otros departamentos ni nada parecido –ella respiró aliviada.
- ¿Pero como sabía que estaba
aquí?
- No lo sabía. Él me llamó
por que creyó que sabría como localizarte, yo le dije que estabas aquí –Scully
dudó si preguntar o no.
- Y ¿cuál fue su reacción?
–dijo, titubeando.
- Ninguna en particular –‘que
esperabas Scully, todo el FBI piensa que estamos liados... hasta yo lo pienso,
de hecho a veces me resulta imposible desmentirlo’- solo me advirtió.
Mulder esperaba zanjar el tema
con su respuesta difusa y así fue. Ahora tenían que desmantelar todos los
planes que, aunque no habían concretado, tenían en mente para pasar el mes.
- ¿Crees que son los mismos
que me sacaron de la carretera, Mulder? –sus palabra le distrajeron.
- Eh, no lo sé Scully. No
estamos metidos en nada que yo sepa. No entiendo a que viene esto.
Era cierto no estaban metidos
en nada, al menos ella, pero claro él si, y como siempre sucedía, sus
problemas terminarían afectándole a ella.
Lestat. No podía negarlo,
estaba preocupado por él, no entendía bien la situación. La Talamasca o el
gobierno podían haber estado vigilando su casa, pero por que.
Scully se sentó en la cama de
la habitación y esto tragó a Mulder de nuevo a la realidad.
- Mulder –la interrumpió.
- Sé lo que vas a decir.
Debemos volver a Washington, no hemos elegido un buen momento para tomarnos
unas vacaciones.
- No eran vacaciones. –guardó
silencio un segundo- quedémonos –Mulder sacudió la cabeza y la miró.
- Scully.
- Tal vez es eso lo que quieren
Mulder –él pensó en Lestat. En el fondo quería volver a DC para averiguar
que le ocurría- han registrado mi apartamento, es cierto, pero ¿qué? Ya
tendré tiempo de ordenarlo todo.
- Pero Scully, ¿y si está
ocurriendo algo y pretenden distraernos? –se sentó a su lado- tal vez sea
importante.
Ella guardo silencio y Mulder
comenzó a darse cuenta de que necesitaba aquel retiro tanto como él. Al
principio había aceptado solo para acompañarlo, pero ahora que tenía que
volver, se negaba a dar por terminado el tiempo de reflexión que había
ignorado necesitar hasta entonces. Había estado pensando en la conversación
que, sobre Diana, habían tenido; para ella fue una puerta abierta a una
faceta de Mulder que no conocía y en la que estaba profundamente interesada.
Pero, una vez más la circunstancias no acompañaban lo suficiente.
- Está bien –dijo, abatida,
después de unos momentos- regresaremos.
Se levantó de la cama y salió
al pasillo, pero por lo que Mulder pudo ver no se dirigió a su habitación,
sino al porche. Cuando llegó había pensado que hacía demasiado tiempo que
no dormía en una playa; no se marcharía de allí sin hacerlo. Cogió una de
las mantas del armario que le indicó antes Mulder y salió.
Él se asomó a la puerta y la
vio extendiéndola sobre la arena. Un deseo abrumador de salir y acompañarla
en su noche bajo las estrellas, le invadió, pero se contuvo y volvió a
entrar.
Comenzó a intentar atar cabos.
Quizás existiera alguna relación entre la Talamasca y el gobierno, puede que
solo fuera coincidencia... pero; de repente un escalofrío le recorrió; si
había estado vigilando la casa, es evidente que habrían visto a Lestat
allí.
- ¡Dios! –de pronto una idea
llenó su mente- puede que estén interesados en él. ¡Como demonios no lo
pensé antes! Pero porque no se dio cuenta. ¡Maldita sea!
Buscó su móvil con ansiedad
para avisar a Lestat. Esté sonó varias veces antes que la voz agitada del
vampiro resonase a través de las ondas.
- Mulder
- Lestat... ¿dónde estás?
–se fijó en el tono alterado- ¿qué te pasa?
- Mulder, no puedo hablar
contigo ahora... no puedo.
- Lestat... escucha, puede que
el gobierno esté buscándote. Si vigilaban mi casa te habrán visto. Tienes
que protegerte.
- Ellos son los que deben
protegerse... tengo que dejarte.
- Espera; y si el gobierno se
ha aliado con la Talamasca para capturarte?
