Año 2007

Disclaimer:  los personajes que aparecen en este relato son propiedad de Chris Carter y de la cadena Fox (que más quisiera que fuesen míos)

Nota de la autora: Para cualquier sugerencia o comentario, ya sea bueno o malo, por favor escribidme. Espero que os guste, aunque si no os gustó, gracias de todas formas por leerlo. Xiniestra

Dedicatoria: A todos los que hacen esta página tan genial que nos permite sentirnos un poco más seguidores de Expediente X. A toda la gente que escribe en el foro por sus comentarios geniales que tanto me divierten. A todos los asiduos que allí escriben sus pensamientos sobre la serie. Sois los mejores porque con vosotros nunca me siento sola en la locura paranormal. Xiniestra

Spoilers: siete años después de Réquiem

Tipo: XF (investigación de un Expediente-X)


AÑO 2007

 

Año 2007

Hace siete años que los colonizadores abandonaron la Tierra. Por las luchas internas y por los problemas con los rebeldes, aplazaron sus planes de colonización. Krycek vendió los secretos de la conspiración a los colonizadores, y éstos marcharon para poder idear un método más útil e infalible de conquista. Para ello, se llevaron con ellos a varios humanos experimentales entre los que se encontraba Mulder. Nadie supo entonces el por qué de la marcha de los colonizadores, pero todo volvió a la normalidad. Nadie sospechaba que los colonizadores conociesen la existencia de la vacuna. La conspiración se deshizo y los miembros del Sindicato juraron guardar silencio con su propia muerte. 
Ahora, siete años después, han vuelto. Han vuelto para quedarse y, definitivamente, colonizar el planeta. Esta vez no habrá fallos. Conocen la existencia de la vacuna, y ahora poseen un arma más poderosa. Con los problemas con los rebeldes resueltos, los Expedientes X cerrados, sin la conspiración y sin ni ningún intermediario entre ellos y el resto del planeta, la destrucción de la raza humana parece ser inminente.
Pero, no todo está perdido. Existe un niño, experimento genético, que parece ser la solución a todos los problemas de la humanidad. Jugar bien las cartas es la única vía posible para salvar el planeta. Todo depende del destino y de las únicas personas que conocen la Verdad. 

 

Colegio "Saint Christian"
Washintong DC.
11.21 p.m

En una aula llena de objetos y mesas los profesores terminaron de trabajar con el niño. Todas las pruebas realizadas habían dado unos resultados extraordinarios. Aquel niño de unos siete años mostraba inteligencia excepcional para su edad. Los profesores pensaban en un fenómeno extraño pues incluso tenía unas capacidades ajenas a cualquier humano, a pesar de que intuían que el pequeño no había mostrado todo su potencial. 
Una de los profesores se llevó al niño a una mesa y empezó a hacerle preguntas formales a las que respondía con respuestas escuetas. Mientras, la profesora se sentía intimidada por la mirada inquisidora de su entrevistado. Sus azules ojos se habían abierto mucho, y su mirada delataba inteligencia e intuición. 
La profesora hablaba rápido y sin mirarle a los ojos. Recopiló toda la información y la repitió en voz alta:

- Bien, William, eres un chico muy listo para tu edad. Estas en una clase avanzada ¿verdad?- el niño respondió con un breve asentimiento de cabeza en el que se movió sueltamente su castaño flequillo. Le empezaba a aburrir aquello.- Me has dicho que tu madre es doctora y tu padre...
En aquel momento giró la cabeza y se quedó mirando el cristal opaco que había a su derecha. Intentaba ver algo y se quedó un largo rato mirando, mientras la profesora continuaba hablando.

