No tardaron mucho en llegar al Pentágono. Por el camino ambos tuvieron la sensación de que todo saldría bien. Esto no podía ser el
final, pensaba Lestat.
Cuando Mulder comenzó a vislumbrar el edificio entre las sombras, se dio cuenta de que posiblemente era uno de los lugares que más
aborrecía del planeta. Le producía una sensación inquieta que le obligaba a recordar ese tipo de cosas de las que es mejor no acordarse. Lestat
le miró de soslayo.
Mulder buscó algo en la guantera del coche y cuando se volvió a inclinar hacia atrás, la espalda le propinó un pinchazo para recordarle
que la tenía herida. De pronto su mente se llenó inevitablemente con una imagen de Scully quitándole la camiseta para revisarle la herida y
sintió por un momento sus manos moviéndose por su espalda.
- Si quieres puedo volver a tirarte contra la pared –fue involuntario, pero la idea de Mulder había llegado hasta Lestat y este le miraba
sonriéndole con los ojos.
- ¡Lestat! –le recriminó, pero no fue en serio.
- Perdón, perdón... no sé que ha pasado, de veras... . puedo romperte un brazo, también –no pudo evitar echarse a reír. Ambos rieron.
Cerca del apartamento de Fox Mulder.
¿Por qué estoy haciendo esto? Si, definitivamente, eso sería una buena pregunta, pero Dana Scully, de camino a casa de Mulder a las
5 de la mañana, no tenía ganas ni interés en responderla.
Las llamadas intempestivas de Mulder son muy habituales, pero las disculpas intempestivas no tanto. Era verdad hasta cierto punto, que
estaba enfadada con él, pero no tanto como para que tuviera que disculparse. Después de todo ella nunca le pedía ayuda y Mulder no podía
estar adivinando a cada momento que era lo que necesitaba. ¿O si?
Cuando bajo al portal y cogió el coche no se paró a pensar detenidamente que era lo que estaba haciendo, tal vez por que no quería
darle importancia. Si lo que fuera que iba a pasar tenía que tener importancia, era algo que llegaría por si solo. En cualquier caso, necesitaba
verle, fue lo último que pudo pensar antes de encender el coche.
Enfrente del Pentágono.
-Bien, y ahora ¿qué se supone que tengo que hacer? ¿quedarme aquí a esperar? –preguntó Mulder cuando Lestat salió del coche.
- Es muy probable que ya sepan que estás aquí, debes irte para impedir que detecten mi presencia a través de ti.
- ¿Irme?
- Si, vete e intenta distraerte con algo para no pensar en lo que está pasando.
- ¿Cómo vas a entrar? –preguntó mientras miraba hacia la alambrada. Desde su posición podía observarse perfectamente las cámaras
de vigilancia.
- Eso no es ningún problema para mi.
Y alejándose de él se encaminó hacia la alambrada principal.
- Suerte –Lestat se detuvo.
- Mulder, Scully está yendo hacia tu casa en estos momentos... si quieres marcharte, hazlo. Mañana por la noche me pondré en
contacto contigo, pase lo que pase.
Mulder se le quedó mirando unos segundos antes de contestar. ¿Qué demonios estaba haciendo Scully conduciendo hacia su casa a
las 5 de la mañana? De pronto le tembló todo el cuerpo.
- Tengo que estar allí –respondió.
- Claro... todo estará bien, ve- Mulder siguió dudando, pero estaba seguro de que quería ir.
- Pero... ¿y si no logras entrar?
- Ve –fue la última respuesta del vampiro antes de perderse por el aire.
Apartamento de Fox Mulder.
Scully llamó a la puerta más despacio de lo necesario para que Mulder la oyera. No estaba segura de que quisiera que la oyera. Le
temblaba el pulso ligeramente y durante un momento tuvo la sensación de que estaba a punto de pasar algo.
Pero nadie respondió. Volvió a llamar y esperó, hasta que casi inconscientemente cogió la llave y la metió en la cerradura.
La puerta se abrió con facilidad y la oscuridad del salón no la dejó ver más allá de un leve reflejo en el cuero del sofá. Suficiente para
darse cuenta de que él no estaba allí. Al menos no estaba durmiendo en el sofá.
- Mulder –susurró. Pero solo había silencio. Comenzó a preocuparse. Encendió la luz y después abrió bruscamente la puerta de la
habitación que Mulder nunca usaba. Por supuesto, pensó, no había nadie. Pero eran las 5 de la mañana y Mulder no estaba en casa.
