Tres tiempos. El pasado

Disclaimer: Ninguno de los personajes, nombres de episodios o de lugares alusivos a Los Expedientes X nos pertenecen. Son propiedad de Carter, la Ten Thirteen y la 20th Century Fox. Con esta historia no perseguimos beneficio económico alguno.

Basado en una idea original de Rosa María García. E-Mail: rosmaga

Nota del autor: Debo agradecer la confianza que Rosa María ha depositado en mí para llevar adelante este experimento a cuatro manos con una historia X-File, terreno en el que hasta ahora no había incursionado -¡Calma shippers, el final es como ustedes quieren...!-. Un saludo especial para Eugenia y la legión de seguidoras en Argentina, para María Fernanda en Venezuela, para Marta y Maribel en la península ibérica y para todos los que me han escrito sus comentarios acerca de mis anteriores relatos, y como de costumbre, espero los E-Mails con las opiniones de los tradicionales y de los nuevos lectores, que ojalá sigan en aumento.
Rafael Zea

P.D. Hey, Angela ¿Where are you...?

Spoilers: Algunas alusiones a «Musings of a Cigarette Smoking Man», «En Ami», «All Things», «Requiem», «Within» y «Without».

Tipo: WIP (Primera Parte de Tres), X-File con algo de Angst y MSR


TRES TIEMPOS. EL PASADO

 

Hospital Naval Bethesda, Maryland
Sala de Cuidados Intensivos
11 P.M.

Durante más de cincuenta años, un puñado de hombres anónimos ha determinado en gran parte el curso de la historia de la Humanidad. Quienes integramos esta sociedad secreta hemos propiciado tratados, guerras, epidemias y escándalos, así como también la ascensión y la caída de gobiernos títeres de nuestros propósitos alrededor del mundo. De nuestra mano, la maravillosa inventiva del hombre ha sido utilizada muchas veces para crear mortíferas armas, capaces de acabar en un instante con lo que la naturaleza ha tardado milenios en perfeccionar. Pero gracias a estas mismas armas pudimos también lograr cierto poder de disuasión ante un enemigo surgido de las profundidades del cosmos, cuyos antepasados sembraron la semilla de la vida en este planeta y sus descendientes vienen ahora a recoger los frutos de su creación. Desde el primer contacto quisimos establecer lazos de coexistencia, pero esta raza superior se ha mostrado poco dispuesta a compartir con nuestra especie la supremacía del universo y nos considera tan insignificantes que, para ellos, la mayoría de los habitantes de la Tierra no merece sobrevivir ni siquiera para ser sus esclavos. El tiempo se agota y nuestras posibilidades de vencer también...

Nosotros, que hemos diseñado cada una de las páginas de la historia desde la posguerra, estamos condenados sin embargo, a no poder inscribir nuestros nombres en ella. Yo, uno de los pocos supervivientes de este grupo, seré recordado dentro de poco tiempo simplemente como «C.G.B.», sin nombre, sin familia y con un apellido falso... El poder que tuve en mis manos en otros tiempos para decidir quién vivía y quién no, es apenas un recuerdo lejano. La vida parece burlarse de mí, pues ahora me encuentro en el mismo edificio en el que le practicaron la autopsia al hombre a quien convertí en leyenda asesinándolo mientras se paseaba en su convertible por las calles de Dallas hace 37 años...

Agonizo. Sigo luchando con las escasas fuerzas que todavía quedan en mi cuerpo para no ceder frente a la oscuridad eterna, aún a sabiendas de que es una batalla que ya tengo perdida. Por un momento, después de que Krycek me arrojara por las escaleras, sentí que me desprendía de mi vieja y enferma estructura corporal e ingresaba a un mundo distinto -al más allá, pensé- y que en él podía ver a varias personas conocidas que ya habían muerto: Mis amigos del Sindicato, «Garganta Profunda», Bill Mulder y mis hijos, Samantha, Jeffrey y Fox ¿...Fox Mulder muerto? No, eso no podía ser así... No debía ser así. El estaba destinado a ocupar su lugar en la historia, pero no como un mártir anónimo sino como un héroe, ese mismo héroe que yo quise ser pero que nunca llegué a ser... Por fracciones de segundo entré en contacto con él y me aseguró que no estaba muerto, sino que se encontraba allí, en esa especie de limbo interdimensional, porque los extraterrestres que lo secuestraron habían suspendido las funciones vitales de su cuerpo para evitar que escapase, pero que su mente era libre para viajar del «más allá» al «más acá» y mediante una conexión mental con la agente Scully se había enterado que ella estaba embarazada...

El solo hecho de escuchar esa noticia hizo que de inmediato regresara a mi cuerpo como cayendo por un túnel y que empezara a respirar agitadamente en los brazos de Greta, la enfermera que me cuidaba, quien desesperadamente trataba de reanimarme junto a los pedazos de mi silla de ruedas. De ser cierto lo que Mulder acababa de contarme, significaba entonces que el experimento al cual hice someter a Scully durante el viaje al que me la llevé había tenido éxito, que el hijo que ahora se gestaba en sus entrañas podría ser nuestra única esperanza para hacerle frente a los invasores, y que yo, con mis días contados, tenía que hacer mi último esfuerzo para tratar de liberar a Mulder con el fin de que éste pudiera defender a su hijo, y con él, a toda la Humanidad... Sé que no viviré para verlo, pero al menos no quiero morir sin haber intentado rezarcir en parte todos los daños que causé...