- Me da igual... ahora no puedo
hablar... este hijo de puta está jugando conmigo, sabe que no voy a matarle
porque quiero saber quien es –contestó enfadado, expresando sus
pensamientos en voz alta.
- ¿Qué? ¿De quien hablas?
¿Qué estás haciendo?... –pero no escuchó respuesta- Lestat.
- No te separes de ella. No me
gustó lo que le pensaban hacer... adiós Mulder.
- ¡Lestat! –Mulder golpeó
el celular contra la cama con impotencia. Lestat estaba persiguiendo a
alguien, pero quien o que; y que demonios había querido decir con ‘lo que
pensaban hacer con ella’.
Volverían a DC a primera hora.
Pero primero, debía hacer
algo.
Salió hacia el porche con otra
manta, sin titubear ésta vez, recorrió la distancia que le separaba de
Scully dispuesto a tumbarse a su lado toda la noche.
Ella miraba el cielo,
estrellado como no recordaba, mientras era consciente de los pasos de su
compañero. Antes de que él hablara lo hizo ella.
- Mulder, ¿dormiste alguna vez
en la playa cuando eras niño?
- Si, pero a mi madre no le
gustaba y no pude hacerlo todo lo que hubiera querido –extendió la manta
junto a la de ella.
- Merece la pena. Dormir
arrullada por el sonido de las olas y en compañía únicamente de las
estrellas y de tus pensamientos... entiendo porque quería venir aquí.
Él se sentó, ella estaba
tumbada con las manos sobre el pecho y mirando el cielo.
De pronto Mulder sintió la
necesidad de contarle todo lo que estaba pasando, el verdadero motivo por el
que debían volver. Una punzada de culpabilidad le recorrió al comprobar que
una vez más él era responsable de que estuviera en peligro.
- Debí venir hace mucho
tiempo, antes de que todo se complicara tanto. Antes de llegar al punto sin
retorno en el que estoy... antes de haber perdido la capacidad de disfrutar de
una noche en la playa bajo las estrellas.
Scully volvió la cara hacia
él, conmovida.
- ¿Por qué crees que has
perdido esa capacidad? –sintió lástima por él.
- Llevamos una vida muy
complicada Scully, llena de grandes motivos y papales importantes que
desempeñar... no tenemos tiempo para esto... es como si ya no importara,
cuando en realidad es lo que más importa.
- ¿Te refieres a estar en paz
consigo mismo?
- Me refiero a todas esas cosas
que hace la gente corriente; cosas que no les parecen importantes por
cotidianas, pero que lo son todo –ella detuvo su mirada en él. Estaba
visiblemente abatido.
- Mulder... tú no elegiste
ésta vida, ella te eligió a ti y la entereza y la valentía con la que te
enfrentas a tu destino son admirables. Sé que en ocasiones piensas que todo
es inútil, pero todos tenemos momentos de debilidad; aunque la diferencia es
que tú sales de ellos más fuerte.
- Más insensible, Scully. Solo
eso.
- No es cierto. Si dejaras de
sentir, Mulder, morirías –él la miro a los ojos por primera vez desde que
llegó.
- Daría cualquier cosa por
dejar de sentir algunas cosas, créeme.
- Lo sé –fue su respuesta.
Dejó de mirarle y admiró de nuevo las estrellas.
Mulder se sintió estúpido
porque ella podía hacer interpretado mal sus palabras.
- Sin embargo, son esas las que
me mantiene con vida, esperanzado.
- También lo sé –no había
interpretado de esa forma su respuesta.
Se tumbó finalmente y cerro
los ojos para escuchar el sonido de las olas rompiendo contra las rocas.
Estaba cansado, necesitaba dormir. Sus horas de conversaciones con Lestat
estaban acabando con sus ya reducidas horas de sueño, pero estaba cerca de
ella y estaba seguro de que podría conciliar el sueño con relativa
facilidad.
- Duerme Mulder... –le pidió
mientras se acercaba sin vacilar- mañana tendremos que volver a nuestro lugar
–se acurrucó junto a él sin ningún pudor y le rodeo con el brazo; él
hizo lo mismo al tiempo que una maraña de pensamientos y sensaciones se
hacían eco en su mente.
- Debería ser este –se
quejó, consciente de lo que decía.