Apagó y se volvió para irse.
- ¿Scully? –la voz sorprendida de Mulder la asustó. Estaba en la puerta del apartamento y la miraba con curiosidad- ¿qué haces aquí?-
Mulder intentó distraerla con la pregunta para evitar que le interrogara sobre que demonios estaba haciendo por ahí a las 5 de la mañana. Pero
no dio resultado.
- ¿De donde vienes, Mulder? –ella ni siquiera saludó antes de lanzarle la pregunta. Él le mantuvo la mirada e intentó encontrar algo que
decir. Pero estaba demasiado preocupado por lo que le pudiera estar sucediendo a Lestat como para centrar toda su atención en buscar una
excusa. Sólo de una cosa estaba seguro, después de pasar tanto tiempo sintiendo la desesperada soledad de Lestat, él mismo necesitaba
deshacerse de la propia y solo había una manera de hacerlo, estar con ella. Tenerla cerca, para desmentir ese sentimiento.
Mulder cerró la puerta con parsimonia y volvió a afrontar su mirada.
- ¿Vas a decírmelo? -pensó que ella parecía estar empezando a enfadarse.
- Siéntate, Scully. Supongo que habrás venido a esta hora para algo más que interrogarme.
Ella se quedó de piedra sin saber como interpretar sus palabras.
- Todo está bien, Scully. Siéntate... –él anduvo hacia el sofá y tomó asiento mientras ella le seguía con la mirada.
- Mulder... –pero él había tomado una decisión y la interrumpió.
- Estoy ayudando a un amigo... alguien que me necesita... –ella guardó silencio- por eso estaba fuera.
Aquello no era una excusa, era la verdad. Después de meditar un rato durante el camino de vuelta del Pentágono, decidió que era mejor
decirle la verdad o al menos una parte de ella. Así, tal vez no se sentiría tan culpable por mentirle. Ella le observó en silencio y enseguida supo
que decía la verdad. No tenía que preguntar más, no tenía que dudar de él. Y sin embargo sabía que Mulder no le contaría más, que no se lo
estaba diciendo todo, a pesar de lo cual, aceptó sus palabras.
De pronto su voz la devolvió a la realidad.
- ¿Has venido por algo especial? –buena pregunta, pensó ella. Si, he venido por que necesitaba verte, Mulder. He venido porque estoy
desconcertada.
Mulder la miró directamente para no dejarle escapatoria. Quería ver cada una de sus reacciones y averiguar cual era el verdadero
motivo de su visita intempestiva. Pero ella guardó silencio. Se acercó despacio y se sentó a su lado. Mulder la siguió.
- Antes, cuando me llamaste... –sus primeras palabras confirmaron el motivo, pero aún tenía que averiguar la intención- me pareció que te
sentías mal por mi comportamiento de esta tarde.
Ahí estaba la intención. ¿Ella siempre pretende quitarme responsabilidad o es que realmente no la tengo en absoluto? La expresión de
su rostro se volvió tan dulce que Mulder estuvo a punto de no poder evitar besarla.
- En cualquier caso, deberías ser tú la molesta por mi actitud, no he... –ella le detuvo, pero sin hablar.
- Yo no te lo pedí... en realidad nunca te lo pido y siempre espero que estés ahí cuando te necesito... tú no puedes saber todo lo que
pasa por mi mente si yo no hago el más mínimo esfuerzo por comunicarlo.
Él procesó sus palabras y las entendió, pero a pesar de eso, sabía que la mejor manera de comunicación entre ellos, era los silencios. Y
ahora ella parecía ignorarlo o quitarle importancia por que él no había intuido lo que necesitaba con solo mirarla.
El problema era que si lo había intuido, pero no tuvo tiempo material para estar con ella. Solo por ese día, solo porque Lestat
necesitaba su ayuda, solo porque había adquirido un compromiso, solo por eso. De veras.
- Mulder, no quiero que olvides algo... no importa lo que sea, no importa si piensas que es, ha sido, o será un error contármelo; quiero
que me lo digas, siempre, como hiciste con la llamada de hace un rato. Quiero saberlo.
Estaban sentados muy cerca el uno del otro. Sus brazos se rozaban levemente, haciendo constar la presencia física del otro. Pero
Mulder pensó que lo que ella acababa de decir era lo que realmente les unía. La sinceridad.
