Disclaimer: Lo
sé, lo sé: Mulder, Scully y todos los demás pertenecen a la terrible y
genial mente de Chris Carter y la 10-30, a la piel de David Duchovny y Gillian
Anderson, a Fox y a todos los Copyright que se les ocurra poner, pero la
imaginación es nuestra, y tenemos que entretenernos en algo para no pensar
todo el tiempo en los spoilers sobre Doggett y la Octava Temporada. Las citas
han sido tomadas prestadas del capítulo "All Things"; después las
devuelvo.
Dedicatoria: A
Alexfiles, mi hermana: por estos meses duros sin Mulder que nos esperan;
A mi querida Missy: por las cartas aladas que tienen el poder de sanar y dar
luz;
A Anuska, por Anton, y porque desde una isla brillante sabe dar abrazos
luminosos;
A mis queridas amigas Scu, Xcullybur y Chili, por los pensamientos y la fe que
está en nosotras mismas;
A Laura Petrie, Dana, Dana KM, DanaK, Grix, Eliana, Aniara, Lizbeth, Nelly,
Elly, Gileight, CSM, CGB, Lian y a todos los que compartimos esos ratos
preciosos en el chat;
Y muy especialmente a todos aquellos autores que escribieron esos maravillosos
post-All Things que han alegrado mis tardes mientras tendría que haber estado
trabajando. Como piezas de un rompecabezas que se complementan, y completan
así la imagen total, todos esos relatos me han ayudado a imaginarme qué
sucedió después. Esta es sólo mi versión de las cosas, una posibilidad
más en un infinito mundo de posibilidades...
Spoilers: ¿Puedo
con mi genio? ¿Puedo evitar a estas alturas escribir de nuevo sobre este
capítulo? Bien, si no lo has sospechado aún, este es un post-All Things.
Tipo: MSR,
claro; RST, y todas esas siglas tan graciosas.
CADA SEGUNDO
"Háblame, amor en el
medio de la noche..."
de "THE SKY IS BROKEN". Moby.
El tiempo pasa en momentos... instantes que,
veloces, definen el camino de una vida así como, sin duda, llevan hacia su
fin. Cuán raramente nos detenemos a examinar ese camino, para ver las razones
de por qué suceden todas las cosas, para considerar ya sea si el camino que
tomamos en nuestra vida es nuestra propia creación o simplemente uno hacia el
que fluimos con los ojos cerrados. Pero ¿qué pasaría si pudiéramos
detenernos, hacer una pausa para aprovechar cada momento preciado antes de que
pase? ¿Podremos luego ver las interminables bifurcaciones del sendero que han
dado forma a una vida? Y, al ver estas opciones, ¿escoger otro camino? DANA SCULLY. "ALL THINGS"
La mañana yace a mis pies apenas ondeando las
cortinas de la ventana, en un mundo de luz que estalla allá afuera en colores
imposibles. Mi casa está despertando en los sonidos del día nuevo, mientras
acomodo las solapas de mi camisa blanca, de mi chaqueta azul, y la ropa que
usé ayer yace sobre la cama sin tocar de mi habitación. Soy yo la que ahora
se observa tan asombradamente. Soy yo en una nueva mañana, cumpliendo los
pequeños rituales que preceden mi camino a la oficina. Como si nada hubiera
cambiado.
El cepillo se desliza con la fragilidad de una caricia por mi cabello y aparta
de mis ojos toda sombra. Es un día nuevo, y lo sé. Es un día al que todos
los caminos me han llevado, para empezar de nuevo, para bien o para mal. Un
paso más en alguna bifurcación inconsciente, pero que sólo me lleva a la
meta final, quizá inexorablemente.
Mulder me dijo ayer que sólo se ausentaba por dos días y mi vida entera
parecía haber cambiado. Sin embargo, dos días es demasiado tiempo; sólo
hacía falta un paso, un suspiro de sonido leve, una forma distinta de rozarse
los dedos... Esta mañana me desperté a su lado, lo oí respirar, sentí su
corazón fuerte bajo mi rostro, arrullando el mío.
Ahora no tengo miedo, después de haberlo dejado solo hace apenas dos horas.