 

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En ese instante el aparato que controlaba los signos vitales emitió una señal de alarma. La línea que marcaba los latidos del corazón se hizo plana, acompañada por un agudo sonido que de inmediato llamó la atención de los paramédicos de turno y de dos extraños individuos de traje oscuro que hacían guardia junto a la cama del moribundo hombre. Se le aplicaron maniobras de RCP, una inyección de adrenalina directo al músculo cardiaco, se acudió al electroshock... Una, dos, tres veces, sin ningún resultado...

-Ya es demasiado tarde -susurró el paramédico, vencido por la irreversibilidad de la condición del paciente.
-Doctor, ¿Hora del deceso...? -preguntó la enfermera.
-23 horas 7 minutos, Tiempo del Este -respondió el médico residente mirando maquinalmente su reloj, en un gesto que para él ya era rutinario-. Lleven el cuerpo inmediatamente a la morgue...
-¡Un momento! -intervino uno de los hombres de traje oscuro hasta ahora silentes en un rincón del cuarto-. Este hombre no ha muerto...!
-¿Cómo dice? Lleva más de cuatro minutos sin pulso ni respiración. Ya no hay nada que hacer...! -replicó el facultativo apoyándose en su ciencia.
-Le aseguro que este hombre no va a morir, al menos por ahora... -señaló el otro sujeto de negro, sacando del bolsillo una jeringa con un líquido verdoso, al tiempo que su rostro y el de su compañero se transformaban y quedaban convertidos en una cara en la que apenas sí se distinguían los ojos, la nariz y la boca.

Una puerta se cerró. Los gritos de horror de dos hombres y una mujer fueron acallados por el sonido intermitente de un dispositivo de Egk que volvía a sonar al ritmo de un corazón que latía nuevamente tras haberse detenido durante más tiempo del que la lógica -humana- podría permitir. Aquellos ojos que soportaban el peso de algo más de setenta años recibieron otra vez la luz de la lámpara del techo. Una ligera sonrisa se dibujó en su marchito rostro mientras los dos hombres que lo acababan de traer de vuelta a este mundo empujaban la camilla hasta abrirse paso por entre los tres cadáveres, que ahora yacían en el piso, y lograban finalmente salir al desolado pasillo con rumbo al ascensor...

 

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Ubicación desconocida
Dos meses después.

Con una máscara de oxígeno colocada sobre el agujero de la traqueotomía, el Fumador observaba impaciente el transcurso de la reunión en la que además de él, los dos hombres que le salvaron la vida y un tercero especulaban sobre el posible lugar en el que se encontraba Fox Mulder.

-Hasta donde hemos podido establecer, lo más seguro es que la nave se encuentre en algún lugar del desierto de Arizona -aseguró uno de los aliens rebeldes haciendo un círculo sobre un mapa-.
-¿Pero, en dónde? Sobrevolé varias veces el área y no vi ni el menor rastro de objeto alguno. El radar tampoco indicó que hubiera nada allí... -replicó ofuscado el tercer hombre-.
-No se trata de localizar un avión estrellado ni de hallar las ruinas de una civilización antigua. Es tecnología infinitamente más avanzada que la de ustedes, señores. Estas naves se pueden hacer invisibles incluso hasta para nosotros. -Intervino el otro alien, a tiempo que enfatizaba sus palabras poniéndose la mano en el pecho-.
-¿Quieren decir que pude estar parado encima de la nave y que no me di cuenta?
-¡Exactamente!
-¡Demonios...!
-Su currículum como militar y como agente del FBI es impresionante, -interrumpió al fin el Fumador, haciendo a un lado la careta de oxígeno y cubriéndose la traqueotomía para poder hablar- ...agente Doggett. No debería extrañarle que a partir de ahora tenga que creer en muchas cosas que no puede ver. Usted es un hombre inteligente, por eso lo escogí para esta misión...
-Espero no defraudarlo, señor, pero la verdad es que además de las declaraciones de la agente Scully y el Director Adjunto Skinner, no tenemos muchos elementos que nos puedan ayudar a encontrar la nave y a Mulder. Por un momento tuvimos en nuestras manos a Gibson Praise pero ahora que está bajo protección especial ni siquiera estos marcianos se le han podido acercar... -justificó Doggett muy a la defensiva-.
-¡Mucho cuidado con lo que dice, señor Doggett...! -gritó furioso uno de los aliens, apenas controlado a empujones por el otro-.
-¡No venga a amenazarme aquí en mi propio planeta, hombrecillo verde de m...! -vociferó Doggett desenfundando su arma y apuntándole al extraterrestre que lo desafió-.
-¡Basta! -intervino el Fumador con voz destemplada-. Doggett, sé que le incomoda que estemos aliados con estos hombres y que desconfía de ellos porque hace un par de años eliminaron a muchos de nuestros amigos. Pero señores, aunque nuestra situación es lo más parecida a un matrimonio por conveniencia, en este momento todos tenemos un enemigo en común y no nos sobra el tiempo como para perderlo en rencillas internas... Nuestra prioridad es utilizar a Gibson para que con sus poderes nos ayude a localizar a Mulder. Tampoco debemos descuidar a Scully. Su seguridad es ahora de vital importancia para nuestro plan de evitar la colonización...
-¿A qué se refiere? -preguntó intrigado Doggett-.
-Como le dije hace un momento, hay cosas en las que debe empezar a creer sin verlas y le aseguro también que hay otras que usted todavía no debe conocer, pero que todos modos, está en la obligación de defender... -sentenció el Fumador, luego de tomar aire de la máscarilla-.
-No puedo buscar a Mulder y proteger a Scully al mismo tiempo...
-¡De eso último me encargaré yo...! -cortó la voz de un hombre que entró a la habitación sin haber llamado a la puerta-.
-¡Agente Krycek, pensé que nunca nos íbamos a volver a ver...! -exclamó el Fumador en tono irónico-.
-Créame que estaba pensando lo mismo. Pero no se imagine que se trata de una visita social. Simplemente vine aquí porque sigo siendo leal al Sindicato y uniendo nuestras fuerzas podemos hacer mucho más que cada uno por separado ¿No le parece...?
-De acuerdo... -mirando a los dos hombres que se observaban curiosamente el uno al otro- ...Agente Doggett, el Agente Krycek...
-Será un gusto trabajar con usted -dijo Dogget extendiendo su mano hacia Krycek-. Ojalá seamos buenos amigos...
-Tal como solíamos ser Mulder y yo... -contestó Krycek socarronamente, sin corresponder el saludo de Doggett-.
-Bien, no más formalidades y a trabajar... -intervino el Fumador tratando de aliviar la tensión que se respiraba en el ambiente-.

