Mulder anduvo hacia el ordenador
mecánicamente y tecleó la dirección de la oficina de seguros en la que
había estado por la tarde. El registro federal de actividades económicas le
informó de que la sucursal estaba abierta desde hacía 4 años; en la
seguridad social había cinco empleados dados de alta y todo parecía estar en
orden. Apuntó la dirección de algunos de los empleados y apagó el
ordenador.
Cuando llegó a casa esperó
pacientemente la aparición de Lestat. Sentado en el sofá su mente intentaba
dilucidar los intereses que estaban en juego, las razones del secuestro de
Louis y David y las intenciones de las personas que le estaban chantajeando.
Después de tanto movimiento sus
reflexiones sobre la vida, su vida, habían quedado en segundo plano. Quería
ayudar a Lestat para que él le ayudara a continuar con su proceso de
comprensión de las cosas que le rodean, de las cosas que necesita y de las
cosas que ama.
- Es una pena que no vayamos a
tener más tiempo para eso –Mulder ni siquiera se sorprendió de su forma de
entrar.
-Hola –saludo de una manera
bastante cortante.
- ¿Qué te pasa? –Mulder se
puso de pie. La figura del vampiro recortada entre las sombras del cuarto de
estar, parecía irreal; por un momento pensó que tal vez lo era y que todo lo
que estaba pasando no era más que un sueño.
- ¿Es una característica propia
de ti rendirte sin luchar? –su tono fue duro. Quizá demasiado- por que si
es así, te has equivocado de amigo.
Lestat dejó de apoyarse en la
pared para recibir el golpe sin puntos de apoyo. Sus palabras le dolieron.
- Claro, lo olvidé. Mulder, el
que nunca se rinde, el que tiene motivos para todo, el que jamás abandona.
Si, tal vez eres demasiado fuerte para mi después de todo.
- Bien, dame la razón, pero no
permitiré que lo hagas. No antes de haber buscado otra salida.
- Parece que lo haces a posta
Mulder, me obligas a hacer comparaciones constantemente. Tú lo harías. Casi
vendes tu alma al diablo por ella, ¿por que no iba a hacerlo yo? Quizá así
encuentre el sentido que llevo siglos buscando.
- O quizás encuentres la peor de
tus pesadillas.
- No puede ser peor que esto.
-¿Eso no es egoísmo?
- ¿Qué? –se enfadó.
- Es un poco retorcido ¿no crees?
Pretender darle sentido a tu vida mediante un sacrificio para salvar a unas
personas que no dejaran de sentirse culpables por el resto de su existencia.
Lestat guardó silencio, entre
ofendido y descubierto.
Mulder recogió las papeles que
había encima de la mesa.
- Escucha, tengo la dirección de
algunos de los delegados de la Talamasca, aquí en Washington. Voy a ir a
hablar con ellos. ¿vendrás?
- ¿Quieres que les intimide o
algo así? Además, ellos no saben donde están.
- ¿Cómo lo sabes? –se cruzó
de brazos tirando de nuevo los informes.
- Lo sé.
Ambos guardaron silencio mientras
se mantenían la mirada. De pronto Mulder comenzó a dar vueltas por la
habitación.
- ¿Qué es lo que quieres,
Mulder?
- Maldita sea, Lestat. Vas a
entregarte y ni siquiera sabes si les soltaran, no tienes ninguna garantía de
que lo hagan.
- Mulder, tú...
- Deja de ponerme excusas y de
comparar la situación, eres tú el que tiene que dar sentido a lo que vas a
hacer, pero yo no se lo encuentro por ningún lado.
- Hay cosas que no tienen sentido,
Mulder. Hay cosas que hacemos solo por que las necesitamos y otras que
necesitamos y no hacemos, yo necesito hacer esto. –Mulder le miró
detenidamente y comprendió lo que pretendía.
- Es un castigo, tú mismo lo
dijiste en la carta, vas a auto castigarte por ellos. Por lo que les hiciste.