Por un momento, al despertar, me imaginé una rama aterradora de
posibilidades, los cambios inevitables, de miradas confusas, de culpas. Y
finalmente, como una pequeña luz en mi mente, recordé lo que era sentirse
acunada en sus brazos fuertes que pueden sostener mi mundo; recordé su
sonrisa en la penumbra, al acurrucarme contra él para dormir por fin, sus
palabras susurradas en medio de la noche inmensa.
Un día como cualquier otro, con una mañana de sol y el tráfico pesado de
Washington, en una oficina perdida en medio del sótano de un edificio de
luces, un paso pequeño al atravesar una puerta me llevó al camino correcto,
al que después de tantos combates, puedo llamar definitivamente mío. Hoy, en
esta mañana de cálido sol, con un tráfico imperturbable en su dificultad,
en el mismo sótano, en el mismo edificio de luces medidas y guardias de
seguridad, el hombre que señaló mi vida para poder acompañarme en el
camino, debe estar ahora mismo tomando, solitario, su segunda taza de café.
Algún inexplicable defecto genético debe
mantener a todos los conductores de Washington pegados al claxon, en esta
mañana de sol. Y sin embargo el tráfico tumultuoso no hace más que
tranquilizarme, porque a pesar de los aparentes cambios, el mundo allá afuera
parece seguir igual. Los sonidos, los olores, los movimientos, todo continúa
buscando el equilibrio pesado de un día más de oficina.
Cuando éramos pequeñas, Missy solía contarme, en esas noches calladas en
las que no podíamos dormir, sus sueños de felicidad y sus angustias, y yo,
más pequeña y menos atrevida, la escuchaba en el asombro de quien no puede
comprender que alguien desee esas cosas. Toda mi vida he luchado para ser yo
misma: a pesar de ser la más pequeña, de tener a Bill de hermano, a mi
padre, para diferenciarme de la soñadora Missy, para no estar resignada a la
suerte de un esposo que no podía tener un hogar tres años seguidos como mi
madre con mi padre. Para no ser una mujer con complejo de Cenicienta esperando
al príncipe Azul que le solucionara la vida. Para poder curar, para poder
aprender, para poder ser independiente hasta de las emociones si ese era el
precio. Y al encontrar el camino, hace siete años ya, ni siquiera me di
cuenta.
Las manos me tiemblan en esta eternidad de semáforo en rojo, mientras las
personas casi corren para alcanzar la esquina siguiente. Todos con vidas
diferentes, con preocupaciones, con pequeñas alegrías. Yo misma, tan
pequeña en ese inmenso tráfico de miles de personas, tan callada con mis
pensamientos.
El estacionamiento del edificio Hoover es un mundo de trajes de Armani y de
corbatas sobrias, con saludos serios, con rostros inexpresivos. Me pregunto
por primera vez si yo he llegado de alguna manera a parecerme a ellos, a
camuflarme en este lugar concreto e inconmovible, sabiendo, por fin, que si
así fue en alguna oportunidad, ahora será para siempre imposible.
El ascensor que desciende, cuando todos los demás calculan el éxito según
la altura en este edificio, parece un viejo amigo que ha visto más batallas
que un ring de Las Vegas. Todo es conocido, y nuevo a la vez. Hasta la piel me
parece nueva ahora, los olores, las sensaciones. Y es raro quizá después de
ese instante de pánico y de culpa en casa de Mulder esta mañana, pero ya no
tengo miedo.
La luz está encendida en la oficina (como si pudiera ser de otro modo).
Skinner y el agente Perkins, de la sección de Crímenes Violentos, levantan
la mirada al verme entrar, ambos de pie frente a Mulder, que observa una serie
de fotografías desparramadas sobre su escritorio.
-Buenos días- mi saludo es una cortesía inconsciente, salida de alguna parte
de mi ser que aún puede responder a las formalidades. Asombroso.
-Agente Scully- dice Skinner, que parece vivir en este edificio, aún más que
Mulder-. Hay un nuevo caso en las proximidades de Black Hills, Dakota del Sur,
que quizá les interese. El agente Perkins ha detectado que en los últimos
cuatro meses, una serie de asesinatos de jóvenes mujeres...