 

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Oficina de Fox Mulder
Sótano del FBI
9:30 A.M.

Scully se encontraba leyendo unos documentos relacionados con el caso de un extraño ser mitad hombre, mitad murciélago que asesinó varias personas en un pueblucho perdido en Idaho. A pesar de que repasaba las líneas del documento una y otra vez, no lograba entender nada. Su mente estaba a miles de kilómetros de allí, en el desierto de Arizona, lugar en el que por un momento experimentó una sensación idéntica a la que tuvo dos meses atrás cuando entró en contacto con Mulder en aquel misterioso sueño en la habitación de él y que al despertar vio maravillada cómo resplandecía en sus manos la cruz que ella misma le había dado antes de viajar al lugar en el que fue abducido. Juraría que había sentido su presencia aunque lo único que vio no era más que arena y un cielo carente de nubes... ¿Estaría allí?

El sonido que hizo la puerta de la oficina al abrirse la sacó de sus pensamientos...

-Buenos días...
-¿Acaso nadie en el FBI acostumbra a tocar antes de entrar? -contestó ásperamente Scully, descargando con disgusto sobre el escritorio de Mulder los papeles que leía-.
-Disculpa.

John Doggett salió nuevamente de la oficina, cerró la puerta y tocó tres veces exactamenmte en el mismo lugar en el que hasta donde no hacía mucho se encontraba una placa que decía «Agente Especial Fox Mulder».

-¡Adelante...! -dijo esta vez Scully, algo divertida por la súbita ocurrencia de su nuevo compañero-.
-¿Así está mejor, agente Scully?
-Muchísimo mejor, Doggett... -sonrió ligeramente-. Discúlpame tú más bien. Ultimamente he estado demasiado susceptible...
-Sí, eso he notado.

Ante esa respuesta un tanto inesperada, el rostro de Scully cambió inmediatamente de expresión y para evadir el tema, ella enseguida adoptó una actitud de interrogatorio.

-¿Por qué tardaste en llegar?
-Estuve consultando anoche con varias de mis fuentes para ver si nos pueden colaborar. -respondió Doggett no muy convencido de su falsa excusa-.
-¿Qué clase de fuentes?
-Las que prefieren permanecer anónimas...
-Ah, ya veo...
-No te ofendas, pero se trata de gente que tiene que cuidar su identidad.
-Me interesa muy poco saber quiénes son y qué hacen. Lo único que me importa es que me ayuden... quiero decir, NOS ayuden a encontrar al agente Mulder... -se corrigió Scully a sí misma-.
-Te prometí que iba a hacer todo lo que estuviera a mi alcance para localizarlo y así lo haré, pero aunque te resulte difícil tienes que tratar de confiar en mí...
-¡No confío en nadie!
-Y tienes tus razones, muy valederas por cierto. -añadió Doggett en tono comprensivo-.
-Gracias por entenderme... -larga pausa-. Pero dime, ¿Pudiste lograr algo?
-Sí y no... Sí porque me hablaron de una nueva técnica experimental por medio de la cual se pueden detectar campos electromagnéticos y que podría sernos útil para localizar el aparato, la nave el platillo...
-Objeto Volador No Identificado es el término correcto... -interrumpió ella como una verdadera experta en Ufología-.
-Bueno, lo que sea que no podemos ver y en donde se supone tienen a Mulder.
-Dijiste también que no, ¿A que te referías con eso?
-Siempre hay que tener un Plan B, Scully. Es de suponer que los marcianos, aliens...
-EBES, Entidades Biológicas Extraterrestres... -volvió ella a interrumpir-.
-Eso, tú estás más familiarizada con la terminología que yo... -admitió él-. Bueno, como te decía, los malditos EBES deben tener también un sistema para evitar que detecten el campo electromagnético de su nave y por ello necesitamos a alguien como Gibson Praise, cuyas facultades especiales nos puedan dar una mano en caso de que la tecnología nos falle. El problema está en que las medidas de seguridad bajo las cuales lo enviamos se han vuelto en nuestra contra y allá encerrado es poco lo que nos va a poder ayudar.
-¿Estás sugiriendo que lo saquemos a la fuerza...? -preguntó Scully con su consabida ceja arqueada-. Estaríamos cometiendo un delito federal...
-Digamos más bien que lo tomaríamos «prestado» ...Y no pongas esa cara. He leído el historial de infracciones al reglamento del FBI y a las leyes de este país que has cometido en compañía de Mulder y créeme, en comparación a ellas, esto sería apenas una inocente contravención menor.
-¡Vaya! Parece que has leído mucho acerca de mí... -aseveró ella evidenciando una ligera preocupación-.
-Sólo lo suficiente...
(Silencio)