 

Detrás del cristal opaco había una habitación oscura por donde dos hombres observaban la situación. El ambiente era irrespirable, mezcla de humo y falta de ventilación. 
- Es él -sentenció Krycek mientras ojeaba unos papeles- lo tenemos todo preparado.
- Hay que hacerle las pruebas físicas y genéticas -expulsó el humo y cuando éste se disipó volvió a ver la mirada interrogante del pequeño- todos los cabos deben estar atados.
- Está todo controlado -dijo nervioso Krycek. La seguridad del Fumador al hablar le hacía parecer relegado a un segundo plano. Y eso no le gustaba- Yo mismo he supervisado las instalaciones.
El Fumador estampó el cigarrillo en el suelo y miró a los ojos asustados de Krycek.
- No vuelva a fallar. Ya lo estropeó una vez, pero ahora sólo tenemos una oportunidad . -Se giró hacia la puerta y sacó otro cigarrillo- No me fío de ti, Krycek.
Krycek se había quedado mudo, pero tragó saliva y respondió:
- Recuerde que me debe la vida.- subió el tono de voz- yo lo saqué de la muerte.
- Yo no le debo nada. Entérese bien- y salió por la puerta-.

 

Oficinas del FBI. Washington.
Oficina del Director Adjunto Skinner
12.48 p.m

Skinner estaba sentado en la mesa y removía nervioso los papeles. Esperaba que llegara de un momento a otro y todavía no había decidido como decírselo. Había pasado mucho tiempo después de la última vez y no habían sido en momentos felices precisamente. El timbre del interfono le sacó de sus divagaciones:
- Señor Skinner. Ya ha llegado.
- Hágala pasar.
Sin apenas tiempo para pensar se abrió la puerta y entró Scully. 
- Agente Scu... -balbuceó Skinner- perdón, todavía perduran algunas costumbres. ¿Cómo se encuentra Doctora Scully?
- Desde que me fui del FBI no nos veíamos. Esto no ha cambiado mucho -Scully miraba con cierto aire de nostalgia, pero se la veía contenta-.
Skinner la hizo sentarse con una sonrisa fingida. Scully notó que algo pasaba. Se sentó, modificó su gesto y cambió su tono de voz.
- ¿Qué ocurre, Skinner?- fría y secamente cortó los saludos.
- (Skinner dudó unos segundos y dijo:) HAN VUELTO.
Scully sabía lo que eso significaba. Buscó nerviosa entre sus bolsillos el teléfono móvil y, justo antes de marcar, Skinner la interrumpió:
- Se lo han llevado.
Miró a los ojos a su antiguo jefe y se levantó de su asiento. Las emociones fluían por todo su cuerpo. No había tenido una sensación igual desde el momento en que comprendió que nunca más volvería a ver a Mulder. Pero ahora era mucho peor. Ya no estaban ni Mulder ni William. El silencio se prolongaba y solo se oían los pasos acelerados de Scully dando vueltas por el despacho. Al fin Skinner rompió el silencio:
- He mandado a varios hombres al colegio. Dos más de mis agentes están buscando pistas. Quiero que sepa que utilizaré todos los medios del FBI para encontrarlo. Yo mismo dirigiré la operación. -se sentía en cierta manera impotente, pero estaba decidido a encontrarlo. El dolor que debía sentir Scully, le hacía sufrir a él también, pero todas las palabras de ánimo le parecían falsas. No sabía expresar su sentir. Finalmente concluyó- Le encontraremos.
Scully miró fijamente a Skinner tras esa última frase y respondió con tristeza:
- Ya dijo eso una vez. -Scully guardó la rabia que ahora sentía y escondiendo sus emociones y secando alguna rebelde lágrima, concluyó antes de marcharse- Sólo le pediré un favor. Se que ya no pertenezco al FBI, pero déjeme actuar libremente.
- El FBI es suyo -no dudó en decir Skinner.- Le tendré informada de lo que averigüemos.

 

