-No Scully, no lo entiendes, el de anoche
no era yo. Yo nunca te diría eso, Diana no me importa, ni podría importarme
nunca, mi corazón solo esta ocupado por una sola persona... y esa eres tu.
Mientras Mulder decía estas palabras, que
le habían estado rondando por la cabeza toda la tarde, a su compañera se le
escurrió la pecera de las manos. Todo el agua les cayo por encima dejándolos
empapados. Uno de los peces que Scully había comprado para disculparse, se
coló entre el ramo de rosas que Mulder había comprado con la misma intención.
Mulder al ver al otro de los peces que
Scully había traído a mas de tres metros de ellos reaccionó por fin. Se
levanto y fue a recogerlo diciéndole a ella:
- Rápido, Scully. Tenemos que salvarlos,
no puedo permitir que mueran más seres vivos este fin de semana.
Al oír sus palabras Scully se puso en pie
y comenzó a buscar la llave. No aparecía por ningún lado. La verdad es que no
estaba buscando con mucho cuidado, estaba hipnotizada por la última frase de
Mulder, cuyo final no había llegado a oír con claridad por que había
coincidido con el momento en todo el agua salía despedida de la pecera y ésta
rebotaba contra el suelo. Siempre tenia que ser tan oportuna. Cuando por fin
encontró la llave se dio la vuelta para mirar a Mulder, estaba allí con el
ramo de rosas en una mano y el pececillo en la otra y el mismo gesto que muchas
otras veces le había hecho no poder negarle nada.
En el instante que Scully abrió la puerta
Mulder entro corriendo en dirección a la cocina.
- Coge la pecera y ven deprisa Scully.
¡Rápido!.. ¿Cuántos peces habías comprado?. ¿Sólo uno...?
- No, compré dos. - dijo ella tras cerrar
la puerta y seguir sus pasos.
Mulder había dejado el ramo sobre la mesa
de la cocina y estaba salpicando agua sobre el pobre animal que había
conseguido rescatar. Comenzaba a pensar que había muerto y que no había ya
solución posible. Scully lo observó detenidamente.
- Mulder déjalo. Esta muerto. Lo siento.
Mulder apagó el grifo y tiró el pobre
animalillo que no había tenido oportunidad de ser su mascota a la basura. Se
secó las manos en los pantalones vaqueros y miró a Scully.
- Parece que tu relación con los peces
tropicales no es muy buena... Lo curioso es que no me haya dado cuenta hasta
ahora.
- Mulder... - Scully estaba avergonzada -
no sé que decir. Lo siento mucho, de verdad. Mañana mismo te compro otros. La
pecera no se ha roto, así que puedes utilizarla.
- ...como si la pecera fuera importante.
Mulder salió de la habitación bastante
enfadado y se sentó en el sofá. Este problema con los peces le había
recordado la sesión de espiritismo de la noche anterior. No tenía muy claro
por qué Scully se había comportado de esa manera tan sumamente extraña. No
era normal que su compañera, siempre tan reflexiva le hubiera dado un beso,
como tampoco era normal que se hubiera enfadado tanto por su confesión sobre el
amor, o eso creía entonces, que le profesaba a Diana. Pero lo peor de todo, lo
más inexplicable había sido lo de los peces, eso si que era muy fuera de lo
normal. Nunca había visto antes a Scully actuar de esa manera, no parecía
posible que pudiera guardar en su interior esa cantidad de rabia y agresividad.
Estaba tan sumido en sus pensamientos que
no se dio cuenta de que Scully había entrado en la habitación y se había
sentado a su lado. Pero en estos momentos necesitaba pensar las cosas con más
calma, la presencia de su compañera le impedía concentrarse, especialmente
después de lo que había pasado este fin de semana.
Scully estaba inquieta, quería hablar con
él pero no sabia que decirle, sobre todo después de lo que había pasado con
los nuevos pececillos. Le recordaba a la noche anterior y a lo que había hecho.
No había llegado a entender lo que Mulder le estaba diciendo pero le había
parecido oír algo que quería escuchar. Después de unos minutos se decidió...
si lo había dicho hace media hora... ¿por qué no lo iba a decir otra vez?
- Mulder... antes en el pasillo....
esto... cuando se me ha caído la pecera... ¿qué me decías?
- Nada, nada importante. Lo siento pero me
tengo que ir, tengo un asunto que resolver. Mañana te llamo.