- No importa cual sea si... –pero
las palabras se negaron a salir, igual que aquella vez, cuando él intentó
entender su comportamiento, pero solo alcanzó a dar palos de ciego y de
celos- no importa.
‘Lo sé, Scully, a mi tampoco
me importa si estás conmigo’.
Con Scully entre sus brazos y
las estrellas como testigos mudos de su instante de felicidad, Mulder decidió
dejarse vencer por el cansancio y permitir que ella velara sus sueños como
siempre lo hacia, aún sin saberlo. Después de unos minutos el abrazo se hizo
más estrecho. Ella descanso sobre su pecho y él la rodeó con ambos brazos.
Antes de caer rendido ante el
sueño, Mulder pensó en Lestat; en lo que debía suponer para un ser como él
la soledad; estrechó con suavidad el cuerpo que yacía entre sus brazos y dio
gracias por tenerla.
Washington DC.
La noche es la mejor compañera
que Lestat conoce. En ocasiones ha pensado que si tuviera que vivir su
inmortalidad durante el día, sería insoportable, aún más. Deshacerse en la
soledad mientras contempla como los humanos llevan a cabo sus vidas, le
resultaba una idea intolerable. A pesar de anhelar ver el sol, sabe que la luz
es su enemiga, y no solo por el daño físico que puede hacerle, sino por el
daño psicológico.
Ahora, mimetizado entre las
sombras, persigue otra sombra. No sabe quien es, solo ha visto retazos de su
pensamiento y en ellos pudo ver a Scully y la misión que le tenían ‘encomendada’.
La ciudad duerme, pero la actividad en la mente de Lestat no puede ser más
intensa. Hasta el momento lo ha seguido por donde él ha querido, pero
comienza a cansarse de seguirle el juego.
De pronto se para en mitad de
la oscuridad de un parque y piensa en voz alta.
- ‘Me he cansado de
seguirte... dime quien eres y que quieres’ –solo el silencio de la noche y
una ráfaga de luz en su mente acompañada de una imagen fugaz: él mismo.
- ‘¿De que me conoces?’
–silencio. Sintió frío de pronto, algo poco usual en él; algo malo estaba
a punto de suceder.
- Olvidas muy pronto tus actos,
príncipe Lestat –la voz profunda emanaba de algún lugar cerca de él.
- Date a conocer –está vez
lo dijo en voz alta.
- Ya me conoces... tu me
hiciste lo que soy –el vampiro quedo desconcertado. Hacía mucho tiempo que
no convertía a nadie, omitiendo a David.
- Deja que te vea.
Una figura esbelta y oscura
emergió de las sombras de los árboles. Vestía totalmente de negro y lucía
el pelo corto y levemente rizado. El abrigó de cuero idéntico al que él se
olvidó en casa de Mulder, le llegaba hasta los pies.
- ¿No me reconoces, verdad?
–dio un paso hacía él.
- No sé quien eres... eso es
mío –señaló la prenda con preocupación- lo robaste de su casa.
- Si, entre otras cosas... es
un hombre interesante y hay mucha gente interesada en él.
- ¿Cómo es que no he oído
hablar de ti? Conozco a todos los vampiros que quedan –se movió con
lentitud a su alrededor.
- Digamos que no he tenido una
existencia fácil hasta ahora... pero todo ha cambiado –Lestat se fijó en
sus ojos por primera vez, eran de un azul intenso y encendido que no dejaban
ver más allá.
El estraño se movió con
agilidad lejos de Lestat, él le siguió sin dificultad solo pensándolo.
- Eres fuerte –afirmó Lestat,
sorprendido.
- Soy tu hijo... tu lo eres –volvieron
a detenerse entre los árboles.
- No puede ser ...
- Más te vale creerlo..., no
entiendo porque os resulta tan difícil de creer –Lestat arrugó la frete.
- ¿Nos?
- Si. David tampoco lo creyó
–la furia encendió sus ojos tan pronto como el nombre fue pronunciado. Se
abalanzó sobre él estrellándole contra un árbol, pero no sufrió daño
aparente. Le sujetó por el cuello en el aire y sus pequeños colmillos,
normalmente inapreciables, emergieron dispuestos a desgarrarle la garganta en
un solo movimiento.