Esas tres últimas palabras la inquietaron aún más. ¿Qué quiso decir Doggett con «Sólo lo suficiente»? ¿Se habría enterado ya de su embarazo y le estaba tendiendo una trampa para forzarla a que ella misma lo confesara desprevenidamente? Si era así, ¿Qué pensaría Doggett de ella? ¿Se imaginaría él de inmediato que el padre de ese bebé era Mulder? ¿Sería tan confidente como lo había sido Skinner y guardaría el secreto, o acto seguido lo gritaría por el micrófono del altavoz del edificio Hoover para que todo el mundo en el Buró lo supiera? De todas maneras, si aún no estaba enterado, no faltaba mucho tiempo para que Doggett lo supiera sin necesidad de recurrir al espionaje telefónico o de su historia clínica. Eran ya más de tres meses -14 semanas para ser exactos- y dentro de poco su estado iba a ser inocultable, a pesar de que usara ropas holgadas y tratara de que no la vieran de cuerpo entero por más de dos segundos. Los interrogantes iban y venían en el interior de aquella hermosa cabeza rojiza sin que ella pudiera contestarlos.

El teléfono celular de Doggett rompió el incómodo silencio de aquél sótano.

-Habla John Doggett.
-¿Qué pasa, están hablando ahora en lenguaje para sordomudos? No puedo escucharlos... -inquirió Krycek desde el otro lado de la comunicación-.
-¿Hola..? ¿Quién habla...? -disimuló Doggett, apagando el aparato-.
-¿Quién era? -preguntó Scully intrigada-.
-No lo sé... nadie habló. Parece que olvidé recargar la batería y la llamada se cortó... -explicó nerviosamente Doggett-.
-Ojalá que no haya sido una de tus «fuentes anónimas...»

 

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En algún lugar del Desierto de Arizona

Desde su abducción, Mulder ha permanecido en la misma nave siendo sometido a un sinnúmero de «experimentos» que incluyen la introducción de sondas en las diferentes cavidades de su cuerpo, la toma de muestras de tejidos, sangre, líquido linfático y otros fluidos corporales, además de una espantosa perforación en la base del paladar, hecha para colocarle un dispositivo que emite terribles descargas de ultrasonido directamente al cerebro, con el fin de minar su voluntad y debilitar aquellas facultades mentales especiales que lo convierten en una amenaza para los propósitos de la raza de extraterrestres invasores. No lo han matado porque a pesar del peligro que representa para sus planes, los científicos aliens lo consideran un «espécimen digno de ser estudiado». Por lo tanto, lo han mantenido con vida por medio de un sistema de alimentación parenteral que le suministra elementos nutritivos suficientes para evitar que muera pero que no alcanzan para que pueda siquiera mantenerse despierto. Sin embargo, su mente no ha sufrido daño alguno y sus poderes en vez de disminuir han aumentado, pues incluso fue capaz de establecer contacto telepático con Scully y enterarse que ella estaba embarazada, que iba a tener un hijo... Un hijo de los dos... Un hermoso ser que a pesar de estar gestándose irradiaba ya una energía tanto o más fuerte que la suya propia. Esa misma energía que él sintió cercana de nuevo horas antes, cuando sin saberlo, Scully estuvo tan cerca de la nave que casi pudo tocarla sin verla. Desgraciadamente, en el momento en que ella se aproximó a él, Mulder era torturado horriblemente y estaba tan débil para contactarla que por poco muere durante el «procedimiento» atroz que adelantaban aquellos monstruos. Pero lejos de rendirse, el haber sentido su presencia le daba la fortaleza necesaria para seguir luchando por él, por ella, por los tres...

 

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Refugio de los Pistoleros Solitarios
1:13 P.M.

Era la primera vez que Scully iba hasta allí acompañada por Doggett. No le agradaba para nada la idea de que alguien distinto a Mulder y a ella conociera la localización del escondite secreto de aquellos tres genios chiflados que muchas veces los habían librado de grandes apuros. Pero no tenía alternativa. Al llegar, Doggett fue recibido con recelo por los paranoicos ocupantes del lugar, quienes veían en el desconocido individuo la imagen de un intruso cuyas lealtades parecían ser tan oscuras como las de un doble agente de espionaje...

