Disclaimer: Ninguno
de los personajes, nombres de episodios o de lugares alusivos a Los Expedientes
X nos pertenecen. Son propiedad de Carter, la Ten Thirteen y la 20th Century
Fox. Con esta historia no perseguimos beneficio económico alguno.
Basado en una idea original de Rosa
María García. E-Mail: rosmaga
Nota
del autor:
Me complace acusar recibo de una cantidad impresionante de
feedback de parte de mis habituales lectoras y de un buen número de nuevas
seguidoras, entre las que quiero mencionar de manera especial a Josefa Arriagada
en Chile, Carmen Canto Martín, Montse, Natalia Pérez y Ami Scully en España,
Niscka en Austria, María y Patricia González en Venezuela, y Paola Angulo
Pinedo en Perú, así como también a Paula Valenzuela y Mercedes Fernández.
Discúlpenme por la demora y por favor un poquito de paciencia con mi mail
server que a veces extravía mis mensajes, ya que en la medida de los posible
trato de responder a todos y cada uno de los que me escriben. Es muy agradable
ver que cada día hay más hombres escritores de fanfics en la red, siguiendo la
senda iniciada por los pioneros Daniel Zunín y Gabriel Cavassa. Me refiero a
Carlos, y sobre todo a alias «John Doggett» y a Alfredo Rodríguez Pérez...
Ah, respecto a los dos últimos, ¿Qué pasa con vuestros E-mails que nunca
sirven?
Spoilers:
En general, la octava temporada y el ya famoso e intitulado
episodio conocido hasta ahora como «8X08». Afortunadamente -creo yo-, esta
historia no tiene nada que ver con los espantosos acontecimientos de «This Is
Not Happening» y «Dead Alive»
Tipo: WIP
(Segunda Parte de Tres), X-File con algo de Angst y MSR
TRES TIEMPOS II. EL PRESENTE
-¿Y, quién es el padre?
Scully bajó nuevamente la
mirada. Esta vez, en lugar de la fotografía, ella tomó la placa dorada y
negra con ambas manos y la giró levemente hacia Doggett para que éste
pudiera leerla, contestando así, sin palabras a la pregunta que acababa de
hacerle...
-(Dejando escapar una sonora
carcajada) ¡Hasta que al fin se salió con la suya «Spooky» Mulder...!
-bajando un poco la voz- ...Desde que estábamos en la academia del FBI,
donde ese &%$@* ponía el ojo ponía la bala... Ahhh, ya decía yo que
lo que se comentaba en los corrillos del Hoover Building era algo más que
un simple rumor...
-¡Cállate Doggett! No hables así de Mulder -interrumpió Scully,
visiblemente disgustada por el tono burlón de Doggett-.
-Perdona, Scully. Sólo quería arrancarte una sonrisa, pero veo que como
comediante soy un fracaso -se disculpó Doggett, asumiendo de nuevo su
tradicional e inexpresivo rostro-.
-Agente Doggett, ahora que lo sabe, y tal como la agente Scully le sugirió
hace un momento, debo pedirle que mantega el asunto en absoluta reserva,
pues tenemos motivos para creer que tanto Scully como el bebé que espera
corren grave peligro. La seguridad de ambos es nuestra prioridad...
-señaló Skinner, haciendo énfasis en cada palabra-.
-Señor, le prometo que guardaré discreción al respecto y haré todo lo
que esté a mi alcance para garantizar el bienestar de la agente de Scully y
de su hijo -volteó a mirarla- ¿...O hija?
-No lo sabemos aún -contestó Scully-.
-Precisamente íbamos a salir rumbo al hospital en donde se le realizará un
examen para conocer el sexo del bebé ¿Quiere acompañarnos? -inquirió
Skinner, aunque enseguida quiso retractarse de la invitación por no
habérselo consultado a Scully-.
-Sólo si Scully quiere que así lo haga... -se apresuró a responder
diplomáticamente Doggett-.
-Claro que puedes venir con nosotros. En un momento como este necesito de tu
apoyo... del de todos -aseveró Scully de manera amigable-.
Los tres salieron de la
oficina del sótano y se dirigieron en el automóvil de Skinner al hospital.
Doggett y Scully iban en el asiento de atrás y aunque había muchas cosas
de las cuales hablar, nadie se atrevió a musitar una sílaba...
Scully, Doggett y Skinner
llegaron ligeramente retrasados a la cita en el consultorio del doctor
Pareni, quien los esperaba con una enfermera asistente para llevar a cabo la
tan esperada ecografía. Doggett no conocía a Pareni, pero éste sí sabía
quién era el agente y en qué consistía su papel en el plan para rescatar
a Mulder, por lo que no se sorprendió demasiado al verlo allí, aunque el
hecho significara la confirmación tácita de que ya se había enterado del
estado de Scully, la cual por su parte, ya se encontraba tumbada sobre la
camilla en la que se realizaría el procedimiento, ataviada solamente con
una bata de cirugía azul clara. Afuera, Doggett y Skinner aguardaban
nerviosos e impacientes el resultado de la prueba...
