Esperanzas rotas 4ª parte

Disclaimer: Ninguno de los personajes que aparecen en este relato me pertenece.

Dedicatoria: No sé si fue casualidad, el destino o pura suerte, pero un buen día decidí escribirte porque tu ‘niño’ LeBrock me había conquistado y descubrí que mi ‘niño’ Lestat formaba ya parte de tu vida como de la mía. GRACIAS, GILLEAN. Sigue haciendo que las palabras dignifiquen a los hombres (sabes que soy pesimista al respecto, pero al igual que los manifestantes de estos días contra la Conferencia del Fondo Monetaria Internacional, merece la pena intentarlo) y que nos ayuden a comprender mejor a nuestro ‘niños’.

Nota del autor: Quiero agradecer a todos los que han estado esperando ésta continuación su paciencia y sus emails.
A ANNE RICE, LA REINA DE LOS CONDENADOS.

Tipo: MSR, Crossover, XF.


ESPERANZAS ROTAS IV

 

Mulder anduvo hacia el ordenador mecánicamente y tecleó la dirección de la oficina de seguros en la que había estado por la tarde. El registro federal de actividades económicas le informó de que la sucursal estaba abierta desde hacía 4 años; en la seguridad social había cinco empleados dados de alta y todo parecía estar en orden. Apuntó la dirección de algunos de los empleados y apagó el ordenador.

Cuando llegó a casa esperó pacientemente la aparición de Lestat. Sentado en el sofá su mente intentaba dilucidar los intereses que estaban en juego, las razones del secuestro de Louis y David y las intenciones de las personas que le estaban chantajeando.

Después de tanto movimiento sus reflexiones sobre la vida, su vida, habían quedado en segundo plano. Quería ayudar a Lestat para que él le ayudara a continuar con su proceso de comprensión de las cosas que le rodean, de las cosas que necesita y de las cosas que ama.

- Es una pena que no vayamos a tener más tiempo para eso –Mulder ni siquiera se sorprendió de su forma de entrar.

-Hola –saludo de una manera bastante cortante.

- ¿Qué te pasa? –Mulder se puso de pie. La figura del vampiro recortada entre las sombras del cuarto de estar, parecía irreal; por un momento pensó que tal vez lo era y que todo lo que estaba pasando no era más que un sueño.

- ¿Es una característica propia de ti rendirte sin luchar? –su tono fue duro. Quizá demasiado- por que si es así, te has equivocado de amigo.

Lestat dejó de apoyarse en la pared para recibir el golpe sin puntos de apoyo. Sus palabras le dolieron.

- Claro, lo olvidé. Mulder, el que nunca se rinde, el que tiene motivos para todo, el que jamás abandona. Si, tal vez eres demasiado fuerte para mi después de todo.

- Bien, dame la razón, pero no permitiré que lo hagas. No antes de haber buscado otra salida.

- Parece que lo haces a posta Mulder, me obligas a hacer comparaciones constantemente. Tú lo harías. Casi vendes tu alma al diablo por ella, ¿por que no iba a hacerlo yo? Quizá así encuentre el sentido que llevo siglos buscando.

- O quizás encuentres la peor de tus pesadillas.

- No puede ser peor que esto.

-¿Eso no es egoísmo?

- ¿Qué? –se enfadó.

- Es un poco retorcido ¿no crees? Pretender darle sentido a tu vida mediante un sacrificio para salvar a unas personas que no dejaran de sentirse culpables por el resto de su existencia.

Lestat guardó silencio, entre ofendido y descubierto.

Mulder recogió las papeles que había encima de la mesa.

- Escucha, tengo la dirección de algunos de los delegados de la Talamasca, aquí en Washington. Voy a ir a hablar con ellos. ¿vendrás?

- ¿Quieres que les intimide o algo así? Además, ellos no saben donde están.

- ¿Cómo lo sabes? –se cruzó de brazos tirando de nuevo los informes.

- Lo sé.

Ambos guardaron silencio mientras se mantenían la mirada. De pronto Mulder comenzó a dar vueltas por la habitación.