- Es muy simple –contestó él casi sin proponérselo.
- Si, lo es. Y ahora me voy a casa, Mulder.
Ella miró el suelo y después levantó la vista hacia él, que la miraba con las manos apoyadas en las rodillas y muy cerca de su cara.
Si la besara ahora sería como sellar un pacto de sinceridad porque, sinceramente es lo que deseo hacer con todas mis fuerzas. Tal vez
debería hacerte saber que quiere besarte. Si me acercara y rozara tus labios para decirte al oído que te quiero, estaría siendo sincero.
- Mulder... –no permitió que su aliento rozara el aire y sintió la vibración de su propio nombre en la boca mientras recorría la distancia
que le separaba de los labios llenos de ella. Los cubrió con los suyos y se mantuvo así hasta que su tibieza le inundó por completo. Su
respiración sobre sus labios y la sensación de estar vivo en aquel momento, fueron suficiente.
Se retiro y miro sus ojos aún cerrados, pesados.
- Hasta mañana, Scully –y fue él quien lo dijo. Ella abrió los ojos y le miró con alegría mal disimulada, con expectación, pero sin prisa,
con alivio, pero sin ansiedad.
- Hasta Mañana, Mulder.
Y en ese momento Mulder pensó que moriría electrocutado por la intensidad de sus propios sentimientos.
Ella se levantó del sofá y caminó despacio hacia la puerta, Mulder la observó, la memorizó, la respiro de lejos y la deseo de cerca, pero
no sería esa noche.
Aunque sería pronto.
Oficina Central del FBI
Washington, DC.
El ambiente de la habitación estaba algo cargado, pensó Skinner. La reunión de altos mandos del Boureau en su despacho le ponía los
pelos de punta. El Director, los otros Subdirectores, los jefes de sección y una corta lista de dirigentes que movían los hilos de lo que pasaba
en las oficinas de ‘arriba’ en el FBI. Pensó en el agente Mulder. A él le encantaría esta reunión, sí, seguro, aunque seguramente lo que ignoraba
era que él mismo aborrecía de igual manera toda esa concentración de burócratas de pacotilla.
- Entonces señor Skinner, ¿se ocupará usted de reestructurar la sección de Crímenes violentos y de reubicar a los nuevos agentes de
Quántico? –el director adjunto a penas estaba escuchando.
- Si, claro. Yo lo haré
Se hizo un silencio hasta que el director tomó la palabras.
- Bien, hemos acabado con el orden del día. Ahora ¿alguien sabe algo del incidente de anoche en el Pentágono?
Inmediatamente Skinner recordó que Mulder le había mandado una solicitud formal para investigar lo sucedido en las instalaciones
militares de alta seguridad.
- Hubo un pequeño incendio en uno de los subterráneos del complejo. Uno de los búnkeres de alta seguridad estalló en llamas
afectando a algunos de los almacenes del sótano... al parecer las investigaciones que se llevaban a cabo en ese lugar eran de máximo secreto...
la secretaría de Defensa no quiere que salga nada a la luz –miraba descaradamente al subdirector Skinner mientras hablaba- y nosotros nos
hemos comprometido, yo me he comprometido personalmente para que sea así.
Skinner no tuvo más remedio que asentir, aunque ignoraba si los demás ya sabían que había cursado la solicitud del agente Mulder al
respecto. Bueno, tendría que llamar más tarde a Mulder.
Oficina de Fox Mulder y Dana Scully.
- ¿Cómo demonios consigues enterarte de estas cosas, Mulder? –él la miró, divertido.
- Después de siete años de trabajo en equipo deberías saber que tengo muy buenas fuentes de información.
- Claro, tus fuentes. En fin, ¿qué es lo que tienes? –él movió la cabeza.
- No mucho, solo algunos rumores sobre un cuerpo calcinado –ella alzó una ceja- ¿qué? –preguntó Mulder por inercia.
- Ayer Skinner me pasó el informe de un cadáver que se encontró calcinado en un parque del centro ¿lo recuerdas? Te lo mostré antes
de irme...
Se detuvo, fue involuntario. Mulder no levantó la mirada del informe para no incomodarla.