Pareni fue disponiendo
lentamente los aparatos para realizar la ecografía. La enfermera descubrió
la parte del vientre de Scully que era necesario dejar al aire para colocar
los electrodos, mientras ella trataba de acomodarse para ver lo mejor
posible hacia el monitor en el que apreciaría la imagen de su bebé. El
médico, viendo la ansiedad de su paciente, quiso tranquilizarla con sus
palabras:
-Dana, como doctora que es,
debería calmarse un poco. Usted y su bebé están en buenas manos...
-Eso intento, doctor. Pero créame que es muy distinto estar de este lado de
la mesa -respondió Scully mientras se remojaba los labios-.
-Así es. Pero anímese, hoy saldremos de dudas... Y perdone mi
intromisión, aquí entre nos ¿Qué prefiere, un niño parecido a su padre
o una niña tan hermosa como usted?
-No sé qué decirle. Pero me imagino que su padre, donde quiera que esté,
debe estar teniendo el mismo dilema...
-Se nota que lo quiere mucho, ¿Verdad? -preguntó la enfermera-.
-Vine a saber cuánto lo quería al enterarme que había desaparecido...
-pausa al sentir que las lágrimas se agolpaban en sus ojos-. Sólo él...
-tocándose el abdomen- ...o ella... me ha dado fuerzas para seguir
adelante.
El ronco sonido de los
latidos del corazón del bebé y las primeras imágenes borrosas en el
monitor interrumpieron el diálogo y toda la atención de los presentes se
centró en las catorce pulgadas de la pequeña pantalla. Scully respiró
hondo para luego exclamar al borde del llanto:
-¡Es precioso... Y
enorme...!
-Y eso que no nos está dando su mejor ángulo -comentó Pareni-. Desde esta
posición va a ser un tanto difícil saber si es niño o niña. Está casi
de espaldas...
-¿No hay forma de hacerlo mover?
-Me temo que no, pero vamos a tratar de acomodar los sensores de otra
manera, o de lo contrario esperaremos un rato para ver si tenemos suerte y
se da la vuelta.
-Ahh, bebé testarudo. Hasta en eso se parece a su padre... -se lamentó
ella riendo abiertamente-.
-¡Un momento! Si lo enfocamos desde este lado -señalando la derecha- creo
que podremos apreciarlo mejor... Además, Se está moviendo...! -dijo
satisfecho Pareni-.
-Sí doctor... Mire cómo se está acomodando! -añadió la enfermera-.
-¡Por Dios, va a voltearse...! -gritó emocionada Scully-.
-Eso es magnífico...! Sólo bastará que gire un poco las piernas para que
sepamos su sexo.
Lentamente, aquella pequeña
personita fue adoptando la posición que médico, enfermera y paciente
esperaban. La imagen era perfectamente clara y no dejaba lugar a equívocos.
Aunque Scully lo acababa de ver, el doctor Pareni se encargó de
anunciárselo de manera formal:
-Doctora Scully, me complace
informarle que aproximadamente en cuatro meses, usted será madre de un
saludable e inquieto varoncito... ¡Felicidades...!
-Gracias, doctor Pareni. -llorando de alegría y tristeza al mismo tiempo-
¡Cómo quisiera que M... que él estuviera aquí en este momento...!
-tocando ahora la imagen del bebé en la pantalla- ¡Cómo quisiera que él
estuviera a mi lado cuando nazcas!
En ese instante la enfermera
entreabrió la puerta y permitió que dos hombres ingresaran al consultorio.
-Y lo estará, Scully...
Mulder regresará -interrumpió Doggett entrando acompañado por Skinner-
...Te lo prometo.
-¡Enhorabuena por ese bebé, agente Scully...! Yo también le aseguro que
traeremos a Mulder de vuelta, no importa qué tengamos que hacer...
-ratificó Skinner quitándose las gafas con las manos temblorosas-.
-Gracias, señor. Gracias Doggett -respondió Scully sin poder ocultar la
singular mezcla de sentimientos que tenía lugar en su alma-. ¿...Me
permiten un momento?
Ambos se retiraron para que
Scully se pudiera cambiar. Antes de salir, el doctor Pareni le entregó una
copia del video con las imágenes de la ecografía y órdenes para algunos
chequeos de rutina. Por lo visto, todo había salido bien para unos y otros:
El médico estaba satisfecho porque su experimento de refertilización fue
un éxito (Lo primero que hizo apenas salió su paciente fue llamar al
Fumador para darle la buena nueva). Scully porque iba a dar a luz un hijo
completamente sano. Doggett y Skinner se mostraban aliviados y a la vez
preocupados. Aliviados porque de ahora en adelante, debido al forzoso cese
en sus funciones de Scully, ellos podrían moverse un poco más rápido en
la búsqueda de Mulder, y preocupados también porque por esa misma razón
ella iba a quedar desprotegida en cierto modo mientras trataban de localizar
a su compañero...
-Señores... -anunció el
Fumador apenas colgó el teléfono luego de hablar con Pareni- Acaban de
confirmarme que el experimento de fertilización ha dado los resultados
esperados y que en cuatro meses la agente Scully será la madre de un niño
que podría significar nuestra victoria sobre los invasores...
-¡Magnífica noticia, abuelo! -exclamó sarcásticamente Krycek-.