- Tengo que irme –se sintió
descubierto.
- Espera, ¿te has parado a pensar
en lo que ellos quieren? No necesitan que te auto inmoles en sacrificio por
todas las cosas de las que te sientes culpable.
- ¿Cómo sabes lo que ellos
necesitan?
- No te lo perdonaran... y yo
tampoco. Aunque, claro, tal vez eso no te importe nada.
- Lo superarás –lo digo en un
tono irónico que molestó profundamente a Mulder, pero antes de que pudiera
contestar, desapareció.
De pronto sonó el teléfono.
- Mulder –agarró el auricular
de un golpe.
- Agente Mulder.
- ¿Quién es?
- Usted me estuvo siguiendo ésta
tarde, tengo algo que puede interesarle
- Hable.
- Sé donde se va a realizar el
intercambio.
- ¿Qué intercambio?
- Lestat por sus dos amigos...
- ¿Por qué me lo cuenta?
- Escuche, la delegación de la
Talamasca de Washington está escindida de la sede central de Londres. Yo
llevó mucho tiempo trabajando para la organización y sé lo que puede pasar
si alguien más se hace con el Don Oscuro. Ahora lo tenemos controlado, ¿me
entiende? Todos los vampiros están es nuestras listas, quedan muy pocos y
ninguno de ellos tiene la intención de seguir propagando el Don... usted
conoce a uno de ellos, solo son supervivientes. Mi organización se ha
dedicado durante siglos a lidiar con las fuerzas más poderosas de la
naturaleza y no puedo permitir que esta traición prospere. Tiene que evitar
que Lestat se entregue, le chantajearan con usted y Scully después de que el
señor Talbot y el señor de Pointdulac hayan sido liberados.
Mulder había escuchado con
atención las explicaciones del hombre y por fin comenzaba a entender lo que
estaba pasando.
- Conocen a Lestat, saben cual es
su única debilidad y la utilizaran para obligarle a trasmitir el Don. El
jamás permitirá que usted y Scully mueran.
- ¿Por qué está tan seguro?
- Conozco a Lestat. Y sé como
piensa, pero además, él conoce cual es su misión, sabe que aún le quedan
muchas cosas que hacer en los Expedientes X, todos lo sabemos. Ahora mismo,
usted es imprescindible y Scully lo es para usted.
Mulder guardó silencio.
- Sé que está sorprendido...
pero debe hacer algo.
- ¿El gobierno está implicado en
esto?
- Si, es un plan global para
eliminarle.
- ¿Dónde va a ocurrir?
Mulder apuntó la dirección y
salió.
Lugar
indeterminado de Washington DC.
- Louis ¿te encuentras bien? –preguntó
David al ver como Louis daba tumbos mientras se ponía en pie.
-Necesito beber.
David le miró, era más fuerte
que él. Lestat se desangró para transformarlo y eso le había proporcionado
la suficiente fuerza como para permanecer mucho tiempo sin beber, pero Louis
era débil.
Se acercó a él.
- Bebe –dijo al tiempo que le
mostraba su muñeca- yo estoy bien.
- No. No sabemos cuanto tiempo
vamos a estar aquí, al menos unos de los dos sobrevivirá.
La tez habitualmente pálida de
Louis era absolutamente blanca ahora.
- Louis, no seas estúpido, bebe.
- No sé como demonios me deje
convencer por ese maldito mortal, ahora Lestat está en un buen lío por
nuestra culpa.
-¿Qué te hace pensar que esto
tiene que ver con él?
- Lestat es lo único que tú y yo
tenemos en común. Gabrielle era su madre, es evidente que le quieren a él.
- Y piensas que.... –la certeza
le produjo un escalofrío.
- Si.
- No será tan imprudente...
- ¿Imprudente? Por favor , se
trata de Lestat, imprudencia es su segundo nombre. Tú lo sabes.
- Pero él puede acabar con ellos.
No pueden obligarle a hacer algo que no quiere.