Dicho esto se levantó y antes de que
Scully se diera cuenta se había ido ya, sin ni siquiera dejarla decir nada, ni
adios.
Mulder condujo todo el camino de vuelta a
casa sin pensar en nada, solamente atento a los semáforos y las señales de
trafico. Cuando llegó se dejó caer en el sofá sin llegar a encender la luz.
Curiosamente en su apartamento se sentía a salvo, incluso después de la
dichosa sesión de espiritismo.
Apartamento de Mulder , Lunes 7:26 AM
Cuando se levantó ya había puesto en
claro todas sus ideas. había pasado todo el domingo dándole vueltas a los
hechos ocurridos los dos días anteriores mientras tiraba aproximadamente un
millón de veces a canasta.
Lo que no había podido hacer fue llamar a
Scully. No sabía muy bien que decir y prefería no liar más las cosas. Ya la
vería en la oficina. Lo más importante es que tenían que ir los dos juntos a
ver a su amigo Nathan, por que estaba muy preocupado por Scully... bueno,
también seguía preocupado por él mismo.
___________________________________________________
Cuando Mulder llegó a su oficina en el
sótano Scully ya estaba allí. Debía ser la tercera vez que pasaba esto desde
que trabajaban juntos.
- Mulder, buenos días. ¿Por qué no me
llamaste ayer?, ¿quedamos en eso, no?
- Estuve muy ocupado, lo siento.
- Supongo que no habrás trabajado en el
informe, se lo tenemos que presentar a Skinner dentro de... - miro su reloj
digital de pulsera - veintitrés minutos.
Mulder se llevo una mano a la frente, se
le había olvidado completamente.
- Scully... lo siento. Tenía asuntos muy
importantes que resolver ayer, más aun, ahora vuelvo.
- Espera Mulder - dijo ella sacando de su
bolso una carpeta - mira lo que estuve haciendo ayer mientras esperaba a que me
llamaras por teléfono para decirme que venías a ayudarme para hacerlo... Mi
hermano esta muy enfadado, habíamos quedado para este fin de semana y le dije
que no podía por razones de trabajo.
- Vale Scully, ahora me lo cuentas. Vuelvo
en un momento.
Mulder salió de la oficina para llamar
por teléfono a Nathan, había estado intentado ponerse en contacto con el todo
el día anterior pero había sido imposible. Por fin le cogieron el teléfono,
- Consultorio de Nathan Green, ¿en que
puedo ayudarle?
- Buenos días, me gustaría hablar con
Nathan.
- ¿De parte de quién?
- Mulder
- Un momento por favor.
- Mulder, ¿que te cuentas de nuevo?
- Nathan necesito ir a verte otra vez...
con mi compañera. Le he estado dando muchas vueltas y creo que deberías darnos
tu opinión profesional.
- Mmmmm... ¿pero ha pasado algo más?
- Es que... no se si contarte lo que paso
ahora... es que por teléfono...
Mulder le contó todo lo que había
pasado. El sábado no había querido contárselo porque no eran el tipo de cosas
que se cuentan fácilmente, pero ahora estaba sinceramente preocupado. Le contó
incluso lo de los peces. Igual que él había sido poseído por un espíritu...
no era descabellado pensar que Scully hubiera sido poseída también por uno,
podría ser el mismo o uno distinto. Si había sido así eso explicaría muchas
cosas, podría explicar la actitud de Scully.
Lo que no le contó a Nathan fue lo que
eso implicaba en su relación con Scully. Su teoría se podía aplicar
igualmente a la masacre de sus peces y al beso que ella le había dado, ambas
cosas eran igualmente extrañas. Después de llegar a esta conclusión se
alegró de que Scully no llegará a oír lo que le había dicho en el pasillo.
Se había lanzado sin más, sin reflexionar suficiente, dejándose llevar por la
impresión que le había causado la sesión de ouija y el conocimiento de que lo
más seguro es que hubiera estado poseído.
Consultorio de Nathan Green,
16:23 PM
Scully no esperaba el aspecto de las
oficinas del amigo médium de Mulder. No era sorprendente que Mulder tuviera
amigos metidos en ese tipo de asuntos, pero este parecía más serio que el
resto de los que había conocido. En general se podían catalogar como
paranoicos sin remedio, excluyendo a los miembros del Tirador Solitario, a los
que, con el paso de los años, había tomado mucho cariño y que les habían
prestado su ayuda en innumerables ocasiones.