-Tiene razón Alex, pero es precisamente ahora cuando debemos estar más
pendientes de su seguridad. Con Doggett, Skinner y casi todos nosotros
metidos en el desierto, usted y Covarrubias tendrán que permanecer las 24
horas vigilándola. Cualquier persona que se acerque a ella debemos
considerarla sospechosa.
-Todo el día tengo gente en los alredores del edificio en el que vive
Scully. Marita y yo nos turnamos en la coordinación del grupo... Ese no es
problema para nosotros.
-Agente Krycek, ¿Cómo saben ustedes si una persona que entra o sale del
edificio no es en realidad uno de los invasores que cambian de rostro, tal
como lo hacemos nosotros? -interrogó uno de los rebeldes presentes-.
-Así como los magos no revelan sus trucos, hay secretos que no estoy
dispuesto a contar, mi estimado «E.T.» Sólo le diré que podemos «oler»
a un extraterrestre desde lejos...
-¿Y qué pasa si Scully decide viajar a Arizona?
-Iremos tras ella. Seremos como su sombra...
-Ojalá no se equivoque. Un descuido y Scully y su hijo serán historia...
-advirtió el alien-.
-Todavía no hemos terminado de escribir la historia... y mientras esté
vivo no voy a permitir que le pase algo a Scully -levantó la voz el
Fumador, algo fatigado-. Y con respecto a Mulder, tenemos que estar
preparados por si el plan de Doggett y esos locos a los que llaman
«Pistoleros Solitarios» fracasa.
-¿Insinúa que dado el caso, deberemos tomar la nave por la fuerza?
-preguntó el otro extraterrestre-. Sería demasiado arriesgado.
-No tendríamos una segunda oportunidad, ya que al quedar al descubierto
nuestras intenciones de rescatar a Mulder, cada segundo que pase estará en
contra nuestra y de la vida de él -sentenció el viejo líder del
Sindicato-.
Después de un almuerzo
liviano, Scully, Doggett y Skinner regresaron al edificio Edgar Hoover.
Scully ya había escrito desde el día anterior su carta de solicitud de
baja del servicio activo en el Buró y lo único que tuvo que hacer fue
firmarla y entregársela al Director Adjunto. A partir de ese momento dejaba
en la práctica de ser agente del FBI y por lo tanto debía devolver su arma
de dotación y su placa, convirtiéndose en una ciudadana común y
corriente, con todos los peligros y desventajas que esto implicaba teniendo
en cuenta su condición. Pero no había nada que hacer. Doggett la
acompañó hasta la oficina del sótano, la misma en la que pasó la mayor
parte del tiempo en los últimos ocho años, para recoger algunas cosas y
luego llevarla hasta su apartamento, que, como él ya sabía, estaba
permanentemente custodiado por Krycek y su banda. Con nostalgia, Scully
miraba el póster del OVNI, la claraboya que dejaba entrar la luz al
sombrío recinto, la foto del monstruo del lago Ness y la del supuesto Pie
Grande, e incluso aquella que tanto odiaba de la tumba de Conan Doyle, aún
con muestras de labial, que una antigua novia inglesa de Mulder le había
regalado en la época que él estudiaba en Oxford. Suspiró.
-El hecho de que no seas
agente no quiere decir que no vengas por aquí de vez en cuando... -dijo
John Doggett amablemente-.
-¿De vez en cuando? Si la gente de Seguridad me deja entrar, me vas a tener
por estos lares todos los días... -le contestó ella mientras guardaba en
una caja la placa con el nombre de Mulder y la foto de éste y Samantha-.
Además, no pienso quedarme encerrada en mi casa como si fuera una
inválida. Tengo que seguir buscando a Mulder...
-La semana entrante me voy con el grupo de búsqueda a Arizona.
-Querrás decir «Nos vamos...»
-No estarás pensando ir con nosotros...
-No lo estoy pensando. Lo tengo decidido.
-Deberías reconsiderar esa idea... Por ti, por el bebé... ¿Has hablado
con tu madre sobre esta decisión?
-Ella estuvo conmigo aquí en Washington recién que desapareció Mulder y
me enteré que estaba embarazada. Anoche hablamos por teléfono y acordamos
que viajaría de San Diego a Phoenix y allí rentaríamos una casa para las
tres con mi cuñada Tara, ya que Bill estará en un portaaviones en Hawaii
durante tres meses...
-Sería mejor que te quedaras.
-Ni lo sueñes. Si como agente muy pocas veces hacía caso a las sugerencias
de mis compañeros y a las órdenes de mis superiores, ahora como ciudadana
común, mucho menos.
-No sé quién es más terco, si tú o Mulder...
-Sería necesario abrir un Expediente X para resolver ese interrogante,
agente Doggett.
-Lo tendré en cuenta...