- Esa es la cuestión David, él
quiere. Pero tengo la impresión de que cuando se entere del asesinato de
Gabrielle, sus intenciones cambiaran. –Louis se tambaleó de nuevo.
- Louis, debes alimentarte.
-Estoy bien.
- ¡Maldita sea, Louis! –le
empujó contra la pared de hormigón macizo y le colocó la muñeca delate de
su boca- bebe –ordenó.
- No.
- ¿Pero que es lo que te pasa?
–preguntó, alejándose- Maldita pareja de idiotas, ninguno de los dos sois
tan fuertes como queréis haceros ver.
- Yo nunca lo he pretendido.
- No, claro que no. Tú eres la
eterna victima, victima de Lestat y de tu dependencia hacia él. Pero nunca
has podido pedirle cuentas por lo que te hizo.
- ¿Y tú si?
- Yo al menos lo he aceptado.
- ¿Cómo? Te negaste durante
años al Don y ahora dices que lo has aceptado. No seas hipócrita.
- No lo soy. Lestat me conocía
mejor que yo mismo. Lo que hizo fue un reflejo de mis deseos inconscientes, lo
deseaba, solo que quería disfrutar de las nuevas posibilidades que me
ofrecía el cambio de cuerpo. Solo eso.
- Solo eso, claro.
Ambos guardaron silencio. La
situación comenzaba a írseles de las manos, estaban estresados y hambrientos
y eso no era una buena combinación para ellos.
- David, yo no quiero pedirle
cuentas por lo que me hizo, creí que lo sabías.
- Lo sé, lo sé. Perdona. Estoy
empezando a perder los nervios... ¡Louis, Louis! –el vampiro cayó al suelo
desmayado, estaba al límite de sus fuerzas. David se agachó junto a él-
¿me oyes? Louis.
Sin pensarlo más se desgarró la
muñeca con los colmillos e hizo que la sangre cayera sobre los labios
cadavéricos de Louis. Este reaccionó en cuanto la sangre hizo contacto con
su garganta, abrió los ojos y sujetó con desesperación la fuente de vida
contra su boca. David observó como su piel iba cambiando de color, como sus
ojos se encendía y como todo su cuerpo entraba en ebullición recorrido por
la sangre milenaria que Lestat le regaló en su trasformación. Al tiempo que
Louis renacía, David comenzaba a sentir la debilidad en sus venas.
- Louis. –Alcanzó a decir, pero
el vampiro continuó aferrado a su brazo- Louis... –cayó de rodillas al
suelo. Entonces recordó a Lestat, exhausto, casi al borde de la muerte. Él
había pensado que estaba intentando suicidarse a la vez que le daba la vida
eterna. Pero era muy fuerte. Sin embargo él comenzaba a tener miedo.
- Suéltame Louis... –la sangre
dejó de fluir a través de sus venas y de los labios de Louis, pero no le
soltó. Su poder era más fuerte que él, tendría que se David el que diera
el último paso. Tomó impulso y con un movimiento felino retiró su mano del
alcance de Louis. Este permaneció mirándole durante unos segundos antes de
que el éxtasis de la sangre milenaria dejara de recorre sus venas palpitantes
ahora de nueva vida.
- David... ¿estás bien? –los
latidos de su corazón empezaron a recuperarse lentamente- lo siento.
- Estoy bien, no te preocupes –recogió
las piernas contra su pecho y esperó a recuperarse del todo para ponerse de
pie.
- No debiste hacerlo.
- No iba a dejar que murieras,
ahora aguantarás más. Era la mejor opción.
- Para mi, pero no para ti
Ambos se miraron durante unos
segundos y después volvieron a sumergirse en sus pensamientos.
Afueras del
polígono industrial del este de Washington
La farola que debía iluminar la
intersección entre las dos calles estaba rota. Seguramente lo habían hecho a
propósito para que los acontecimientos pasaran más desapercibidos. Desde
donde él se encontraba a penas podía distinguir unas siluetas a lo lejos,
tenía que acercarse con cautela para que no alertar a los allí congregados.