-Pasa Scully, gusto en verte, ¿Cómo sigues? -dijo Frohike apenas abrió la puerta-.
-Ya me siento mejor, si es que así puede decirse... eh... -contestó ella titubeante al observar la cara que pusieron Frohike en la puerta, Byers alzando la cabeza sobre un arrume de papeles y Langly interrumpiendo su labor frente al teclado de su computador-. El es el agente John Doggett, encargado de dirigir la búsqueda de Mulder... -dirigiéndose a Dogget- ...Ellos son Frohike, Byers y Langly...

Ninguno de los Pistoleros dijo una sola palabra que significara un saludo.

-A mí también me encanta conocerlos... ¡Vaya, parece que en todos los lugares adonde llego soy bastante popular! -expresó Doggett sarcásticamente-.
-¿Por qué trajiste a este sujeto hasta aquí? -preguntó Byers en voz baja, acercándose casi al oído de Scully-.
-Porque me interesa tanto como a ustedes encontrar al agente Fox Mulder y traerlo de vuelta a casa sano y salvo -salió al paso Doggett visiblemente airado por la hostilidad de sus anfitriones-.
-Si es así, apreciaremos su colaboración, pero que quede claro que no nos gusta trabajar con extraños -respondió Langly sin depegar la mirada de la pantalla de su aparato-.
-En eso estamos de acuerdo... -ripostó de nuevo Doggett-.
-El agente Dogget... -intervino Scully alzando el tono- ...ha logrado conseguir información que puede ayudarnos a localizar la nave extraterrestre en la que creemos se encuentran Mulder y las otras personas raptadas.
-Oye, Scully, en otros tiempos hubieras dicho «la supuesta nave extraterrestre...» -anotó Frohike sorprendido.
-Has dicho bien, en otros tiempos...
-¿A qué clase de información se refiere, señor Doggett? -preguntó Byers-.
-Se trata de un sistema que capta la presencia de los campos electromagnéticos de los objetos, sean estos visibles o no al ojo humano e incluso a los radares convencionales, una especie de «detector de fantasmas» -respondió Doggett entregándoles algunos documentos concernientes a lo que hablaba-.
-Interesante, pero hasta donde yo sabía era un proyecto netamente militar destinado a mejorar la capacidad de reacción ante un ataque sorpresivo del enemigo... -aseveró Langly- ¿Dónde consiguió usted esto?
-No se los puedo decir...
-Pero estamos hablando de tecnología que requiere presupuestos tan grandes como el de los Estados Unidos ¿No es así? -inquirió Scully-.
-Exacto, es algo creado por y para los gobiernos de las superpotencias... -puntualizó Frohike-.
-Sin embargo, el principio en que se basa es tan elemental como utilizar un imán para recoger alfileres del suelo... -señaló Dogget-.
-¿Un imán que nos acerque a la nave? -intervino Byers-.
-Sí. Nosotros no vamos a buscar una cantidad indeterminada de naves ni de armas nucleares que vienen hacia donde estamos. Sólo necesitamos guiarnos en dirección a una en particular: La de Mulder... -afirmó Doggett-.
-En ese caso la misma nave sería más bien el imán y nosotros actuaríamos como los alfileres... -aclaró Langly-.
-Requeriríamos de un elemento metálico con una carga eléctrica lo suficientemente fuerte como para que la nave lo atraiga si sus polos son opuestos... -continuó Doggett-.
-O lo rechace si son iguales... -dijo Scully completando el raciocinio-.
-En teoría suena bastante simple. Lo difícil va a ser conseguir un objeto del tamaño de un tanque de guerra a cuya estructura podamos darle una carga eléctrica -sentenció Frohike-.
-De eso podría encargarme yo... -aseguró Doggett-. Estuve en el Ejército durante más de seis años y sé dónde y cómo encontrar un vehículo viejo de los que se van desechando.
-Dime una cosa, Doggett. Cuando estuvimos en el desierto de Arizona, ¿Cómo es que el campo electromagnético de la nave no atrajo ni rechazó al helicóptero en el que volabas? -preguntó Scully-.
-A eso me refería esta mañana cuando te hablaba de tener un plan de emergencia, pues lo más seguro es que ese artefacto tenga un mecanismo capaz de burlar nuestros intentos por detectarlo... -recalcó Doggett-.
-Sacando «prestado» a Gibson Praise...
-Sería nuestro «As» bajo la manga.
-Creo que el agente Doggett tiene razón, Scully -interpeló Byers- ese jovencito podría darnos una mano con sus habilidades extrasensoriales.
-Gibson me dijo que pudo sentir la presencia de Mulder allá en el desierto, y yo... -Scully se interrumpió a sí misma pues estuvo a punto de revelar lo de aquél extraño sueño y la cruz-.
-¿Tú, qué...? -inquirió con intriga John Doggett-.
-Nada... Olvídalo... Sólo quería decir que yo pienso que Gibson estaba diciendo la verdad... -se apresuró a añadir ella-.
-¿De veras te encuentras bien? -preguntó Frohike preocupado por el aspecto que tomó el rostro de Scully ante el interrogante de Doggett- No quiero que vuelvas a salir de aquí en ambulancia como la última vez que estuviste aquí...
-Scully, por lo que estoy escuchando ahora, hay cosas que aún no me has contado... -insinuó Doggett-.