- ¿Qué es lo que quieres, Mulder?

- Maldita sea, Lestat. Vas a entregarte y ni siquiera sabes si les soltaran, no tienes ninguna garantía de que lo hagan.

- Mulder, tú...

- Deja de ponerme excusas y de comparar la situación, eres tú el que tiene que dar sentido a lo que vas a hacer, pero yo no se lo encuentro por ningún lado.

- Hay cosas que no tienen sentido, Mulder. Hay cosas que hacemos solo por que las necesitamos y otras que necesitamos y no hacemos, yo necesito hacer esto. –Mulder le miró detenidamente y comprendió lo que pretendía.

- Es un castigo, tú mismo lo dijiste en la carta, vas a auto castigarte por ellos. Por lo que les hiciste.

- Tengo que irme –se sintió descubierto.

- Espera, ¿te has parado a pensar en lo que ellos quieren? No necesitan que te auto inmoles en sacrificio por todas las cosas de las que te sientes culpable.

- ¿Cómo sabes lo que ellos necesitan?

- No te lo perdonaran... y yo tampoco. Aunque, claro, tal vez eso no te importe nada.

- Lo superarás –lo digo en un tono irónico que molestó profundamente a Mulder, pero antes de que pudiera contestar, desapareció.

De pronto sonó el teléfono.

- Mulder –agarró el auricular de un golpe.

- Agente Mulder.

- ¿Quién es?

- Usted me estuvo siguiendo ésta tarde, tengo algo que puede interesarle

- Hable.

- Sé donde se va a realizar el intercambio.

- ¿Qué intercambio?

- Lestat por sus dos amigos...

- ¿Por qué me lo cuenta?

- Escuche, la delegación de la Talamasca de Washington está escindida de la sede central de Londres. Yo llevó mucho tiempo trabajando para la organización y sé lo que puede pasar si alguien más se hace con el Don Oscuro. Ahora lo tenemos controlado, ¿me entiende? Todos los vampiros están es nuestras listas, quedan muy pocos y ninguno de ellos tiene la intención de seguir propagando el Don... usted conoce a uno de ellos, solo son supervivientes. Mi organización se ha dedicado durante siglos a lidiar con las fuerzas más poderosas de la naturaleza y no puedo permitir que esta traición prospere. Tiene que evitar que Lestat se entregue, le chantajearan con usted y Scully después de que el señor Talbot y el señor de Pointdulac hayan sido liberados.

Mulder había escuchado con atención las explicaciones del hombre y por fin comenzaba a entender lo que estaba pasando.

- Conocen a Lestat, saben cual es su única debilidad y la utilizaran para obligarle a trasmitir el Don. El jamás permitirá que usted y Scully mueran.

- ¿Por qué está tan seguro?

- Conozco a Lestat. Y sé como piensa, pero además, él conoce cual es su misión, sabe que aún le quedan muchas cosas que hacer en los Expedientes X, todos lo sabemos. Ahora mismo, usted es imprescindible y Scully lo es para usted.

Mulder guardó silencio.

- Sé que está sorprendido... pero debe hacer algo.

- ¿El gobierno está implicado en esto?

- Si, es un plan global para eliminarle.

- ¿Dónde va a ocurrir?

Mulder apuntó la dirección y salió.

 

Lugar indeterminado de Washington DC.

- Louis ¿te encuentras bien? –preguntó David al ver como Louis daba tumbos mientras se ponía en pie.

-Necesito beber.

David le miró, era más fuerte que él. Lestat se desangró para transformarlo y eso le había proporcionado la suficiente fuerza como para permanecer mucho tiempo sin beber, pero Louis era débil.

Se acercó a él.

- Bebe –dijo al tiempo que le mostraba su muñeca- yo estoy bien.

- No. No sabemos cuanto tiempo vamos a estar aquí, al menos unos de los dos sobrevivirá.

La tez habitualmente pálida de Louis era absolutamente blanca ahora.

- Louis, no seas estúpido, bebe.

- No sé como demonios me deje convencer por ese maldito mortal, ahora Lestat está en un buen lío por nuestra culpa.