- ¡Detente! –el extraño ser
no pudo reprimir el miedo en sus mirada. Lestat respiraba con agitación
mientras le sostenía –si me matas no volverás a verle... ni a Louis, ni a
Madelaine –Lestat le lanzó contra el suelo a varios metros de distancia.
- ¡Habla! –de un salto a
penas perceptible se colocó a su lado poniendo un pie sobre su garganta-
¡Habla, he dicho!
- Soy tu hijo, pero tú no me
convertiste. Soy hijo de aquel que ocupó tu cuerpo durante un tiempo...nunca
te paraste a pensar en lo pudiera haber hecho... muy propio de ti no pensar en
las consecuencias de tus actos... por cierto, Greachen sige internada en un
manicomio griatandole a todo el que la escucha que el diablo la sedujo en
forma humana y que después se presentó ante ella en toda su maldad ¿se
refería a ti, no? –la punzada de culpabilidad fue inevitable.
-Maldito.
- Perdón no quería
recordartela.
- ¿Qué es lo que quieres? –preguntó,
apretando su garganta.
- Ellos quieren estudiarte.
Lestat no entendió.
- ¿Quiénes? –dijo el tiempo
que levantaba el pie de su garganta.
- Los amigos de Mulder...
ellos.
- ¿Qué? No... –recordó las
palabras de Mulder por teléfono sobre el gobierno- ¿te refieres al gobierno?
Como saben que...
- Han estado vigilando su
casa...
- Pero ¿cómo? –estaba
confuso.
- En realidad he sido yo...
averigüé a través de David lo que pensabas hacer con respecto a Mulder...
el resto fue fácil –otro acceso de furia le inundó y volvió a golpearle.
- ¿Dónde están?
- Están bien... de momento,
pero su seguridad depende de lo que puedas hacer por ellos.
- ¿Y la Talamasca?
- Ellos aportaron todos los
datos que poseían sobre ti, que como puedes imaginar son muchos –se puso en
pie.
- ¿Por qué me lo cuentas?
- No importa que lo sepas...
ellos solo quieren tu poder, es egoísmo humano, es lo único que les mueve;
la posesión de la vida eterna, una quimera.
- ¿Y a ti, que te mueve?
- La venganza... no fuiste tu
directamente, pero fue tu imprudencia al intercambiar el cuerpo con un
desalmado lo que provocó mi situación... odio esto –digo abriendo los
brazos- yo era fotógrafo, vivía gracias a la luz... ahora solo veo
tinieblas. Quiero que sufras por ello.
- Eres sincero.
- No tengo nada que perder.
- Podría matarte.
- No importa... no seré yo
quien ejecute la venganza.-Lestat se dejó invadir por la tristeza.
- Lo tienes todo planeado ¿no?
–pero no le permitió responder. Con un movimiento felino le agarro por el
cuello lanzándole con toda su fuerza contra el árbol más grueso que
encontró. Le miró y deseó verle morir envuelto en llamas. De inmediato el
fuego le rodeó sin que hiciera ningún ademán por liberarse de él. Pocos
minutos después murió.
Mulder despertó. Tenía frío
y como empujado por un resorte, pensó que eso era imposible por que Scully
estaba acostado junta a él. Ella se había levantado.
Abrió los ojos y la encontró
sentada en cuclillas sobre la manta.
- ¿Qué haces? –preguntó
sin disimular la preocupación.
- Nada, vuelve a dormirte
- Scully –se incorporó.
- No es nada de veras. Intenta
dormir Mulder, no me moveré de aquí.
- Di lo que sea, Scully...sólo
dilo –pidió; en ocasiones debía tomar más en cuenta sus propios consejos.
Ella se volvió para mirarle.
- ¿Te das cuenta de que son
ellos los que dirigen nuestras vidas? Solo vamos a remolque de lo que hacen.
- Si lo sé... yo también
quiero quedarme –descifró sus palabras como solo él sabe hacerlo.
El silencio reinó de nuevo y
ninguno de los dos quiso romperlo. Mulder se inclinó hacia atrás y respiro
profundamente preparándose para otra noche de insomnio.
- Duerme –pero la voz suave y
acunadora de Scully, le dijo lo contrario- o Skinner sacará conclusiones
mañana cuando ves tus ojeras –él sonrió. Skinner ya está acostumbrado a
mis ojeras; pensó.
