Disclaimer: Ninguno
de los personajes que aparecen aquí me pertenece ni pretendo hacer dinero con
ellos. Sólo divertirme.
Spoilers: Toda
las temporadas, pero principalmente la séptima.
Nota del autor: Casanova comienza el juego y Mulder debe ganarlo para ver a Scully con vida
de nuevo.
Feedback:
¡Gracias por escribirme! No dejen de enviarme sus opiniones. Me
sirvieron mucho.
Tema: A
esta altura me he dado cuenta de que es definitivamente shipper y la
investigación de un expediente aunque no sea x.
Tipo: MRS,
H, investigación de un expediente, Apto para todo público.
UNA IMAGEN VALE MÁS QUE
MIL PALABRAS... VI
Cuartel de policía
Atlanta - 23.16 hs.
Eduard y Dina miraban en silencio a
través de los vidrios que separaban el lugar en donde ellos se encontraban
y la oficina del teniente de policía con quien Damon OBrian hablaba desde
que llegaron diez minutos antes. Luke Garret tomaba café sentado en una
silla algo maltrecha y Mulder ya había hecho un surco en el gastado piso de
linóleo. Todos se había ubicado a una distancia prudencial del furibundo
Spooky Mulder, quien no podía creer que todavía ese papanatas del teniente
de policía no les hubiera permitido ver a Leila Fulken.
- ¿Por qué diablos tenemos que esperar
para hablar con esa mujer? Scully está en manos de un maldito psicópata en
estos instantes y lo único que parece ser importante es la jurisdicción.
Parecía bastante dispuesto a bajar la
acristalada puerta de una patada, tan dispuesto que Garret se paró y se
colocó en su camino.
- Mulder, en nada va a ayudarnos el que
hagas lo que estás pensando hacer. Damon logrará que nos dejen hablar con
ella si le dejamos que haga su trabajo. Trata de tranquilizarte o echarás
todo a perder, viejo.
Mulder respiró profundo y contó hasta
cien. Sabía que debía controlarse. Girando sobre sus talones se dirigió a
la pared opuesta en donde un tablón de corcho anunciaba la búsqueda de
criminales como si se tratara de departamentos.
Un par de metros a su izquierda la
expectativa de poder terminar con esa pesadilla hacía que Dina casi no se
diera cuenta de lo que pasaba a su alrededor. El ruido de la central de
policía le llegaba desde muy lejos y no percibió los olores que saturaban
el ambiente. Olor a café, roscas, perfumes baratos de las prostitutas,
sudor rancio de los maleantes que prestaban declaración sentados en
incómodas sillas de plástico, desodorante de ambiente, a humedad, a gente.
Siempre le había parecido increíble que las personas, aún cuando recién
salieran de la ducha, pudieran tener olores tan distintos.
La puerta de cristal se abrió y Damon se
encaminó hacia el lugar en donde estaban Dina y Eduard. Mulder perdió todo
interés en el tablón de anuncios y Garret, que había vuelto a sentarse,
se levantó y se unió al grupo.
- Podremos hablar con Leila Fulken en
media hora. Dina y Eduard, quiero que hablen con el oficial de custodia de
esa mujer y averigüen la manera de presionarla. Si ella sabe dónde está
Casanova tenemos que saber dónde golpearla para que nos lo diga. Luke, tú
y Mulder hablen con el testigo del accidente. Averigüen todo lo que pueda
decirles. Traten de sacarle más de lo que le dijo a la policía.
Mulder no quería quedar al margen de la
conversación con la mujer.
- Quiero hablar con Leila Fulken.
Damon negó con la cabeza.
- Ahora no. Necesito que hables con el
testigo presencial, que le ayudes a recordar los detalles que necesitamos
para poder ubicar la camioneta. La policía no pensó que se trataría de un
secuestro de un agente del FBI y fue muy parca en su interrogatorio –
Mulder se disponía a protestar pero OBrian lo detuvo con un gesto de la
mano – Mulder, habla con el testigo. Está en la sala de interrogatorios
número 2.
Mulder se volvió y siguió a Garret a
través de un laberinto de escritorios y personas, bajaron un piso de
escaleras viejas con barandales que habían visto tiempos mucho mejores y
entraron en una habitación que olía a flores y que tenía sólo una mesa
con cuatro sillas, una de las cuales estaba ocupada por un muchacho de poco
más de veinticinco años que tomaba café.
- ¿Artur Pinki?
El muchacho miró a Luke Garret cuando le
habló y asintió con la cabeza. Parecía estar un tanto incómodo, como si
esperara que en algún momento alguien lo tomara del cuello y lo lanzara
dentro de una celda.
Luke se sentó delante de él y entrelazó
sus manos sobre la mesa mientras Mulder se sentaba a un lado en silencio.
- Artur, soy el agente Garret y él es el
agente Mulder del FBI. Quisiéramos que nos dijeras lo que viste esta
mañana.
Pinki jugueteó con el vaso vacío,
tratando de aparentar tranquilidad sin mucho éxito.
- Esta mañana estaba trabajando y de
repente sentí el ruido de neumáticos frenando de golpe. Cuando miré vi
una camioneta de limpieza que parecía no tener control. Un hombre conducía
y la mujer que iba a su lado parecía estar peleando con alguien que iba
detrás. El hombre parecía estar un poco aturdido, se agarraba la cabeza.
Supongo que había recibido un golpe o algo así, porque de pronto chocó
contra un poste de teléfonos. Fue ahí cuando la puerta del acompañante se
abrió y la mujer cayó. En ese momento vi a otra mujer que trataba de
salir, pero el hombre la agarró del cabello y la lanzó a la parte de
atrás de la camioneta. Entonces se escuchó el ruido de las sirenas y el
tipo miró a la que estaba en el piso, se inclinó a decirle algo, cerró la
puerta y se fue. Dejó a la mujer ahí tirada, estaba como atontada y se
veía bastante malherida. Es decir, el cierre de su overol se había roto,
tenía la cara con raspones y su muñeca derecha estaba doblada hacia
atrás. Supongo que se la rompió al caer. Yo me limité a esperar a que la
policía llegara para contarles lo que vi. Eso es todo.
Garret anotó todo lo que el muchacho iba
diciendo pero ni él ni Mulder lo interrumpieron. Ambos quería saber
cuánto estaba dispuesto a decir sin que lo presionaran. Por lo visto estaba
de un ánimo más que cooperativo.
- ¿Pudo ver a la otra mujer, la que iba
en la parte trasera de la camioneta?