-¿Qué te hace pensar que esto tiene que ver con él?

- Lestat es lo único que tú y yo tenemos en común. Gabrielle era su madre, es evidente que le quieren a él.

- Y piensas que.... –la certeza le produjo un escalofrío.

- Si.

- No será tan imprudente...

- ¿Imprudente? Por favor , se trata de Lestat, imprudencia es su segundo nombre. Tú lo sabes.

- Pero él puede acabar con ellos. No pueden obligarle a hacer algo que no quiere.

- Esa es la cuestión David, él quiere. Pero tengo la impresión de que cuando se entere del asesinato de Gabrielle, sus intenciones cambiaran. –Louis se tambaleó de nuevo.

- Louis, debes alimentarte.

-Estoy bien.

- ¡Maldita sea, Louis! –le empujó contra la pared de hormigón macizo y le colocó la muñeca delate de su boca- bebe –ordenó.

- No.

- ¿Pero que es lo que te pasa? –preguntó, alejándose- Maldita pareja de idiotas, ninguno de los dos sois tan fuertes como queréis haceros ver.

- Yo nunca lo he pretendido.

- No, claro que no. Tú eres la eterna victima, victima de Lestat y de tu dependencia hacia él. Pero nunca has podido pedirle cuentas por lo que te hizo.

- ¿Y tú si?

- Yo al menos lo he aceptado.

- ¿Cómo? Te negaste durante años al Don y ahora dices que lo has aceptado. No seas hipócrita.

- No lo soy. Lestat me conocía mejor que yo mismo. Lo que hizo fue un reflejo de mis deseos inconscientes, lo deseaba, solo que quería disfrutar de las nuevas posibilidades que me ofrecía el cambio de cuerpo. Solo eso.

- Solo eso, claro.

Ambos guardaron silencio. La situación comenzaba a írseles de las manos, estaban estresados y hambrientos y eso no era una buena combinación para ellos.

- David, yo no quiero pedirle cuentas por lo que me hizo, creí que lo sabías.

- Lo sé, lo sé. Perdona. Estoy empezando a perder los nervios... ¡Louis, Louis! –el vampiro cayó al suelo desmayado, estaba al límite de sus fuerzas. David se agachó junto a él- ¿me oyes? Louis.

Sin pensarlo más se desgarró la muñeca con los colmillos e hizo que la sangre cayera sobre los labios cadavéricos de Louis. Este reaccionó en cuanto la sangre hizo contacto con su garganta, abrió los ojos y sujetó con desesperación la fuente de vida contra su boca. David observó como su piel iba cambiando de color, como sus ojos se encendía y como todo su cuerpo entraba en ebullición recorrido por la sangre milenaria que Lestat le regaló en su trasformación. Al tiempo que Louis renacía, David comenzaba a sentir la debilidad en sus venas.

- Louis. –Alcanzó a decir, pero el vampiro continuó aferrado a su brazo- Louis... –cayó de rodillas al suelo. Entonces recordó a Lestat, exhausto, casi al borde de la muerte. Él había pensado que estaba intentando suicidarse a la vez que le daba la vida eterna. Pero era muy fuerte. Sin embargo él comenzaba a tener miedo.

- Suéltame Louis... –la sangre dejó de fluir a través de sus venas y de los labios de Louis, pero no le soltó. Su poder era más fuerte que él, tendría que se David el que diera el último paso. Tomó impulso y con un movimiento felino retiró su mano del alcance de Louis. Este permaneció mirándole durante unos segundos antes de que el éxtasis de la sangre milenaria dejara de recorre sus venas palpitantes ahora de nueva vida.

- David... ¿estás bien? –los latidos de su corazón empezaron a recuperarse lentamente- lo siento.

- Estoy bien, no te preocupes –recogió las piernas contra su pecho y esperó a recuperarse del todo para ponerse de pie.

- No debiste hacerlo.

- No iba a dejar que murieras, ahora aguantarás más. Era la mejor opción.