Georgetown.
Apartamento de Scully.
6.32 pm

Scully abrió lentamente la puerta de su apartamento. Estaba oscuro y vacío. Una sensación de frío recorrió todo su cuerpo. Se encontraba cansada y abatida. Había estado toda la tarde recorriendo la ciudad. El colegio, el parque, las pistas deportivas... Nada, ningún indicio. La desolación empezaba a anidar en su ánimo. No sabía si podría resistirlo, pensaba mientras recogía varios juguetes que encontró en el sofá. Aquello le producía mayor desasosiego aún. Estaba sola y perdida. 
El timbre de la puerta interrumpió sus pensamientos. Debían ser los Pistoleros Solitarios. Seguía manteniendo algún contacto con ellos después de la desaparición de Mulder. Ellos seguían explorando desde sus ordenadores alguna pista de que "Ellos" hubiesen vuelto. Scully los había dejado un mensaje en una dirección de correo pactada, nada más enterarse de la noticia. Si alguien podía encontrar un camino que seguir, ese alguien eran ellos. Scully se levantó del sofá recobrando todas las energías y dispuesta a seguir.
Los tres extraños hombres entraron apelotonadamente en el salón portando varios artilugios y grandes cajas repletas de maquinaria. Aún no sabían lo que realmente había ocurrido, pero hablaban todos a la vez sin dejar de actuar:
- ¿Cómo te va, Scully?
- ¿Recibiste nuestro último mensaje?
- Esto no ha cambiado nada...
- Y tu tampoco, te conservas fenomenal- (lógicamente, era Frohikie)
- ¿Podemos dejar esto por aquí?
- ¿Y el pequeño William, donde está?
El silencio de Scully ante esta última frase enmudeció a la habitación. Los Pistoleros Solitarios miraron los ojos entristecidos de Scully y lo comprendieron.
- Se lo han llevado -dijo secamente.
Un breve momento de pausa y la revolución llegó al cuarto. Las cajas se desembalaban rápidamente y en instantes los ordenadores, antenas y demás artilugios quedaron instalados. El salón se había convertido en un cuartel general. Mientras montaban aquel amasijo de última tecnología discutían entre sí:
- No creí que fuesen a venir tan pronto.
- Se han adelantado. La venida parecía inminente pero no que las abducciones se fuesen a producir inmediatamente.
- Quizás ya hubiesen venido antes de que los localizáramos.
- Imposible. Los sistemas no fallarían de esta manera. Quizás pueden equivocarse en unas horas pero no en días...
- Han podido cambiar en su morfología. Hace siete años que se fueron, han tenido tiempo de evolucionar al igual que evolucionan nuestros sistemas. No, la venida tendría que producirse dentro de un mes aproximadamente, los satélites no confirmaba...
- Un momento! -gritó Scully, reclamando la atención de los presentes- ¿Queréis decir que conocías que iban a venir y no me lo comunicasteis? -ahora su tono era de enfado y sorpresa- Sabíamos que si algún día regresaban vendrían a por él. Tendría que haberlo sabido. Nos preparábamos para su protección, no para su desaparición. Ahora, no sabemos...
- Pero no sabíamos que llegarían así. No hay tiempo que perder. Si ya está con ellos, posiblemente nos quede poco tiempo para reaccionar.
Todos se pusieron manos a la obra, buscando algún tipo de actividad paranormal tanto en el espacio conocido como en la Tierra.

 