Por que aquella situación era
tan natural. Dos agentes del FBI tirados en la playa; uno de ello necesita al
otro para conciliar el sueño y nadie siente la más mínima incomodidad por
ello.
En algún lugar de Washington,
Lestat indagaba en los pensamientos de Mulder.
Oficina Central
de FBI.
Ambos caminaban por los pasillo
del edificio en dirección a la oficina de Skinner. Mulder seguía a Scully a
cierta distancia, sabía que estaba enfadada por el estado en el que había
encontrado su apartamento. La secretaria les indicó que pasaran.
- Señor –saludó Scully con
tono serio.
- Agentes –contestó el
hombre en tono aún más serio, algo que alarmó un poco a Scully- ¿ha
averiguado si le falta algo, agente Scully?
- No señor, todo está en su
sitio. Por otro lado no hay nada que pudieran haberse llevado. Me refiero a
que no tenemos nada que les interese en este momento señor.
‘Estoy seguro de que si saben
que conozco a Lestat estarán interesados en él’. Pensó Mulder
- Agente Mulder –Skinner le
llamó la atención por que notó que estaba ausente- ¿tiene algo que decir?
- No señor. Como ya le dije
por teléfono, no entiendo de que va esto.
- Bien, entonces no hay nada
más que decir –ambos se miraron. Esperaban alguna alusión velada a sus
vacaciones juntos, pero en lugar de eso, Skinner se despidió con una sonrisa
enigmática en el rostro.
Cuando estuvieron en el
pasillo, ella le preguntó por la expresión de su superior.
- Creo que piensa que ha ganado
una apuesta, Scully.
Cuando llegaron por la mañana
a la ciudad, se habían dirigido primero al apartamento de Scully. La cara de
ella se desencajó cuando vio el estado que presentaba su casa. Si embargo
todos los objetos de valor seguían en su sitio: el equipo de música, la
tele, el ordenador. Solo habían registrado los lugares en los que pudiera
haber escondido algún tipo de documento.
Mulder la observó sin decir
palabra.
Después fueron a su casa para
que él pudiera cambiarse. Nada más entrar vio la nota que había encima de
la mesa del salón. Era de Lestat. La cogió sin que ella se diera cuenta y la
guardó en su bolsillo.
Ahora, sólo en el despacho
mientras Scully se tomaba el día libre para ordenar su casa, la sacó y la
desdobló para leerla.
/No sé como lo han logrado,
supongo que a través de la Talamasca, pero tienen a todas la personas que
alguna vez he llegado a amar. Se acabó el tiempo, sé que aún tenías muchas
cosas que decirme y yo a ti, pero las circunstancias marcan el ritmo otra vez.
Debí darme cuenta de que
estaban vigilando tu casa, pero lo hacía uno de los nuestros y no pude
detectarle hasta que no ha sido demasiado tarde.
Debo ceder. Quieren estudiarme
y para ello han recurrido a chantajearme con lo único que me importa: David,
Louis, Madelaine... y tú. Parece que Scully estaba entre sus objetivos a
corto plazo, sólo para evitar que tú intercedieras en esto. De modo que es
mejor que deje de jugar al ratón y al gato y me deje ver.
Ayer mate al vampiro que me
vigilaba, imagino que fue él quien mató a la chica del río Potomac.
¿Sabes? Jamás pensé que esto
terminaría así. La Talamasca lleva siglos persiguiéndome, pero parece que
las tácticas de tu gobierno son mejores, han conseguido aliarse con mi raza
solo para destruirme; aunque estoy segura de que esa no es su intención. Solo
quieren el Don Oscuro.
Si te preguntas por que me
quieren a mi si tienen a mis congéneres, es simple. Creo que olvidé decirte
que soy el vampiro más poderoso que queda, fui dotado de la fuerza de los
antiguos, y ahora les rebaso en 200 años. Además, soy lo suficientemente
idiota como para ir por ahí haciendo que los demás sean imprescindibles para
mi.
Registraron la casa de Scully
por que pensaban que tal vez tendría alguna cosa mía, no tiene mucho
sentido, pero ellos no esperaban que tú no se lo contaras a ella. Me
gustaría que lo hicieras, me gustaría conocerla.
Desconozco el motivo por el que
la sacaron de la carretera. Tal vez solo fue una maniobra de distracción, o
querían asustarte.