Refugio de
los Pistoleros Solitarios
Una semana después
Mientras Scully alistaba su
viaje a Phoenix para encontrarse con Maggie y Tara, Doggett y los Pistoleros
Solitarios hacían lo propio ultimando los detalles del dispositivo para
rastrear el campo electromagnético de la nave «invisible» en la que los
extraterrestres tenían a Mulder. El aparato en sí no era tan grande, pero
de todas maneras iba a ser muy difícil llevarlo hasta el otro lado del
país en un vuelo comercial o peor aún en un viaje por tierra sin despertar
sospechas. Para sortear dicho inconveniente, Doggett logró conseguir por
intermedio de un amigo suyo de la Policía local un vehículo que en un
tiempo fue usado para el transporte de los prisioneros de una cárcel a otra
y en el cual cargarían el objeto hasta la Base Andrews en donde los
esperaba un avión militar que los llevaría a unas viejas instalaciones del
Ejército en las cercanías de Phoenix.
Al llegar al refugio con el
camión policial, Doggett saludó efusivamente a los Pistoleros:
-Hola Pistoleros! Miren lo
que les traje...
-¡Rayos! Si no fuera por el color, diría que es el mismo carro en el que
iban a subir a Lee Harvey Oswald cuando Jack Ruby lo acribilló a balazos...
-comentó Frohike-.
-No exagere, señor Frohike. Esta chatarra es vieja pero no para tanto -le
respondió Doggett-.
-Es cierto, además, si no estoy mal, aquel camión era un GMC 300 Van
modelo 1961 o 1962 y este es un Mercury 1969 -añadió Langly, haciendo gala
de su buena memoria.
-Bueno, como sea... yo sólo decía... -reconoció Frohike-.
-En todo caso, es perfecto... -señaló Byers subiendo de un salto a la
parte de atrás del carro- Nadie sospecharía de un vehículo como éste.
-Caballeros, mañana en horas de la madrugada habrá un avión en la Base
Andrews que nos llevará a una guarnición abandonada en el desierto de
Arizona y desde la cual coordinaremos sobre el terreno todas las operaciones
tendientes a rescatar al agente Mulder y a las demás personas raptadas. En
ese lugar ya se encuentra una avanzada del grupo que está a mi cargo,
además de un escuadrón especializado de asalto de la Infantería de Marina
y otras personas expertas en liberar rehenes -dijo Doggett mientras se
dirigía con los Pistoleros hasta el salón en donde estaba el artefacto que
iban a llevar y en donde también se hallaba Gibson Praise, entretenido con
los juegos de video-.
-¿Y Scully?
-¿Todavía no lo saben? Hace una semana me contó que estaba embarazada...
Incluso Skinner y yo la acompañamos a un examen para conocer el sexo del
bebé. Es un niño.
-¡Es increíble...! Ella había quedado estéril cuando la raptaron. ¿Un
hijo de quién? -preguntó Frohike intrigado y sorprendido-.
Langly y Byers voltearon a
verlo con una cara de «¡Qué pregunta tan tonta, enano!»
-A que no adivinan...
Los tres Pistoleros se
miraron entre sí y una sonrisa cómplice se dibujo en sus rostros.
-¡Ay Mulder... hasta que por
fin se cansó de las películas! Ya era hora... -dijo Frohike al borde de la
risa-.
-¡Muchachos, creo que acabo de ganar una apuesta...! -exclamó triunfante
Langly-. ¡Lo sabía! Esos dos se las traían desde hacía rato...
-Si uno apuesta sabiendo que ganará es un tramposo... -se quejó Byers-.
-Y si uno apuesta y no sabe si ganará es un tonto... -replicó de inmediato
haciéndole un ademán con la mano, como pidiéndole dinero-.
-Parece que Mulder ni siquiera pudo enterarse del estado de Scully antes de
desaparecer... -intervino Doggett tratando de volver más seria la
conversación-.
-Se equivoca, señor Doggett. El lo sabe... -rectificó Gibson desde donde
estaba-.
-¿Qué dices, jovencito? -inquirió Doggett-.
-No me pregunte cómo. Sólo sé que el agente Mulder ya está enterado del
embarazo de Scully.
-Debemos darnos prisa. No podemos darnos el lujo de fallar...! -urgió
Byers-.
-¿Dónde está la agente Scully? -preguntó Gibson-.
-Ella ha sido retirada del servicio activo del FBI debido a su estado. Va a
viajar a Phoenix para reunirse con unos familiares y aunque no podrá
acompañarnos en la parte física de la operación, estará pendiente de
todo cuanto pase... Le asignaron vigilancia permanente... -aseguró
Doggett-.
-¿El FBI?
-No...
-¿Entonces, quién? -dijo Langly-.
-Solamente puedo decirles que se trata de una organización aliada con
nosotros...
Doggett, los Pistoleros
Solitarios y Gibson Praise llegaron a la Base Andrews en el carro de la
Policía a las tres de la mañana, abordaron un viejo carguero Hércules y
despegaron de inmediato rumbo a Arizona. En el interior de la aeronave,
además de la tripulación, iban varios hombres pertenecientes al Sindicato
portando un sofisticado armamento que ni siquiera los Pistoleros, tan
familiarizados con la tecnología, sospechaban que existiera. Nadie hablaba
con nadie. Sin embargo, Gibson pudo notar, apenas lo vio, que uno de los
hombres fuertemente armados era en realidad un extraterrestre rebelde con
apariencia humana, pero no quiso comentárselo a Doggett ni a los
Pistoleros, quienes para pasar el tiempo se dedicaron a jugar al póker.