Nathan, no sabia el apellido, pues Mulder
no lo había mencionado, tenía aspecto de ser una persona competente, a pesar
de dedicarse al espiritismo. Scully esperaba que en su consultorio, si es que se
podía llamar así, hubiera un ambiente... mas paranormal. Parecía mas bien una
oficina inmobiliaria, no había ni velas, ni calaveras ni pesadas cortinas
negras. Estaba quizá excesivamente iluminado.
En ese momento el médium estaba con otra
persona, les dijo la recepcionista, así que se sentaron a esperar en dos
sillas, muy poco cómodas, que había en la habitación delantera.
Ninguno de ellos hablaba, así que Scully
para romper el profundo silencio que parecía haberse creado desde su
conversación la tarde anterior comenzó titubeante:
- Mulder... en realidad no sé que hacemos
aquí. Tu has hablado con él ya y no creo que ahora nos vaya a contar algo
diferente....
Mulder seguía pensativo y no reaccionaba.
Scully empezaba a impacientarse.
- Mulder, ¿me estas escuchando?
- Hummmmm.... ¿qué? - dijo levantando la
vista del punto que llevaba tres minutos mirando fijamente sin darse cuenta -
Perdona, ¿qué me habías dicho?
- Te decía... - no pudo evitar un
inconsciente gesto de desaprobación - que no comprendo cual es el objetivo de
esta visita. Si tu has hablado con él no creo que vaya a contarnos nada nuevo.
- No, Scully. Creo que tu puedes darle
detalles diferentes de los que yo le relaté. Cada uno vive este tipo de
experiencias de una manera distinta y, por lo que me dijo, yo podría tener
algún tipo de problema. Me preocupa este tema y quiero reunir el mayor número
de datos posible.
En ese momento se abrió la puerta del
despacho del médium. Oyeron a Nathan invitarles a pasar.
Mulder hizo las presentaciones y sin más,
Nathan comenzó a interrogar a Scully, pues ya tenía clara la versión de
Mulder. Ella se sintió un poco incómoda, aquellas declaraciones le resultaban
demasiado personales para compartirlas con un extraño y menos en esas
condiciones. Una vez más el trabajo se imponía a su vida privada.
Mulder escuchaba atento intentando llegar
a alguna conclusión coherente, pero había demasiadas cosas que se les
escapaban de las manos. Observaba con curiosidad como Nathan tomaba notas y
asentía continuamente con aire de profesionalidad innata.
- Entonces, Señorita Scully, todo lo que
me ha contado es exactamente lo que recuerda,¿no es así?
- Efectivamente. -Dijo ella a la
defensiva. -¿Hay algo que esperaba descubrir de mi... perspectiva?
Nathan sonrió -Es tal y como me la
describiste, Mulder.- Éste le devolvió la sonrisa temiendo por las
consecuencias que aquel comentario le traería. Scully le miró de reojo y
apretó sutilmente los labios.
-Bueno,¿Qué opinas Nathan?
-No creo que ella estuviera poseída.
Mulder se llenó de gozó al oír esas
palabras. ¡Entonces era cierto todo lo que le había dicho!
-¿Y él sí?- Preguntó ella con su
habitual escepticismo.
-Eso es más difícil de determinar. Tiene
toda la pinta, la verdad...
-Pues no sé cómo me describiría mi
compañero ¡pero yo no suelo ir por ahí matando pececillos! Me cuesta creer
que fuera una posesión, pero espero encontrar una explicación razonable a todo
esto.
-¿Quiere excusarse por su actitud?
-No, ni mucho menos, no es eso lo que
busco.
-Pues su comportamiento señorita, me da
la impresión de que podría explicárselo hasta un niño de ocho años.
-¡¿Qué está insinuando?! Preguntó
ella indignada
Nathan torció el rostro molesto-No estoy
insinuando nada. Oye Mulder ¿Le puedes decir a tu amiguita que me deje hacer mi
trabajo? Sería posible que saliera un momento para terminar entre tú y yo. No
creo que vaya a ayudarnos.
Mulder la miró sin saber que decir.
-No hace falta que digas nada, Mulder. Te
espero fuera.- Dijo cerrando la puerta airada.
Nathan pidió disculpas a Mulder y
continuaron con el tema. Sin perder tiempo.-Entonces...-Quiso saber
Mulder.-¿Qué crees que le pasaba?
-Mujeres... vete tú a saber, celos,
menstruación... Nunca se sabe.