- No muy bien. Pero cuando el hombre la
arrastró del cabello pude ver que era pelirroja.
Mulder sintió que la sangre le hervía al
imaginar el tipo de trato que ese animal le estaba dando a Scully. Y una vez
más sintió que dentro de él salía a flote todo tipo de impulsos
homicidas, bastante parecidos a los que experimentaba cuando veía a
Krycheck o al fumador o a ese imbécil de agente que le disparó a Scully
cuando investigaban el caso del fotógrafo que trataba de que la muerte le
mirara a la cara. Dominando sus demonios sacó su billetera y buscó una
vieja foto en la que él y Scully estaban retratados juntos mirando las
ruinas del edificio que había estallado poco antes de que tuviera que
viajar hasta el Polo para poder ver a Scully desnuda en una cápsula. Byers
se la había dado después de recortarla del periódico. Se la tendió a
Artur Pinki.
- ¿Se parecía a esta mujer?
Pinki tomó el recorte y lo estudió en
silencio un momento.
- Bueno, no estoy seguro, pero diría que
sí. Sí, podría ser ella. El cabello se ve muy parecido y me parece que
llevaba un traje o algo así.
- ¿De qué color?
- Oscuro. Negro, o tal vez azul. Estaba
lejos y no podía ver bien.
Garret golpeó su libreta con la lapicera.
- ¿Cómo era la camioneta?
- Era una de esas camionetas como de
reparto de mercadería, como la que usaban en esa serie de los ochenta,
Brigada A. Sólo que era blanca con las letras en azul y pompas de jabón
por todos lados.
- ¿Qué decía?
- Lo siento, no recuerdo el nombre, sólo
que era azul y con muchas burbujas dibujadas por todos lados.
- ¿Qué me dices del hombre? ¿Pudiste
verle el rostro?
Pinki negó una vez más mientras seguía
jugando con el vaso.
- No. Tenía puesta una gorra y tenía
barba. Además, el sol reflejaba justo sobre el lado del conductor así es
que no pude verlo más que unos segundos cuando se agachó a decirle algo a
la mujer que estaba en el pavimento.
Mulder cruzó sus manos ante él sobre la
mesa.
- Dígame Artur, ¿escuchó lo que le
dijo?
- No. Como le dije, estaba lejos y había
mucho ruido en la calle. Además, todo pasó muy rápido y no pude fijarme
bien. ¿Puedo irme ya? A mi patrón no le gustará nada que haya estado
aquí.
Mulder asintió con su conocida expresión
de nada, la misma que utilizaba cuando sabía que alguien le estaba
ocultando algo.
- ¿Cuánto hace que saliste de prisión
Artur?
Tanto Pinki como Garret lo miraron, uno
con miedo y el otro con asombro. ¿En qué momento Mulder se había enterado
que Pinki estuvo en prisión? Era un testigo, no un sospechoso. No lo
habían investigado.
- Ocho meses, señor.
- ¿Y por qué fuiste a parar allí?
El muchacho se revolvió en su silla. Eso
le pasaba por cooperar de buena gana. Debió irse sin más y se habría
ahorrado esto. ¡Diablos! Si ni siquiera tenía que estar por esa zona.
Cuando su patrón se enterara lo despediría.
- Por robar unas baratijas. Pero ya
cumplí con mi condena.
- ¿Cuánto hace que trabajas en una
florería?
Pinki estaba cada vez más nervioso.
- Tres semanas.
- Y supongo que tu jefe no sabe que
estabas ahí cuando estabas ahí.
Garret no entendía a dónde quería
llegar Mulder con su interrogatorio, pero evidentemente veía algo que él
no estaba viendo, así es que esperó.
- No.
- Entonces, es lógico suponer que a menos
que alguien, como alguno de nosotros, no te excuse ante tu jefe, pueden
echarte.
Artur Pinki estaba tan asustado que no
podía quedarse quieto en su silla y se removía inquieto mientras Mulder lo
seguía mirando serena y amenazadoramente.
- Por favor, señor. Yo sólo le llevé
unas flores a una chica que conocí el sábado. Si mi jefe sabe que lo hice
me despedirá y fue bastante difícil conseguir este empleo.
- Entonces, dime la verdad. ¿Qué fue lo
que le sacaste a la mujer que estaba tirada antes de que llegara la
policía? No me mientas porque no estoy de humor. La mujer pelirroja es mi
compañera y estoy ansioso por patear traseros, literal y figurativamente
hablando.
El muchacho miró a Mulder tratando de
decidir si estaba diciendo la verdad y aparentemente llegó a la conclusión
de que ese hombre estaba dispuesto a algo más que patearle el trasero.
- Pensé que nadie se daría cuenta. Al
fin y al cabo el hombre lo arrojó cuando la mujer estaba muy atontada para
ver lo que le lanzaba. Le juro que no quise...
Mulder lo interrumpió.
- Artur, estás malgastando mi tiempo y el
tuyo.
Pinki buscó en el bolsillo de su
chaqueta.
- No pensé que esa mujer fuera a
necesitarlo.
Mulder contempló la pequeña cruz de oro
de Scully que Artur Pinki tenía entre los dedos. La aprestó entre sus
dedos con fuerza, se levantó y caminó a la puerta.
- Buena decisión, Artur. Hablaré con tu
jefe para decirle cuánto nos has ayudado.
Garret lo siguió afuera sin apurarse
demasiado, fiel a su estilo, procurando que el muchacho no se diera cuenta
de que no tenía ni la menor idea de cómo Mulder supo que Casanova le
había lanzado algo a la mujer. Cuando estuvo afuera se acercó a Mulder que
se había apoyado en la pared frente a la puerta y contemplaba la cruz.
- Mulder, ¿cómo diablos supiste todo
eso?
Mulder guardó le cadena en el bolsillo
superior interno de su chaqueta.
- Estaba muy nervioso, con el tipo de
nervios de todos lo que alguna vez han estado en un lugar así y no les fue
muy bien, así es que supuse que ya había pasado por un interrogatorio.
Dijo que no se había acercado hasta que llegó la policía e insistió
mucho en que estaba muy lejos, pero sabía exactamente los daños que tenía
la mujer, así es que obviamente se acercó pero para algo que evidentemente
no quería que supiéramos. Dado que es un ladrón no me extrañó que le
hubiera sacado algo. Supuse que quizás Casanova no se iba a molestar en
darle aliento a alguien que no podía oírlo, pero por su historial imaginé
que sí se molestaría en darnos un mensaje a nosotros, por eso pensé que
no le había dicho nada, sino que le había lanzado algo.