- Para mi, pero no para ti

Ambos se miraron durante unos segundos y después volvieron a sumergirse en sus pensamientos.

 

Afueras del polígono industrial del este de Washington

La farola que debía iluminar la intersección entre las dos calles estaba rota. Seguramente lo habían hecho a propósito para que los acontecimientos pasaran más desapercibidos. Desde donde él se encontraba a penas podía distinguir unas siluetas a lo lejos, tenía que acercarse con cautela para que no alertar a los allí congregados.

De pronto un grito emergió de las oscuridad.

- ¡No!

Mulder no pudo distinguir de quien se trataba, pero lo intuyó.

Se fue acercando hasta que distinguió el leve ondear del cabello de Lestat a causa del viento. Se dejo ver y comenzó a caminar hacia ellos sin temor.

-Lestat –éste se volvió y le lanzó una mirada de furia que le heló los pulmones.

- ¡¿Qué estás haciendo aquí?! –su voz fría y cortante parecía advertirle de que no se acercara más. Le obedeció.

- Me dijo que nadie sabía nada, señor de Licourt... me temo que no ha cumplido el trato, eso significa... –Lestat se volvió hacia el intermediario

- Cállese... él no representa ningún problema –pero el hombre sabía que no era así.

- Claro que lo representa. ¿Acaso piensa que no sé quien es? No hay trato –sus palabras acabaron de enfurecerle. Antes de que el hombre pudiera reaccionar salió despedido contra la pared de una de las fábricas que cerraban la calle.

- ¡Lestat! –gritó Mulder- no lo hagas, si le matas no sabremos donde están.

- ¡Cállate! Terminemos con esto, dígame que es lo que quiere de mi –Mulder caminó hacia él.

El intermediario intentaba levantarse del suelo sin mucho éxito.

- Tiene que acompañarme.

- ¡No! –cuando lo dijo ya había llegado a la altura de Lestat- él no ira a ninguna parte. -Lestat le miró

- ¿Cómo me has encontrado?

- Alguien de la Talamasca se puso en contacto conmigo... ¿qué estás haciendo? –el vampiro le retiró la mirada.

- Lo que debo.

- Se acaba el tiempo –dijo el hombre, finalmente en pie- debemos irnos.

- Lestat no puedes hacerlo... no puedes –Mulder sacó su arma.

- ¿Qué vas a hacer? ¿Dispararme? –pero no era esa la intención de Mulder, aunque su pistola le apuntó.

- No vas a ir a ninguna parte –de pronto la dirección del arma cambió y un sonido seco inundó el ambiente

- ¡No! –gritó Lestat. Pero fue demasiado tarde. El intermediario yacía muerto en el suelo con un balazo en el corazón. Tan pronto como la bala abandonó el cañón, Lestat arrojó a Mulder contra la pared opuesta, haciendo que se golpeará la espalda contra el cemento. Su pistola cayó al suelo.- ¡Que has hecho!

La furia hizo mella en él y volvió a elevarle con la intención de golpearle. Mulder cerró los ojos, pero Lestat fue incapaz hacerlo. Lo dejo en el suelo y lanzó su puños al viento para descargar la furia.

- ¡Que has hecho! –repitió, pero se acercó para ayudarle a levantarse.

- Te habrían matado... no...lo permitiré –su voz emergió temblorosa por el dolor en la espalda.

- No pueden matarme... y ahora David y Louis... –Mulder se fijó en el cuerpo inerte del hombre. Lo había matado a sangre fría.

- No me refiero a esa clase de muerte... ellos no querrían que lo hicieras.

- ¡Pero quiero hacerlo! –Mulder le clavó la mirada.

- Piensa por una vez en los demás –eso le dolió. Sus ojos azules se oscurecieron y comenzó a caminar alejándose de Mulder.

- ¿Dónde vas? Espera, escucha –pero no consiguió que se detuviera- Lestat... es lo que habrías hecho tú –de pronto se volvió.

- Si ellos mueren... si mueren... jamás me lo perdonaré –Mulder respiró hondo.