-No, Nathan. Te digo que no es nada normal
en ella.
-Ahora que lo pienso... existen otras
explicaciones que se me escapan de las manos, lo mío es lo extracorpóreo. Pero
hay otras muchas perspectivas que influyen y en situaciones extremas o poco
habituales como es el caso pueden manifestarse de forma exagerada.
- Explícame eso.
- ¿Te acuerdas del amuleto?
- Sí, claro
-Pues es un recurso practico en no suelo
utilizar, pero que si te dije que podía funcionar era por el equilibrio
cósmico y esas cosas...¿Lo recuerdas?
- Aha.
-Todo lo que conocemos, y lo que está
fuera de nuestro alcance se rige siempre por leyes universales de equilibrio.
Hay un equilibrio dentro de nosotros. La armonía espiritual, que está formada
por nuestros impulsos emocionales, intelectuales, positivos, negativos... y que
a su vez se interrelaciona con los demás elementos de el gran sistema armónico
o cosmos.
-¿A dónde quieres llegar?
-Cuando el espíritu de Diana te despojó
de tu cuerpo tu pasaste a ser un ente etéreo, y ahí se cumplió el equilibrio,
pero a su vez se produjo un desequilibrio rotundo en tu relación con tu
compañera. Cosa que ella de manera inconsciente debía de asumir. Y por ello se
entregó en un principio.
-No sé si te comprendo. ¿Que yo no fuera
yo le hizo decir que me quería?
-No exactamente. Existen miles de factores
que determinan la compatibilidad entre dos entes sean de la naturaleza que sean.
Te estoy hablando de algo más profundo que los impulsos puramente humanos. El
Karma.
-El... Karma._ Repitió él intentando
comprenderlo. -Todo esto es muy confuso Nathan. ¿Eso a donde nos lleva?
-El Ouboros que te di... eso ayudará a
estabilizar las cosas, aún puede existir un desequilibrio profundo que haga que
ambos sintáis una especie de... llamémosle alienación, que afecte tanto a
vosotros individualmente, provocando un continuo sentimiento de culpa, actitudes
apáticas ajenas a ambos... como un desequilibrio común entre vuestras auras,
es decir incompatibilidad cósmica.
-Eso suena muy fuerte...
-Pero es lo más lógico en estos casos.
Créeme, no es la primera vez que lo veo.
-Entonces llevando el Ouboros estoy a
salvo. ¿No?
-Eso sólo creara el equilibrio y
devolverá la armonía. No te recomiendo que lo comentes con ella, la sugestión
puede a veces con las energías cósmicas y la intervención de otros amuletos
solo puede empeorar las cosas y fomentar el desequilibrio, haz una cosa, ni le
comentes que lo tienes, así evitaras que lo cuestione, lo reemplace o
contraponga su poder con otro mayor, aunque sea de manera inconsciente...
-¿Podría hacerlo? Quiero decir, mitigar
su poder.
-Con que ella estuviera cerca de otro
Ouboros sería suficiente, por suerte estas cosas son tabú en nuestra sociedad
y será difícil que pueda cruzarse con uno, no creo que doña escéptica se
pasee por tiendas esotéricas... -Dijo sonriendo
-Eso sería más raro que lo de la pecera.
-Dijo Mulder levantándose de la silla y estrechando la mano de Nathan.-Muchas
gracias por todo. Y...Supongo que esto también acabe con el problema de la
posesión...
-Es suficiente con que te deshagas de la
tabla y uses la protección. Que tengas mucha suerte, la necesitarás.
-¿No es suficiente con el Ouboro?
-Me refería a tu compañera... hay que
tener valor para trabajar con ella en ese plan...
-Te sorprendería lo que llego a aprender
de ella. -Dijo sonriendo mientras salía. -Saluda a Sharon de mi parte ¡y
cuídate mucho!
Scully le esperaba en la sala de espera
leyendo una revista de parasicología. Al verle salir del despacho cogió su
bolso que descansaba en el sillón contiguo y se encaminó al pasillo con la
mirada baja y algo resentida.
-Espero que te haya servido de algo,
porque me he sentido como pez fuera del agua.
-Eso me suena... yo espero que eso no
fuera un chiste porque no me ha hecho ninguna gracia.
-No lo era Mulder, lo siento. Ahora nos
acercamos al centro comercial y compro otro par. Espero que esta vez tengan más
suerte...