- ¿Y qué significa esa cadena?
- Es de Scully. Ella nunca se quita esta
cruz por voluntad propia.
Garret no podría entender nunca cómo
diablos los perfilistas podían ver tanto en tan poco.
- ¿Y de dónde diablos sacaste que
trabaja en una florería?
Mulder se encogió de hombros.
- ¿No lo notaste? Cuando entramos en la
habitación el olor me hizo acordar a los velorios y las habitaciones de
hospital. Apestaba a flores.
Garret se rascó la rapada cabeza mientras
caminaban por el corredor rumbo a la sala en donde iban a interrogar a Leila
Fulken.
- ¡Cielos, viejo! No quisiera ser tu hijo
cuando intente mentirte acerca de cómo fue que estrelló el auto que no le
dejarás conducir.
Mulder sonrió con tristeza. No había
muchas posibilidades de que él tuviera que enfrentar esa situación a menos
que encontraran a Scully con vida.
El cuarto contiguo a la sala en donde se
encontraba sentada Leila Fulken no era muy grande, pero parecía
increíblemente pequeño debido a la ansiedad que evidenciaban los que se
hallaban en él. Damon Obrian, Luke Garret, Dina de la Plazza, Eduard Pariss
y Mulder destilaban impaciencia y una suerte de actitud expectante, esa
especie de ansia compartida que les causaba el saber que podían estar
increíblemente cerca de atrapar a uno de los criminales más buscados de
los últimos tiempos.
Damon los estaba matando con sus cigarros,
pero era la única muestra de su nerviosismo.
- Entonces piensas que Casanova le tiró
la cadena de Scully a Leila Fulken para que darnos un mensaje... ¿de qué?
- De advertencia, supongo. Nosotros
tenemos a su creación pero debemos recordar que él tiene a uno de los
nuestros. – Mulder contempló el rostro lleno de moretones que ostentaba
un gran parche en la sien derecha de la mujer que estaba al otro lado del
vidrio de doble vista – Me parece que Casanova quiere que estemos seguros
de que es él quien la tiene y no ningún otro. Calculo que lo más probable
es que quiera hacer un intercambio.
Eduard tenía las manos metidas firmemente
en los bolsillos de su pantalón. Estaba enfadado y asustado. Podía sentir
cómo Dina se estaba culpando peor de lo que lo había hecho Mulder por todo
lo sucedido. Al fin y al cabo, Casanova la perseguía a ella y no le había
pasado desapercibida la forma en que su esposa había congeniado con Scully.
Dina no había hecho amigos desde hacía
mucho tiempo, cuando Casanova mató a su mejor amiga y la dejó colgando
frente al edificio de la ópera. Nunca olvidaría el dolor y la
desesperación cuando la función terminó y salieron para encontrarse el
cadáver de la persona con quien había pasado gran parte de la tarde de ese
día. Desde entonces Dina no permitió que nadie que no fuera él se
acercara demasiado, y él se había alegrado de que pareciera que en Scully
hubiese encontrado alguien con quien poder trabar amistad. Al fin y al cabo
Scully era un agente entrenado, estaba en una sección tanto o más
peligrosa que la de ellos y vivía en otro estado. Todos factores más que
convenientes dada la situación. Y de pronto, aquí estaban otra vez, a
merced de este maniático.
- Pero ningún mensaje nos ha llegado y ya
han pasado más de 14 horas desde que se la llevó.
Dina, al igual que Mulder, tenía la
mirada clavada en la mujer de la habitación contigua. Su voz sonó calma y
convencida cuando le respondió a Garret.
- Él llamará. Me parece que Mulder tiene
razón. Lo más probable es que quiera recuperar a su creación.
- ¿Y qué haremos si quiere hacer un
intercambio? Esa mujer es una pieza demasiado importante para dejarla ir sin
más. Debemos tener en cuenta que quizás esta es nuestra mejor oportunidad
de atrapar a ese maldito y si se la devolvemos podría ser que no se nos
presente otra.
Mulder lo miró con lo que podríamos
calificar era una mirada glacial.
- Si fui capaz de entregar a quien creí
era mi hermana desaparecida en una situación similar hace algunos años no
dudes ni por un segundo que le entregaré a esa mujer. No me importa si eso
atrasa la investigación. El recuperar a Scully no está en discusión, aún
si significa perder esta oportunidad.
Damon consideró que era mejor cambiar de
tema o alguno de los dos podía salir lastimado. Evidentemente Mulder no
consideraba ni remotamente la idea de no hacer lo que fuera por traer a
Scully y si su intuición no lo engañaba, aquel que se atreviera a ponerse
en su camino no saldría muy bien parado.
- Dina, ¿qué te dijo el oficial de
custodia de Fulken?
- Bueno, no dijo nada distinto a lo que
nos comentó Louie esta mañana. Pero aparentemente lo que la hace
vulnerable es su necesidad de aceptación y amor. Cada una de las veces que
ha sido atrapada cometiendo algún delito se determinó que lo había hecho
por el hombre de turno en su vida.
- Y supongo que tiene un talento natural
para elegir lo peor de la especie.
Dina le sonrió a Eduard sin que la
sonrisa llegara a sus ojos.
- No todas tienen mi ojo.
Todos guardaron silencio durante unos
segundos.
- Bien, ¿qué dices Mulder? ¿Quién
crees que debería hablar con ella?
Mulder apretó los labios con fuerza. Él
QUERIA hablar con ella, pero su instinto y su formación profesional le
decían que la mejor opción era Dina. La cuestión era si Dina podría
hablarle sin perder los estribos.
- Creo que Dina debe hacerlo – se
volvió hacia Dina – Debes hablarle con calma, hazle saber que tú tienes
el control de todo. No sólo de su estadía en este lugar, sino también
sobre Casanova. Haz que se dé cuenta de que ella no es nadie para ese tipo
y que no importa lo que piense, él la abandonó. Probablemente se haya
formado una imagen de ti que tiende a ser la de una estúpida. Debe haberse
convencido de que no vales nada para poder soportar que él haya intentado
convertirla en ti. Borra esa imagen de su cabeza como más te guste.
Dina asintió y una sonrisa que podía ser
calificada de cruel se dibujó en su rostro.
- Cómo tu digas.
Y girando sobre sí misma salió del
cuarto y entró en la sala de al lado.
Cuartel de policía
Sala de interrogatorios N° 1
24.06 hs.