Georgetown
Apartamento de Scully
12.30 am 

La noche estaba resultando muy larga y se mostraba aún más eterna. Los tres Pistoleros seguían trabajando, repartidos por el salón, con los ordenadores y analizando datos. Todo parecía indicar que las naves estaban orbitando alrededor de la tierra, pero todavía no habían descendido a la Tierra. Parecían esperar algo, ¿pero qué?. Y sobre todo, si "Ellos" no lo tenían ¿quién tenía a William?. En la mente de todos rondaba la imagen del Fumador como el enlace que les entregara a William. Una hipótesis muy factible sino fuera porque al Fumador se le certificó su muerte hace siete años.
Scully estaba sentada en el sofá ojeando algunas fotos. Después de todo lo visto, su mente escéptica seguía buscando una explicación lógica a todo ello. Quizás sólo fuese un secuestro y no había nada paranormal detrás de todo aquel fatídico asunto. Pensar aquello le resultaba más fácil que creer en vida extraterrestre y una colonización inminente.
Sonó el teléfono móvil de Scully. 
- Scully.
- Scully, soy Doggett -hablaba muy bajo y su voz sonaba lejana.
- Doggett? -Scully se sentía realmente sorprendida.
- Sí, fuimos poco tiempo compañeros del FBI hace ya...
- Te recuerdo Doggett. ¿Qué quieres?- su pregunta sonó inquisidora, pero Scully no guardaba muy buen recuerdo de él.
- He estado investigando. -Doggett decidió ir al asunto principal de aquella insólita llamada- Sé donde está Mulder.
- ¿Cómo? -Scully no daba crédito a lo que estaba oyendo. Después de tanto tiempo...- ¿Por qué he de creerte?.
- No puedo explicártelo ahora, tengo poco tiempo y estoy en peligro -la voz de Doggett sonaba preocupada- Te mandaré la información a tu correo. Si quieres encontrar a Mulder, haz lo que te digo.
Se cortó la comunicación y Scully quedó confusa. Los Pistoleros habían oído la conversación y esperaban que les aclarara el asunto.
- Sabe cómo encontrar a Mulder.
Un gran barullo se armó en la habitación. Los Pistoleros habían empezado a celebrar la única pista sobre Mulder que tenían en mucho tiempo. Langly acudió al ordenador de Scully e imprimió la información que acababa de mandar Doggett. Hizo un gesto de dársela a Scully pero ésta la rechazó ante la sorpresa general.
- Seguid buscando a William -su voz sonó tan dictatorial que todos volvieron sumisos y anonadados a sus tareas.
Scully se refugió en el baño. Estos siete años habían sido una contradicción para sus emociones. Esperaba la llegada de los colonizadores (sonaba tan raro aquella palabra en la boca de Scully...) porque ellos se llevaron a Mulder. Pero también sabía que esto significaría un peligro para William porque él era "especial". Ese momento había llegado. La confusión, la rabia, la tristeza, la alegría amarga, el caos de sus emociones la habían paralizado. ¿Cómo actuar?, ¿qué hacer?. Estaba sola y debía decidir. Una fatídica elección. Varias lágrimas incontroladas bajaron por sus mejillas, muchas más se quedaron en el mar de sus ojos.
Secó sus lágrimas y al mismo tiempo que sonaba el timbre de la puerta, Scully decidió guardar sus sentimientos en lo más hondo de su corazón.
Frohikie había abierto la puerta. Era Skinner. Por su rostro sabían que no había encontrado nada.
Cuando Scully llegó al salón, Skinner ya había sido informado. Todo quedó en silencio y los presentes miraron a Scully esperando que hablase. Scully miró a Skinner, que permanecía parado junto a la puerta mirándola.
En aquel momento, Scully comprendió que no había ningún camino por donde buscar a William. Su única y remota esperanza quedaba en encontrar a Mulder. Si lo localizaban podrían saber algo más del paradero de William. Por un momento se imaginó que el tiempo no había pasado y que de nuevo tenía la oportunidad de trabajar con Mulder mano a mano. Entonces fueron tiempos felices. Pero Scully obligó a su mente a volver a la triste realidad y su mirada se heló. Volvía a ser la distante Reina del Hielo:
- Esta bien. Buscaremos a Mulder.
Skinner afirmó aquella proposición con un movimiento de cabeza. Frohikie entregó el mapa en el que estaba señalada la dirección que envió Doggett. Explicó brevemente a Scully como llegar. Scully cogió su abrigo y dispuesta a salir por la puerta dijo a los Pistoleros Solitarios:
- Vosotros seguid buscando. Ya sabéis como localizarme -Su voz sonaba como antaño. 
Antes de que Scully saliese por la puerta, Skinner dijo con voz firme:
- Agente Scully -hizo una pausa recreándose en sus palabras. Sacó de su gabardina una placa y una pistola y entregándosela a Scully añadió - Bienvenida de nuevo al FBI.
Scully se dio la vuelta, salió y pronunció un inaudible "Gracias". La doctora Scully volvía a ser la Agente de siete años atrás.

 