De pronto un grito emergió de las
oscuridad.
- ¡No!
Mulder no pudo distinguir de quien
se trataba, pero lo intuyó.
Se fue acercando hasta que
distinguió el leve ondear del cabello de Lestat a causa del viento. Se dejo
ver y comenzó a caminar hacia ellos sin temor.
-Lestat –éste se volvió y le
lanzó una mirada de furia que le heló los pulmones.
- ¡¿Qué estás haciendo aquí?!
–su voz fría y cortante parecía advertirle de que no se acercara más. Le
obedeció.
- Me dijo que nadie sabía nada,
señor de Licourt... me temo que no ha cumplido el trato, eso significa... –Lestat
se volvió hacia el intermediario
- Cállese... él no representa
ningún problema –pero el hombre sabía que no era así.
- Claro que lo representa. ¿Acaso
piensa que no sé quien es? No hay trato –sus palabras acabaron de
enfurecerle. Antes de que el hombre pudiera reaccionar salió despedido contra
la pared de una de las fábricas que cerraban la calle.
- ¡Lestat! –gritó Mulder- no
lo hagas, si le matas no sabremos donde están.
- ¡Cállate! Terminemos con esto,
dígame que es lo que quiere de mi –Mulder caminó hacia él.
El intermediario intentaba
levantarse del suelo sin mucho éxito.
- Tiene que acompañarme.
- ¡No! –cuando lo dijo ya
había llegado a la altura de Lestat- él no ira a ninguna parte. -Lestat le
miró
- ¿Cómo me has encontrado?
- Alguien de la Talamasca se puso
en contacto conmigo... ¿qué estás haciendo? –el vampiro le retiró la
mirada.
- Lo que debo.
- Se acaba el tiempo –dijo el
hombre, finalmente en pie- debemos irnos.
- Lestat no puedes hacerlo... no
puedes –Mulder sacó su arma.
- ¿Qué vas a hacer?
¿Dispararme? –pero no era esa la intención de Mulder, aunque su pistola le
apuntó.
- No vas a ir a ninguna parte –de
pronto la dirección del arma cambió y un sonido seco inundó el ambiente
- ¡No! –gritó Lestat. Pero fue
demasiado tarde. El intermediario yacía muerto en el suelo con un balazo en
el corazón. Tan pronto como la bala abandonó el cañón, Lestat arrojó a
Mulder contra la pared opuesta, haciendo que se golpeará la espalda contra el
cemento. Su pistola cayó al suelo.- ¡Que has hecho!
La furia hizo mella en él y
volvió a elevarle con la intención de golpearle. Mulder cerró los ojos,
pero Lestat fue incapaz hacerlo. Lo dejo en el suelo y lanzó su puños al
viento para descargar la furia.
- ¡Que has hecho! –repitió,
pero se acercó para ayudarle a levantarse.
- Te habrían matado... no...lo
permitiré –su voz emergió temblorosa por el dolor en la espalda.
- No pueden matarme... y ahora
David y Louis... –Mulder se fijó en el cuerpo inerte del hombre. Lo había
matado a sangre fría.
- No me refiero a esa clase de
muerte... ellos no querrían que lo hicieras.
- ¡Pero quiero hacerlo! –Mulder
le clavó la mirada.
- Piensa por una vez en los demás
–eso le dolió. Sus ojos azules se oscurecieron y comenzó a caminar
alejándose de Mulder.
- ¿Dónde vas? Espera, escucha
–pero no consiguió que se detuviera- Lestat... es lo que habrías hecho tú
–de pronto se volvió.
- Si ellos mueren... si mueren...
jamás me lo perdonaré –Mulder respiró hondo.
- Entonces deja que yo cargue con
la responsabilidad... durante el resto de la eternidad, si quieres –la
mirada del vampiro estallo en llamas, el aroma de su sangre inundó sus
pulmones y la idea de morderle se materializó como una imagen fugaz en su
mente. Mulder fue consciente de lo que había dicho. Lestat guardó silencio,
fijó su mirada en la de Mulder y trato de dominarse.