Leila Fulken contuvo a duras penas el
impulso de demostrar el odio que le causó ver a esa mujer entrar en la
habitación como si estuviese allí por una reunión social.
Desde que había salido de prisión e ido
a vivir con Jake había visto ese rostro en todas partes. En los
salvapantallas de la computadora, en portarretratos, cubriendo el techo de
los cuartos, dentro de todos lo cajones y estantes de la casa. Incluso,
después de aquella tarde en que la llevó de compras y al salón de
belleza, a veces lo veía al mirarse en el espejo. Odiaba a Dina de la
Plazza y ahora se presentaba frente a ella con al expresión del gato que
atrapó al canario. Pero se equivocaba si pensaba que ella traicionaría a
Jake. Ella amaba a Jake y Jake la amaba y no le cabían dudas de que
vendría a sacarla de allí. Quizás entonces podría idear la manera de
meterse en esa casa que se veía en el gran televisor del cuarto al que Jake
no le dejaba entrar y la mataría, lenta y dolorosamente.
Dina observó a su vez a este remedo de
sí misma. El cambio entre la mujer que esa mañana había contemplado en la
foto del prontuario y la que tenía adelante era notable. El cabello estaba
arreglado igual que el suyo, los ojos ya no eran castaños claros sino
oscuro, por lo que supuso que estaba usando lentes de contacto, y la ropa
era muy parecida a la que ella acostumbraba a usar para trabajar. El overol
que llevaba cuando sufrió el accidente estaba en poder de la policía pero
le habían dejado la ropa que vestía debajo del overoll hasta que la
trasladaran a una prisión de máxima seguridad.
Dina se sentó frente a la mujer sin decir
nada y colocó la carpeta con los antecedentes de Leila frente a ella sin
sacarle los ojos de encima. Y en los siguientes minutos no hizo nada más
que mirarla fijamente, como si estuviera evaluándola.
Leila la miró a su vez, esperando la
andanada de preguntas. Quería que le preguntara para poder reírse de ella
por su ignorancia. Quería hacerle saber que ella era lo único importante
para el hombre que se hacía llamar Casanova, pero que permitía que ella le
llamara por su nombre de pila, Jake. Pero a medida que los minutos pasaban y
el silencio se mantenía, la furia fue creciendo en ella. ¿Quién diablos
se creía que era esa perra? Mirándola con ese aire de suficiencia. Pero si
pensaba que ella hablaría primero estaba equivocada. Era muy buena en ese
juego. Lo que no sabía era que Dina era aún mejor.
Después de 5 minutos del más ominoso de
los silencios Dina dejó de recorrerla con la mirada y le clavó sus oscuros
ojos, que por un instante le recordaron a Leila un oscuro cielo de tormenta.
Demasiado calmos, demasiado brillantes, demasiado fríos.
- Bello anillo.
Leila se desconcertó. Había estado
esperando una andanada de preguntas acerca de Jake, de dónde estaba, qué
pensaba hacer con esa pelirroja de porquería que la había golpeado en la
camioneta. ¿Pero una elogio por el anillo? ¡Esa mujer era más estúpida
de lo que ella creía! Ni siquiera merecía la pena que le contestara.
La sonrisa de suficiencia de Leila le dijo
a Dina que Mulder había tenido razón. Creía que era una estúpida. Su
pregunta estaba destinada a desestabilizarla, pero no en forma inmediata.
Claro que Leila no podía saberlo.
- ¿Por qué te lo regaló?
Leila comenzó a inquietarse. ¿Cómo supo
que Jake le había regalado ese anillo? Quizás la perra no fuera tan
estúpida después de todo. Debía tener cuidado. Debía mantener la calma.
Debía guardar silencio. Debía...
- Me gustaría que mi peluquero pudiera
verte. Siempre me dice que mi estilo es único.
Si al menos la maldita se callara. Sería
mucho más sencillo mantener la calma si no le estuviera diciendo esas
cosas.
Dina vio que Leila comenzaba perder la
calma. Su mirada ya no era tan engreída y su rostro comenzaba a tensionarse.
Bien, ella quería que se enfadara.
- ¿Sabes? Mirándote bien, te peinas como
yo, te vistes como yo y si mi olfato no me engaña, llevas hasta el mismo
perfume que yo. Creo que cualquiera podría pensar que tú... eres yo.
Leila apretó sus manos una contra otra
hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Esa maldita ramera barata la
estaba haciendo enfadar.
- Claro que eso no es posible, ¿sabes por
qué? – Dina hizo una pausa mientras veía cómo la otra mujer iba dando
signos de furia cada vez mayores. Luego se respaldó en su silla y siguió
hablando como hasta ahora, suave, lento, pausado, calmo,... exasperantemente
clamo – Porque el hombre con el que comparto mi vida y mi trabajo nunca me
habría dejado tirada en la calle para que me llevaran a una celda hasta que
se me pudrieran los huesos. Él nunca me hubiera abandonado como a ti.
Tanto Mulcer como los otros tres hombres
notaron como la mujer apretaba los labios y cerraba sus manos en puños,
tratando de controlar su ira y mantenerse en silencio. Todos se dieron
cuenta de que era una batalla perdida pero, aún así, Leila habló con voz
bastante calma.
- ¿Te crees muy inteligente, verdad?
Sentada ahí, con ese estúpido aire de suficiencia, tratando de penetrar en
mi mente. Pues déjame decirte que no te resultará. No importa qué hagas,
no traicionaré a Jake. No te diré nada.
Una ola de excitación corrió por la
espalda de Dina al escuchar el nombre que se le había escapado a Leila.
Así que Casanova era "Jake" para esa mujer. Ahora que había roto
su mutismo, lo siguiente era hacer que hablara lo suficiente como para
obtener más información.
- No creí que tuvieras tanto espíritu de
sacrificio.
Leila Fulken esbozó una mueca que
pretendía ser una sardónica sonrisa.
- ¿Y quién dijo que tendré que
sacrificarme? Jake me ama y vendrá a sacarme de aquí. Me liberará de
ustedes en sus propias narices y no hay nada que puedas hacer – se
respaldó en la silla y cruzó los brazos – Claro que tú y el grupo de
estúpidos con que trabajas ya deben estar acostumbrados a que él haga todo
frente a sus narices. Basta con acordarnos de Anne, ¿verdad?
Del otro lado del vidrio los hombres que
contemplaban en silencio el intercambio entre las dos mujeres se tensaron.
Evidentemente ambas estaban intentando sacar de quicio a la otra. La
pregunta que todos se hacían sólo se escuchó en los labios de Luke.