Luego de cuatro horas de
vuelo, el avión aterrizó en Fort Mc Kinley, una antigua base del ejército
estadounidense utilizada en la época de la guerra fría para hacer pruebas
atómicas subterráneas. En dicho lugar estaban el Fumador, bastante
delicado de salud, el otro alien rebelde, varios hombres de los Cuerpos de
Asalto, de la Infantería de Marina y otros integrantes del Sindicato.
Dentro de aquellas enormes instalaciones, se trabajaba día y noche tratando
de acondicionar unos viejos tanques E-109 con poderosas armas y los más
avanzados mecanismos de detección, capaces incluso de localizar una liebre
en un radio de 20 kilómetros a la redonda. Cada hombre, además, iba a
estar equipado con un dispositivo que emitía descargas eléctricas
suficientes como para matar instantáneamente a cualquier ser vivo, lentes
infrarrojos de visión nocturna, granadas con químicos letales y explosivos
de alto poder. Por si acaso, había allí todavía material bélico nuclear
almacenado desde los años sesenta, que de activarse literalmente borraría
del mapa la mitad de Arizona, pero esa era una medida a la que ni el más
pesimista estaba dispuesto a llegar...
Scully y Skinner arribaron a
Phoenix ese mismo día en horas de la tarde. Antes de salir se enteraron que
habían encontrado a Teresa Hoese -una de las personas que los aliens se
llevaron junto con Mulder- abandonada en un remoto paraje de Montana y en un
gravísimo estado de salud. Aunque no se conocían mayores detalles, la
noticia le sentó muy mal a Scully y ésta estuvo a punto de sufrir un
colapso cuando iba en el automóvil del Director Adjunto hacia el aeropuerto
Dulles de Washington. Estaba tan impresionada que no se dio cuenta que
durante todo el trayecto los seguían Krycek y sus hombres y que Marita
Cavarrubias, con el cabello teñido de negro y con lentes de contacto
cafés, abordó el mismo avión y se sentó dos filas atrás de ellos.
Con casi seis meses de
gestación cumplidos, la apariencia de Scully era la de una mujer con ocho
meses de embarazo, muy próxima a dar a luz. Prácticamente tuvo que cambiar
todo su guardarropa porque nada de lo que tenía allí le quedaba. Cada día
se movía con mayor dificultad y se fatigaba al menor esfuerzo, pero los
médicos, aunque extrañados por el asombroso desarrollo del bebé, no
pudieron encontrar nada que indicara malformaciones ni anormalidades en el
niño.
Al llegar a la casa que
Maggie y Tara habían alquilado en Sunshine Hill, un acogedor vecindario en
el noroeste de Phoenix, éstas se sorprendieron bastante al ver el abdomen
tan prominente que Scully lucía. Ella se encargó de tranquilizarlas
basándose en lo que los médicos le habían dicho, aunque internamente
también albergaba cierta inquietud por esto, prefiriendo más bien desviar
el tema de la conversación hacia Charlie, su sobrino de tres años,
hablando de lo inquieto y juguetón que era...
Tan pronto como terminó de
instalarse en la que iba a ser su habitación, Scully llamó a Doggett para
que él la informara de las últimas novedades en el Fort Mc Kinley, sin
saber que el teléfono y cada movimiento que ocurriera en esa vivienda
estaba siendo monitoreado desde la casa de al lado, ocupada por el «equipo
de seguridad» de Krycek. Antes de colgar, Doggett le hizo prometer a Scully
que guardaría reposo y que se mantendría alejada de la base militar y de
las maniobras de rescate de Mulder, lo cual ella no tardaría mucho en
incumplir...
Ni los Pistoleros Solitarios
ni Gibson Praise fueron informados de la presencia del Fumador y de la gente
del Sindicato en la base. Siempre que Doggett hablaba con los hombres leales
al grupo al que él también servía lo hacía en baja voz y lo más alejado
posible de sus cuatro «invitados», a quienes tampoco se les permitía
circular libremente por ciertos lugares del enorme complejo militar. Pero
éstos y sobre todo Gibson notaban que allí sucedían cosas extrañas. El
joven, además de haberse dado cuenta que no sólo era uno sino dos los
aliens que hacían parte del personal, sentía que en alguna parte de esa
construcción había otra fuerza mental similar a la que él mismo poseía,
no tan resistente como la de Mulder, ni tan intuitiva como la suya, ni tan
poderosa como la del bebé de Scully. Era una fuerza extinguiéndose, pero
-estaba seguro- con suficiente energía todavía para enfrentar al
enemigo...
-Agente Doggett, ¿Ya están
listos los vehículos para poner en marcha la operación? -preguntó el
Fumador, recostado en una cómoda y con una manguerilla de oxígeno en la
nariz-.
-Prácticamente están listos todos, señor. Ocho tanques E-109 con Marines
irán al frente, haciendo una formación circular alrededor del lugar en el
que posiblemente se encuentra la nave. Uno de ellos llevará en su interior
un dispositivo para rastrear el campo magnético del objeto, mientras que
los otros tendrán cada uno un sistema de triangulación de última
tecnología... -le respondió Doggett-.
-¿No son muy pocos?