Los preámbulos se pierden en mis oídos mientras la mirada de Mulder se
levanta hasta la mía. Tiene el cabello arremolinado, como si se hubiera
pasado las manos por él mientras pensaba, la camisa impecable, los lentes de
aro dorado resbalando por la nariz. Y nunca, jamás, lo había visto tan
guapo.
-Hola, Scully.
-Hola, Mulder.
Camino hasta el escritorio, sabiendo que él me está mirando, escuchando el
murmullo de fondo de la voz de Skinner y las acotaciones graves de Perkins
como si estuvieran a miles de kilómetros de distancia. Me pregunto qué
pensará Mulder en estos momentos, si está tan confuso y expectante como yo.
Los próximos minutos marcarán, en esta relación que ha cambiado, hasta
dónde hemos llegado y hacia dónde avanzar a partir de ahora.
-Pueden tomar el vuelo de las 6 PM, cuando arreglen todos los detalles
pertinentes- dice Skinner por fin, retrocediendo con Perkins como si fuera su
sombra-. Allí se pondrán en contacto con el oficial Dobbins, que está al
tanto de los avances de esta investigación. Agente Scully, ¿se encuentra
bien?
Lo miro a los ojos, mientras su ceño preocupado me despierta. No me parece
raro que él sepa que algo ha cambiado; lo raro es que nadie más parece
haberse dado cuenta. Mulder tampoco ha hablado en todo este tiempo, escuchando
con una atención pausada los detalles de este nuevo caso, en mangas de camisa
y un silencio poco habitual en él.
-Nunca me he sentido mejor, señor.
Él asiente gravemente y se marcha dejando en silencio la oficina. El ruido
casi secreto del ascensor al ponerse en marcha, los murmullos de las otras
oficinas diminutas de este lado maldito del FBI parecen agigantarse en el
silencio.
-¿Quieres café?- dice Mulder, y se levanta para servirme una taza caliente y
aromática de un termo azul y plateado sobre el escritorio adjunto-. Lo hice
yo.
Casi no puedo hablar. Mis ojos no abandonan sus ojos verdes e intensos, las
cejas que mis dedos peinaron lentamente por la noche. Deja en mi mano la taza
de plástico apenas cargada por el líquido negro y humeante, y su mano
cálida por el contacto enlaza la mía, la acaricia, la recuerda. Un dedo
recorre mi palma, y mi mano se cierra sobre él, atrapándolo. Sin discursos
floridos, sin rosas llenas de rocío, sin luz de luna, nunca, nunca jamás,
una declaración de amor fue más perfecta y más hermosa. En esta oficina en
silencio, entre dos seres heridos y anhelantes en una búsqueda que sólo
ahora comienza realmente, nunca había habido como ahora, tanta verdad entre
nosotros.
-¿Estás bien, Scully?- susurra él casi sin voz, mientras los diminutos
chispazos de sus ojos parecen atrapar toda la luz de la habitación.
-Nunca he estado mejor- respondo entonces, sabiendo que es la más absoluta
verdad.
HEATHCLIFF HOTEL, BLACK HILLS,
DAKOTA DEL SUR. 22.01 PM.
El vuelo agotador, las trabas que el oficial
Dobbins ha puesto al caso pretendiendo haberlo resuelto ya, dos autopsias
complicadas por un papeleo inútil y una tercera casi sin solución, no han
hecho más que cargar sobre mis hombros el peso del sueño y la fatiga.
Mulder, para no desmerecer su fama infalible, ha tratado de convencerme de los
asesinatos por telekinesis y rituales satánicos, aunque por momentos me
pareció que tampoco él tenía muchas ganas de estar aquí.
La noche es asombrosa en esta parte del país. Las Black Hills, mudas y
perfectas, se alzan desde sus bosques siempre verdes con una fuerza
sorprendente, hincando como lanzas sus cimas puntiagudas en las estrellas
parpadeantes. El cielo es tan azul, tan profundamente azul...
-¿Scully?
Los cinco pasos cuadrados que en este hotel llaman balcón, parecen
empequeñecerse aún más en la sombra de su voz. Él se acerca en silencio y
se detiene a mi lado.