- Supongo que es cierto que eres
un héroe clásico ¿eh, Mulder?... No quiero tu vida a cambio de la de
ellos... ¡maldito idiota! –exclamo de pronto- si Scully te oyera... deja de
ponerte en la cuerda floja y dime que es lo que vamos a hacer... no soy de
piedra.
Un pinchazo en la espalda lo hizo
encogerse. Lestat se acercó, arrepentido por lo que había hecho.
- ¿Estás bien? –preguntó sin
atreverse a tocarle.
- Si. El contacto de la Talamasca...
es muy posible que sepa donde podemos encontrarles... debemos ponernos en
contacto con Londres e informar de lo que está pasando en su delegación de
Washington –se llevó una mano a la espalda- ahora, vámonos de aquí.
- Espera –el vampiro se volvió
hacia el cadáver e hizo que la bala alojada en su cuerpo emergiera de este-
no querrás que el cadáver de un hombre calcinado con una bala de tu pistola,
acabe en la mesa de autopsias de algún curioso –recogió la bala y el
hombre estalló en llamas.
Apartamento de Fox
Mulder
Cuando llegaron, Mulder hizo que
el FBI rastreara el último número que había aparecido en el visor de su
teléfono. Mientras apuntaba la dirección, Lestat le miraba.
- ¿Crees que nos dirá lo que
necesitamos? –la pregunta implicaba una cuestión de fe más que una
respuesta concreta.
- Quiero creerlo.
- Mulder... apenas quedan un par
de horas para que amanezca...-se detuvo.
- ¿Y?
- Temo que les expongan al sol si
no les encontramos antes del alba... no quiero que mueran –tal vez lo había
dicho ya, pero esa sencilla confesión afectó a Mulder más que las demás y
sin quererlo comenzó a sentir una sensación de ansiedad que le hizo
estremecer.
- Entonces dejemos de perder el
tiempo –volvió a coger su cazadora y condujo hasta la dirección que le
habían suministrado.
El trayecto en coche fue corto, y
Mulder lo agradeció. No solo por que así no perderían mucho tiempo, si no
por que Lestat no tendría momento para pensar demasiado en lo que acababa de
hacer: evitar que rescatara a sus dos amigos.
- Lestat ¿qué harás? ¿te
quedarás fuera o quieres entrar? –el vampiro se bajó del coche.
- Voy contigo.
- Es posible que... –le
interrumpió.
- Es miembro de la orden, no
pasará nada.
- De acuerdo.
Entraron en el edificio. Las
escaleras eran demasiado estrechas, las ventanas de ventilación estaban rotas
y hacía mucho frío. Las paredes mal pintadas de blanco aparecían recorridas
por peligrosas grietas. Subieron hasta el tercer piso y se detuvieron delante
de la puerta número 3.
Antes de llamar, la puerta se
abrió.
- Esperaba su visita... señor de
Licourt, es un placer conocerle por fin –Mulder se quedó atónito mientras
Lestat le estrechaba la mano al dueño de la casa- señor Mulder, pasen por
favor.
Mulder estaba confundido.
- Señor Mulder, los miembros de
la orden son elegidos gracias a sus capacidades psíquicas, les he visto
llegar en mi mente –se detuvo a observar a Lestat- después de tanto tiempo,
soy uno de los pocos afortunados que ha logrado conocerle.
- No tan afortunados, señor...
- Roberts... no les voy a pedir
que se sienten por que sé a que han venido y no hay tiempo que perder....
esto le va a sorprender Mulder ¿recuerda el pasadizo subterráneo que hay
debajo del Pentágono?
- ¿El Pentágono? –preguntó,
incrédulo.
- Si. No sé si Lestat se lo
habrá dicho, pero para aislar a un vampiro es necesario encerrar su mente
además de su cuerpo, y para realizarlo ha de poseerse cierta capacidad
mental.