Tal vez es mi castigo./
Mulder arrugó la carta y la
tiró sobre la mesa. Tenía que hablar con él, pero era de día y eso era
imposible, ni siquiera sabía donde pasaba las horas de luz.
Cogió el teléfono y llamó a
Flohike.
- Pistoleros solitario.
- Soy yo, apaga la grabadora
Flohike, está vez lo digo en serie, podría correr peligro si alguien lo
escucha, confía en mi.
- Está bien.
- Escucha atentamente, necesito
que me proporciones la dirección del contacto que te habló de Lestat.
- ¿Quien es Lestat? –Mulder
olvidó que él no conocía su nombre.
- Es el vampiro del queme
hablaste–el hombre guardó silencio.
- Mulder...
- Escucha, le conozco, es mi
amigo.
- Mulder...
- Necesita ayuda.
- ¿Qué? ¿Cómo que es tu
amigo? ¿Pero sabes de quien estás hablando? Esa cosa ha...
- Es un ser excepcional –Flohike
se quedó mudo- escucha, solo quiero que me digas como te pusiste en contacto
con aquel hombre.
- ¿Sabe Scully lo que estás
haciendo?
- No, vamos, solo quiero que me
des una dirección, algo.
- Después de hablar con él
rastreé su dirección de correo electrónico para averiguar donde vivía.
- ¿Y?
- No encontré nada –Mulder
torció el gesto.
- ¿Lo dices en serio?
- Si. Pero encontré la sede de
la Talamasca aquí, en Washington.
- ¿Dónde? –le apremió.
- Es una oficina de seguros
cerca del Capitolio. Es una tapadera. 36 de la avenida de la constitución.
- Gracias.
- Mulder, ten cuidado.
- Si Scully te pregunta por mi
en los próximos días, dile que no sabes nada.
- Mentirle a la dulce Scully,
uy, no sé si podré.
Mulder apuntó la dirección y
salió del despacho dispuesto a encontrar a alguien de la Talamasca que le
proporcionara la localización de los amigos de Lestat. Los agentes del
boureau le vieron pasar como quien ve a un fantasma. Nada más allá de la
realidad. Mulder: la personificación de la inteligencia emocional.
Pero antes de salir del
edificio vio a Scully acercarse, su expresión no era muy amigable.
- ¿Dónde vas? –le preguntó
sin saludar.
- Tengo algo que hacer
-respondió escuetamente él- no te habías tomado el día libre.
- No tengo ganas de recoger
cosas, además no entiendo por que lo han hecho y eso no me ayuda a darle
sentido a volver a ponerlo todo en su sitio...
- Lo siento... tengo que irme
Scully. Te llamaré.
No quiso darle tiempo para
responder y dejó caer la puerta del edificio entre ambos. Scully le vio
alejarse con resignación, solo había ido allí para poder hablar con él..
Avenida de la Constitución.
La fachada de la delegación de
seguros Michelson no parecía esconder nada más allá de algunas estafas a
hacienda, pero en cuanto vio salir a uno de sus ‘empleados’, la mente
hiperactiva de Mulder dedujo que aquel hombrecillo con aspecto despreocupado
era sospechoso de pertenecer a una de las organizaciones más poderosas que
han existido. Le siguió a una distancia prudencial durante varias manzanas.
El hombre se detuvo enfrente de un edificio de ladrillos rojos, lo
inspeccionó detenidamente varios minutos y después apuntó algo en una
libreta que sacó del bolsillo de su abrigo. Mulder tuvo un presentimiento.
El desconocido se perdió entre
la gente y él dejo que lo hiciera. Se acercó al portal de edificio que
había estado observando y miró los números de los porteros electrónicos;
había uno que no tenía nombre. Una vez más siguió su instinto y entró.
El cuarto piso del bloque tenia
cuatro puertas, en todas ellas los nombres de los inquilinos figuraban al lado
del numero, excepto en la numero 3.
El pequeño kit que siempre
llevaba encima le sirvió para abrir la puerta. No temió que el inquilino de
la casa pudiera sorprenderle, por que si su corazonada era acertada, no
podría oírle.