 

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Ubicación desconocida
(Simultáneamente)

El Fumador, los dos aliens rebeldes y un hombre bajito, algo calvo y de gruesos anteojos escuchaban atentamente la conversación entre Scully, Doggett y los Pistoleros Solitarios, gracias a un micrófono que Doggett llevaba escondido. Krycek los había seguido hasta muy cerca del refugio y monitoreaba también la reunión desde una camioneta oculta en un callejón aledaño al lugar. Aunque físicamente los participantes en el diálogo eran cinco, en realidad, los interesados en el asunto en discusión eran por lo menos diez...

-¿Doggett no lo sabe todavía?
-No, doctor Pareni. Y es mejor que sea así al menos por ahora, hasta cuando ya no se le pueda ocultar más la situación y tengamos que decírselo... -respondió el Fumador, contrapreguntando enseguida- En cifras concretas, ¿De cuánto tiempo estamos hablando?
-Según mis cuentas, yo le puse el implante hace casi medio año, cuando Scully viajó con usted. Supongo que ella y Mulder estuvieron «juntos» más o menos dos meses y medio después... y los últimos exámenes a los que se sometió indican un período de gestación de 14 semanas: Tres meses y medio. Lo cual quiere decir que en poco más de un mes la agente Scully se verá como cualquier madre regordeta embarazada de cinco meses...
-¿Su embarazo ha sido normal?
-Dados los antecedentes clínicos de Scully, diría que sí. Aunque los ultrasonidos han revelado una actividad cerebral bastante alta para un feto en pleno desarrollo -contestó el viejo médico-.
-(Inquieto) ¿Se conoce ya el sexo de ese bebé?
-Aún no, pero en la próxima ecografía quedará plenamente establecido. No se preocupe, el experimento ha sido todo un éxito... Su nieto o nieta nacerá completamente sano pero con una capacidad mental infinitamente superior a la del resto de los seres humanos...
-Espero que podamos liberar a Mulder para entonces... ¡Oooh!

El Fumador hizo un gesto de dolor y se agarró la cabeza con las manos. Su respiración se tornó agitada y su corazón empezó a latir tan fuerte que parecía que iba a estallársele entre el pecho. Un sudor frío resbalaba por su rostro al tiempo que trataba de articular angustiosamente unas palabras, que ni el médico Pareni ni los dos rebeldes lograban entender...

 

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En algún lugar del Desierto de Arizona
(Simultáneamente)

Mulder estaba siendo sometido a una sesión de tortura en la que le aplicaban descargas de ultrasonido al cerebro. A pesar del suplicio y de lo débil que se encontraba, pudo entrar en contacto con la mente del Fumador y enterarse de cómo éste y sus secuaces planearon y lograron el embarazo de Scully. El Fumador experimentó la misma sensación que Scully tuvo cuando se acercó a la nave. Sintió el dolor y la desesperación por la que Mulder pasaba mientras era atormentado. Padre e hijo lanzaban al unísono desgarradores quejidos como si fueran una sola persona, y tanto el uno como el otro perdieron a la vez el conocimiento al no poder soportar los crueles procedimientos llevados a cabo por los extraterrestres. El Fumador fue socorrido de inmediato por su enfermera de cabecera y por el doctor Pareni, quienes lograron hacerlo volver en sí valiéndose de los primeros auxilios, en tanto que Mulder fue simplemente desconectado del aparato de las descargas y abandonado por sus torturadores en el salón oscro y totalmente silencioso en el que siempre ha estado recluido desde que fue raptado. Transcurridos unos instantes, su mente comenzó a recuperar la lucidez, y consciente del enorme peligro que se cernía sobre su hijo, apenas logró articular una palabra, la más hermosa que conocía, antes de quedar sumido de nuevo en un profundo sopor:

-¡...Scully...!

 

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Escuela para Niños Especiales «Franklin D. Roosevelt»
Washington D.C.
20 días después.

Gibson Praise había sido trasladado a una institución privada para niños con alto coeficiente intelectual, bajo una identidad y apariencia distintas. Su nombre fue cambiado por el de Erick Wolffhugel, le colocaron lentes de contacto para que no usara anteojos y su cabello fue pintado de un tono castaño rojizo, muy parecido al de Scully. De acuerdo con el plan de Doggett, él, Scully y los dos aliens rebeldes -que también podían adoptar el rostro de cualquier persona- sacarían al muchacho del centro educativo con el pretexto de hacerle algunos exámenes médicos de rutina y lo llevarían al refugio de los Pistoleros Solitarios, donde los tres excéntricos amigos de Mulder trabajaban en el perfeccionamiento de un campo electromagnético «portátil» que iba a ser colocado en el vehículo militar que Doggett sustraería de un botadero del Ejército en cercanías de Phoenix, en pleno Desierto de Arizona. Scully amaneció un tanto indispuesta ese día. Según sus cuentas, ya debía tener algo más de cuatro meses de embarazo y no hacía más que contar los días que le faltaban para el examen en el que sabría el sexo del bebé... Estaba alegre, triste y preocupada a la vez. Alegre porque la gestación de su hijo -del hijo de él- parecía ser hasta ahora completamente normal, a pesar de las extrañas sensaciones que percibía de cuando en cuando y de los graves peligros a los que se había expuesto en varios casos que tuvo que investigar. Triste por ver que el tiempo pasaba y que Doggett y los Pistoleros solitarios avanzaban muy despacio -para su angustia- en la puesta en marcha de los planes para rescatar a Mulder. Y preocupada porque ya era prácticamente imposible seguir escondiéndole la verdad a Doggett acerca de su condición de futura madre... Creía, o mejor, estaba segura que apenas éste lo supiera no la dejaría mover un dedo y ella tendría que resignarse a esperar a que un grupo de extraños, tres paranoicos y un adolescente capaz de leerle los pensamientos a la memoria de una computadora lograran el milagro de traer de vuelta a su lado, sano y salvo, al hombre que se constituía, junto con ese pequeño ser que palpitaba en sus entrañas, en motivo suficiente para vivir aferrada a una esperanza...