-El agente Dobbins se ha empeñado en estar presente en la autopsia de
mañana- dice, con voz baja y grave-. He hecho una apuesta conmigo mismo para
ver si aguanta más de los siete minutos que soporté yo en mi primera
autopsia.
-¿Siete minutos? Pensé que habían sido cinco.
-Yo soy el de la memoria fotográfica, ¿recuerdas?
Me sonrío en este silencio fresco, mientras la brisa de la noche, cargada de
olor a pino y montaña, hace tiritar a las estrellas en el cielo negro de tan
azul. Él suspira a mi lado, también mirando la noche.
-Una vez, cuando tenía diecisiete o dieciocho años, soñé algo que me hizo
asustar un poco, ¿sabes?- musita casi como el leve silbido del viento, y lo
miro, plateado a la luz de las estrellas-. Estaba acostado en mi cama, el día
antes de ingresar a la Universidad, sabiendo que era la última vez que
dormía en esa casa, en esa cama, mirando la ventana abierta de mi
habitación, y pensando en Sam. Toda la casa estaba en silencio, y la noche
era tan oscura y quieta como ahora, y en ese estado de duermevela, donde no
estás dormido ni del todo despierto, de pronto sentí que una sombra avanzaba
hacia mí, desde uno de los rincones más oscuros. Me quedé quieto, casi
temiendo hasta respirar, cuando sentí que esa sombra se acercaba a mi cama,
se sentaba en ella, y podía sentir cómo se estiraban las mantas bajo su
peso, el leve hundimiento del colchón, su respiración a mi espalda. Mi
corazón latía tan fuerte que me sorprende no haber derribado los muros de la
casa, y sólo podía pensar en que ELLOS también habían venido a buscarme a
mí. Nunca había sentido tanto miedo.
-Mulder- digo, casi sin voz, y él apoya su mano cálida en la mía sobre la
barandilla helada del balcón.
-Y entonces, esa sombra se acostó detrás de mí, pasó su brazo sobre mi
pecho y me abrazó. Y en esa oscuridad terrible, me dijo solamente "Soy
yo". Y una calma como nunca había sentido brotó en mí, como si sus
palabras fueran un hechizo. No conocía esa voz, no sabía quién era, pero lo
único que podía sentir era una paz, una felicidad tan intensa que asustaba.
Y me desperté con un estremecimiento, como cuando sueñas que estás
caminando al borde de un precipicio y caes de repente, y estaba acostado en la
misma posición que en mi sueño, de cara a la ventana, y casi podía sentir
su brazo rodeándome.
Aprieta mi mano fría, busca mis ojos en la noche preñada de estrellas y
brisa.
-No había recordado ese sueño hasta anoche. No había pensado jamás en él
sino hasta esta noche, cuando estaba acostado en mi cama y un brazo alrededor
de mí me hizo sentir feliz y protegido. Me desperté como esa vez, solo y
mirando la ventana abierta.
-Mulder...
-Pero ¿sabes una cosa? Esa sensación duró. Está aquí ahora. En las Black
Hills, en la oficina, en un vuelo lleno de turistas, en este balcón diminuto.
Primero el miedo más terrible de mi vida, Scully, y después la paz. No sé
cómo decirte...
-Lo sé.
Su pecho es cálido bajo mi oreja, los latidos de su corazón fuertes y
seguros. Sus brazos me rodean hundiéndome en el calor, callando mis temores.
Primero el miedo más grande de tu vida, y después la paz... y nunca más
estar solo.
Scully duerme en esta noche sin luna, abrigada
sobre mi pecho, callada y leve como mis pensamientos. Cómo me gustaría
guardar estos momentos en poros diminutos sobre la piel para poder llevarlos
siempre conmigo. Cómo me gustaría poder estar así para siempre, sintiendo
su brazo alrededor del mío y oírla susurrar cuando tengo miedo "Soy
yo".
Cada segundo es un destino nuevo, una nueva bocanada de aire, un nuevo latir
de corazón. Cada segundo es una vida.
Cada segundo es ahora, para mí, simplemente Scully.
FIN
NOTA: Y es simplemente eso, creo yo. El amor es
la poesía de los hombres que no hacen versos.