-En apariencia lo son, pero no queremos delatarnos a nosotros mismos
haciendo demasiado ruido frente a ellos. A cierta distancia, más atrás,
habrá una segunda línea de ocho tanques, preparada para contestar a una
eventual arremetida hostil de la nave alienígena. En estos tanques estarán
los Cuerpos de Asalto y otra porción de Marines fuertemente armados para
dar el golpe de mano, si es necesario...
-¿En qué línea estará usted?
-En la primera. Yo iré con Gibson en el tanque que lleva el dispositivo
electromagnético de detección. En ese vehículo irán además los
Pistoleros, pues ellos son los que lo saben maniobrar.
-Gibson no se mueve de esta base, Doggett...!
-¿Por qué?
-Es peligroso. Si los extraterrestres atacaran, en un segundo, usted, los
Pistoleros y ese muchacho no serían más que un montón de arena calcinada.
Los hombres de la segunda línea no tendrían tiempo para salvarlos.
-Es verdad, señor. Inclusive pienso que yo debería más bien ir en un
tanque distinto al de los Pistoleros... -admitió Doggett-.
-Sería mejor así... -reafirmó el Fumador, respirando profundamente para
tomar el aire que por momentos le faltaba-. Y pasando a otro tema, Krycek me
ha informado que Scully viajó con Skinner a Phoenix, ¿Ha hablado con ella
de nuestros planes para rescatar a Mulder?
-Lo estríctamente necesario. Ella sabe del aparato que inventaron los
Pistoleros para localizar el OVNI, ingresar en él sin ser notados y liberar
a Mulder, y también de la posibilidad de aprovechar las facultades de
Gibson en un momento dado. Pero no tiene ni idea del operativo para tomar la
nave por la fuerza, del arsenal nuclear que aquí se guarda, ni mucho menos
que usted dirige todo tras bambalinas y que yo estoy bajo sus órdenes... La
he mantenido a raya. Me prometió que no vendría por aquí.
-Se nota que todavía no la conoce. Le aseguro que en el momento menos
pensado la vamos a tener con su panzota en Fort Mc Kinley...
El celular de Doggett sonó
en el preciso instante en que iba a responderle al Fumador.
-Habla John Doggett.
-Doggett, soy yo -dijo Scully del otro lado de la línea-. ¿Qué noticias
me tienes hoy?
-Los preparativos están casi a punto. En pocas horas tendremos listos los
tanques...
-¿Tanques?
-ssssSiiií... -tuvo que reconocer Doggett, dándose cuenta que ya no se
podía echar para atrás-. Vamos a tener 16 tanques en la zona que
rastrearemos, pero no te preocupes, sólo se trata de una medida de
precaución. No dispararemos si no nos atacan... -dijo luego, acabando de
meter la pata-.
-Me hablas de tanques, de armas, de disparos y no quieres que me preocupe?
Esto no me gusta para nada, Doggett. Voy a ir allá inmediatamente...!
-¡Espera, Scully. Me prometiste...!
Scully ya había colgado. El
Fumador se limitó a mirar a Doggett sin decirle una palabra, sabiendo que
lo que le había pronosticado minutos atrás acababa de cumplirse...
Residencia de Maggie y Dana Scully
Sunshine Hill, Phoenix, Arizona
Instantes después
-¡Malditos hijos de...!
-renegó Scully apenas le colgó a Doggett-.
-¡Dana, por Dios! ¿Qué son esas palabras? -replicó Maggie al ver la
furiosa reacción de su hija.-
-¿Qué pasa, Scully? -preguntó Skinner, huésped de las anteriores, quien
se hallaba jugando con el pequeño Charlie.-
-Doggett y su grupo han organizado un operativo enorme para localizar y
rescatar a Mulder. Pero según me dijo, están preparados para lo peor y
llevan tanques y mucho armamento... Necesito ir a esa base. Tengo miedo que
las cosas salgan mal...! -contestó nerviosamente Scully.-
-No es conveniente que vaya hasta allá -aconsejó Skinner-.
-Tu jefe tiene razón. En tu estado es poco lo que puedes hacer allí y por
el contrario estarías arriesgándote demasiado... -añadió Maggie
preocupada-.
-En este momento él no es mi jefe y no puede ordenarme nada...! -interpeló
Scully levantando enojada la voz-.
-No se lo estoy ordenando. Se lo sugiero como amigo suyo que soy...
-corrigió Skinner acercándose a ella y sujetándola por los hombros-.
-(Agachando la cara para que no vieran sus lágrimas) ...Por favor,
pónganse aunque sea un segundo en mi situación y entenderán que el único
lugar en el que debo estar ahora es en Fort Mc Kinley y no aquí, pendiente
de lo que me diga por teléfono un agente al que apenas sí conozco y en
quien no confío...
-Yo estoy de acuerdo contigo, Dana. -dijo Tara al tiempo que ayudaba a
Charlie a recoger sus juguetes-.
Viendo que la «votación»
se había puesto dos a dos, Maggie dio su brazo a torcer y dijo:
-Hija, sé que cuando a ti se
te mete algo en la cabeza no hay quien te haga cambiar de opinión, así que
si decidiste ir a la base, vé, pero no pongas en peligro tu vida ni la de
él... -tocándole el vientre-.