Doggett pasó por el apartamento de Scully a recogerla. Iba junto con los dos aliens rebeldes, quienes tomaron la apariencia de un par de médicos. Ella no conocía a los acompañantes del enigmático agente y mucho menos tenía idea de que se tratara de dos extraterrestres ni de que Doggett obedeciera ordenes del siniestro Sindicato. Pero inmediatamente se subió al vehículo, un fuerte sobresalto en su vientre le indicó que «algo» allí no era lo que parecía... Aunque nadie musitó una palabra durante los veinte minutos que duró el recorrido, era evidente el malestar de ella ante la presencia de los falsos doctores...

-Y bien Doggett, ¿No piensas presentarme a nuestros pasajeros? -preguntó Scully ya cuando estaban a punto de llegar a la escuela en la que se hallaba Gibson-.
-Perdona, no soy muy bueno en esto del protocolo, -replicó Doggett, mirando a los dos extraterrestres por el espejo retrovisor- Así que simplemente te diré que el de la izquierda es el «Doctor A» y el de la derecha el «Doctor B»...
-Es un placer conocerla, agente Scully -dijeron casi en coro los aliens-.
-Igualmente, doctores «A» y «B»... Es la primera vez que tengo a dos colegas con apellidos tan cortos -les respondió Scully, volteándolos a mirar por un segundo y sintiendo de nuevo un sacudón en su cada vez más notoria barriguita-.
-¡Bueno, creo que ya llegamos! -interrumpió Doggett para no darle más largas al tenso diálogo-.

El auto se detuvo y Scully casi no dejó que éste terminara de parar para bajarse. Doggett descendió también presurosamente y trató de darle alcance mientras caminaban unos cuantos pasos adelante de los aliens rebeldes rumbo a la puerta de la escuela. Scully aceleró aún más su andar, por lo que Doggett se vio precisado a tomarla por el hombro para forzarla a dar la vuelta y que lo escuchara. Los dos impostores se quedaron atrás comprendiendo que no debían hacer parte de la conversación.

-¡Espera Scully!
-¿Quieres decirme de dónde diablos sacaste a estos tipos?
-Quiero pero no puedo hacerlo. La identidad de estas personas es asunto de Seguridad Nacional, debe permanecer en secreto...
-¡Tú y tus secretos, Agente Especial John Doggett!
-Todos los tenemos, Agente Especial Dana Scully...

(Touché)

-...Lo siento Doggett, no debí hablarte así. Soy yo la que debo acostumbrarme a trabajar al lado de tus compañeros sin nombre -se excusó Scully-.
-Y sin rostro...
-¿Qué?
-Olvídalo. Fue sólo un mal chiste...
-Bastante malo...

Los dos agentes y los aliens entraron a la Escuela Roosevelt. Tras enseñar sus credenciales, fueron conducidos hasta el lugar en donde estaba Gibson Praise. Este al verlos se sobresaltó, y no precisamente por Doggett o Scully, sino por los «doctores» que venían con ellos.

-¿Vienen a llevarme, verdad? -dijo el muchacho, más afirmando que preguntando-.
-Creo que no es necesario que te contestemos. Ya sabes por qué te necesitamos -respondió nerviosa Scully-.
-No sólo nosotros, Gibson. El agente Mulder es quien más te necesita -complementó Doggett-.
-Es extraño, pero podría jurar que una parte del agente Mulder se encuentra en esta habitación... Es como si él mismo estuviera aquí... -señaló Gibson mirando fijamente a Scully-.
-¿De qué estás hablando? -interrogó Doggett mirándolos a ambos-.
-Tal vez me equivoqué. D... debe tratarse de la energía que ustedes dos recibieron durante el tiempo que estuvieron cerca de él; Usted, señor Doggett cuando estudiaron en la academia... Y usted, agente Scully por haber trabajado a su lado durante más de siete años... -agregó vacilante Gibson al leer la mente de Scully y darse cuenta del secreto que ella deseaba que aún no se conociera-.
-Debe ser eso... -añadió Scully enseguida, aliviada por la actitud discreta del chico-.
-Te llevaremos a un lugar seguro. Allí no correrás ninguna clase de peligro -sostuvo Doggett al ver la mirada de desconfianza de Gibson hacia los extraños-.
-Nunca me he sentido seguro en medio de doctores. Para ellos soy un bicho raro con el cual experimentar...
-Esta vez no será así, jovencito -habló al fin uno de los aliens-.
-Miente, doc... Ustedes ni siquiera son médicos de verdad.
-Gibson, no vas a ir a un hospital... -enfatizó Doggett, al tiempo que miraba a los aliens-. Y estos señores vinieron con nosotros sólo como parte del truco que ideamos para sacarte de aquí.
-Si en algo te tranquiliza saberlo, vas a estar con Frohike, Langly y Byers, ¿Los recuerdas? Son amigos de Mulder -indicó Scully-.
-¿Cómo olvidarlos? Son la versión moderna de Curly, Larry y Moe... ¡Cielos, voy a estar rodeado de dementes...!