Lo estaba recordando, lo oía con tanta claridad que parecía que ella estaba gritando. ‘¡Lo recuerdo, Mulder! ¡Recuerdo que me fui,
recuerdo que regresé... recuerdo que me diste la bienvenida!’
Mulder tragó saliva y cambió de tema, aunque en realidad nadie había dicho nada.
- ¿Sacaste alguna conclusión de la autopsia, Scully?
- Si... déjame buscar el informe...uhm –pasó a su lado y se agachó para coger una carpeta rozándole el brazo involuntariamente. Sacó la
carpeta y se la mostró- aquí está. Si, era un hombre de unos 35 años, aunque por el estado que presentaba el cadáver, es difícil de asegurar.
Creo que... y no pongas los ojos en blanco, le prendieron fuego sin ningún producto de innición determinado... Wow! Que interesante ¿eh?
–Mulder la miró y se rió de mala gana. Era evidente que ella estaba recordando el caso del pirómano que Phoebe le había pedido que
investigara.
- Si, mucho Scully –respondió alargando su nombre. Trató de ponerse serio. Posiblemente fue Lestat. Él mismo le dijo que había
matado al vampiro que le seguía. Y, por supuesto, el incidente en el Pentágono fue producido por Lestat y su pequeña operación de rescate.
Tenía que reconocer que estaba un poco asustado. Le habían informado de que se encontraron varios cadáveres calcinados, pero nadie podía
asegurar que no se tratara de alguno de los tres vampiros.
A penas acababa de amanecer, pero deseaba con impaciencia que el sol volviera a ocultarse para averiguar que había ocurrido con
Lestat.
- ¿Mulder? –la voz de Scully casi le asustó.
- ¿Qué? –la miró- oh, perdona. Estaba pensando.
- Si, ya lo veo... ¿puedo hacerte una pregunta? –él prestó más atención a su rostro para intentar anticiparse a su pregunta, pero no
tuvo tiempo. Ella se sentó a su lado sobre el borde del escritorio.
- ¿Estás preocupado por ese amigo tuyo, no es cierto? –él evito su mirada en varias ocasiones para volver a ella de nuevo y sonreír.
- No puedo negarlo.
De pronto tuvo una idea. ¿Y si pudieran investigar lo sucedido en el Pentágono y encontraran pruebas de lo que los secuestradores de
Louis y David sabían sobre los vampiros? Algo que ella pudiera comprender y racionalizar, algo que la introdujera en el mundo que él estaba
conociendo a través de Lestat, pero sin derrumbar sus pilares científicos y lógicos. Pruebas. Algo que ella entendería, tal vez así pudiera
conocer a Lestat. ¡Si!.
Sonó el teléfono.
- Scully –la voz del director Skinner resonó al otro lado de la línea.
- Agente Scully, suban usted y Mulder a mi despacho, tengo que hablarles.
- Enseguida vamos, señor –respondió con voz queda.
- ¿Qué ocurre? –ella se dirigió a la puerta.
- ¿Has hecho algo que deba saber, Mulder? –el negó con la cabeza- pues estaba bastante enfadado.
Oficina de Skinner.
- Agente Mulder ¿de donde sacó la información para solicitar el caso del incendio en el Pentágono? –casi no les había dado tiempo a
sentarse.
- Eso es confidencial, señor –contestó mientras ambos tomaban asiento.
- ¿Ocurre algo, señor? –preguntó ella, tratando de calmar al subdirector.
- Nada, que va a pasar... los jefes me han insinuado que no quieren que nada de lo que se investigaba en aquel lugar salga a la luz y
usted ya me había pedido el caso... realmente tiene puntería.
- No es puntería, señor. Ya sé lo que hacían en ese ‘laboratorio’ –lo digo entrecomillando la palabra con las manos. Scully le miró.
- ¿Quiere decir que... –el subdirector dudó.
- Verá, estoy interesado personalmente en este caso y no, no tiene que ver con la conspiración o con Samantha. Es algo personal. Pero
estoy seguro de que se debería investigar lo que allí sucedió, señor.
Mientras hablaba ella no le quitó la vista de encima. Trataba de averiguar si esto tenía que ver con lo de ese amigo al que estaba
ayudando.
- Me encuentro en un callejón sin salida. No puedo autorizar su solicitud para investigar el caso porque se me echarían encima, pero...
- No necesito su autorización. Me arriesgaré a investigarlo por mi cuenta –miró de soslayo a Scully esperando una confirmación de su
parte. Pero ella no se movió.