-Precisamente por él es que debo estar allá...
-Yo la acompañaré -señaló Skinner viendo que persuadirla de no ir era
una battalla perdida.-
-Dana, no vayas a subirte a un tanque ¿eh? -sugirió Tara, medio en serio,
medio en broma-.
-No, no lo haré. Con lo que peso ahora, creo que un aparatejo de esos no
podría ni moverse... -contestó Scully jocosamente a su cuñada-.
Luego de tres horas de viaje
por una carretera en medio de la nada, Skinner y Scully llegaron a la base
militar. Ya avisados por Krycek de su llegada, la gente de seguridad de la
guarnición no puso ningún impedimento para su ingreso, lo cual no dejó de
sorprender a la agente en retiro y a su ex jefe. Escoltados por un jeep, se
dirigieron a uno de los hangares y allí fueron recibidos por un grupo en el
que figuraban algunos rostros conocidos cuya sola presencia dejó de una
sola pieza a los recién llegados...
-Agente Scully, es una grata
sorpresa tenerla en nuestro cuartel... -saludó el Fumador girando su silla
de ruedas, junto a la cual se encontraba un tanque de oxígeno-.
-¡¿USTED?! -gritó Scully con los ojos desorbitados por el asombro-.
...Pensé que ya estaba ardiendo en el infierno...!
-A mí también me complace verla nuevamente -le replicó irónicamente el
padre de Mulder-. Al parecer, el agente Doggett no me hizo caso y le contó
más de lo debido acerca de nuestros planes...
-Scully... -alcanzó a decir Doggett, quien llegó en ese momento junto con
Gibson y los Pistoleros Solitarios, también sorprendidos de ver vivo al
Fumador-.
Scully se acercó a Doggett y
sin mediar palabra le asestó una fuerte bofetada en el rostro que hizo eco
en la inmensa soledad del hangar.
-¡Rata asquerosa...! Desde
un principio sabía que no debía confiar en ti...!
-Todos tenemos secretos, Scully ¿Acaso ya lo olvidaste...? -le recriminó
Doggett, mirando de soslayo hacia su crecido abdomen-.
Iba a abofetearlo de nuevo,
pero ahora Doggett le sujetó el brazo de una manera tan enérgica que casi
la lastima, y con un gesto desafiante pero sereno al mismo tiempo le dijo:
-Never again, babe...!
¡Nunca dos veces, nena...!
Scully logró zafarse del
apretón de Doggett y mientras trataba de reponerse un poco de la impresión
que le causó el saber que su peor enemigo estaba vivo y que su nuevo
compañero era un traidor, empezó a sentir un tremendo malestar, cuyo
origen radicaba en el hecho de que allí se encontraban Gibson, el Fumador y
el propio bebé de ella, cuyas mentes desarrolladas generaban una gran
concentración de energía.
-¿Se encuentra bien, Scully?
-inquirió Skinner sosteniéndola de un lado, al tiempo que Doggett hacía
lo mismo del otro lado-.
-No, no es nada... -contestó ella algo mareada-.
-Será mejor que descanse, acompáñenme... -dijo Marita Covarrubias, otro
de los personajes allí presentes, mientras les indicaba el camino hacia un
bloque de habitaciones, utilizadas en otros tiempos para alojar a altos
oficiales militares-.
-Está bien...
Después que Scully y los
demás se alejaron, el Fumador puso al tanto de la totalidad del plan a
Skinner, los Pistoleros y a los jefes de cada uno de las unidades que
intervendrían. Se acordó que partirían a media tarde para estar en la
zona casi al anochecer, de manera que la oscuridad cumpliera el doble
propósito de hacerlos menos visibles al enemigo y posibilitara también la
utilización de los lentes infrarrojos de visión nocturna. Antes de salir,
Doggett pasó por la habitación de Scully para despedirse. Ésta, ya más
calmada, y consciente de que la única esperanza que le quedaba para volver
a ver a Mulder se cifraba en lo que pudieran hacer sus amigos los
Pistoleros, Doggett y la gente a la que él obedecía, se disculpó por
haberlo golpeado y le deseó suerte en su arriesgada misión. Si bien era
cierto que él le había mentido, también era evidente que estaba poniendo
en peligro su propia vida para rescatar al hombre que ella amaba y eso era
algo que muy pocos estarían dispuestos a hacer, más allá de la lealtad a
una causa o del convencimiento pleno de que lo que se hace es lo correcto.
En últimas, aunque Doggett fuera un agente doble, por encima de esto, era
un guerrero...
Los 16 tanques salieron de
Fort Mc Kinley a eso de las tres de la tarde. Los ocho de la primera línea,
repartidos en grupos de a dos, se separaron entre sí para hacer un
acercamiento en círculo al lugar en donde se sospechaba estaba la nave
extraterrestre. Los ocho de la segunda línea se quedaron a una distancia
prudente, expectantes de lo que pudiera ocurrir. Ya cuando el sol comenzaba
a ocultarse en el horizonte, los reforzados vehículos de guerra formaban un
anillo de unos tres kilómetros y medio de diámetro, solo a la espera de
que se les diera la orden de avanzar.