Tal como lo había planeado Doggett, nadie sospechó de ellos y salieron sin ningún problema de la escuela. Ni Gibson ni Scully quisieron compartir el asiento de atrás con los extraños y se sentaron incómodamente adelante junto a Doggett. Los dos aliens rebeldes se apearon del auto y a la vuelta de la esquina abordaron una camioneta en la que los esperaban Krycek y Marita Covarrubias, quienes se dispusieron a seguirlos a una distancia prudente hasta el refugio de los Pistoleros Solitarios. Doggett sabía que los estaban siguiendo y llevaba nuevamente consigo un micrófono por medio del cual la gente del Sindicato, encabezada por el Fumador -ya restablecido del colapso que sufrió-, escuchaba atentamente lo que sucedía en ese lugar hasta ahora «secreto». Gibson empatizó bastante bien con los Pistoleros, sobre todo con Langly, y mientras ellos continuaban trabajando en el campo magnético en miniatura, él se deleitaba con algunos juegos de computador, aptos más bien para mayores de 18 años y que muy seguramente habrían sido del completo agrado de Mulder...

 

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Oficina de Fox Mulder
Sótano del FBI
48 horas más tarde.

Había llegado el día de la ecografía en la que Scully sabría si el bebé que esperaba era niño o niña. Ejecutando un ritual que llevaba a cabo religiosamente todas las mañanas, sacó de la gaveta del escritorio una fotografía de Mulder y Samantha y la placa con el nombre de su amado que había sido arrancada de la puerta por una horda de agentes que casi desmantelan la oficina con el pretexto de buscar evidencia para localizarlo. En silencio acarició el relieve de aquellas letras doradas que parecían brillar aún más por el contraste con el fondo negro del metal en el que se hallaban grabadas. Las lágrimas empezaron a resbalar por su rostro y a caer sobre el cristal de la fotografía hasta formar un pequeño espejo líquido en donde se reflejaron sus tristes ojos azules. Tomando la placa con la mano derecha y la foto con la izquierda, las llevó hasta su pecho y las apretó tan fuerte que por poco rompe el vidrio que protegía la valiosa imagen. Alzando la mirada al techo, -al cielo-, como buscando a Dios, logró articular con la voz entrecortada:

-Regresa pronto... No sé si pueda resistir esto sin ti!

-¿Agente Scully...?

Walter Skinner entró a la oficina intempestivamente sin tocar a la puerta. Sorprendida, Scully alejó de sí la placa y la fotografía pero no pudo evitar que su jefe las viera, ni tampoco que se diera cuenta que estaba llorando. Como pudo, secó sus lágrimas con las manos y trató de componer un poco su expresión. Algo apenado por haber entrado sin llamar, Skinner se limitó a decir con voz casi inaudible:

-Disculpe... No quise incomodarla, ¿Ya está lista?
-sssSí, señor...
-Scully, independientemente del resultado del examen, tenga en cuenta que la reglamentación del FBI estipula que las empleadas del buró que quedan embarazadas deben dejar el servicio activo, por razones de seguridad -señaló en tono casi paternal el Director Adjunto-.
-No puedo dejar de buscar a Mulder...
-De eso nos encargaremos Doggett y yo... A propósito de Doggett, ¿No piensa decírselo de una vez por todas...?
-¿Decirme qué...? -intervino Doggett asomándose en el umbral de la puerta-.

Skinner y Scully intercambiaron miradas nerviosamente, sin saber qué contestar...

-Buenos días, señor. Buenos días, Scully ¿Podrían explicarme de qué están hablando?
-Agente Doggett... -fue lo único que Skinner atinó a responder-.
-Mira Doggett, lo que tengo que decirte es altamente confidencial y no debe salir de nosotros tres... -bajó la vista por un momento para contemplar la foto de Mulder y Samantha-. ...Seguramente te habrás preguntado por qué he tenido que acudir a tantos exámenes médicos últimamente y por qué mi estado de salud no ha sido muy bueno que digamos mientras investigábamos los casos que nos asignaron recientemente...
-¿Estás enferma? ¿Acaso reapareció el cáncer? -inquirió Doggett con preocupación-.
-No...
-¿Entonces?
-Hace unos cuatro meses, por los mismos días en que Mulder desapareció, empecé a sentirme mal, me llevaron de urgencias a un hospital y los médicos descubrieron que... que... que estaba embarazada...!
-¿Qué...? ¿No habías quedado estéril?
-Eso creía yo...
-¿Y, quién es el padre?

Scully bajó nuevamente la mirada. Esta vez, en lugar la fotografía, ella tomó la placa dorada y negra con ambas manos y la giró levemente hacia Doggett para que éste pudiera leerla, contestando así, sin palabras a la pregunta que acababa de hacerle...

SEGUNDA PARTE

Como siempre, espero sus comentarios, cualquiera que sean en rafazea O si lo prefieren, escríbanle también a Rosa María en rosmaga.


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