Proximidades del Monte Mitchell
Virginia
4.47 am

Skinner había conducido todo el tiempo, pero Scully no pudo, y tampoco quiso, reposar durante el viaje. El silencio reinaba dentro del coche. El día estaba resultando muy largo pero no era momento de pensar en cansancio.
Faltaban unos metros para llegar al lugar indicado, pero el camino se cortaba allí. Habría que continuar a pie, subiendo una pequeña colina que impedía ver que había más allá. Skinner y Scully dejaron atrás el coche y se dispusieron a seguir a pie.
Veinte minutos después estaban en lo alto de la colina. Abajo se veía un antiguo edificio abandonado. Parecían unas viejas instalaciones militares. Comenzaron a bajar y no les fue difícil colarse por entre la rota y oxidada verja. Nada más pasar una luz cegadora iluminó la oscura noche. Skinner empujó a Scully al suelo y ambos permanecieron tumbados. 
Cuando volvieron a abrir los ojos, el fogonazo anterior les impedía ver nada. Skinner sacó una linterna mientras se incorporaba y Scully trataba de orientarse. Iluminó la senda y se propuso seguirla, pero la mano de Scully lo reclamó. Detrás de ellos, empezaba a amanecer. Aquello les desconcertó. 
Habían trascurrido unas tres horas. Skinner trataba mentalmente de encontrar una explicación. Scully reaccionó consciente de que el tiempo era vital para ellos. Salió corriendo ladera a bajo y Skinner la siguió.
Una vez frente al edificio éste no parecía muy estable. La puerta principal estaba abierta. 
- Usted busque por aquí -se limitó a decir Scully dispuesta a entrar- yo subiré a la segunda planta.
- Tenga cuidado -dijo Skinner mirando la corroída estructura -esto no parece muy estable - pero, Scully ya subía por las escaleras.
El edificio tenía una estructuración similar a un hospital, pero las habitaciones estaban completamente vacías. En la parte de arriba, Scully recorría una tras otra las salas vacías. Tenía que estar por allí. Llegó a un puerta cerrada. La abrió y quedó sorprendida. El vacío exterior aquí se había convertido en un quirófano completamente equipado. Scully entró. Los instrumentos de cirugía estaban revueltos. El quirófano había sido usado recientemente. Miró detenidamente, pasó la mano por la camilla vacía. Sus pensamientos nostálgicos quedaron interrumpidos por un sonido casi imperceptible. De nuevo se puso alerta. Buscó algo o alguien por la habitación. El sonido parecía proceder de detrás de una puerta contigua. Se aproximó hacia ella mientras oía como el sonido era cada vez más nítido. Era una voz humana. Se acercó a la puerta cerrada. Era la voz de Mulder. Aporreó la puerta fuertemente. No cedía. Sacó la pistola. Estaba llamándola: "Scully". Mulder estaba allí. Disparó a la cerradura y la puerta se abrió...
- Sabía que me encontrarías, Scully.
Scully se abrazó fuertemente a él. Ya no había duda, había encontrado a Mulder. Con aquella sonrisa le parecía que el tiempo no había pasado, que aún estaban en el 2000. Mulder, tumbado en el rincón, no podía creerse que estuviese por fin con Scully. Un sólo pensamiento entre tanto sufrimiento pasado, estar con aquella mujer que lo abrazada arrodillada a su lado. Quería ver su cara de nuevo, aquellos ojos tantas veces soñados. Acarició su sedoso pelo y la retiró suavemente de su hombro sin dejar de abrazarla con su otro brazo. Al fin podía ver sus ojos que con las lágrimas parecía aún más cristalinos. Ahora sí estaba con ella. Le quería decir tantas cosas, la quería abrazar tan fuerte... la quería besar tanto. Poco a poco fueron acercando sus caras hasta que prácticamente quedaron a pocos milímetros. Se miraron a los ojos y en ellos se reflejaron sus sentimientos. Y pasó. Sus labios se rozaron. Y se besaron. Se besaron como si fuese lo único que habían esperado durante siete años. Un estruendoso ruido y una violenta sacudida del suelo les separó bruscamente. El edificio estaba cediendo, o por lo menos la segunda planta.
- ¡Scully!, ¡baje!, ¡rápido! -se oyó el grito desesperado de Skinner- ¡esto no aguantará mucho tiempo!
Scully reaccionó rápidamente. Se hizo cargo de la peligrosa situación actual: "vamos Mulder". Se levantó enérgicamente dispuesta a salir lo más pronto posible. Mulder sonrió ante la súbita preocupación de su compañera y los recuerdos que le traían a la mente aquella voz que había surgido de la nada. Musitó "Nada ha cambiado" y un sentimiento de alegría recorrió su dolorido cuerpo. Scully le apremiaba levantada ante él, pero sus entumecidos músculos no le respondían. Scully se agachó para ayudarle. Debían darse prisa.
Bajaban trabajosamente por las escaleras cuando Skinner los vio. "Me alegro de verle de nuevo, Mulder" sonrió Skinner mientras ayudaba a Scully sujetando a Mulder por el otro hombro. Mulder se limitó a sonreírle, le estaban fallando las fuerzas.
Consiguieron salir y cuando aún trataban de dejar más lejos el edificio, éste cedió como un castillo de naipes. Mulder no podía más y lo tumbaron en el suelo. Skinner tomó la iniciativa, decidió ir a por el coche y tratar de llegar hasta allí con él. Había que llevarlo a un hospital.
Mulder quedó tumbado en el suelo con la cabeza apoyada en el regazo de Scully. 
- Hace mucho tiempo, Mulder... -empezó a decir Scully, que volvía a ser consciente del por qué estaba allí y cuál era su prioridad ahora. Dudaba en las palabras que usar para proseguir.
- ¿Mucho tiempo? -Scully se sorprendió ante aquella frase como lo había hecho Mulder al oír mucho tiempo.- ¿Cuánto tiempo he estado fuera?
- Mulder, estamos en el 2007- respondió atónita Scully.
Mulder no aguantó más y perdió la conciencia. Scully estaba absorta en un caos mental. Su única esperanza no recordaba nada. Las puertas se estaban cerrando y no queda tiempo para encontrar a William. Le perdería para siempre. Scully no pudo alejar el pensamiento de que aquello era un intercambio. Un cruel intercambio de personas esenciales en su vida. La desolación irrumpió en el corazón de Scully. Nunca podría alcanzar la felicidad completa. 