-Aquí Zorro Líder. Informen
su posición...! -dijo Doggett por la radio de su tanque, ubicado al sur-.
-Aquí Lobo. Estamos a 112 grados Oeste y 33 Norte... -reportó el
comandante del frente oriental-.
-Aquí Coyote. 112 grados 8 minutos Oeste y 33 Norte... -señaló el hombre
al mando del frente occidental-.
-Aquí Chacal. 112 grados 3 minutos Oeste y 34 Norte... -indicó el
encargado del lado norte-.
-Perfecto. Zorro Líder a Zorro Padre ¿Me escucha? Esperamos
instrucciones...
-Fuerte y claro. ¿Cuáles son sus coordenadas, Zorro Líder? -respondió el
Fumador desde Fort Mc Kinley-.
-112 grados 5 minutos Oeste y 32 Norte.
-Muy bien ¡Adelante!
Los tanques reanudaron su
marcha.
-Zorro Líder a Cazador...
-dijo Doggett-.
-Aquí Cazador -respondió Frohike desde el otro tanque-.
-Enciendan el dispositivo...!
-¡Listo!
En las pantallas de cada uno
de los vehículos y del centro de operaciones de Fort Mc Kinley se empezó a
apreciar, además de los puntos que representaban a los tanques, una figura
que poco a poco fue ganando nitidez y que se encontraba justo enfrente, a
menos de doscientos metros, de forma semejante a una pirámide con base
triangular. Era la propia nave la que se alzaba ante ellos...
-Cazador a Zorro Líder ¿Ven
ustedes en el monitor lo que nosotros vemos?
-En efecto, Cazador. Zorro Padre, ¿Ven lo mismo en la madriguera?
-Claro que sí Zorro Líder. Pero confírmenos si tienen aproximación
visual con los infrarrojos...
-Negativo, Zorro Padre. Por los infrarrojos no hay nada. Lo único que vemos
al frente es a Chacal...
-Y nosotros a ustedes, Cazador... -respondió el comandante de Chacal-.
-Vayan despacio... -indicó el Fumador-.
-Entendido...
Ya estaban prácticamente a
punto de chocar con el OVNI si no se detenían.
-Zorro Líder, Zorro Padre
¿Pueden escucharnos? Tenemos visual por los infrarrojos... Repito...
Tenemos visual por los infrarrojos...! -exclamó emocionado Langly desde
Cazador-.
-No capté muy bien, Cazador ¿Qué pasa? -preguntó Doggett desde Zorro
Líder-.
-¡La vemos, la vemos... la tenemos en nuestras narices...! ¡Hurrrrrraaaaa!
-gritó eufórico Langly-.
-Aquí Chacal. Nosotros también la vemos...
-Aquí Lobo. Está ante nuestros ojos. Ni siquiera necesitamos los lentes...
-Aquí Coyote. Mork y ALF nos hacen señas desde la ventana...
-Cazador, aquí Zorro Padre. Trate de identificar en la estructura algo que
pueda servir para acceder al interior... -ordenó el Fumador, sintiendo un
repentino desasosiego-.
-¿Cómo dice, Zorro Padre? Tenemos mucha interferencia... -respondió
Frohike en Cazador-.
-T... Traten de bus... car una entrada... ! -dijo por fin el enfermo
coordinador de la operación-.
-Creo que es nuestro día de suerte. Mira eso, Zorro Líder. Parece una
entrada...
-Repita, Cazador. Casi no le escuché... -pidió Doggett desde Zorro
Líder-.
-¿Están ciegos? Ahí hay una entr...
La transmisión se
interrumpió intempestivamente.
-¡Cazador... Cazador...
Responda...!
(Silencio)
-¡Cazador... Cazador...!
(Silencio)
-Zorro Líder ¿Qué diablos
está pasando? -clamó el Fumador-.
Tanto el recinto en el que se
encontraba Mulder como el resto de la gigantesca estructura se iluminó
súbitamente y señales de alerta empezaron a sonar por todos lados. Mulder
despertó enseguida y notó que algo fuera de lo «normal» estaba
ocurriendo, pues desde que estaba allí nunca había sucedido nada
semejante. A través de su mente pudo ver los tanques que se encontraban
afuera y la prisa que se apoderó de los aliens para tratar de defenderse de
los intrusos. Sabía que el artefacto no iba a poder despegar tan rápido y
que muy seguramente, si quienes trataban de entrar lograban hacerlo se
desataría una verdadera carnicería...
-¡Maldición..!
¡Maldición! -rugió Doggett al ver que el punto que identificaba a Cazador
ya no aparecía en la pantalla-. Chacal, Lobo, Coyote, Zorro Padre, perdimos
a Cazador... ¡Perdimos a Cazador...!
-¿Qué dices, Doggett? -preguntó Scully desde la base. Se había levantado
de su lecho y estaba junto al Fumador. Ella tampoco daba crédito a lo que
mostraba la pantalla de control-.
-Cazador ha desaparecido... Se esfumó ¿Qué hacemos, Zorro Padre?
-No nos queda otra opción... ¡Primera y segunda línea, ATAQUEN...!
-ordenó tajantemente el Fumador antes de perder el conocimiento-.