- ¡Perra! ¿ Creen que Dina podrá
controlarse?
Eduard miraba la escena con una furia casi
palpable bajo la fría calma de su mirada. Pero él conocía a su esposa
como nadie y sabía que podía confiar en que ella haría las cosas bien.
- Sólo hay una cosa que se equipara a la
inteligencia de Dina y eso es su capacidad de autocontrol – miró a Luke y
le sonrió con una sonrisa cruel – Si tú hubieras estado ahí en el careo
que tuvo con el tipo que intentó matarla apuñalándola veinte veces hace
cinco años sabrías de lo que hablo. Ese tipo supo sin lugar a dudas que lo
mejor para su salud era estar en prisión.
La voz fría y medida de Dina pareció
apoyar lo que su marido acababa de afirmar.
- Pero, si no me equivoco, sus razones
para hacer con Anne lo que hizo no fueron las que debería tener para
sacarte de aquí.
- Por supuesto que no. Él me sacará de
aquí porque me ama.
Dina logró darle a su voz un tono de
absoluta duda.
- ¿De veras?
Los ojos de Leila relampaguearon, pero su
dueña no se movió. Sin embargo, la tormenta que brilló en esos ojos le
dijo a Dina que estaba a punto de lograrlo. Y Mulder estuvo de acuerdo con
ella en la habitación contigua.
- Sé que crees que eres muy importante
pero te engañas. Tú no sabes nada de nada. Él me ama a mí.
- ¡Claro! Debí suponerlo al verte.
Indudablemente el que te haya transformado en una patética copia mía es un
fiel testimonio de su amor por ti.
De repente el dique que contenía la furia
de Leila se rompió y se levantó, estrellando la silla contra la pared en
el intento de alcanzar a Dina. Sin embargo, Dina estaba esperando su
reacción y se hizo a un lado para evitar el ataque. Antes de que Leila se
diera cuenta, la tomó por el pelo y le estrelló la cabeza contra la mesa
mientras con la otra mano le estrujaba la rota muñeca derecha que aún no
había sido enyesada. Un dolor agudo que le subió por el brazo hizo que
Leila aullara de dolor.
En la habitación de al lado Luke y Damon
comenzaron a ir hacia la puerta, pero Eduard los detuvo.
- No vayan ahí. Dina podrá manejarla.
En ese momento Dina se inclinó sobre
Leila y le habló al oído en un susurro amenazante.
- Escúchame bien, pequeña estúpida. No
me importa si te ama o te odia porque cualquiera sea el sentimiento que le
despiertes no evitará que te pudras en la cárcel. Tú única oportunidad
es que me digas a dónde llevó a la agente Scully.
Leila forcejeó furiosa.
- ¡Púdrete! ¡Nunca te diré lo que
quieres saber y no importa cuánto me golpees, no puedes entrar en mi mente!
Dina se rió con una risa que helaba la
sangre.
- Jake no vendrá por ti. Sólo fuiste un
sustituto de lo que él realmente quiere y como te creó a ti puede crear a
cualquier otra. Pero tú, tú estarás aquí hasta que ya no recuerdes
cuánto tiempo llevas encerrada. Eso puedo prometértelo.
Con un movimiento brusco la lanzó contra
la pared haciendo que es tropezara con la silla que momentos antes había
ocupado.
- Ahora, puedes hacer algo inteligente por
ti y decirme adónde llevó a la agente Scully y tal vez el juez piense que
vale la pena no ser muy duro contigo. Secuestrar a un agente del FBI es un
delito federal y no recuerdo que se haya tenido clemencia con aquellos que
lo han intentado.
Leila se levantó destilando veneno y
sangre por la boca. Aún así, sonrió.
- Nunca te diré lo que quieres saber. Esa
maldita pelirroja sabrá que su cabello no la salvará del hielo que le
tiene preparado Jake, pero tú, tú sufrirás el fuego del infierno. – y
enderezándose comenzó a gritar - ¡Guardia! ¡Quiero a mi abogado! ¡No
hablaré con nadie más hasta que llegue mi abogado!
La puerta se abrió y un policía
uniformado entró. Tomó a Leila del brazo para sacarla de allí. Dina
esperó a que llegaran a la puerta antes de hablar.
- En cuanto al anillo... – Leila la
miró y Dina levantó su mano derecha para mostrarle el original – te lo
regaló porque sabe que para mí es muy importante. Es la única cosa que
jamás me quito. Podría decirse que es parte de lo que me define, como la
ropa y el cabello.
Leila no le contestó, sólo dio la vuelta
y permitió que el policía la condujera a la celda.
Dina no llegó a desplomarse en su silla
cuando la puerta volvió a abrirse y Damon OBrian, Luke Garret, Mulder y
Eduard Pariss entraron en el cuarto.
Damon levantó la silla que aún estaba en
el suelo y miró a Dina con preocupación.
- ¿Estás bien?
Dina le sonrió con tristeza mientras
apretaba entre sus dedos la mano que su esposo le había puesto en el
hombro.
- He estado mejor.
Mulder se paseaba inquieto por el pequeño
cuarto.
- Esa mujer no va a decirnos nada. Su
fantasía es demasiado grande y nada va a convencerla de que ese loco está
enamorado de ella.
Luke, que estaba apoyado en la pared junto
a la ventana, frunció el ceño.
- Pero todos vimos cómo reaccionó cuando
Dina la provocó diciéndole que evidentemente la obsesión de Casanova es
con ella.
Mulder negó con la cabeza.
- Pero ella quiere creer que en realidad
lo de Casanova es un capricho, que ella es su verdadero amor.
Eduard se sentó en la mesa junto a Dina.
- Creo que no nos quedará otra que
esperar a que Louie encuentre algo respecto a Adam Fletcher.
Damon asintió y se levantó de la silla.
- Volvamos a la oficina. Seguiremos con lo
que estábamos haciendo y volveremos a intentar presionar a Fulken en un par
de horas.
Atlanta
Cuartel del Equipo Especial del FBI
.56 hs
Dina miraba las imágenes de su sala de
estar con una gran taza de café vacía en la mano cuando Mulder entró en
la habitación y se sentó en una silla a su lado.
- ¿Encontraste algo?
- Nada. – girando su silla quedó
enfrentada con Mulder – Nadie extraño ha entrado hasta ahora por lo que
tengo dos posibilidades. O él intervino el sistema de vigilancia o...
- O es alguien que tú conoces.
- Pero si ese fuera el caso, yo tendría
que haberle reconocido cuando me secuestró.