- Si piensa hacer eso, es mejor que no me de más detalles. Pueden irse.
Ambos se levantaron y salieron sin decir nada más.
Mientras andaban por el pasillo entre los otros agentes, ninguno de los dos quiso hablar. Subieron al ascensor y cuando ya no
quedaba nadie para bajar al sótano, Scully tomó la palabra.
- ¿Cómo conseguirás que te dejen entrar en el Pentágono? – él la miró.
- No necesito entrar para saber lo que pasó, Scully. – Mulder salió del ascensor.
- ¿Cómo?
- Sé lo que pasó, pero ahora no puedo explicártelo. Necesito algo más de tiempo. Necesito encontrar la manera de investigar esto
desde un punto de vista ortodoxo, aunque te parezca raro.
Ella guardó silencio y caminaron hacia el despacho.
- ¿Quieres decir que necesitas encontrar pruebas fiables? –cerró la puerta.
Mulder se sentó delante de la computadora y la observó un momento. Era evidente que ella estaba muy sorprendida y ... ¿algo
decepcionada? No... ¿no?
- Todo esto tiene que ver con lo de eso amigo tuyo ¿no? –él pensó durante unos instantes.
- Tiene que ver con él y tiene que ver contigo.
Y lo dijo después de meditarlo. Ella permaneció callada, esperando.
- Confía en mi.
- ¿Qué es lo que pasa? – preguntó, sin aguantar más.
-Pasa que él es alguien muy especial... pasa que quiero entenderlo del todo y después contártelo, Scully. Pero aún no ha llegado el
momento.
El silencio se abrió camino y pasó a ser comunicación por miradas. Ella le mantuvo la mirada con su habitual ceño fruncido y él a penas
estaba a punto de sonreír pensando en Lestat... si estaba bien, claro. Aún no lo sabía. Maldita sea, cuando va a hacerse de noche.
- ¿Te ocuparás de la revisar esa autopsia? –ella alzó una ceja- sí, ya sé lo que vas a decir, pero necesito que quede absolutamente claro
que no había ninguna sustancia inflamable sobre su cuerpo o cualquier otro tipo de activador. Necesito que tú lo tengas claro.
- Mulder... –dio una paso hacia ella y la tomó por los hombros. Siempre que hacia eso ella era incapaz de llevarle contraria.
- Confía en mi, Scully.
Sus miradas se perdieron por un segundo en millones de pensamientos comunes entre los dos que ninguno ignoraba del otro, pero
que retenían con el leve temblor de sus ojos al mirarse.
Deslizó sus manos suavemente sobre los brazos de ella y salió.
- Te llamaré.
Miró hacia la puerta y después cogió el informe de la autopsia.
Mulder condujo hacia la casa del hombre que les había informado sobre los planes de la unidas escindida de Talamasca.
Durante la madrugada, después de que Scully se marchara, había estado buscando información en Internet sobre la Orden y había
encontrado el nombre del superior en la actualidad: Aarón Lightner. Pero no estaba muy seguro de si debía o no ponerse en contacto con él
directamente. Talamasca era una orden muy antigua y tal vez rehuyeran el contacto para hablar de un incidente tan embarazoso para su
impecable historia de ‘esperamos y vigilamos’. Por otro lado le intrigaba mucho saber que ellos habían estado recopilando datos sobre Lestat
durante casi toda su vida y tenía mucho interés en leer el posible informe ‘Lestat, el Vampiro’. Rió, no pudo evitar lo cómico de la situación.
Aunque la preocupación permanecía.
Estaba parado en un semáforo de camino hacia la casa de aquel hombre cuando empezó a sentir una especie de dolor de cabeza muy
agudo. Sintió un pinchazo en la sien y tuvo que cerrar los ojos. De pronto tuvo la profunda sensación de que alguien lo vigilaba.
El dolor desapareció tan rápido como empezó y oyó los claxon de los coches que esperaban para cruzar el semáforo. Desatascó la calle
tan pronto como pudo y se detuvo.
Sí, alguien. Me espera. Alguien me teme. A él, a Mulder. Sí, lo notó y eso le puso aún más nervioso.
Eh, ¿qué pasa? De repente sintió una extraña culpabilidad por haber matado al intermediario de aquella forma. Dios, lo asesiné...
SEXTA
PARTE