- Los psíquicos de la CIA –respondió
Mulder
- Exacto, les están utilizando
como barrera para evitar que las llamadas de socorro del Señor Talbot y el
señor de Poindulac sean escuchadas por sus congéneres, ellos le habrían
avisado a usted o simplemente hubieran actuado para salvaguardar la seguridad
de su especie.
- ¿Pero como vamos a entrar en el
Pentágono? –inquirió Mulder- además, esos psíquicos detectarán nuestra
presencia antes incluso de que hayamos conseguido entrar.
- La de usted si, pero no la de
él. Señor de Licourt, tendrá que hacerlo usted.
- Me dijo que todo esto formaba
parte de un plan para eliminarme ¿a que se refería?
- A lo que ha hecho. Ellos sabían
que no dejaría que él se entregara, que intentaría impedirlo, pero no
contaron con tener un traidor en sus filas... escuche, espero que no se enoje
por lo que voy a decirle, pero he colocado a alguien de mi confianza en la
vigilancia de su compañera, la agente Scully.
- ¿Qué?
- Su misión no consiste en
vigilarla, si no en protegerla –Lestat miró a Mulder- sé que es duro, pero
es más importante en este momento que impida que ellos se hagan con el Don.
- ¿Más importante?
- Déjenos a nosotros decidir lo
que es más importante –intervino Lestat- tenemos que irnos.
Mulder miró durante unos segundos
al confidente y después siguió a Lestat.
- Voy a llamarla –afirmó,
sacando el móvil del bolsillo interior de su abrigo.
- Mulder, son las 4 de la
mañana....
- Es normal que la llame a estás
horas, además, antes estaba enfadada, lo he notado. Estaba enfadada porque no
he estado con ella en todo el día y no entiende que es lo que ésta
pasando... lo de su apartamento, el accidente... solo quiere que yo este para
darle un poco de seguridad, aunque yo tampoco sepa lo que pasa y no he estado.
- No, estabas ayudándome –dijo,
sin mirarle.
Mulder volvió la vista hacia él
mientras esperaba a que Scully contestara.
- ¿Mulder? –la suave voz de
Scully resonó en sus oídos igual que un susurro.
- Hola, ¿cómo sabías que era
yo?
- Quien más puede llamarme a las
4 de la mañana... ¿qué ocurre?
- ¿Te he despertado? –preguntó
en tonó irónico.
- No, claro que no. Estaba
despierta esperando a que me llamaras... ¡pues claro que me has despertado!
- Lo siento... y también siento
lo de ésta tarde –siguieron bajando las escaleras en dirección al coche.
Lestat se sentó al volante.
- ¿Me has llamado por eso? –preguntó
con tranquilidad.
- Sé que estabas algo confundida
y yo no he hecho mucho por arreglarlo... lo siento.
- Estoy bien –respondió
conmovida- no debí enfadarme contigo, tú no tienes la culpa.
- No te enfadaste por que pensaras
que yo tenía la culpa. A veces estoy algo distante, lo sabes.
Scully guardó silencio durante
unos segundos. Lestat le miró de soslayo.
- No es nada Mulder, de veras.
- De acuerdo... buenas noches
Scully.
- Que duermas bien –respondió,
intentando conjurar su insomnio. Mulder apagó el móvil y miró a Lestat.
- Di lo que sea –le pidió.
Lestat dudo unos segundo mientras
arrancaba el coche.
- ¿Qué estás haciendo aquí?
Scully está confusa por culpa del lío en el que te he metido y tú estás
aquí ayudándome en lugar de estar con ella. Si yo fuera tú...
- Pero no lo eres –le cortó
abruptamente- y yo decido la forma de utilizar mi tiempo. Por otro lado, si
crees que no me necesitas, dilo y ya está.
Habló sin quitarle los ojos de
encima, esperando vislumbrar una reacción en el rostro pálido del vampiro,
pero Lestat se limitó a seguir conduciendo, sabedor de que no podría decirle
que no lo necesitaba.
QUINTA
PARTE