- Bueno, no tiene que ser necesariamente
así. Quizás pudo modular su voz para que sonara diferente o usar un
deformador. Es un tipo inteligente y con recursos. No creo que le haya
preocupado que tú lo reconocieras por la voz pero el que te cegara es un
buen indicio de que probablemente lo conozcas. Ese es un factor importante.
Dina sacó la cinta que había terminado e
insertó otra. La tarea ya era tediosa de por sí y el llevar casi
veinticuatro horas despierta no ayudaba demasiado.
Mulder, que no había podido llegar a nada
nuevo viendo los casos de Casanova, había decido ir a averiguar algo más
acerca del origen de todo el problema. En ella estaba la respuesta. Quizás
si lograba entenderla a ella, lo que la motivaba, lo que hacía que se
mantuviera entera, podría llegar a comprender mejor a Casanova.
- ¿Nunca has pensado en renunciar?
Dina lo miró un instante en silencio y se
levantó para llenar su taza de nuevo. Con un suspiro se sentó.
- Una vez lo hice. Llegó un momento en
que no era posible que saliera a cenar sin que él me llamara por teléfono
al lugar en donde estaba comiendo. Me enviaba flores a la oficina, me dejaba
regalos en el auto. No importaba adónde estuviera, él parecía estar allí
también. Parecía que mi presencia lo incentivaba a matar, como si
estuviéramos teniendo una competencia. Entonces, renuncié.
- ¿Y por qué volviste?
Dina clavó sus ojos en la taza que
sostenía en las manos.
- Él no se dio por enterado. Siguió
mandándome cosas, dejándome mensajes en todos lados diciendo que me
extrañaba, que quería que volviera. Poco antes de que Teddy y yo
validáramos nuestro matrimonio fuimos al teatro. A la salida, en un mástil
que está delante del edificio, nos encontramos el cuerpo de una de mis más
viejas amigas colgando, sin ropa, con la frase "Te extraño Dina"
cortada en su torso desnudo.
Mulder se horrorizó ante la imagen que se
formó en su mente. La voz de Dina revelaba su dolor y furia al recordar los
hechos que la convencieron de volver.
- Anne no fue al teatro con nosotros
porque había conocido a un sujeto y esa noche tenían planes para ir a
cenar. Nunca pensé que él sería capaz de acercarse de esa manera a mis
seres queridos. Seducirla, enamorarla, hacer que se entusiasmara con él,
para que me hablara de su nuevo amor, para que yo no pudiera ignorar que si
él quería que yo volviese yo tenía que volver.
Mulder recordó las fotos de la escena del
crimen. Había revisado ese caso junto con los demás pero en ningún lado
decía nada de la relación que la víctima tenía con Dina.
- Lo siento.
Dina se inclinó hacia delante y posó una
de sus manos en la que Mulder tenía apoyada sobre el apoyabrazos.
- No Mulder. Yo lo siento. Lamento que
todo esto haya ocurrido pero estoy segura que recuperaremos a Dana. Es la
primera vez que él se lleva a alguien en vez de matarlo directamente. Eso
nos dice que su objetivo puede ser otro.
Ambos guardaron silencio unos minutos
mientras miraban las pantallas de televisión. De repente, Dina dejó su
taza con fuerza sobre la mesa.
- ¡Cielos! ¡Cómo no se me ocurrió
antes!
Mulder vio cómo Dina se levantaba de la
silla.
- ¿Qué?
Dina tomó su abrigo y su bolso,
deteniéndose sólo el tiempo suficiente para decir
- Si es posible que el sistema de
vigilancia sea intervenido entonces Jonh Gallaguer, el dueño de la empresa
que instaló el sistema de vigilancia, debe saber dónde buscar. Dile a
Damon y a Teddy que estaré con Gallaguer. Veré que revisen el sistema.
Y sin esperar respuesta, salió.
Mulder asintió y miró las pantallas
donde las imágenes de la casa de los Pariss se sucedían. Eduard entró en
el cuarto buscando a su esposa.
- Mulder. ¿Dina no está aquí?
- Me pidió que les dijera que iría a la
empresa que instaló el sistema de vigilancia para hacer que el dueño lo
revisara. No encontró a nadie extraño en las filmaciones y cree que
quizás lo han intervenido.
Eduard se sentó en la silla que hasta
hacía unos minutos había ocupado Dina y contempló las pantallas junto con
Mulder. En ese momento un hombre de cabellos castaños y ojos negros estaba
en primer plano arreglando la cámara.
- ¿Quién es él?
Eduard miró el individuo por encima de su
taza y frunció el ceño.
- John Gallaguer. Es el dueño de la
empresa que instaló el sistema de vigilancia. Hace unos meses atrás hubo
una subida de tensión que dañó las cámaras y hubo que reemplazar dos de
ellas.
- ¿Y es común que él haga el
mantenimiento del equipo?
- No lo sé – durante un momento vieron
como el hombre iba de una cámara a la otra – Es extraño, considerando
que una vez me dijo que él jamás hacía ese trabajo.
La idea comenzó a germinar en la mente de
ambos hombres al mismo tiempo.
- ¿Qué saben acerca de Gallaguer?
Eduard comenzó a sentir que un nudo se le
formaba en el estómago. Levantándose se dirigió seguido de Mulder a la
puerta.
- Damon hizo los arreglos para instalar el
sistema. Fue parte del trato para que Dina volviera al trabajo después de
que encontráramos a Anne.
En el pasillo se cruzaron con Damon OBrian
y Luke Garret saliendo de la cafetería. Eduard le tomó el brazo con tanta
fuerza que casi le hace volcar el refresco que tenía en la mano.
- ¿Quién aprobó que la empresa de
Gallaguer instalara el sistema de vigilancia en la casa de Idie?
Damon, tomado por sorpresa, se detuvo a
pensar.
- Bueno, ha instalado los sistemas de
seguridad para nosotros desde hace casi dos años. Ganó una licitación un
par de meses antes de que apareciera Casanova. ¿Por qué?
Los ojos de Mulder brillaban con esa luz
que Scully había empezado a identificar. Era cuando comenzaba a desanudar
la madeja para hallar el camino a la solución.
- Dina piensa que tal vez podrían haber
intervenido el sistema y Gallaguer aparece en las filmaciones de la casa
arreglando cámaras.
Louie se dirigió hasta ellos saliendo de
su oficina.