- Entonces deja que yo cargue con la responsabilidad... durante el resto de la eternidad, si quieres –la mirada del vampiro estallo en llamas, el aroma de su sangre inundó sus pulmones y la idea de morderle se materializó como una imagen fugaz en su mente. Mulder fue consciente de lo que había dicho. Lestat guardó silencio, fijó su mirada en la de Mulder y trato de dominarse.

- Supongo que es cierto que eres un héroe clásico ¿eh, Mulder?... No quiero tu vida a cambio de la de ellos... ¡maldito idiota! –exclamo de pronto- si Scully te oyera... deja de ponerte en la cuerda floja y dime que es lo que vamos a hacer... no soy de piedra.

Un pinchazo en la espalda lo hizo encogerse. Lestat se acercó, arrepentido por lo que había hecho.

- ¿Estás bien? –preguntó sin atreverse a tocarle.

- Si. El contacto de la Talamasca... es muy posible que sepa donde podemos encontrarles... debemos ponernos en contacto con Londres e informar de lo que está pasando en su delegación de Washington –se llevó una mano a la espalda- ahora, vámonos de aquí.

- Espera –el vampiro se volvió hacia el cadáver e hizo que la bala alojada en su cuerpo emergiera de este- no querrás que el cadáver de un hombre calcinado con una bala de tu pistola, acabe en la mesa de autopsias de algún curioso –recogió la bala y el hombre estalló en llamas.

 

Apartamento de Fox Mulder

Cuando llegaron, Mulder hizo que el FBI rastreara el último número que había aparecido en el visor de su teléfono. Mientras apuntaba la dirección, Lestat le miraba.

- ¿Crees que nos dirá lo que necesitamos? –la pregunta implicaba una cuestión de fe más que una respuesta concreta.

- Quiero creerlo.

- Mulder... apenas quedan un par de horas para que amanezca...-se detuvo.

- ¿Y?

- Temo que les expongan al sol si no les encontramos antes del alba... no quiero que mueran –tal vez lo había dicho ya, pero esa sencilla confesión afectó a Mulder más que las demás y sin quererlo comenzó a sentir una sensación de ansiedad que le hizo estremecer.

- Entonces dejemos de perder el tiempo –volvió a coger su cazadora y condujo hasta la dirección que le habían suministrado.

El trayecto en coche fue corto, y Mulder lo agradeció. No solo por que así no perderían mucho tiempo, si no por que Lestat no tendría momento para pensar demasiado en lo que acababa de hacer: evitar que rescatara a sus dos amigos.

- Lestat ¿qué harás? ¿te quedarás fuera o quieres entrar? –el vampiro se bajó del coche.

- Voy contigo.

- Es posible que... –le interrumpió.

- Es miembro de la orden, no pasará nada.

- De acuerdo.

Entraron en el edificio. Las escaleras eran demasiado estrechas, las ventanas de ventilación estaban rotas y hacía mucho frío. Las paredes mal pintadas de blanco aparecían recorridas por peligrosas grietas. Subieron hasta el tercer piso y se detuvieron delante de la puerta número 3.

Antes de llamar, la puerta se abrió.

- Esperaba su visita... señor de Licourt, es un placer conocerle por fin –Mulder se quedó atónito mientras Lestat le estrechaba la mano al dueño de la casa- señor Mulder, pasen por favor.

Mulder estaba confundido.

- Señor Mulder, los miembros de la orden son elegidos gracias a sus capacidades psíquicas, les he visto llegar en mi mente –se detuvo a observar a Lestat- después de tanto tiempo, soy uno de los pocos afortunados que ha logrado conocerle.

- No tan afortunados, señor...

- Roberts... no les voy a pedir que se sienten por que sé a que han venido y no hay tiempo que perder.... esto le va a sorprender Mulder ¿recuerda el pasadizo subterráneo que hay debajo del Pentágono?

- ¿El Pentágono? –preguntó, incrédulo.

- Si. No sé si Lestat se lo habrá dicho, pero para aislar a un vampiro es necesario encerrar su mente además de su cuerpo, y para realizarlo ha de poseerse cierta capacidad mental.