 

En alguna base militar secreta.
Afueras de Washington
6.08 a.m

El Fumador estaba observando las pruebas que le hacían al niño cuando apareció Krycek en la puerta, aparentemente preocupado. El Fumador salió al pasillo al verlo y cerró la puerta tras de sí.
- Mulder ha vuelto - se limitó a decir Krycek con tono de enfado.
El Fumador aspiró una bocanada de humo. No parecía estar sobresaltado ante la noticia. Krycek se sorprendió ante su calma y añadió:
- Está en el hospital con Scully. Parece que los resultados médicos no delatan nada...- Krycek seguía hablando, pero El Fumador ya no le escuchaba. Interrumpió bruscamente el discurso:
- ¿Quién avisó a Scully tan pronto?
- No lo se. Quizás ya lo suponían. Eso no importa, lo importante es que Mulder esta aquí...
- ¡Piensa, Krycek!. Ellos saben ahora de la existencia de William. Lo esencial es saber cómo supo Scully que Mulder había llegado y donde estaba. Esa información sólo debían de conocerla los colonizadores. Hay alguien más en este asunto. Tendremos que tener cuidado - El Fumador dio otra profunda calada a su Morley. Krycek intentaba enterarse de lo que aquello suponía.
- Quiere decir que el que informó a Scully sobre el paradero de Mulder sabe que los colonizadores vendrán y tiene contactos con ellos. Él les debió informar sobre su existencia -y señaló la puerta tras la que estaba William- Pretende negociar con ellos para procurar su salvación -El enfado de Krycek aumentaba por momentos mientras El Fumador parecía divertido con las lentas averiguaciones de su interlocutor.- Pero ¿para que iban a liberar a Mulder y dejarlo con Scully?
El Fumador estampó la colilla contra el suelo, ahora con aire de desesperación. Krycek nunca llegaría a nada, simplemente era un impulso de supervivencia, no un cerebro. Se dispuso a continuar andando hacia la salida cuando le respondió:
- Para que Mulder les lleve hasta William. -Antes de marcharse se volvió hacia Krycek y con gesto de amenaza concluyó - No deje que NADIE se lleve a William. Esto se complica. Ahora tengo que resolver un asunto pendiente. 

SEGUNDA PARTE

PD: Que continué escribiendo sólo depende de que vosotros queráis. Escribidme a  tanto si os gusta como si no o queréis hacerme alguna sugerencia o tenéis algún consejo


Silver Bug X-Files Articles catalogue
1999

silverbug-x-files.com v 4_2