- Eduard, acerca de la información que me
pidieron desde el hospital. Adam John Fletcher, nacido hace 31 años en
Nueva York, hijo de Simon y Alice Fletcher. Su padre se dedicaba a la
exportación de alimentos y carne mientras su madre hacía beneficencias.
Era voluntaria en varios centros de la ciudad. Cursó Ingeniería
Electrónica en la universidad de California y se graduó con altas
calificaciones pero sin honores. El que Dina lo hubiera descubierto haciendo
trampas en el concurso de barricadas evitó que se los dieran. Se mudó a
Boston tres años después de graduarse y a partir de allí se pierde el
rastro.
Los cinco hombres se sentaron en torno a
la mesa de reuniones y Louie hizo aparecer una vieja foto del anuario de
secundaria de Fletcher. Eduard comenzó a sentir que se le helaban las manos
y la adrenalina comenzaba a fluir por su sistema. La foto no decía mucho,
era vieja y presentaba a un desgarbado adolescente.
- Busca si por casualidad él y
Ciccionetti tomaron clases juntos o participaron de los mismo grupos.
- Ya lo hice. Según los registros de la
universidad cursaron juntos una materia en primer año. No existe ningún
registro de pertenencia a clubes o agrupaciones universitarias por parte de
ninguno de los dos.
Muder casi no podía estar sentado.
- ¿Quién era la madre de Fletcher?
Louie tecleó en su máquina buscando la
información. Cuando la pantalla se llenó con los datos cinco pares de ojos
se miraron entre ellos asombrados. La voz de Eduard era apenas un ronco
susurro.
- Dina fue a verlo para pedirle que
revisara el sistema de vigilancia de casa.
Los cuatro hombres se levantaron como si
fueran uno y se dirigieron a la salida a la carrera.
Louie quedó solo contemplando la
pantalla. La sala quedó silenciosa, iluminada por la gran pantalla de
televisión en donde una mujer bonita sonreía. A un lado de la foto los
datos de la madre de Adam Fletcher brillaban como burlándose de ellos por
haber estado allí todo el tiempo sin que los vieran.
Alice Fletcher, hija única, heredó de su
madre la fortuna que ésta había heredado del dueño de los puertos de
Nueva York a fines del siglo diecinueve. Nombre de soltera: Alice Gallaguer
Quinly. Nombre de su abuelo, Adam Quinly.
Atlanta
Gallaguer Security
6.01 hs.
Damon había esperado antes de ordenar que
toda la caballería se lanzara tras Gallaguer. No quería que Gallaguer
huyera al escuchar el ruido de las sirenas.
Damon, Luke, Eduard y Mulder estaban dando
vuelta el despacho de John Gallaguer. No había rastros de él ni de Dina
cuando llegaron, excepto el auto de la agente estacionado en el área de
estacionamiento. Los empleados que iban llegando eran interrogados y cada
rincón del lugar estaba siendo revisado. En los últimos diez minutos
habían hecho de aquel lugar un auténtico caos.
La sensación de ineptitud que los
embargaba sólo se veía apocada por la de miedo. Gallaguer tenía a Scully
y ahora tenía a Dina y ellos no sólo no habían sido capaces de
encontrarlo a tiempo sino que, además, le habían facilitado las cosas al
permitirle entrar en la casa del objeto de su obsesión.
- ¡Diablos! ¡No puedo creer que esto
haya ocurrido otra vez!
Eduard estaba francamente desesperado. Era
interesante ver cómo los roles se habían invertido en una hora. Ahora era
Mulder quien tenía que contenerlo. Tuvo que tomarlo fuertemente del brazo
para que no le descerrajara un tiro al guardia de seguridad que no les
quería dejar entrar. Ese infeliz no tenía idea de lo cerca que estuvo de,
por lo menos, quedarse sin una de sus rodillas.
De repente, la figura de John Gallaguer se
recostó en el dintel de la puerta. Por un instante ninguno de los que
estaban en el cuarto lo vieron. Sólo por un instante.
- Buenos días agentes. Me imagino que a
estas horas ya deben haberse dado cuenta que de nada les vale destrozar mi
oficina, eso no les devolverá a la agente Scully. Y mucho menos a Dina.
Mulder no se percató de quien era, pero
le bastó ver la cara de Eduard para saber que estaba ante Casanova. Eduard
acortó la distancia que lo separaba de la puerta y tomando a Gallaguer por
el pullover negro que llevaba puesto lo lanzó al centro de la habitación.
La fría amenaza de los ojos color ámbar al acercarse otra vez al hombre
que estaba en el suelo hizo que los otros tres reaccionaran. Damon y Luke
sostuvieron a Eduard. Mulder miró al hombre que se había llevado a Scully
y luchó por controlarse. Ya era bastante con tener que contener a Eduard.
Si ese tipo había ido a la boca del lobo entonces él debía averiguar por
qué.
- ¿ Dónde están?
Gallaguer lo miró desde el piso y con
calma se arregló el pullover. Cuando habló lo hizo como si estuviera en
una amistosa partida de póker y no en un cuarto lleno de hombres dispuestos
a lincharlo.
- Agente Mulder. Me alegra que hayas
venido a unirte al juego. Indudablemente tu presencia ha hecho que sea
más... dinámico, por así decirlo. Necesitábamos alguien que inyectara
ideas nuevas. Estos tres tipos no son muy eficaces y el juego se vuelve
aburrido.
Los tres tipos a quienes se referían aún
estaban entrelazados. Eduard sabía que no debía matarlo, pero pensó que
tal vez al juez no le molestaría que lo lastimara. Se soltó de los otros
dos hombres justo cuando Casanova volvía a hablar.
- Sabía que finalmente lo deduciría.
Supongo que fueron los libros lo que los llevó a mí. Me alegra que hayan
podido deducir mi acertijo, pero no fueron lo suficientemente rápidos.
Señores, están en jaque y yo tengo sus piezas más preciadas.
Una vez más Mulder repitió la pregunta.
- ¿Dónde están?
La risa de Gallaguer inundó el cuarto,
crispándoles los nervios.
- Tu compañera está bien. Es muy poco
dada a cooperar, pero en líneas generales podemos decir que está viva...
aún. Pero no es para mantener esta charla insustancial que he venido. He
venido a proponerles un trato.
Eduard se adelantó hasta donde estaba
Casanova y antes de que nadie pudiera evitarlo desenfundó su arma y le
disparó en el hombro derecho. Gallaguer aulló de dolor mientras se
presionaba el hombro lastimado, pero Edurad se inclinó sobre él y sostuvo
firmemente su arma sobre el tobillo izquierdo. Su voz cortaba el aire, mil
veces más peligrosa por su calma. Tan calma que a los tres hombres que
contemplaban la escena se les erizó la piel.