La puerta se abrió con
facilidad, lo años de experiencia, supuso Mulder; entró. El apartamento
estaba relativamente vacío, algunos muebles ocupaban el espacio, pero no lo
llenaban. Solo era un manera de tapar huecos. Mulder se fijó en las paredes y
ante su sorpresa descubrió un valioso cuadro de Salvador Dalí. La pintura no
era su especialidad, pero recordaba haberlo visto en algún sitio. Se acercó
para leer el título: La miel es más dulce que la sangre. Lo había visto
fotografiado en una exposición, era uno de los desaparecidos del pintor. ‘Bueno,
ahora ya no lo está’. Siguió avanzando por le corredor hasta llegar a la
cocina: estaba completamente vacía, no había muebles, ni fregadero, ni
nevera, nada. Su corazonada se volvió certeza y se dio cuenta de que había
descubierto el escondite de Lestat. El algún lugar del apartamento tendría
que estar durmiendo, pero no pensaba buscarle. Guardo silencio y trató de
escuchar algo, el viento resonaba contra las ventanas. Decidió marcharse.
Lugar indeterminado de
Baltimore.
- No entiendo que es lo que
pretende hacer con ellos.
- Ellos no son el objetivo...
tengo en mente algo más importante. Alguien me ha pedido un favor y yo a
cambio conseguiré uno de mis sueños. ¿Qué hora es?
- Las 5: 25 de la tarde
- Dentro de tres horas
anochecerá y entonces será le momento.
Oficina central
de FBI
Scully repasaba algunos
informes de casos sin resolver. Estaba enfada, consigo misma y con Mulder. De
una manera que no podía explicar le hacia responsable de lo que había
pasado, pero sobre todo le recriminada el no estar allí en aquel momento.
Aunque seguramente se habría quedado si se lo hubiera pedido.
-Agente Scully –la voz del
director adjunto la asustó y no pudo disimularlo- perdone, he llamado pero no
contestó. Quería dejarle aquí este informe.
- Claro ¿de que se trata? –pregunto
levantándose.
- Han encontrado a un hombre
muerto en un parque del centro. Su cuerpo presentaba ciertas anomalías
físicas, según reveló la autopsia.
- Déjeme ver.
Le tendió el informe.
- ¿Piensa que puede ser un
expediente X?
- Tal vez.
- Se le encontró calcinado
hasta lo huesos.
- Si, al parecer alguien le
prendió fuego, pero la policía no ha encontrado restos de gasolina o
cualquier otra sustancia inflamable. El cadáver está en la unidad de
quemados del hospital central.
- De acuerdo señor, lo
investigaremos –Skinner levantó la vista del informe hacia ella.
- ¿Dónde esta el agente
Mulder?
- Salió hace un rato, no me
dijo donde iba –el hombre la miró con cara de preguntarse si todo iba bien,
pero prefirió omitir el comentario- le informaremos en cuanto tengamos algo.
Cuando la puerta se cerró
detrás de Skinner, el silencio inundó el despacho y se sintió sola.
Mulder condujó de regreso al
Boureau, quería investigar la oficina de seguros, buscar datos de sus
empledos para ponerse en contacto con alguno de ellos y averiguar que estaba
pasando.
Cuando llegó había anochecido
del todo, el edificio estaba casi vacio. Sin embargo antes de abrir la oficina
vio luz por debajo de la puerta: Scully estaba allí, esperandole.
- Scully –la saludó con tono
bajo, por alguna razón supo que estaba enfadada- ¿qué haces aquí todavía?
–ella no respondió enseguida.
- Trabajar –y a Mulder le
pareció que lo decía con intención de molestarle.
- ¿Hay algo nuevo? –preguntó
eludiendo su mirada.
- Skinner trajó estó a media
tarde, he estado haciendo la autopsia a este tipo, bueno, a lo que quedaba de
él –Mulder tomó el informe de encima de la mesa. Lo leyó demasiado
despacio, tenía otras cosas en mente.
- Mañana lo investigaremos –dijo,
sabiendo que no podría- ¿ocurre algo? –y ésta vez le miró. Ella sin
embargo no lo hizo.
- Scully.
- Estoy cansada Mulder, me voy
a casa.
La observó recoger sus cosas
sin decir nada y de igual manera ella abandonó el despacho, en completo
silencio. Mulder sintió que los sinsentidos estaban empezando a terminar con
la paciencia de Scully; para ella no había ninguna explicación para el
registro de su casa y aunque parecía un motivo poco importante, era uno más
en la larga lista de sin sentidos que estaba minado su moral.