- Los psíquicos de la CIA –respondió Mulder

- Exacto, les están utilizando como barrera para evitar que las llamadas de socorro del Señor Talbot y el señor de Poindulac sean escuchadas por sus congéneres, ellos le habrían avisado a usted o simplemente hubieran actuado para salvaguardar la seguridad de su especie.

- ¿Pero como vamos a entrar en el Pentágono? –inquirió Mulder- además, esos psíquicos detectarán nuestra presencia antes incluso de que hayamos conseguido entrar.

- La de usted si, pero no la de él. Señor de Licourt, tendrá que hacerlo usted.

- Me dijo que todo esto formaba parte de un plan para eliminarme ¿a que se refería?

- A lo que ha hecho. Ellos sabían que no dejaría que él se entregara, que intentaría impedirlo, pero no contaron con tener un traidor en sus filas... escuche, espero que no se enoje por lo que voy a decirle, pero he colocado a alguien de mi confianza en la vigilancia de su compañera, la agente Scully.

- ¿Qué?

- Su misión no consiste en vigilarla, si no en protegerla –Lestat miró a Mulder- sé que es duro, pero es más importante en este momento que impida que ellos se hagan con el Don.

- ¿Más importante?

- Déjenos a nosotros decidir lo que es más importante –intervino Lestat- tenemos que irnos.

Mulder miró durante unos segundos al confidente y después siguió a Lestat.

- Voy a llamarla –afirmó, sacando el móvil del bolsillo interior de su abrigo.

- Mulder, son las 4 de la mañana....

- Es normal que la llame a estás horas, además, antes estaba enfadada, lo he notado. Estaba enfadada porque no he estado con ella en todo el día y no entiende que es lo que ésta pasando... lo de su apartamento, el accidente... solo quiere que yo este para darle un poco de seguridad, aunque yo tampoco sepa lo que pasa y no he estado.

- No, estabas ayudándome –dijo, sin mirarle.

Mulder volvió la vista hacia él mientras esperaba a que Scully contestara.

- ¿Mulder? –la suave voz de Scully resonó en sus oídos igual que un susurro.

- Hola, ¿cómo sabías que era yo?

- Quien más puede llamarme a las 4 de la mañana... ¿qué ocurre?

- ¿Te he despertado? –preguntó en tonó irónico.

- No, claro que no. Estaba despierta esperando a que me llamaras... ¡pues claro que me has despertado!

- Lo siento... y también siento lo de ésta tarde –siguieron bajando las escaleras en dirección al coche. Lestat se sentó al volante.

- ¿Me has llamado por eso? –preguntó con tranquilidad.

- Sé que estabas algo confundida y yo no he hecho mucho por arreglarlo... lo siento.

- Estoy bien –respondió conmovida- no debí enfadarme contigo, tú no tienes la culpa.

- No te enfadaste por que pensaras que yo tenía la culpa. A veces estoy algo distante, lo sabes.

Scully guardó silencio durante unos segundos. Lestat le miró de soslayo.

- No es nada Mulder, de veras.

- De acuerdo... buenas noches Scully.

- Que duermas bien –respondió, intentando conjurar su insomnio. Mulder apagó el móvil y miró a Lestat.

- Di lo que sea –le pidió.

Lestat dudo unos segundo mientras arrancaba el coche.

- ¿Qué estás haciendo aquí? Scully está confusa por culpa del lío en el que te he metido y tú estás aquí ayudándome en lugar de estar con ella. Si yo fuera tú...

- Pero no lo eres –le cortó abruptamente- y yo decido la forma de utilizar mi tiempo. Por otro lado, si crees que no me necesitas, dilo y ya está.

Habló sin quitarle los ojos de encima, esperando vislumbrar una reacción en el rostro pálido del vampiro, pero Lestat se limitó a seguir conduciendo, sabedor de que no podría decirle que no lo necesitaba.

QUINTA PARTE

Comentarios y sugerencias a:


Silver Bug X-Files Articles catalogue
1999

silverbug-x-files.com v 4_2