- Mi esposa me explicó que el cuerpo
humano puede resistir entre quince y veinte impactos de bala antes de que
entre en colapso por el dolor y el plomo, siempre y cuando uno no dispare a
zonas vitales. Comenzaré por los pies, seguiré por las rodillas, luego
quizás pase por las manos, las muñecas y los codos. Me aseguraré que no
mueras. Así es que piensa con detenimiento en lo que vas a decirme porque
por cada respuesta incorrecta recibirás una bala. ¿Dónde están?
- Te enviarán a prisión por esto. No
puedes dispararme.
Eduard le apoyó el cañón del arma en el
tobillo derecho.
- ¿Dónde están?
Damon se adelantó para detenerlo pero
Mulder se interpuso en su camino.
- Déjalo.
Damon y Luke se dieron cuenta que debían
hacer algo para detener lo que estaba ocurriendo. Evidentemente Mulder no
sólo no les dejaría que evitaran lo que estaba sucediendo. Quizás hasta
ayudaría a Eduard con un par de disparos.
- Eduard, no hagas esto. No arruines tu
carrera por este bastardo. Baja el arma.
Eduard no lo miró, estaba concentrado en
Casanova quien comenzó a darse cuenta de que ese hombre estaba dispuesto a
torturarlo.
- No arruinará mi carrera el dispararle a
los tobillos a un criminal que huye resistiéndose al arresto. Tampoco si
las balas se alojan en sus rodillas. En cuanto a las manos, puedo decir que
estaba armado. Mulder me apoyaría en mi versión.
Mulder sonrió.
- Dos armas. Cuando ya no pudo correr
empezó a dispararnos y no tuvimos más alternativas que responder al fuego.
Gallaguer miró a Eduard.
- Tengo un trato que ofrecerte y si eres
lo suficientemente inteligente lo aceptarás antes de que la agente Scully y
tu esposa mueran. Sólo yo sé dónde están, pero si no se apresuran lo
único que les quedará será su helado recuerdo.
Mulder apoyó una mano en el hombro de
Eduard para evitar que le disparar de nuevo.
- ¿Cuál es el trato? ¿Quieres a Leila
Fulken de vuelta?
Gallaguer le sonrió divertido.
- No, lo que quiero es el perdón del
gobernador.
Un silencio sobrecogedor cayó en el
cuarto mientras los que allí estaban se daban cuenta de lo que ese maldito
estaba pidiendo.
Damon no podía creer que la única forma
de recuperar a Dina y Scully fuera otorgándole a ese animal un perdón con
el que saldría impune. Luke dio un paso hacia Mulder y Eduard.
- Yo opino que Eduard debería mandarlo a
que trate de conseguir el perdón de Dios.
Casanova no le prestó atención. Sus ojos
no se apartaban de los de Eduard.
- El gobernador es tu amigo. Llámalo.
Dile que me dé un perdón por todos los cargos que se me imputan y yo te
llevaré hasta donde está Dina. Pero te recomiendo que te apresures.
Calculo que sólo tienes 3 horas como máximo y hasta que no tenga el
perdón en mis manos no los llevaré adonde están.
Lentamente, Eduard se puso de pie y miró
a Mulder. Todos sabían que lo que estaba por suceder era un suicidio
profesional, pero también sabían que la opción era perder a las mujeres
que amaban y eso sería el peor de los infiernos. Edurad tomó su celular y
marcó el número del gobernador. No necesitaba el permiso de Damon para
hacer eso.
Veinte minutos después Artur Langton
entraba seguido de su secretario privado. Nadie más había podido entrar en
el cuarto desde que Casanova atravesó la puerta y Garret despachó a todos
los empleados después del disparo. La empresa estaba silenciosa y vacía.
El gobernador vio al hombre con el que en
más de una oportunidad había compartido noches de cenas y reuniones
sentado en un sillón sosteniéndose el hombro derecho. Damon OBrian estaba
sentado en el escritorio, Luke Garret junto a la puerta, un hombre que no
conocía parado cerca de Gallaguer y Eduard sentado justo frente al sillón,
con su arma apuntado directamente al hombre herido. Ambos hombres se miraban
fijamente en lo que parecía ser un duelo privado que no presagiaba nada
bueno. Gallaguer lo miró tranquilo cuando entró.
- Buenos días Artur.
El gobernador trataba de entender lo que
Eduard le había explicado por teléfono.
- Eduard, qué está ocurriendo. Qué es
eso de que Gallaguer es Casanova.
Eduard no se movió ni apartó la mirada
de Casanova para responder.
- Jonh Gallaguer es Casanova. Ayer en la
mañana secuestró a la agente especial Dana Scully del FBI en el sótano
del edificio en donde están nuestras oficinas y hace unas horas se llevó a
Idie. Quiere hacer un trato contigo por la vida de ellas.
Casanova le sonrió con tranquilidad. El
gobernador no podía creer que nunca se hubiera dado cuenta de que era un
monstruo. El secretario miró a su jefe y viendo que no decía nada miró a
Gallaguer con el ceño fruncido.
- El gobernador no hará ningún trato con
usted, señor Gallaguer. Todos saben que la política oficial es no acceder
a los requerimientos de secuestradores.
Gallaguer lo miró con desprecio, como
considerando que casi no valía la pena responder a esa afirmación. Casi.
- Oh, pero este es un caso especial. El
gobernador hará el trato que yo le ofrezco, ¿verdad Artur? Tú y yo
sabemos que no vas a negarte.
Artur Langton se estremeció. Jonh
Gallaguer sabía que estaba enamorado de Dina, se lo había dicho una noche
en que se pasaron de tragos. Indudablemente estaba utilizando eso para
forzarlo a hacer ese trato. Él sabía que no podría negarse.
- ¿Qué quieres?
- Tu perdón. Firmado y sellado. Una vez
que mi abogado lo tenga, los llevaré a donde están Dina y la agente
Scully. Pero te digo a ti lo que les dije a ellos. El tiempo se les acabará
en unas dos horas más o menos.
El gobernador miró a su amigo, recordó
todas las veces que había pensado lo afortunado que era Eduard por tener a
Dina, recordó cuánto había deseado estar en su lugar. Y se dio cuenta que
no podría vivir sabiendo que él pudo salvarle la vida a la mujer que una
vez le salvó la suya en una sala de emergencias y no lo hizo.